AQUELLO QUE SE HA ROTO

CAPÍTULO XVI

Debía de ser una pesadilla, si eso era, no podía haber otra explicación. Era Bill jugando con su mente, atormentándolo lentamente, eso tenía que ser, no era Mabel. Sus ojos, su mente, todo lo estaba engañando, no era su gemela. Ella era el ser más tierno y compasivo que existía en el mundo, no hubiera podido, jamás sus manos se hubieran llenado de sangre. Mabel no habría realizado el ritual, no, porqué implicaba sacrificar a alguien, no tener duda al acabar con la vida de un tajo sin remordimiento. Dentro de su mente gritaba desesperadamente, ¡DESPIERTA! ¡DESPIERTA! ¡DESPIERTA! Deseaba que sus ojos se encontraran con el techo mohoso del ático, hallarse a mismo sudando en medio de la noche, necesitaba desesperadamente que aquello no fuera real.

–¿Mabel qué hiciste? –el grito de Ford confirmó aquello que seguía negando.

–¡Calabaza! –también gritó Stan, intentó ir hasta donde estaba Mabel, pero Ford lo sujetó fuertemente.

–¡No se muevan! –les ordenó a los dos. –No den ni un maldito paso.

–¿Qué carajos dices Ford? ¡Debemos ayudarla! –reclamó Stanley.

–Nadie ha llegado tan lejos, no al menos nadie que haya vivido –en ese momento Stanford Pines no sabía que era lo que debía de hacer, aunque no lo diría nunca estaba paralizado, el miedo se había apoderado de él.

–¡Pero si no hacemos nada la perderemos! –le gritó Stanley.

Stan desafiando las indicaciones de Ford intentó avanzar, en su cabeza debía alcanzarla, debía de salvarla, no podía perderla. Únicamente un paso, sólo un simple paso pudo dar cuando cayó de rodillas. Su mente estaba llena de voces, que le decían todo aquello que por muchos años intentó olvidar, pesaban tanto ese dolor que lo había hecho caer.

Eres un fracaso, un inútil, un bueno para nada. Sólo eres un estorbo, nunca debiste de haber nacido, eres un parasito, una maldita decepción, únicamente un marica asqueroso. Deberías de estar muerto, sólo te has aprovechado de tu hermano, debiste de morir dentro de esa cajuela, todos ellos estarían mejor sin ti, no fuiste capaz de cuidarlos, tú no eres mi hijo.

Todo se repetía en su cabeza, ya no eran voces, era una sola voz, la que más odiaba, la que más lo había atormentado durante su vida, aquella voz era la de su padre.

–¡Cállate! –gritó apretando su cabeza.

–¡Tío Stan! –gritó Dipper, e intento ir a su lado. Stanford lo agarró tan fuerte que los seis dedos quedaron marcados en su muñeca.

–Les dije que no se movieran, si lo haces estarás en menos de un segundo igual que Stan –Dipper miró el rostro de su tío, sabía que él también deseaba ayudar a su tío.

–Stanley, nada de lo que pasa en tu cabeza es verdad. Quiere destruir tu mente, recuerda porqué estas aquí. Debemos salvar a Mabel –Ford esperaba que sus palabras llegaran hasta su hermano.

–Mabel –el nombre de su gemela se escapó de sus labios, una vez más volteó para mirarla. Ahí seguía, no se había movido ni un milímetro, observándolos. Mirando todo lo que pasaba desde el otro lado del altar.

–¡Mabel! –gritó con todas sus fuerzas. – ¡Mabel! –esperaba que ella dijera algo, pero seguía en silenció, como si su voz no pudiera alcanzarla.

Giró su cabeza con desesperación, esperaba encontrar en los ojos de Ford algo de esperanza, que aquel viejo al que consideraba el más inteligente del universo le diera una respuesta.

–¿Qué debemos hacer? –dijo Dipper casi suplicante.

Stanford escuchó a su sobrino, este lo miraba, de una forma suplicante, llena de miedo como la de su gemelo en aquella remota noche de Jersey. Volteó la cabeza, no podía mirarlo mientras aquellas palabras salían de sus labios.

–No lo sé –lo había dicho. No era la primera vez que no sabía que debía de hacer, pero esa dolía demasiado, si no averiguaba pronto lo que debía hacer todos en su familia terminarían muertos. Y todo era su culpa, su maldita culpa, él había escrito sobre ese monstruo sin forma en su diario, él le había enseñado a Dipper y a Mabel muchas de las cosas que les permitieron hacer todo esto.

–Tío Ford –Dipper podía ver como el cuerpo de Ford temblaba ligeramente, no sabía lo que pasaba por su mente. Pero estaba seguro que buscaba una forma de que todo terminara.

Mason miraba a sus dos tíos y después a su gemela, todos estaban sufriendo. ¿Qué debía hacer? Como lo dijo Ford, no existía ninguna información de sobre alguna manera de detenerlo, nadie había sobrevivido al ritual. Nadie, esa palabra sólo llenaba de desconsuelo a Dipper, todo seguía avanzando, la enorme cueva que servía como habitación estaba completamente roja, del techo y de las esquinas comenzaba a gotear una sustancia, era parecida a la que estaba impregnada en la habitación donde encontró en registro de Nathaniel Noroeste.

Esa forma inmensa detrás de Mabel, ninguno de los tres podía entenderla, ni Stanford pese a sus múltiples experiencias dentro del portal.

Ford miró a su sobrina, necesitaba pensar rápidamente, o todo estaría perdido. Entonces se dio cuenta, los ojos de Mabel no estaban fijos, parecía que así fuera, pero en realidad sus pupilas temblaban. Ella estaba hablando con AQUEL QUE NO TIENE NOMBRE, si dentro de la cabeza de Mabel estaba ocurriendo la otra parte del ritual, la que nadie conocía, que les cobraría la vida a todos.

–¡Debo intentarlo! –llevaba consigo una modificación del hechizo del unicornio, tal vez le daría el tiempo suficiente para detener a aquel monstruo.

–¿Qué vas a hacer tío Ford? –preguntó Dipper al escuchar al viejo Pines.

–Mi mente no puede ser borrada –hizo una pausa antes de seguir hablando. –Espero que me dé el tiempo necesario para llegar hasta Mabel.

Dipper vio la determinación en los ojos de su tío, y se sintió inútil. Por su culpa estaban en esa situación, si él no hubiera hecha nada, si hubiera renunciado al amor que sentía por Mabel, nada de esto estaría pasando. Ni siquiera la podía ayudar, dependía de Ford para hacer algo, poder cambiar todo.

No sabía que era lo que iba a pasar, pero debía de hacerlo, debía de intentarlo. Ford dio el primer paso, era como si una fuerza imaginaria lo detuviera, ya que cada paso era más difícil, sin embargo, podía avanzar, o al menos eso creyó.

