Mientras los pokémon del bosque y del pueblo se movían para realizar aquel acto que sería decisivo en mi destino , Alexia iba en el bus mirando por la ventana algo aburrida. Ella era de esas personas a las que no le gustaba estar quieta, por lo que un viaje en bus le resultaba aburrido y molesto. Yo por mi parte iba en mi pokebola arrullada por el ruido del motor que podía sentir perfectamente, estaba triste pero trataba de emocionarme ante la idea de todo lo que iba a vivir, pero la imagen de Iio se me colaba en la mente y me daban ganas llorar. Trataba de calmarme, si me sacaban repentinamente de mi pokebola no quería salir con los ojos rojos y llorosos.

Continuaba en mi esférica prisión cuando un estruendo nos interrumpió. Algo había pasado afuera, pero desde donde estaba no podía saber qué era, de todos modos no escuché ningún grito ni llanto de parte de Alexia, así que al parecer estaba bien, pero a la primera señal de peligro saldría a defenderla.

No es que hubiera algún peligro verdadero afuera, ninguna bestia feroz había provocado aquel escándalo, lo que en realidad estaba pasando era que el ejército de butterfree había llegado y para detener el avance del bus y darle tiempo a Iio para llegar, habían liberado a los pineco que tenían encima. Estos chicos al caer en el camino usaron autodestrucción y con eso detuvieron el bus, los 5 pasajeros que iban dentro sufrieron el susto de sus vidas, pobrecillos. Por supuesto quien estaba más nervioso era el chofer, él vio la explosión al frente suyo y luego vio una jungla de alas y patas encima del vidrio, los butterfree se pararon todos allí para no dejarlo ver, si no podía ver no podría poner en marcha de nuevo la máquina.

Los pasajeros miraron nerviosos al chofer, este luego de calmarse salió de la máquina para espantar a los insectos que tenía encima.

—Fuera, shu shu, váyanse.

Pero los butterfree no se movían, ellos no pensaban dejar que el bus avanzara hasta que llegara mi amado. Aaawww, de solo pensar en eso me emociono, es como un relato de esas películas que le gusta ver a Iio. Pero para no desviarme del cuento, el asunto es que el chofer no tenía idea de la razón por la que los pokémon hacían esto, tampoco es como que ellos pudieran explicarle las cosas y llevar a los pasajeros a su destino era su trabajo, debía cumplir y debía hacerlo a tiempo. Sacó una pokebola de la que liberó un galvantula y le ordenó que electrocutara a las pobres mariposas. Uuuuu, mis pobres butterfree, obviamente ante un ataque como ese tenían que retirarse, era insectos voladores, a las cosas que vuelan les hace mal la electricidad, pero por suerte eran muchos y así podían resistir ¡Al ataque mis valientes!

A pesar del número, no eran demasiado organizados para atacar, por lo que su ventaja no era tanta. Galvantula tenía la situación mas o menos controlada y el chofer veía con alivio que pronto podría continuar el viaje, eso fue hasta que un rugido lo sacó de sus pensamientos. El caballero levantó la vista y se encontró con un sexy luxray que lo miraba fieramente, la mirada agresiva le daba puntos extra de sex appeal, me hubiera gustado ver eso... Aaahh, Zora mala, tú eres de Iio no tienes que andar pensando en otros pokémon.

Luxray sí era un oponente digno para galvantula y pudo hacerle frente sin problemas, ese muchacho era muy poderoso y pudo ganar tiempo suficiente para que llegara mi príncipe azul... Aunque yo lo llamaría príncipe azabache, Iio tiene el cabello y los ojos negros, luxray sería el azul, o algo así, bueno, es un dicho, no me voy a poner a cuestionar esas cosas.

La batalla estaba a la mitad cuando ambos pokémon sintieron que algo raro pasaba, una extraña neblina comenzó a rodear el bus junto con los cinco pasajeros que miraban bastante asustados desde las ventanas, ninguno sabía que estaba pasando.

Esa neblina era provocada por los zoroark, era una ilusión. Curiosamente la gente del pueblo hablaba mucho de lo peligrosos que eran los zoroark, pero casi nadie sabía exactamente de lo que eran capaces, por lo que no esperaban ver a este pokémon y todos entraron en pánico cuando vieron las siluetas de Zoruru y Zorumi aparecer de la neblina. Ni se fijaron en que un arcanine montado por un humano iba con ellos, simplemente se alejaron de las ventanas y se fueron al fondo del bus donde se apiñaron temblando de miedo. El mismo choffer en cuanto los vio, corrió dentro del bus a esconderse, su valor no alcanzaba como para retarlos a una batalla y siendo el bus la única cosa que había para protegerse se metió adentro. Galvantula al ver a su entrenador ir dentro del bus lo siguió, más por la lealtad que le tenía que por miedo.

