Chapter 2

Quinn aceptó vacilantemente la mano de Rachel, sentía la boca seca como un estropajo. Enlazó sus grandes dedos con los suyos y la condujo hacia el aeroplano privado de la empresa, ni en sueños habría esperado que tuvieran una verdadera luna de miel. Se había sorprendido mucho, y sobre todo se había preocupado cuando una hora después de casarse, su esposa le había comunicado que se dirigían hacia la isla tropical que poseía en Costa Rica y que permanecerían allí dos meses.

El plan resultaba excitante, pero también sobrecogedor.

Nadie podría oír sus gritos si ella tenía intención de hacerle daño.

Si se dejaba guiar por la lógica, ella no parecía el tipo de persona que disfrutase haciendo daño a los demás, pero por otra parte, ¿Y ella qué sabía?. Apenas la conocía, además, pensó malhumoradamente, Rachel creía que había estado confabulada con su padre, no creía que las escasas palabras con las que había intentado defenderse en su oficina, palabras que habían llegado cinco años tarde, hubieran supuesto alguna diferencia.

Suspiró, preguntándose otra vez qué tendría pensado hacer con ella.

Y, maldita sea, de todos modos, no existía ninguna forma de luchar contra ella. Verdaderamente, Rachel había convertido su sumisión en una parte legal de su matrimonio, la había obligado a firmar una declaración jurada, en la que bajo pena de expulsar a su familia de la casa familiar, ella se comprometía a obedecerla ciegamente. Legalmente, recordó apretando los dientes, ni siquiera podría levantarle la voz sin que castigase a los suyos.

Se le ensancharon las aletas de la nariz, había creído que en una semana su familia se encontraría en la calle, al contrario de lo que pensaba Rachel, ella nunca había sido del tipo dulce y sumiso. Las mujeres dulces y sumisas no podrían dirigir con eficacia compañías que manejan millones de dólares y ella lo había hecho eficazmente antes de la absorción. El problema estaba en que su padre antes de su muerte había tomado un montón de decisiones económicas absurdas, y esto casi había agotado el capital.

Aunque seguro que su esposa ya lo sabía, se preguntaba si eso no sería parte del aliciente de casarse con ella, la ocasión de someter por la fuerza a una mujer fuerte e independiente que después de haber sangrado sus efectivos hasta agotarlos no podría luchar contra ella durante mucho tiempo.

Treinta minutos más tarde, el avión había despegado y les habían servido unos cócteles. Quinn se sentó en su asiento frente a su nueva esposa bebiendo una margarita, miró por la ventana, observando distraídamente las nubes que pasaban a su lado, demasiado nerviosa para establecer contacto visual con la mujer que ostentaba semejante poder sobre ella.

-Tienes unos pechos espléndidos-, murmuró Rachel, consiguiendo su total atención, los ojos abiertos como platos. No esperaba que fuera tan directa, aunque ahora ya tenía una pista, ser directa formaba parte de su naturaleza. -Puedo ver cómo tus pezones se yerguen bajo la blusa- observó como ella se despejaba la garganta nerviosamente y apartaba la mirada, -¿Es por el frío, la excitación, o son las dos cosas?-

Excitación, pensó, retorciéndose un poco en su asiento. –Frío-, susurró.

Quinn cerró los ojos brevemente, cogiendo fuerzas. Aunque pareciese una idea perversa y estúpida, su cuerpo siempre había respondido naturalmente a la mujer sombría y prohibida que se sentaba enfrente. Era como si los dioses hubieran creado su cuerpo con el único propósito de deleitarse con Rachel Babra Berry. Ningún otro hombre conseguía que se pusiere caliente sólo con unas palabras o una simple mirada, ninguno, sólo Rachel.

Odiaba admitirlo, pero parecía más peligrosa y atractiva que nunca, todavía llevaba el mismo traje negro italiano con el que se casaron, estaba tan atractiva con el pelo castaño despeinado y con la corbata suelta colgando descuidadamente de su cuello...

Su atlética musculatura se marcaba incluso bajo la ropa que cubría su cuerpo, sus ojos eran de un cafe profundo e intenso, las líneas de la risa en las comisuras contrastando brutalmente con la dura expresión de su rostro.

