-Alguien más va a tener que leer porque yo no pienso seguir soportando más interrupciones.-declaró Hades.
-Haber gruñoncito dámelo a mí.- dijo Perséfone quitándole el libro de las manos a su esposo. Ante tal gesto Deméter trató de ocultar su sorpresa, su hija acaba de llamarlo "grunoncito", algo que no le gusto del todo.
Capítulo 6: Me convierto en señor supremo del lavabo.
-Siempre supe que debías tener un título de señor supremo del lavado.-confesó Piper.
-Claro, por algo tenía que ser que vivía rompiendo los baños del Argo II.-se quejó Leo.
-Suena como que tuvieras mala digestión Percy.- comentó Clarie.
-Oye! Solo explote unas cuantas tuberías.-se defendió el hijo de Poseidón.- Cuando te sientes mal por envenenamiento es imposible controlar tus poderes.
-Si claro Sesos de Alga, como si eso fue lo que paso…- dijo Clarisse.
-Ella tiene razón.-añadió Will.- El colorante azul barato no es muy bueno que digamos…
Mientras la hija de Ares y el hijo de Apolo chocaban los cinco, Percy ya estaba planeando su venganza para cuando alguno tenga la necesidad de usar el "pipi-room".
En cuanto me repuse del hecho de que mi profesor de latín era una especie de caballo, dimos un bonito paseo, aunque puse mucho cuidado en no caminar detrás de él.
-Akhal-Teke, Albino, Alter Real, Bardigiano. Esas son especies de caballo pequeño degenerado, eres una abominación para las que tu llamas "criaturas imaginarias".- grito enfurecido el entrenador Hedge.
-De hecho son razas de caballo.- lo corrigió Pollux con timidez.
-Da igual niño regordete del vino.-le respondió.- El mensaje se entiende.
-Hedge!-lo reprendió Quirón.- No seas maleducado.
Varias veces me había tocado formar parte de la patrulla boñiga en el desfile que los almacenes Macy's organizaban el día de Acción de Gracias y, sintiéndolo mucho, no confiaba en la parte trasera de Quirón ni de ningún equino.
-JA! Mira quién es el maleducado ahora.-rió el sátiro adulto.
-Lo siento Quirón, no quise ser grosero. Me retracto.-se disculpó Percy.
Pasamos junto al campo de voleibol y algunos chicos se dieron codazos. Uno señaló el cuerno de minotauro que yo llevaba. Otro dijo: «Es él.»
-Les dije que fueran disimulados.- se quejó Will ante la obviedad de sus compañeros.
La mayoría de los campistas eran mayores que yo. Sus amigos sátiros eran más grandes que Grover, todos trotando por allí con camisetas naranjas del campamento mestizo, sin nada que cubriera sus peludos cuartos traseros. No soy tímido, pero me incomodaba la manera en que me miraban, como si esperaran que me pusiera a hacer piruetas o algo así.
Me volví para mirar la casa. Era mucho más grande de lo que me había parecido: cuatro plantas, color azul cielo con madera blanca, como un balneario a gran escala. Estaba examinando la veleta con forma de águila que había en el tejado cuando algo captó mi atención, una sombra en la ventana más alta del desván a dos aguas. Algo había movido la cortina, sólo por un instante, y tuve la certeza de que me estaban observando.
—¿Qué hay ahí arriba? —le pregunté a Quirón.
Miró hacia donde yo señalaba y la sonrisa se le borró del rostro.
—Sólo un desván.
—¿Vive alguien ahí?
—No —respondió tajante—. Nadie.
-Okey…eso no es aterrador.-dijo con sarcasmo Piper.
Tuve la impresión de que decía la verdad. No obstante, algo había movido la cortina.
-Si era verdad y si algo la había movido.-aseguró Percy.
- Eso es imposible, a menos que sea el viento.-dijo Casandra desconcertada.
—Vamos, Percy —me urgió Quirón con demasiada premura—. Hay mucho que ver.
Paseamos por campos donde los campistas recogían fresas mientras un sátiro tocaba una melodía en una flauta de junco.
Quirón me contó que el campamento producía una buena cosecha que exportaba a los restaurantes neoyorquinos y al monte Olimpo.
—Cubre nuestros gastos —aclaró—. Y las fresas casi no dan trabajo.
También me dijo que el señor D producía ese efecto en las plantas frutícolas: se volvían locas cuando estaba cerca. Funcionaba mejor con los viñedos, pero le habían prohibido cultivarlos, así que plantaba fresas.
-Oigan! Y los hijo de Deméter que somos?!-chillo enojada Katie.- Nosotros somos quien más cuidamos esos cultivos, deberían agradecernos por hacer todo el trabajo junto con la magia de los sátiros.
-Eso!-la apoyo su madre.-¿QUÉ LES PASA CON MIS HIJOS?- grito enfurecida mientras las plantas cebada de su trono se retorcían de modo amenazador.
-Ignorenlas, ya se le va pasar.-aconsejo el señor D sacándole importancia a la situación. Provocando que madre e hija se indignaran.
Observé al sátiro tocar la flauta. La música provocaba que los animalillos y bichos abandonaran el campo de fresas en todas direcciones, como refugiados huyendo de un terremoto. Me pregunté si Grover podría hacer esa clase de magia con la música, y si seguiría en la casa, aguantando la bronca del señor D.
