Como ningunos de los dioses estaba dispuesto a leer, incluyendo a Atenea, el dios de los viajeros se levantó de su trono. Los miro muy seriamente a sus demás compañeros olímpicos:
-Por favor, hagan lugar, gracias, y ahora quiero que todos los dioses formen una roda alrededor mío. – pido Hermes, parándose en el centro de la sala.
Los dioses y semidioses cumplieron sus órdenes, preguntándose que rayos iba a hacer ahora. Una vez que habían formado la ronda, el dios de los ladrones agito su mano, haciendo aparecer 10 libros más.
-Ahora hay once libros, diez falsos y el original.- comentó. –El original va a indicar quien lee.
Hizo una pausa extremadamente larga, donde todos se preguntaban para que los otros libros. Hermes grito a todo pulmón:
-MIS SIETE SIETE SIGLOS SON PARA EL QUE AGARRE EL ORIGINAL.- y arrojo los libros por los aires, mientras el salía corriendo detrás de su trono.
Los libros volaron, y a pesar de que los dioses esquivaban siempre uno terminaba agarrando uno de ellos. Cuando todos tomaron uno, Hermes salió de su escondite y chasqueo los dedos, desapareciendo los libros falsos de las manos de sus compañeros. Hasta que Hades quedo con libro en su mano.
El Señor del Inframundo comenzó a hacer una rabieta digna de un niño pequeño. Que duro varios minutos hasta que su esposa lo calmo.
-Creo que te confundiste de juego, hermano.-le dijo Apolo a Hermes.
-¿Por qué?-pregunto este confundido.
-Porque en el "Siete siete siglos son para…" cuando arrojas la pelota gritas el nombre del que la debe atrapar, y luego corres hasta que la atrapen, quedándote para donde estabas. Así el que la atrapó solo puede dar 3 pasos, y luego arrojarle a pelota a alguno de los otros, si te da de la cintura para abajo pierdes una vida.- le explico.
-Ahhhhhh, me confundí.- reconoció Hermes.
-¿No se supone que se llama " Mis siete siete vida son para…"?- preguntó Frank.
-Si pero como somos dioses decimos siglos, ya que somos inmortales.- le respondió su padre como si fuera la cosa más obvia del mundo.
Hades comenzó la lectura sin mucho ánimo.
Capítulo 5 :Juego al pinacle con un caballo
-Supongo que el caballo soy yo.- dijo Quirón.
Tuve sueños rarísimos, llenos de animales de granja. La mayoría de ellos quería matarme; el resto quería comida.
-Lindos sueños, Percy.-comento Reyna.
Debí de despertarme varias veces, pero lo que oía y veía no tenía ningún sentido, así que volvía a quedarme grogui. Me recuerdo descansando en una cama suave, alguien dándome cucharadas de algo que sabía a palomitas de maíz con mantequilla pero que era pudin. La chica de cabello rizado y rubio sonreía cuando me enjugaba los restos de la barbilla.
-Awww ya desde tan jóvenes…-chilló Afrodita.
-Ni lo conocías y ya le limpiabas la baba-aplaudió Clarisse.
-Es como que ya sabías que iba terminar siendo tu esposo así que te pusiste a practicar limpiar la baba desde ya, y sabes a la baba de quien me refiero por su puesto.- grito Thalìa emocionada.
-Déjame adivinar, de los mini Percy rubios y las mini Annabeth de ojos verdes que tengan en el futuro!- le contestó Will a la hija de Zeus.
La pareja se puso tan roja como una manzana, y en especial Annabeth. Mientras Atenea estaba morada de la furia, y el dios de los mares reía ante la ira de su sobrina.
—¿Qué va a pasar en el solsticio de verano? —me preguntó al verme con los ojos abiertos.
—¿Qué? —mascullé.
-Annie, no sean tan ruda con el! Apenas se despertó.- la reprendió Hazel.-Déjalo descansar en paz.
-Tal vez debería haber dejado que otro se encargara de cuidarlo al muchacho…- reflexiono Quirón.
Miró alrededor, como si temiera que alguien la oyera.
—¿Qué está pasando? ¿Qué es lo que han robado? ¡Sólo tenemos unas semanas!
—Lo siento —murmuré—, no sé…
-Claro que no sabe nada es Percy.- afirmo Chris.
Alguien llamó a la puerta, y la chica me llenó la boca rápidamente de pudin.
-Lo siento, no debía haber sido tan ruda contigo.-se disculpó la rubia de ojos grises.
La siguiente vez que desperté, la chica se había ido.
Un tipo rubio y fornido, con aspecto de surfero, estaba de pie en una esquina de la habitación, vigilándome. Tenía ojos azules —por lo menos una docena de ellos— en las mejillas, en la frente y en el dorso de las manos.
-¿Ese era Argo?-preguntó asombrada Cassandra.
-Sí, es nuestro guardia de seguridad en el campamento.-le explico Annabeth.
-Ya me imagino porque.- comento Orión
Cuando por fin recobré la conciencia plenamente, no había nada raro alrededor, salvo que era más bonito de lo normal. Estaba sentado en una tumbona en un espacioso porche, contemplando un prado de verdes colinas. La brisa olía a fresas. Tenía una manta encima de las piernas y una almohada detrás de la cabeza. Todo aquello estaba muy bien, pero sentía la boca como si un escorpión hubiera anidado en ella. Tenía la lengua seca y estropajosa y me dolían los dientes.
-¿Cómo es que sabes lo que se siente que un escorpión anidara en tu boca?-pregunto Leo confuso.
En la mesa a mi lado había una bebida en un vaso alto. Parecía zumo de manzana helado, con una pajita verde y una sombrillita de papel pinchada en una guinda.
-Percy deja de darme hambre!-se quejó Rachel.
-Tranquila linda, un par de capítulos más y comemos algo.- le prometió Deméter.
