AQUELLO QUE SE HA ROTO

CAPÍTULO XV

Para ese punto sus ojos dolían, ardían, pesaban demasiado, le suplicaban que fueran cerrados, pero le era imposible, ya que cada vez que lo hacía los fantasmas volvían. Eran los fantasmas de sus errores, de su historia, eran los fantasmas de sus ilusiones, y de tantos, tantos sueños que habían sido olvidados. Aunque esos fantasmas también llegaban a ojos abiertos, se colaban entre las sombras de la noche, entre los sonidos de la lluvia, ahí estaban, siempre mirando. Cierra los ojos, es necesario, la biología lo obliga, se da cuenta que se ha tomado unos segundos más de la cuenta, todo permanece oscuro dentro de su cabeza. Poco a poco una luz aparece, se vuelve intensa, es de color naranja, es como un atardecer, y en efecto eso era. Un atardecer en medio de una vieja playa, la conoce muy bien, es la playa del pasado de su abuelo, de su tío Stanley, de su tío Ford. Ahí ve dos pequeños que juegan en la arena, un niño y una niña, que juegan despreocupados, mientras un viejo los observa, está sentado en la arena, como lo hizo tantas veces en su juventud.

Sabe que son él y Mabel, apenas tenían 7 años, ese verano su abuelo los había llevado a conocer el hogar de su infancia, era una casa como tantas de los suburbios, pero estaba vieja, sucia, incluso "rota", si, esa era la palabra con la que Dipper podía describir ese lugar. Hacia un poco más de quince años que estaba abandonada, pero eran muchos más desde que se quedó vacía. Estaba llena de muebles cubiertos de polvo, de cajas cerradas, de recuerdos olvidados, ambos eran curiosos así que pronto se alejaron de su abuelo, quien desde hace varios minutos permanecía callado. No había mucho que ver, pese a que esas paredes guardaban el pasado de su familia. Después de explorar muchas puertas al azar por fin encontraron una habitación, todavía tenía afiches por todos lados, un librero repleto, una litera, varios juguetes guardados en un baúl, pesé a que seguían siendo pequeños, se dieron cuenta que aquella era la habitación de unos niños.

Dipper le hizo un gesto a su hermana, quien exploraba el lugar desde la cama alta; ella bajó rápidamente, su gemelo le mostró una foto, podían reconocer a quien se encontraba en medio, a pesar de los años estaban seguros que era su abuelo, sin embargo, les llamó la atención los dos pequeños a los que abrazaba. Bajaron hasta donde se encontraba, lo llenaron de miles de preguntas, pero al parecer su abuelo no tenía muchas respuestas, tal vez en ese momento no significó demasiado saber que aquellos dos niños eran sus tíos abuelos. En realidad, el viejo Sherman no dijo más, únicamente sacó esa vieja fotografía del marco y la puso en su bolsillo, después de eso los llevó a la playa. No era el mejor lugar del mundo, sin embargo, en ese instante era suficiente para los dos, jugaban en la orilla del mar, mientras que su abuelo los miraba a la distancia.

Ahora Dipper lo sabía, los viejos fantasmas de la familia habían llevado esa noche los pensamientos de Shermy hasta su nieto. Ese día que ahora parecía lejano había dejado escapar una lágrima llena de melancolía, en esos niños a los que amaba más que a su vida encontraba los rostros de otros dos a los cuales había amado en la misma medida. Le seguía pesando esa muerte, después de todo Stanley era el menor, eso significaba que había fallado, no logró ser un buen hermano mayor. No, por supuesto que no. Una vez más ve el rostro de su madre, llora en un ataúd vacío, su padre simplemente no está, permanece encerrado en su estudio. "Criminal y estafador", es así como se refieren a él, ni siquiera existe un cuerpo al cual llorar, únicamente un auto hecho trizas, lleno de basura, no puede evitar preguntarse qué clase de vida llevo su "Stany". ¿Por qué tuvo que dejar ese mundo rodeado de soledad? Vuelve a mirar a su alrededor y una usencia pesa mucho más, él lo ha llamado toda la semana, no ha respondido ni una vez. Después del funeral está dispuesto a viajar hasta ese lugar, pero algo lo detiene, en el cementerio donde la brisa salada golpea su rostro ve a su otro "hermanito", han pasado tantos años desde que lo vio, simplemente luce distinto, se percata que lo ha visto, intenta huir. Sherman lo sostiene del brazo, su silencio lo ha dicho todo.

–Esa vida fue su elección –las palabras de Ford son un balde de agua fría. No puede hacer otra cosa más que dejarlo ir.

Esa es la última vez que lo ve. En su lecho de muerte, sólo unos cuantos años después de ese viaje a Jersey su mente le juega una broma, mientras todo se apaga, pareciera que escucha una voz, pero no es la de Stanford.

Dipper ahora llora, su abuelo jamás conoció toda la historia. Pero entiende a la perfección el último pensamiento de Sherman Pines, él desea que su familia nunca más vuelva a estar rota.

El castaño comienza a ahogarse con sus propias lágrimas, él ha destruido la promesa de su abuelo, y revive una vez más el dolor de su pasado.

Mason Pines ha roto a su familia.


Despierta sobresaltado, su pecho esta agitado, tiene miedo, sabe que sus pesadillas lo han alcanzado, pese a que desvanecen apenas abre los ojos. Está cubierto de sudor, su boca complemente seca, todo sigue dando vueltas, incluso su visión no puede enfocarse, lo sabe perfectamente. Nada está bien. El silencio que de repente lo envuelve lo confirma. Mira con desesperación la cama contigua, sus ojos se abren de par en par, está vacía.

No recuerda bien cuantos días han pasado desde ese día, parecieran ser miles, tal vez una eternidad, pero no han sido más que un par. Recuerda las voces que poco a poco fueron creciendo alrededor de ellos, aquel beso no pudo haber durado más que unos cuantos segundos, sin embargo, no importa si fue un instante. Todo aquello jamás debió de existir.

Su corazón vuelve a latir rápidamente, y se odia todavía un poco más, porque no es culpa ni remordimiento lo que sube por su pecho, no, claro que no lo es. Es la sensación de los labios de Mabel contra los suyos, es el sabor del aliento de su gemela que se cuela entre sus dientes, es seguir amándola.

Deja escapar una ligera risa, en efecto, él es un asco.

Escucha la vibración sobre el viejo baúl, cincuenta y dos llamadas perdidas de su madre. Al parecer las noticas viajan bastante pronto, sus padres llegaran en unas cuantas horas.

Ni siquiera se molesta en tocar la puerta, a este punto tampoco le molesta a Dipper, sigue sentado sobre la cama mientras la llamada cincuenta y ocho se pierde.

–Vístete, te espero en mi laboratorio –su tío tampoco se molestó en mirarlo. –Te espero en el laboratorio en cinco minutos –de la misma forma en la que entró, se fue.

Lo hizo en automático, después de todo que sentido hubiera tenido el pedir que tan siquiera fuera mirado. No, Dipper no merecía ningún tipo de indulgencia. Fue hasta el laboratorio de su tío, sólo estaban ellos dos en la cabaña, Stan se había llevado a Mabel, probablemente a un Motel, que era lo mejor que podía ofrecer Gravity Falls. Hermanos separando hermanos. No. Dipper y Mabel dejaron de ser hermanos hace tanto, que en realidad pudieron nunca serlo. Eso pensaba el chico, deseaba que sus palabras de alguna forma se volvieran realidad, jamás haber estado unidos por lazos de sangre, sin embargo, esa era lo único que él nunca podría quitar.

