Luke sabía porque las parcas lo habían enviado a escuchar esa narración. Ahora sí.
Las parcas habían hecho un 2x1, él y ese tal Octavio tenían la oportunidad de recapacitar y los demás podían conocerse mejor para enfrentar esa nueva amenaza.
Así es que al escuchar hablar sobre esas nuevas cabañas algo empezó a maquinarse en la mente de Luke. Algunas cosas debían ser revisadas, y debería volver a repensar lo que había desatado. Y deseo que Octavio también lo hiciera, porque los comentarios y miradas que recibía le decían que él había hecho algo parecido a él.
Mientras todo eso se desarrollaba en la cabeza de Luke, el chico ni se percató de que Hestia había retirado las mesas de picnic y nuevamente estaban todos sentados cómodamente en ese mar de almohadones en que se había transformado el Salón del Trono.
Dionisio comenzó a deglutir su tan esperado almuerzo y Afrodita decidió que ella sería la presentadora de la Ruleta Olímpica. Bocado tras bocado el Sr. D rogaba que no saliera el nuevamente hasta que al fin pudo comer en paz cuando la ruleta hizo su elección.
-Felicitaciones Hera! Eres la ganadora.- chilló la diosa del amor y se acercó para entregarle el libro. La cara de su majestad no tenía precio.
-Me parece que alguien hizo enojar a Némesis.-murmuro Artemisa quien esperaba que Hera no le escuchara pero su objetivo no fue cumplido.
-Esa diosucha de cuarta! JA! ¿Quién se cree que es para hacerme esto a mí?- grito enfurecida.- No, no y no. Escucho que en el futuro tiene una cabaña y se cree reina. Desgraciada, infeliz.
-¿Eso se considera queja?-le pregunto Hermes a Claire.
-Mmm no lo sé.- le respondió esta pensativa.- Annie reunión!.-chilló con ese tonito agudo especial de ella.
Ambas chicas "hacían" que discutían, pero en realidad Annabeth le estaba contando sobre Hera y lo bien merecido que se lo tenía. Tras el aparente debate, dieron su veredicto, intentando aparentar neutralidad.
-No es una queja en concreto sobre la decisión, así que no podemos sancionarla con capítulos por cada uno de los berrinches.- hablo en general Claire. La diosa se regodeaba de salir indemne. Pobre ilusa pensó Annabeth y ella pasó a hablar.
-Pero aun así, afecta el resultado de la ruleta. Ante lo cual la condenamos a leer un capítulo más y que sea el remplazo de alguien cuando se lo solicite.- Hera estaba tan enojada que su cara había pasado de regodeo máximo a un morado uva, y lanzó en chillido de frustración que sacudió hasta las bases del Olimpo.
-¿De qué se ríen?.- gritaba ahora la diosa, porque todo el mundo en la sala se reía a su costa.
- De tú cola de pavo real.- consiguió articular entre risas Hefesto que se revolcaba en suelo.
Efectivamente cuando su Majestad Bovina chilló de frustración una cola de pavo real le salió. Se ve que ante el enojo no pudo controlar sus poderes, y todo apuntaba a ser una obra maestra de Némesis, ya que no conseguía hacerla desaparecer.
Algunos semidioses se juntaron en una ronda y rezaron juntos, "Oh Gran Nemesis, diosa de la justicia, la venganza, el equilibro y el balance estamos en deuda con vos por habernos dado tan hermoso regalo", provocando que los vástagos se troncharan de la risa, ya que fueron los únicos que escucharon su rezo, por suerte.
Se había armado tal revuelo en la sala que las parcas tuvieron que hacer una rápida aparición para calmar a todo el mundo y que reanudara la lectura. Lamentablemente (solo para Hera) no le pudieron quitar la cola de pavo, así que debería continuar así hasta que se vaya por si sola o cierta diosa decida que fue suficiente castigo.
Capítulo 10: Estropeo un autobús en perfecto estado
-¿Hay algo que sobreviva a tu paso?-pregunto Jason(d).
No tardé mucho en recoger mis cosas. Decidí que el cuerno del Minotauro se quedase en la cabaña, lo que me dejaba sólo una muda y un cepillo de dientes que meter en la mochila que me había buscado Grover.
En la tienda del campamento me prestaron cien dólares y veinte dracmas de oro.
-Y sigo esperando a que nos pague esa deuda.-se quejó Pollux.
-No sabía que tenía que devolverlo!-se defendió el acusado.
-Percy, acabas de decir "me prestaron".-le recordó Piper.- Es más que obvio que tienes que devolverlo.
Estas monedas, del tamaño de galletas de aperitivo, representaban las imágenes de varios dioses griegos en una cara y el edificio del Empire State en la otra.
-Eso me da una idea!-salto Hermes de su trono.- Podría vender dracmas de chocolate por correo.
-Nosotros te ayudamos papá!-se ofrecieron los Stoll, quienes pensaban introducir bromas en el nuevo producto alimenticio.
Los antiguos dracmas que usaban los mortales eran de plata, nos dijo Quirón, pero los Olímpicos sólo utilizaban oro puro.
-¿Y que otro cosa si no?- comento Zeus haciéndose el agrandado. Cosa que no extraño para nada a los vástagos.
Quirón también dijo que las monedas podrían resultar de utilidad para transacciones no mortales, fueran lo que fuesen.
-Me da miedo ese tipo que transacciones.-murmuro Andy.
-En ese momento no sabía que se refería los Mensajes Iris.-le explico Percy.
-¿Mensajes Iris?- Orión estaba intrigado.
-Como una videollamadas pero sin internet.-trato de comprendieran Leo.- Solo necesitas hacer un arcoíris, tiras la moneda y decís a quien estas buscando. Y listo! Videollamadas por medio de cortinas de agua cortesía de Iris.
-Eso me hubiera ahorrado unos cuantos celulares.-comento Helena clavando su mirada en los chicos Delos, especialmente Lucas y Héctor quienes ponían ojitos de nosotros-no-hicimos-nada.
Nos dio a Annabeth y a mí una cantimplora de néctar a cada uno y una bolsa con cierre hermético llena de trocitos de ambrosía, para ser usada sólo en caso de emergencia, si estábamos gravemente heridos. Era comida de dioses, nos recordó Quirón. Nos sanaría prácticamente de cualquier herida, pero era letal para los mortales. Un consumo excesivo nos produciría fiebre. Una sobredosis nos consumiría, literalmente.