-Sí mira qué hora! Ya se me pasó la novela, ahora no sé qué paso, me perdí dos capítulos seguidos.-chilló Afrodita.
-Eres un diosa, para ti no supone ningún problema. A diferencia de los mortales agitas la mano y te pasaran en la tele tus dos capítulos.- suspiro Hefestos dándose una palmadita en la frente.
Tenía la mano tan débil que el vaso casi se me cae cuando por fin conseguí rodearlo con los dedos.
-No me extraña para nada.- comentó Apolo.
—Cuidado —dijo una voz familiar.
Grover estaba recostado contra la barandilla del porche, con aspecto de no haber dormido en una semana. Debajo del brazo llevaba una caja de zapatos. Vestía vaqueros, zapatillas altas Converse y una camiseta naranja con la leyenda «CAMPAMENTO MESTIZO». El Grover de siempre, no el chico cabra.
-Al fin el pequeño degenerado lo dijo bien.- Hegde alzaba los brazos al cielo.
Así que quizá había tenido una pesadilla. Igual mi madre estaba sana y salva. Tal vez seguíamos de vacaciones y habíamos parado en esa gran casa por algún motivo. Y…
-Claro como si eso fuera una pesadilla.- refunfuño Ariadna. Durante toda la lectura la chica solo hablo una vez, y estaba enojada. Le parecía completamente injusto e irracional todo, el mundo ya no era el mismo desde que había perdido a su querido Matt. Y culpaba a los dioses por ellos, y aunque no se lo digiera a nadie, en parte culpaba a la madre de Helena.
—Me has salvado la vida —dijo Grover—. Y yo… bueno, lo mínimo que podía hacer era… volver a la colina y recoger esto. Pensé que querrías conservarlo.
Dejó la caja de zapatos en mi regazo con gran reverencia.
Contenía un cuerno de toro blanquinegro, astillado por la base, donde se había partido. La punta estaba manchada de sangre reseca. No había sido una pesadilla.
-Ojala hubiera sido solo una pesadilla, aunque si fuera así jamás mi familia se hubiera agrandado tanto como lo es ahora.- confesó Percy, pensando en todo sus amigos que ahora eran su enorme familia.
—El Minotauro… —dije, recordando.
—No pronuncies su nombre, Percy…
—Así es como lo llaman en los mitos griegos, ¿verdad? El Minotauro. Mitad hombre, mitad toro.
-Ahhhhhh.- dijo el usuario del fuego.- Recién caigo ¿Cómo no me había dado cuenta antes?
-¿Y ahora que descubriste?- le pregunto Frank.
-Qué es MINO-TAURO. Tauro como el signo del zodíaco que es un toro.- Leo se auto-aplaudía por su descubrimiento. Mientras Piper y Annabeth se daban golpecitos en la cabeza ante la estupidez del descubrimiento.
-Nooooo! Tenes razón.-chillaron los Stoll, junto con Hermes.
-La verdad es que yo tampoco había pensado eso nunca.-confesó Jason.
-Nunca se habría pasado por la cabeza.- lo apoyo Percy.
La mayoría de los presentes en la sala tampoco se les había ocurrido ese detalle y todos comentaban asombrados el descubrimiento.
-Pues claro! El zodíaco es griego, nació en la antigua Grecia mediante la observación de los cielos.- les explico la pequeña oráculo y sabelotodo de la familia Delos.
-Zodiaco viene de la palabra griega "zoodiakos" cuya traducción sería rueda de los animales.- agrego Annabeth.
-*cof cof sabelotodo cof cof*- tocio Thalía disimuladamente.
-Creo deberíamos seguir leyendo ya que tenemos una oráculo muy hambrienta.- aconsejo Hera. Ella no tenía la menor preocupación por Rachel, ella solo quería tener una excusa para alejarse de los hijos de su marido.
Grover se removió incómodo.
—Has estado inconsciente dos días. ¿Qué recuerdas?
—Dime qué sabes de mi madre. ¿De verdad ella ha…?
Bajó la cabeza.
-Lo siento, de todo corazón.-se disculpo Grover.
Yo volví a contemplar el prado. Había arboledas, un arroyo serpenteante y hectáreas de campos de fresas que se extendían bajo el cielo azul. El valle estaba rodeado de colinas ondulantes, la más alta de las cuales, justo enfrente de nosotros, era la que tenía el enorme pino en la cumbre. Incluso aquello era bonito a la luz del día.
-Qué hermoso lugar.-suspiro Helena sonriendo con solo imaginárselo.
Pero mi madre se había ido y el mundo entero tendría que ser negro y frío. Nada debería resultarme bonito.
-Las cosas màs bellas suelen pasar en los tiempor màs oscuros generalmente.- reflexionó Lucas, mirando con tristeza a su familia y sus amigos, en especial a Helena. Recordando los duros tiempos que tuvieron que atravesar, alejados por una gran mentira innecesaria.
—Lo siento —sollozó Grover—. Soy un fracaso. Soy… soy el peor sátiro del mundo.
-No lo eres!- grito Thalìa.- Eres el màs valiente e increíble sátiro que haya habido en el mundo.-agrego orgullosa de su amigo.
-El mejor amigo y guardián que uno pueda tener.- añadió Percy dándole unas palmaditas en el hombro.
-Siempre supe que tu ibas a ser el que encuentre a Pan.- le confeso Luke.- Desde que conocì que supe que estabas destinado a hacer grandes cosas.
Annabeth tambièn lo abrazó y le dijo cuan especial era.
Gimió y pateó tan fuerte el suelo que se le salió el pie, bueno, la zapatilla Converse: el interior estaba relleno de polispán, salvo el hueco para la pezuña.
—¡Oh, Estige! —rezongó.
Un trueno retumbó en el cielo despejado.
Mientras pugnaba por meter su pezuña en el pie falso pensé: «Bueno, esto lo aclara todo.»
-Esa es una buena idea, para cuando echamos a algún fauno del campamento.-comentó Reyna.-Podríamos darle unos pies falsos así no hay tanto revuelto con los mortales.