—Grover no tendrá problemas, ¿verdad? —le pregunté a Quirón—. Quiero decir… ha sido un buen protector. De verdad.
Quirón suspiró. Dobló su chaqueta de tweed y la apoyó sobre su lomo, como si fuera una pequeña silla de montar.
—Grover tiene grandes sueños, Percy. Quizá incluso más grandes de lo que sería razonable. Pero, para alcanzar su objetivo, antes tiene que demostrar un gran valor y no fracasar como guardián, encontrar un nuevo campista y traerlo sano y salvo a la colina Mestiza.
-JA!En la cara de todos lo que no creyeron en mí! Si lo cumpli.-se jactó Grover. A su vez Nico y Thalía hacían una reverencia aludiendo al Señor de lo Salvaje.
—¡Pero si eso ya lo ha hecho!
—Estoy de acuerdo contigo —convino Quirón—, mas no me corresponde a mí tomar la decisión. Dioniso y el Consejo de los Sabios Ungulados deben juzgarlo. Me temo que podrían no ver este encargo como un logro. Después de todo, Grover te perdió en Nueva York. Y está también el desafortunado… destino de tu madre. Por no mencionar que Grover estaba inconsciente cuando lo arrastraste al interior de nuestra propiedad. El consejo podría poner en duda que eso demostrara valor por parte de Grover.
Quería protestar. Nada de lo que había ocurrido era culpa de Grover. Y también me sentía súper, súper culpable. Si no le hubiera dado esquinazo a Grover en la terminal de autobús, no se habría metido en problemas.
-En eso tienes toda la razón-reconoció Lucas.
—Le darán una segunda oportunidad, ¿no?
-Más les vale a esos viejos arrugados como pasas de uva, a menos que quieran ser el nuevo menú.-amenazó Thalía.
-¿Sátiro carbonizado?-pregunto Connor.
-No suena muy rico…-supuso Helena.
Quirón se estremeció.
—Me temo que ésta era su segunda oportunidad, Percy. El consejo tampoco es que se muriera de ganas de dársela, después de lo que pasó la primera vez, hace cinco años. El Olimpo lo sabe, le aconsejé que esperara antes de volver a intentarlo. Aún es pequeño…
—¿Cuántos años tiene?
—Bueno, veintiocho.
-Buee… Eso no me parece exactamente pequeño…-dijo Orión.
—¿Qué? ¿Y está en sexto?
—Los sátiros tardan el doble de tiempo en madurar que los humanos. Grover ha sido el equivalente a un estudiante de secundaria durante los últimos seis años.
-Ahh! Eso lo aclara todo
—Eso es horrible.
—Pues sí —convino Quirón—. En cualquier caso, Grover es torpe, incluso para la media de sátiros, y aún no está muy ducho en magia del bosque. Además, se le ve demasiado ansioso por perseguir su sueño. A lo mejor ahora encuentra otra ocupación…
—Eso no es justo —dije—. ¿Qué pasó la primera vez? ¿De verdad fue tan malo?
-NO!-gritaron todos los que conocían la historia.
Quirón apartó la mirada con rapidez.
—Mejor seguimos, ¿no?
Pero yo no estaba dispuesto a cambiar de tema tan fácilmente. Se me había ocurrido algo cuando Quirón habló del destino de mi madre, como si evitara a propósito la palabra muerte. Una idea empezó a chisporrotear en mi mente.
—Quirón, si los dioses y el Olimpo y todo eso es real…
—¿Sí?
—¿Significa que también es real el inframundo?
-No, claro que no es real.- dijo con sarcasmo Nico.
-Una vez que morimos nos vamos a la tierra de los Unicornios a comer arcoíris y matar zombies. Claro que es real idiota.- agrego Clarisse por si lo de Nico no bastaba.
-Chicos saben que eso paso hace mucho cuando no sabía nada.-les recordó Percy. Comentario al cual pasaron completamente por alto, de nuevo.
-¿Existen los unicornios?-pregunto Jason(d)
-Pues claro que existen.-le aseguro Annabeth.- y el polvo de sus cuernos en pasta o mezclado en agua tiene muy buenas propiedades medicinales.- expandió Reyna.
-Yo quiero montar uno!
-Jason tienes 16 ¡Madura!-lo reprendió su hermana gemela.
La expresión de Quirón se ensombreció.
—Así es. —Se interrumpió, como para escoger sus palabras con cuidado—. Hay un lugar al que los espíritus van tras la muerte. Pero por ahora… hasta que sepamos más, te recomendaría que te olvidaras de ello.
—¿A qué te refieres con «hasta que sepamos más»?
—Vamos, Percy. Visitaremos el bosque.
A medida que nos acercamos, reparé en la enorme vastedad del bosque. Ocupaba por lo menos una cuarta parte del valle, con árboles tan altos y gruesos que parecía posible que nadie lo hubiera pisado desde los nativos americanos.
—Los bosques están bien surtidos, por si quieres probar, pero ve armado —me dijo Quirón.
-¿Surtidos con qué?-preguntó Lucas, pero ni el cri cri del grilló le respondió.
—¿Bien surtidos de qué? ¿Armado con qué?