Es su cabeza una interferencia comenzó a crearse, una distorsión tan fuerte que le hizo detenerse, sintió como un hilo de sangre bajaba por su oreja.

No importa que tu boca conozca el sabor de la Arena Cósmica –aquella voz hablaba en una lengua demasiado antigua. Ford la conocía por el Oráculo, ella se la enseñó mientras se recuperaba en la dimensión 52.

Ni la Inquebrantable puede protegerte de mí – Ford se estremeció, incluso conocía a Jheselbraum. La situación se ponía más peligrosa a medida que avanza el tiempo.

–No puedes entrar a mi cabeza si yo no te lo permito –respondió Stanford intentando dar un paso más.

Aquel ser comenzó a reír. –No necesito tu permiso, no soy Furor Dominus, soy algo mucho más grande. Todos ustedes están destinados a perecer –le dijo la voz a Ford.

Has llegado hasta aquí porqué te lo he permitido, pero ahora entiendo que lo conocen, que él está aquí –la voz sonaba dentro de la cabeza de Stanford Pines en lo que se denominaría como felicidad.

Cuando terminó esa frase Ford también cayó de rodillas, su mente estaba llena de imágenes, de todos los errores cometidos en su vida, dentro y fuera del portal.

Una vez más sus manos estaban cubiertas de sangre, escucha los gritos que le rodean, nunca quiso hacerlo, fue un error, un simple error de cálculos en su intento de regresar a casa. No imaginó que aquel portal improvisado fuera tan peligroso, medio planeta había desaparecido. Miles murieron por su causa, aquellos seres que le habían tendido la mano, estaban muertos, y no podía hacer nada para remediarlo. Por eso dejó de intentarlo, ahora era un asesino, no existía otra manera de llamarlo. Muchas otras imágenes estaban en su cabeza, su primer año en esa universidad de mierda, estaba tan enterrado, tan profundo en su mente, porqué le dolía demasiado, ese rayón en el baño de hombres "Stanford Pines es una Puta de seis dedos". Recuerda como lo tocó con sus dedos, comenzó a reír mientras lloraba, porqué era verdad, no importaba si era un hombre o una mujer, o alguien que se denominara así mismo de otra forma, incluso se había metido con algunos de sus profesores. Ford nunca entendió a las personas, era una rosa con demasiadas espinas, pero si comprendía la futilidad que revelan ciertas situaciones. Entonces se dio cuenta el sexo era eso, crueldad y lucidez, no quería, no deseaba nada más, únicamente alguien que le permitiera saciar sus instintos básicos, y callar la culpa que lo consumía. Fue así hasta que conoció a Fiddleford, él se había vuelto su amigo, pero él lo había traicionado, le había mentido, le ocultó lo de Bill. Incluso cuando descubrió que Fidds estaba detrás de la Hermandad del Ojo Cegado no hizo nada por detenerlo, le importaba más su estúpida investigación, porqué él siempre fue un jodido egoísta. Entonces estuvo de nuevo frente a esa ventana, siendo un joven, escuchando la súplica de su hermano, con los años Stan le confió algunas de las cosas que hizo para sobrevivir, tal vez se seguían pareciendo demasiado, la diferencia es que su gemelo lo había hecho para no morir en las calles. Incluso había intentado separar a sus sobrinos, ya que siempre lo supo, estaba celoso de esos dos, de todo lo que le representaban, eran una visión de su propio pasado, de sus errores, él a veces simplemente no soportaba verlos. No era una increíble coincidencia de que Mason fuera todo lo que él deseaba en un aprendiz, no, Stanford sabía que lo mejor es que estuvieran separados, él no deseaba que fueran como lo había sido con Stanley.

Dipper vio cómo su otro tío caía en el mismo estupor, sosteniéndose la cabeza, hablando cosas que no entendía. Ahora estaba solo, si sus tíos no reaccionaban pronto todo estaría acabado. No movía ni un musculo, únicamente su mirada saltaba de uno a otro, mientras su cabeza trabajaba tan rápido como podía hacerlo.

–¡MABEL! –gritó una vez más. ¡Mabel! ¡Por favor regresa a mí! –decía desesperado.

–¡Grunkle Ford! ¡Grunkle Stan! ¡Reaccionen! ¡No puedo hacer esto sin ustedes! –Dipper seguía suplicando, pero ninguno de los tres reaccionaba.

Mierda, qué podía hacer ahora. No existía nadie en este pueblo que pudiera ayudarlo, además si se iba del lugar era sentenciarlos a muerte y no estaba seguro de poder hacerlo. ¿Cómo detener a algo que ni siquiera tiene nombre? Su nombre, eso era lo que quería Bill, era lo que el triángulo le había pedido, sin embargo, él no lo tenía, pero Mabel sí, únicamente necesitaba decírselo a Bill.

–¡Bill! ¡Bill! –comenzó de nuevo a gritar, esperando una respuesta. Aunque nada le aseguraba que Cipher cumpliría su promesa, con cada segundo que avanzaba las oportunidades de salvar a su familia se iban agotando.

No hubo respuesta, únicamente los murmullos de sus tíos, quienes intentaban recuperar el control de sus cabezas.

Entendió lo que debía de hacer, no había necesidad de pensarlo demasiado. –Triangulum, entangulum. Veneforis dominus ventium. ¡Veneforis venetisarium!

Sus ojos se tornaron azules y de su boca las palabras necesarias para que Cipher acudiera –Olugnairt Olugnairt, Olugnairt, Olugnairt, Olugnairt.

La habitación se cimbró por unos segundos, mientras una extraña voz comenzaba a colarse en su cabeza, AQUEL QUE NO TIENE NOMBRE estaba por alcanzarlo.

–Bien, bien, bien. No era necesaria la llamada tan formal Pino, únicamente estaba disfrutando del espectáculo. Quería saber hasta dónde podías llegar –decía Bill mientras sacudía su bastón.

–Bill –dijo sonriendo. Mierda, estaba feliz de que Cipher estuviera ahí. –Por favor ayuda a Mabel –ahí estaba de nuevo su suplica.

–De todos lo que lo han intentado, incluso de todos lo Pines, debo de admitir que nunca imagine que fuera Estrella Fugaz quien lo lograra –era auténtica la sorpresa de Bill.

–Sólo sálvala –volvió a decir Dipper.

–¡Dame su nombre! –exigió Cipher.

–No lo tengo –Dipper, no tenía su parte del trato. –Aún no lo recuerdo.

–¡Imbécil! –dijo Bill, ser reflejaba cierta preocupación en su único ojo. –Sin su nombre no puedo hacer nada.

–¡Ayúdala! –una vez más gritaba desesperado Dipper. –Sé que ahora Mabel conoce su nombre, ella te lo dirá.