Grover era un sátiro. Si le afeitaba el pelo rizado, seguramente encontraría cuernecitos en su cabeza. Pero estaba demasiado triste para que me importara la existencia de sátiros, o incluso de minotauros. Todo aquello sólo significaba que mi madre había sido realmente reducida a la nada, que se había disuelto en aquel resplandor dorado.
Estaba solo. Me había quedado completamente huérfano. Tendría que vivir con… ¿Gabe el Apestoso? No, eso nunca. Antes viviría en las calles, o fingiría tener diecisiete años para alistarme en el ejército.
-Nunca jamás voy a dejar, le guste o no a mis hermanos-dijo Poseidón mirado de reojo a Zeus- que mi hijo duerma bajo un puente o con ese inmundo y condenado mortal apestoso.
Haría algo, cualquier cosa.
Grover seguía sollozando. El pobre chico —o pobre cabra, sátiro, lo que fuera— parecía estar esperando un castigo.
-Peor que un castigo….-confirmo el Señor de lo Salvaje.
—No ha sido culpa tuya —le dije.
-Claro que no.- lo defendió Annabeth.
—Sí, sí que lo ha sido. Se suponía que yo tenía que protegerte.
-Lo hiciste lo mejor que pudiste.- lo apoyo Lucas.
—¿Te pidió mi madre que me protegieras?
—No, pero es mi trabajo. Soy un guardián. Al menos… lo era.
-Deberíamos entrenar a los faunos para que hagan algo útil- sugirió Frank.- ¿Qué opinas Reyna?
-Sí se sería buena idea.-asintió la pretora.- ¿Pero para què?
-No sè, tal vez se le ocurra a nuestro querido Octavio.- dijo el hijo de Marte, lanzándole una mirada al nombrado que seguía con su mordaza antìdiscursos.
—Pero ¿por qué…?—De repente me sentí mareado, la vista se me nubló.
—No te esfuerces más de la cuenta. Toma.
Me ayudó a sostener el vaso y me puso la pajita en la boca. Su sabor me sorprendió, porque esperaba zumo de manzana. No lo era. Sabía a galletas con trocitos de chocolate, galletas líquidas. Y no cualquier galleta, sino las que mi madre preparaba en casa, con sabor a mantequilla y calientes, con los trocitos de chocolate derritiéndose. Al bebérmelo, sentí un calor intenso y una recarga de energía en todo el cuerpo.
-Te lo ruegoo! BASTAA YAAA!- imploro Clarie arrodillada en el piso como si estuviera alabando.- Deja de tentarnos o con Rachel nos vamos a morir.
No desapareció la pena, pero me sentí como si mi madre acabara de acariciarme la mejilla y darme una galleta como hacía cuando era pequeño, como si acabara de decirme que todo iba a salir bien.
Antes de darme cuenta había vaciado el vaso.
-Hubiera hecho lo mismo.- opino Héctor.
Lo miré fijamente, convencido de que había tomado una bebida caliente, pero los cubitos de hielo ni siquiera se habían derretido.
-¿Què? Eso va contra la lógica.- chillò Helana.
-Es sorprende el mundo ¿No?- le sonrió Hefestos a la Descendiente de la Casta de Atreo.
—¿Estaba bueno? —preguntó Grover.
-Obvio! Es imposible que no este bueno.- le respondió Percy a la pregunta del libro.
Asentí.
—¿A qué sabía?—Sonó tan compungido que me sentí culpable.
—Perdona —le contesté—. Debí dejar que lo probaras.
—¡No! No quería decir eso. Sólo… sólo era curiosidad.
—Galletas de chocolate. Las de mamá. Hechas en casa.
-Percyyyy!- Rachel lo miro amenazantemente.
-¿Pero que no desayunaste?- le preguntò el amenazado.
-No! Justo había entrado en el pabellón del comedor cuando una luz dorada me envolvió y pufff aparecimos acá.- le explico la pelirroja.
-Ah! Lo siento.-se disculpó.
Suspiró.
—¿Y cómo te sientes?
—Podría arrojar a Nancy Bobofit a cien metros de distancia.
-Te pago por hacerlo.- ofreció Nico.
-A mi guárdame un lugar en primera fila, quiero ver eso.- dijo divertido Leo.
-No necesito que me paguen para hacerlo, con justo lo hago.
—Eso está muy bien —dijo—. Pero no debes arriesgarte a beber más.
-Esta más que bien- aseguro Will.
—¿Qué quieres decir?
-Lo que quiere decir es que sí bebes más vas a estar en llamas prácticamente.- le respondió Piper al libro.
-Por eso es mejor el agua mezclada con polvo de cuerno de Unicornio.- Reyna recordaba que eso era lo que más afecto hacía en el hijo de Hades en su misión.
-Recuerden alejarme de eso.- recomendó Héctor.
-Si no queremos que estalles en llamas, ya nos diste bastante problemas muriéndote.- lo regaño Andy.
-Oye! Pero reviví, o sino no estaría aquí.- se defendió el vástago.
-Sì pero mira a donde llevo eso a Lucas.- agrego Helena.- Y tú casi me matas de un infarto.- se dirigió a Lucas, y le dio un "golpecito" en el hombro. Que le hubiera roto el brazo a cualquier mortal, debido a la súper fuerza de los vástagos.
Me retiró el vaso con cuidado, como si fuera dinamita, y lo dejó de nuevo en la mesa.
-En cierto modo se parece a la dinamita.- reflexiono Clarisse.
—Vamos. Quirón y el señor D están esperándote.
La galería del porche rodeaba toda aquella casa, llamada Casa Grande.
Al recorrer una distancia tan larga, las piernas me flaquearon. Grover se ofreció a transportar la caja con el cuerno del Minotauro, pero yo me empeñé en llevarla. Aquel recuerdo me había salido caro. No iba a desprenderme de él tan fácilmente.