—Ya lo verás. El viernes por la noche hay una partida de «capturar la bandera». ¿Tienes espada y escudo?
-Vamooos no puedo esperar hasta el viernes a la noche- se quejó Connor.
-Queremos saber la expresión de Clarisse en el arroyo.- completo Travis.
—¿Yo, espada y…?
—Vale, no creo que los tengas. Supongo que una cinco te irá bien. Luego pasaré por la armería.
-Okey, tranca. Todos los campamentos tienen armerías…- comentó Clarie haciendo rodar los ojos.
Quería preguntar qué clase de campamento de verano tenía armería, pero había mucho más en lo que pensar, así que seguimos con la visita. Vimos el campo de tiro con arco, el lago de las canoas, los establos (que a Quirón no parecían gustarle demasiado), el campo de lanzamiento de jabalina, el anfiteatro del coro y el estadio donde Quirón dijo que se celebraban lides con espadas y lanzas.
—¿Lides con espadas y lanzas? —pregunté.
—Competiciones entre cabañas y todo eso. No suele haber víctimas mortales. Ah, sí, y ahí está el comedor.
-Y nosotros porque no tenemos campamentos así.-se quejaron Jason(d) y Lucas con Casandra.
- ¿Y a mí porque me miran? No sé nada.-los evadió la pequeña oráculo.
-Porque eres el oráculo, ósea que serías como una "supersabelotodo".- le explico Orión a su protegida.
Quirón señaló un pabellón exterior rodeado de blancas columnas griegas sobre una colina que miraba al mar. Había una docena de mesas de piedra de picnic. No tenía techo ni paredes.
—¿Qué hacéis cuando llueve? —pregunté.
-Yo también me pregunte eso.-recordó Rachel.
Quirón me miró como si me hubiera vuelto tonto.
-No te volviste lo sos mi Sesos de Algo.-le respondió Annabeth al Percy del libro.
—Tenemos que comer igualmente, ¿no?
Justamente este es el momento en que Atenea piensa y quema las neuronas tratando de averiguar qué es lo que su hija le vio a ese engendro marino. Si te concentrabas y la mirabas fijamente tal puede que tu cerebro de mortal o hiperactivo pueda distinguir el humo que salía de su cabeza y que la diosa trataba de ocultar con la niebla.
Al final me enseñó las «cabañas», que en realidad eran una especie de bungalows. Había doce, junto al lago y dispuestas en forma de U, dos al fondo y cinco a cada lado. Sin duda eran las construcciones más estrambóticas que había visto nunca.
-Y definitivamente lo son.- afirmo Piper. Algunos dioses se sintieron tocados.
Salvo porque todas tenían un número de metal encima de la puerta (impares a la izquierda, pares a la derecha), no se parecían en nada. La número 9 tenía chimeneas, como una pequeña fábrica; la 4, tomateras pintadas en las paredes y el techo de hierba auténtica; la 7 parecía hecha de oro puro, brillaba tanto a la luz del sol que era casi imposible mirarla. Todas daban a una zona comunitaria del tamaño aproximado de un campo de fútbol, moteada de estatuas griegas, fuentes, arriates de flores y un par de canastas de básquet (más de mi estilo).
-¿Cómo es que no se mueren calcinados ustedes los de Apolo ahí adentro?-le pregunto Jason a Will.-No puedo mirarla nunca cada vez que pasó por ahí, me destruye mis pobres ojos.- ante lo cual recibió como respuesta dos cosas:
Por parte del hijo de Apolo un "Ni idea, somos hijos de Apolo"
Y por parte de Nico un "Pobre cuatro ojos, el brillo en el lente le quema los ojos"
-Di Angelo porque no vas a abrazar un rato a Octavio, se ve callado y solitario, podrían jugar un rato con sus peluchitos.- le ordenó Piper usando su embrujabla. Y así fue como los Stoll obtuvieron una hermosa foto de Nico con cara de espanto abrazando a Octavio, y Percy una de los dos juntos jugando con un osito de peluche.
En el centro de la zona comunitaria había una gran hoguera rodeada de piedras. Aunque la tarde era cálida, el fuego ardía con fuerza. Una chica de unos nueve años cuidaba las llamas, atizando los carbones con una vara.
-Y esa soy yo.-comentó la diosa normbrada.
Las dos enormes construcciones del final, las números 1 y 2, parecían un mausoleo para una pareja real, de mármol y con columnas delante. La número 1 era la más grande y voluminosa de las doce. Las puertas de bronce pulidas relucían como un holograma, de modo que desde distintos ángulos parecían recorridas por rayos. La 2 tenía más gracia, con columnas más delgadas y rodeadas de guirnaldas de flores. Las paredes estaban grabadas con figuras de pavos reales.
—¿Zeus y Hera? —aventuré.
—Correcto.
—Parecen vacías.
-Me corrijo. Estaban vacías.
—Algunas lo están. Nadie se queda para siempre en la uno o la dos.
-Eso es casi cierto, porque aquí mi amiga Cara de Pino la abandono y mi buen cómplice Jason la usa solamente cuando esta en el campamento.-comentó Leo, ganándose una mala mirada por parte de Thalía.
Vale. Así que cada construcción tenía un dios distinto, como una mascota. Doce casas para doce Olímpicos. Pero ¿por qué algunas estaban vacías?