El castaño estaba convencido de que podía hacer que su gemela revelara el nombre que tanto ansiaba Bill, pero no estaba seguro de que el triángulo aceptara la oferta.

Furor Dominusla voz se escuchó fuerte, pero seguía siendo algo que Dipper seguía sin poder entender.

–Tú –dijo Bill mientras cambiaba de forma, era la segunda vez que Dipper la veía, aquel gigantesco y rojo monstruo que lo había intentado matar junto a su hermana, pero lo que más inquietaba al castaño era el por qué para Cipher resultaba ser necesario hacer eso.

¿Acaso has olvidado tu propio nombre? –la voz seguía hablando.

Bill le contestó en esa lengua que era incognoscible para el joven Pines. –¡Sólo eres un vejestorio! ¡Una reliquia olvidada para los seres de carne!

Furor Dominus ¿no respondiste mi pregunta? ¿Acaso has olvidado tu propio nombre? –volvió a preguntar en esa lengua muerta.

–¡Cállate! –Bill gritó furioso. –¡No soy tan estúpido como todos ustedes para estar atado a un absurdo nombre!

Dipper miraba atónito lo que ocurría, la mitad de la cueva parecía estar dentro del Mind Scape, y la otra bañada por la luz roja de AQUEL QUE NO TIENE NOMBRE.

No, por supuesto que no lo eres –ahora la voz era sarcástica con el demonio triangular. –Simplemente renunciaste, dejaste atrás a nosotros los primordiales. Decidiste huir, crear tu propia dimensión, ser amo y señor de todos los seres que ahí formaste.

Cipher se volvió incluso más grande, estaba intentando dominar a ese monstruo. –Pero fallaste, tuviste que renunciar a tu propio nombre, a tu naturaleza original –ese ser seguía hablando. –Lo que llamaste libertad tuvo un precio, quedaste atrapado en lo que nombraste Mind Scape, atado eternamente a los seres mortales.

Furor Dominus ¿valió la pena? –le preguntaba a Bill, aunque ya supiera la respuesta. –Hemos existido igual que el mismo tiempo, y que la infantil criatura que lo gobierna. – Furor Dominus ¿valió la pena? –ese ser sin forma volvía a preguntar.

–¡Si! –respondió gritando Bill. –Claro que valió la pena, he destruido infinidad de dimensiones, extinguido miles de vidas, destruido más mentes y almas de las que ninguno de ustedes asquerosos fósiles pueden imaginar.

Todos los brazos de Bill entraron en contacto con la viscosa oscuridad, estaba luchando contra ella, intentado que su reino se apoderara del lugar donde se encontraban.

–Todos ustedes ocultos, durmiendo, únicamente aguardando el final. Que por fin llegue el mismo caos del que fuimos creados. Esperando que todo sea consumido, ¡más que Dioses son parásitos! –por un momento parecía que Bill estaba tomando el control.

Ese siempre fue nuestro destino, estamos obligados a seguirlo –fue lo que contestó el otro ser. –Negarlo únicamente nos volvería como tú, seres atrapados, esclavizados a la mortalidad de quienes habitan las distintas dimensiones.

Bill una vez más volvió a hacerse más grande, Dipper lo miró, esa forma de Cipher ni él la había visto. Verlo así le hizo sentir miedo, tenía mucho que había dejado de temerle al demonio triangular, sin embargo, en esa ocasión era distinto ese Bill Cipher era distinto.

Ese es tu error, el haberte atado a los seres mortales, ahora desaparecerás junto a ellos –la oscuridad se apoderaba de cada uno de los brazos de Bill.

–¡Pino! –gritó Bill. –Intentaré que mi Mind Scape llegue hasta el Sixer y Stanley, debes retroceder con ellos para que vuelvan a reaccionar –le ordeno el triángulo amarillo.

Dipper únicamente asintió, mientras seguía escuchando esa lengua incomprensible para él. Bill puso dos de sus cuatro brazos sobre las paredes, mientras intentaba contener la viscosa oscuridad que estaba atacándolo.

–¡Ahora! –le ordeno Bill, el Mind Scape llegó hasta sus tíos. Dipper fue corriendo, primero sujetó a Stanley, y lo arrastró hasta donde considero seguro, después fue por Ford e hizo lo mismo, en definitiva, deseó que sus tíos abuelos no pesaran tanto como hacían.

–¡Tío Stan! ¡Tío Ford! –gritaba el Castaño mientras los sacudía violentamente. –¡Por favor reaccionen!

Sus cabezas dolían y sus camisas estaban manchadas por la sangre que escurrió desde sus oídos, pero sus ojos comenzaron a abrirse lentamente.

–¿Qué diablos pasó? –pregunto Stan intentando incorporarse.

–Un poco más y hacen mierda nuestras cabezas –respondió Ford, que también intentaba ponerse de pie.

Dipper al ver esto los abrazó. –Tíos, que bueno que están bien.

Los gemelos mayores recordaron por qué estaban ahí, los dos voltearon simultáneamente en dirección al altar.

–¿Bill? –dijo Ford confundido.

–¿Es el nacho volador? –decía Stanley, intentado comprender la situación.

–¿Qué hace aquí Bill? –Ford le gritó a su sobrino.

–Salvando sus gordos traseros –les respondió Cipher.

–Es verdad –Dipper sabía que sin Bill a este punto todos estarían muertos. –Bill a estado conteniendo A AQUEL QUE NO TIENE NOMBRE, al parecer son "parientes" o algo por el estilo.

–Ahora lo único que importa es llegar hasta Mabel –señaló Stanley.

–Es cierto, después nos encargaremos de Bill –Ford regresaba a su personalidad bastante rápido.

–¿Bill qué debemos de hacer? –le gritó Stanley.

–Usare todo mi poder para que el Mind Scape llegue a estrella Fugaz, una vez que reaccione ella deberá de entregarme el nombre de este imbécil –les indicó el triángulo.

Todos asintieron, Ford no estaba seguro, sintió dudas, pero era inútil que lo dijera ni Mason ni Stanley lo escucharían, además de que él tampoco estaba dispuesto a perder a su sobrina. Así que lo arriesgarían todo, era enfrentarse completamente a lo desconocido. Ford sacó de su chaqueta dos versiones pequeñas del desestabilizador cuántico, estaba seguro si le ayudaría, pero al menos debía de intentarlo solo los segundos necesarios para llegar hasta Mabel. Le dio una Stan y la otra se la quedo el científico, también saco la modificación del hechizo del unicornio y se la dio a Dipper. Pino la miro con detenimiento, era una especie de corona con el cabello entretejido, además de otras cosas.

–En cuanto este junto a ella debes ponérsela, eso con suerte la sacara del trance –le dijo Ford mientras empuñaba su arma.

–¡Estamos listos! –decía Ford con la mayor determinación que alguna vez tuvo en su vida.