-Muy caro para mi gusto.- opino Hazel.
Cuando giramos en la esquina de la casa, inspiré hondo.
Debíamos de estar en la orilla norte de Long Island, porque a ese lado de la casa el valle se fundía con el agua, que destellaba a lo largo de la costa. Lo que vi me sorprendió sobremanera. El paisaje estaba moteado de edificios que parecían arquitectura griega antigua —un pabellón al aire libre, un anfiteatro, un ruedo de arena—, pero con aspecto de recién construidos, con las columnas de mármol blanco relucientes al sol. En una pista de arena cercana había una docena de chicos y sátiros jugando al voleibol. Más allá, unas canoas se deslizaban por un lago cercano. Había niños vestidos con camisetas naranja como la de Grover, persiguiéndose unos a otros alrededor de un grupo de cabañas entre los árboles. Algunos disparaban con arco a unas dianas. Otros montaban a caballo por un sendero boscoso y, a menos que estuviera alucinando, algunas monturas tenían alas.
-Si Blackjack te escuchara te daría de nuevo un golpe en la cabeza.- afirmo la hija de Afrodita.
Al final del porche había dos hombres sentados a una mesa jugando a las cartas. La chica rubia que me había alimentado con el pudin sabor a palomitas estaba recostada en la balaustrada, detrás de ellos.
-¿Què hacias ahì?- le pregunto Chris a la hija de Atenea que se puso colorada como un tomate ante la pregunta.
El hombre que estaba de cara a mí era pequeño pero gordo. De nariz enrojecida y ojos acuosos, su pelo rizado era negro azabache. Me recordó a uno de esos cuadros de ángeles bebé… ¿cómo se llaman? ¿Parvulines? No, querubines. Eso es. Parecía un querubín llegado a la mediana edad en un camping de caravanas.
Los dioses se reían tan fuerte haciendo que la sala entera vibrara.
-Dionisio… AJJAJAJAJAJAJA….como un …. AJAJAJA… no puedoo màs.- reía Apolo con lágrimas en sus ojos.
El dios del vino estaba considerando seriamente convertir en delfín al muchacho porque a partir de ahora y para toda la eternidad tendría un nuevo apodo. Y no le gustaba para nada ser la causa de las risas.
Vestía una camisa hawaiana con estampado atigrado, y habría encajado perfectamente en una de las partidas de póquer de Gabe, salvo que me daba la sensación de que aquel tipo habría desplumado incluso a mi padrastro.
-Pues claro muchacho. Soy el mejor.- alardeo el Señor D.
-Creo que deberíamos tener una charla sobre tu vestimenta- le dijo seriamente la diosa del amor.
—Ese es el señor D —me susurró Grover—, el director del campamento. Sé cortés. La chica es Annabeth Chase; sólo es campista, pero lleva más tiempo aquí que ningún otro. Y ya conoces a Quirón. —Me señaló al jugador que estaba de espaldas a mí.
-Por el rayo de Zeus! ¿Qué estoy haciendo ahí?- grito el dios preocupado por lo que podía llegar en futuro para ser director del campamento.
Reparé en que iba en silla de ruedas y luego reconocí la chaqueta de tweed, el pelo castaño y ralo, la barba espesa…
—¡Señor Brunner! —exclamé.
El centauro suspiro al acordarse de esos momentos.
-Eso no me lo esperaba.- aseguro Dakota.
-Ni yo- lo acompaño Jason (d)
El profesor de latín se volvió y me sonrió. Sus ojos tenían el brillo travieso que le aparecía a veces en clase, cuando hacía una prueba sorpresa y todas las respuestas coincidían con la opción B.
-Quirón….-Atenea tenía esa mirada de cuando da sermones en su mirada.
—Ah, Percy, qué bien —dijo—. Ya somos cuatro para el pinacle.
Me ofreció una silla a la derecha del señor D, que me miró con los ojos inyectados en sangre y soltó un resoplido.
-No creo que sea sangre muchacho….- dijo Artemisa.
—Bueno, supongo que tendré que decirlo: bienvenido al Campamento Mestizo. Ya está. Ahora no esperes que me alegre de verte.
-No seas tan amargo.- lo reprendió Perséfone, que había estado escuchando atenta toda la lectura.
—Vaya, gracias.—Me aparté un poco de él, porque si algo había aprendido de vivir con Gabe era a distinguir cuándo un adulto había empinado el codo. Si el señor D no era amigo de la botella, yo era un sátiro.
Dionisio volvió a ser la causa de que la sala estalla nuevamente a causa de los comentarios del chico de Poseidón.
—¿Annabeth? —llamó el señor Brunner a la chica rubia, y nos presentó—. Annabeth cuidó de ti mientras estabas enfermo, Percy. Annabeth, querida, ¿por qué no vas a ver si está lista la litera de Percy? De momento lo pondremos en la cabaña once.
—Claro, Quirón —contestó ella.
Aparentaba mi edad, medio palmo más alta, y desde luego su aspecto era mucho más atlético. Tan morena y con el pelo rizado y rubio, era casi exactamente lo que yo consideraba la típica chica californiana. Pero sus ojos deslucían un poco la imagen: eran de un gris tormenta; bonitos, pero también intimidatorios, como si estuviera analizando la mejor manera de tumbarte en una pelea.
-Es que de verdad está analizando la mejor manera de patearte e trasero.- explico la hija de Zeus.
-Es hija de Atenea que esperabas, y sobre todo es Annabeth.- dijo Nico chocando los cinco con su prima.
-Quien lo diría el pequeño Percy apenas te conoce y ya piensa que tiene ojos bonitos.- se dirigió Piper a su amiga. Haciendo que esta se sonrojara y buscara refugio entre los brazos de su novio.
Echó un vistazo a mi cuerno de minotauro y me miró a los ojos. Supuse que iba a decir algo como:
«¡Vaya, has matado un minotauro!», o «¡Uau, eres un fenómeno!». Pero sólo dijo:
—Cuando duermes babeas.