Me detuve en la primera de la izquierda, la 3.
No era alta y fabulosa como la 1, sino alargada, baja y sólida. Las paredes eran de tosca piedra gris tachonada con pechinas y coral, como si los bloques de piedra hubieran sido extraídos directamente del fondo del océano. Eché un vistazo por la puerta abierta y Quirón comentó:
—¡Uy, yo no lo haría!
-Claro que puede es su cabaña, después de todo.-comento Hazel confundida
Antes de que pudiera apartarme, percibí la salobre esencia del interior, como el viento a orillas del mar. Las paredes brillaban como abulón. Había seis literas vacías con sábanas de seda, pero ninguna señal de que alguien hubiera dormido allí. El lugar parecía tan triste y solitario, que me alegré cuando Quirón me puso una mano en el hombro y dijo:
—Vamos, Percy.
La mayoría de las demás casas estaban llenas de campistas.
La número 5 era rojo brillante: pintada fatal, como si le hubieran cambiado el color arrojándole cubos encima. El techo estaba rodeado de alambre de espinos. Una cabeza disecada de jabalí colgaba encima de la puerta, y sus ojos parecían seguirme.
-Y es por eso que nunca voy a dormir en esa cabaña cuando vaya de visita.-afirmó Frank.
Dentro vi un montón de chicos y chicas con cara de malos, echándose pulsos y peleándose mientras sonaba música rock a todo trapo.
-Otra razón por la cual detesto a mis hermanos.-comento nuevamente el chico canadiense.
Quien más ruido hacía era una chica de unos catorce años. Llevaba una camiseta talla XXL del Campamento Mestizo bajo una chaqueta de camuflaje. Me miró fijamente y lanzó una carcajada malévola. Me recordó a Nancy Bobofit, aunque esta chica era más grande, tenía un aspecto más feroz, y el pelo largo y greñudo, y castaño en lugar de rojizo.
-En algo se parecen, sin ofender chica.-dijo Andy.
Seguí andando, intentando mantenerme alejado de los cascos de Quirón.
—No hemos visto más centauros —comenté.
—No —repuso con tristeza—. Los de mi raza son gentes salvajes y bárbaras, me temo. Puedes encontrarlos en la naturaleza o en grandes eventos deportivos, pero no verás ninguno aquí.
-Es que están todos de fiesta por ahí.-recordó Chris.
-¿Quién se une a mi campaña de ir a una de esas fiestas?.-preguntó Leo exuberante de emoción.
—Dice que se llama Quirón. ¿Es realmente…?
Me sonrió desde arriba.
—¿El Quirón de las historias? ¿El maestro de Hércules y todo aquello? Sí, Percy, ése soy yo.
-No, no es el Percy, su bistataratataratataratataratataratataratataratataratataratataratataratataratataratataratataranieto.-dijo Piper.
—Pero ¿no tendría que estar muerto?
Quirón se detuvo.
—¿Sabes?, no podría estar muerto. No depende mí. Eones atrás los dioses me concedieron mi deseo de seguir trabajando en lo que amaba. Podría ser maestro de héroes tanto tiempo como la humanidad me necesitara. He obtenido mucho de ese deseo… y también he renunciado a mucho. Pero sigo aquí, así que sólo se me ocurre que aún se me necesita.
Pensé en ser maestro durante tres mil años. Desde luego, no habría estado en la lista de mis diez deseos más ansiados.
—¿No se aburre?
—No, no. A veces me deprimo horriblemente, pero nunca me aburro.
—¿Por qué se deprime?
Quirón pareció volverse de nuevo duro de oído.
—Ah, mira —dijo—. Annabeth nos espera.
La chica rubia que había conocido en la Casa Grande estaba leyendo un libro delante de la última cabaña de la izquierda, la 11. Cuando llegamos junto a ella, me repasó con mirada crítica, como si siguiera pensando en que babeaba cuando dormía.
*Cof cof está viendo de que estas hecho cof cof* - "tosió" disimuladamente Rachel.
Intenté ver qué estaba leyendo, pero no pude descifrar el título. Pensé que mi dislexia atacaba de nuevo. Entonces reparé en que el libro ni siquiera estaba en inglés. Las letras parecían griego, literalmente griego. Contenía ilustraciones de templos, estatuas y diferentes clases de columnas, como las que hay en los libros de arquitectura.
-Siendo la nueva arquitecta del olimpo no me extraña.-comentó Reyna.
—Annabeth —dijo Quirón—, tengo clase de arco para profesores a mediodía. ¿Te encargas tú de Percy?
—Sí, señor.
—Cabaña once —me dijo Quirón e indicó la puerta—. Estás en tu casa.
La 11 era la que más se parecía a la vieja y típica cabaña de campamento, con especial hincapié en lo de vieja. El umbral estaba muy gastado; la pintura marrón, desconchada. Encima de la puerta había uno de esos símbolos de la medicina, el comercio y otras cosas, una vara con dos culebras enroscadas.
-¿UNA VARA CON DOS CULEBRAS ENROSCADAS?-chilló indignado Hermes.
¿Cómo se llama? Un caduceo.
-Así está mejor. Si no te iba a dar de comer a Martha y George.- dijo el dios más calmado y asintiendo.
