Chapter 3

El oasis privado de Rachel era aún más hermoso de lo que Quinn se había imaginado. Exuberantes palmeras lo invadían todo, el sonido de pájaros exóticos y otros animales flotaba en el aire mientras los criados se afanaban en supervisar las tierras y los arrendatarios.

La hacienda Berry era incluso más magnífica que Chez Ma Coeur, el gran oasis particular en las islas Virgin que había pertenecido a la familia Fabray durante casi un siglo. La mansión isleña de Rachel era colosal, de mármol rosado, un claro ejemplo de influencia española.

Quinn había imaginado que se sentiría terriblemente avergonzada al tener que exhibirse desnuda delante de tanta gente, sin embargo, a pesar de sus temores, lo estaba llevando bastante bien. Aunque aún estaba enfadada, Rachel le había prohibido ponerse la ropa cuando el avión aterrizó, así que había viajado desnuda todo el trayecto en limusina desde la pista de aterrizaje a la mansión.

Sólo con pensar en cómo la había ofendido, le rechinaban los dientes; Cuando había firmado en la línea de puntos, no tenía ni idea de que la humillación iba incluida en la venganza, menos mal que el par de criados que la atendían no prestaba atención a su desnudez. Los habían instruido bien en ese aspecto y ahora, cinco horas más tarde, ya se había acostumbrado un poco a la falta de ropa y a sonrojarse, pero, ¿Bañarla a ella?. Las fosas nasales se le ensancharon, comenzaba a sentirse como una esclava.

-Enjabóname las bolas-, le ordenó Rachel con arrogancia, clavó los ojos en sus pezones, rozó uno con la yema del pulgar y luego lo pellizcó con el índice. -Vas a estar chupándolas constantemente, así que será mejor que uses algo que no te importe saborear-

La cara de Quinn se volvió rojo escarlata, -Sí, señora-, apretó los dientes mientras empapaba su escroto con aceite de coco y en seguida empezó a extenderlo frotando.

Ella no se había dado cuenta de su enfado o la ignoraba a propósito, pensó sombríamente. ¡Maldita!, ¿No saldría nada bueno de esta mujer?

Rachel cerró los ojos y se recostó hacia atrás en la lujosa bañera, tan grande que parecía una piscina infantil, apoyó la cabeza en una almohadilla de baño y se relajó alzando los brazos sobre la cabeza. Metida en el agua hasta las rodillas, Quinn la lavo de pies a cabeza, frotándole la piel con las manos. No le había permitido usar esponja, así que tenía que lavarla de esta manera, deslizando las manos enjabonadas de arriba abajo por su pecho, su torso, y sus piernas musculosas. Evitó cuidadosamente su enorme pene, algunas cosas era mejor no molestarlas.

Se mordió el labio mientras estudiaba su cuerpo. Si acaso, sólo había mejorado con los años, en el pasado su cuerpo había sido delgado y atlético, ahora en cambio se veía duro y musculoso, en el pasado su facciones habían poseído un encanto juvenil, ahora en cambio estaban claramente definidas, enriquecidas con la experiencia de la madurez. Desvió la mirada, angustiada por la dirección que tomaban sus pensamientos. Ella te odia, idiota. Intenta recordarlo…

-Quiero que la toques-, ordenó Rachel con voz ronca.

Quinn levantó la mirada, se mordisqueó el labio inferior, notando enseguida de que le hablaba. Su mirada verde avellana descendió a lo largo de su cuerpo, centrándose en la gran erección que sobresalía del agua.

-Tócamela-, murmuró, entreabriendo sus intensos ojos marrones para mirarla.

Con los párpados entrecerrados, el timbre de su voz revelaba su excitación, sus tetillas, relajadas hasta el momento, se habían arrugado en tiesos botones, Quinn expulsó el aliento. Era ella quien había provocado su excitación, considerando las circunstancias de su matrimonio, resultaba difícil no reaccionar al hecho de que ella, la corriente, Quinn Fabray de siempre, había conseguido que la atractiva y poderosa Rachel se pusiera dura como una roca.

Su mano se movió lentamente, bajando poco a poco a lo largo de su cuerpo, sintió como tensaba los músculos del vientre cuando sus dedos se enredaron en el pelo oscuro de su pubis, para luego ahuecar la parte inferior de sus testículos.

-La polla-, dijo con voz pastosa, -Agárrame la polla-.

Ella le apretó las pelotas y luego las soltó, haciéndole gemir. Animada, ciñó con la mano su grueso pene, y comenzó a masturbarlo lentamente, podía oír como Rachel respiraba cada vez con más dificultad mientras su mano se movía arriba y abajo recorriendo todo su miembro.