La sala volvía a reír por tercera vez consecutiva, y Dionisio estaba alegre de que esta vez el no era el centro, sino que lo una muy roja pareja.
-Siempre tan dulce como la miel Annie.- opino Katie.
-Al menos a mí no me gastan constantemente bromas.- le respondió mirando de reojo a los Stoll, que estaban por desarmarle el rodete que la hija de Deméter se hizo después de que ellos le desarmaran la trenza unas 3 veces y jugaran con su pelo.
Y salió corriendo hacia el campo, con el pelo suelto ondeando a su espalda.
-Oww! Míralo, ya observando el pelo con el que después jugaría horas y horas…-suspiro Clarisse en broma, que como respuesta recibió una mirada amenazadora de la pareja y una promesa de venganza.
—Bueno —comenté para cambiar de tema—, ¿trabaja aquí, señor Brunner?
—No soy el señor Brunner —dijo el ex señor Brunner—. Mucho me temo que no era más que un seudónimo. Puedes llamarme Quirón.
-Ya te lo había dicho antes Grover.- resaltó Lucas.
—Vale.
—Perplejo, miré al director—. ¿Y el señor D…? ¿La D significa algo?
-La D es de Dionisio, es obvio.-aseguro Clarie.
-Claro… tú lo sabes porque lo estás viendo ahora, si fueras yo en ese momento lo hubieras sabido.- afirmo Percy.
-No estés tan seguro de eso…. Cuando leamos sobre nosotros vas a conocer el increíble poder de mi mente.- le respondió la asiática haciendo gestos de la mano como si se tratara de algo místico.
El señor D dejó de barajar los naipes y me miró como si yo acabara de decir una grosería.
-Es que le dijiste una grosería.- le susurró Will.
—Jovencito, los nombres son poderosos. No se va por ahí usándolos sin motivo.
—Ah, ya. Perdón.
—Debo decir, Percy —intervino Quirón-Brunner—, que me alegro de verte sano y salvo. Hacía mucho tiempo que no hacía una visita a domicilio a un campista potencial. Detestaba la idea de haber perdido el tiempo.
—¿Visita a domicilio?- pregunto Jason confundido.
—¿Visita a domicilio?
—Mi año en la academia Yancy, para instruirte. Obviamente tenemos sátiros en la mayoría de las escuelas, para estar alerta, pero Grover me avisó en cuanto te conoció. Presentía que en ti había algo especial, así que decidí subir al norte. Convencí al otro profesor de latín de que… bueno, de que pidiera una baja.
Intenté recordar el principio del curso. Parecía haber pasado tanto… pero sí, tenía un recuerdo vago de otro profesor de latín durante mi primera semana en Yancy. Había desaparecido sin explicación alguna y en su lugar llegó el señor Brunner.
-Espero que lo hayas matado.- le dijo Ares al centauro.
-¿Cómo voy a hacer eso?- Quirón estaba indignado
—¿Fue a Yancy sólo para enseñarme a mí? —pregunté.
Quirón asintió.
—Francamente, al principio no estaba muy seguro de ti. Nos pusimos en contacto con tu madre, le hicimos saber que estábamos vigilándote por si te mostrabas preparado para el Campamento Mestizo. Pero todavía te quedaba mucho por aprender. No obstante, has llegado aquí vivo, y ésa es siempre la primera prueba a superar.
-Eso no suena bien.- comento Helena.-Para nada bien.
-Pero las cosas son así para nosotros.- dijo con tristeza Thalía.
- Incluso nosotros, con el entrenamiento de Lupa y el viaje al campamento siguiendo nuestros instintos.- agrego Dakota, mientras Jason asentía.
—Grover —dijo el señor D con impaciencia—, ¿vas a jugar o no?
—¡Sí, señor! —Grover tembló al sentarse a la mesa, aunque no sé qué veía de tan temible en un hombrecilloregordete con una camisa de tela atigrada.
—Supongo que sabes jugar al pinacle.—El señor D me observó con recelo.
—Me temo que no —respondí.
-Y nunca voy a aprender…-afirmo Percy.
—Me temo que no, señor —puntualizó él.
—Señor —repetí. Cada vez me gustaba menos el director del campamento.
-Qué coincidencia, porque cada vez tú me gustas menos.- le respondió el dios. Ganándose una mirada de Poseidón que justo en ese momento estaba "jugando con su tridente".
—Bueno —me dijo—, junto con la lucha de gladiadores y el Comecocos, es uno de los mejores pasatiempos inventados por los humanos. Todos los jóvenes civilizados deberían saber jugarlo.
—Estoy seguro de que el chico aprenderá —intervino Quirón.
—Por favor —dije—, ¿qué es este lugar? ¿Qué estoy haciendo aquí? Señor Brun… Quirón, ¿por qué fue a la academia Yancy sólo para enseñarme?
-Porque no eres del todo humano.- le explico Travis al Percy del libro.
El señor D resopló y dijo:
—Yo hice la misma pregunta.
El director del campamento repartía. Grover se estremecía cada vez que recibía una carta.
Como hacía en la clase de latín, Quirón me sonrió con aire comprensivo, como dándome a entender que no importaba mi nota media, pues yo era su estudiante estrella. Esperaba de mí la respuesta correcta.
—Percy, ¿es que tu madre no te contó nada? —preguntó.
-No claro que no, la secuestraron antes de que tuviera tiempo.- dijo Percy mirando de reojo al Señor de los Muertos.
—Dijo que… —Recordé sus ojos tristes al mirar el mar—. Me dijo que le daba miedo enviarme aquí, aunque mi padre quería que lo hiciera. Dijo que en cuanto estuviera aquí, probablemente no podría marcharme. Quería tenerme cerca.
—Lo típico —intervino el señor D—. Así es como los matan. Jovencito, ¿vas a apostar o no?