–¡Aquí vamos! – indicó Bill, de nuevo sus cuatro abrazos estuvieron sobre las paredes. –¡Maldito vejestorio a ver qué hacer con esto!

El Mind Scape comenzó a apoderarse del lugar, cuando estuvo a punto de llegar a Mabel los tres comenzaron a correr. En cuanto comenzaron a avanzar la oscuridad les atacó, en efecto el desestabilizador no servía de mucho, pero les daba segundos necesarios para seguir avanzando. Solo unos cuantos metros lo separaban de su hermana, dependía de cada disparo de sus tíos abuelos para no dejar de avanzar.

Estaba tan cerca, que sentía que casi podía tocarla. Podía de nuevo traerla a su lado, ahí estaba con eso hermosos ojos verdes fijos en la nada. Únicamente unos centímetros, pero el silencio que de repente pareció llenar el lugar fue interrumpido.

–¡BASTA! ¡DETENGANSE POR FAVOR! –ese grito parecía más que nada una súplica.

Todos voltearon, incluso Bill no entendía lo que estaba pasando.

–Mabel –dijeron todo al unísono.

Los tres Pines se detuvieron de golpe, ese simple segundo fue más que suficiente para que las garras hechas de la oscuridad viscosa los sujetara.

–Mi mente no está bajo su hechizo -fue lo que les dijo.

–¿Cómo puede ser posible? –le preguntó Ford.

–La determinación también implica escuchar –sus ojos estaban firmes sobre él. –Eso nadie lo entendió hasta ahora, todos lo que llegaron hasta aquí alguna vez solo estaban interesados en el poder, la riqueza, en todo aquello que les haría supuestamente felices. Pero tú me lo enseñaste Tío Ford, no puedes confiar en nadie, ni siquiera en ti mismo, por eso dudaban, porqué el precio de la realización de su deseo sería alto. Tan alto que muchos no estuvieron dispuestos a pagar, pero los seres humanos somos codiciosos, por lo que decidieron continuar, pero pagaron. ¿No es así Grunkle Stan? Todos de alguna manera pagamos, sobre todo si hacemos trampa.

–Calabaza, detente por favor. No sé qué es lo pretendes hacer, pero te necesito a mi lado, no podría seguir viviendo si algo te pasa –le dijo con los ojos llenos de lágrimas.

–Lo sé –le respondió Mabel entre lágrimas que ligeramente deslavaban la sangre de su cara.

–Dipper, ¿recuerdas eso que me preguntaste hace ya varios años? Cuando sólo éramos niños, cuando pasamos nuestro primer verano aquí, en esa tonta feria del tío Stan –le pregunto su gemela.

–¡NO! ¡No! ¡Por favor no lo digas Mabel! –gritó desesperado Dipper.

–¿Nunca deseaste volver el tiempo atrás y corregir un solo error? -le decía Mabel, recordando sus propias palabras.

–No lo hagas –le suplicó Dipper. –No lo hagas.

–Mabel, es imposible regresar en el tiempo sin crear paradojas –dijo Ford que intentaba desesperadamente soltarse.

–Eso también lo sé –señaló Mabel.

–¡Estrella fugaz dame su nombre! –exigió Bill. –¡No podré seguir manteniendo el Mind Scape!

–No es necesario que lo hagas, me ha escuchado y yo también. Están a salvo –le dijo Mabel.

Además sólo he estado jugando contigo –ahora la voz fue perfectamente entendible para todos. Al decir esto cubrió totalmente con su oscuridad al triángulo, lo hizo volver a la forma que todos conocían y también puedo retenerlo.

Ella me ha escuchado, y está dispuesta a pagar, sin duda ni temor. No te entregara mi nombre, no podrás tener mi poder, seguirás atrapado en tu propia creación –la voz sonaba tan tranquila y al mismo tiempo tan aterradora. Furor Dominus, te daré algo de razón. Existen seres mortales inquietantes, increíblemente inteligentes, que incluso han llegado a tocarnos, que pese a ser perecederos entienden mucho más. Gracias por hacer que está a la que tu llamas Estrella fugaz haya llegado hasta mí.

Todos incluso Bill, estaba a la expectativa, ya nada estaba en control, cualquier cosa parecía posible. La oscuridad fue subiendo por el cuerpo de Mabel mientras esto sucedía la sangre que la cubría iba desapareciendo, subió hasta sus hombros, pero parecía que la rodeaba suavemente. La cueva se llenada de murmullos en esta ocasión, incluso Bill no podía entenderlos, pero los Pines como Cipher lo sabían, esas palabras eran para Mabel y ella había entendido cada una de estas.

–¡No los escuches! –los Pines voltearon, era Bill quien le gritaba a Mabel. No los escuches Estrella Fugaz! ¡Todos ellos te mienten!

–Como lo hiciste tu –fue la respuesta contundente de la castaña. –Como lo hizo el tío Stan por treinta años, como lo hizo el Tío Ford cuando llegó a este pueblo, como lo ha hecho Dipper durante todo este verano, como lo he hecho yo por tantos años.

–Mabel –dijo Stan con el corazón roto. –Tu eres lo más grande de mi vida, tú y tu hermano. Eres mejor que todo esto, mejor que yo. Por favor detente, no sé qué es lo que intentas hacer, pero no resolverá nada. Los errores del pasado siempre nos perseguirán, no nos dejarán hasta que los enfrentemos.

–Mabel –Ford tampoco podía controlarse. Nuestros errores no deben de ser los suyos, ustedes son diferentes, ustedes pueden ser felices. Sherman, Stanley y yo, todos rompimos esta familia –hizo una ligera pausa. –Pero tú y Mason pueden repararla.

El llanto de Mabel fue más fuerte al escuchar a sus tíos, lo sabía, no era necesario que ninguno se lo dijera. Estaban frustrados, tristes, arrepentidos por sus errores, y eso la lastimaba, porqué sus tíos estaban equivocados, ni ella ni Dipper podían reparar a la familia Pines.

–Lo siento –dijo Mabel. –Pero yo no puedo hacer eso, porqué yo soy quien más ha roto a esta familia.

Tanto Ford como Stan quedaron en silencio, mientras en la cabeza de Dipper solo existía una frase, no quería escucharla de los labios de su hermana, era demasiado, le dolía el pecho, se escapaba su aliento.

–Dipper ¿nunca deseaste volver el tiempo atrás y corregir un solo error? –una vez más le hizo la misma pregunta.

–¡No! –gritó Dipper con toda la fuerza de sus pulmones. –¡No! ¡Porqué amarte es lo mejor que existió y existirá en mi vida!

Los ojos de Mabel se ensancharon al escuchar la respuesta, y únicamente pudo sonreír. Esta no era una de las historias románticas como las que solía leer, donde después de confesar su amor todo era perfecto, no, no lo era. No era un fanfic como los que escribía Soos, donde los protagonistas podían actuar sin consecuencias, donde después de un beso simplemente follan sin sentido. No, esta no era una situación donde un TE AMO era suficiente.