-¿Alguien dijo comida?- preguntó una voz que siseaba. La voz hizo que los romanos y vástagos pegaran un brinco del susto.
-VOLDEMORT NO ME COMAS!-chilló Octavio que miraba hacia arriba.- TE VOY A ENTREGAR A TODOS LOS GRIEGOS QUE QUIERAS.
-No le presten atención, quedo traumado con esa escena de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte parte 2 cuando Voldemort habla con esa voz medio de reptil para que le entregan a Harry y el deja intacto Hogwarts.-explico Jason.
-Le da miedo Harry Potter jajajaja perdedor.- se le rió Clarisse.
-¿Qué es Harry Potter?-pregunto Hazel, provocando gestos de indignación en la mayoría de la sala.
-Tienes un gran problema chica.-dijo con mucha seriedad Lucas.
-Claro que no sabes que es. Ella vivió durante la de décadas del 30' y murió en 1942, pero se le otorgó una segunda oportunidad al parecer.- salió Plutón en defensa de su hija, y luego retorno a su forma griega como Hades, un poco más calmado. -Aunque ninguno de nosotros sabe que eso, debe ser algo del futuro
-Qué alguien le de una ratón a George y esa otra serpiente del caduceo de mi tonto hijo que al parecer no las alimenta y volvamos a la lectura porque sino no vamos a terminar el día en que Poseidón y Atenea no se quieran sacar los ojos entre sí.
Estaba llena de chicos y chicas, muchos más que el número de literas. Había sacos de dormir por todo el suelo. Parecía más un gimnasio donde la Cruz Roja hubiera montado un centro de evacuación.
-Las cosas no deberían ser así.- murmuró Luke por lo bajo para que nadie lo escuche.
Quirón no entró. La puerta era demasiado baja para él. Pero cuando los campistas lo vieron, todos se pusieron en pie y saludaron respetuosamente con una reverencia.
—Bueno, así pues… —dijo Quirón—. Buena suerte, Percy. Te veo a la hora de la cena.
Y se marchó al galope hacia el campo de tiro.
Me quedé en el umbral, mirando a los chicos. Ya no inclinaban la cabeza. Ahora estaban pendientes de mí, calibrándome. Conocía esa parte. Había pasado por ella en bastantes colegios.
—¿Y bien? —me urgió Annabeth—. Vamos.
Así que, naturalmente, tropecé al entrar por la puerta y quedé como un completo idiota. Hubo algunas risitas, pero nadie dijo nada.
-No quedaste, generalmente lo sos.-Katie sonrió a Percy.
Annabeth anunció:
—Percy Jackson, te presento a la cabaña once.
—¿Normal o por determinar? —preguntó alguien.
Yo no supe qué responder, pero Annabeth anunció:
—Por determinar.
Todo el mundo se quejó.
-Y como no nos iba molestar.-se quejaron Chris y los Stolls.
Un chico algo mayor que los demás se acercó.
—Bueno, campistas. Para eso estamos aquí. Bienvenido, Percy, puedes quedarte con ese hueco en el suelo, a ese lado.
El chico tendría unos diecinueve años, y vaya si molaba. Era alto y musculoso, de pelo color arena muy corto y sonrisa amable. Vestía una camiseta sin mangas naranja, pantalones cortados, sandalias y un collar de cuero con cinco cuentas de arcilla de distintos colores. Lo único que alteraba un poco su apariencia era una enorme cicatriz blanca que le recorría media cara desde el ojo derecho a la mandíbula, una vieja herida de cuchillo.
-Vaya pringado, no sabía que antes de que te gustara la rubiecieta inteligente tenías ojo para los chicos.-se burlo Clarisse.
-Él no se estaba refiriendo de esa forma Clarisse.-lo defendió Piper.
-Vez! La hija de Afrodita lo confirma.-dijo Percy señalándola y agradeciéndole por su apoyo.
-Yo confiaría en sus sensaciones.-los apoyo Annabeth, que abrazaba posesivamente a Percy.
—Éste es Luke —lo presentó Annabeth, y su voz sonó algo distinta. La miré y habría jurado que estaba levemente ruborizada. Al ver que la miraba su expresión volvió a endurecerse—. Es tu consejero por el momento.
-JAA! En tu cara ricitos de oro, hay tenes la confirmación de que te atraen los chicos maalooos, sin ofender Luke.-grito Thalía con emoción señalando al rincón donde estaba sentado solitariamente el nombrado.
-Déjalo ya!-le contesto la hija de Atenea mientras se ponía tan roja como el pelo de la oráculo del campamento.
—¿Por el momento? —pregunté.
—Eres un por determinar —me aclaró Luke—. Aún no saben en qué cabaña ponerte, así que de momento estás aquí. La cabaña once acoge a los recién llegados, todos visitantes, evidentemente. Hermes, nuestro patrón, es el dios de los viajeros.
-Ese es muaaa.-dijo el aludido mientras adoptaba una pose de modelo muuy femenina y hacia ojitos a todos los presentes.
Observé la pequeña sección de suelo que me habían otorgado. No tenía nada para señalarla como propia, ni equipaje, ni ropa ni saco de dormir. Sólo el cuerno del Minotauro. Pensé en dejarlo allí, pero luego recordé que Hermes también era el dios de los ladrones.
