CAPÍTULO ESPECIAL
MABEL
"La muerte no es la mayor pérdida en la vida. La mayor pérdida es lo que muere dentro de nosotros mientras vivimos"
Norman Cousins
Era su juego favorito, en realidad no recuerda desde cuando inicio a jugarlo, pero no era un juego cualquiera, era algo que siempre hacia a solas. Se recuesta en el piso de su recamara, sobre la alfombra rosa que le regaló su padre para su cumpleaños número nueve, mira el techo cubierto de estrellas fluorescentes que ella misma ha pintado, y cierra los ojos.
Cierra los ojos, respira profundamente y después contiene el aliento, poco a poco lo va intentando, va acallando las voces de su cabeza, deja que la oscuridad la cubra lentamente, deja que todo se vaya, que todo desaparezca. Se va su dolor, su tristeza, todo lo que la lastima, pero también lo que la hace feliz, todo lo que alguna vez la ha hecho sonreír. Lentamente los rostros de quienes ama se van borrando, volviéndose una mancha sin forma, el recuerdo de sus voces desaparece, es ella jugando, si, jugando a dejarse envolver por la muerte.
Realmente no está segura si lo puede llamar así, pero es como Mabel lo imagina, intentado explicar aquello que no comprende del todo. Conoció el último acto de la vida con el perecer de alguna de sus mascotas, además, cualquier niño lo sabe, tal vez no contará con las palabras necesarias, pero lo sabe, entiende que de alguna manera todos vamos a morir.
Su fantasía infantil que se volvió realidad después de la muerte de su abuelo Sherman.
Aún eran pequeños, no tanto en realidad, ya que se acercaban a los diez años. En los últimos años su abuelo había envejecido tanto, el anciano regordete y juguetón que la castaña recordaba hacia tanto que había desaparecido. Sus padres nunca le dijeron a ciencia cierta la causa, la sabría muchos años después por labios de su tío Stan. A ese punto ella sabía de los tantos secretos que envolvían a su familia, sin embargo, no dejó de doler. Sherman Pines murió a consecuencia de su alcoholismo, siempre fue tan bueno ocultándolo, al parecer la especialidad de la familia era mentir. Ni siquiera Robert lo sabía, tal vez únicamente su abuela, pero ella había muerto antes que su abuelo. No, ella tampoco estaba enterada, de lo contrario lo hubiera ayudado. Shermie como le decían todos aquellos que lo conocieron utilizaba la noche como aliada, y al alcohol como sedante, sólo así podía acallar su mente, sobre todo la culpa y el remordimiento. Dos botellas de whiskey por noche, por más de treinta años, terminaron por llenar su hígado de agujeros. Beber hasta perder sus palabras, y dormir unas cuantas horas para despertar y seguir siendo ese hombre amable que se juró a si mismo siempre ser.
Fueron a visitarlo al hospital un par de veces antes de que muriera, ahora era ella quien contaba los cuentos antes de dormir, su madre la miraba desde el rincón y le sonreía. Mabel no estaba segura de cuantas de sus historias llegaban hasta su abuelo, pero esperaba que algunos de sus "Te amo" estuvieran por siempre en sus oídos.
Cada día fue empeorando, su mente estaba llena de alucinaciones, comenzó a confundir a su Caskey con su esposa. Mabel miraba como su madre lo escuchaba y lo calmaba, nunca le dijo que en realidad era su nuera, después incluso la confundió con la bisabuela Maud. Lloraba sobre los brazos de Cas, pidiéndole perdón, necesitaba sentirse perdonado por lo mucho que falló, Caskey únicamente lo arrullaba, le decía que todo estaría bien, que él había hecho lo mejor posible. Había un grupo de personas que solían ir ver al abuelo, le hablaban de Dios, de cómo entregarse a este lo haría por fin descansar. Absurdo, eso le sonaba tan absurdo. Mabel no deseaba que su abuelo muriera, ella de alguna manera esperaba que regresara a ser quien conocía.
Ese día había ido a la cafetería con su mamá mientras que Dipper y su papá se habían quedado con el abuelo, comieron un poco, aunque ninguna de las dos tenía realmente mucho apetito. Regresaron tranquilamente hablando de las cosas de siempre, estaban por dar vuelta al pasillo cuando varias enfermeras pasaron corriendo. En ese instante el corazón de Mabel dio un vuelco y de alguna manera lo supo, su abuelo acababa de morir. Ella y su madre caminaron más rápido, ahí estaba Robert abrazando a Dipper quien lloraba aterrado. Caskey soltó su mano y arrebató a Dipper de los brazos de su padre, al parecer Sherman había tenido alucinaciones. El pequeño castaño no supo que responderle a su abuelo, para esos momentos las palabras de Sherman eran sólo sonidos guturales sin ningún sentido. En cuestión de segundos lo había tomado de los hombros y lo sacudía, gritaba cosas que no entendía, estaba aterrado. Por más que Robert intentaba que su padre soltara a su hijo no lo lograba. Entonces Dipper gritó, gritó tan fuerte como sus pulmones se lo permitieron.
–¡Me lastimas! –al escuchar esto su abuelo lo soltó.
Dipper salió corriendo de la habitación, Robert no sabía qué hacer. Volteó a ver como su padre se desplomaba en la cama, y alcanzó a escuchar sus últimas palabras de su padre.
–Lo sé Ford, lo sé –después de eso todos los aparatos se encendieron. Sherman estaba sufriendo un ataque cardiaco.
No fue mucho lo que pudieron hacer, los cuatro esperaban afuera del cuarto, esperando la confirmación de lo que ya todos sabían.
En efecto un doctor salió y habló con su padre. Robert agradeció todo lo que hicieron, les dijeron que podían pasar a despedirse. Dipper no quiso entrar, pero Mabel sí, la llevó su papá quien también deseaba despedirse. Mabel lo miró, como siempre lo hacía con todas las cosas, esos grandes ojos verdes intentaban entender. Parecía dormido, pero su pecho no se movía, su boca estaba ligeramente entre abierta, y de sus ojos unas lágrimas se habían escurrido.
Entonces un dolor se instaló en su pecho, no entendía porque lo último que sintió su abuelo fue tristeza. Porque ese hombre tan tierno y tan bueno, que la amaba tanto había sufrido así antes de morir, porque hasta en su último segundo se le había negado la paz. Porque su abuelo Shermie, se fue llenó de dolor, y ella no había podido hacer nada. Él la protegía de los monstruos bajo la cama, de los truenos en las noches de tormentas, incluso él le contaba cuentos por teléfono hasta que se quedara dormida. No, no lo entendía, porque su abuelo tenía que haber sufrido tanto.
Ella tomó la mano de Sherman y la puso contra su rostro, y comenzó a llorar. Necesitaba que su abuelo sintiera que ella comprendía su dolor, y que donde quiera que estuviera ella siempre lo amaría. En ese momento, en ese lugar un miedo surgió en lo más profundo de Mabel, el estar destinada a repetir la historia de su abuelo.
Nunca se lo dijo a nadie, ni siquiera a su gemelo. Después del funeral, de escuchar las palabras de consuelo dirigidas a sus padres, ya que los adultos piensan que los niños no entienden la muerte, comenzó a preguntarse cosas.
A preguntarse tantas cosas, cosas que por instantes parecían no tener sentido. ¿La muerte dolía? ¿De alguna manera sentíamos cuándo nuestro cuerpo se comienza a podrir? ¿Podemos seguir visitando a las personas que nos aman? Eran tantas las preguntas y tan pocas las respuestas, sus padres se tomaron el tiempo necesario para responderlas, sin embargo, lo que le dijeron nunca la satisfizo del todo. Sus padres nunca se caracterizaron por ser religiosos, pero como un estadounidense promedio de alguna manera pertenecían a alguna religión. En su caso eran protestantes, Robert y Caskey creyeron que al no poder seguir contestando las preguntas de Mabel esa era la mejor solución.
Recuerda estar sentada en una silla realmente cómoda, la habitación estaba llena de libreros y por ende de libros, además de cuadros de personas que parecían estar sufriendo, y justo frente a ella, por encima del sujeto simpático que hablaría con ella. Estaba esa esa cruz, ese hombre lleno sangre y herido de muerte, ese hombre al que muchos llamaban Jesús. A decir verdad, la charla fue buena e interesante, ella no era tonta conocía el concepto de Dios, bueno, al menos el que sus padres y abuelo le habían enseñado. Se rio en voz baja un poco cuando escuchó que era el creador de todo lo que vemos, no pudo evitar pensar en que si estuviera Dipper ahí no dudaría en decir que su libro de ciencias decía algo completamente distinto. Lo más interesante fue descubrir la idea de redención, claro debías de ser bueno si deseabas evitar el infierno, pero podías arrepentirte y tal vez de esa manera acceder al cielo. No estaba segura de que aquello que le decían fuera del todo cierto, es más ahora tenía muchas preguntas, pero sabía que por el momento debía de callar.