–Pero yo si –le respondió a su gemelo. –Hemos lastimado demasiado a las personas que amamos. ¿Acaso lo que llamamos amor lo justifica?

Mabel seguía hablando. –Usaste a Pacífica como tu refugio, la persona donde ahogabas tu frustración, tu enojo, tu miedo y ella –la castaña hizo una pausa. –Y ella solamente te amo, yo también lo hice con Gideon, y con cada chico con el que intenté borrar tu nombre de mi cabeza.

–¿Qué derecho tenemos? Mamá y Papá están sufriendo por nuestra causa, incluso Stan y Ford estaban dispuestos a sacrificar sus vidas por nosotros –Mabel lloraba, pese a eso sus palabras eran bastante claras.

–Dime ¿por qué lastimar a los demás para poder estar juntos? Lo siento Dipper, lo siento mucho, pero desearía poder dejar de amarte.

Mason Pines sintió que todo al su alrededor se comenzaba a tornar oscuro, ¿ese era el deseo de su gemela? Mabel realmente deseaba poder dejar de amarlo.

Bill sintió miedo, sabía que en cuanto se revelara el verdadero deseo de Estrella Fugaz la otra parte del rito iniciaría, sino la detenían pronto, todos estarían muertos, y eso también lo incluía a él.

–¡Detenla! –le gritó a Pino. –¡Todos desapareceremos aquí!

–Pero –ahí estaba la voz de Mabel. –Pero yo no soy capaz de dejar de amarte. No importa cuanto lo intente, haga lo que haga siempre estarás en mi corazón, y eso nada ni nadie podrá evitarlo.

–No importa lo mucho que lo intente, que quiera llenar mi cabeza y mi corazón con alguien más, incluso sólo dejar que utilicen mi cuerpo. Sé que no pasará, no podré dejar de amarte, pero el hacerlo también significa lastimarte. Es bastante estúpido ¿no lo crees? Siempre desee poder hacerte feliz, que vivieras sin miedo, que te atrevieras a todo lo que puedes hacer, porqué cada vez que te veía pensaba en lo maravilloso que eres. Pero fracase –acaso Mabel se sintió así toda la vida. Existían cosas que por más que lo intentaran no podían cambiar, y eso lo entendía perfectamente Dipper.

–¡Mabel nunca será fácil! ¡Nada lo es! ¡Pero eliminar este amor solucionara las cosas! –quería que sus palabras detuvieran a Mabel. –¡Desearía poder decirte que todo saldrá bien! ¡Pero no lo sé! ¡No sé qué pasara! ¡Sin embargo, pase lo que pase no voy a dejar de amarte!

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Mabel. –Eso lo sé Dipper para mi es igual, por eso voy a amarte, lo haré hasta el último minuto de mi existencia.

Esas palabras congelaron a Dipper, ya no era necesario que intentara alcanzarla porqué ella caminaba hacia él. Ahora todo estaba cubierto de esa mórbida oscuridad, y las voces eran mucho más fuertes, pero no lo lastimaban, no intentaban destruir su cabeza, todas ellas estaban dirigiéndose a Mabel.

Con cada paso, con cada centímetro que desaparecía, con la distancia que se eliminaba entre ellos dos Dipper sentía como su corazón iba haciéndose pedazos.

Esa oscuridad ahora parecía ser parte de Mabel, incluso ese ser sin forma ni nombre, se había detenido, únicamente sujetaba a Bill que seguía desesperadamente intentando escapar. Al parecer existía la misma idea en la mente de los Pines, ya no importaba lo que sucediera, era imposible luchar, lo que sucedería sería inevitable, lo entendían, habían perdido, estaban derrotados, únicamente podían esperar el final.

Por fin estaba frente a él, esos hermosos ojos verdes que compartían se miraban una vez más. Dipper no podía moverse, sin que se diera cuenta la misma oscuridad que inmovilizó a sus tíos lo había hecho con él. Aunque no hubiera importado, el castaño no se hubiera ido, él se quedaría al lado de su gemela.

Mabel puso sus manos sobre las mejillas de Mason y las acaricio lentamente, estaban cubiertas de las lágrimas de su gemelo. Ojalá nada hubiera tenido que ser así, pensó para sus adentros.

–Por favor Mabel –Dipper suplicó una vez más, pese a saber lo inútil que era.

–Te amo tanto Mason –dijo Mabel mientras le daba un tierno beso a Dipper. –Te amo como jamás creí que podría amar a alguien.

Con la voz entrecortada Dipper le respondió a Mabel. –Yo también te amo, y te amare por siempre, no importa lo que pase.

Mabel volvió a besar los labios de su gemelo, sus labios seguían siendo tan suaves, pero ese beso resultó ser tan triste, era un beso que estaba destinado a ser el último. La castaña puso sus brazos sobre los hombros de Dipper, y acurrucó su cabeza en su cuello.

La voz de Mabel fue un susurro, Masón pudo escuchar lo que realmente deseaba Mabel, de sus ojos las lágrimas fluyeron libremente. Aquellas palabras estaban dichas, ya otra parte del ritual empezaría, nada lo podría detener, y sin embargo Dipper era feliz, porqué Mabel lo amaba, siempre lo había hecho, como él hacía, como siempre lo haría.

Aquella vieja cueva cubrió de oscuridad, de esa oscuridad viscosa que llenaba sus pulmones y todo dejo de existir, ya no hubo dolor, tristeza, soledad, felicidad, amor, ya no hubo nada. Todo se volvió nada.


Era el primer día de clases, iba un poco tarde, la noche anterior no pudo dormir bien. Pensó que era normal después de todo era su último año en la preparatoria, estaba seguro que todo resultaría ser nuevo e interesante.

Bajó como todas las mañanas, saludó y besó a su madre en la mejilla, para después beber su jugo de un sólo trago, y llevarse la tostada con mermelada a la boca. Se despidió con gesto y salió, tomó su bicicleta para comenzar a pedalear, había avanzado unos cuantos metros cuando un extraño sentimiento se coló en su pecho. Tuvo que detenerse, volteó hacia su casa, sus ojos se fijaron en la habitación que era el estudio de su padre, sentía que había olvidado algo, pero no sabía que, supuso que no era nada importante o lo recordaría.

Fue curioso, pero mientras más se alejaba un par de lágrimas inconscientes se escaparon de sus ojos, no pudo sentirlas el viento en su cara las secó rápidamente.


Abrió los ojos, pero todo parecía irreal, completamente desenfocado, no entendía dónde estaba. Poco a poco un intenso olor se coló hasta sus pulmones, exigiéndole tener una reacción en su cuerpo, dio unas cuantas arcadas de asco, para después de ver como desde su boca se escurría un poco de esa oscuridad viscosa que había encontrado en sus recuerdos.