-Crudo pero verdad.- comento con tristeza la hija del dios de la guerra.
—¿Qué? —pregunté.
Me explicó, con impaciencia, cómo se apostaba en el pinacle, y eso hice.
—Me temo que hay demasiado que contar —repuso Quirón—. Diría que nuestra película de orientación habitual no será suficiente.
-¿Tiene una película de orientación?- preguntaron asombrados ambos Jason.
-¿Y a mí por qué no me la pusieron?- se quejó Leo haciendo pucherito.
-¿A caso tienes algún problema con qué yo te haya dado el tour?.- lo miro Will levanto una ceja.
—¿Película de orientación? —pregunté.
—Olvídalo —dijo Quirón—. Bueno, Percy, sabes que tu amigo Grover es un sátiro y también sabes — señaló el cuerno en la caja de zapatos— que has matado al Minotauro. Y ésa no es una gesta menor, muchacho.
-Claro que no! ¿ Por què piensa que entrenamos, además de para no morir?- exclamo Chris.
Lo que puede que no sepas es que grandes poderes actúan en tu vida. Los dioses, las fuerzas que tú llamas dioses griegos, están vivitos y coleando.
Miré a los demás.
Esperaba que alguien exclamara: «¡Se equivoca, eso es imposible!» Pero la única exclamación provino del señor D:
—¡Ah, matrimonio real! ¡Mano! ¡Mano! —Y rió mientras se apuntaba los puntos.
—Señor D —preguntó Grover tímidamente—, si no se la va a comer, ¿puedo quedarme su lata de Coca-Cola light?
—¿Eh? Ah, vale.
Grover dio un buen mordisco a la lata vacía de aluminio y la masticó lastimeramente.
-¿Comes latas?- le pregunto asombrado Andy.
-Sì, saben ricas y no son muy difíciles de digerir. Ademàs son buenas para la salud.
-Eso lo dudo un poco.-le respondido la sirena.
—Espere —le dije a Quirón—. ¿Me está diciendo que existe un ser llamado Dios?
—Bueno, veamos —repuso Quirón—. Dios, con D mayúscula, Dios… En fin, eso es otra cuestión. No vamos a entrar en lo metafísico.
-Si por favor no entremos en esa cuestión, es un dolor de cabeza.- rogo Zeus.
—¿Lo metafísico? Pero si acaba de decir que…
—He dicho dioses, en plural. Me refería a seres extraordinarios que controlan las fuerzas de la naturaleza y los comportamientos humanos: los dioses inmortales del Olimpo. Es una cuestión menor.
—¿Menor?- dijo Frank.
—¿Menor?
—Sí, bastante. Los dioses de los que hablábamos en la clase de latín.
—Zeus —dije—, Hera, Apolo… ¿Se refiere a ésos?
Y allí estaba otra vez: un trueno lejano en un día sin nubes.
-Pero deja de decir nombres!- grito furioso Zeus.- Me haces gastar truenos al pedo.
—Jovencito —intervino el señor D—, yo de ti me plantearía en serio dejar de decir esos nombres tan a la ligera.
-Exactamente lo que dice mi hijo.- rezongó Zeus desde su trono.
—Pero son historias —dije—. Mitos… para explicar los rayos, las estaciones y esas cosas. Son lo que la gente pensaba antes de que llegara la ciencia.
-Ojala fueran mitos…-suspiro Reyna.
—¡La ciencia! —se burló el señor D—. Y dime, Perseus Jackson
-HAY POR DIOS ME VA DAR UN INFARTO!- chillo Percy.
-¿QUÈ?
-Sì, es la primera vez que dice bien mi nombre completo.- explico el hijo de Poseidón mientras se agarraba el pecho, y hacia como que caía en las piernas de su novia.
—me estremecí al oír mi auténtico nombre, que jamás daba a nadie—, ¿qué pensará la gente de tu «ciencia» dentro de dos mil años? Pues la llamarán paparruchas primitivas. Así la llamarán. Oh, adoro a los mortales: no tienen ningún sentido de la perspectiva. Creen que han llegado taaaaaan lejos. ¿Es cierto o no, Quirón? Mira a este chico y dímelo.
-Oyee! No me importa que seas un dios, pero es un maleducado viejo amargo, los mortales no somos tan malos.- grito enojada Rachel.
-Hasta algunos somos capas de ayudar en los asuntos de vástagos.- salió Clarie en defensa de Rachel y los mortales. Ya que ambas eran las únicas presentes.
Deméter y Hestia tuvieron que calmar a Dionisio antes de que intentara algo descabellado.
El señor D no me caía del todo mal, pero hubo algo en la manera en que me llamó mortal, como si… él no lo fuera. Fue suficiente para hacerme cerrar la boca, para saber por qué Grover se concentraba con tanto ahínco en sus cartas, masticando su lata de refrescos y no diciendo ni pío.
-Y todavía no cae…- dijo Nico fingiendo que estaba avergonzado de su primo.
—Percy —dijo Quirón—, puedes creértelo o no, pero lo cierto es que inmortal significa precisamente eso, inmortal. ¿Puedes imaginar lo que significa no morir nunca? ¿No desvanecerte jamás? ¿Existir, como eres, para toda la eternidad?
-No es tan genial como parece.-aseguro con tristeza Apolo, y los dioses asintieron cada uno volando en sus propios pensamientos y recuerdos.
Iba a responder que sonaba muy bien, pero el tono de Quirón me hizo vacilar.
-Y pensar que luego lo rechazaría.- comento Percy, produciendo miradas de confusión entre los dioses.
—¿Quiere decir independientemente de que la gente crea en uno? —inquirí.
—Así es —asintió Quirón—. Si fueras un dios, ¿qué te parecería que te llamaran mito, una vieja historia para explicar el rayo? ¿Y si yo te dijera, Perseus Jackson, que algún día te considerarán un mito sólo creado para explicar cómo los niños superan la muerte de sus madres?