–¿Entonces dónde está el abuelo? –se atrevió a preguntar.
–¿Dónde piensas que esta? ¿Cómo fue el tu abuelo en vida? –ahora era a ella a quien le preguntaban.
–Bueno, él fue el mejor abuelo del mundo –respondió sin dudarlo un segundo.
–Entonces Mabel no cabe duda que él está al lado de nuestro señor, disfrutando de la gloria eterna –fue la respuesta que escuchó.
No entendía muy bien a lo que se refería con "Gloria eterna", pero sonaba como un buen lugar. Esa tarde tuvo muchas cosas que pensar mientras regresaba a su casa acompañada de su madre.
La tarde transcurría normal, habían hecho sus deberes, estaba molestando un poco a su gato, para después hacerlo con su gemelo. Sólo una hora después estaban los cuatro cenando, estaban comiendo el postre cuando Robert les dijo que tenía una buena noticia que darles.
Mabel se levantó ligeramente de su silla, estaba auténticamente emocionada. –Dilo de una vez –salió volando un poco de su puré de papa.
–Iremos a conocer al tío Stanford –dijo Robert sonando feliz.
–¿A quién? –decían al unísono ambos niños.
–Tal vez nunca se los dijimos abiertamente, ni nosotros ni el abuelo. Pero mi padre tiene un hermano–señaló Robert. –Tampoco se mucho al respecto, pero radica en Oregón. A decir verdad, deseo conocerlo, y sé que a ustedes dos también les agrada la idea.
Dipper y Mabel se miraron, no comprendían del todo lo que pasaba, pero los emociona conocer al hermano del abuelo Shermie.
Esa noche no duermen, hablan sobre ese hombre que no conocen, pero que de alguna manera es parte de su familia. No pueden esperar a que llegue el siguiente fin de semana. Mabel mientras se acuesta en su cama comienza a imaginar el rostro de su tío abuelo, no puede evitar preguntarse. ¿Por qué el abuelo Sherman nunca les hablo de él?
Ella espera algún día conocer la respuesta.
El viaje fue un poco más largo de lo que imaginaban, pero los juegos del auto siempre fueron divertidos. Su padre entró primero, ellos junto con su madre esperaron en el auto. Mabel le hizo mil preguntas, estaba demasiado emocionada por conocer a aquel viejo, tal vez él tendría muchas historias que jamás conoció de su abuelo.
Sin embargo, Dipper y su naturaleza cautelosa lo hizo preguntar. –¿Mamá por qué papá entró primero? ¿Acoso el Tío Stanford no quiere conocernos?
Su madre tartamudeo un poco antes de responder. –Él no nos conoce, su pongo que también para él es duro. Papá únicamente busca que todo salga bien.
Dentro de la Cabaña el padre de los gemelos temblaba ligeramente en una silla, daba pequeños sorbos a su taza de café. Era obvio que Robert tenía muchas preguntas para aquel hombre, después de todo incluso había faltado al funeral de su hermano, pero todas se quedaron atascadas en su boca. Además, en una ridícula broma del destino era increíblemente parecido a su padre, cuando lo vio por primera vez fue como ver a su viejo hace unos años. Sintió ganas de abrazarlo, escuchar algunas palabras de consuelo de esa voz tan singular, tuvo que permanecer sentado, sus piernas y ojos amenazaban con traicionarlo.
–Lo siento –fue lo que su tío dijo.
–Lo siento –repitió, pero para Robert fue obvio que su voz estaba rota.
–¡Mierda! Creí que podría hacer esto –intentaba controlar su llanto. –En serio lo siento, pero supongo que eso ya no sirve de mucho –golpeó la pared que estaba a un costado de la mesa.
–La última vez que te vi eras un bebé, y mírate ahora eres todo un hombre. Un buen hombre como lo era Shermie, y yo sólo soy un maldito cobarde. Ya no puedo hacer nada, también lo he perdido –su tío no lo miraba.
-Soy un idiota, cuando me llamaste, y me lo dijiste supuse que me odiabas. ¿Qué clase de persona no acude al funeral de su hermano mayor? Pero aquí estas, pidiéndome conocerme, pidiéndome ser parte de tu vida. Cuando deberías de detestarme –hizo una pausa. –Por favor Robert, perdóname, perdóname por lo mucho que lastime a tu padre.
Cuando dijo esto, Robert lo miró a los ojos, y encontró esos ojos azules, tan profundos, tan cansados, y sobre todo tan tristes, una vez más lo sintió, estaba mirando los ojos de su padre. Aquella conversación sería para siempre únicamente de Stan y de Robert, nadie nunca la sabría, pero ese instante fue lo que permitió que aquello que Bill llamó profecía pudiera cumplirse.
Robert salió a la puerta de esa cabaña que parecía una trampa para turistas como muchas otras, aquel anciano era gracioso, tanto como el abuelo, incluso un poco más. Hizo un montón de bromas tontas, Mabel estaba encantada, era como tener a su abuelo de nuevo, Dipper como siempre permaneció un poco más distante, sin embargo, agradeció el libro de física que le regaló, aunque ese viejo en particular no pareciera ser un hombre de ciencia. Esa primera visita no duró demasiado, ella podía notar cierta incomodidad en su padre, se despidieron con la promesa de volverse a reunir pronto, de ser parte de sus vidas.
Stan cumplió su promesa.
Aunque las promesas no eran realmente validas en su familia, no, extrañamente muchas estaban destinadas a romperse. El hecho de haber conocido a su tío abuelo Stan también comprobó un hecho que siempre le dolería a Mabel, la vida simplemente sigue, el mundo, el universo, nada cambia porque ya no estés ahí, nada se detiene. En ese sentido podría decirse que ella también podía ser meditabunda, el abuelo Shermie seguiría existiendo mientras ella lo recordara, y tal vez en muchos años cuando ella tampoco estuviera, sus hijos e incluso alguno de sus nietos recordaría a alguien que jamás conoció.
En realidad, desde cierta perspectiva no podía dejar de pesar que morir no era realmente lo duro, sino ser olvidado. Comenzó a pensar que tal vez por esa razón su abuelo había sufrido, no era el hecho de morir, nunca lo fue, ella no podía creer que le temiera a algo que forma parte de la vida. No en realidad era porque su hermano lo habían olvidado, no volvió a escuchar su nombre en el sonido de su voz, o a ver su sonrisa, a tener un abrazo, incluso un golpe, algo que le dijera que sabía que ahí estaba. Ser olvidado vivo era peor que estar muerto, muchos años después a sus casi catorce años le pudo hacer la pregunta a Stanley.
–¿Por qué? ¿Por qué le hiciste pensar que lo habías olvidado? –esa fue una pregunta que Stan no espero en el camino al supermercado acompañado de su sobrina nieta mientras los visitaba en California. –Pero –continúo hablando Mabel. –¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo soportaste por 30 años el olvido? ¿Cómo lo hiciste? ¿Incluso nosotros no sabíamos tu nombre?
Se detuvo de golpe, ella no lo miraba, apretaba fuertemente su falda, pero alcanzó a ver como las lágrimas Mabel rodaban por sus mejillas. Ese día era el aniversario de la muerte de Sherman, su pecho se comprimió, por un jodido instante creyó que le daría un infarto. La amaba demasiado, el amor de esos niños siempre significo redención, la simple idea de que ella le guardara rencor le destrozaba el corazón.
–Mabel –Stan hizo una pausa. Hacia tanto que no pensaba en Sherman, ese día era difícil, volver a recordar que nunca lo volvió a ver. No solía pensar demasiado en las cosas que perdió, al final resultó ser un idiota intentando recuperar a un hermano había perdido a otro, y se perdió a sí mismo. Por eso estaba tan aferrado a ellos, a su sobrino y su esposa, a Mabel y a Dipper, al idiota de su gemelo, incluso a Soos y a la pelirroja.
Le confeso a su sobrina nieta que, por muchos años sobre todo los primeros, se miraba al espejo y se decía su nombre. No sólo para recordar que él no era el verdadero Stanford Pines, sino para no olvidarse a sí mismo. Él era Stanley Pines, él era la causa por la que su familia se rompió, por su culpa su gemelo estaba perdido, tal vez incluso muerto, ahora incluso no podría volver a ver a su hermano mayor. Pero el espejo nunca devolvió lo que él esperaba, no, con los años sólo le devolvía la imagen de un fantasma, después de todo si alguien merecía ser olvidado sin duda era él.
El resto de la conversación que se quedó por siempre dentro del Stanmovil, sólo entre Stan y Mabel. Ella con una sonrisa le dijo que jamás le guardaría rencor, lo amaba demasiado. Mabel le prometió que nunca lo olvidaría, porque las cosas que se aman nunca se olvidan.