Tuvo que dejarse caer, no pudo hacer otra cosa, su mente seguía desconectada, su respiración era irregular, y su boca sabia a algo bastante podrido. Escuchó como unos pasos se acercaron hasta llegar a él, esa otra persona se puso en cuclillas, a la altura de su rostro.

–Supongo que ahora lo recuerdas –le dijo sin ningún miramiento. –Quisiera poder decir que siento un poco de lastima por ti, pero sería algo que ni tu podrías creer.

–¿Para que querría tu lastima de todos modos? –le respondió Dipper. –Lo que necesito es traerla de regreso.

Pines intento ponerse de pie, aunque todo seguía dando vueltas a su alrededor, y el rostro de quien lo miraba estaba dibujada una pequeña sonrisa sarcástica.

–Gideon, por favor sácame de aquí –no creyó usar las palabras mágicas en más de una ocasión con el rubio.

–Eres patético –gruñó Gideon. –Pero si permaneces aquí únicamente te volverás a desmayar.

Alegría hizo un gesto de desagrado mientras paso el brazo de Dipper sobre sus hombros, las velas que habían estado rodeando a Dipper se consumieron en su totalidad, y se dirigieron a la puerta. El castaño permaneció recargado contra la pared mientras el rubio cerraba la puerta, escuchó como entre dientes decía que era demasiado peligroso que permaneciera abierta.

–¿Puedes caminar? –le preguntó Gideon.

–Si –hizo una pausa. –Me siento mejor.

Ambos comenzaron a caminar, se dirigían a la parte principal del bunker, Gideon iba demasiado rápido para Dipper que aun dependía de las paredes para no caerse. Llegaron a lo que le había servido de estudio tanto como a Ford como a McGucket, Dipper se dejó caer en un pequeño sofá que se encontraba en la habitación.

–¿Cuánto tiempo llevas aquí? –le preguntó Dipper, su voz estaba cansada.

–Te lo dije llevó casi un año en espera de que vinieras –lo miró fijamente, era obvio que estaba furioso por la demora de Dipper. –Pero te tomaste tu tiempo.

–¿Por qué no me buscaste antes? ¿Por qué no lo hiciste? –comenzaba a estar mucho mejor.

Gideon permaneció en silencio por unos segundos. –Porqué también la olvide –al decir esto hizo una pausa. –También había olvidado a Mabel

La respuesta de Dipper realmente lo sorprendió, no esperaba tal revelación, pensó que de alguna manera Gideon había permanecido con los recuerdos de Mabel intactos en su cabeza. Pines no lo sabía, y muchos en el pueblo tampoco pero después del incidente de su padre, la madre del rubio estaba internada en un hospital psiquiátrico. Las ventajas de vivir en un lugar lleno de cosas absurdas es que muchas de ellas pueden jugar a tu favor, con Tayler Ruedabueno como alcalde no fue difícil y la custodia legal de Gideon Alegría pasó a ser de Josep White mejor conocido como "Ojos Blancos". Aunque el ex convicto sentía una especie de devoción por el pequeño rubio, estaba lejos de cumplir una función paternal, pese a eso se preocupaba por el rubio, su vida como criminal le había dejado lecciones importantes, sabía que a veces pequeñas decisiones podían traer consigo grandes consecuencias. Gideon era quien tomaba las decisiones y lo que se hacía, incluso todas las propiedades de los Alegría pasaron a pertenecerle a Josep, aquello era mera conveniencia ya que como menor de edad Alegría se encontraba limitado. Además de que era una fachada para otro tipo de operaciones, sabía muy bien del pasado de Ojos blancos como distribuidor de armas y narcóticos, no es que realmente le importara o deseara sacar un beneficio de esa actividad, no lo único que necesitaba era tener los medios y el tiempo para seguir realizando lo que realmente quería, y lo que deseaba era recuperar a Mabel.

–Recordé a Mabel después de encontrar una vieja foto dentro del diario tres –le decía Dipper mientras seguía recuperándose en el sofá.

–Así que en un año no abriste el diario –dijo el rubio de manera despectiva.

–Si –confesó Dipper. –Pese a mi contacto con Ford y con Stan, no sentía la necesidad de indagar, yo mismo me detenía. Muchas veces me dije a mi mismo que era por ser mi último año en la escuela, supongo que estaba logrando lo que en mucho tiempo no paso, ser un chico normal.

–¿Un chico normal? –la voz de Gideon sonó un tanto indignada. –Nunca fuiste un chico normal Pines, por qué empeñarte en conseguirlo.

–No lo sé –un suspiro se escapó de su pecho. –Era Mabel la que siempre me impulsaba a hacer todo ese tipo de cosas, aunque no la recordara supongo que todo lo sobre natural carecía de sentido.

–¿Cómo la recordaste? –preguntó Dipper, era obvio que algo similar le había pasado a Alegría.

–Dejé de ir a la escuela, quise realizar mis estudios en casa, tenía el tiempo y los recursos para hacer muchos de mis proyectos personales –al escuchar esa palabra Dipper sintió un poco de escalofríos. –El personaje de la tienda de la telepatía tenía tiempo muerto así que el viejo remolque que utilizaba como camerino estaba abandonado, pero me parecía un lugar apropiado para improvisar un laboratorio. Le pedí a Ojos Blancos y a los demás chicos que vaciaran el lugar, cuando estaba por terminar me llevaron una caja, no sabían qué hacer con ella, pero pensaron que era algo importante. Estaba sellada y ninguno pudo abrirla, esa caja yo la había hecho, tenía un hechizo de protección, lo había obtenido del diario dos.

Gideon hizo una pausa a su relato, y se tocó las sienes, para él también resultaba difícil contar esa historia.

–La lleve a mi habitación, no recordaba que había dentro de ella, pero debía de ser algo importante ya que me empeñe en que nadie más la pudiera abrir. Pese a lo que había investigado y aprendido en ese tiempo me fue difícil abrirla, una vez que lo hice, no entendía porque estaba llena de cartas, eran muchas, solo había unos días o por mucho una semana entre estas. Agarré una, debía de entender por qué eran tan importantes para mí, por qué las había ocultado así. Esa carta hablaba de muchas cosas comunes, lo que me sorprendía es que quien las escribía parecía conocerme bien, incluso me hablaba con familiaridad, me decía que me quería, que yo le importaba y que esperaba a que llegara el verano para verme. No entendía que pasaba, quién era esa persona y por qué no la podía recordar, entonces llegue a la última línea, ahí entre dibujos y estrellas estaba escrito su nombre, el nombre más importante de mi vida Mabel Pines. Después de eso no supe más de mí.

Dipper se dio cuenta de que le había ocurrido lo mismo que a él, se había desmayado, el shock en sus mentes había sido tan grande que se desconectó.