Bajó hasta la segunda planta donde se encontraba el estudio de Ford, su estómago gruñó ligeramente, en esos días Dipper había decidido ignorar muchas cosas entre ellas al parecer comer. Cuando entró vio a su tío sentado, apuntando tan rápido y hablando sólo que le pareció verse a sí mismo, Ford únicamente le hizo un gesto para que se sentara, así lo hizo.

Stanford no dijo nada por varios minutos, simplemente seguía anotando. Dipper intentaba concentrarse en cualquier otra cosa, se preguntó de dónde carajos había sacado tantas figuras de Bill, y mejor aún por qué seguía conservándolas.

–Diez doctorados, treinta años dentro de un portal, más dimensiones de las que puedo contar, y no tengo las palabras necesarias para ti Dipper–le dijo Ford cerrando su libro de notas.

–No importa lo que digas Grunkle Ford –hizo una pausa. –Probablemente tampoco pueda responderte.

–¿Desde cuándo? –fue la primera pregunta que le hizo.

–Poco en realidad, fue después del incidente con Pacifica –le respondió Dipper.

–¿Desde cuándo? –volvió preguntar Ford.

Dipper sabía a lo que se refería su tío, sus dos tíos abuelos no eran estúpidos, no caerían en una simple mentira como decir que estaban borrachos, o que todo aquello había sucedido en ese verano.

Antes de comenzar a hablar otra vez un suspiro se escapó de su pecho.

–Años, puede ser que desde siempre. En realidad, no estoy del todo seguro, pero ella siempre ha estado en mi mente, pensaba que era por ser gemelos. Pero con los años fue cada vez más claro, después de nuestro primer verano aquí, después del incidente de Bill, ante la posibilidad de separarnos lo entendí. Yo realmente amaba –se corrigió a sí mismo –yo amo a Mabel.

–Dipper –decía Ford con voz pausada. Estaba por decir algo cuando la puerta de su estudio se abrió nuevamente.

Ahí estaba su tío Stanley, parecía bastante agitado, intentó controlar su respiración, ni Dipper ni Ford entendían lo que estaba pasando.

–Tenemos cuatro horas –tomó un poco de aliento. -Tenemos cuatro horas antes de que lleguen sus padres, para pensar que es lo que vamos a hacer.

–¿Qué? –dijo Ford casi gritando.

–Como lo escuchaste Sixer, debemos de pensar que es lo que vamos a hacer –decía sonriendo.

Su tío Stanford era un genio, y lo ha admirado por eso, pero es Stanley quien siempre lograba desconcertarlo. No sabe que es lo que está pensando, se parece tanto a Mabel, ellos podían ver muchos aspectos que los otros dos Pines nunca pensarían.

– No sé qué demonios estás pensando –Ford estaba tocándose las sienes. –Pero sus padres son los que tienen la última palabra.

–Nunca dije que no escucharíamos a Robert y a Caskey, pero antes de saber que harán con este par de idiotas –recalcando la parte de idiotas. –Necesito saber que tienen que decir.

–En eso estábamos antes de que nos interrumpieras –Ford se inclinó sobre su escritorio.

–Sixer, Sixer, sé que eres un genio, pero no estoy seguro de que puedas realmente escuchar a este estúpido. No me lo tomes a mal, sin embargo, ese no es tu fuerte –jaló una silla para que los tres pudieran mirarse de frente.

En ese momento Dipper no estuvo tan seguro de que aquello fuera una buena idea, ahora no sólo tenía que decírselo a Ford sino también a Stanley. Seguía sin estar seguro de que palabras debía de usar, que tendría de decir para que sonara menos horrendo, después de todo no es algo que puedas decir de manera sencilla.

–Se hizo mucho más fuerte después del Raromagedón, pero siempre estuvo ahí –no lo meditó mucho, únicamente comenzó a hablar. –Era ella, la que siempre aparecía en mi cabeza cuando me preguntaban si me gustaba alguien. Lo sé, es tan estúpido. De todas las chicas en el mundo, no, incluso en todo el universo tuve que enamorarme de mi hermana. Pero ella me hace feliz, hace que todo mi dolor y mi miedo se extingan con tan sólo mirarla de reojo, a su lado me siento fuerte, creo que puedo hacerlo todo. Sé que sin ella jamás abríamos derrotado a Bill, ella confió en Stan cuando nadie más lo hizo, por ella estás aquí –miró a Ford. Luego continuó hablando. –Pero como lo dije, hace tanto que me siento así. Fue su carta del día de San Valentín, fue cada noche en la que me cuidó estando enfermo, esto se hacía más fuerte conforme crecíamos, y quise –hubo duda en su voz. –Quise arrancarme este sentimiento, quise desaparecerlo, porque me daba cuenta del monstruo que soy. La quiero más que a mi propia vida y, sin embargo, he arruinado la suya porque le confesé mis sentimientos. Desde que tengo trece años he luchado, me he cansado, he llegado hasta el límite, para no seguir sintiendo esto. Este amor que nunca debió de existir, y que aquí sigue –Dipper apretó la mano sobre su pecho. –Pero, no puedo, simplemente no puedo. He mirado tantas veces al abismo, y es su voz la que me impide desaparecer. Y me vuelvo a odiar, porque sé que por mucho que lo intente, en el fondo no quiero que esto termine. No quiero que ella se aleje de mí, no quiero dejar de amarla.

Mason bajó su mirada, por primera vez le había dicho a alguien lo que realmente sentía por Mabel, y lo más importante el hecho de que no deseaba dejar de sentirlo.

–Sé que no correcto, que tal vez nunca nadie lo entienda –dio un suspiro. –Tampoco espero que lo hagan, porque no se supone que lo hagan. No puedo esperar que Papá y Mamá lo entiendan y mucho menos que lo acepten, no, incluso de ninguno de ustedes lo espero. No, eso es absurdo, tal vez en este punto con que escuchen será más que suficiente. Lo que pasó tal vez nos separe para siempre, pero incluso si eso pasa estoy seguro que esto no desaparecerá. Fui irresponsable, me dejé llevar por una fantasía, creyendo que nunca se darían cuenta, y que si eso pasaba todos los aceptarían. Soy realmente muy estúpido –desde hace un par de minutos lloraba ligeramente.

Ford y Stan guardaron silencio por unos minutos, en efecto, no entendían la situación por la que pasaban sus sobrinos y si realmente está tendría una solución.

–Dipper –decía Ford con una voz titubeante. –En efecto no logro comprenderte, quisiera decirte que sí, pero te mentiría. A este punto no sé qué puedan pensar sus padres, que es lo que vayan a hacer, sin embargo, pienso que estar alejados les ayudara bastante. Tener nuevas experiencias les permitirá ampliar el panorama. ¡Dios! Quiero decir, no sé, no sé qué deben hacer, únicamente deseo que los dos estén bien.

Era un hombre de tantas respuestas y en ese momento no tenía ninguna para él, al parecer también Ford tenía un límite. Volvió la mirada hacia Stan que había permanecido callado todo este tiempo, sus ojos parecían cansados, incluso con ojeras, aunque lo intentara ocultar sabía que estuvo llorando al lado de Mabel.

–En efecto Dipper, no te entiendo, pero –hizo una pausa. –Te comprendo, comprendo a la perfección lo que es amar a una persona y al mismo tiempo lastimarla. Nos has confesado uno de tus secretos más profundos, creo que es justo hacer lo mismo, pero al igual que tu sólo te pido que no nos odies cuando termine de hablar.