Al menos eso le dijo Dipper, después de la primera vista al tío Stan. De que los gemelos compartieran sus impresiones, no puedo evitar preguntarle a su hermano, bajo el cobijo de su edredón, justo antes de que el sueño los venciera a ambos, cuando todavía en el concepto infantil de sus padres tenían la misma habitación.
–¿Dipper crees que es posible olvidar a alguien? –dijo tan suave que el castaño a penas alcanzo a escucharla.
–Supongo que si –no pensó demasiado su respuesta. –Yo no recuerdo a muchas personas, es más no sé el nombre de la mitad de nuestros compañeros de salón, ni ellos el mío –señaló sonando un tanto sarcástico.
–No me refiero a eso –dijo Mabel. –Olvidar a quienes nos importan, a quienes amamos como el abuelo, papá y mama.
Dipper tuvo que tomarse unos segundos extras para responder, la pregunta de Mabel era bastante complicada. Antes de poder contestar ella volvió a preguntar.
–¿Me olvidaras? –ahora había temor en su voz.
–No, jamás podría olvidarte –respondió sin ninguna duda.
–¿Cómo los sabes? –ella necesitaba saber la razón.
–Porqué te amo, te quiero mucho –Dipper se alegró de que la oscuridad de la noche no delatara el rojo de sus mejillas. –Lo que amas jamás se olvida.
–Yo amo al abuelo, ¿crees que alguna vez deje de recordarlo? –realmente temía eso.
–No, no lo harás. Tu eres Mabel Pines, era nuestro abuelo. Tienes todos esos álbumes llenos de fotos, de las cosas que hicimos juntos, y lo amabas. Sé que nunca lo olvidaras –le contestó con la misma seguridad.
-Sé que yo nunca te olvidaría DipDip –hizo una ligera pausa. –Yo también te amo mucho.
Mabel se escabulló en la cama de Dipper, lo había hecho tantas veces que sería imposible contarlas. Sin embargo, esa noche fue distinta, aunque ninguno dijo algo, estaban seguros que su amor no era como el de cualquier hermano, pero se amaban y por ese momento bastaba.
Amarlo, si amarlo, como hermana, con su vínculo de gemelos más allá de las alergias compartidas. De estar siempre el uno para el otro, tomo casi todo el resto del año que su cabello volviera a crecer, pero a los ocho años pareció una buena idea, nunca le pregunto de donde salió la rasuradora. Había valido la pena el usar todas sus tarjetas, es que los demás no importaban si el que sufría era Dipper, verlo sonreír, ser feliz. Ella no mentía él era el mejor hermano del mundo.
Pasar muchos recreos juntos, ser siempre compañeros de equipo, defenderlo de otros, desvelarse oyendo tontas historias de misterio.
Ella lo hacia lo que lo amaba, realmente lo amaba, y no deja de amarlo.
Doce años, el primer verano fuera de casa, y sobre todo sin supervisión de sus padres. Juntos, si juntos, compartiendo habitación por última vez, revelando la verdad de su familia y la de sí misma. Recuerda las palabras de Blandin, sólo un poco más de verano, sólo un poco más junto a él. ¿Qué tendría eso de malo?
Recuerda la risa, y la voz de Bill hablando dentro de su cabeza. Es extraño no suena como otras veces, no, esta calmado, como pocos lo han escuchado. Únicamente desea un trato, y le dará lo que su corazón realmente desea, ¿qué puede desear? Si lo tiene a él.
Bill suena más seductor, no la presiona, sigue hablando, dentro de su cabeza una imagen maravillosa se continúa formando. Es demasiado hermoso, todo lo que ella pudiera imaginar, pero eso no importa, porque todavía lo tiene a él, Mabel lo puede convencer de que permanezca a su lado.
Porque ella lo tiene, ¿todavía lo tiene? De las sombras de su conciencia aparece las dudas, no, no quiere dudar, porque él la ama tanto como ella lo hace.
Entonces el triángulo amarillo hace la pregunta. –¿Realmente tienes a Pino? ¿Realmente te ama Estrella fugaz?
Frente a ella aparecen las imágenes de Dipper con Wendy, su corazón le gritaba que eso no importaba, la pelirroja no lo amaba, nunca lo haría como lo hace ella. Aparecen las chicas del viaje, tampoco importan, ellas no significan nada, Dipper nunca volvió a mencionarlas, ni siquiera Candy, su hermano la había despreciado. Entonces Bill le muestra algo que ignoraba, se abrazan, los dos están juntos en un rincón de la mansión Noroeste. ¿Por qué sonríe mientras lo hace? ¿Por qué se ve tan feliz entre sus brazos? ¿Por qué nunca se lo dijo?
–Hace mucho que Pino no es tuyo. ¿Acaso no lo sabias? –decía Bill, que se seguía manteniendo la calma.
–¡Te equivocas! –le grita.
–La cara de Pino en los brazos de la rubia dice lo contrario, incluso ahora el Nerd de seis dedos quieres alejarlo de ti –Bill seguía hablando. –Él se quedará aquí, al lado de Ford y Pacifica, te olvidará Estrella Fugaz, simplemente te olvidará.
–¡No! ¡Nunca me olvidara! –Mabel volvía a gritar. Pero sus ojos estaban llenos de lágrimas, Bill lo había conseguido.
–Él me olvidara, Dipper me dejara como lo hizo el tío Ford ¿verdad? –lo decía para ella más que para el triángulo con sombrero.
–Yo puedo cambiarlo si así lo deseas Estrella Fugaz, escucha mi trato –por fin todo dejaba ser una maraña de imágenes, ahora estaba Bill frente a ella.
–La realidad no es tan buena como parece –decía Bill mientras jugaba con su sombrero. –Estrella Fugaz, yo puedo darte todo lo que quieras.
–Pero yo no tengo nada que ofrecerte –contestó Mabel Titubeando. –Yo no soy Dipper o le tío Ford, no creo que exista algo dentro de mi cabeza que realmente pueda ayudarte.
–No, no es eso lo que deseo de ti –Bill volvía a colocarse su sombrero. –Te entregaré tu sueño, todo lo que desees, sólo bastara pensarlo para que este en tus manos.
–¡Engañaste a Dipper! –le gritó enojada. –¡Lo volviste una tonta marioneta! ¿Cómo saber que no harás lo mismo?
–Bueno, Estrella Fugaz esas son tus opciones. Regresar y enfrentar el hecho que tu hermano te abandonara por permanecer al lado del Nerd de seis dedos, o lo que más deseas, un verano que dure para siempre, un lugar lleno de felicidad, y de tus amigos. Pero sobre todo tener a Pino aquí, ustedes juntos, sin que nadie nunca los separe.
–¿Lo dices en serio? –preguntó Mabel.
–Nunca bromeo cuando es sobre un trato –respondió Bill. –Después de todo tu eres Estrella Fugaz, fuiste la elegida para comenzar esta profecía.
Oír eso hizo temblar a Mabel, pero perder a Dipper seguía siendo demasiado duro. –¿Qué es lo que quieres de mí? –sabía que un trato siempre implica un pago.
–Que permanezcas ahí, que disfrutes del sueño. Después de todo, aunque no lo creas, me agradas Estrella Fugaz, me has ayudado mucho, sólo quiero que seas feliz –el triángulo sonaba sincero.
Mabel no era como Dipper o el tío Stan, que hubieran leído las verdaderas intenciones de Bill en un segundo. Estaba herida, su corazón dolía, se sentía sola, y lo único que deseaba era tener a su hermano a su lado.
–Está bien –dijo mientras estiraba su mano. Al estrecharla con la de Bill fue como recibir una descarga eléctrica.
Ahora Cipher estaba dentro de su cabeza, lo había visto todo de ella, conocía cada rincón de su mente, incluso había visto todo aquello que estaba tan profundo que siempre negó que existía.
De la nada comenzaron a construirse castillos y edificios, todos los paisajes que perecían un cuento de hadas vomitado por un ilustrador de los ochentas llenaron el lugar. Todo se rodeó de los colores más brillantes, comenzó a sonar una tonta canción pegadiza, los juguetes, los amigos imaginarios, los dibujos, todo aquello que ella siempre soñó cobro vida. Una enorme torre se levantó de bajo de sus pies, y a lo lejos un letrero de decía Mabelandía apareció a lo lejos en las montañas. Ahora estaba en una habitación llena de juguetes, animales de peluche, tambos llenos de brillos, una enorme cama de princesa, e incluso un escritorio con su nombre. Ya no estaba Bill a la vista, únicamente pudo escuchar su voz dentro de su cabeza.
–Desde aquí gobernaras, no se hará nada que no desees –decía Bill con una voz lejana. –Una cosa más, aquella puerta es mi regalo adicional, únicamente debes mirar dentro de ella y lo que realmente desee tu corazón aparecerá frente a ti.
