Capítulo 2
Luego de varias semanas a que la guerra terminara, todo empeoro. El cuerpo de mi padre no soporto las heridas y aun con los cuidados de los mejores sanadores de Jonia termino por abandonar esta tierra.
No tuve tiempo de superar el duelo, no hubo ninguno para empezar. Mi madre se centró en mis debilidades explotándolas en un duro entrenamiento, ayudándome a dominar todo tipo de artes marciales. Ya no vería a la cara a los ciudadanos de Jonia, no… solo a las personas de mi clan y mis entrenadores.
Cuando cumplí los catorce años de edad terminé superando con creces las expectativas de la orden Kinkou. Esta era la orden más importante de Runaterra, una elite de los mejores guerreros del mundo dedicados a preservar el balance de Jonia y sus estados aliados.
Recibí la petición de que me uniera a ella y la acepté deseosa, era mi destino después de todo el suceder a mi madre en su título de Puño de las sombras. Asi que escuche cada pregunta que el gran maestro Kusho me hiso y conteste desde el fondo de mi corazón.
- Ni tu posición ni tus habilidades serán razón para tener un privilegio, serás trata igual a todos mientras estés bajo nuestro mando, ¿Comprendes? -
- Si -
Mi título, lo que ahora se había convertido en mi propio nombre, me acreditaba el deber de eliminar aquellos que atentaban el equilibrio en Valoran.
- Deberás dejar atrás los ideales que se hallan arraigados en tu clan -
- Y únicamente serás recordada por tus acciones, ¿Estás de acuerdo? -
Sabía que la reputación que ganaría era prácticamente heredada y seria juzgada como tal. Todos cuestionarían mi actuar, les parecería incorrecto y en algún punto sádico. Estaba lista para ignorar aquellos que interfirieran en mi camino y aniquilarlos si fuera necesario…
- ¿Prometes dar la vida para mantener el equilibrio? -
- Lo juro -
Todo comenzó de cero, mis temores habían sido sofocados, mis habilidades se habían vuelto precisas y balanceadas, y mi corazón apenas latía ante la duda. Era todo lo que se esperaba de mí.
"Hacemos lo que se debe hacer " habían sido las palabras de mi madre en la primera misión que debí realizar, su sonrisa me hacía dar cuenta de los sentimientos que guardaba sobre ella.
La admiraba incluso siendo fría y distante, sabía dentro de mí que en ella se albergaba la sabiduría que daban los años y la experiencia exacta de lo que pronto iría a vivir.
Jamás podría cuestionarla, sería estúpido hacerlo ya que ella parecía no arrepentirse de nada en su vida. Con eso me bastaba para saber que todo estaría bien si cumplía con sus expectativas sin temer algún día no poder hacerlo.
Las misiones de la orden eran peligrosas y exigentes y se requería que nuestras acciones fueran lo más secretas posible. Sería muy difícil que encuentres a un ninja caminando libremente en la ciudad y menos que tuviera un contacto en ella.
Éramos personas sin rostros, cubiertos por una máscara en el anonimato. Solo conocidos por nuestro título o nuestras hazañas, los mejores en completar la tarea sucia de la sociedad.
Pero la guerra como había prometido nos había cambiado, las reglas que mantenían el honor ancestral de la orden Kinkou se transformaron sutilmente al fin, luego de un par de años.
Deje de estar sola, dos compañeros cuidaban mi espalda ahora. Lo que parecía imposible antes ahora se había vuelto para mi necesario. Como si a un guerrero que solo usa su espada le enseñaras a defenderse con un escudo.
Me cuidaron como familia y me trataron como un igual. Pronto acabe aceptándolos, uniendo mi camino de apoco al de ellos.
El menor era un Yordle llamado Kennen, proveniente de la ciudad de Bandle.
Era extranjero, algo inusual en esos momentos dentro de la orden, pero sus habilidades mágicas habían llamado la atención desde que había puesto sus pies sobre el Placidium. Al principio creí que sus poderes nacían de sus emociones ya que era una bola de energía que parecía querer explotar en cualquier momento, pero luego descubrí que su magia salía de su corazón como una tormenta. Era asombroso ver como controlaba tan inmenso poder siendo tan joven.