-Más fuerte-, masculló. -Más rápido-, le meneó la polla muy rápido, apretándola tan fuerte como podía. Cualquiera podría pensar que semejante apretón le dolería horriblemente, pero en absoluto, justo le había producido el efecto contrario. Segundos después gimió, y su cabeza cayó hacia atrás apoyándose contra la almohadilla, su pecho latiendo desaforadamente.

-¿Te gusta así?-, murmuró ella sintiéndose audaz de repente, se la meneó más fuerte y más rápido, su mano libre recorrió su pecho, apaciguándola.

-Me encanta-, dijo roncamente, golpeó su mano débilmente. -Para, mi amor, para antes de que me corra-.

Pero por alguna perversa razón, estaba disfrutando con el poder que ejercía sobre ella, así que no obedeció, y decidió sacudirle la polla más fuerte y más rápido.

-Oh Quinn-, gimió, apretando la mandíbula. Sus dedos de los pies se arquearon mientras ella continuaba meneándosela implacablemente.

Ella se dio por vencido y reclinó la cabeza de nuevo contra la almohadilla de baño, cerró los ojos y gozó del asalto sensual, gimiendo y gruñendo mientras ella la masturbaba vigorosamente. Mantuvo el ritmo durante dos minutos, mirándola más fascinada de lo que le gustaría reconocer, mientras Rachel se aproximaba cada vez más al orgasmo.

La tensión de sus músculos, indicaba que ese momento estaba por llegar, sus dientes apretados, subrayaban este hecho, pero justo cuando ella se dio cuenta de que iba a correrse, Rachel le agarró la mano para que parase.

-No quiero desaprovechar mi semen-, dijo con voz entrecortada,

-Quiero derramar hasta la más mínima gota de mi esperma dentro de tu cuerpo-

Y como ya era habitual, sus palabras la excitaron aún más. Quinn expulsó el aliento, se puso de pie, sintiéndose torpe de repente.

-S-Será mejor que te alcance una toalla-, repuso desviando la mirada tímidamente, pues no sabía cómo reaccionar ante la atracción innegable que sentía por su esposa. -Ehhh, vuelvo enseguida-.

Se escabulló rapidamente de la bañera, mostrándole las nalgas desnudas y se dirigió al estante de las toallas. Se quedó parada ante el estante, aturdida, mientras sus pensamientos y emociones libraban una dura batalla.

La deseaba y no la deseaba.

La amaba y la odiaba.

No, pensó pestañeando, eso no era exactamente correcto. No la odiaba, era Rachel quien la odiaba a ella.

Quinn jadeó cuando sintió unas manos húmedas y calientes que ceñían sus nalgas por detrás y las estrujaban, no la había oído salir de la bañera.

-Siempre me ha gustado tu culo-, dijo Rachel con voz ronca, sorprendiéndola, mientras acercaba sus caderas hasta que ella sintió su pene excitado empujando en la carne de su trasero.

Sus ojos se abrieron como platos cuando empezó a introducir la punta en la hendidura de su ano, -N-no sabía que te habías fijado antes-, exhaló.

-Oh, me he fijado mucho-, murmuró, rotó sus caderas, el pene excitado empujando de nuevo en la entrada de su trasero. -Tienes un culo maravilloso…-

Se le entrecortó la respiración, se encontraba dividida entre el miedo a lo desconocido y la excitación de saber que a Rachel le gustaba esa parte de su cuerpo. Con sus emociones en conflicto, no se resistió cuando ella la empujó hacia abajo hasta que su cuerpo se dobló sobre el estante de las toallas.

-… tan redondeado y dulce, y tan… virginal-.

Ella tragó con brusquedad, eso sí que era cierto.

-Ningún hombre me ha tomado antes por ahí-, soltó sin aliento confirmando sus suposiciones.

Estas palabras consiguieron que se excitase aún mas, -Bien-, murmuró, mientras una mano serpenteaba hacia adelante hasta encontrar su clítoris, -No soporto la idea de que otro hombre te folle, por ningún sitio-. Restregó su clítoris circularmente, masajeándolo hasta que ella comenzó a jadear entre sus brazos, -Eres tan sexy-, ronroneó en su oído, presionando más su erección contra su ano, -La mujer más atractiva que he visto nunca-.

Sus ojos se abrieron con el elogio y después se desorbitaron cuando sintió la firme presión producida por la punta de su polla deslizandose en su interior, - Rachel…-, dijo con voz asustada, gimoteó cuando le frotó más rápido el clítoris con los dedos, su cabeza cayó sobre el estante de las toallas.

-La he untado con aceite de coco-, dijo roncamente, su voz como un susurro, -Una vez que consigamos que entre la cabeza, todo irá bien, cariño-.