–Gracias –nunca creyó decirle aquellas palabras a Bill.
Estuvo sola, la música que la envolvía la alegraba. Fue hasta la ventana, se asomó, en efecto ese mundo era tan maravilloso, era perfecto, sin embargo, seguía faltando él, Dipper no estaba ahí. Mabel recordó la puerta, y las palabras de Cipher, tal vez podía llevarlo hasta ahí.
Fue hasta la puerta, lo deseaba, quería que Dipper estuviera ahí con ella. Antes de abrirla se detuvo, él estaba de decidido, se quedaría con Ford, Mabel no deseaba eso. Ella quería a un Dipper que siempre estuviera ahí, que jamás la traicionara, lo necesitaba. Aunque sabía que era estúpido, porqué alguien así realmente no sería Dipper, aunque el sentir su abrazo otra vez valía la pena.
Abrió la puerta en efecto estaba Dipper, pero no el Dipper que ella recordaba, el que era su auténtico gemelo. Aquella versión era mucho más cool, estaba sonriendo, con un atuendo que le pareció divertido, pero no era Dipper. Su corazón se oprimió, se dio cuenta de que se había equivocado, sin embargo, antes de que dijera algo aquella imitación se lanzó a sus brazos. Se sentía como Dipper, incluso olía igual que él, ese abrazo la rodeaba, sentía la tibieza de aquel cuerpo. ¿Cómo podía ser toda una ilusión?
Una vez más intentó decir algo, pero un beso la hizo callar, un beso tan cerca de sus labios que pudo sentir su aliento. Su corazón se aceleró y no supo que pensar.
–Te amo Mabel –dijo ese falso Dipper. Su voz de pre adolescente era igual, era como estar entre sus brazos una vez más.
–Yo también te amo –respondió Mabel, ahora ella correspondía su abrazo, cerró los ojos, y también besó la mejilla de aquella ilusión. No se dio cuenta, pero en ese momento todo brillo de una manera extraña. El pacto estaba sellado, su corazón y mente estaban adormecidos, después de todo eso ya nada importo. Estaba dentro de su mundo perfecto, y ahora lo tenía incluso a él, no, tenía algo mucho mejor.
Una vez más estuvo frente a ella, junto a Soos y Wendy. Ahí estaba frente a ella, suplicándole volver, pidiéndole que regresará, que la ayudara. ¿Por qué haría eso si significaba perderlo? Mabel le ofreció quedarse con ella, dentro de ese mundo perfecto, le ofrecía al igual de Bill aquello que más deseara su corazón. Wendy y Soos fueron fáciles de convencer sin embargo ella se negaba, antes de que Dipper se marchara, antes de que esa puerta terminara de abrirse Mabel se atrevió a mirar. Pensó que al saber lo que realmente deseaba podía ofrecérselo, no importaba que fuera Pacifica o Wendy, incluso si eso significaba que Ford también estuviera ahí.
Sus ojos se abrieron de par en par, no podía entender que estaba viendo. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Qué significaba esa imagen? ¿Acaso? ¿Acaso Dipper anhelaba lo mismo que ella?
Intentó persuadirlo, hasta siguió el tonto juego del juicio. Pesé a que si ella lo deseaba los obligaría a permanecer por siempre ahí, junto a ella. Mabel le diría que ella deseaba lo mismo, ahí podrían ser felices.
Pero una vez más la salvó, aquella era una trampa, de las mejores de Bill, pocos son capaces de resistir la realización de sus deseos, y eso la había incluido a ella. Esas imágenes que le mostró, algunas estaban llenas de dolor, de frustración, de arrepentimiento, sin embargo, otras pesaban demasiado en su corazón. Aquellas donde habían estado juntos, siempre el uno para el otro, nada podía detenerlos estando unidos. Esa era la única verdad, ellos se amaban.
Ese no sólo fue un abrazo sincero de hermanos, aquello fue un acto de amor.
Estuvieron otra vez juntos, Mabel vio lo que ahora era el pueblo, hubiera deseado ser lo suficientemente madura para aceptar su responsabilidad, pero sólo era una niña. Pero estando con él lo lograron, salvaron a su pueblo, salvaron a su familia, se salvaron a sí mismos. Al menos eso pensaron en aquel momento, recuerda la imagen de sus tíos, de sus amigas a lo lejos, despidiéndose a la distancia. Su cerdito descasaba sobre sus piernas, y la cabeza de su hermano estaba sobre su hombro, estaba dormido, sosteniendo la carta que le dio la pelirroja. Entre las imágenes de fantasía que evocaba aquel bosque de Oregón, es su mente se forma la idea que siempre temió expresar, la que su sola existencia la hacía odiarse profundamente, y al mismo tiempo al recordar la visión de Dipper su corazón se aceleraba emocionado.
Mabel lo quería más que a nadie en este mundo, ella lo amaba más que a sí misma, pero no como su hermano, no como su gemelo, ni como su mejor amigo. Lo sabía, por fin esas palabras amenazaban con salir de sus labios. Mabel estaba enamora de Dipper.
De regreso en California con esa idea tan clara, no estaba segura de cómo reaccionar o qué es lo que debía de hacer. Estaba este sentimiento en su pecho, no era nuevo más ahora tenía nombre, sabía que era eso que le cortaba la respiración cuando lo veía a escondidas dormir en su habitación, cuando jugando quedaban uno al lado del otro, el desear estar siempre con él. Esa nueva perspectiva la hizo ver hasta los más pequeños actos de manera distinta, y re descubrir a Dipper. Entonces lo notó, sintió miles de veces la mirada de su gemelo sobre ella, como siempre pareciera que deseara decirle algo, pero al final quedarse callado. Los roces se volvieron diferentes, cuando intentaba tocar la mano de su gemelo este la retiraba inmediatamente, parecía alejarse de ella, al mismo tiempo escabullirse por las noches para dormir juntos. ¿Acoso la imagen de la trampa de Bill no era una ilusión?
La respuesta que buscaba no tardo demasiado en llegar, Justin el chico más lindo de su clase la había invitado a salir, hicieron las cosas clásicas que haría un chico de trece años, cine, centro comercial y un helado. Su padre la recogió a las 8, llegó a casa y su intención era ir directo a contarle a Dipper que Justin resultó ser un bobo, pero antes de abrir la puerta de la habitación lo escuchó llorar. Lo oyó hablar solo, como siempre lo hacía, inconsciente de que podía ser oído. Él lo había dicho, se escapó de sus labios, Dipper se dijo a mismo cuanto amaba a Mabel. En ese instante ella deseo abrir la puerta, correr hasta sus brazos y decirle que ella también lo hacía, que lo amaba, pero se detuvo, no se atrevió. Ya que, si Dipper la amaba, por qué le dolía. El amor no debía de lastimar, el amor era algo que llenaba tu pecho de felicidad, que acelera tu respiración con sólo ver a esa persona, si el amor no dolía entonces por qué su gemelo sufría.
¿Acaso su amor no estaba bien?
Fue hasta su cuarto, miró aquellas estrellas fluorescentes que adornaban su techo, ahí justo en medio estaba la Osa Mayor, deseaba que esa fuera una señal, después de todo las estrellas siempre guiaron a los marineros perdidos, incluso en esos momentos sus tíos estaban en el inmenso océano debajo de ellas. Las horas pasaron, ella seguía perdida en su interior, las lágrimas se deslizaban por sus mejillas, no era ninguna idiota, no podían amarse así. Ese era un amor que no les estaba permitido, era hermano y hermana, gemelo y gemela, no podía esperar que el resto del mundo lo entendiera. Qué les diría a sus padres, qué les diría a sus tíos, a sus amigos, aquel sentimiento no debía de existir, Dipper lo entendía eso, por eso se detenía, por eso sufría en silencio, como siempre intentaba protegerla. No dejar que ese amor que sentía la lastimara, él nunca haría nada que la hiriera y eso incluía amarla, pero eso no era justo, Dipper no debía de cargar con ese peso. Mientras seguía mirando las estrellas del techo, que ahora eran más profunda por la oscuridad de la noche, se prometió que haría todo para que su gemelo dejara de amarla. No importaba que eso le rompiera el corazón en mil pedazos, que ella se perdiera para siempre, ella le entregaría a Dipper lo único que podía darle, la oportunidad de ser feliz, de ser feliz sin ella.
Todo cambio, le resultaba gracioso lo mucho que resultó parecerse a Stan, era una magnifica mentirosa. Fingiría cada minuto del día, siempre tendría esa sonrisa inquebrantable, ese espíritu que parecía indomable, ella se creó el personaje de Mabel Pines. Llena de energía, que pareciera desbordarse por sus ojos, no se permitiría estar triste, ella debía de ser feliz siempre para Dipper, y sobre todo seguir. Continuar como debía de ser, como la chica que sus padres esperaban, que el mismo Dipper estaba seguro que era.