-Entonces tendré que ponerle remedio-, dijo suavemente, removiendo el brandy en el vaso, -Quiero que mi mujer esté siempre derritiéndose por mí, muriéndose por mi polla-

Quinn se quedó sin respiración, terriblemente excitada, era demasiado. A su líbido no le importaba que lo único que Rachel deseara de ella fuera venganza, ests seguía siendo la mujer con la que había soñado secretamente casi toda su vida.

Ya estaba excitada, reconoció. Si la tocaba probablemente estallaría sólo con su contacto, respiró profundamente, pues no deseaba avergonzarse sucumbiendo tan pronto. Después de todo, la mujer que había anhelado durante tantos años era la misma que le había arrebatado las riendas de su vida, debía tener esto presente.

-Sácate la ropa-, ella abrió los ojos de par en par, levantó la cabeza de golpe topándose con su mirada atenta, -¿Q-Qué?- musitó sin aliento, sentía como si el corazón fuese a salírsele del pecho. ¡Vaya!, no perdía el tiempo con preliminares. Increíblemente, su mirada se intensificó aún más, -Sácate la ropa-, repitió.

-P-Pero la tripulación...-

-La ropa-, dijo suavemente, recordándole con la mirada el acuerdo matrimonial, -Quítatela-.

Quinn contuvo el aliento, nunca había permitido que un hombre la viera desnuda a plena luz del día, plantearse hacerlo era lo más espantoso que podía imaginarse. Pero, paradójicamente, también era lo más excitante. ¡Ojalá su libido no actuase por su cuenta! Rachel deseaba venganza, no a ella.

-Estoy esperando-, murmuró. -Quiero ver desnudos esos duros pezones sin nada que me estorbe la vista-, ella se atragantó con la margarita, después dejo el vaso, vaciló un momento, pero inevitablemente se levantó y se dispuso a desnudarse. En realidad no tenía otra opción, se recordó Quinn. Tendría que obedecer mientras pudiese o por lo menos hasta que encontrase una manera de salir de este lío, si existía alguna.

-¿Te puedes dar la vuelta?-, pidió tímidamente, bajando la cabeza avergonzada, -¿Por favor?-

-No-. Rachel tomó su brandy y se arrellanó en el asiento. Quinn alzó la mirada, subió una ceja y sorprendida por la obvia excitación de su voz, luego volvió a bajarla inmediatamente, observando el bulto prominente en sus pantalones, -Quiero mirar a mi esposa, no la trasera del jodido avión-, dijo con voz pastosa. Ella se mordió el labio, el recuerdo de su padre diciéndole que debería operarse los senos, que era demasiado simple y torpe, inundaba su memoria. Vete al gimnasio y come mas, le había dicho Russel en varias ocasiones, Nunca cazarás un marido tal y como estás.

-No tengo mucho que mirar-, susurró. -... No estoy intentando retractarme de nuestro acuerdo, pero yo...-

-Creo que tienes mucho que mirar-, interrumpió ella, sorprendiéndola. -Ahora demuéstramelo, esos pezones ahora son míos... y ese coño sólo me pertenece a mí, quiero verlos-

Inspiró profundamente intentando tranquilizarse, sus palabras la habían excitado más que sentir las manos de diez hombres acariciando a la vez todo su cuerpo. No deseaba sentirse atraída por ella, vistas las circunstancias de su matrimonio, pero lo estaba. Era difícil no sentirse atraída por una mujer tan atractiva que, conscientemente o no, conseguía que se sintiese hermosa.

Quinn inclinó la cabeza y comenzó a quitarse la ropa lentamente, evitó cuidadosamente mirarlo, pero podía sentir como su mirada intensa devoraba sus pezones mientras se quitaba primero la blusa blanca de seda y a continuación el sujetador blanco de encaje.

Agarró sus pechos con las manos y usó los pulgares para restregarle los dilatados pezones, -Preciosos-, murmuró con voz densa. -Tienes unos pezones hermoso y rosados, perfectos para chupar-.

Ella apretó los muslos con fuerza y expulsó el aliento, su boca estaba tan cerca que podía sentir su aliento cálido en los pezones, -G-Gracias-.

Comenzó a lamerla sin piedad, sorprendiéndola, y obligándola a jadear, fue turnándose entre sus pechos, lamiendo lentamente la aureola de cada pezón para luego chupar la punta con toda la boca.

Quinn lloriqueó, sentía debilidad en las piernas, como si fuesen de mantequilla, ella endureció la lengua alrededor de su pezón izquierdo y lo atrajo al calor de su boca, gimió suavemente cuando sus labios lo apresaron, y cuando comenzó a succionar no pudo evitar hundir instintivamente las manos en su pelo oscuro.

