Zoruru me miraba con una sonrisa arrogante, mientras yo estaba perpleja sin poder creer lo que veía, era una transformación perfecta.

—¿Qué pasa Zora? ¿Te quedaste sin palabras? ¿Estás impresionada por mi talento y no hayas qué decir?

—Eh... Eh... Yo... ¿De veras crees que te voy a alagar por eso? Por favor, no es nada del otro mundo, hasta yo puedo hacerlo, además que el humano que has adoptado es muy feo. —Estaba exagerando, pero de verdad mi querido Iio era mucho más lindo que la versión humana de Zoruru.

—¿Y tú desde cuando te volviste una experta en belleza humana? —Dijo Zoruru regresando a su forma de zorua.

—Eh... Pues yo... —Volteé rápidamente la cabeza para que no viera mi cara de angustia, él no debía saber lo de mi relación con Iio, seguro que se lo contaría a mi mamá y entonces me prohibirían salir, traté de inventar alguna excusa—. No se necesita ser experto para ver lo feo que eres, así ningún humano va a querer acercarse a ti.

—Bueno, eso dices tú —dijo rascándose detrás de la oreja—. Habría que preguntarle a un humano de verdad si soy tan feo como dices. De todos modos, ahora lo mejor sería que ningún humano se acercara a mí, no sé hablar todavía, pero cuando consiga las bayas oram, todo estará resuelto.

—Oye... Si yo le llevo bayas oram a Chanteau ¿Crees que también me pueda enseñar a hablar humano a mí?

—Pfff ¿Tú cogiendo bayas oram? No bromees Zora, no es tan fácil conseguir esas bayas.

—¡Ya me estás subestimando de nuevo! ¡Soy tan capaz como tú o como cualquiera de conseguir bayas!

—No Zora, estas bayas no son fáciles de obtener, hasta a mí me va a costar cogerlas, ven, te mostraré porqué.

Nunca he sido muy aficionada a las verduras, a duras penas paso las bayas y eso, mi mamá tenía que obligarme a comerlas, por eso no sabía mucho de bayas. Las que más comía eran las zreza, las aranja y las atania, pero frutas más sofisticadas como las oram, pues nunca me interesé en ellas, si hubiera sabido un poco más de estas, hubiera entendido la situación en la que me encontraba.

Las bayas oram son muy apetecidas por toda clase de pokémon por su sabor dulce, pero cuando te las comes te pintan la boca de negro, aunque no es tan grave porque eso se pasa y además te dejan el pelo brillante. En nuestro bosque no eran muy comunes, a estas plantas desgraciadas se les ocurría crecer en los lugares más locos, como en un precipicio por ejemplo, o en un pequeño trozo de tierra que está en medio de un río torrentoso, o en medio de un montón de zarzas espinosas, cielos, así como iba uno a cogerlas.

Pero un detalle, probablemente el más importante de todos, es que esta fruta es un regalo perfecto para el pokémon que te gusta, era costumbre en el bosque dárselo a tu enamorado, sobre todo cuando te ibas a confesar. Fue por eso que cuando Zoraya y su ejército de taradas nos vieron dirigiéndonos al árbol de las bayas oram, se alarmaron.

El árbol de bayas oram al que fuimos era un árbol muy especial, rara vez habré visto un árbol así de grande, esta verdura era mutante, era gigante, su tronco era tan grueso como... Como algo muy grueso, ahora no se me ocurre con qué compararlo pero era muy grueso. Sus raíces sobresalían un poco de la tierra, al punto que yo podía pasarme por debajo como si fuera un mini túnel. Sus ramas eran grandes, viejas y retorcidas, pero llenas de vida, cientos de hojas se agitaban encima como pequeños butterfree verdes y sonaban muy fuerte. Su tronco estaba muy lejos de ser liso, era muy arrugado, así como la cara de una abuela, pero con arrugas muy gruesas, tamaño árbol. Con tantas salientes en el tronco, trepar no se hacía demasiado difícil, incluso para un pokémon que no está hecho para trepar como un poochyena, quizás el problema de trepar a ese árbol lo representaría la altura, más por el miedo de caer que por otra cosa.