-Otra razón por la cual NO vas probarla.- le dijo Andy a Héctor usando su magia de sirena. Al parecer uso bastante porque el Sr. D arrojo por los aires su vaso de néctar murmurando que él no quería hacer eso.
-Lo siento.- se disculpó la sirena.- A veces se me va la mano.
Piper la miraba asombrada, su poder se parecía al suyo.
-Hay no!-grito Leo.- Corran! Otra más que tiene embrujahabla.-y salió despavorido.
-Deja de hacer estupideces y sentate.-lo reto la hija de Afrodita poniéndole poder a su voz. Leo automáticamente cayo de culo sentado en el piso.- Así esta mejor.
-¿Eres sirena?-le pregunto Andy.
-No, pero algunos hijos de Afrodita tienen este poder.-le reveló.- Lo llamamos embrujahabla.
-No es justo!-se quejó Orión.-Soy descendiente de Afrodita y no lo tengo.
Annabeth trajo su gorra mágica de los Yankees, que al parecer había sido regalo de su madre cuando cumplió doce años. Llevaba un libro de arquitectura clásica escrito en griego antiguo, para leer cuando se aburriera,
-Como si fueras a aburrirte con estos.-comento Thalía señalando el dúo Grover-Percy.
y un largo cuchillo de bronce, oculto en la manga de la camisa. Estaba convencido de que el cuchillo nos delataría en cuanto pasáramos por un detector de metales.
-Se nota que no es mi hijo.-murmuro Hefesto.
Por su parte, Grover llevaba sus pies falsos y pantalones holgados para pasar por humano. Iba tocado con una gorra verde tipo rasta, porque cuando llovía el pelo rizado se le aplastaba y dejaba ver la punta de los cuernecillos.
-Aww que tierno.-chillo Claire.
Su mochila naranja estaba llena de pedazos de metal y manzanas para picotear. En el bolsillo llevaba una flauta de junco que su padre cabra le había hecho, aunque sólo se sabía dos canciones: el Concierto para piano n. ° 12 de Mozart y So Yesterday de Hilary Duff, y ninguna de las dos suena demasiado bien con la flauta de Pan.
-Estoy de acuerdo con el pequeño degenerado.-lo apoyo el entrenador.- Deberías usar un arma, como un bate de béisbol.
Nos despedimos de los otros campistas, echamos un último vistazo a los campos de fresas, el océano y la Casa Grande, y subimos por la colina Mestiza hasta el alto pino que antaño fuera Thalia, la hija de Zeus.
-¿Hace falta que lo recuerde cada 5 segundos?- bufo la hija de Zeus.
Quirón nos esperaba sentado en su silla de ruedas. Junto a él estaba el tipo con pinta de surfero que había visto durante mi pasaje por la enfermería. Según Grover, el colega era el jefe de seguridad del campamento. Al parecer tenía ojos por todo el cuerpo, así que era imposible sorprenderlo.
-Argos!- dijo Casandra al reconocerlo.- Muy listos al ponerlo en esa posición.
No obstante, como hoy llevaba un uniforme de chófer, sólo le vi unos pocos en manos, rostro y cuello.
—Éste es Argos —me dijo Quirón—. Os llevará a la ciudad y… bueno, os echará un ojo.
Algunos rieron ante el chiste.
Oí pasos detrás de nosotros.
Luke subía corriendo por la colina con unas zapatillas de baloncesto en la mano.
—¡Eh! —jadeó—. Me alegro de pillaros aún. —Annabeth se sonrojó, como siempre que Luke estaba cerca
-Hey!Mentiroso.-la hija de Atenea le propino un buen sopapo a su novio.
-No quiero sonar mal, pero soy un descubrementiras, así que se cuándo mienten y Percy no miente.- salió Lucas en defensa de Percy y dejando invalido el argumento de Annabeth de "No me conocías."
-Yo también fui testigo de eso.- les recordó Thalía.-Lo siento Annie es la verdad, y Luke, deja de hacerte el tonto, todos sabemos muy bien a que me refiero.
—. Sólo quería desearos buena suerte — me dijo—. Y pensé que… a lo mejor te sirven.
Me tendió las zapatillas, que parecían bastante normales. Incluso olían bastante normal.
-¿Osea mal?-pregunto Connor.
-¿O a lestrigón?-continuo Travis.
-Oh! Por Zeus!-Katie se hizo la que se desmayaba.- Tienen razón! ¿A que consideramos normal?
-Creo que lo normal es barro de ardilla muerta.-comento Ariadna.-¿Qué? Así huelen sus zapatillas.- se justificó al ver la cara de sus hermanos y su primo.
—Maya! —dijo Luke.
De los talones de los botines surgieron alas de pájaro blancas. Di un respingo y las dejé caer. Las zapatillas revolotearon por el suelo hasta que las alas se plegaron y desaparecieron.
-Yo quiero unas así!-dijo Frank.
-Y yo.- pidió Claire.- Así puedo volar con Lennie, ya que el señor Cuida Cuida no me deja.- le saco la lengua Jason(d)
-Ahora las venden en la tienda del campamento.-le revelo Chris.-Pero solo para hijos de Hermes.-y por lo bajo añadió.- Aunque a un precio razonable puedo conseguirles un par.
-TRATO.-chillo Claire emocionada.
—¡Alucinante! —musitó Grover.
Luke sonrió.
—A mí me fueron muy útiles en mi misión. Me las regaló papá. Evidentemente, estos días no las utilizo demasiado… —Entristeció la expresión.
No sabía qué decir. Luke ya se había enrollado bastante viniendo a despedirse. Me preocupaba que me guardara rencor por haberme llevado tanta atención en los últimos días.
-Eso no me molesto para nada.-confeso el hijo de Hermes.
Pero allí estaba, entregándome un regalo mágico… Me sonrojé tanto como Annabeth.
Y Percy recibió otro sopapo cortesía de su adorable novia.
—Eh, tío —dije—. Gracias.
—Oye, Percy… —Luke parecía incómodo—. Hay muchas esperanzas puestas en ti. Así que… mata algunos monstruos por mí, ¿vale?
-Y no solo cargo a los monstruos, sino que también a un dios y monumentos históricos.-suspiro Grover, dejando a varias personas intrigadas. Y a Atenea con lo de los monumentos.
Nos dimos la mano. Luke le dio una palmadita a Grover entre los cuernos y un abrazo de despedida a Annabeth, que parecía a punto de desmayarse.
Thalía, Nico y Will se tomaron la tarea de protagonizar una mini obra para inmortalizar exageradamente a su amiga.