Me dio un vuelco el corazón. Por algún motivo, intentaba que me enfadara, pero no iba a darle la satisfacción.
-Qué raro Percy llevando la contra.- dijo Annabeth con sarcasmo.
—No me gustaría. Pero yo no creo en los dioses —respondí.
-Ahora si creo.
—Pues más te vale que empieces a creer —murmuró el señor D—. Antes de que alguno te calcine.
—P… por favor, señor —intervino Grover—. Acaba de perder a su madre. Aún sigue conmocionado.
-El Señor de lo Salvaje tiene razón.- le dio la razón Hestia a Grover.
—Menuda suerte la mía —gruñó el señor D mientras jugaba una carta—. Ya es bastante malo estar confinado en este triste empleo, ¡para encima tener que trabajar con chicos que ni siquiera creen!
Hizo un ademán con la mano y apareció una copa en la mesa, como si la luz del sol hubiera convertido un poco de aire en cristal. La copa se llenó sola de vino tinto.
Me quedé boquiabierto, pero Quirón apenas levantó la vista.
—Señor D, sus restricciones —le recordó.
El señor D miró el vino y fingió sorpresa.
—Madre mía. —Elevó los ojos al cielo y gritó—: ¡Es la costumbre! ¡Perdón!
Volvió a mover la mano, y la copa de vino se convirtió en una lata fresca de Coca-Cola light. Suspiró resignado, abrió la lata y volvió a centrarse en sus cartas.
-¿QUÈÈÈÈ?-chillò el dios del vino, haciendo que sala vibrara.
-Larga historia papà.- le contesto Pollux.
-Al menos díganme que en mi lado romano aun puedo beber vino.
-Sì claro…-dijo Dakota no muy seguro.
Quirón me guiñó un ojo.
—El señor D ofendió a su padre hace algún tiempo, se encaprichó con una ninfa del bosque que había sido declarada de acceso prohibido.
-Ahí tienes tu explicación-se dirigió Atenea al dios que parecía un querubín.
—Una ninfa del bosque —repetí, aún mirando la lata como si procediera del espacio.
-Su pongo que todas las criaturas de los mitos son reales para ustedes.-supuso Lucas.
—Sí —reconoció el señor D—. A Padre le encanta castigarme. La primera vez, prohibición. ¡Horrible! ¡Pasé diez años absolutamente espantosos! La segunda vez… bueno, la chica era una preciosidad, y no pude resistirme. La segunda vez me envió aquí. A la colina Mestiza. Un campamento de verano para mocosos como tú. «Será mejor influencia. Trabajarás con jóvenes en lugar de despedazarlos», me dijo. ¡Ja! Es totalmente injusto.
-Más tarde tendremos una charla.- le dijo Hestia al dios del vino, que trago saliva fuertemente.
El señor D hablaba como si tuviera seis años, como un crío protesten.
-Es que en el fondo los tiene.- reveló Artemisa.
—Y… y —balbuceé— su padre es…
—Di immortales, Quirón —repuso él—. Pensaba que le habías enseñado a este chico lo básico. Mi padre es Zeus, por supuesto.
Repasé los nombres mitológicos griegos que empezaban por la letra D. Vino. La piel de un tigre. Todos los sátiros que parecían trabajar allí. La manera en que Grover se encogía, como si el señor D fuera su amo…
-Pues ya no! Ahora soy mi propio amo.-dijo con orgullo el sátiro.
—Usted es Dioniso —dije—. El dios del vino.
-Al fin ya era hora.- grito Will alzando los brazos al cielo.
-Un poco tarde.- opino Helena.
El señor D puso los ojos en blanco.
—¿Cómo se dice en esta época, Grover? ¿Dicen los niños «menuda lumbrera»?
—S-sí, señor D.
—Pues menuda lumbrera, Percy Jackson. ¿Quién creías que era? ¿Afrodita, quizá?
-Oye! Eso es un insulto a mi imagen.-le chillo la diosa mientras le arrojo un bolso Coco Chanel al dios del vino que lo esquivo con dificultad.
—¿Usted es un dios?
—Sí, niño.
—¿Un dios? ¿Usted?
Me miró directamente a los ojos, y vi una especie de fuego morado en su mirada, una leve señal de que aquel regordete protestón estaba sólo enseñándome una minúscula parte de su auténtica naturaleza. Vi vides estrangulando a los no creyentes hasta la muerte, guerreros borrachos enloquecidos por la lujuria de la batalla, marinos que gritaban al convertirse sus manos en aletas y sus rostros prolongarse hasta volverse hocicos de delfín. Supe que si lo presionaba, el señor D me enseñaría cosas peores. Me plantaría una enfermedad en el cerebro que me enviaría para el resto de mi vida a una habitación acolchada, con camisa de fuerza.
—¿Quieres comprobarlo, niño? —preguntó con ceño.
—No. No, señor.
-No gracias, paso.- dijo Percy.
El fuego se atenuó un poco y él volvió a la partida.
—Me parece que he ganado —dijo.
—Un momento, señor D —repuso Quirón. Mostró una escalera, contó los puntos y dijo—: El juego es para mí.
Pensé que el señor D iba a pulverizar a Quirón y librarlo de la silla de ruedas, pero se limitó a rebufar, como si estuviera acostumbrado a que ganara el profesor de latín. Se levantó, y Grover lo imitó.
—Estoy cansado —comentó el señor D—. Creo que voy a echarme una siestecita antes de la fiesta de esta noche. Pero primero, Grover, tendremos que hablar otra vez de tus fallos.
La cara de Grover se perló de sudor.
—S-sí, señor.
-Pobrecito... Ojala pudiera hacer algo por tì.- le dijo Hestia.
El señor D se volvió hacia mí.
—Cabaña once, Percy Jackson. Y ojo con tus modales.
Se metió en la casa, seguido de un tristísimo Grover.