Yo me preguntaba por qué Chanteau no podía venir él mismo a coger las bayas oram, como podía volar no se le debería hacer muy difícil, pero me di cuenta de la razón cuando vi el tipo de pokémon que habitaban en el árbol, muchos insectos, sobre todo spinarak, ariados, joltik y galvantula, pokémon araña, son territoriales, agresivos, feos, mala onda y no se peinan (de acuerdo, lo último me lo inventé, spinarak ni siquiera tiene pelo, pero es que me caen mal). Yo quedé con la boca abierta mirando la inmensidad de ese árbol, eso hasta que Zoruru me la cerró. Awww que vergüenza recordar eso.

—Bien Zora ¿Te das cuenta por qué conseguir bayas oram en un lío? Hay que subir hasta allá arriba, donde está lleno de pokémon bicho, es muy alto y peligroso y...

—¡Vamos! ¡Se ve divertido! —Dije entusiasmada, a veces yo no me daba cuenta del peligro, así que ignorando a Zoruru corrí hacia el árbol, me encaramé en una de sus raíces y comencé a subir.

—¡Zora espera!

—¡Vamos Zoruru, a ver quien consigue una baya oram primero!

Así fue como terminamos subiendo al árbol, pero lo que ninguno de los dos sabía (Bueno Zoruru se dio cuenta pero no quiso decir nada), es que alguien nos estaba siguiendo, alguien negro, peludo y con medio cerebro, Zoraya. Ella junto con sus secuaces subieron con nosotros y se dedicaron a la emocionante tarea de vigilarnos, de verdad no sé cómo no tenían algo más interesante que hacer, eran una vagas, pero en fin.

Llevábamos una cierta altura alcanzada cuando vimos algo interesante, un gusanillo verde con un cuerno doble de color rosado en su frente. Era un lindo caterpie, un pokémon bastante común pero aún así yo nunca había visto uno tan de cerca, es que estos pequeñuelos se la pasan en los árboles y se camuflan con el verde de las hojas, así que verlos en detalle no es tan fácil. Me emocioné mucho de ver uno, comencé a perseguirme la cola, me tiré al piso (rama debería decir), rodé, brinqué y corrí hacia el gusanito.

—Zora... ¿Pero por qué te emocionas tanto? Es sólo un caterpie.

—Pero pero... Es que míralo... —Dije mientras me acercaba agazapada—, es verde y largo y cabezón.

—Así son todos los caterpie, ya déjalo tranquilo.

Como lo dijo Zoruru, no le hice caso y le toqué la punta de la cola, el pokémon insecto caminó un poquito alejándose de mí mientras contoneaba su gelatinoso cuerpo. Me hizo mucha gracia ver eso así que me acerqué otra vez y le volví a tocar la cola, el caterpie otra vez se alejó de mí con su encantador ondular y yo una vez más me acerqué para tocarle la cola, el problema es que el caterpie andaba mañoso, porque se enojó, se dio la vuelta y me lanzó su ataque de hilo de seda en la cara.

Eso no fue lindo, yo trataba de despegarme ese molesto hilo mientras el caterpie se burlaba de mí, pero reírse de mi magnífica persona es un crimen terrible, por lo que se hizo justicia divina y el pequeño se tropezó y rodó por la rama hasta caerse, por suerte pude cogerlo a tiempo, no soy tan mala como para desear que un indefenso caterpie se caiga de 10 metros de altura.

Y bueno, cuando el pequeño caterpie se dio cuenta de mi grandiosidad al salvarlo de semejante caída se volvió mi fan. De verdad que el gusanito estaba muy agradecido, me miraba con sus ojillos brillantes mientras se refregaba contra mí, pero parece que Zoruru se puso un poco celoso de mi éxito porque empezó a fastidiar.

—Bueno ya, suficiente de juegos con caterpie ¿No que íbamos a ir a buscar bayas oram? Así que ya deja de hacer el ridículo y vámonos.

Entonces me cogió de la cola y comenzó a arrastrarme lejos del bichito, este ladeó la cabeza, miró hacia ambos lados y se decidió a seguirnos.