Cuando Luke se hubo marchado, le dije:
—Estás hiperventilando.
—De eso nada.
Muchos inmaduros rieron al compás de los chillidos de cierta diosa del amor
—Pero ¿no le dejaste capturar la bandera a él en lugar de ir tú?
*Cof cof Guerra de Amantes cof Cof* disimulo Héctor buscándose una bofetada de cierta muy roja hija de Atenea.
—Oh… Me pregunto por qué querré ir a ninguna parte contigo, Percy.
-Mmm si que ahora quieres ir a todas partes con él.- dijo Nico haciéndole ojitos.
Descendió por el otro lado de la colina con largas zancadas, hacia donde una furgoneta blanca esperaba junto a la carretera. Argos la siguió, haciendo tintinear las llaves del coche.
Recogí las zapatillas voladoras y de pronto tuve un mal presentimiento. Miré a Quirón.
—No me aconsejas usarlas, ¿verdad?
Negó con la cabeza.
—Luke tenía buena intención, Percy. Pero flotar en el aire… no es lo más sensato que puedes hacer.
-A menos que seas suicida.-intervino Reyna.
Meneé la cabeza, pero entonces se me ocurrió una idea.
—Eh, Grover, ¿las quieres tú?
Se le encendió la mirada.
—¿Yo?
-Si quien más es el primer sátiro volador.- le dijo Annabeth.
-Debería anotar eso en mi currículo.-considero Grover.
En poco tiempo atamos las zapatillas a sus pies falsos, y el primer niño cabra volador del mundo quedó listo para el lanzamiento.
—Maya! —gritó.
Despegó sin problemas, pero al poco se cayó de lado, desequilibrado por la mochila. Las zapatillas aladas seguían aleteando como pequeños potros salvajes.
—¡Práctica! —le gritó Quirón por detrás—. ¡Sólo necesitas práctica!
Gran parte de la sala reia ante el primer vuelo del niño cabra volador.
-Deberíamos darle un par de clases.- se ofrecieron Lucas y Helena.
—¡Aaaaah! —Grover siguió volando en zigzag colina abajo, casi a ras del suelo, como un cortador de césped poseso, en dirección a la furgoneta.
Deméter reía sin para, pensando en lo buena idea que eso sonaba y lo tonta que parecía a la vez.
Antes de seguirlo, Quirón me agarró del brazo.
—Debería haberte entrenado mejor, Percy —dijo—. Si hubiera tenido más tiempo… Hércules, Jasón…
-¿Nos llamaron?- preguntaron ambos Jason con una sonrisa en sus rostros.
todos recibieron más entrenamiento.
-Eso ya lo sabemos.- dijo Jason.
-¿Qué pasa? ¿Quieres terminar lo que empezamos en Kansas?-lo desafió Percy. Tanto Annabeth como Piper se golpearon la frente.
-Me uno.- grito Jason(d).
-No creo que sea muy justo Jase.-le consejo Héctor.- No somos como ellos.
-Qué va! No voy a usar toda mi fuerza, además de que me sirve la sanación y convertirme en delfín en un desafío.- le recordó Jason(d) emocionado.-¿Alguien tiene una calabaza?
-Y eso para…-Katie no entendía para qué, pero aun así transformo una flor de su peinado en una bonita calabaza.
-Para Hécate, es la ofrenda para iniciar el desafío.- le explico el joven Delos mientras la iba a buscar la calabaza. Pero Frank se adelantó a todo el mundo convirtiéndose en un dragón y comiéndose la calabaza. Al volver a la normalidad hablo:
-NADA DE DESAFÍO, NI DUELOS. AHORA TODOS SIENTENCE Y SIGAMOS CON LA LECTURA.
Los tres chicos volvieron a sus lugares decepcionados y Katie seguía sorprendida de que un dragón se comió su obra de arte de entre sus manos.
—No pasa nada. Sólo que ojalá… —Me detuve en seco, porque iba a sonar como un mocoso. Ojalá mi padre me hubiera dado un objeto mágico guay que me ayudara en la misión, algo tan bueno como las zapatillas voladoras de Luke o la gorra de invisibilidad de Annabeth.
*Cof cof celoso cof Cof* intervino Will.
—Pero ¿dónde tengo la cabeza? —exclamó Quirón—. No puedo dejar que te vayas sin esto.
Sacó algo del bolsillo del abrigo y me lo entregó. Era un bolígrafo desechable normal y corriente, de tinta negra y con tapa. Probablemente costaba treinta centavos.
-Ojala costara eso! Sino todos la tendríamos y nos facilitaría las cosas.-gruño Clarisse.
—Madre mía —dije—. Gracias.
—Es un regalo de tu padre. Lo he guardado durante años, sin saber que te estaba destinado. Pero ahora la profecía se ha manifestado claramente. Eres tú.
-Que gran regalo.-dijo con sarcasmo Orión.
-Es más que eso.-le respondió Casandra.- Es la espada del Museo.
-Siempre tan lista gatita.- Orión se sentía orgulloso de su "gatita".
Ante el sobrenombre las cazadoras de Artemisa parecían querer matar a Orión, hasta que les explicaron que le decían así cariñosamente porque la chica era tan sigilosa como un gato.
Recordé la excursión al Museo Metropolitano de Arte, cuando pulvericé a la señora Dodds. Quirón me había lanzado un boli que se convirtió en espada. ¿Sería aquél…?
-Siii!-coreo la sala.
Le quité la tapa, y el bolígrafo creció y se volvió más pesado en mi mano. Al instante siguiente sostenía una espada de bronce brillante y de doble filo, con empuñadura plana de cuero tachonado en oro. Era la primera arma equilibrada que empuñaba.
-Vez esa era tu arma destinada.-comento Hefesto
—La espada tiene una larga y trágica historia que no hace falta que repasemos —dijo Quirón—. Se llama Anaklusmos.
—Contracorriente —traduje, sorprendido de que el griego clásico me resultara tan sencillo.
—Úsala sólo para emergencias, y sólo contra monstruos. Ningún héroe debe hacer daño a los mortales a menos que sea absolutamente necesario, pero esta espada no los lastimará en ningún caso.
-Deberíamos tener armas así.-murmuro Helena pensando en el desastre de Nantucket.
Miré la afiladísima hoja.
—¿Qué quiere decir con que no lastimará a los mortales? ¿Cómo puede no hacerlo?