Los ojos de Ford se abrieron, sabia a lo que se refería su gemelo, se levantó de su sillón.

–No lo hagas, que se lo digas no ayudara en nada. Tus errores no tienen que ser los de Mason también, tu eres un adulto y sabias a la perfección las consecuencias.

–Tal vez, pero no quiero que cargue con mis culpas o mi pasado. Únicamente necesito que sepa que lo comprendo –miró a su sobrino y le sonrió.

Dipper no entendía de lo que hablaba Stanley, después de todo su tío estaba lleno de secretos, él siempre supo que nunca los conocería todos, que sus oídos escucharían sólo lo que Stan quisiera compartir. Pero había duda, que era eso que de alguna forma lo hacía entenderlo y al mismo tiempo enojaba de sobre manera a Ford. Miró a tío en busca de una respuesta.

Stanley le devolvió la mirada, sus ojos de nuevo estuvieron tristes, y lo dijo, era el nombre de alguien a quien Dipper conocía a la perfección.

–Wendy.


Lo intentaba entender, había escuchado cada una de las palabras de Stanley, y simplemente muchas cosas tuvieron sentido. Porque siempre estaba ahí, pese a que sólo era la cajera, a que tenía una casa a donde regresar, a estar rodeada de sus amigos populares. Wendy tenía muchas cosas con las que sueña una adolescente promedio, incluso él fue engañado, creyó que a la pelirroja le gustaba pasar tiempo a su lado. Ahora todo era claro, entendía el porqué de las horas eternas dentro de la cabaña, las risas, todas las aventuras compartidas. Wendy nunca estuvo ahí por él o por Mabel, ni por la emoción de conocer algo nuevo. No, Wendy Corduroy pasó todo ese tiempo y esas experiencias, porque era la amante de su tío.

–¿Cuánto tiempo? ¿Qué edad tenía? –preguntó Dipper, seguía sin entender del todo.

–Acababa de cumplir diecisiete años, eso duró casi un año. Justamente el año anterior de entregarle por completo el manejo de la cabaña a Soos –fue la respuesta de Stan.

–Pero, ¿quién más lo sabe? –volvía preguntar.

–A este punto, sólo tú, Ford, y estoy seguro que esa chica del mechón rosa –Stanley suspiró una vez más. –La lastimé a pesar de que no tenía derecho, nunca lo tuve. Su vida recién comenzaba, siempre estuvo llena de muchas oportunidades y de alguna manera se las quité al corresponderle. Siempre me dije que era un viejo inútil, jamás podría recuperar lo que perdí en mi pasado, pero lo que viví siempre fue mi decisión. Sin embargo, me encontré jugando al amor, cada uno de sus besos me hacía sentir vivo, el estar con ella se llevaba mi soledad. Mierda, después de tanto tiempo, de tantos errores, de tantos fracasos, eso que teníamos se sentía como una victoria. Porque después de todo Wendy es preciosa, una chica risueña, llena de vida y de sueños, por más estúpido que suene de alguna manera sentía que eso era mío también.

–Stanley –escuchó levemente la voz de Ford.

–No Sixer, no tienes por qué sentirte culpable, lo haría una y mil veces de ser necesario.

Al escuchar esto Dipper preguntó casi en automático, aunque Stanley se refería lo que pasó con Stanford.

–¿Volverías a hacerlo? ¿Volverías a estar con Wendy?

Stanley no estaba listo para esa pregunta, aunque se la había hecho a sí mismo tantas veces.

–Era casi una niña, y yo un viejo. Un anciano que tenía una segunda oportunidad para recuperar a su familia. Estaban ustedes, sus padres, Soos e incluso había recuperado a Stanford, y de alguna manera, no fue suficiente. Porque estaba ella, colándose a mis pensamientos más íntimos, tomando la forma de los deseos que a nadie le podía confesar. Nunca lo entendí, es más dudo bastante que algún día lo haga, pero en ese momento en el que ella besó mis labios por primera vez, supe que ya no habría vuelta atrás.

–Pero si ella lo hizo, si ella lo comenzó. ¿Por qué se alejaron? ¿Por qué no están juntos? –las preguntas de Dipper eran casi un grito de desesperación, tal vez en las palabras de su tío esperaba encontrar sus propias respuestas.

–Porque siempre fue un sueño, sólo un sueño, y tarde o temprano hay que despertar. ¿Qué le diría a Dan? Sorpresa tengo casi un año fallándome a tu hija, pero no te enojes, la verdad es que estamos enamorados. No, por supuesto que no. Es un pueblo raro, incluso ese sujeto se había casado con un castor, pero seguíamos siendo un anciano y una adolescente, era toda una vida la que nos separaba, pero esa vida no era más que la mía. Ya había vivido, no importa que tan asqueroso haya sido mi pasado, yo lo había vivido, de todas las cicatrices en mi cuerpo conozco su origen. Los nombres de mis amantes permanecen guardados en mi memoria, cada cosa que me hizo sufrir y que también me hizo feliz seguían de alguna manera acompañándome. ¿Por qué le robaría eso a Wendy?

Esas palabras hicieron eco en la mente de Dipper, quiso decir algo, pero su boca estaba muda. Únicamente pudo seguir escuchando.

–En esos últimos meses estaba un poco agobiada por lo que haría saliendo de la preparatoria, asumí que se marcharía a la universidad, y que yo me convertiría en recuerdo –eso de alguna manera le seguía lastimando. –Pero me lo dijo, me dijo que ella quería permanecer a mi lado. En ese momento me di cuenta, de todo lo que le quitaba. Estaba dispuesta a renunciar a su idea de viajar por el mundo, a ser la primera Corduroy con un título universitario –hizo una pausa. –Estaba dispuesta a renunciar a su vida por compartir la mía. Eso jamás lo permitiría, ella debía de seguir sin mí –Stan apretó los puños y siguió hablando. –No fui quien dio el primer beso, pero si quien decidió que todo iniciara, así que yo lo tenía que terminar.

–¿Qué hiciste? –las manos del castaño temblaban un poco.

–Hice que me odiara –fueron las palabras de Stan. –Deseaba que fuera ella quien se alejara de mí, que se diera cuenta del tipo de sujeto que era. Pensé que de esa manera sería mucho más fácil, pero no fue así. Terminé hiriéndola, lastimando a la única persona que me había amado de esa forma en años, y se fue. Al final ella se fue, como muchas otras, haciendo más grande el vacío de mi pecho. Además, no podía dejar de odiarme, nunca debí de amarla, sin embargo, lo había hecho, tampoco tenía el derecho a lastimarla y fue lo único que hice. Lo peor resultaba ser que, aunque entendía todo lo anterior, lo único que realmente deseaba era que Wendy estuviera a mi lado.

De alguna manera en las palabras de su tío encontraba muchas de las suyas, en efecto, lo último que deseaba era lastimar a Mabel, pero tampoco quería perderla, era un pensamiento bastante idiota ya que te esas dos cosas no podían existir en la misma oración.

–¿Cómo te enteraste tío Ford? –preguntó Dipper.

–Conozco demasiado a Stanley, las sonrisas, las escapadas sin ninguna explicación. Además de que las cámaras de seguridad los delataron, estaba organizándolas cuando tuve que revisar algunas para etiquetarlas por fecha –se tocó una vez más las sienes. –Y ahí estaba mi hermano, con la cajera, que no resultaba ser más que una adolescente, te diré que besarse era lo menos que hacían. –El tono de Ford cambio completamente. –Mi intención nunca ha sido juzgar a Stanley por lo que hizo, ya que es un adulto, en realidad ambos somos un par de viejos. Tampoco quiero cuestionar sus sentimientos o los de Wendy, pero en efecto lo que tenían podía ser llamado de muchas formar entre ellas "amor", en un sentido poético, aunque nunca he entendido la poesía. Pero también podía llamarse "corrupción de menores", "abuso", "violación" e incluso pedofilia.