Lo que siguió fue gracioso, otros caterpies vieron a este seguirnos y decidieron imitarlo, de a poco se fueron sumando uno tras otro hasta que terminé con un ejército de caterpies detrás de mí.

—¡Pero que rayos les pasa a este montón de bichos! —Dijo Zoruru molesto, claro como él no es popular— ¿Por qué nos siguen?

—Corrección, a ti no te siguen, me siguen a mí, seguramente porque admiran mi belleza y grandeza, o porque me encuentran sexy, seguro que me tienes que dar la razón de que soy sexy.

—Eh... —Entonces Zoruru se puso colorado como un tomate, se dio la vuelta y se tapó la cara con las patas delanteras muy avergonzado— ¡No me preguntes esas cosas vergonzosas! ¡Rayos Zora, me sacas de quicio! Encontremos esas estúpidas bayas oram de una vez.

Entonces los pequeños caterpie al escuchar las palabras de Zoruru, miraron hacia arriba y comenzaron a brincar señalando algo. Mi compañero y yo miramos en la dirección que nos mostraban y vimos una hermosa baya oram, colgando de una rama solitaria, no estaba muy alto pero tampoco al alcance de la pata y era muy delgada como para subirse encima.

—Mira, allí hay una —dije yo— ¿Pero como la vamos a coger?

—Fácil, la atacamos con algún movimiento suave que no la dañe demasiado, hay que conseguirla en buen estado.

—¡De acuerdo!

Entonces decidida a cogerla yo primero, abrí mi boca y grité, utilicé el ataque alarido. Ahora de mayor me pregunto por qué hice eso, fue estúpido, obvio que a la fruta no le molestó el sonido y siguió agarrada de su rama sin inmutarse, mientras que Zoruru y los caterpie se quejaban de mi grito. El otro que también se vio afectado fue un pineco que estaba unas ramas más arriba, este pokémon, mareado por mi alarido se soltó de su rama y le cayó encima a Zoruru, luego de ello utilizó autodestrucción dejando a mi compañero bastante adolorido.

—Cof cof, Zora... —Decía cubierto de hollín negro—. Mejor déjame esto a mí.

Zoruru con actitud de profesional, abrió ligeramente su boca y en ella se formó una pequeña bola oscura, entonces la soltó, el esférico proyectil salió volando a baja velocidad e impactó en la rama junto a la baya pero sin tocarla. Se generó un tremendo movimiento, la rama se agitaba sin parar, muchas hojas se cayeron y por supuesto, la baya también, aterrizando justo entre las patas de Zoruru, este sonrió arrogantemente haciendo que me enojara mucho.

El fastidioso chico me miró de forma tierna, eso me dio mala espina, tal vez me haría alguna de sus travesuras y me ponía esa cara de bobo inocente para que bajara la guardia, así que eché mis orejas hacia adelante y agaché la cola atenta a sus movimientos. Zoruru caminó hasta mí y para mi sorpresa me tendió la baya oram.

—Toma Zora, te la doy, es para ti.

Como dije antes, esta baya era un regalo típico de los enamorados y Zoruru me la regalaba con esta intención, pero yo no sabía del significado de esta fruta, por eso lo malinterpreté, asumí que me la regalaba por lástima, porque no me creía capaz de cogerla por mí misma. Eso me hizo enfadar mucho, tal vez exageré pero era entendible, Zoruru siempre me humillaba, aunque era cierto que en el último tiempo se había vuelto mucho más amable, pero yo aún no asumía esto, mucho menos lo relacionaba con que fuera por sentimientos hacia mí. Así que, mi reacción fue tirarle la fruta por la cabeza y salir corriendo con mi ejército de caterpie siguiéndome detrás (Mis fans siempre me apoyan).

Corrí y trepé por el árbol hasta la zona más alta, este árbol seguía la regla de que mientras más arriba treparas, más bayas encontrarías y de mejor calidad además. El único problema es que más arriba habían más pokémon araña, por lo tanto era algo peligroso, pero para la intrépida Zora esto no era nada, podía con todo, ahora yo era una generala al mando de un ejército de valientes guerreros verdes, leales hasta la muerte que me acompañaban en la importante misión de conseguir la reliquia sagrada que salvaría el mundo... Ya me había metido en otra de mis fantasías, pero esta fantasía fue rota por una repentina embestida proveniente de un caterpie.