Rachel pasó los diez minutos siguientes colmando sus tetas de atenciones, chupó un pezón durante un par de minutos, después cambió al otro e hizo lo mismo, luego repitió el proceso una y otra vez, y una vez más hasta que ella se aferró a Rachel sin aliento.

Ella levantó la cabeza de su pecho, con los párpados entornados, -Ahora el resto-, murmuró posesivamente, -Enséñame ese maravilloso coño, ahora me pertenece-.

Jadeando y con los pezones hinchados y doloridos, Quinn obedeció, retrocedió un paso y con manos temblorosas alcanzó la cremallera trasera de la minifalda blanca, al desabrocharse, bajó la vista a sus pechos y comprobó que sus pezones estaban enrojecidos y dilatados. Se podía ver el débil borde de las marcas de los dientes, y esta visión hizo que se humedeciese aún más.

-Ahora quítate las bragas-, dijo Rachel roncamente cuando la falda se deslizó hacia abajo enroscándose a sus pies, -Quiero verte completamente desnuda, vestida sólo con los tacones-

Las bragas blancas de seda cayeron a continuación, uniéndose con rapidez a la ropa que estaba en el suelo, oyó como Rachel suspiraba y no estaba muy segura de cómo interpretar ese sonido, se mordió el labio inferior, sintiéndose de nuevo avergonzada e insegura de su cuerpo. ¿Estaba excitada o irritada? No sabría decirlo, no debería importarle.

¿Te depilas completamente el coño?-, dijo ella con voz ronca,

-¿Siempre lo has tenido rasurado?-

Ella asintió, todavía demasiado avergonzada para mirarlo a los ojos.

-¿Por qué?-, murmuró ella. -¿Te gusta lo sensible que se vuelve cuando te masturbas?-

Su cara enrojeció súbitamente, dándole la respuesta, desvió la mirada.

-Demuéstramelo-, ordenó con voz arrogante y posesiva, -Siéntate, separa las piernas, y demuéstrame cuánto te gusta tocarte-.

-Rachel ... -

-Demuéstramelo-, la cortó, interrumpiendo su protesta, -Tu coño ahora me pertenece, Quinn. De ahora en adelante, lo usarás sólo para complacer a tu esposa, no para ti misma-.

Luchó por recuperar el aliento, esta mujer tenía el don de la palabra, Quinn sabía que ésta iba a ser la masturbación más corta de su vida pues ya estaba a punto de correrse, -De acuerdo-, susurró.

Sentada enfrente de ella, Quinn abrió las piernas de par en par colocando una sobre cada reposabrazos, podía sentir su mirada penetrante clavada descaradamente en su sexo expuesto, una mirada que la marcaba como hierro candente.

-Tócate-, dijo con voz pastosa, ella se desabrochó los pantalones y liberó su erección de la prisión en que se encontraba, era larga y gruesa, con una vena que se marcaba en el medio, de la raíz a la cabeza, -Juega con tu coño para mí-

Quinn deslizó los dedos hacia abajo hasta encontrar el clítoris, se mordió el labio al ver como la contemplaba con la mirada entornada, cerró los ojos y comenzó a manipular su clítoris, frotándolo circularmente hasta que su respiración se fue volviendo más y más pesada.

-Muy bien, buena chica-, dijo con tono grave. -Sigue frotándote el coño para mí, de ahora en adelante tendrás que pedirme permiso antes de acariciarte, ¿Lo entiendes, Quinn?-

En algún recóndito lugar de su mente febril encontró las fuerzas necesarias para asentir.

-Este coño ahora es mío-, le recordó posesivamente, -Y nadie lo tocará sin antes pedir permiso a su dueña-.

Quinn jadeó y la pasión se arremolinó en su interior formando un nudo en su vientre. Continuó restregando los dedos sobre su chocho mojado, el clítoris hinchado le palpitaba clamando por la culminación.

Oyó entrar al ayudante personal de Rachel y por un momento, acarició la idea de parar, pero sabía que eso no le gustaría a su esposa. Continuó masturbándose, más allá del límite en que podría importarle si alguien la miraba, es más, saber que otro hombre la estaba observando sin que ella lo viese, ya que tenía los ojos cerrado, hacía que se excitase aún más si cabe. Se acarició más fuerte y un quejido suave escapó de sus labios.