El otro era un guerrero de las sombras que había formado parte de la orden desde mucho antes de mi iniciación. Pertenecía al clan que había dado inicio a la orden Kinkou y que por consecuencia la lideraban.
Hacia años su clan se había mantenido en constante conflictos con el mío, previos a la guerra. Pero lo que comenzó con una enemistad se había perdido por el interés comercial de controlar gran parte de las islas de Jonia en conjunto, evitando así que los clanes más pequeños se alzaran al poder.
Shen al igual que yo, había heredado el nombre especial del Ojo de la tormenta. Cumplía con la tarea de decidir quien vivía o quien no, mientras yo ensuciaba mis manos aceptando su elección. Era frio y calculador y jamás coincidíamos en nada. Pero al volverse mi compañero supe que era alguien que cuidaría mi espalda aun si nuestros ideales fueran diferentes al final del día.
Empezamos entrenando juntos y mi mente tardo en borrar la idea de que un ninja debía trabajar solo. Pero luego de que las misiones comenzaran a ser un triunfo tras otro, descubrí que era más sencillo decidir el destino de nuestro objetivo sabiendo que podía equivocarme mientras alguien cuidaba de mí desde las sombras.
Tenerlos a mi lado me saco un gran peso de encima, al punto que deje que ellos manejaran las misiones actuando solo cuando la única alternativa era eliminar a sangre fría.
Empezamos a comprendernos con miradas silenciosas, sabiendo que se esperaba del otro y lo que se debía hacer, manteniendo nuestros secretos y obrando sin juzgarnos ni cuestionar los motivos.
Aprendí mucho de ellos, hasta el día de hoy lo sigo haciendo... supongo es natural confiarles mi vida a los que ahora puedo llamar mis hermanos…
- Kennen, ven aquí... ¿Qué le haz echo a mi muñeco de pruebas? - lo acuse molesta mostrándole los retazos en el suelo del muñeco que usábamos para entrenar, dónde un par de shurikens habían quedado clavados en la madera – ¡No puedo creerlo, es el segundo esta semana! -
- ¿Q-que? No esta tan mal, solo debemos cocerlos un poco y pegarlos y... - se excusó mi compañero Yordle intentando rearmar el muñeco, pero el suspiro de Shen a sus espaldas lo freno en seco.
- Solo veo una solución, es tu deber suplantar a los muñecos hasta que los arreglemos… -
- Ehhh ¿Por qué yo? Tú eres mucho más resistente, mi piel es blanda y suave ¿Verdad? - respondió Kennen estirando el pelaje marrón que cubría su brazo mientras miraba a Shen suplicante, pero como era digno de su nombre este negó con la cabeza cruzándose de brazos.
- Eres rápido, esquivaras sus ataques -
- Nooooo -
Riendo lo tome de los brazos divertida, antes de que pensara en escapar.
- ¿Estás listo? -
- ¡Akali!... Déjate de juegos - me grito una voz severa detrás de mí, haciéndome girar de pronto y lanzando a mi compañero al suelo.
Mi madre me miro irritada a unos metros de mí, aun sabiendo que mi sorpresa se debía solo a su presencia. Era inusual verla en el templo de la Orden, se suponía que ya no pertenecía a ella.
Era evidente que algo grave había sucedido.
- ¿Necesitas de mi asistencia? - pregunte inclinando mi cabeza para ocultar la vergüenza en mi voz.
- Sígueme… -
Caminamos juntas sin detenernos hasta perder de vista a mis dos compañeros, alejándonos del área de entrenamiento.
- Le eh pedido a la Orden que busque otro tipo de ayudantes... más acordes a ti, pero no me escuchan -
Me tranquilizo saber que ellos no estaban cerca para oír sus palabras, no quería que el más pequeño de los dos saltara ofendido lanzando rayos por la boca por más gracioso que sonara.