Retrocedí algo intimidada, frente a mí estaba un ejemplar de esos lindos gusanitos, pero se veía distinto de los que me seguían, este era agresivo y me miraba con odio, eso ya me pareció raro, siendo tan encantadora como soy ¿Quién podría odiarme? Pero por supuesto, la verdad quedó revelada cuando aquel caterpie se transformó en una zorua, nada menos que Zoraya, le gruñí mostrando mi descontento de verla, en todo caso ella se veía tan molesta como yo.

—Tú desgraciada, como te atreves a ir de paseo sola con Zoruru, alguien como tú no merece ese privilegio y además tienes el descaro de rechazar una baya oram que te fue entrega como ofrenda ¡Eres una estúpida! Que no daría yo por estar en tus patas.

—¿Eh? ¿Me estaban siguiendo? ¿Vieron todo eso? ¿Y por qué quieres estar en mis patas?

—Pues es obvio, para recibir una baya oram de Zoruru, semejante muestra de afecto, sería tan feliz si algo como eso me pasara. —Comenzó a mirar con cara de b1oba hacia un pineco que colgaba de una rama (Aunque en realidad creo que miraba el cielo)—. Pero tú... —Dirigió entonces su mirada hacia mí con furia—. Despreciaste semejante regalo ¡No sé cómo a Zoruru le puede gustar una tonta como tú!

En ese momento mi cerebro hizo corto circuito ¿Qué rayos estaba diciendo? ¿Yo le gustaba a Zoruru? Era increíble que nunca me hubiera dado cuenta.

—Pe... Pe... ¿Pero por qué dices eso? ¿De dónde sacas esas ideas raras?

—Pues es obvio, siempre anda detrás de ti, siempre te hace regalos, y además te dio una baya oram, un símbolo de amor y... ¿Y a ti que rayos te pasa?

Impactada por la noticia y sin saber que hacer reaccioné de la mejor forma posible, me tiré al piso y empecé a rodar, no tengo idea para qué pero no importa mucho.

Mi club de fans caterpie como siempre apoyándome en todo comenzaron a rodar conmigo, mientras que Zoraya nos miraba con cara de ¿Qué? Y sin previo aviso me embistió interrumpiendo mis rodadas. Me dolió mucho, algo aturdida me puse de pie y antes de que me recuperara por completo me atacó con golpes furia mientras me gritaba.

—¡Maldita zorua, ahora te daré tu merecido! ¡Pagarás por todo! ¡Por tus desprecios a Zoruru! ¡Por los desprecios que él nos hace! ¡Por nuestros corazones rotos! ¡Por todo!

Los golpes iban y venían demasiado rápido para que yo pudiera esquivarlos o contraatacar, me estaba lastimando mucho, tenía miedo y dolor, casi pensé que me mataría o algo así, pero entonces mis amigos caterpie acudieron al rescate y tres de ellos embistieron a Zoraya ahorrándome bastantes golpes. El problema es que sólo eran caterpies, pokémon bebes, muy débiles, Zoraya los atacó con unos cuantos golpes furia y los debilitó fácilmente. Pero donde cayeron tres valerosos caterpies cumpliendo el noble deber de defender a su ídolo, habían muchos más. Quizás eran débiles, pero en el número estaba su fortaleza, Zoraya no podría con todos ellos, suspiré tranquila, estaba salvada o eso creía.

De pronto, detrás de nosotros apareció el resto del club de fans de Zoruru, ahora eran muchas zoruas, seguían siendo menos que los caterpies, pero con la fuerza que tenían podían acabar fácilmente con ellos... Y eso hicieron.