-Algo de inteligencia tiene al menos.-gruño Atenea.
Miré alrededor. Algunos me observaban con recelo, otros sonreían estúpidamente, y otros me miraban como si esperaran la oportunidad de echar mano a mis bolsillos.
—¿Cuánto tiempo voy a estar aquí? —pregunté.
—Buena pregunta —respondió Luke—. Hasta que te determinen.
—¿Cuánto tardará?
Todos rieron.
-En ese momento fue un muy buen chiste Percy.-se sinceró Chris.- No podías evitarlo.
—Vamos —me dijo Annabeth—. Te enseñaré la cancha de voleibol.
—Ya la he visto.
—Vamos.
—Me agarró de la muñeca y me arrastró fuera, mientras los chicos reían a mis espaldas.
—Jackson, tienes que esforzarte más —dijo Annabeth cuando nos separamos unos metros.
-¿Qué?-preguntaron Leo, Lucas y los dos Jason al mismo tiempo.
—¿Qué?
Puso los ojos en blanco y murmuró entre dientes:
—¿Cómo pude creer que eras el elegido?
-¿Cómo es que puede terminar con él?-debería haberme preguntando pensó la hija de Atanea pensando en su yo de ese momento.
—Pero ¿qué te pasa?
—Empezaba a enfadarme—. Lo único que sé es que he matado a un tío toro…
Algunos queridos compinches de Leo de la sala reían junto a el, mientras que más de una chica u diosa/os se golpeó la frente reiteradas veces ante el comentario del tio toro
—¡No hables así! —me increpó Annabeth—. ¿Sabes cuántos chicos en este campamento desearían haber gozado de la oportunidad que tú tuviste?
—¿De que me mataran?
—¡De luchar contra el Minotauro! ¿Para qué crees que entrenamos?
-Para enfrentarse a los espíritus vengativos de los ositos destripados por el señor Augur aquí presente.- comento Nico con evidente sarcasmo.
Meneé la cabeza.
—Mira, si la cosa con que me enfrenté era realmente el Minotauro, el mismo del mito…
—Pues claro que lo era.
—Pero sólo ha habido uno, ¿verdad?
-Justamente me estoy haciendo la misma pregunta.-dijo Héctor sonriéndole al hijo de Poseidón.
—Sí.
—Y murió hace un montón de años, ¿no? Se lo cargó Teseo en el laberinto. Así que…
-Qué forma más fina de decirlo Percy.-se quejó Hazel.
—Los monstruos no mueren, Percy. Pueden matarse, pero no mueren.
-Eso no tiene lógica.-Casandra estaba desconcertada y confundida con las leyes de este mundo.
—Hombre, gracias. Eso lo aclara todo.
—No tienen alma, como tú o como yo. Puedes deshacerte de ellos durante un tiempo, tal vez durante toda una vida, si tienes suerte. Pero son fuerzas primarias. Quirón los llama «arquetipos». Al final siempre vuelven a reconstruirse.
Pensé en la señora Dodds.
-No me digas, volvió verdad?- supuso Helena.
—¿Quieres decir que si matase a uno, accidentalmente, con una espada…?
—Esa Fur… quiero decir, tu profesora de matemáticas. Bien, pues ella sigue ahí fuera. Lo único que has hecho es cabrearla muchísimo.
—¿Cómo sabes de la señora Dodds?
—Hablas en sueños.
—Casi la llamas algo. ¿Una Furia? Son las torturadoras de Hades, ¿no?
-No son las que limpian en baño en el castillo. Claro que son mis ayudantes en los campos de castigos.-lo reprocho Hades.
Annabeth miró nerviosa al suelo, como si temiese que se abriera y la tragara.
—No deberías llamarlas por su nombre, ni siquiera aquí. Cuando tenemos que mencionarlas las llamamos «las Benévolas».
—Oye, ¿hay algo que podamos decir sin que se ponga a tronar? —Sonaba llorica, incluso a mis oídos, pero en aquel momento ya no me importaba—. ¿Y por qué tengo que meterme en la cabaña once? ¿Por qué están todos tan apiñados? Está lleno de literas vacías en los otros sitios. —Señalé las primeras cabañas, y Annabeth palideció.
-Por supuesto que eso sonó llorica.- afirmó Reyna.
—No se elige la cabaña, Percy. Depende de quiénes son tus padres. O… tu progenitor. —Se me quedó mirando, esperando que lo pillara.
—Mi madre es Sally Jackson —respondí—. Trabaja en la tienda de caramelos de la estación Grand Central. Bueno, trabajaba.
-No hacía falta que me dijeras todo su currículo genio.-le dijo Annabeth a su novio.
—Siento lo de tu madre, Percy, pero no me refería a eso. Estoy hablando de tu otro progenitor. Tu padre.
—Está muerto. No lo conocí.
-Pero que es un dios y ya!-grito Thalía harta que Percy no captara el mensaje.
Annabeth suspiró. Sin duda ya había tenido antes esta conversación con otros chicos.
—Tu padre no está muerto, Percy.
—¿Cómo puedes decir eso? ¿Lo conoces?
—No, claro que no.
—¿Entonces cómo puedes decir…?
—Porque te conozco a ti. Y no estarías aquí si no fueras uno de los nuestros.