-Espléndido-, murmuró Rachel con voz excitada, -Exquisito-

Se corrió con un gemido ruidoso, sintiendo como la sangre encendía su cara; Los pezones disparados hacia fuera, dilatados e hinchados, su aliento entrecortado y jadeante.

-Eso será todo por ahora-, oyó que Rachel murmuraba a Puckerman, su auxiliar, abrió los ojos y observó como su esposa aceptaba una copa de brandy, -No necesitaremos más de tus servicios hasta que el avión aterrice-

-Por supuesto, -.

Puckerman se retiró con expresión impasible, pero el bulto de sus pantalones contaba otra historia, Rache entrecerró los ojos y la miró, diciéndole sin palabras que no consentiría que mirase la ingle de su ayudante.

¿Entonces por qué permitió que su ayudante mirase como se masturbaba? se preguntó vacilante, sin embargo, se dio cuenta de que ya sabía la respuesta, Rachel probablemente había querido exhibir su posesión ante un varón inferior, otra muestra de dominación sobre ella. No sabía si sentirse insultada o adulada por el hecho de que ella la encontrase digna de exhibición.

-No vuelvas a mirar nunca el pene de otro hombre-, dijo su esposa con desaprobación. -No me gusta cómo me hace sentir-.

Ella abrió los ojos de par en par, sorprendida por el hecho de que ella hubiese confesado tanto, se despejó la garganta y desvió la mirada. -Lo siento-, murmuró. -¿Ya puedo cerrar las piernas?-

-No-, se arrellanó en su asiento y acercó el brandy a los labios,

-Estoy gozando de las vistas-, dijo descaradamente.

Quinn se ruborizó, -¿Por qué permitiste que Noah entrara aquí y me mirara si no querías que me fijara en su reacción?-. Lo observó con atención, -¿Cómo esperabas que reaccionara?-

Élla sonrió levemente, -¿Sinceramente?-, ella asintió con lentitud.

-La verdad es que no me di cuenta de que había entrado hasta que era demasiado tarde. Cuando se excitó... -, su voz se fue apagando y su mandíbula se endureció. -No me gustó y cuando notaste su erección-, murmuró, -me puse celosa, no provoques mis celos otra vez, por favor-.

Quinn sintió que el corazón se le salía del pecho. ¿Por qué era tan sincera con ella? Y sobre todo, se preguntaba, ¿Por qué estaba celosa? Dadas las circunstancias, lo lógico sería pensar que Rachel habría gozado al avergonzarla delante de cualquiera, esta mujer era un enigma que tardaría mucho tiempo en descifrar.

Quinn expulsó el aliento, le había sorprendido que Rache Babra Berry, hubiese admitido una debilidad, dos veces en cinco minutos. Nunca habría esperado que se mostrase vulnerable tan pronto, o nunca.

-Gracias por contestar a mi pregunta-, susurró, desviando la mirada, confundida.

-De nada-, Quinn se quedó allí sentada unos quince minutos, con el coño desnudo y expuesto para su esposa, sus pies calzados con los tacones altos colgando de cada uno de los reposabrazos del asiento. Su mirada marron intenso no se apartaba de su carne, simplemente estaba allí sentada, bebiendo su brandy y memorizando cada uno de los rincones de su coño.

De vez en cuando, Quinn dirigía la mirada verde avellana hacia su pene hinchado, que aún la inquietaba más que su propio deseo. Asumió que Rachel estaba disfrutando su excitación, sin ninguna prisa por llegar al orgasmo, sin embargo, su necesidad asumió el control.

-Chúpamela-, ordenó con voz pastosa, -Arrodíllate a mis pies y chúpame la polla-. Con los ojos como platos, Quinn se mordió el labio, por un momento vaciló, pero al final, y en virtud de su contrato legal, obedeció sin protestar.

Cerró las piernas y se puso de pie, después se arrodilló delante de ella, con los rizos dorados cayendo en cascada sobre su espalda, la tomó en su boca sin ceremonias, el sonido de su respiración entrecortada le provocó un nudo de deseo en el vientre.

-Muy bien, pequeña-, gruñó Rachel roncamente, y sus dedos se enroscaron en su pelo, -Tómate tu tiempo aprendiendo a conocerla, chúpala como si fuese un chupachúps-.