La única que no se fue a esconder fue Alexia, ella no temía ni a los zorua ni a los zoroark, para ella solo eran pokémon como cualquier otro, además se fijó que iban acompañados de un arcanine y reconoció a Iio entre ellos. Sorprendida y... Hay que decirlo, emocionada de verlo, se bajó del bus para encontrarse con él. Supongo que todavía no había superado del todo el rechazo de Iio y tenía la esperanza de que hubiera ido a buscarla, pobrecita. En todo caso tampoco adquirió la actitud sumisa de correr a sus brazos y recibirlo, esa chica tenía su orgullo y luego de haber sido rechazada, no lo iba a aceptar tan fácil.

—¿Y qué se supone que haces aquí Iio? ¿Acaso has venido a buscarme ahora que sabes que me voy del pueblo?

—Eh... Pues yo...

—No me digas nada, tú me botaste por esa otra ¿Acaso la otra te rechazó y ahora vienes a consolarte conmigo? No cariño, yo no estoy para ser el juguete de nadie.

—Eso no...

—Me hiciste bastante daño, no fue nada lindo, no creas que te perdonaré tan fácil, yo ya tomé la decisión de irme de viaje y ser coordinadora pokémon, ahora ese es mi sueño y mi única preocupación, tú ya estás fuera, pero si de verdad quieres...

—¡Alexia cállate y escúchame! —Alexia quedó bastante perpleja, Iio nunca levantaba la voz y rara vez se enojaba, era una persona muy tranquila.

—E... Habla

—Alexia, no he venido por ti...

—¿Qué? ¿Entonces para que viniste? ¿Acaso fue para desearme un buen viaje? No quiero tus buenos deseos, si mantuve en secreto esto de mi repentina partida fue porque no quería despedidas, no quiero la lástima de nadie, no quiero escuchar nada de "Oh pobre chica, se va para olvidar al chico que le rompió el corazón", no quiero nada de esa mierda, yo me voy para ser una estrella y brillar.

—Ah... Eso es genial... Creo... —Iio estaba nervioso, no sabía como explicar lo que estaba haciendo, pero un gruñido de Zoruru y su mirada asesina lo obligaron a hablar. Suspiró profundamente y empezó—. Alexia, yo no vine para buscarte, ni para despedirme, ni para tenerte lástima... Yo... Te sonará algo extraño pero he venido para pedirte que dejes a la zorua que capturaste.

—¿Qué? ¿Cómo supiste que capturé una zorua? ¿Y por qué te interesa esa pokémon?

Ahí fue cuando Iio se puso nervioso ¿Cómo explicar lo que realmente pasaba? ¿Cómo decir que estaba enamorado de un pokémon? ¿Cómo contarle que quería una relación tan rara y antinatural? Los pokémon se toman las cosas de forma un tanto más relajada, pero los humanos son muy estrictos en cuanto a su forma de pensar y a las normas sociales. Una verdad como esa podría hacer que Iio fuera rechazado, tal vez tildado de loco pokefílico, aunque en estricto rigor lo sería y supongo que yo sería una humanofílica o algo así. Si Alexia se tomaba mal la notica podría negarse a entregarme para salvar a Iio de... Una relación peligrosa. El pobre estaba pensando en qué hacer cuando un terrible estruendo interrumpió el momento.

Iio y Alexia miraron hacia el lugar del que provenía aquel ruido tan estridente, entonces vieron entre la niebla a un enorme número de criaturas. Allí estaban los pokémon del callejón y otros pokémon del pueblo que yo no ubicaba muy bien pero que habían escuchado mi historia, también estaban mis amigos de la granja y además de eso un enorme grupo de zoroark ¡Era el club de fans de Zoruru! Habían venido a apoyar mi causa, por supuesto, todos ellos habían sido informados por Chanteau y por Glicencio, eran todos los amigos que había hecho durante mi vida que me querían ayudar, fue increíble, fue entonces que a Iio se le ocurrió la excusa que podría dar para explicar por qué me quería.