- Pierdes tu tiempo con ellos y lo sabes...- volvió a decir irritada de ser ignorada - Pero no estoy aquí por eso, tenemos un problema más grande entre manos, debo pedirte un favor -
Era inusual que su voz pareciera preocupada, en especial cuando se dirigía a mí, asentí y espere a que encontrara las palabras para explicarme lo que sucedía, pero estas no vinieron fácilmente.
- Estas al tanto de que hemos perdido integrantes de nuestra familia estos últimos dos años, incluso aliados en la orden que se van sin una razón en concreto -
- Eligieron irse por voluntad propia - respondí provocando que la llama natural que poseían sus ojos claros se reavivara.
- Si...y ah pasado un tiempo hasta que comprendí la razón de ese repentino cambio Akali - murmuro hablando en voz baja, inclinándose para que lo que estaba a punto de decir solo llegara a mis oídos - Fueron reclutados por un hombre… uno muy poderoso -
Me miro con cuidado buscando alguna señal en mi rostro que al parecer no pudo encontrar.
- Solía ser un aliado, hace muchos años cuando apenas eras una niña, pero ahora me temo que su nombre… se encuentra en la lista, ¿Puedes entender la gravedad del asunto? - me pregunto volviendo a alzar la voz.
Lo comprendía a la perfección, existía una lista accesible a todos los integrantes de la orden, éramos instruidos ni bien ingresábamos sobre ella.
En su interior estaban los nombres de los hombres más buscados de toda Jonia y gran parte de Runaterra. Eran peligrosos e inestables. La mayoría ladrones, asesinos... genocidas, algunos absortos de ningún crimen, pero con poderes que se extendían más allá del control humano.
Tardamos en aprender que podían tomar fácilmente la vida de muchos de nosotros, solos los mejores eran capaces de cazarlos en grupos… y aun así la mayoría de veces la misión era fallida.
- Me encargare de el por ti - respondí inclinando mi cabeza y arrodillándome frente a ella, dispuesta a enfrentarme a él a solas si así lo requería mi clan. Pero mi madre agito su cabeza negando, mientras su puño se cerraba en su pecho ofuscada.
-No, no debes interferir, solo… solo asegúrate de entrégale esto -
Obligándome a incorporarme, tomo mis manos y me dejo en ellas un pesado pergamino. Parecía viejo y polvoriento y apenas pude distinguir el símbolo de mi clan en él.
Dándose cuenta rápidamente de la incertidumbre en mi rostro, me rogo con la mirada que cumpliera su pedido y que rompiera solo por una vez las reglas.
Y no había forma de que me pudiera negar, mi clan siempre había sido mucho más importante que mi reputación en la orden.
- Prometo que lo entenderás, solo ve por favor -
Terminé alejándome lo más que pude de la Orden, lejos casi llegando hasta el final de la isla.
Allí oculto por la neblina del mar como me había indicado, se encontraba un templo cernido al borde de un barranco.
Nadie había pisado estas tierras en años, no después de que el clan Iba muriera en su totalidad durante un cruel saqueo de piratas impiadosos.
Me detuve a observar a los hombres vestidos de negro entrenando a mitad de la noche. Parecía que más de uno estaba llegando a su límite, y sin embargo ninguno se detenía. Era admirable, pero no era algo que fuese a mi favor.
Decidí caminar directo al templo sin molestarme a tratar de escabullirme en su interior, no había necesidad de ocular mi presencia como pronto afirmé al ver que salvo uno o dos curiosos que alzaron la cabeza al verme pasar, el resto parecía ignorarme.
Dentro note que nadie se había molestado en restaurar el lugar aun estando en uso, el polvo lo cubría todo y las antorchas que debían alumbrar los pasillos estaban apagadas desde hace años.
No me malinterpreten, no me encontraba confiada en lo que me iba a encontrar adelante, la oscuridad era tan aliada mía como de ellos… pero algo me decía que no estaba aquí para saldar cuentas con algún extraño.
Llegando al final del pasillo me encontré con una hoguera encendida en el medio de la recamara principal.