Las palabras de Ford dejaron completamente helado a Dipper, sabía que su tío no tenía ninguna contemplación en muchas ocasiones.

–Así es Mason, existen muchos nombres para denominar a las cosas e "incesto" es la que ocupan tú y tu hermana.

–Ford –escuchó como su hermano decía su nombre en tono de reproche.

–Ya dijiste lo que querías, ahora es mi turno –y siguió hablando. –Trato de entender la situación lo mejor posible, para buscar como lo dijo Stan, la mejor de las soluciones, pero me es muy difícil, ya que en todas alguien saldrá herido. Podríamos borrarle la memoria a todos los del pueblo e incluso a sus padres, pero eso no quitara el hecho de que ustedes son hermanos, podríamos intentar eliminar de ustedes dos ese sentimiento, pero la última vez que lo intentaste casi mueres. Porque ahora lo entiendo –lo que dijo Ford el castaño no lo esperaba. –Entiendo que me mentiste descaradamente en esa ocasión, lo que tu buscabas al invocar al "QUE NO TIENE NOMBRE", era borrar tus sentimientos por Mabel. No Dipper, no existe la solución en la cual podamos evitar el sufrimiento de alguien, podríamos dejarlos huir, que se vayan y jamás vuelvan, que cumplan los sueños rotos de Stan. Sin embargo, dejaríamos dos padres sin sus hijos una vez más, también nosotros los perderíamos, y ustedes deberían de dejar a todos los que les importan atrás. No, no existe la forma en la cual podamos enfrentar esto sin que alguno de sea lastimado.

Dipper escuchó las palabras de Ford, tenía razón, pasara lo que pasara lastimarían a alguien. Lo que no era justo es que por el deseo de estar juntos hirieran a tantos.

–Ford, eso lo sabemos –decía Stan. –No existe la manera sencilla, pero esto también es nuestra responsabilidad, pasó mientras estaban a nuestro cargo y por esa razón debemos de ayudarlos. No puedo decir que apruebo lo que hicieron –miró a Dipper. –Pero no los juzgo, encontraremos la forma en la que esta familia no vuelva a quedar hecha pedazos.

–Está bien –decía Ford. –Debemos de regresar arriba porque no tardan en llegar tus padres, el primer pasó es escuchar lo que ellos tienen que decir.

Los tres regresaron a la Cabaña del Misterio, Stan se despidió tenía que ir por Mabel, era necesario que estuvieran todos antes de decidir algo. Mason lo acompañó hasta su auto, durante el pequeño trayecto no dijo nada, pero antes de que se fuera tuvo que hacer una última pregunta.

–¿Te arrepientes? –Stan entendió a lo que se refería.

–Muchacho quisiera poder responder –sonrió un poco, pero evito mirar a su sobrino. –Hay tantas noches donde la soledad pesa demasiado, y me aferro a los pequeños destellos de lo que llamé felicidad. Por ahora y por lo que me queda de vida me conformo con verla, con saber que ella es feliz. Que pudo continuar pese a lo que le hice, aunque nunca lo sepa, ella fue de las mejores cosas que me pasaron en la vida.

Después de esas palabras su tío se marchó, poco a poco "El Diablo" se perdió en el camino. No pudo evitar preguntarse si la soledad era el destino de todos los hombres Pines.


Faltaban escasos minutos para que sus padres llegaran, no era necesario preguntarse quién les había enviado el video de ellos besándose en el baile. Dipper lo sabía, después de todo el que ellos fueran separados lo beneficiaba, ella podría volver a ser suya. Maldito Gideon, lo que hizo únicamente lastimaría a Mabel, si, por más que odiara admitirlo ambos eran un par de imbéciles que decían amarla y lo único que conseguían era herirla una y otra vez.

Sus padres ya habían llamado a Ford, estarían en casa en menos de lo que se imaginó el castaño. Su cuerpo estaba tenso, el sudor lo cubría completamente. Tenía miedo, esa era la palabra, realmente estaba aterrado. No sabía cuál sería la reacción de sus padres, lo que decidirían. El no poder contener la situación lo estaba volviendo loco, ahora lo único que le quedaba era esperar a sus padres y a Mabel.

Permanecía recostado sobre su cama, esperando lo inevitable, de alguna manera creyó que era como ser sentenciado a muerte, ya que después de ese día nada volvería a ser igual. Escuchó el motor de un auto, y las voces de sus padres, después a Ford ordenándole que bajara.

Se levantó, observo el viejo ático que aún conservaba las dos camas, su cuerpo se llenó de nostalgia como anticipando que aquella sería la última vez que pelmacería de esa manera.


Bajó a la sala de estar, donde Ford y sus padres lo esperaban. Entró sin más preámbulo, los dos lo miraron, pero sin decir ninguna palabra.

–¿Dónde está tu hermana? –preguntó su madre al verlo.

Ford no le dio tiempo de responder.

–Stanley fue por ella, desde –hizo una pausa y se aclaró la garganta. –La llevamos a un hotel a las afueras del pueblo.

–Es lo mínimo que podían hacer –dijo Robert en el tono más serio.

–Yo no estoy segura, si tus tíos no fueron capaces de darse cuenta de lo que sucedía bajo narices, cómo saber que no está escondida en el ático –su madre se levantó paso a su lado y subió las escaleras, Dipper sabía a donde se dirigía.

–Caskey, no es necesario –Ford intento inútilmente disuadirla.

–¿Ustedes lo sabían? –Robert cuestionaba a Ford.

–No, por supuesto que no –respondió Ford.

–¿Sabes, tío Ford? ella nunca estuvo de acuerdo con esto –le dijo su sobrino.

–¿A qué te refieres? –ahora era el mayor de los Pines quien preguntaba.

–A todo esto –hizo un gesto como señalando su alrededor. –Conocía, más bien conozco el pasado de nuestra familia, todas aquellas cosas que me contó mi padre. Una de las cuales siempre le dolieron, que incluso se llevó a la tumba fueron ustedes dos, él siempre se esmeró en ser un "buen" padre, le aterraba que yo pasara lo mismo. Nunca me lo dijo, pero estoy seguro que por eso no tuvo más hijos, detestaba la posibilidad de volverse el abuelo. En realidad, lo recuerdo poco, sin embargo, si tuviera que describirlo lo llamaría una sombra gris, por más que intente recordar su voz no puedo. Mi padre me dijo que lo echó de la casa después de que supo que mi madre estaba embarazada, aunque los seguía teniendo a ustedes dos, bueno en realidad te tenía a ti. Eras quien los sacaría de la miseria, de la monótona vida de ser el dueño de una casa de empeño. A mi padre le parecía irónico que terminó dedicándose a eso en California, me dijo que intentó comunicarse muchas veces con el tío Stan después de que también lo echaran de casa, pero que este se negó a que lo ayudara. Supongo que ser testarudo es parte de la familia, y que también trató de contactarse contigo, fue varias veces a verte a la universidad, pero tú también eras distinto, sobre todo te negabas a hablar de Stanley, que discutieron tantas veces al respecto que le pediste que no volviera si eso era lo único que le importaba.

–Robert –la voz de Ford temblaba un poco. –Es verdad, pero en aquellos años era un completo idiota, me sentía traicionado. No sólo por Stanley, también con tu padre que insistía tanto en que lo perdonara.