–No supe cuánto tiempo estuve inconsciente, pero mientras recobraba el sentido ella volvió a mi cabeza, era como una imagen borrosa, pero sabía que Mabel era real. Comencé a leer cada una de las cartas, todo lo que habíamos escrito en estos años, mis memorias, aunque no eran claras, comenzaban a tener sentido. Entonces llegué a aquellas donde tú estabas presente, donde ella me confesaba lo que he sabido desde que los conocí –no pudo evitar sentir un poco de asco. –Mabel me escribía sobre lo mucho que le dolía, que le lastimaba amarte, y al mismo tiempo como no podía evitar hacerlo.

Mason escuchó esa palabra, entonces Gideon lo sabía, tenía mucho tiempo sabiendo lo que ocurría entre él y su gemela.

–Gideon –estaba dudoso de lo que diría. -Si lo sabias, ¿por qué no hiciste nada al respecto?

–Porqué sabía que de nada serviría –Gideon echo su cabeza hacia atrás. –¿Acaso no fuiste tú quien me dijo que me volviera alguien digno de ser amado? Lo intente, lo intente por ella. Quería ser digno de ser amado, pero sabes, descubrí algo con cada una de las cartas de Mabel. Nosotros no controlamos a quienes amamos, ni a quienes esas personas aman, por mucho que te esfuerces eso tal vez nunca pasara.

–¿Acaso tú eras digno de que ella te amara? –le preguntó a Dipper, este permaneció en silencio por unos segundos.

–No –dijo sombríamente. –No claro que no, de hecho, creo que tú lo eres mucho más. Lo intentaste, quisiste cambiar por ella, lo único que yo hice fue lastimar a muchas personas, encerrarme dentro de mí mismo creyendo que yo era el único que sufría.

–Hice lo único que podía, simplemente escucharla. Ella me dijo muchas veces que se odiaba por hacerme esto, por no poder amarme, lo único que tenía para ofrecerme era su cuerpo. Nunca quise tomarlo así, yo quería que cada beso, que cada caricia fuera sincera, sin embargo, siempre supe que en su corazón estaba tu nombre –el rubio puso sus manos en su cabeza. –Es tan idiota, me conformaba con esos momentos, ser el pozo infinito de sus lágrimas, ya que no podía hacer más, únicamente ser quien por momentos aliviaba su dolor, aunque eso solo agrandara el mío.

–Gideon lo siento –decía Dipper de manera sincera.

–¡Cállate! No quiero tu estúpida disculpa –contestó enojado.

–Pase dos días enteros leyendo esas cartas, entendiendo el vació que experimente durante meses, y que no tenía explicación –se colocó de tal manera que sus ojos miraran directamente a Dipper. –Entonces la encontré, la última carta, estaba sellada, recordé que no la abrí. No después de lo que pasó en el baile, no tenía estampillas, la había dejado directamente en mi buzón. Quería odiarla, sacarla de mi pecho, después de todo de eligió a ti, quiso estar contigo pasara lo que pasara. Al leerla, me decía que era lo que iba a hacer, que por fin terminaría con todo esto, que por fin permitiría que tú y yo fuéramos libres. Que dejáramos de amarla, eso nos permitiría ser felices, ser lo sin ella. Mabel invocaría a AQUEL QUE NO TIENE NOMBRE. Entonces lo entendí, ella lo había conseguido, ella de alguna manera hizo que fuera borrada de nuestra memoria.

–¿Pero ¿cómo es eso posible? ¿La mente de Ford no puede ser borrada? ¿Por qué él también la olvido? –Dipper no lo lograba entenderlo.

–¿Acaso no te lo dijo tu tío? ¿No te lo dijo el propio Bill? –Gideon seguía observándolo fijamente. - AQUEL QUE NO TIENE NOMBRE, no un ser como Cipher o como las criaturas que conoció Stanford en el portal, es mucho más viejo, tan antiguo como el Bebé del tiempo, estuvo al principio de la creación y estará al final, presenciando la destrucción de todo.

–Tu sabes lo que ella realmente deseaba, lo que le pidió. Dime Masón ¿qué fue? –no estaba listo para responder esa pregunta, hasta hace unas horas lo ignoraba completamente, ahora se repetían una y otra vez dentro de su cabeza.

–Ella –hizo una pausa para juntar el coraje necesario para decir esas palabras. –Mabel le pidió que nunca haber existido.

–Tiene sentido –Gideon desvió la mirada. –¿Cómo puedes olvidar algo que nunca existió?

–Pero cómo pudo pasar todo lo del primer verano sin ella, era parte de la profecía, ella es la estrella fugaz del zodiaco –existían tantas preguntas, pero pocas respuestas.

–Aun no te das cuenta, debes de ser un poco más perspicaz Mason Pines –el escuchar su nombre en la voz de Gideon era algo a lo que no podía acostumbrarse.

–La respuesta es muy sencilla, fue Bill. Nosotros siempre fuimos peones en su juego, después de todo básicamente necesitaba a Stanley y a Ford, no es la primera vez que viola las leyes del tiempo, únicamente hizo lo necesario para que todo ocurriera sin ella. El busca poder, y destrucción, ahora tu puedes dárselo el vendrá a ti estoy seguro.

–¿Te has contactado con Cipher? –preguntó Dipper.

Alegría dejó escapar una ligera risa. –Ese hijo de puta ha estado ignorándome, no importa cuantas veces haga la invocación, simplemente no aparece.

–Tienes razón, él quiere lo que tengo –se levantó del sillón ahora sabía lo que debía de hacer. –Gideon acompáñame a la cabaña.

El rubio no contestó simplemente comenzaron a caminar, salieron del bunker. Si todo salía bien, tendría una larga charla con Ford sobre todo lo que estaba dentro de la habitación que le mostro Gideon.

Subieron al carrito de golf, se detuvo de repente, no estaba seguro de cuánto tiempo había pasado.

–¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? –le preguntó a Gideon.

–Alrededor de un día –fue la respuesta de Alegría.

–¡Mierda! Stan va a estar furioso conmigo –volvió a encender el carrito. –Al parecer no puedo pasar ni un día en Gravity Falls sin meterme en problemas.

Eran casi las diez de la noche cuando llegaron a la cabaña, todas las luces estaban encendidas, no había terminado de estacionarse cuando su tío salió a verlo.

–Hijo –estaba abrazándolo fuertemente. –Estaba preocupado, tardaste demasiado.

–Lo siento Stan, pero me tomó más tiempo del que imagine –les dijo Dipper mientras deshacía el abrazo.

En ese momento el anciano notó la presencia del otro joven, lo miró por un instante, le parecía familiar, pero no estaba seguro de dónde lo conocía, hasta que por fin dijo. –¿Gideon?

–Cada día eres más lento anciano –fue la respuesta de Alegría.