Era grande y su fuego intenso iluminaba la cara de las personas reunidas ante él. Sus rostros descubiertos delataron al instante quienes eran, líderes de clanes menores como los Sato y los Kuma.
Vestían de blanco y azul, era claro que era una junta política en la que discutían acaloradamente frente a un hombre que permanecía en silencio.
Toda mi atención se centró en el a sabiendas que aun si me ignoraba sus ojos se habían clavado en mi por un instante al verme entrar. Llevaba un uniforme de color negro y rojo oscuro y una máscara ocultaba por completo su rostro dejando apenas al descubierto sus ojos.
Me recosté en una de las columnas y esperé paciente a que la reunión terminase y todos se retiraran.
Y en el momento que quedamos solos, él se giró y me miro satisfecho al ver que el resto no había podido notar mi presencia.
- Me alegra que te hayan enviado a verme - hablo por primera vez con una voz profunda, acercándose a mi lado con sus brazos extendidos – Pude experimentar como mis subordinados te mencionan, sus rostros se iluminan con una intensidad abrumadora que me atrae al pensar que se puede reconocer tu fuerza a través de tu nombre –
Parecía como si su voz se tiñera de una fuerte emoción, que se acrecentó al llegar a mi lado donde pude notar sus ojos rojos brillar ante la intensidad de la hoguera.
- Es un placer conocer al fin al Puño de las sombras en persona -
Me quede en silencio pensando en que decir mientras él se inclinaba frente a mí y se cruzaba de brazos, escondiendo sus manos bajo sus mangas.
- Quisiera que sepas todo sobre nuestro propósito, pero me temo que si soy impaciente no aprenderás como es debido, del modo que tu madre espera que lo hagas...-
Alertada ante el chasquido metálico resonando en sus brazos, me asegure que viera como apretaba las kamas en mi cintura.
- Si tanto admiras mi nombre, sabrás que no hay nada que necesite aprender - respondí mirándolo desafiante ante su ofensa - O que puedas enseñarme… -
El hombre rio animado bajo su máscara, negando con su cabeza con gracia como si no pudiera notar la tensión en su huésped.
- Espero que no lo digas en serio, sería mucho más sensato dudar sobre nuestra ignorancia que afirmar que no hay nada por aprender...- exclamo suspirando y dando un paso hacia adelante sin intimidarse en absoluto - Pero me temo que será mejor si te hago una demostración -
Estiro su brazo y me tendió la mano, dejando al descubierto las cuchillas filosas que sobresalían del dorso de su mano.
- Perdón mi educación, mi nombre es Zed... ¿Me permites esta pieza? -
Tome una de mis kamas y atente fallidamente a cortarle el brazo derecho de un intento, consciente de que podría esquivar mi ataque con facilidad pero buscando demostrarle que no formaba parte a lo que sea que había planeado mi madre.
- Se quien eres, un traidor -
Era un hombre que le había traído mucho dolor a uno de mis hermanos. Un cobarde que había decido abandonar la orden al final de la guerra.
Él se corrió lentamente riendo y comenzó a pasearse satisfecho con lo que había hecho, mientras dejaba que escuchara como afilaba sus cuchillas en la oscuridad.
- Jamás dejamos de aprender… Akali - volvió a hablarme animado para asegurarme que el también sabía a la perfección quién era - Nosotros, los humanos tendemos a buscar salir de un estado primitivo a uno más complejo y superior constantemente -
¿Buscaba que lo atacase? Abandonando su explicación, acabo posándose frente a mí dispuesto a dejarme atacar primero.
- Vamos puedo demostrártelo, intenta mejorar con tu segundo golpe -
Sintiendo mi cuerpo agitarse ante el atrevimiento, no dude un instante en saltar sobre el dispuesta a que se arrepintiera de darme esa oportunidad. Mi kama logro esta vez alcanzarlo sin esfuerzo, pero el desapareció en el instante que se hundió por completo en su pecho.
Atónita mire a mis costados expectante viendo como la sombra frente a mi tragaba mi brazo por completo.
¿Qué tipo de magia era esa?