–No es mi intención herirte Tío Ford –lo miró Robert. –Mi padre murió sin que supiera la verdad de lo que pasó, sin embargo, no puedo olvidar su cara del día en que recibió la llamada. Estábamos en la cocina, era un día como muchos otros, él contestó el teléfono, era la abuela. Su sonrisa se desvaneció de inmediato, permaneció callado varios minutos, para terminar con un nos vemos el viernes. Mi madre le preguntó que pasaba, mi padre no dijo nada, únicamente subió a su estudio, lo escuchamos gritar, romper cosas, pero sobre todo ahí estaba el hombre al que yo consideraba el más fuerte del mundo llorando como un niño. Mamá subió rápidamente, no supe que hacer permanecí en la cocina intentando comprender todo lo que lo que pasaba, los minutos se volvieron una eternidad. Mi madre bajó de nuevo a la cocina y me explico que uno de los hermanos de mi padre había muerto, era gracioso yo no recordaba nada de ustedes, sólo los conocía por una foto donde me sostienen en los brazos cuando era bebé. ¿Cómo alguien a quien no conocía podía destrozar así a papá? Recuerdo el funeral, ahí estaba el abuelo en una esquina, tan inamovible como dicen que siempre fue, tan gris y transparente como el fantasma en el que se convirtió, y la abuela con la sonrisa más triste que jamás vi, con los ojos cansados de tanto llorar, de tanto intentar que la familia no se hiciera pedazos, lo que más le dolía era darse cuenta de que fracasó. Lo escuché, si, lo escuché de sus labios mientras hablaba con papá en la casa de empeño. Ahí entre todos esos desconocidos faltaba alguien, esa única persona que podría regresarle un poco de esperanzas, faltabas tú. Bueno, ahora sabemos que eso era imposible. En esa vieja casa se llevó a cabo un servicio fúnebre con ataúd vacío y un hermano ausente, mi padre nunca me lo dijo, aunque tampoco era necesario. Aquel día algo se rompió dentro de él para siempre, y te odio. Creo que en la medida en la que te amo, muchos años después, de un viaje a Jersey con Dipper y Mabel, me dijo que te vio en el funeral de Stan. No puedo imaginar su rabia, su coraje, su tristeza y sobre todo su dolor para no reconocer que al hermano que enterraban era justamente el que tenía enfrente.

Ford intenta decir algo, pero su garganta está seca, mientras sus ojos intentan resistir las lágrimas. Robert siguió hablando.

–Nunca más intentó ponerse de contacto contigo, bueno, con Stan. Dicen que la historia, el pasado al que estamos empeñados en olvidar siempre regresa. Quisimos que fuera una sorpresa, no se lo dijimos, ahí estaba mi padre llorando en medio de la habitación del hospital, sosteniendo a sus nietos, a los nuevos gemelos Pines. No fueron muchos los años que vivió después de eso, un años antes de que se él muriera lo había hecho mi madre, estaba recostado en la cama, en la casa de mi infancia cuando de nuevo me habló de ti. No sabía mucho, únicamente que seguías en Gravity Falls, que ahora también eras un viejo, que no quería que te fueras de este mundo como tu gemelo, mi padre deseaba que nosotros fuéramos una familia para ti. No para el tío Stanley, para su hermano Stanford, para el pequeño genio de Jersey, para el elfo incasable de C, C y más C, porque eras tú quien habitaba en su memoria, porque fue tu nombre la última palabra que dijo en este mundo.

Stanford se hundió en el sillón, a este punto no podía dejar de llorar. Joder él había sido culpable de todo aquello, por su culpa Stanley perdió su vida y Sherman a sus hermanos, su cabeza en ese momento era un remolino.

–Si bien nunca mantuve al margen a Caskey, mi historia familiar no era del todo grata. Después de la muerte de papá me sentí con la obligación de buscarte, aunque para mi eras un poco más que un desconocido. Sabía que eras una especie de "genio" excéntrico, ahora sé que ese no eras tú, que fue el tío Stan. Es realmente tonto pero la primera vez que marqué por teléfono estaba realmente nervioso, no lo sé, sin embargo, se sentía como si fuera a encontrar algo que me hacía falta. Le tuve que decir que papá murió, recuerdo el silencio, por un momento pensé que se había ido, que me había dejado solo al teléfono. Fue un "lo siento" lo que me dijo que ahí seguía, era casi como un murmullo, estoy seguro que intentaba con todas sus fuerzas contener su llanto. Realmente no supe que decir, no entendía por qué se había alejado de mi padre si era un buen hombre, tampoco entendí por qué no fue al funeral del abuelo o abuela. En ese punto no entendía muchas cosas, pero esa voz que intentaba dar una explicación convincente para poder sostener esa conversación telefónica. ¡Diablos! Sonaban tan iguales, por un momento sentí que volvía hablar con mi padre, ustedes únicamente habitaban como un recuerdo, eran esas imágenes borrosas de su juventud en Jersey, y lo entendí, era necesario que lo conociera, que conociera al hombre que era mi tío, que era el hermano de mi padre. –Robert limpió su nariz con la manga de su suéter. –Era demasiado apresurado, pero lo dije. Le dije que deseaba verlo, que lo quería dentro de mi vida, de la de mis hijos, y sobre todo lo quería en mi familia. Cas no estaba del todo segura, pero lo hizo, lo hizo por mí. Nos embarcamos a conocer a alguien que había permanecido alejado por tantos años, necesitaba ver con mis propios ojos al dueño de las últimas palabras de mi padre. Cuando llegamos aquí resultó ser un lugar bastante ordinario, claro en esos días no podía ni imaginar lo que pasaría años después. No fue difícil encontrar el lugar, tampoco te sorprenderá que el hombre que vi no se acercaba ni remotamente a lo que había imaginado. Una atracción atrapa turistas, es lo que ya desde hace muchos años era este lugar. Lo vimos saludando a lo lejos, la Cabaña estaba cerrada, supongo que lo hizo por nosotros. ¡Mierda! Ustedes se parecen tanto, era como ver una extraña versión de mi padre, todo eso no dejaba de ser incómodo. Fui yo quien bajó del auto primero, creo que ninguno de los dos sabía que decir, pero un "Hola" tuvo que ser más que suficiente. Hablamos de las cosas comunes, aunque no pudo ocultar su sorpresa cuando los vio bajar, me preguntó si eran mis hijos, a lo que yo asentí, sin que el dijera otra cosa fui yo quien despejó la duda, en efecto ellos eran gemelos. Lentamente el ambiente fue cambiando, los niños se divertían en ese lugar, volví a escuchar las viejas anécdotas de Jersey, y los vi de nuevo. Ahí estaban Fhilbrick, Sherman, Stanley, todos hablando en los labios de Stanford, escuchaba sobre los lazos rotos, sobre las historias que los habían separado, sobre el arrepentimiento de haberse marchado, una vez más escuchaba el pasado de los Pines, el cual también era mi pasado. Desde ese primer encuentro deseaba que él permaneciera en mi vida, mis hijos ya no tendrían un abuelo al crecer, pero lo podían tener un tío abuelo. En esos dos años fue a las fiestas de cumpleaños, a la Cena de acción de gracias incluso pasó Navidad. Me gustaba tenerlo ahí, adoraba a Dipper y Mabel, incluso esos ojos azules casi grises parecían más felices, pero –Robert hizo una pausa. –En el fondo siempre supe que no estaba del todo bien. No quiero decir que esto sea su culpa –Robert intentaba encontrar las palabras dentro de su cabeza. –No lo es, pero no puedo dejar de pensar que esto pasa porque somos Pines.