Yo veía con impotencia como lastimaban cruelmente a mis amigos, traté de ayudarlos pero no soy muy buena peleadora que digamos, así que hice lo que pude y utilicé alarido a la máxima potencia. Mi espantoso grito le causó un terrible dolor de cabeza a todos los que lo oyeron y al igual que como ocurrió con Zoruru, unos pineco que estaban colgados unas ramas más arriba oyeron el alarido y cayeron mareados, entonces al impactar en la rama de más abajo, se asustaron y utilizaron autodestrucción. Esta explosión debilitó a casi todas las zoruas y levantó una nube de polvo que utilicé para escapar, me daba pena dejar a mis leales caterpie ahí tirados pero sabía que estarían bien, después de todo, esas estúpidas me querían a mí, no a ellos.

Lo que yo no pude ver, fue que alertada por la explosión, algunos butterfree decidieron acercarse a ver que pasaba, Zoraya fue muy astuta entonces, hay que decirlo, escuchó antes que nadie el aleteo de los pokémon mariposa y haciendo un esfuerzo por ponerse de pie y hablar, le dijo a todas sus secuaces que tomaran forma de caterpie, ellas débiles como estaban le hicieron caso y se transformaron, Zoraya también hizo lo mismo. De tal forma que cuando los butterfree llegaron, vieron a un montón de caterpies malheridos tendidos sobre la rama, esto obviamente los hizo enfadar mucho, chillaban furiosos gritando quien era el responsable. Los caterpies originales estaban inconscientes, pero los caterpie/zorua tenían un cierto nivel de conciencia, así que una de ellas se puso de pie y gimió lastimeramente.

—¿Qué pasó aquí pequeña? ¿Quién les hizo esto?

—Fue una zorua —dijo aquella descarada—. Una peligrosa zorua, ella nos hizo esto, nos atacó sin piedad, es un monstruo, es mala, me duele mi colita, tengo miedo, waaaaaaaaa.

Los butterfree cayeron en la perversa trampa de aquella zorua y emprendieron en vuelo en busca de la "villana" que lastimó a sus retoños, pero estos bichos no se conformaron con buscar ellos solos, reclutaron a un montón de otros pokémon. Les contaron cosas feas de mí a los joltik, galvántula, spinarak y ariados, la voz se corrió y en poco tiempo, todos se pusieron en contra mía, ahora sí que si estaba metida en un lío grave ¿Por qué siempre me pasan estas cosas a mí? Ah cierto, porque soy la protagonista de esta historia.

En este punto yo estaba muy asustada y lo único que quería hacer era bajarme del árbol, pero escapando de Zoruru había subido demasiado alto y como yo no era una pokémon hecha para trepar, ni tenía mucha práctica haciéndolo, pues bajaba demasiado lento, de modo que no pude llegar hasta abajo a tiempo y los pokémon insecto que me perseguían se hicieron presentes.

Un ataque eléctrico fue lo que me alertó en un principio, pude esquivarlo no sé cómo, pero el segundo ataque eléctrico no. Me dio de lleno acalambrándome un poco los músculos, miré hacia arriba y me encontré con un enorme grupo de arañas eléctricas, las cuáles saltaron hacia una rama de más abajo cerrándome el paso e impidiéndome seguir bajando, estaba atrapada.

Como ya no podía bajar, pues no quedaba otra que subir. Corrí y trepé lo mejor que pude, no soy de lo más atlética que hay pero soy rápida, así que logré ganar algo de ventaja, pero era un juego injusto, más arriba habían muchos más pokémon insecto esperándome, incluso algunos butterfree, me atacaron. Me pegaron, me dolió, lloré, grité, usé alarido, los pineco se despegaron, explotaron, debilitaron a los pokemón de alrededor mío, bailé ridículamente de alegría y escapé.

Trepé velozmente subiendo cada vez más mientras me las arreglaba para evitar a todos mis atacantes, estaba tan cansada, me faltaba el aliento pero el miedo me obligaba a seguir, hasta que llegué a una rama donde el camino se cortaba. Ya no había forma de escapar y mis atacantes estaba detrás de mí, me di la vuelta y vi sus ojos inyectados de odio, los quelíceros (Que palabra más bonita ¿O no?) de las arañas se movían tétricamente, sentí hielo en la espalda, mi pelaje estaba erizado, casi parecía un jolteon de lo parados que estaban mis pelos, entonces escuché una risa burlesca en la rama de al lado.