Ella hizo lo que le mandaba, había hecho 2 mamadas antes, pero su intención siempre había sido excitar al hombre para follar, esta era la primera vez que se demoraba, lamiendo su polla de arriba a abajo, familiarizándose con él, desde la vena abultada, hasta el minúsculo agujero en lo alto del capullo. Rachel acunó su cara entre las palmas todo el tiempo, observando simplemente como se familiarizaba con su verga, no intentó obligarla a ir más rápido, sino que permitió que lo explorara a placer.

Quinn engulló su polla hasta la garganta y sus pezones se endurecieron con el sonido de su gruñido, sus dedos se ocuparon de masajearle las pelotas, enredándose entre sus rizos.

-Ahora voy a follarte la cara-, masculló. -Ya no puedo más, nena, se acabaron los jugueteos-.

Rachel se levantó de su asiento, cuidando que sus labios no soltaran su polla en ningún momento, la agarró por la parte de atrás de la cabeza e introdujo la verga en su boca tan profundamente como pudo, gimiendo al sentir sus labios contra sus testículos.

-Eso es-, dijo roncamente, y sus músculos se tensaron mientras zambullía la verga tiesa en su boca, metiéndola y sacándola, una y otra vez, -Métetela toda-.

Quinn gimió con la boca llena, notando como su polla se inflamaba más y más, Rachel comenzó a cabalgar dentro de su boca más y más rápido, apretando y contrayendo las nalgas mientras le follaba la cara.

-Cómeme toda la polla-, gruñó y bombeó adentro y afuera, más rápido y más duro, mientras el sonido de la saliva y los labios en contacto con su carne dura invadía la cabina, -Demuéstrame cuánto disfrutas atiborrándote con mi polla-, Quinn gruñó contra su virilidad y luego pasó a la acción, le comió la polla más y más rápido, más profundo y más duro, meneando la cabeza adelante y atrás mientras lo absorbía hasta perder el sentido.

Sus músculos se tensaron y su respiración se hizo más trabajosa, -Te voy a inundar con mi leche, pequeña-, masculló fuera de control, sus caderas rebotaron adelante y atrás, golpeándola en cada embestida, -Trágatelo todo-, dijo roncamente.

Ella lo abarcó en toda su longitud, empujando glotonamente el glande hasta casi tocar el fondo de su garganta, profundamente, con movimientos expertos, gimió contra su pene hinchado, gozando del poder que sintió cuando sus dedos se tensaron más en su pelo y Rachel comenzó a gemir totalmente descontrolada.

-Bébetelo-, gimió, mientras todo su cuerpo se estremecía, -Trágatelo todo, hasta el fondo-.

Rachel se corrió con un fuerte bramido y ese gruñido atronador retumbó por toda la cabina del aeroplano. Con movimientos regulares, Quinn mantuvo el ritmo con la cabeza, y sus labios extrajeron hasta la última gota de semen que pudieron obtener. Implacable en su succión, mantuvo el ritmo febril hasta que lo drenó del todo, hasta dejarla completamente agotada y saciada.

Resollando, Rachel se derrumbó en su asiento porque ya no podía sostenerse más tiempo en pie, -Chúpame las pelotas-, dijo roncamente, acunando su cara de nuevo, y empujándola hacia su entrepierna, -Me relaja-.

Quinn hizo lo que le ordenaba, aunque no surtió el efecto que ella había pretendido, unos minutos después, su polla volvía a estar tiesa e hinchada, preparada de nuevo para que se la mamase. Le dio todo lo que quiso, ordeñándola una vez más hasta que se derrumbó por completo y cayó dormido.

Permaneció arrodillada a sus pies mientras Rachel dormía, besando suavemente sus testículos agotados. Intuyó que eso era lo que deseaba Rachel, también intuyó que, por alguna razón, Rachel necesitaba tener esa intimidad con ella, se diese cuenta o no.

Rachel durmió casi tranquilamente durante lo que quedaba de viaje hasta la isla privada, despertaba de vez en cuando, como si temiese que la hubiera abandonado, sin embargo la agarraba con satisfacción por la nuca y se volvía a dormir tan pronto como sentía sus labios abrazando sus huevos, mimándolo.

Quinn se preguntó inútilmente por qué seguía arrodillada delante de ella, con sus pelotas en la boca; Se consoló pensando que no tenía otra elección, pues no quería enfrentar la realidad: había deseado a Rachel Berry tan desesperadamente, como, por alguna extraña razón, Rachel la deseaba a ella.