–Papá –ahora era Dipper quien intentaba decir algo. –Papá, lo siento.

–Lo sé, pero no sé si te creo –esas palabras dolieron demasiado. –No sé si puedo creerte Mason, realmente lo quiero. Deseo con todo mi corazón que todo esto sólo haya sido un mal entendido, que lo que vimos de alguna manera tenga una explicación. Lo deseo con todas mis fuerzas. Necesito que las palabras de tu madre estén equivocadas, que el hecho de permitirles conocer esta parte de su historia no haya sido la culpable de lo ocurrido. Que nada de esto tenga que ver con el hecho de que ustedes sean Pines, que esta familia, mi familia no se desmorone sin que pueda hacer algo al respecto.

–No lo permitiremos –por fin volvía a hablar Ford. –No lo permitiremos.

–Creí que todo lo que pasaba contigo tenía que ver con que no te podíamos entender, Dipper por más que intentaba acercarme a ti, sentía que pasaba lo contrario. Nunca fuiste como los otros chicos, siempre tan callado, tan meditabundo, tan dentro de ti, te miraba y sabía que no eras feliz, pero desde que vivieron aquí, desde que ustedes dos volvieron a estar juntos –señaló a Ford. –Sobre todo desde que te tuvo en su vida, tío Ford, mi hijo parecía feliz. Estaba dispuesto a que se fuera de mi lado, que tuviera lo que yo nunca podría darle, sin embargo, en este momento no entiendo nada. –Robert dejó escapar una leve risa. –Supongo que tampoco la entendí a ella, no, nunca entendía a ninguno de los dos y esta ha sido la consecuencia.

Dipper se daba cuenta de que no solamente lastimaba a Mabel, sino que lo hacía con sus padres, con sus tíos, con muchas más personas de lo que imaginaba. Debía de asumir las consecuencias de sus actos, era la realidad mirándolo directamente a la cara, observándolo fijamente, en espera de cualquier movimiento, pero lo único real de ese momento es que no tenía ni remota idea de lo que haría.

Estaba por decir algo cuando escuchó que su madre bajaba las escaleras, volteó a verla, pero en una ráfaga únicamente alcanzó a distinguir las lágrimas en los ojos de su mamá y una bofetada que se plantaba en su rostro.

–¿Dónde está Mabel? –preguntó una furiosa y adolorida Caskey.

–Stanley fue por ella –contestó Ford. –Han estado en el Hotel todos estos días.

–No puedo creer que nos hayan mentido tanto –ahora su madre comenzaba a llorar. –¡Miren!

En las manos de su madre estaban muchas hojas, no supo bien que eran al inicio, súbitamente las reconoció, eran las cartas que solía escribirse con Gideon. Ford y Robert las tomaron, sus expresiones iban cambiando súbitamente conforme leían. Dipper agarró una carta del suelo, y se puso a leerla; ahí en cada carta estaban los pensamientos más profundos de su gemela, sobre todo aquellos que tenían que ver con él. Cada carta parecía una confesión sufriente del amor por su gemelo, sin embargo, esa no era la letra de Mabel. No, no la era, él la reconocería en cualquier lugar. Esa era la letra de Gideon, entonces lo entendió, ella se lo había confesado, ella le confió a Alegría su más grande secreto, le habló sobre su amor. Las cartas estaban llenas de palabras de consuelo, de ánimo, y entre líneas de dolor. Del sufrimiento de no saberse amado, pesé a eso Gideon se despedía en cada una recordándole lo mucho que la amaba y lo mucho que siempre lo amaría.

Pero ¿por qué tenía que ser él? ¿por qué a quien más odiaba en este mundo? Una vez más estaba completamente desconcertado, existían muchas preguntas y ninguna respuesta.

–¡Mason! –la voz de su padre lo hizo reaccionar, era evidente el enojo. –Mason –hubo un ligero tartamudeo en las palabras de su padre. –Aquí dice, por Dios aquí dice.

–¡Dice que han estado teniendo sexo! –gritó su madre. –¡Ustedes lo sabían! –ahora le gritaba a Ford.

–Te aseguro que no sabíamos nada al respecto –le dijo a Caskey.

–¡Es su culpa! ¡Es nuestra culpa por dejar que se acercaran a nosotros! –Caskey seguía gritando. – ¡Ustedes dejaron que se acercaran a todas esas mierdas sobrenaturales! ¡Por qué tenían que ser Pines!

Dipper vio como su padre intentaba controlar a su madre, jamás la había visto tan molesta, tan confundida. Se soltó de los brazos de Robert y fue hasta su hijo, lo sujetó del chaleco que traía puesto y le preguntó:

–¿Dime por qué Mason? –los ojos de su madre lo miraban profundamente, estaban llenos de lágrimas, de decepción, pero sobre todo de tristeza. –¿Dime por qué de entre todos tenía que ser tu hermana? –el escuchar esas palabras en la boca de su madre lo dejaron sin respuesta alguna. Podía de decirle que él nunca quiso que fuera así, pero mentiría. Que todo había sido un error, sin embargo, el amor que tenían no podía ser eso. Hubiera deseado darle la mejor de las respuestas, pero ahí estaba sin poder si quiera articular una palabra.

–No lo sé –fue todo lo que pudo decir.

–¿Cómo que no lo sabes? –su mamá le gritaba mientras golpeaba su pecho. –¿Cómo que no lo sabes? ¡Son hermanos!¡Ustedes son hermanos! ¡Son gemelos! ¡Son mis hijos! –al decir esto Caskey cayó de rodillas al suelo.

El castaño intentó levantar a su madre del piso, pero ella no dejo que la tocara. Todo se había ido a la mierda, quería decir algo, sin embargo, no podía. Escuchó como otro auto se estacionaba, era Stanley de regreso, el traería a Mabel consigo, y tal vez de alguna manera esto se solucionaría. Los pasos de su tío eran rápidos, casi corriendo, en unos cuantos segundos estuvo enfrente de los cuatro, todos lo miraron con sorpresa cuando les dijo.

–Mabel desapareció.


De nuevo ahí estaba el vacío, todo lo que lo rodeaba comenzaba a llenarse de oscuridad, y las cosas se escapaban de sus manos, era incapaz de contener lo que pasaba. Podía escuchar los gritos de sus padres, las voces de sus tíos intentando calmar la situación, y él en medio de todo sin poder hacer algo.

–¿Cómo que no está? –gritaba Robert.

–Fui por ella al Hotel, pero había desaparecido, la busqué en los alrededores, con sus amigas y nada –respondió Stanley.

–Tal vez escapó –decía Ford intentando calmar la situación.

–No se llevó nada, estaban todas sus cosas en la habitación –señaló Stan.

Los tres voltearon a ver a Dipper, fue como un pensamiento sincronizado, él podía saber dónde estaba, tal vez habían tramado el huir juntos. Una vez más su madre se dirigía a él.

–Mason, si sabes donde se encuentra tu hermana es mejor que lo digas ahora.

–Dipper, si Mabel y tú tienen algo planeado es mejor que lo olviden. Por favor llámala, dile que venga –decía Ford en un tono conciliador.

–Muchacho esto no ayuda en nada a la situación, déjense de juegos –ahora incluso Stan sonaba enojado.

–Mason Pines, es la última advertencia –sentenció su padre.