—La espada está hecha de bronce celestial. Forjado por los cíclopes, templado en el corazón del monte Etna y enfriado en las aguas del río Lete. Es letal para los monstruos y para cualquier criatura del inframundo, siempre y cuando no te maten primero, claro. Sin embargo, a los mortales los atraviesa como una ilusión; sencillamente, no son lo bastante importantes para que la espada los mate. ¡Ah!, y he de advertirte otra cosa: como semidiós, puedes perecer tanto bajo armas celestiales como normales. Eres doblemente vulnerable.
—Es bueno saberlo.
-Ni que lo digas.-dijo Rachel.
—Ahora tapa el boli.
Toqué la punta de la espada con la tapa del bolígrafo y Anaklusmos se encogió hasta convertirse de nuevo en bolígrafo. Me lo metí en el bolsillo, un poco nervioso porque en la escuela era famoso por perder bolis.
-No sé por qué no me extraña eso.- comento Nico.
—No puedes —dijo Quirón.
—¿Qué no puedo?
—Perderlo —dijo—. Está encantado. Siempre reaparecerá en tu bolsillo. Inténtalo.
Me mostré receloso, pero lancé el bolígrafo tan lejos como pude colina abajo y lo vi desaparecer entre la hierba.
—Puede que tarde unos instantes —dijo Quirón—. Ahora mira en tu bolsillo.
Y, en efecto, el boli estaba allí.
-Excelente, brillante.- murmuro Héctor fascinado.
—Vale, esto sí que mola —admití—, pero ¿qué pasa si un mortal me ve sacando la espada?
Quirón sonrió.
-Buena pregunta.- dijo el centauro.
—La niebla siempre ayuda, Percy.
-¿La niebla?-pregunto Orión.
—¿La niebla?
—Sí. Lee la Ilíada. Está llena de referencias a ese asunto. Cada vez que los elementos monstruosos o divinos se funden con el mundo mortal, generan niebla, y ésta oscurece la visión de los humanos.
-Me se la Ilíada de memoria y nunca vi nada de eso.- afirmo la pequeña Delos.
Tú, siendo mestizo, verás las cosas como son, pero los humanos lo interpretarán de otra manera. Es increíble hasta dónde pueden llegar los humanos con tal que las cosas encajen en su versión de la realidad.
-Eso hubiera sido de gran ayuda para limpiar los desastres que causaron la batalla y el Kraken en la isla.- suspiro Helena.
-¿El Kraken?- pregunto Poseidón sin creérselo.
Lo vástagos asintieron recordando al asqueroso calamar gigante.
-Por Júpiter.-dijo Reyna pálida.
Me metí Anaklusmos otra vez en el bolsillo.
Por primera vez sentí que la misión era real. Estaba abandonando la colina Mestiza. Me dirigía al oeste sin supervisión adulta, sin un plan de emergencia alternativo, ni siquiera un teléfono móvil (Quirón nos había contado que los monstruos podían rastrear los móviles; llevar uno sería peor que lanzar una bengala). Yo no tenía otra arma más poderosa que una espada para luchar contra monstruos y llegar al Mundo de los Muertos.
-Con la espada te basta Prissy, ya nos sacas toda la diversión así como estas.- intervino Clarisse.
-¿Eso es un cumplido Clarisse?-le respondió Percy con una sonrisa burlona en su rostro.
—Quirón, cuando dices que los dioses son inmortales… Me refiero a que… hubo un tiempo antes de ellos, ¿no? —pregunté.
—Hubo cuatro edades antes de ellos. La Era de los Titanes fue la Cuarta Edad, a veces llamada Edad de Oro, nombre que desde luego no le hace justicia. Esta, la era de la civilización occidental y el mandato de Zeus, es la Quinta.
—¿Y cómo era… antes de los dioses?
Quirón apretó los labios.
—Ni siquiera yo soy tan viejo como para acordarme de eso, niño, pero sé que fue una época de oscuridad y barbarie para los mortales. Cronos, el señor de los titanes, llamó a su reinado la Edad de Oro porque los hombres vivían inocentes y libres de todo conocimiento. Pero eso no era más que propaganda. Al rey de los titanes poco le importaban los de tu especie, salvo como entremeses o como fuente de entretenimiento barato. Hasta los primeros tiempos del reinado de Zeus, cuando Prometeo, el titán bueno, entregó el fuego a la humanidad, tu especie no empezó a progresar, y Prometeo fue considerado un pensador radical incluso entonces. Zeus lo castigó severamente, como recordarás. Por supuesto, al final los humanos empezaron a caer simpáticos a los dioses, y así nació la civilización occidental.
-Aprendiendo mitología con Quirón.- dijo Leo.
—Pero ahora los dioses no pueden morir, ¿no? Quiero decir, mientras la civilización occidental siga viva, ellos seguirán también. Así que… aunque yo fracase, nada podría ir tan mal como para que se desmadre todo, ¿no?
-Gran pregunta tengo que reconocer Perseo.-lo elogio Atenea, pero aun así al hijo de Poseidón le pareció que la diosa escupió su nombre.
Quirón me sonrió con melancolía.
—Nadie sabe cuánto tiempo durará la Edad del Oeste, Percy. Los dioses son inmortales, sí. Pero también lo eran los titanes. Y siguen existiendo, encerrados en sus distintas prisiones, obligados a soportar dolor y castigos interminables, reducido su poder, pero aún vivitos y coleando. Que las Parcas impidan que los dioses sufran jamás una condena tal, o que nosotros regresemos a la oscuridad y el caos del pasado. Lo único que podemos hacer, niño, es seguir nuestro destino.
-Siempre el maldito destino.- dijeron tanto los vástagos como los mestizos, y al darse la cuenta de la coincidencia se sonrieron entre todos. Hestia los miro orgullosa pensando que ya estaban formando vínculos entre ellos.
—Nuestro destino… suponiendo que sepamos cuál es.
-Por suerte nosotros lo tenemos a nuestro Escudo antí-destinos y profecías.- dijo Casandra alegremente señalando a Orión.- Nos da unos cuantos momentos de libertad.
Los cual dejo integrada tanto a Rachel como Apolo eso del "Escudo anti-destinos y profecías".
—Relájate y mantén la cabeza despejada. Y recuerda: puede que estés a punto de evitar la mayor guerra en la historia de la humanidad.
-Sin presión.- lo apoyo Will con evidente sarcasmo.
—Relájate —repetí—. Estoy muy relajado.
Cuando llegué al pie de la colina, volví la vista atrás. Bajo el pino que había sido Thalia, hija de Zeus,
-Papa por favor o Tío P, alguien puede convertirlo en un pino.- rezó Thalía.