Le acarició el clítoris más fuerte, con lo que el cuerpo de Quinn comenzó a retorcerse involuntariamente contra el suyo mientras gemía, su hendidura engulló completamente el glande de su esposa y sus ojos se abrieron desorbitados. Completamente rígida, sus músculos internos se tensaron al sentirlo dentro.

Rachel frotó su clítoris sin piedad, hasta que Quinn no pudo hacer otra cosa que gemir en voz alta mientras él la conducía inexorablemente al orgasmo. –Rachel-, lloriqueó y su cuerpo se retorció frenéticamente contra ella. -Oh, Dios mío-.

Quinn estalló en un orgasmo profundo y violento gritando enloquecida y mientras se convulsionaba, Rachel le hundió la verga en el trasero clavándosela hasta la empuñadura.

-Te la he metido toda-, anunció pastosamente, meciendo las caderas adelante y atrás, clavó una mano en su cadera y con la otra continuó masajeándole el afeitado coño empapado.

Se hundió dentro y fuera de su culo y sus gemidos inundaron el cuarto de baño, -Oh, Cristo-, masculló, su voz tan ronca como si lo estuviesen torturando a muerte. Su polla bombeó dentro y fuera de su carne flexible, aumentando la velocidad y llegando hasta el fondo ahora que su cuerpo se había ajustado a su tamaño, -Estás tan apretada, cariño. Dios mío, estás tan condenadamente apretada…-.

Quinn empujó las caderas contra ella, disfrutando de la manera en que la estaba enculando ahora que ya podía abarcarlo por completo. Sus embestidas la hicieron lloriquear, sus tetas colgaban brincando frenéticamente mientras su esposa masajeaba su coño y su verga empalaba su culo, -Me viene-, sollozó, y el orgasmo inminente fue tan poderoso que la condujo a la histeria, -Oh, Dios mío Rachel-.

Se corrió violentamente alzando la voz, su cuerpo entero extremadamente sensibilizado cuando el orgasmo estalló en su vientre, gritó por su intensidad y sonidos frenéticos burbujearon en su garganta mientras ella continuaba montándola por detrás.

Ella gimió agónicamente, masajeando su chocho empapado con movimientos rápidos, circulares, mientras le follaba el culo más y más fuerte, continuó bombeando otro minuto más inundando el cuarto de baño con sus gruñidos.

-Yo también me voy a correr-, jadeó Rachel, incapaz de aguantar tanto como quisiera dentro de una vaina tan apretada, sus caderas martillearon adelante y atrás, golpeando salvajemente su cuerpo contra el suyo.

Ella sintió como se le aceleraba la respiración y los jadeos caldeaban su oído, -Oh, joder Quinn-. Gritó su nombre mientras se corría, y todo su cuerpo se estremeció encima de ella. Rachel continuó empujando las caderas contra Quinn haciéndola gemir, mientras su cavidad exprimía hasta la más pequeña gota de semen que pudo extraer de su cuerpo. –Quinn-, gruñó de nuevo, aunque más débil este vez. Sus dedos se clavaron en la carne de sus caderas mientras sus movimientos ondulantes comenzaban a disminuir, -Quinn-, musitó, -Gracias-.

Quinn cerró los ojos cuando cesaron las sacudidas, sintiéndose insegura de qué debía decir o sentir.

Rachel Babra Berry me ha dado por culo, pensó, aturdida. No sabía si reír o llorar, o si dar gracias a Dios porque por fin la mujer que había deseado durante tantos años había hundido su polla dentro de su cuerpo.

-De nada-, susurró, por alguna razón quería que la intimidad entre ellos se prolongase, comprendió que en este momento disfrutaban de una tregua.

Mientras estaban así acoplados, eran simplemente una mujer y una mujer, dos amantes descansando después del juego sexual. Ya no eran dos enemigas, cada una tramando como vencer a la otra.

Rachel mantuvo una tranquilidad inusitada, como si reconociera también lo sentido del momento, sin decir nada salió con ternura de su cuerpo y la llevó de nuevo a la bañera.

Quinn se mordió el labio, rehuyendo su mirada mientras la bañaba, ¿Por qué estaba siendo tan dulce con ella?, se preguntó mientras sus manos le lavaban los pechos, decidió no cuestionar sus motivaciones y simplemente gozar del momento.

No obstante, reconoció que le gustaría que pudiera ser siempre así. Quisiera ser capaz de borrar el pasado, hacerlo desaparecer para siempre. ¿La traición de Russel pesaria siempre sobre sus vidas?. Suspiró al tiempo que reconocía con tristeza que eso era lo más probable.