—La zorua que capturaste no es una zorua cualquiera, ella es muy especial, ella es famosa y querida por los pokémon del lugar, tanto del bosque como en el pueblo. Todos la aprecian mucho y por eso nadie quiere que se vaya y me pidieron a su manera que impidiera que te la llevaras, si esta zorua se va dejarás a muchos pokémon tristes.

Alexia lo miró sorprendida ¿Cómo no? Esto no era algo que pasara todos los días, miró a su alrededor y vio a todos los pokémon que habían venido a buscarme.

—Esto... No lo puedo creer ¿De verdad esta zorua es tan especial? No... No es justo, eso hace que la quiera aún más.

—Alexia...

—Pero... Si hay tantos pokémon que se pondrán tristes por no tenerla, supongo que podría dejarla ir pero... El problema es que necesito tener tres pokémon para ir a mis concursos, si te dejo a zorua entonces tendré solo dos y ya estoy partiendo de viaje ahora mismo, no puedo cambiar mis planes de forma tan repentina, me están poniendo en un aprieto.

Iio la miró preocupado ¿Qué podía hacer? Tampoco la idea era incomodar tanto a Alexia, pero curiosamente la solución al problema estaba más cerca de lo que creía. Sintió que le lamían la mano y al mirar se dio cuenta de que había sido Ark el que había hecho eso, bastó que se fijara en sus ojos para entender lo que le quería decir. Es cierto que la mayoría de los pokémon no pueden hablar el idioma humano, pero a veces a su manera, pueden comunicarse de forma muy eficaz, sobre todo cuando existe un fuerte lazo entre el humano y el pokémon. Entre Iio y Ark existía ese lazo, una mirada le bastó para entender lo que le quería decir.

No pudo evitar ponerse triste ante esto, abrazó a Ark con fuerza y mucho sentimiento. Por lo que supe después, este arcanine había sido su primer compañero, un regalo de su padre para que estuviera a su lado y lo acompañara y era doloroso tener que separarse de él. Pues sí, eso era lo que Iio iba a hacer, iba a intercambiar a Ark por mí. El pokémon de fuego no tenía problemas con esto, él quería abandonar la granja, viajar y conocer lugares. Ya sabía que hacerlo solo era un tanto aterrador, pero si iba con un humano a su cargo se sentiría más seguro, también le dolía tener que dejar a Iio, pero lo que más deseaba era que este fuera feliz conmigo, así que estuvo dispuesto a sacrificarse y partir por nuestro bien.

—Alexia... ¿Qué te parece si te intercambio a Ark por esa zorua?

—¿¡Que!? ¡Pero Iio! Ark fue tu primer pokémon ¿De verdad piensas dármelo? Piénsalo bien.

—Ya lo tengo bien pensado, esa zorua es demasiado importante, no espero que lo entiendas, son cosas que se sienten en el corazón, Ark está de acuerdo en ir contigo así que... Aunque no lo quieras, sólo me queda desearte un buen viaje y pedirte que cuides bien de mi amigo, ojalá ganes muchos concursos con él.

Alexia lo miró sorprendida, creo que todavía no era capaz de comprender lo que pasaba, pero luego de un momento de duda, asintió y sacó mi pokebola entregándosela a Iio, este por su parte tomó la pokebola de Ark, guardó a su pokémon y se lo pasó a Alexia.

—Bien, ya está hecho —Dijo Alexia con tono serio—. Asegúrate de que esa zorua sea feliz y... Supongo que con esto ahora los pokémon me dejarán en paz y podremos continuar nuestro viaje ¿Verdad?

—Por supuesto.

—Entonces... Me voy.

Alexia subió al bus con expresión ensimismada, la verdad algo triste, parece que le dolía la idea de ver a Iio alejarse otra vez, por un momento tuvo una esperanza en su corazón pero esta se volvía a desvanecer. Pero aún así, antes de desaparecer dentro de la máquina, se asomó por la puerta y gritó:

—Adiós Iio, vete y sé feliz junto a esa zorra.

Iio sonrió algo triste, tampoco le gustó tener que herir los sentimientos de Alexia, sabía que ella lo que quería era insultarme, pero la verdad es que técnicamente que me digan zorra no es un insulto para mí porque... En realidad lo soy. Iio la miró a los ojos y le dedicó una de esas cálidas sonrisas típicas de él y dijo.

—Adiós Alexia, buena suerte y mucho éxito. Serás una gran coordinadora.

Alexia no respondió, simplemente se fue para que no alcanzaran a ver las lágrimas que casi se le salían de los ojos. Como siempre eso yo no lo vi, me lo contaron, puede que haya sido la impresión de algunos pokémon o quizás en verdad fue así, pero sea lo que sea, yo no pude verlo.