Hubo muchos chicos, a los dieciséis años tenía la reputación de ser bastante "fácil", no era raro encontrar letreros en el baño con su nombre y la palabra puta. ¿Importa? No, dejo de hacerlo desde hace tanto, siempre tiene esa mirada, esa risa y una oportunidad para quien quiera pasar el rato con ella. Todas las semanas había alguien con quien salir, solía mirarse al espejo, con forme el tiempo pasaba se volvían más distintos. Más rápido de lo que jamás imagino Dipper era mucho más alta, comenzaba a tener un insípido intento de varaba. Continuaba mirándose en el espejo, se ensancharon sus caderas, su pecho creció, comenzó a menstruar, sus rasgos se suavizaron, los frenos se fueron, ahora parecía una mujer. Pero aquellos ojos permanecían iguales, ese mismo verde profundo, tan intenso, tan único, sus ojos seguían iguales, como un recordatorio permanente de que no importaba lo mucho que cambiaran, seguirían siendo hermanos pasara lo que pasara. No debían de olvidarlo, al mirarse, al encontrase sus ojos estos los detendrían, les obligarían a recordar la verdad.
No solían tomar muchas vacaciones familiares, ya que los gemelos siempre insistían en ir a Gravity Falls en el verano. Incluso sus tíos paraban de sus aventuras, para pasar aquellos días con los con Dipper y Mabel sus padres solían ceder después de todo, aquella extraña aventura le había revelado a Robert parte de su propia historia. En esa ocasión, decidieron hacer un pequeño viaje a Hawái, Ford y Stan estaban muy cerca, los alcanzarían en menos de dos días, era el receso de primavera. Un lugar hermoso, no había una mejor palabra para describirlo, una oportunidad para crear nuevos recuerdos, por economía los chicos compartirían una habitación. El primer día fue como aquellas noches de improvisadas pijamadas, hablando de lo que les gustaba, Mabel tenía una manera increíble de describir todos los paisajes, las cascadas y los colores que se mesclaban al reflejarse la luz. Dipper hablando de cada dato, de cada cosa que le pareció importante, de las notas que tomó, de lo que deseaba investigar al lado de Ford, incluso de los bares donde esperaba que Stan lo ayudara a entrar ilegalmente. Aquel momento era tan natural, que centímetro a centímetro se fueron acercando hasta que el calor de sus cuerpos los delató. Se miraron, ahí estaban esos ojos, ese inminente recordatorio, voltearon al mismo tiempo, como si por segundos pudieran saber que era lo que pensaba el otro. Mabel fue la primera en ir a su cama, dijo sentirse demasiado cansada, debajo de las mantas esperaba que su corazón dejara de latir, tan rápido, tan fuerte, como si estuviera gritando lo que sentía. Dipper tomó un libro, y fue al balcón, esperaba que la brisa salaba se llevara cada uno de sus pensamientos, pasó ahí varias horas, hasta que la respiración de Mabel sólo era un susurro.
La noche siempre se apiada de los sueños fallidos, de los deseos que nunca serán cumplidos, en su silencio quedas atrapadas por siempre las suplicas de aquellos que sufren, pero también puede develar aquello que se empeña en ser ocultado. Abrió los ojos, inmediatamente se posaron en la otra cama buscando la silueta de su gemelo, no la encontró, se levantó, fue el balcón, únicamente estaba el libro sobre la silla. En medio de la oscuridad, acoplada a la oscuridad, alcanzó a distinguir la luz que se colaba del baño, fue hasta ahí, antes de tocar, lo escuchó. Escucho su nombre entre los gemidos de Dipper, distinguía esa respiración acerada, pero sobre todo entendía el sentimiento, ella también lo había hecho. En ese preciso momento solamente los separaba una puerta, sus mejillas comenzaron a teñirse de rojo, y esa sensación comenzó a crecer en su bajo vientre. Ahí estaba él diciendo su nombre, clamando por un sentimiento inconcebible. Ella seguía detrás de esa puerta incapaz de moverse, de pensar, aquellos sonidos la desconcertaban, pero sobre todo la excitaban. Su cuerpo reaccionaba ante la fantasía de ser tocada, de sentir los labios de Dipper sobre los suyos, de saborearlos, de las manos de su gemelo recorriendo su cuerpo, de mirarse sin culpa, de ser uno solo.
Esa idea asqueo a Mabel, y la confundió, no ella no podía desear aquella aberración, ¿entonces por qué cada centímetro gritaba desesperado por sentir ese toque? No, ella lo lastimaría, no habría vuelta atrás. Se odio a sí misma, había fallado, no podía darle la felicidad a Dipper, el seguía amándola e incluso ahora la deseaba, tanto como ella lo hacía. Se alejó de la puerta, fue hasta su bolso, sacó de un frasco de dulces las pastillas para dormir que se encontraban ocultas, se las hecho a la boca, mientras hacían efecto, una idea se formaba en su cabeza, ella debía de hacer que Dipper la odiara, no importaba cómo él debía dejar de amarla.
Ese día se reunieron con sus tíos, no había pasado tanto tiempo de verse, solían hacer una video llamada por mes, además pasaron navidad y año nuevo juntos. Cada año eran más viejos, pero ahora se veían felices, eso la hacía sentirse mejor. Los amaba, pero no era secreto su predilección por Stan, estar entre esos brazos le hacía sentir tan bien, podían desterrar todos sus miedos, todas sus dudas, claro que a ahora admitir eso la hacía sentir como una boba. Sus tíos les dieron tanto a sus padres como a ellos, los distintos regalos que consiguieron en su última aventura, Stan se acercó y le dio una vieja botella verde, dentro estaba un pergamino.
–Toma Calabaza, me lo dio un "chico sirena" –Stan hizo un gesto divertido. –Tenía un raro acento español, pero al parecer te conocía muy bien.
Mabel comenzó a saltar de emoción, era Marmando, hacia tanto que no sabía nada de él. Inmediatamente la abrió, no era mucho lo que decía, únicamente que la encontraría en Hawái, ya que su familia estaba cerca, al parecer tratando asuntos de políticos de la realiza acuática.
Se encontrarían de noche, después de todo no se podían a arriesgarse a que alguien lo viera. La playa no estaba lejos, pero no era turística. Se sentía emocionada, fue el primer chico al que beso, después de todo eso debía de significar algo, aunque él ahora fue el Rey de un mundo que únicamente podía imaginarse.
Estuvo sentada sobre unas rocas que naturalmente habían formado una poza, el mar estaba tranquilo, y por la inmensa luna no era necesaria luz artificial. Miraba al horizonte cuando sintió un liguero roce en su mano, ahí estaba él mirándola, su cabello seguía siendo largo, su piel hermosamente trigueña, una sonrisa encantadora, pero su pecho estaba cubierto por una especie de armadura, y una corona adornaba su cabeza.
–Ha sido un largo tiempo –dijo él, ese acento siempre le pareció encantador.
–Un par de años –contestó Mabel.
–Juraría que han sido siglos –confeso el joven tritón.
–Te ves mucho más grande, no es que me queje, pero siento que estoy frente a un auténtico rey –decía Mabel sonriendo.
–Supongo que es porqué nuestra especie madura mucho más rápido, pese a que podemos vivir más de mil años –le respondió Marmando.
–¿Qué significa lo que llevas puesto? –preguntó intrigada.
–Es el atuendo del Rey de los Cinco Océanos –no deseaba sonar pretencioso en su declaración.
–Es verdad, ahora incluso tienes una esposa –Mabel sonó un poco triste. –Debió de ser duro sacrificarte por tu pueblo, todo con el afán de impedir una guerra.
El semblante de Marmando cambio, ahora era serio, incluso lucía mucho más adulto, eso por alguna razón atemorizo a Mabel.
–Ella está muerta –fue la respuesta, fría sin ningún sentimiento. –Murió, un mes después de nuestra boda.
–¿Qué pasó? –preguntó auténticamente sorprendida.
–Yo la mate –el escuchar eso hizo que se estremeciera todo su cuerpo. –El estar separado de mi familia, el conocer a los humanos, me hizo entender tantas cosas. Aprendí de la bondad que son capaces de albergar en sus corazones, gracias a ti y a tu hermano, así como de muchos otros que encontré en mi camino. Pero también fui testigo de los horrores que comenten cuando algo se escapa de su comprensión, creí que nuestra especie era diferente, que podíamos ser mejor que eso –hizo una pausa. –Pero me equivoqué, lo supe cuando mi padre me obligo a comprometerme, a casarme, aunque ese no fue lo que le hizo entender el caos en que existimos. Ese mismo día, después de la ceremonia, me confesó su plan. Todo aquello era un golpe de estado, nunca fue su intensión detener la guerra, sino comenzar una en todos los reinos submarinos. Los manatís son grandes, fuertes, pero no muy listos, solo quería carne de cañón para sus ejércitos. Cada reino fue cayendo a nuestros pies, incluso dominamos al Karen y al Leviatán, nada nos detuvo.