Giré mi cabeza y vi a un caterpie, o lo que parecía un caterpie, me bastó una mirada para darme cuenta de que era Zoraya que se estaba burlando de mí, le gruñí enfadada cosa que indignó a mis atacantes.

—¡Monstruo! ¡Atacaste a todos nuestros pequeños caterpies y todavía quieres más víctimas! —Gritó una butterfree furiosa.

—¡Yo no ataqué a nadie! ¡Fue ella! ¡Ella parece una caterpie pero es una zorua disfrazada! ¡Deben creerme!

—¡Jamás! ¡Nunca le creeremos a una zorua! ¡Siempre están engañando y usando sus artimañas! A una zorua no se le puede creer.

—Pero yo no miento... —Dije al borde de las lágrimas—. Yo nunca he podido mentir bien y ahora les estoy diciendo la verdad, yo no ataqué a ningún caterpie, es más, yo los quiero y ellos me quieren, nunca les haría nada.

Pero butterfree no me creía, que triste, tenemos mala fama. Así que el insecto comenzó a agitar las alas con intención de usar un remolino y botarme del árbol, pero entonces cuando todo parecía perdido, un dulce chillido llamó la atención de todos nosotros, mi amigo caterpie, mi fan número uno apareció de la nada y se abalanzó sobre Zoraya lanzándole su hilo de seda, al verse atacada no pudo mantener la forma de caterpie y volvió a ser zorua.

Ahora quien reía era yo... Bueno hubiera reído si no hubiera estado exhausta, en realidad estaba tirada en la rama jadeando, pero eso no importa. Para empeorar la situación de Zoraya el pequeño caterpie en su idioma extraño de caterpie (Era un bebé, no hablaba mucho sólo sus padres le entendían), dijo que fue Zoraya quien en realidad los había atacado a todos y que me inculpó a mí.

Ahora las miradas furiosas, los zumbidos indignados y los quelíceros (me sigue gustando esa palabra) se dirigieron hacia Zoraya quien se hizo bolita del miedo, ahora sí que estaba perdida. La rama en la que estaba ella tampoco tenía salida, no podía escapar y los insectos parecían el doble de enojados con ella que conmigo, tanto por haber atacado a los caterpie como por haberlos engañado.

En ese momento los butterfree empezaron a atacar, algunos con viento plateado y otros con remolino, aletearon con fuerza y dirigieron sus ataques contra la zorua, la mole de viento y poder se dirigía hacia ella, estaba perdida, probablemente aguantaría el ataque pero caería del árbol y se haría jugo.

Entonces no sé que fue lo que me motivó pero brinqué y me interpuse entre Zoraya y sus atacantes y yo recibí el impacto del ataque ¿Por qué lo hice? Ella siempre era mala conmigo, no merecía que la ayudara así, pero mi cuerpo se movió antes de que pudiera pensarlo.

Me caí del árbol hacia el vacío, la altura era enorme, demasiado para sobrevivir, lancé un grito que me salió del alma y el miedo me invadió, jamás en mi vida experimenté otra vez un miedo como ese, frente a mis ojos comenzó a pasar mi vida y la última imagen que pasó por mi mente fue el rostro de Iio a quien jamás podría volver a ver. Un par de lágrimas escaparon de mis ojos mientras veía mi final acercarse, pero entonces sentí un dolor en mi cuerpo, algo me atrapó en el aire con muy poca delicadeza, pero me salvó la vida.

Estaba paralizada por la impresión y un poco por el dolor, levanté la cabeza para ver quien me había salvado y cuál no fue mi sorpresa cuando vi a un apuesto y sexy luxray. Ay cielos, al verlo se me subieron los colores a la cara y algunas ideas raras me pasaron por la cabeza, pero luego me regañé "Zora mala, tu le perteneces a Iio, no puedes andar teniendo fantasías raras con un luxray cualquiera".