—No conoces nada de mí.
-Ahora si conoce todo y digo TODO.- comento Rachel con una mirada picara.
—¿No?—Levantó una ceja—. Seguro que no has parado de ir de escuela en escuela. Seguro que te echaron de la mayoría.
—¿Cómo…?
—Te diagnosticaron dislexia, quizá también THDA.
Intenté tragarme la vergüenza.
-Ya me esperaba que dijeras algo así mariquita.-se le rió Ares
—¿Y eso qué importa ahora?
—Todo junto es casi una señal clara. Las letras flotan en la página cuando las lees, ¿verdad? Eso es porque tu mente está preparada para el griego antiguo. Y el THDA (eres impulsivo, no puedes estarte quieto en clase), eso son tus reflejos para la batalla. En una lucha real te mantendrían vivo. Y en cuanto a los problemas de atención, se debe a que ves demasiado, Percy, no demasiado poco. Tus sentidos son más agudos que los de un mortal corriente. Por supuesto, los médicos quieren medicarte. La mayoría son monstruos. No quieren que los veas por lo que son.
-Por las dudas no voy a acercarme nunca a un médico mientras este en este mundo…-dijo Jason(d)
—Hablas como… como si hubieras pasado por la misma experiencia.
—La mayoría de los chicos que están aquí lo han hecho. Si no fueras como nosotros no habrías sobrevivido al Minotauro, mucho menos a la ambrosía y el néctar.
—¿Ambrosía y néctar?
-Momentito momentito-Orión se paró y se volteó hacia sus amigos- ¿Y POR QUÉ NOSOTROS NO PODEMOS COMER AMBROSÍA Y NÉCTAR? No es justo que nos tengamos que conformar con la miel.
Ante lo cual decidieron que una vez que estén de vuelta en su mundo haría una investigación sobre ese tema.
—La comida y la bebida que te dimos para que te recuperaras. Eso habría matado a un chico normal. Le habría convertido la sangre en fuego y los huesos en arena, y ahora estarías muerto. Asúmelo. Eres un mestizo.
Un mestizo.
-O un mestizo.-dijo Reyna, pero al parecer nadie entiendo su comparación más que Lucas
-Ella hizo referencia a que ustedes usan el nombre de mestizo para designar dios + mortal. Y lo comparó con el significado que se le dio a mestizo en las colonias españolas, por ejemplo mestizo era un español + pueblo originario.-le explico Lucas, recibiendo una mirada de agredecimiento por parte de la pretora.
-¿Y cómo sabías eso?-le preguntó.
-Porque estuvimos viviendo en España.- le respondió el vástago en español. "Alguien más que habla español además de Leo" pensó aliviada la romana "alguien más decente"
Tenía tantas preguntas en la cabeza que no sabía por dónde empezar.
Entonces una voz hosca exclamó:
—¡Pero bueno! ¡Un novato!
-Esto va a ponerse genial!- dijo Katie emocionada mientras daba pequeños aplausos de felicidad.
Me volví. La chica corpulenta de la cabaña 5 avanzaba hacia nosotros con paso lento y decidido. Tres chicas la seguían, grandes, feas y con aspecto de malas como ella, todas vestidas con chaquetas de camuflaje.
—Clarisse —suspiró Annabeth—. ¿Por qué no te largas a pulir la lanza o algo así?
-Hay dios eras vos- gritó Leo fingiendo espanto.
- ¿Estás buscando morir, enano?- le respondió la aludida.
—Fijo, señorita Princesa —repuso la chicarrona—. Para atravesarte con ella el viernes por la noche.
—Erre es korakas! —replicó Annabeth, y de algún modo entendí que en griego significaba «¡Anda a dar de comer a los cuervos!», aunque me dio la impresión de que era una maldición peor de lo que parecía.
-Guau que malota Annie.- se burló Nico imitando la voz de mujer.
—Os vamos a pulverizar —respondió Clarisse, pero le tembló un párpado. Quizá no estaba segura de poder cumplir su amenaza.
-Se ve que en eso momento te llegó la sensación de lo que iba a pasar en el futuro, pero obvio que no viste lo que te esperaba.-Percy se dirigió a Clarisse.-¿No es así, Cubito de Hielo?
-En el fondo, muuuuy en el fondo te quiero Prissy.-le respondió esta con una mirada asesina.
Se volvió hacia mí—. ¿Quién es este alfeñique?
—Percy Jackson —dijo Annabeth—. Ésta es Clarisse, hija de Ares.
Parpadeé.
—¿El dios de la guerra?
-No,soy el dios de las bailarinas con tutu.
Clarisse replicó con desdén:
—¿Algún problema?
—No —contesté—. Eso explica el mal olor.
-UHHHHHHHH-corearon la mayoría alentando a una pelea.
Clarisse gruñó.
—Tenemos una ceremonia de iniciación para los novatos, Prissy.
—Percy.
—Lo que sea. Ven, que te la enseño.
—Clarisse… —la advirtió Annabeth.
—Quítate de en medio, listilla.
Annabeth parecía muy firme, pero vaya si se quitó de en medio, y yo tampoco quería su ayuda. Era el chico nuevo. Tenía que ganarme una reputación.
-La tenías más que clara.-afirmó Jason.