–Marmando –se daba cuenta de aquel que se había llevado su primer beso no quedaba nada.
–Marmando ya no existe Mabel, ahora todos me llaman Magna Dominus el Señor de los cinco reinos –dijo el joven Rey. –Lo hacen, porque mi padre nunca pensó que su hijo lo traicionaría, que tomaría todo lo que el conquisto y lo hiciera mío. Fue muy tonto, creyó que me bastaría con vivir a su sombra, pero no fue así. Sus ojos estaban llenos de horror cuando corte su garganta, mi madre y mis hermanos fueron exiliados.
–¿Pero no estás solo? ¿Valió la pena perder a tu familia? –Mabel lo cuestionaba.
–Nunca desee la guerra, nunca quise que ninguna criatura sufriera, o que lo reinos desaparecieran, pero todos estaban empeñados en conseguir lo que ellos consideraban lo "correcto". Los he unificado, todos son iguales desde los Atlantes, los Selkie hasta las Cecaelias, están bajo mi poder sin cuestionar, sin preguntar, yo soy la verdad.
Mabel una vez más pregunto –¿Valió la pena?
–Lo valió Mabel, porqué lo hice amor –al escuchar esa palabra Mabel entendió cada palabra de la boca de Magna Dominus. –Pero a veces eso implica sacrificios, ahora todo está en paz. La guerra ceso, todo el caos se volvió orden, fue necesario que mi familia se alejara para evitar represalias de los pocos sublevados. A hora cada uno de mis súbditos, tiene un orden, un propósito, ese es el verdadero amor, sacrificar todo Mabel, todo eso que está dentro de ti por quienes amas. Lo hice por mi pueblo, por los otros reinos y mi familia, ahora seré quien lleve consigo toda la responsabilidad, lo haré hasta el día de mi muerte.
La castaña tomó entre sus manos el rostro del tritón, se había equivocado, todavía estaba aquel chico atrapado en la alberca dentro de él, lejos de su familia, añorando la felicidad. Ahora la prisión la había construido el mismo, por lo que consideraba más importante, por el bien común de su pueblo.
Le dio un beso en los labios, siempre pensó que era gracioso que su piel fuera tan cálida, tan parecida a la de ella.
No fue un beso intenso, únicamente un roce, algo para revivir viejos recuerdos. El sujetó sus manos entre las suyas.
–Mabel estaba a punto de hundir a tus tíos cuando tocaron las aguas sagradas prohibidas para cualquier ser humano, pero pude oler tu sangre dentro de ellos. Supe que eran tus parientes, me acerqué a ellos, al parecer uno tuvo contacto con alguien de mi especie hace muchos años. Juraron jamás regresar, pero –sus mejillas se enrojecieron. –Pero les pedí la oportunidad de verte de nuevo.
–¿En serio? ¿Por qué? – le preguntó llena de curiosidad.
–Ese beso, sigue presente en mis labios, es un recuerdo que me niego a olvidar. Eres tú algo de lo poco que me queda de esos días, de cuando era Marmando. Quería verte una vez más, quería recordar que alguna vez estuvimos juntos.
–Tú también eres un recuerdo maravilloso –su voz fue dudosa. –Yo tampoco soy la misma.
Magna Dominus se quitó la corona y se la entregó a Mabel, también lo hizo con la armadura de su pecho, y se sumergió en el agua. La castaña no perdía ni un solo movimiento, unos pocos minutos volvió a estar frente a Mabel, pero ahora salía lentamente del agua, sus ojos verdes se abrieron completamente.
–Esto es mucho mejor que barritas de pescado –dijo riendo.
–¿Qué te parece? –pregunto el tritón.
–Estas completamente desnudo, pero no me molesta en lo absoluto –seguía sonriendo.
–Es un viejo truco de nuestra raza cuando llegas a la edad adulta, las voces no eran lo único que hipnotizaba a los marineros perdidos, las hembras de nuestra especie también usaban sus cuerpos –le dijo el joven Rey.
–¿Entonces pretendes llevarme a la perdición? –era al menos lo que las viejas leyendas decían de las sirenas.
–No, en absoluto. Fuiste tú quien me hechizo hace tiempo –tomó la mano de Mabel, hora ambos estaban de pie en la orilla, es su forma humana era mucho más alto que ella, su cuerpo, su rostro, todo era el reflejo de un hombre adulto.
Ahora fue el quien le dio un beso a la castaña, este fue tornándose más profundo, más intenso. Mabel rodeó con sus brazos el cuello de su antiguo amor, cada vez sus cuerpos se fueron acercando más y más. Sus piernas fueron cediendo hasta que quedaron sobre la arena, tenía dieciséis años, la cabeza y el corazón lleno de miseria, dolor y miedo, justo como aquel que la sostenía entre sus brazos. Su ropa fue quitada de su cuerpo lentamente, la piel de su compañero brillaba con la luna, era suave pese al contacto con el agua salada, la tocaba delicadamente. Los labios del chico ahora estaban en su cuello, y su mano se había deslizado hasta las piernas de Mabel. Continuó con su camino, la espalada de la castaña se arqueo al sentir la lengua de Marmando sobre sus pezones, mientras que sus dedos se deslizaban dentro de ella, podía sentir la erección del tritón contra su pierna. No puedo evitarse preguntarse ¿por qué dejaba que eso pasara? Sería una mentira decir que desconocía el sexo, incluso había llegado s segunda base con algunos chicos. Su cabeza era un desastre, no había ideas claras, no deseaba que imagen alguna se formara, porqué sabía a quién terminarían llamando sus labios. Supuso que eso era lo mejor, una opción más grata que el asiento trasero de un auto después de algún estúpido baile escolar. Él era un instante, un momento grato, un recuerdo, alguien que se negaba a olvidarla, no importaba que incluso cuando lo besó en ese viejo lago ya existiera otro rostro en su corazón.
Lo dejó, dejaría que hiriera un poco más su corazón, que su cuerpo fuera utilizado, como lo harían otros después, sin embargo, buscaba un poco de redención para su primera vez. Podía fingir que por esos momentos lo amaba, que ella era otra, alguien normal, ella podía sentir amor por ese chico, que había viajado todo un océano sólo para poder vivir esto.
La hizo suya, nada del orden de lo extraordinario, únicamente dos seres perdidos que se hallaron por el uno al otro en medio de la oscuridad.
Estaban en silenció uno al lado le otro, le resultó gracioso a Mabel pensar en ese momento que el cabello de Marmando era tan largo y bonito como el de ella.
–¿Mabel serias mi reina? –preguntó el joven tritón.
–Estoy segura que conoces la respuesta –Mabel comenzaba a vestirse.
–Claro que sí, pero mis diecisiete corazones me obligaron a preguntar –sus palabras eran sinceras. – ¿Entonces por qué hiciste esto? ¿Por qué darme tu primera vez sino me amas?
–No puedo darte nada más, ojalá pudiera, pero no es así. Aunque te equivocas yo te amo, la parte de aquella niña que sigue viva lo hace, sin embargo, poco a poco deja de existir y sé que no volverá –ahora se encontraba de pie, le regresó su armadura y su corona.
Magna Dominus volvió al mar, y a su forma original, antes de despedirse sujetó su corona y le arrancó la joya que la adornaba en la parte superior. –Es para ti –Mabel entró un poco al agua, no le importo mojarse. Tomó la joya, no era nada que ella conocería.
–El primer amor nunca se olvida Mabel, yo nunca te olvidare –sonreía, era una sonrisa melancólica.
–Yo tampoco –lo abrazó antes de que se marchara. Marmando susurró algo en su odio, algo que ella nunca olvidaría, después de todo él era una criatura mágica, él vio a través de ella, esas palabras la dejaron hecha pedazos. El joven se perdió en la infinidad del agua, mientras que las lágrimas de Mabel se mezclaban con el mar.
Regreso al Hotel de madrugada, su gemelo no estaba en la habitación, deseaba salir a buscarlo, sin embargo, este también era libre de tener sus propios secretos. Se recostó sobre su cama, mirando la joya que le había regalado Marmando y recordando sus palabras, era verdad podría engañar a otros, pero nunca así misma. Cerca de las cinco de la mañana el ruido de un alboroto la despertó, inmediatamente volteó a la cama de su gemelo, seguía vacía. Abrió la puerta, muchos de los huéspedes curioseaban, le preguntó a una mucama por qué tanto movimiento, le respondió que al parecer alguien famoso se encontraba en el hotel. No le dio mayor importancia, regresó a su cama con la intención de seguir durmiendo, lo intentó, pero el sueño se había escapado completamente. Sintió un poco de hambre, se vistió, fue a la habitación de sus tíos, alguno debería de estar dispuesto a acompañarla, tocó varias veces, no hubo respuesta. Ahora sabía porque no estaba su gemelo, probablemente se había ido de "aventura" con sus tíos, así lo llamaban cuando hacían cosas ilegales tomando en cuenta la edad de Dipper.