Quirón se erguía en toda su altura de hombre caballo y nos despidió levantando el arco. La típica despedida de campamento del típico centauro.
-Típico, muy típico.-comento Dakota.
Argo nos condujo a la parte oeste de Long Island. Me pareció raro volver a una autopista, con Annabeth y Grover sentados a mi lado como si fuéramos compañeros de coche habituales. Tras dos semanas en la colina Mestiza, el mundo real parecía pura fantasía. Descubrí que me quedaba embobado mirando cada McDonald's, a cada chaval en la parte trasera del coche de sus padres, cada valla publicitaria y cada centro comercial.
-¿McDonald's sigue existiendo en el futuro?-chilló emocionado Ares pensando que desde 1955 disfrutaba sus cajitas felices.
-Emmm sí.- respondió medio intimidado Travis.
-Genial!- el dios de la guerra estaba en plan: XD (no tenía otra forma de expresar la cara de Ares)
—De momento bien —le dije a Annabeth—. Quince kilómetros y ni un solo monstruo.
-Nooooo.-estallo en gritos la sala.
Me lanzó una mirada de irritación. Luego dijo:
—Da mala suerte hablar de esa manera, sesos de alga.
-Por algo gritamos No chico.- Hermes se dirigió a Percy.
—Recuérdamelo de nuevo, ¿vale? ¿Por qué me odias tanto?
—No te odio.
-Claro que no te odía.- dijo Thalía.
—Pues casi me engañas.
-Lo amas.- completo Apolo lo que estaba diciendo Thalía.
Dobló su gorra de invisibilidad.
—Mira… es sólo que se supone que no tenemos que llevarnos bien. Nuestros padres son rivales.
—¿Por qué?
-Qué raro un mocoso de Culo de Caballo diciendo eso.-refunfuño Atenea.
—¿Cuántas razones quieres? —Suspiró—. Una vez mi madre sorprendió a Poseidón con su novia en el templo de Atenea, algo sumamente irrespetuoso. En otra ocasión, Atenea y Poseidón compitieron por ser el patrón de la ciudad de Atenas. Tu padre hizo brotar un estúpido manantial de agua salada como regalo. Mi madre creó el olivo. La gente vio que su regalo era mejor y llamaron a la ciudad con su nombre.
—Deben de gustarles mucho las olivas.
—Eh, pasa de mí.
—Hombre, si hubiera inventado la pizza… eso podría entenderlo.
-Completamente de acuerdo.-lo apoyaron Leo, Lucas, Hermes y Apolo.
—¡Te he dicho que pases de mí!
-Jamás lo va hacer.- le dijo Nico a Annabeth con una mirada pícara.
Argo sonrió en el asiento delantero. No dijo nada, pero me guiñó el ojo azul que tenía en la nuca.
-Me parece que ya lo había visto venir a esta parejita.- afirmo Piper.
El tráfico de Queens empezó a ralentizarnos. Cuando llegamos a Manhattan, el sol se estaba poniendo y había empezado a llover.
Argos nos dejó en la estación de autobuses Greyhound del Upper East Side, no muy lejos del apartamento de Gabe y mi madre. Pegado a un buzón, había un cartel empapado con mi foto: «¿Ha visto a este chico?»
Lo arranqué antes de que Annabeth y Grover se dieran cuenta.
-Hubiera hecho lo mismo.-inquirió Hazel.
Argos descargó nuestro equipaje, se aseguró de que teníamos nuestros billetes de autobús y luego se marchó, abriendo el ojo del dorso de la mano para echarnos un último vistazo mientras salía del aparcamiento.
Pensé en lo cerca que estaba de mi antiguo apartamento. En un día normal, mi madre ya habría vuelto a casa de la tienda de golosinas. Probablemente Gabe el Apestoso estaría allí en aquel momento, jugando al póquer y sin echarla siquiera de menos.
-Muy bien dicho, en un día normal.-comento Rachel.
Grover se cargó al hombro su mochila. Miró hacia donde yo estaba mirando.
—¿Quieres saber por qué se casó con él, Percy?
-Ohh POR DIOS! Los sátiros son psíquicos.- grito Claire.
—¿Me estabas leyendo la mente o qué? —repuse, mirándolo fijamente.
—Sólo tus emociones.—Se encogió de hombros—. Supongo que se me ha olvidado decirte que los sátiros tenemos esa facultad. Estabas pensando en tu madre y tu padrastro, ¿verdad?
-Entonces Orión y Helena tienen sangre de sátiro.-río Jason(d) ante la capacidad de los miembros de la casta de Roma de leer los corazones de las personas. Ante lo cual el joven curandero recibió una pequeña descarga eléctrica (fatal para mortales, leve para vástagos) de parte de Helena.
Asentí, preguntándome qué más se habría olvidado Grover de contarme.
—Tu madre se casó con Gabe por ti. Lo llamas «apestoso», pero te quedas corto. Ese tipo tiene un aura… ¡Puaj! Lo huelo desde aquí. Huelo restos de él en ti, y ni siquiera has estado cerca desde hace una semana.
-Asqueroso, repugnante, repulsivo.-murmuraba Afrodita.
-Qué mujer más lista!-elogio Atenea a Sally que ya se imagina su propósito.
—Gracias —respondí—. ¿Dónde está la ducha más cercana?
La sala río ante la ocurrencia de Percy.
-¿La ducha más cercana? Bueno, si salís de la Sala del Trono, doblas por el pasillo a la izquierda, donde está la ninfa Azura no, si la puerta de al lado.-le indico Apolo entre risas.
-No hace falta que le expliques papa.-le siguió el juego Will.- Él es mitad tubería, sabe perfectamente donde está.
-Lo de mitad tubería me va quedar por el resto de la vida ¿Verdad?-le susurró Percy a su novia, quien asintió y le beso buscando que sienta mejor, cosa difícil cuando no podía evitar las carcajadas.
—Tendrías que estar agradecido, Percy. Tu padrastro huele tan asquerosamente a humano que es capaz de enmascarar la presencia de cualquier semidiós. Lo supe en cuanto olfateé el interior de su Cámaro: Gabe lleva ocultando tu esencia durante años. Si no hubieses vivido con él todos los veranos, probablemente los monstruos te habrían encontrado hace mucho tiempo. Tu madre se quedó con él para protegerte. Era una señora muy lista. Debía de quererte mucho para aguantar a ese tipo… por si te sirve de consuelo.
-Puff gran consuelo.-comento Piper.