Terminada aquella escena, Iio y los demás pokémon se apresuraron a abandonar el lugar y dejar al bus en paz, el chofer no partiría hasta que los zoroark se fueran y se le pasara el miedo y no queríamos retrasar más el viaje de Alexia.

Fuimos hacia un lugar solitario pero muy espacioso, nadie se quiso ir, todos estaban expectantes por ver el gran final de esta extraña historia de amor, Iio estaba un poco nervioso, pero aún con todos aquellos espectadores se armó de valor y me liberó de mi pokebola.

Salí de dentro haciendo una hermosa pirueta tal como Alexia me había enseñado, se supone que los pokémon de coordinadores siempre salen con gracia y me dijo que cada vez que me llamara debería hacerla para practicar. Claro que en cuanto vi a Iio se me olvidó toda la gracia y corrí hasta él como si mi vida dependiera de ello.

—¡Iio Iio!

—Zora —dijo agachándose para recibirme en sus brazos.

Brinqué hasta él, pero antes de aterrizar tomé forma humana cayendo sobre él, estaba demasiado emocionada, tanto que no pude evitar ponerme a llorar. Mis orejas y mi cola quedaron al descubierto, pero él ya sabía toda la verdad así que no importaba, estaba demasiado feliz. Le lamía la cara sin parar mientras lo manchaba con mis lágrimas, ni siquiera lo dejaba hablar. Entonces cuando menos me lo esperaba, me agarró el rostro y me besó en la boca, me dio mucho calor, creo que me puse color tomate, pobres tomates, viven avergonzados, y aunque tenía un cosquilleo en la panza, calor en todo el cuerpo y unos nevios terribles, simplemente me entregué. Eso era lo que quería, estar con Iio, tenerlo conmigo y no separarme de él jamás. Fue un momento mágico, por primera vez en mucho tiempo me sentí tan tranquila y plena. Aquel instante podría haber durado mucho tiempo si no fuera porque un "awwwww" de los pokémon de alrededor hizo que me diera cuenta de mi situación.

—¿¡Eh!? ¿Qué hacen todos ellos aquí? Y... Y... ¡Iio, nos están mirando! ¡Aaaah! ¡Son los pokémon del bosque! Iio, nos descubrieron, nos... ¿Y qué hago yo contigo? ¿No debería estar con Alexia? ¡Alexia! ¿Dónde está? ¿Le pasó algo?

—Tranquila, vaya que eres rara, primero me saltas encima y luego te vienes a preocupar de tu situación.

—Es que me emocioné al verte —dije con un hilo de voz.

Iio entonce se incorporó y empezó a explicarme lo que había pasado, me relató todo, desde que Zoruru y Zorumi fueron a buscarlo, de la ayuda que recibieron de los pokémon del pueblo, de que Alexia me había dejado ir y que ahora yo era la pokémon de Iio.

—Entonces ahora soy tuya... —Dije con las mejillas coloradas.

—Eh... Sí, supongo que puedes decirlo de esa manera —contestó igual de rojo que yo, se veía tan adorable.

—Iio, ahora vamos a poder estar juntos de veras. —Lo abracé y comencé a frotar mi rostro contra el suyo mientras movía mi colita—. ¡Estoy tan feliz!

Parece que a Iio le molestaba un poco mi cola moviéndose tanto, porque me la tomó suavemente para dejarla quieta, pero que te toquen la cola provoca una sensación tan... Rara, solo pude decirle con un suspiro.

—Iio no me toques la cola frente a todos, es vergonzoso.

—Lo siento. —Dijo soltándome, sin duda Iio también tendría que aprender algunas cosas de los pokémon.

—Zora —me dijo aún abrazándome—. Quiero pedirte algo... Tú... ¿Te casarías conmigo?

—¡Si! —Le dije alegremente lamiéndole la mejilla cariñosamente, luego recordé que los besos humanos no son así y le di uno como corresponde, entonces me puse a pensar en lo que me dijo y tuve que agregar—. Iio, una duda ¿Qué es casarse?

—Zora, me dices que te quieres casar conmigo ¿Y ni siquiera sabes lo que es eso?

—Si es algo que me pides tú entonces no puede ser algo malo ¿Cierto? ¿No es nada que nos obligará a alejarnos?

—Claro que no, de hecho es lo contrario, deja que te explique...


Aguanten que esto aún no acaba, falta un epílogo. Prepárense para llorar.