El luxray me depositó en el suelo lo más delicadamente que pudo, o sea me tiró, hay que decirlo, este pokémon en general es bastante bruto. Me quedé mirándolo embelesada durante algunos momentos cuando de pronto algo en él me pareció familiar, lo vi con cuidado y entonces lo reconocí ¡Era el luxio que Zoraya y sus seguidoras habían capturado la otra vez! Ese chico había evolucionado. En eso llegó Zoruru agitado y preocupado.

—¡Zora! ¿Estás bien? —Corrió y me abrazó—. Tonta tonta, no te vuelvas a ir así, si te pierdo yo... Yo no sé que haría Zora. —La voz de Zoruru comenzó a quebrarse—. Nunca más me vuelvas a hacer esto, nunca más Zora, eres demasiado importante para mí no lo soportaría.

—Lo siento Zoruru. —No sólo lo decía por haberlo preocupado, lo decía porque ahora sabía lo que Zoruru sentía por mí y me dolía no poder corresponderle como él quería, es que no podía verlo como algo más que un amigo.

—Tienes Suerte de justo pasara por aquí —dijo el luxray—. Escuché un alboroto en el árbol oram y de pronto vi una bola de pelos cayendo y la atrapé, la verdad no imaginé que se tratara de tu chica.

—No sabes cuanto te agradezco por salvarla —dijo Zoruru—. Estoy en deuda contigo, tú también Zora, dale las gracias a Rayx.

—Gra... Gra... Gracias —dije con la cara roja, bueno, no podía evitarlo, ese pokémon era endemoniadamente atractivo, aunque Zoruru no se lo tomó tan bien, creo que se puso celoso.

—Bueno bueno, suficiente agradecimiento, despídete Zora, nos vamos, ya mueve esas patas. —Luxray sólo se reía ante esta reacción y yo... Yo me tiré al piso y cerré los ojos, la verdad no quería hacer nada.

Zoruru al no ver reacción de mi parte frunció el seño, me agarró de la cola y me arrastró hacia casa, mientras nos íbamos durante un momento abrí los ojos y miré hacia arriba al árbol y pude ver a un ejército de caterpie y pinecos que me despedían con emoción, mi corazón brincó ante aquella imagen. El día no fue muy agradable pero fue lindo hacer tantos amigos, a estos chicos se les sumaron después los pokémon insecto que me habían perseguido antes, estos también saludaban y a la vez hacían algunos ademanes como de disculpa, los miré, les saqué la lengua y agité las orejas para darles a entender que todo estaba bien y así terminó mi visita al árbol de las bayas oram.

Los días que siguieron fueron curiosos, muy tranquilos. Zoraya para mi sorpresa al día siguiente se acercó a mí y me pidió disculpas por todo lo que me había hecho y prometió no molestarme más, pero eso sí me dejó en claro no pensaba cederme a Zoruru sin pelear. Luego de eso dejó de molestarme de por vida, hasta empezó a ser un poco agradable conmigo, digo un poco porque ser totalmente agradable para ella es imposible, es más pesada que un wailord, pero bueno.

Sin el club de fans molestando, mis niveles de estrés bajaron mucho, nunca había estado tan relajada, creo que hasta subí de peso, uf, que mal, aunque Zoruru decía "No Zora, no estás gorda, te creció el pelo nada más".

Pero la cosa más extraordinaria que me pasó, fue cuando un día al salir de casa me encontré con Chanteau, el chatot. Este me estaba buscando, con su particular forma de hablar me dijo que quería enseñarme a hablar humano.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Por qué quieres enseñarme a hablar humano? No tengo bayas oram para darte.

—Bueno, que lo de las bayas oram es un precio que pongo nada más para los zorua porque no me gustan, que como son mentirosos no me gusta tratar con ellos, pero tú eres diferente. Que eres honesta, que eres generosa, eres una buena pokémon, que yo sé lo que pasó en el árbol de bayas oram, que todos los pokémon insecto hablan de eso, a ti vale la pena ayudarte, además, sé de tu historia con aquel humano de la granja.

—¿QUE COMÓ LO SABES?

—Que tengo un amigo que se llama Glicencio, es un gligar que vive en la ciudad, que me contó de ti, me gustó tu historia y quiero ayudarte por ello. Que a un pokémon honesto y con un buen fin no habría porqué negarle ayuda.