Se dirigía el restaurante del Hotel, le sorprendió la cantidad de gente que curioseaba, la parecer varias modelos de una firma exclusiva habían llegado para una sesión de fotos. Su ánimo no permitía lidiar con esto, así que decidido que tomaría las escaleras de emergencia, únicamente había bajado un par de pisos cuando escuchó que alguien hablaba, reconocería en cualquier lado esa voz. Era Stan, se sintió feliz, ahora no tendría que desayunar sola. Estaba por bajar, pero se dio cuenta que no estaba solo, él estaba hablando con alguien, bajó lentamente para poder escuchar un poco más. De nuevo esa sensación de déjà vu, la otra voz también la conocía, se escuchaba un poco distinta, pero también estaba dentro de sus memorias.
–¿No creí verte aquí? Supongo que es una coincidencia –decía la mujer.
–Sí, yo tampoco lo imagine. Me sorprende que quieras hablar conmigo –Stan sonaba triste.
–También me sorprende que no te odie, después de todo me mandaste al carajo –la voz de la chica ahora parecía un sollozo.
–Wendy –Mabel tuvo que cubrir su boca para no delatarse, no se había equivocado.
–Lo siento –decía Stan. –Hubiera deseado jamás lastimarte.
–Pero lo hiciste –ahora lloraba. –Mierda me prometí que no lloraría, pero no puedo. ¡Maldita sea Stan! ¡No puedo olvidarte!
Stan la tomó entre sus brazos. –No lo merezco, fui el peor bastardo al permitir que esto pasara entre nosotros.
–Sólo dime una cosa –Wendy lo miraba. – ¿Me amaste?
–Como a nadie –fue la respuesta de Stan.
La pelirroja besó los labios del viejo, necesitaba sentirlos una vez más. –Por favor Wendy, no lo hagas, nos lastimaremos más.
–Estoy completamente rota, así que no me importa –respondió la chica.
Mabel no se atrevió a seguir mirando, se escabullo sin que ninguno de los dos la notara. Estaba en el restaurante comiendo mientras pensaba en lo que acababa de ocurrir, en perspectiva no le sorprendió, después de todo Wendy pasaba casi todo el tiempo en la Cabaña. Incluso si ellos no estaban ahí, ella vivía en Gravity Falls, era la cajera de los fines de semana. Pero recordaba el rostro de ambos, era obvio que ambos se seguían amando ¿entonces porque renunciar el uno al otro?
Su tenedor cayó al lado del plato, después de todo cuando conocieron Wendy esta tenia quince años, incluso era más pequeña que ella, eso quería decir que cuando estuvieron juntos ella era menor de edad. Mabel no sabía cuándo habían iniciado su relación, pero si entendía porque Stan la había terminado, no importaba lo mucho que este la amara, ellos nos podían estar juntos, después de todo lo que habían hecho era ilegal. La pelirroja era una adolescente y el un viejo, ni siquiera el Ford lo hubiera apoyado, la familia de Wendy tampoco lo entendería.
Pequeñas lágrimas corrieron por sus mejillas, no solo a ella parecía negársele la felicidad, tal vez ese era el irremediable destino de los Pines.
El viaje terminó, nunca le atrevió a preguntarle a su tío sobre lo que había visto, era muy parecidos, encontraba esa sonrisa, que le decía a todos lo demás que era feliz, la única diferencia radicaba en que ahora Mabel sabía que era una mentira.
El tiempo continuó su marcha y otra vez llego el verano, los dos estaban emocionados. Una vez más estarían con sus amigos, ella estaba feliz de ver a Candy y Grenda incluso Dipper se había hecho amigo de Marius y uno de los sobrinos de Soos, era algo que ella había deseado durante mucho tiempo.
Pero aquel no resultó ser el verano que ella esperaba, Dipper permaneció un tanto alejado. Se odiaba ya que debería de sentirse feliz, porque después de todo lo que hacía Dipper era lo que ella deseaba. Ahora su gemelo salía con Pacífica, era algo que muchos en el pueblo sabían, pese a la discreción que ambos manejaban. Su corazón se oprimía cada vez que lo veía salir, detestaba ese sentimiento, después de todo la rubia podía darle a Dipper lo que ella no. Pacífica era alguien demasiado cercano a lo perfecto, bella, inteligente, simpática e incluso no dejaba que nadie cuestionara su relación con el castaño.
Pero Mabel no podía dejar de odiarla, su gemelo se veía tan feliz a su lado, reía de manera autentica, parecía ser otro, ese otro que nunca podría ser con ella.
Olvido el número de veces que se encerró en el ático a llorar, quería que todas esas ideas desaparecieran de su cabeza, que esos sentimientos desaparecieran de su corazón. Estaba encerrada sintiendo como su cordura amenazaba con dejarla rápidamente, cuando su celular se ilumino, leyó el mensaje. El remitente la conocía bastante bien, después de todo este también la amaba, después del Raromagedón siguieron en contacto, ellos eran amigos después de todo. Le pedía que se vieran en la vieja fábrica de productos del pequeño Gideon, Mabel se fue en carrito de Golf.
–No creí que vinieras –confesó el rubio la verla.
–Somos amigos Gideon –dijo ella mientras llegaba hasta su lado.
–Lo sé, y tal vez ese siempre sea el problema entre los dos –Alegría estiraba su mano.
–Nada está escrito –ella tomó su mano.
Los dos sonrieron mientras entraban a la fábrica, fueron hasta el techo, hablaron por horas, de tantas cosas que ninguno se creyó capaz de decirle a otros.
Ese verano sin que Dipper y Mabel lo supieran habían caído en uno de los peores abismos, intentaban llenar el vacío de sus corazones con alguien más. Ambos lo intentaron desesperadamente, fallaron, de la manera más miserable posible.
Ella corre desesperada, se escapó de su tío mientras este iba por a la cabaña, su fiel amigo la sigue de cerca, lleva contra su pecho el viejo diario de su tío. Cada vez le es más difícil seguir con el ritmo, pero tiene que hacerlo, porque lo ha arruinado todo.
En su mente viajan todas esas imágenes, fue ella quien lo besó en el túnel, no supo porque lo hizo, aunque era algo que su corazón le había pedido desesperadamente desde hace tiempo. Comenzó como un simple roce de labios, pero poco a poco se fue convirtiendo en algo más, la luz y el movimiento del juego lo que los detuvo. Una vez más estaba parada frente al abismo, su única escapatoria fue negar todo, seguir refugiándose en Gideon, ella podía intentarlo, ella podía obligarse a amarlo.
No funciona, las palabras de Marmando vuelven a hacer eco en su cabeza, puedes engañar a los demás, pero nunca a ti misma. Ve la cara de desesperación de su Stan cuando les dijeron que Dipper está inconsciente en el hospital, ambos salen corriendo de inmediato. Ninguno dice nada, pero es obvio el dolor que sienten, no se aparta de su lado, le repite una y mil veces que lo ama. La gente que los observa están conmovidos, no entienden el verdadero significado de esas palabras. Se siente tan feliz cuando por fin abre los ojos, una vez más esta con ella, pese al regaño de Stan lo cuida, le gusta que estén juntos. Entonces abre la puerta, él está por escapar, eso la desconcierta, Dipper parece querer huir de ella, de lo que ambos sienten. Mabel se dio cuenta su gemelo hace mucho que está en caída libre en el abismo, lo ha dejado solo por mucho tiempo, una vez más contempla aquel vacío lleno de oscuridad, ya no importa, se atreve a dar ese paso final. Estarán juntos una vez más, por un momento parece lo correcto, no se sentía tan feliz en muchos años, era lo que realmente había deseado, lo que siempre estuvo oculto en lo más profundo de su ser. Pero sigue lastimando, hiere a quienes le rodena, le explica a Gideon, es necesario terminar, el rubio no le reclama nada, únicamente le dice que siempre la amara.
Todo ha sido perfecto, están juntos, ahora ellos dos son libres de amarse. Dipper luce hermoso en su traje, es el baile formal, pueden ir juntos no hay nada de raro en eso. Son hermanos, pero también son amigos, pueden burlarse de la realidad, pero lo que habita en sus pechos es más fuerte.
El beso fue perfecto, como siempre imagino que debía sentirse cuando lo haces con alguien a quien realmente amas.
Los murmullos, las voces, la canción que terminaba los trajeron de su mundo perfecto. Todos los asistentes les miraban, busco con la mirada a sus amigos y le dolió lo que encontró, estaban confundidos, y de inmediato desviaron la mirada, ninguno sabía que decir.