Todas esas voces gritando al mismo tiempo, todo lo que pasaba seguía dando vueltas en su cabeza. Todo se deshacía, y lo único que deseaba en ese momento era verla, poder tenerla entre sus brazos.

–No, no sé dónde está, pero necesito encontrarla –escuchó los gritos de todos mientras el corría a la cocina por su mochila y las llaves del carrito de Golf.

Estaba por salir cuando su padre lo agarró del brazo.

–¿A dónde vas? –le preguntó mirándolo fijamente.

–Voy a buscar a Mabel –ahí estaban de nuevo esas palabras en su boca.

–Mason realmente quiero creerte, pero no puedo. No después de todo lo que ha pasado, ¿cómo saber que si al dejarte cruzar esa puerta jamás volveré a verlos?

–Papá, son muchas las cosas que te he ocultado, incluso ya no recuerdo la última vez que no te mentí, pero es ella. Es Mabel, y lo único que deseo es encontrarla, saber dónde está y si se encuentra bien. Es lo único que me importa, no puedo obligarte a que me creas, sin embargo, tampoco podrás detenerme y eso lo sabes muy bien.

Su padre lo soltó.

–Está bien, sólo prométeme que los dos volverán.

–Es una promesa, además estoy seguro que Stan y Ford me ayudaran a encontrarla. Tampoco lo detengas –decía Dipper mientras encendía el carrito de Golf.


No estaba seguro por dónde empezar, Stan dijo que la había buscado con Candy y Grenda, incluso con los Ramírez. Eso dejaba muy pocas posibilidades, a ella le gustaba pasear por el lago, pero si lo que deseaba era esconderse no resultaba ser la mejor opción. En una ocasión en la que había peleado se escondió en la vieja biblioteca, aunque no le parecería algo que haría Mabel. No, él estaba muy asustado por la situación, por la posibilidad de que los separaran para siempre, su gemela necesitaría de un lugar donde se sintiera segura, un lugar donde ella pudiera confiar.

–Gideon –murmuró entre dientes.

Sabía perfectamente el camino, el lugar a donde él debía de ir. Su pie pisaba a fondo el acelerador, las calles de Gravity Falls nunca le parecieron más largas. Únicamente faltaban unos cuantos metros, ya no existía la Tienda de la Telapatía, pero pesé a la muerte de Bud habían seguido con el negocio de los autos usados. Se estacionó derrapando, entró a las oficinas principales, miró a la secretaria para sólo decir:

–Gideon.

La mujer que lucía asustada señaló la parte de atrás de negocio, eso era más que suficiente para el castaño. De un golpe abrió la puerta, ahí estaba el rubio con dos de sus matones, haciendo algunas cuentas.

–¿Dónde está? –ahora era Dipper quien gritaba. –¿Dónde la tienes?

–Siempre es un placer recibir visitas, aunque en este caso no podría estar del todo seguro –dijo Gideon con su parsimoniosa voz, además de hacer un gesto a sus "ayudantes" para que salieran de la habitación.

–No lo volveré a repetir –el tono de Dipper no podía esconder su furia –¿Dónde está Mabel?

Los ojos de Gideon de abrieron de par en par.

–¿A qué te refieres Dipper?

–No finjas, Alegría, ella debe estar contigo. Huyó del Hotel donde estaba con Stan, por favor no la ocultes, nuestros padres están realmente preocupados.

–Ella no está conmigo – su voz sonaba preocupada. –Debe de estar con Candy o Grenda.

–Tampoco está con ella –hizo una pausa. –Pensé que estaría contigo, porque ella confía en ti.

–¡Mierda! ¡Todo es tu culpa, tu culpa! –ahora quien gritaba enojado era Gideon. - ¡No pudiste dejar que estuviera conmigo! ¡Que fuera mía!

–Gideon, eso es lo que menos importa ahora. Debemos encontrarla, además nada de esto hubiera ocurrido si no le hubieras envía ese video a nuestros padres –señaló Dipper.

–¿De qué hablas Pines? No sé a qué te refieres –una vez más Alegría no sabía de qué hablaba Dipper.

–Nuestros padres nos descubrieron porque alguien les envió un video de la noche del baile –le dijo Dipper.

–Te equivocas, Pines, ese no fui yo. Nunca haría nada por lastimarla, de eso siempre te encargas tú. Porque deseas que sea tuya y de nadie más, no es culpa de quien les envió el video. Es únicamente tu culpa, porque decidiste amarla, amarla tanto como lo hago yo, pero no te importó que fuera tu hermana. Que ella sea la mejor persona sobre esta tierra, no, a ti no te importa porque eres un maldito egoísta –Gideon se levantó de la silla de su escritorio y fue hasta donde se encontraba Dipper. Lo tomó del rostro y lo hizo mirarlo. –Me dijiste que me esforzara para ser amado, para que ella me amara, y lo hice, cambié tanto que a veces ya no podía reconocerme. ¿Para qué Dipper? ¿Dime para qué? Si al final no estuviste dispuesto a renunciar a ella, no, aun sabiendo que era tu hermana, tu gemela. Jugaste con Pacífica y conmigo, porque eres un monstruo, tu únicamente me produces asco –al decir esto le escupió a la cara.

Las palabras que salieron de la boca del castaño sorprendieron a Gideon.

–Tienes razón, soy un monstruo, doy asco. Merezco todo lo que me pasa y más, no debí de jugar con Pacífica, pero –una vez más le fallaba la voz. –Necesito de tu ayuda, esto no es por mí ni por ti, es por ella. ¡Por favor ayúdame a encontrar a Mabel!

Alegría lo miró a los ojos, aunque hubiera deseado asesinarlo ahí mismo, eso era algo que compartían, ambos harían lo que fuera por Mabel.

–Está bien –fue la respuesta de Gideon.

Entre los dos comenzaron a trazar un plan, a Pines le sorprendía lo recursos que tenía a su disposición, era más joven que él, pero Gideon sí que sabía moverse en su "negocio". Ambos salieron del lugar, mientras más avanzaba el tiempo sería más complicado encontrarle. Dipper fue al centro comercial, y Gideon iría a las cercanías de bosque. No es que Mabel fue el tipo de chica que mataría sus penas comprando, pero a veces el mejor lugar para ocultarse es el que resulta evidente, una adolescente más no resaltaría en un tumulto de otros como ella. Había demasiada gente, el fin del verano se acercaba rápidamente, muchos comenzaban a prepararse para regresar a sus rutinas normales. Era difícil decidir por dónde empezar, primero fue a la zona de comida, después a la de juegos, incluso se atrevía a entrar al baño de las chicas. Después de eso tuvo que ir con más cautela para despistar a los guardias, ahora sólo quedaban las tiendas, fue una por una, vigilando de reojo los probadores, esto resultaba complicado ya que corría el riesgo de que lo sacaran del centro comercial.

Ya solo le faltaban unas cuantas, entró en la que parecía una mezcla de góticos y leñadores. Estaba vigilando, de reojo a todos lo que ahí estaban, sin embargo, no se dio cuenta de quien estaba frente a él. No lo pudo evitar choco directamente.

–Wendy –dijo mientras se acomodaba la gorra. A decir verdad, no la había visto desde el incidente en la cabaña, a este punto estaba seguro de que se enteró de lo ocurrido en el baile.

–Dipper –la pelirroja estaba tan sorprendida como él.

–Lo siento Wendy, no te vi –le decía el castaño sin perder detalle del lugar.

–Yo tampoco, supongo que los dos estábamos distraídos –fue la respuesta de Wendy.

–Ya debo irme –dijo Dipper que no quería alargar esa conversación más de lo necesario.