No me servía de ningún consuelo, pero me abstuve de expresarlo. «Volveré a verla —pensé—. No se ha ido.»
Me pregunté si Grover seguiría leyendo mis emociones, mezcladas como estaban. Me alegraba de que él y Annabeth estuvieran conmigo, pero me sentía culpable por no haber sido sincero con ellos. No les había contado el motivo por el que había aceptado aquella loca misión.
La verdad era que me daba igual recuperar el rayo de Zeus, salvar el mundo o siquiera ayudar a mi padre a salir del lío.
La cara del Señor de los Cielos no tenía precio.
Cuanto más pensaba en ello, más rencor le guardaba a Poseidón por no haberme visitado nunca, ni haber ayudado a mi madre, ni siquiera habernos enviado un miserable cheque para la pensión. Sólo me reclamaba porque necesitaba que le hicieran un trabajito.
-Ojala fuera tan fácil hijo, aunque veo que luego lo vas a entender.
Lo único que me importaba era mamá. Hades se la había llevado injustamente, y Hades iba a devolvérmela.
-Nada como el amor de una madre.- aseguro Lucas, pensando en su madre Noel y todo lo que tenía que soportar a diario viviendo en una casa con 7 vástagos.
«Serás traicionado por quien se dice tu amigo —susurró el Oráculo en mi mente—. Al final, no conseguirás salvar lo más importante.»
«Cierra la boca», le ordené.
-Sabia acción.-lo felicito Quirón.
La lluvia no cesaba.
La espera nos impacientaba y decidimos jugar a darle toquecitos a una manzana de Grover. Annabeth era increíble. Hacía botar la manzana en su rodilla, codo, hombro, lo que fuera. Yo tampoco era muy malo.
El juego terminó cuando le lancé la manzana a Grover demasiado cerca de su boca. En un megamordisco de cabra engulló nuestra pelota. Grover se ruborizó e intentó disculparse, pero Annabeth y yo estábamos muriéndonos de risa.
La sala tembló ante las risas, y muchos inmaduros que conseguían calmarse murmuraban megamordisco de cabra y volvían a estallar en carcajadas. Hasta el mismo Grover se rió.
Por fin llegó el autobús. Cuando nos pusimos en fila para embarcar, Grover empezó a mirar alrededor, olisqueando el aire como si oliera su plato favorito de la cafetería: enchiladas.
—¿Qué pasa? —le pregunté.
-Algo malo.-supuso Hazel.
—No lo sé. A lo mejor no es nada.
Pero se notaba que sí era algo. Empecé a mirar yo también por encima del hombro.
Me sentí aliviado cuando por fin subimos y encontramos asientos juntos al final del autobús. Guardamos nuestras mochilas en el portaequipajes. Annabeth no paraba de sacudir con nerviosismo su gorra de los Yankees contra el muslo.
-Nervios ¿Dónde?-dijo Leo en tono burlón.
Cuando subieron los últimos pasajeros, Annabeth me apretó la rodilla.
—Percy.
Una anciana acababa de subir. Llevaba un vestido de terciopelo arrugado, guantes de encaje y un gorro naranja de punto; también llevaba un gran bolso estampado. Cuando levantó la cabeza, sus ojos negros emitieron un destello, y mi pulso estuvo a punto de pararse.
-Hay mama Rea se ve espantosa.- dijo horrorizado Hades quien ya la había reconocido.
Era la señora Dodds. Más vieja y arrugada, pero sin duda la misma cara perversa.
-No de nuevo.- murmuro Hazel.
-JA! Ya tengo conque burlarme de Alecto, ese disfraz es horrible.- se regodeo Nico.- ¿Qué?- pregunto el muchacho extrañado ante la cara de eres-un-suicida-al-estilo-Percy que le lanzo su novio.
Me agaché en el asiento.
Detrás de ella venían otras dos viejas: una con gorro verde y la otra con gorro morado. Por lo demás, tenían exactamente el mismo aspecto que la señora Dodds: las mismas manos nudosas, el mismo bolso estampado, el mismo vestido arrugado. Un trío de abuelas diabólicas.
-Prefiero nuestras tres pequeñas niñas.-le comento Orión a Helena.
Se sentaron en la primera fila, justo detrás del conductor. Las dos del asiento del pasillo miraron hacia atrás con un gesto disimulado pero de mensaje muy claro: de aquí no sale nadie.
El autobús arrancó y nos encaminamos por las calles de Manhattan, relucientes a causa de la lluvia.
—No ha pasado muerta mucho tiempo —dije intentando evitar el temblor en mi voz—. Creía que habías dicho que podían ser expulsadas durante una vida entera.
—Dije que si tenías suerte —repuso Annabeth—. Evidentemente, no la tienes.
-El en que Percy tenga suerte con los monstruos Clarisse va ser coronada Miss Universo.- se burló Leo.
-VAS A MORIR ELFO.-y ese fue el grito de guerra de la hija de Ares antes de abaláncese sobre el hijo de Hefestos.
Gracias a la rápida intervención de Héctor y Chris, Leo consiguió salir ileso….aunque no lo va a hacer del próximo captura la bandera.
—Las tres —sollozó Grover—. Di immortales!
—No pasa nada —dijo Annabeth, esforzándose por mantener la calma—. Las Furias. Los tres peores monstruos del inframundo. Ningún problema. Escaparemos por las ventanillas.
-Y con ustedes la esposa de Sr. Optimismo, la Sra. Optimismo.-bromeo Nico.-No hay de que Leo, ya sabemos que no te ibas a arriesgar a decirlo.
—No se abren —musitó Grover.
—¿Hay puerta de emergencia?
No la había.
-¿Qué clase de colectivo es ese? No tienen ni las medidas básicas de seguridad, que vergüenza.-protesto Hefesto.
Y aunque la hubiera, no habría sido de ayuda. Para entonces, estábamos en la Novena Avenida, de camino al puente Lincoln.
—No nos atacarán con testigos —dije—. ¿Verdad?
—Los mortales no tienen buena vista —me recordó Annabeth—. Sus cerebros sólo pueden procesar lo que ven a través de la niebla.
—Verán a tres viejas matándonos, ¿no?
-Con tu suerte…no lo creo.- le respondió Andy.
Pensó en ello.
—Es difícil saberlo. Pero no podemos contar con los mortales para que nos ayuden. ¿Y una salida de emergencia en el techo…?
Llegamos al túnel Lincoln, y el autobús se quedó a oscuras salvo por las bombillitas del pasillo. Sin el repiqueteo de la lluvia contra el techo, el silencio era espeluznante.