—¿Estará bien Grover? —le pregunté a Quirón, que asintió, aunque parecía algo preocupado.
—El bueno de Dioniso no está loco de verdad. Es sólo que detesta su trabajo. Lo han… bueno, castigado, supongo que dirías tú, y no soporta tener que esperar un siglo más para que le permitan volver al Olimpo.
—El monte Olimpo —dije—. ¿Me está diciendo que realmente hay un palacio allí arriba?
-No hay una montaña rusa voladora donde todos venimos a reunirnos.- dijo con sarcasmo Apolo.
—Veamos, está el monte Olimpo en Grecia. Y está el hogar de los dioses, el punto de convergencia de sus poderes, que de hecho antes estaba en el monte Olimpo. Se le sigue llamando monte Olimpo por respeto a las tradiciones, pero el palacio se mueve, Percy, como los dioses.
-En parte eso esta buena onda.- reconocí Héctor, aunque era mejor que eso no pasara en su mundo, bueno en realidad era imposible que pase.
—¿Quiere decir que los dioses griegos están aquí? ¿En… Estados Unidos?
-No, en Australia con los canguros.- replico Hermes.
—Desde luego. Los dioses se mueven con el corazón de Occidente.
—¿El qué?
—Venga, Percy, despierta. ¿Crees que la civilización occidental es un concepto abstracto? No; es una fuerza viva. Una conciencia colectiva que sigue brillando con fuerza tras miles de años. Los dioses forman parte de ella. Incluso podría decirse que son la fuente, o por lo menos que están tan ligados a ella que no pueden desvanecerse. No a menos que se acabe la civilización occidental. El fuego empezó en Grecia. Después, como bien sabes (o eso espero porque te he aprobado), el corazón del fuego se trasladó a Roma, y así lo hicieron los dioses. Sí, con distintos nombres quizá (Júpiter para Zeus, Venus para Afrodita, y así), pero eran las mismas fuerzas, los mismos dioses.
—Y después murieron.
-¿Cómo rayos matas a algo inmortal? A ver piensa un poco Percy.- le chillo Thalía.
—¿Murieron? No. ¿Ha muerto Occidente? Los dioses sencillamente se fueron trasladando, a Alemania, Francia, España, Gran Bretaña… Dondequiera que brillara la llama con más fuerza, allí estaban los dioses. Pasaron varios siglos en Inglaterra. Sólo tienes que mirar la arquitectura. La gente no se olvida de los dioses. En todas las naciones predominantes en los últimos tres mil años puedes verlos en cuadros, en estatuas, en los edificios más importantes. Y sí, Percy, por supuesto que están ahora en tus Estados Unidos. Mira vuestro símbolo, el águila de Zeus. Mira la estatua de Prometeo en el Rockefeller Center, las fachadas griegas de los edificios de tu gobierno en Washington. Te reto a que encuentres una ciudad estadounidense en la que los Olímpicos no estén vistosamente representados en múltiples lugares. Guste o no guste (y créeme, te aseguro que tampoco demasiada gente apreciaba a Roma), Estados Unidos es ahora el corazón de la llama, el gran poder de Occidente. Así que el Olimpo está aquí. Y por tanto también nosotros.
Era demasiado, especialmente el hecho de que yo parecía estar incluido en el «nosotros» de Quirón, como si formase parte de un club.
-Claro que es demasiado para tu pequeña mente.- interrumpió Clarisse.
-Quieres que te recuerde lo que probablemente salga en el próximo capítulo.- se defendió Percy, haciendo referencia su primer encuentro y lo que aconteció en el baño.
—¿Quién es usted, Quirón? ¿Quién… quién soy yo?
-Modo filosófico: ON.- comento Frank.
Quirón sonrió. Desplazó el peso de su cuerpo, como si fuera a levantarse de la silla de ruedas, pero yo sabía que eso era imposible. Estaba paralizado de cintura para abajo.
—¿Quién soy? —murmuró—. Bueno, ésa es la pregunta que todos queremos que nos respondan, ¿verdad? Pero ahora deberíamos buscarte una litera en la cabaña once. Tienes nuevos amigos que conocer, mañana podremos seguir con más lecciones. Además, esta noche vamos a preparar junto a la hoguera bocadillos de galleta, chocolate y malvaviscos, y a mí me pierde el chocolate.
-Mmmm a este paso me comería un banquete como los de Hogwarts.- afirmo Rachel, que seguía hambrienta debido a su frustrado desayuno.
Y entonces se levantó de la silla, pero de una manera muy rara. Le resbaló la manta de las piernas, pero éstas no se movieron, sino que la cintura le crecía por encima de los pantalones. Al principio pensé que llevaba unos calzoncillos de terciopelo blancos muy largos, pero cuando siguió elevándose, más alto que ningún hombre, reparé en que los calzoncillos de terciopelo eran en realidad la parte frontal de un animal, músculos y tendones bajo un espeso pelaje blanco. Y la silla de ruedas tampoco era una silla, sino una especie de contenedor, una caja con ruedas, y debía de ser mágica, porque no había manera humana de que aquello hubiera cabido entero allí dentro. Sacó una pata, larga y nudosa, con una pezuña brillante, luego la otra pata delantera, y por último los cuartos traseros. La caja quedó vacía, nada más que un cascarón metálico con unas piernas falsas pegadas por delante.
-Que genial! .- dijo emocionado Jason (d)
Miré la criatura que acababa de salir de aquella cosa: un enorme semental blanco. Pero donde tendría que haber estado el cuello, sólo vi a mi profesor de latín, graciosamente injertado de cintura para arriba en el tronco del caballo.
-Algún problema con eso Percy…..- Quirón lo miro divertido.
—¡Qué alivio! —exclamó el centauro—. Llevaba tanto tiempo ahí dentro que se me habían dormido las pezuñas. Bueno, venga, Percy Jackson. Vamos a conocer a los demás campistas.
-Ese fue todo el capítulo.- finalizo Hades.