–Necesito hablar contigo –ahora la joven era quien lucía avergonzada.

–Wendy, no es el momento. Realmente estoy apurado, tengo que salir de aquí –Dipper realmente desea irse y seguir con su búsqueda.

–¿Qué pasa? –Wendy pudo notar la preocupación en Dipper.

–Es Mabel –después de todo Wendy también podía ayudarlo. –Mabel desapareció.

–¡Qué! –la pelirroja entendió la angustia del chico.

–No sabemos que paso, huyó del Hotel donde estaba con el tío Stan. No la hemos podido encontrar, Wendy estoy realmente asustado.

–Te ayudaré a buscarla –ella debía de ayudarlo. Dipper le contó brevemente el plan que había ideado con Alegría, ahora era más fácil, ya que Wendy podía entrar a los sitios exclusivos de mujeres. Terminaron rápidamente las tiendas faltantes del centro comercial, ella no estaba ahí.

Era hora de dirigirse al muelle, el otro lugar que seguía en la lista. Resultaba una ventaja que el pueblo no fuera tan grande, los chicos subieron al carro de golf y se fueron en camino. Existió el silencio por varios minutos hasta que fue ella quien lo rompió.

–Se lo que pasó entre ustedes –Wendy quería sonar lo más calmada posible.

–¿Quién en este pueblo de mierda no lo sabe? –contestó Dipper siendo sarcástico.

–Supongo que tienes razón, pero no es eso lo que intento decir –la intención de la chica no era molestarlo.

–Lo sé, es sólo que han pasado tantas cosas. No quiero ser grosero, pero no estoy dispuesto a escuchar otro sermón sobre lo que es bueno y lo que es malo –seguía un tanto a la defensiva.

–Esa no es mi intención Dipper, no puedo decirte el porqué, pero de alguna manera los entiendo –la pelirroja pareció hundirse un poco en el asiento.

El castaño no dijo otra cosa entendía a lo que se refería Wendy, aunque ella lo ignoraba por completo.

–Gracias Wendy, creo que eras la primera que lo dice.

–Tal vez los pueda ayudar de alguna manera, pero por ahora debemos encontrar a Mabel –le daba una ligera sonrisa.

Todavía falta una distancia considerable, notaron que un vehículo estaba detrás de ellos, Wendy volteó y vio que era el auto de los viejos Pines. Le hizo un gesto a Dipper para que se detuviera, Dipper sintió cierto alivio al verlos, tenía la esperanza de que hubieran encontrado a Mabel.

Se orilló, esperando a que sus tíos los alcanzaran, estos casi derraparon al detenerse. En unos cuantos segundos estaban frente a él, no pudo decir nada cuando un puñetazo de Ford se había estampado en su cara, era increíble la fuerza de su tío, lo había enviado directamente al piso, después lo levantó del cuello como si fuera un juguete.

–¡Mierda! ¡Mierda! ¡Esto no es un juego Mason! ¿Cómo pudiste mentirme? –Dipper no alcanzaba a comprender a su tío. –¡Te lo advertí! ¡Es muy peligroso! ¡Esto no algo que puedas controlar! –Ford seguía sujetándolo fuertemente.

–¡No sé de qué hablas! –intentaba soltarse.

–¿Dónde está el diario? –la voz de Ford era terriblemente fría.

–Yo no lo tengo, te lo devolví. Revisa mi mochila –Stan la recogió del piso, en efecto estaba vacía.

–¿Dónde has estado todo este tiempo? –le preguntó Stanley.

–Estaba conmigo en el centro comercial estábamos buscando a Mabel –respondió Wendy.

Una ráfaga golpeó su cerebro, fue como una luz que iluminó todo despejando por segundos la oscuridad.

–Mabel –dijo entre dientes. Ford lo soltó.

–¡Mabel! ¡Mabel lo tiene! ¡Sé dónde está!

Dipper miró a Wendy.

–Lo siento es muy peligroso para que vayas –le lanzó las llaves del carrito de golf. –Por favor regresa a casa –la pelirroja solo asintió.

Los tres Pines subieron al "Diablo", ahora sabían a donde debían ir, su camino no estaba equivocado, Mabel estaba en el lago, detrás de las cataratas, ahí en el lugar que había hallado Dipper, en el lugar dónde había escuchado ese nombre.


Bajaron corriendo, era una suerte que el bote de Soos estuviera ahí, y que Stan no necesitara llaves para echarlo andar además comenzaba a oscurecer eso haría más difícil el acceso. Miles de pensamientos pasaban por su cabeza, debía de apresurarse, tenía que llegar hasta donde estaba Mabel.

Detrás de las cataratas estaba todo cubierto de oscuridad, les era difícil moverse, pero Dipper sabía o al menos recordaba algo del camino. Por fin llegaron a esos muros gigantescos, llenos de antiguas escrituras, de símbolos ya olvidados.

Ford pasó sus manos por cada una de las imágenes.

–Sangre de un linaje sagrado –dijo haciendo la mejor de sus traducciones.

–¿Cómo lo activaste la primera vez? –preguntó Stan.

–Utilicé la sangre de Pacífica –confesó, sintiéndose culpable.

–¡Joder! ¿Qué haremos ahora? –se quejó el viejo de cabello cano.

–Dame tu mano Stanley, creo que funcionara. Después de todo tu eres el elegido, quien derrotó a la bestia de un solo ojo, supongo que eso significa algo –Ford sacó una pequeña navaja. Él, sin pensarlo, le dio la mano a su gemelo.

–Toma toda la que sea necesaria, debemos de traer de vuelta a mi calabaza.

Stanley colocó su mano sobre el signo que marcaba la entrada, su sangre comenzó a correr lenta, llenado cada curva de la extraña escritura. No tuvieron que esperar demasiado, las puertas comenzaron a abrirse de inmediato, lentamente revelando esa cámara oculta, por fin estuvieron abiertas de par en par.

Entraron esperando poder detenerla, súbitamente se detuvieron, lo que vieron los hizo detenerse. El lugar ya no estaba en tinieblas, una luz rojiza lo cubría todo, en medio del sitio estaba ella, frente al altar donde Dipper había intentado matar a Pacífica.

Ahí estaba Mabel observándolos fijamente, parecía no poder moverse, tampoco articulo una sola palabra, únicamente los miraba. Mientras que ellos intentaban entender lo que pasaba, la figura que detrás de la castaña surgía lentamente.

Por fin les sonrío, Dipper se sintió aterrado cuando la sangre que la bañaba de pies a cabeza se coló entre sus dientes, la misma sangre casi negra hacía que la ropa se pegara al cuerpo de la castaña, mientras que se derramaba del viejo altar dónde se hallaban los despojos recién sacrificados.

Ella lo había hecho, lo que él no se atrevió, había completado el ritual, Mabel había llamado a "AQUEL QUE NO TIENE NOMBRE".

FIN DEL CAPÍTULO.

Notas de la Autora.

Antes que nada, una disculpa por actualizar después de tanto tiempo, pero lo reitero, no importa cuánto tiempo me tarde terminaré esto.

Por fin hemos llegado a un momento cumbre de la historia, mi intención siempre ha sido terminar este fic en 20 capítulos incluso menos, por lo que nos acercamos al final.

Dicho esto, les comento que le siguiente capítulo es un ESPECIAL sobre Mabel, necesario para entender cómo llegamos a este punto. Espero publicarlo pronto, ya que le daré prioridad a este Fic sobre otros proyectos. De nuevo gracias por leer, pueden hacer preguntas, y no olviden dejar sus comentarios.