Los gemelos huyeron del baile, ninguno dijo nada de regreso a la cabaña. Esperaban que eso se quedara como un estúpido error, que nadie más se enterara. A penas atravesaron la puerta cuando sus tíos los tenían sujetos del brazo, Ford se los mostró, le habían enviado el video de ellos besándose. Aquellos hombres a lo que amaban tanto, estaban desesperados, enojados, confundidos, no sabían que era lo que debían de hacer, todo había pasado bajo su techo, en sus narices.
–Llévatela Stanley –fue la indicación de Ford.
–Cámbiate y empaca tus cosas, nos iremos a un motel hasta que solucionemos esto –le ordeno Stan.
Mabel fue hasta el ático, empaco sus cosas, no podía dejar de llorar todo se había ido a la mierda. Deseaba profundamente poder cambiar todo eso, de alguna manera que nade de esto estuviera pasando. Entonces lo recordó, recordó lo que había estado haciendo Dipper ese verano con Pacífica, él había descubierto algo que podía terminar con su inmenso dolor y estaba en el diario tres.
Se apresuró, únicamente guardo unas cuantas cosas. Escuchó como sus tíos seguían discutiendo con Dipper, fue hasta la tienda de regalos, digitó en la máquina de dulces esa clave que se sabía de memoria. El elevador se detuvo en el número dos, entró no debía de tardarse o irían a buscarla, a este punto conocía muy bien a sus dos tíos, en algunas cosas se parecían demasiado. Detrás de un viejo cuadro estaba una caja fuerte, sabia la combinación, 618, la fecha en la que Stan había sido expulsado de su casa.
Ahí estaba, un poco maltratado, pero con esas tapas de cuero que parecían brillar para ella. Lo escondió debajo de su suéter, y dejó todo en su lugar. Regresó por su maleta, Ford le dijo que Stan la esperaba en el auto, cruzó la mirada con Dipper, este lucía tan triste, eso la hizo decidirse, ella lo debía de hacer.
Pasaron un par de días, leyó una y otra vez lo que su hermano había escrito, ahora sabía que lo que necesitaba. Su celular había estado sonando constantemente, la mayoría de los mensajes eran de Gideon, no había uno sólo de Dipper, pero ese último era de Candy.
"Mabel me tomo mucho poder escribir esto, aun no entiendo que fue lo que paso en la fiesta. Por más que intento no puedo hacerlo, quiero hacerlo, pero no es así. Ustedes son hermanos, no deberían de amarse así"
En efecto ellos no debían de amarse así, y todo era su culpa. Ella lo había arrastrado hasta lo más profundo, no es que Candy fuera mala, ni sus padres, ni sus tíos, por el contrario, todos estaban haciendo lo correcto. Mabel también debía de hacerlo.
Stan había intentado hablar con ella, pero solo le sacaba unas cuantas palabras, no deseaba que su tío la mirara como lo habían hecho todos los del pueblo.
–Está bien Calabaza, no te obligare a decirme nada que no quieras –hizo una pausa. –Quiero que sepas que no importa lo que pase, no voy a dejar de amarlos.
–Lo sé –respondió tristemente, mientras acariciaba a su cerdo. Mabel realmente deseaba creerlo.
–Voy a salir por un momento –se despidió de su sobrina con un beso en la frente.
Mabel espero unos cuantos minutos, los suficientes para que Stan se alejara, fue fácil desarmar el seguro de la ventana. Resultaba ser una ventaja que ese Motel solo tenía dos pisos, y ellos estaban en el primero. Sacó al cerdo, ahora realmente era pesado, pero lo consiguió con ayuda de una mesa, agarró el diario y esa cosa que resultaba indispensable. Comenzó a correr, estaba al otro lado del pueblo y del lago, tendría que atravesar todo el bosque, sus piernas le fallaban, tuvo que detenerse varias veces para que su cerdito la alcanzara. Cuando llego al lago sus piernas sangraban por las ramas que habían lastimado sus piernas, debía de llegar detrás de la cascada, ella había aprendido muchos trucos de Stan, el anciano siempre se arrepentiría de eso. Se llevó un bote pequeño, no estaba dispuesto a llamar la atención, subió a su compañero y se puso en marcha. Ya habían pasado varias horas, estaba segura que en ese momento la estarían buscando, debía de apresurarse.
Llegó hasta la cascada, su cerdito la seguía muy de cerca. Siguió el camino que Dipper había descrito en el diario, pronto se halló frente a las enormes puertas que los Noroeste habían descubierto años atrás.
–Sangre de un linaje sagrado –dijo mientras sostenía la lámpara. Ella no tenía a Pacífica, pero recordó sus clases de latín, no sólo podía ser sagrado podía entenderse como elegido, tomó la vieja navaja que le había robado a Stan y cortó su propia mano. Bill se lo dijo, Mabel era la elegida, fue hasta el símbolo de la abertura, su sangre fue escurriéndose lentamente hasta cubrir la extraña figura. Aquellas gigantescas paredes comenzaron a abrirse, Mabel creyó que incluso Bill tendría problemas para abrirlas. De repente Pató comenzaba a chillar, se negaba a dar un paso más, ella había traído una cuerda del bote que la había traído una cuerda. Todo se encontraba cubierto de una inmensa oscuridad, parecía que la luz de la linterna no parecía suficiente, tropezaba con cada paso. Pato cada vez chillaba más fuerte y se resistía, colocó su lámpara en medio del lugar. Ahí estaba el altar, detrás de este mil de símbolos que no entendía, se dirigió hasta el sitió un poco antes de llegar tropezó con algo, lo ilumino, estaba rodeada de restos humanos, de los que habían estado antes y habían fallado. Ha este punto era insoportables los ruidos de Pato, saco de su bolsillo, un frasco de caramelos, ese que eran mitad dulces mitad pastillas para dormir. Se las dio, el cerdito se las comió todas, espero unos cuantos minutos a que comenzaran a hacer efecto, el animal estaba a cada minuto más aturdido, pero seguía lo suficientemente consiente para trepar al altar.
Mabel comenzó a llorar, y le pedía disculpas por lo que iba a hacer, para ella ese cerdito, significaba demasiado para ella, era su confidente, su amigo, de los seres que más amaba en este mundo y ahora estaba por asesinarlo. Volvió a sacar la navaja de su bolsillo, debía de hacerlo antes de que Pato muriera de sobre dosis.
Le susurró. –Perdóname.
Clavó la navaja en el cuello del confundido animal, y la desgarró totalmente. Ella comenzó a decir.
–Committitur in tenebris omnia, ubi lux hominum obcaecatus decepti Deus benedicit et simul exortae contemnit. De partibus tuum nomen audiet abyssis.
Mientras lo hacia una enorme furia invadió su corazón, ella estaba enojada con su miserable existencia, por su amor prohibido, con su familia e incluso con Dipper. Sin darse cuenta comenzó a apuñalar el cuerpo del cerdo una y otra vez, como si con cada movimiento se fuera algo de su frustración, de lo que la hacía odiarse. Fueron tantas que en unos cuantos minutos estaba bañada en sangre, el sabor del óxido se coló entre sus dientes, mientras que las entrañas de aquel ser al que llamo amigo estaban tiradas en el piso.
Una luz roja comenzó a llenar el lugar, y una voz que no podría describir, aunque quisiera surgía dentro de su cabeza.
Aquella voz la escuchó paciente, aquel ser descubrió que no había ni una sombra de duda en su alma.
Estaba por seguir la invocación cuando la puerta volvió a abrirse, y los miró ahí estaban los tres con los ojos llenos de terror. Su mirada se posó en Dipper, este nunca lo habría imaginado, nunca hubiera esperado que ella se atreviera.
La voz de aquel ser se hacía más fuerte dentro de su cabeza, al igual que aquella figura que pocos podrían entender comenzaba a surgir.
Sonrío, sonrió desde lo más profundo de su alma, ella era feliz. Por fin haría algo bueno por su gemelo, por quien más amaba, dejó todos sus temores atrás y estaba dispuesta a continuar. Mabel había llamado a "AQUEL QUE NO TIENE NOMBRE", y este le había respondido.
FIN DEL CAPÍTULO.
Notas de la Autora.
Si, lo sé. Me toma una jodida eternidad actualizar, pero como ya lo he dicho, no voy a dejar este fic. Hemos llegado a un momento resolutivo, en la siguiente entrega nos enteraremos por fin que fue lo que paso con Mabel.
Por cierto, el día de ayer se cumplieron tres años desde que termino nuestra amada serie, bueno la honro con esta actualización. GF siempre será algo importante en mi vida, y todavía lo disfruto como la primera vez que la vi.
De nuevo muchas gracias por leer, y seguir este trabajo. Espero que lo hayan disfrutado, no olviden dejar sus comentarios.