-El silencio siempre es espeluznante.- canto Apolo.
La señora Dodds se levantó. Como si lo hubiera ensayado, anunció en voz alta:
—Tengo que ir al aseo.
—Y yo —añadió la segunda furia.
—Y yo —repitió la tercera.
-Genial! Las tres viejas juntas en el mismo baño, de solo pensarlo me dan escalofríos ¿No es así hermano?.- le pregunto Connor a Travis.
Y las tres echaron a andar por el pasillo.
—Percy, ponte mi gorra —me urgió Annabeth.
—¿Para qué?
—Te buscan a ti. Vuélvete invisible y déjalas pasar. Luego intenta llegar a la parte de delante y escapar.
-Pero su olor…- Hazel dejo la protesta sin completar.
—Pero vosotros…
—Hay bastantes probabilidades de que no reparen en nosotros. Eres hijo de uno de los Tres Grandes, ¿recuerdas? Puede que tu olor sea abrumador.
-Es, es.- murmuro Hedge.
—No puedo dejaros.
—No te preocupes por nosotros —insistió Grover—. ¡Ve!
-Tienen razón.- los apoyo Héctor.
-Yo lo escucharía, Héctor están buen estratega como el Héctor de Troya.- acato Lucas.
Me temblaban las manos. Me sentí como un cobarde, pero agarré la gorra de los Yankees y me la puse.
Cuando miré hacia abajo, mi cuerpo ya no estaba. Empecé a avanzar poco a poco por el pasillo. Conseguí adelantar diez filas y me escondí en un asiento vacío justo cuando pasaban las Furias.
La señora Dodds se detuvo, olisqueó y se quedó mirándome fijamente. El corazón me latía desbocado. Al parecer no vio nada, pues las tres siguieron avanzando.
-La debe haber desorientado lo abrumador de tu olor.-supuso el Señor de los Muertos.
Por los pelos, pensé, y continué hasta la parte delantera del autobús. Ya casi salíamos del túnel Lincoln. Estaba a punto de apretar el botón de parada de emergencia cuando oí unos aullidos espeluznantes en la última fila.
-NOOO.-chillaron Luke y Thalía preocupados por sus amigos.
Las ancianas ya no eran ancianas. Sus rostros seguían siendo los mismos —supongo que no podían volverse más feas
-JAJAJ cierto.- dijo Nico que se reía a pesar de Will lo regañaba con que no era el momento de eso.
—, pero a partir del cuello habían encogido hasta transformarse en cuerpos de arpía marrones y coriáceos, con alas de murciélago y manos y pies como garras de gárgola. Los bolsos se habían convertido en fieros látigos.
-Definitivamente me quedo con nuestras furias.- asintió Lucas nervioso.
Las Furias rodeaban a Grover y Annabeth, esgrimiendo sus látigos.
—¿Dónde está? ¿Dónde? —silbaban entre dientes.
-Está en el infierno, justo donde ustedes van a irse.- maldijo Annabeth.
-Annie, si estas tratando de insultarlas eso no lo es para ella.-le recordó Piper.- Viven en el Inframundo.
-OH cierto!-dijo la hija de Atenea apenada.- Entonces…entonces que se vaya a una tienda de Victoria's Secret.- pensó en todo lo opuesto a las furias.
Los demás pasajeros gritaban y se escondían bajo sus asientos. Bueno, por lo menos veían algo.
-Algo es algo.- aseguro Reyna.
—¡No está aquí! —gritó Annabeth—. ¡Se ha ido!
Las Furias levantaron los látigos.
Annabeth sacó el cuchillo de bronce. Grover agarró una lata de su mochila y se dispuso a lanzarla.
Algunos rieron nerviosamente ante la falta de armas letales del sátiro. Otros como Hedge le recomendaban armas más mortíferas y aptas para la destripación.
Entonces hice algo tan impulsivo y peligroso que deberían haberme nombrado para Niño THDA del Año.
-Va ser difícil que superes a Leo.- dijo Jason orgulloso de la tremenda cualidad de su amigo.
El conductor del autobús estaba distraído, intentando ver qué pasaba por el retrovisor. Aún invisible, le arrebaté el volante y lo giré abruptamente hacia la izquierda. Todo el mundo aulló al ser lanzado hacia la derecha, y yo oí lo que esperaba fuera el sonido de tres Furias aplastándose contra las ventanas.
La mayoría de la sala se moría de la risa debido ante el comportamiento del hijo de Poseidón.
-Muerteee!- gritaba Hedge blandiendo su bate, que nadie sabe de dónde saco.
—¡Eh, eh! ¿Qué dem…? —gritó el conductor—. ¡Uaaaah!
-No un demonio, solo un Percy.- comento Reyna tratando de no reír ante como Hera grito el "Uaaah" del conductor.
Forcejeamos por el volante y el autobús rozó la pared del túnel, chirriando, rechinando y lanzando chispas alrededor. Salimos del túnel Lincoln a toda velocidad y volvimos a la tormenta, hombres y monstruos dando tumbos dentro del autobús, mientras los coches eran apartados o derribados como si fueran bolos.
De algún modo, el conductor encontró una salida. Dejamos la autopista a todo trapo, cruzamos media docena de semáforos y acabamos, aún a velocidad de vértigo, en una de esas carreteras rurales de Nueva Jersey en las que es imposible creer que haya tanta nada justo al otro lado de Nueva York. Había un bosque a la izquierda y el río Hudson a la derecha, hacia donde el conductor parecía dirigirse.
-Alguien me repite como es que Percy consiguió su carnet de conducir.-pidió Lucas.
-Eso no es lo peor.-le contesto Will dejando al vástago asombrado.- Sino que aprendió a conducir con el Caro del Sol.
-Pero si el Prius de Paul sobrevivió a él.- trato de defenderlo Rachel.
-Porque antes papá le dio unas cuantas lecciones, que terminaron con temperaturas de 30 Cº en Vancouver en pleno invierno.-recalco el hijo de Apolo.
-Entonces fuiste vos!-lo acuso Frank recordando ese día.
Otra gran idea: tiré del freno de mano.
-Gran idea.-acordó Leo.
El autobús aulló, derrapó ciento ochenta grados sobre el asfalto mojado y se estrelló contra los árboles. Se encendieron las luces de emergencia. La puerta se abrió de par en par. El conductor fue el primero en salir, y los pasajeros lo siguieron gritando como enloquecidos. Yo me metí en el asiento del conductor y los dejé pasar.