Le entregué a Annabeth mi cuerno de minotauro y me preparé para pelear, pero antes de darme cuenta Clarisse me había agarrado por el cuello y me arrastraba hacia el edificio color ceniza que supe de inmediato que era el lavabo.
Yo lanzaba puñetazos y patadas. Me había peleado muchas veces antes, pero aquella Clarisse tenía manos de hierro.
-Como no se nos ocurrió eso hermano.-exclamó Travis a su hermano.
Me arrastró hasta el baño de las chicas. Había una fila de váteres a un lado y otra de duchas al otro. Olía como cualquier lavabo público, y yo pensé —todo lo que podía pensar mientras Clarisse me tiraba del pelo— que si aquel sitio era de los dioses, ya podrían procurarse unos servicios con más clase.
-Completamente de acuerdo-acordaron los giegos.
Las amigas de Clarisse reían a todo pulmón, mientras yo intentaba encontrar la fuerza con que había derrotado al Minotauro, pero no estaba por ninguna parte.
—Sí, hombre, seguro que es material de los Tres Grandes —dijo, empujándome hacia un váter—. Seguro que el Minotauro se murió de la risa al ver la pinta de este bobo.
Sus amigas no paraban de reír.
Annabeth estaba en una esquina, tapándose la cara pero mirando entre los dedos.
Clarisse me puso de rodillas y empezó a empujarme la cabeza hacia la taza. Apestaba a tuberías oxidadas ya… bueno, a lo que se echa en los váteres. Luché por mantener la cabeza erguida. Viendo aquella agua asquerosa pensé: «No meteré la cabeza ahí ni de broma.»
Y entonces ocurrió algo. Sentí un tirón en la boca del estómago. Oí las tuberías rugir y estremecerse. Clarisse me soltó el pelo. Un chorro de agua salió disparado del váter y describió un arco perfecto por encima de mi cabeza. Yo caí de espaldas al suelo sin dejar de oír los chillidos de Clarisse.
-Queee carajo acaba de pasar?-gritó Leo.
-No lo escuches y sigue leyendo hermana.-rogó Katie. Y Deméter se sintió feliz de que le haya salido tan espontáneamente el hermana, ya que muchos de sus hijos no están muy bien con esa relación suya con Perséfone.
Me volví justo cuando el agua salió de nuevo de la taza, le dio a Clarisse directo en la cara y con tanta fuerza que la tumbó de culo. El chorro de agua la acosaba como si fuera una manguera antiincendios, empujándola hacia una cabina de ducha.
A pesar de que gran parte de la sala reía, Perséfone se esforzó por ella no reír y continuar leyendo.
Ella se resistía dando manotazos y chillando, y sus amigas empezaron a acercarse. Pero entonces los otros váteres explotaron también y seis chorros más de agua las hicieron retroceder de golpe. Las duchas también entraron en funcionamiento, y juntas, todas las salidas de agua arrinconaron a las chicas hasta sacarlas del baño, arrastrándolas como desperdicios que se retiran con una manguera.
En cuanto salieron por la puerta, sentí aflojar el tirón del estómago y el agua terminó tan pronto como había empezado.
El lavabo entero estaba inundado. Annabeth tampoco se había librado. Estaba empapada de pies a cabeza, pero no había sido expulsada por la puerta. Se encontraba exactamente en el mismo lugar, mirándome conmocionada.
Miré alrededor y reparé en que estaba sentado en el único sitio seco de la estancia. Había un círculo de suelo seco en torno a mí, y no tenía ni una gota de agua sobre la ropa. Nada.
Me puse en pie, con las piernas temblando.
-JAAA ESO TE PASA SI TE METES CON PERCY!-se jactó el hijo del mar ante su golpe de suerte de aquella vez.
-A partir de ahora Perseo Jackson te has ganado nuestro respeto como Señor Supremo de los Lavados.- corearon Jason, Leo, Will, Nico y los Stolls haciéndole una reverencia.
—¿Cómo has…?—preguntó Annabeth.
—No lo sé.
Salimos fuera. Clarisse y sus amigas estaban tendidas en el barro, y un puñado de campistas se había reunido alrededor para mirarlas estupefactos. Clarisse tenía el pelo aplastado en la cara. Su chaqueta de camuflaje estaba empapada y ella olía a alcantarilla. Me dedicó una mirada de odio absoluto.
Las risas que habían disminuido un poco, volvieron a aumentar.
—Estás muerto, chico nuevo. Totalmente muerto.
-Uyy que miedito Clarisse!-se burló Percy.
Debería haberlo dejado estar, pero repliqué:
—¿Tienes ganas de volver a hacer gárgaras con agua del váter, Clarisse? Cierra el pico.
Tanto Leo como Nico no pudieron reprimir esos aplausos ante la brillantez de su comentario.
Sus amigas tuvieron que contenerla. Luego la arrastraron hacia la cabaña 5, mientras los otros campistas se apartaban para no recibir una patada de sus pies voladores.
Annabeth me miraba fijamente.
—¿Qué? —le pregunté—. ¿Qué estás pensando?
—Estoy pensando que te quiero en mi equipo para capturar la bandera.
-Si claro, vaya utilidad que me vas a dar.-se quejó Percy recordando el plan de aquella vez.