–Es cierto, pero aún puedo patearte el culo –respondió Stan sonriendo. Gideon únicamente le sonrió, probablemente porqué era cierto.

Stanley jaló a su sobrino del brazo, sabía que la presencia de Alegría no significaba nada bueno. –¿Dipper que está haciendo Gideon aquí?

–Él puede ayudarme a traer a Mabel de vuelta –al oír esto Stanley sólo se preocupó más. –Niño, no sé qué intentas, o qué estás pensando, pero detenlo ahora mismo.

–Eso no lo puedo hacer tío Stan, y lo sabes –lo miró fijamente y después lo abrazó. –Después de todo ella siempre fue tu calabaza.

Al escuchar esto, algo muy dentro de Stanley comenzó a doler. Ahora era Stanley quien tuvo que romper el abrazo, necesitaba respirar.

–Gideon espérame aquí, no tardo –le dijo al rubio, este únicamente hizo un gesto. Dipper fue por unas velas, el diario tres seguía en su mochila, eran poco lo que necesitaba, no estaba seguro de lo que pasaría de ahora en adelante, pero debía de recuperarla. Una vez más bajo corriendo, encontró a Stan en la cocina, bebiendo una cerveza, su mirada estaba un poco ausente, como si buscara remover algo en su interior. El viejo únicamente le sonrió, mas no dijo nada.

Ahí estaba Gideon recargado en el carrito, una vez más emprendieron el viaje, se internaron en el bosque. El rubio conocía a la perfección ese claro, era el lugar donde había invocado a Bill por primera vez, colocaron las ocho velas en círculo, mientras Alegría la encendía Dipper colocaba en medio de este la foto que encontró dentro del diario.

Se miraron, asintieron, y ambos comenzaron a recitar –Triangulum, entangulum. Veneforis dominus ventium. ¡Veneforis venetisarium!

No fue necesario esperar, en seguida todo se detuvo, los ruidos del bosque desaparecieron, el tiempo se detuvo y todo se volvió blanco y negro. Pines y Alegría se encontraban dentro de Mind Scape.

–Sigo pensando que tanta formalidad entre nosotros no es necesario –los dos sabían que, aunque no lo vieran Bill estaba ahí.

–¡Hijo de Puta! –decía Gideon furioso. –¿Por qué no respondiste a mi invocación?

Cipher comenzó a reír. –¿Realmente pensaste que te ayudaría? ¿Qué acudiría a tu invocación sin que tengas nada que ofrecer? Pensé que eras menos ingenuo Gideon. Al que estaba esperando es a este pequeño idiota –Bill se materializó sobre la cabeza de Pines, golpeó un poco la visera de la gorra de Dipper. –Sí, estaba esperando a este pobre bastardo.

Dipper se sacudió, Bill ahora estaba frente a ellos, girando su bastón. –Supongo que los dos ahora recuerdan a Estrella Fugaz y buscan recuperarla.

–Así es –dijo Dipper.

–¡Entonces dame lo que quiero! ¡Dame su nombre! –le ordenó al castaño.

–No –dijo firmemente. –No, antes de hacerlo, debemos de realizar un trato.

–Mi pequeño Pino, aun crees que puedes tener una ventaja sobre mí, pero esa es mi naturaleza –dejó escapar una enorme risa. –¡HAGAMOS UN TRATO!

–Debes de decirnos como traer a Mabel de vuelta, y como podemos detener a ese monstruo, una vez que hayas hecho eso te daré su nombre y todo su poder será tuyo –dijo Dipper sin dudar.

–¿Por qué piensas que sé cómo hacer eso? –decía Bill sonando sarcástico.

–Porqué lo sé, la única forma en la que pudimos salir de esa cueva con vida fuiste tú. Dejarnos morir arruinaría tus planes, alguna vez perteneciste a ellos, y de alguna manera pudiste escapar del tu destino, estoy seguro que sabes cómo detenerlo o no estarías aquí –al ver la expresión del triángulo entendió que había acertado.

–Me sorprende que lo hayas entendido tan rápido, en efecto fui yo quien los salvó. No porqué me interese alguna de sus vidas, pero Estrella fugaz fue muy crédula al creer que ese bastardo respetaría su promesa. Sólo necesito su nombre, para una vez más hacer que el caos reine –al decir esto Cipher extendió su mano. –Así que tenemos un trato –estrecharon sus manos entre una llama azul y el trato estuvo sellado.

–Nos veremos dentro de tres días –les dijo Bill. –Esto no será sencillo, y tal vez todos muramos, pero estoy seguro que eso ya lo saben. Recuerden que la realidad es una ilusión, el universo un holograma, compren oro, aunque saber eso no sirva de nada –después simplemente desapareció.

Los dos chicos se quedaron solos en medió de bosque, estaban por marcharse cuando Gideon sujetó del hombro a Dipper.

–Necesito que me digas su nombre –le dijo a Dipper.

–Lo sé, estaba seguro que me lo pedirías –sonrió, era aterrador como los pensamientos de Dipper se parecían tanto a los de Alegría.

–Es necesario que lo sepas, por si alguno de los dos muere, además de ser nuestro seguro con Bill en dado caso que piense traicionarnos –le decía el castaño a Gideon mientras buscaba dentro de su mochila.

Sacó un poco de polvo de Hadas, mezclados con cabello de unicornio, lágrimas de Selkie entre otras cosas, con la mezcla dibujo un símbolo en la frente de Alegría, y después hizo lo mismo.

–Con esto ningún ser mortal o inmortal podrá escuchar nuestras palabras –guardó la bolsa se acercó hasta el hombro de Gideon, lo dijo, por fin le reveló el nombre de AQUEL QUE NO TIENE NOMBRE, lo hizo como su gemela se lo había revelado a él, antes de decirle lo que realmente desea.

No fue un murmullo, fue una palabra sólida, una palabra que ambos sabían lo peligrosa que era, pero que al mismo tiempo era vital si deseaban recuperar a Mabel.

–Su nombre –Dipper sintió miedo por un segundo.

–Su nombre, su nombre es BELIAL.

FIN DEL CAPÍTULO

NOTAS DE LA AUTORA:

Henos aquí una vez más, por fin se ha develado que es lo que pasó con Mabel y porqué todos la habían olvidado. Espero que haya llenado sus expectativas, estamos sobre el arco final de la historia, únicamente le quedan tres capítulos más, ha sido un largo camino, pero en verdad agradezco que sigan leyendo está historia.

Ahora sabemos que AQUEL QUE NO TIENE NOMBRE, de hecho, si lo tiene y es Belial. En la siguiente entrega revelare porqué es este ente, pero digamos que tenemos una historia juntos.

COMO SIEMPRE GRACIAS POR LEER, Y ESPERO SUS COMENTARIOS.

*Furor Dominus algo así como señor del caos o la locura.