-Tenía que ser Percy.- suspiro Reyna.
-Se-se cargó un autobús y sin usar ningún po-po-poder.- tartamudeaba Héctor sorprendido.
Las Furias recuperaron el equilibrio. Revolvieron sus látigos contra Annabeth, mientras ésta amenazaba con su cuchillo y les ordenaba que retrocedieran en griego clásico. Grover les lanzaba trozos de lata.
-Supongo que usabas el filo del metal para degollarlas ¿Verdad?-se dirigió el entrenador Hedge a Grover.
-No, solo las arrojaba.
- QUE CLASE DE SATIRO ERES! PERO QUE ROMPAS EL CRANEO.-gritaba el entrenador esperando la masacrare como siempre.
Observé la puerta abierta. Era libre de marcharme, pero no podía dejar a mis amigos. Me quité la gorra de invisibilidad.
-Eso es! Al diablo con todo, sálvalos.-lo apoyo Helena, ya que ella había hecho algo parecido por Claire durante la batalla en la playa de su querida isla.
—¡Eh!
Las Furias se volvieron, me mostraron sus colmillos amarillos y de repente la salida me pareció una idea fenomenal. La señora Dodds se abalanzó hacia mí por el pasillo, como hacía en clase justo antes de entregarme un muy deficiente en el examen de matemáticas.
-Qué tierna.-murmuro Frank.
Cada vez que su látigo restallaba, llamas rojas recorrían la tralla. Sus dos horrendas hermanas se precipitaron saltando por encima de los asientos como enormes y asquerosos lagartos.
—Perseus Jackson —dijo la señora Dodds con tono de ultratumba—, has ofendido a los dioses. Vas a morir.
—Me gustaba más como profesora de matemáticas —le dije.
-MUEERTEEEEEEEE.-chillo Hedge sobre las risas nerviosas.
Gruñó.
Annabeth y Grover se movían tras las Furias con cautela, buscando una salida.
Saqué el bolígrafo de mi bolsillo y lo destapé. Anaklusmos se alargó hasta convertirse en una brillante espada de doble filo.
Las Furias vacilaron.
La señora Dodds ya tenía el dudoso placer de conocer la hoja de Anaklusmos. Evidentemente, no le gustó nada volver a verla.
—Sométete ahora —silbó entre dientes— y no sufrirás tormento eterno.
—Buen intento —contesté.
—¡Percy, cuidado! —me advirtió Annabeth.
La señora Dodds enroscó su látigo en mi espada mientras las otras dos Furias se me echaban encima.
-UHHH.-exclamo la sala.
Sentí la mano como atrapada en plomo fundido, pero conseguí no soltar a Anaklusmos.
-AHHH.-coreaban ahora.
Golpeé a la Furia de la izquierda con la empuñadura y la envié de espaldas contra un asiento. Me volví y le asesté un tajo a la de la derecha. En cuanto la hoja tocó su cuello, gritó y explotó en una nube de polvo. Annabeth aplicó a la señora Dodds una llave de lucha libre y tiró de ella hacia atrás, mientras Grover le arrebataba el látigo.
-¿Pensé que solo le aplicabas llaves de judo a tu novio?-le pregunto Reyna divertida a Annabeth.
-Solo una psicópata le haría eso a Alecto.- dijo Orión con los ojos como platos.- Si que tiene agallas.
—¡Ay! —gritó él—. ¡Ay! ¡Quema! ¡Quema!
La Furia a la que le había dado con la empuñadura en el hocico volvió a atacarme, con las garras preparadas, pero le asesté un mandoble y se abrió como una piñata.
-Genial! Hola pesadillas con piñatas.-refunfuño Travis.
La señora Dodds intentaba quitarse a Annabeth de encima. Daba patadas, arañaba, silbaba y mordía, pero Annabeth aguantó mientras Grover le ataba las piernas con su propio látigo. Al final ambos consiguieron tumbarla en el pasillo. Intentó levantarse, pero no tenía espacio para batir sus alas de murciélago, así que volvió a caerse.
La sala entera aplaudía y gritaba apoyo hacia los combatientes de tan singular pelea en tan anormal arena de combate. Hasta algunos lanzaban sugerencias como "Apuñala en el ojo" o "Patea. Cabra. Patea."
—¡Zeus te destruirá! —prometió—. ¡Tu alma será de Hades!
—Braceas meas vescimini! —le grité. No estoy muy seguro de dónde salió el latín. Creo que significaba «Y un cuerno».
-Bien dicho!-grito Poseidón saltando de su trono con el puño alzado.
Un trueno sacudió el autobús. Se me erizó el vello de la nuca.
—¡Salid! —ordenó Annabeth—. ¡Ahora!
No necesité que me lo repitiese.
Salimos corriendo fuera y encontramos a los demás pasajeros vagando sin rumbo, aturdidos, discutiendo con el conductor o dando vueltas en círculos y gritando impotentes.
—¡Vamos a morir! —Un turista con una camisa hawaiana me hizo una foto antes de que pudiera tapar la espada.
-HAY NO!.- dijo asustada Afrodita.
—¡Nuestras bolsas! —dijo Grover—. Hemos dejado núes…
¡BUUUUUUM!
-OHHHHHHH.- fue ahora lo más exclamado en la sala…claro aparte del horripilante grito de Posedión de "ZEEEEEUUSSS".
Las ventanas del autobús explotaron y los pasajeros corrieron despavoridos. El rayo dejó un gran agujero en el techo, pero un aullido enfurecido desde el interior me indicó que la señora Dodds aún no estaba muerta.
-Hija de puta! No se muere con nada.- se le escapó a Lucas que estaba siendo estrangulado por Helena que estaba pegada a él.
—¡Corred! —exclamó Annabeth—. ¡Está pidiendo refuerzos! ¡Tenemos que largarnos de aquí!
-No hacía falta que nos lo digieras.- le respondieron Grover y Percy al libro.
Nos internamos en el bosque bajo un diluvio, con el autobús en llamas a nuestra espalda y nada más que oscuridad ante nosotros.
-Un hermoso panorama.- aseguro Reyna.
Y la sala entera se calmó un poco al saber que ese había sido todo el capítulo aunque seguían bastantes eufóricos por alentar en la pelea, en especial Hedge y Poseidón.
-¿Algunos de ustedes se escuchó?-pregunto en general la Reina Cola de Pavo Real.- Parecían unos aficionado tocados por Dionisio mirando un combate de Boxeo.