- Lo que aprendas de tus enemigos, es una ventaja que incorporas para siempre - exclamo Zed aprovechando que estaba desorientada para tomar dos shurikens que habían permanecido guardados bajo su manga y lanzándolas de súbito a mis espaldas. Recuperándome a tiempo, logre esquivarlas haciéndome a un costado apenas… pero la sensación de que me atravesaban llego a mi cuerpo en el instante siguiente, sintiendo mi espalda arder en el lugar donde habían rozado las dos estrellas.
No era posible... ¡Los había esquivado!
Al ver que no había rastros de lo que me había lastimado, acabe descubriendo la sombra que había dejado mi oponente detrás de mí. Se movía por sí misma, incorporándose de forma burlona del mismo modo que su dueño y no tarde en comprenderlo...
- Los errores que no te arrebaten la vida serán tus lecciones hasta el último día… las cicatrices estarán ahí para que no los olvides nunca – siguió ignorando mi confusión, con su voz serena. Pero su calma termino cuando se abalanzó sobre mí en un destello, rotando en si para perforar mi cuerpo una vez más con las cuchillas de sus brazos, sonriendo al ver que me arrepentía de haber puesto mi atención en la sombra a mis espaldas.
Me tenía encerrada, aun si había logrado esquivar la sombra que imitaba sus movimientos, fui demasiado lenta para esquivarlo a él. Asustada ante el segundo ataque, recurrí a una de las pequeñas bombas que los ancianos de mi clan se empecinaban en que llevara a mis misiones, al dejarla caer una cortina de humo lleno la sala mezclándose con el que provocaba la hoguera, ocultando mi presencia al instante.
"Es muy fuerte… no puedo vencerlo" pensé oculta entre las sombras esperando escuchar su voz, mientras intentaba recuperar el aliento sin hacer ruido.
¿En qué me había metido?, ¿Por qué me habían encargado hablar con él?
- No tengas miedo, no podemos ser ignorante de lo que vivimos… un humano no puede volver a sus comienzos, a sus origines... solo podríamos lograr eso a través de la muerte...-
Las ansias me propasaron y me lance de nuevo sobre él, provocándole el mismo dolor que me había causado al clavarle la kama en su espalda y arrastrándola con fuerza sobre su torso.
Escupiendo luego de unos segundos la sangre que salía de su boca, giro su cabeza con esfuerzo para verme una vez más.
¿Por qué?, ¿Por qué sonríe? Era demasiado ingenua para creer que podía derrotar de esa manera a un hombre al que la orden consideraba digno de pertenecer en la lista.
- Quiero demostrártelo, lo que consigues… si logras superar ese estado… puedes terminar convirtiéndote en el más fuerte de los guerreros…- susurro, conteniendo el dolor pulsante que carcomía su cuerpo, teniendo una fuerza inhumana para mantenerse en pie - Alguien fuerte y sagaz… que sus necesidades de pelear son… tan primitivas... como las de un animal -
Desesperada al ver que mi golpe no había provocado el daño suficiente, alce mi kama para asestar el golpe final con mi mente llena de dudas del por qué mi madre quisiera tener algo que ver con aquel hombre... pero el volvió a desaparecer en un instante dejando una de sus sombras, sosteniendo con fuerza mis manos.
- ¿Q-que? - balbuce aturdida al ver como Zed se alzaba sobre mi haciéndome caer al suelo con una opresión en el pecho que me saco el aliento.
Y en una fracción de segundos sentí mi estomago abrirse lleno de sangre.
Abrí los ojos sin soportar el dolor y lo vi hundiendo sus ojos rojos en mí, ignorando sus propias heridas mientras se alzaba de pie en lo alto.
- No soy como ellos Akali, no te enseñare a sanar tus heridas, te enseñare a alimentarte del dolor de tu presa… si fuera alguien como ellos tu podrías haberme matado - revelo al fin volviéndose a cruzar de brazos, ocultando sus cuchillas de nuevo al verme derrotada.
- Si fuera como ellos te hubiera dejado ver sin corazón como la vida se escapaba de mis manos como algo inevitable…-
Tome mi pecho, intentando incorporarme en vano mientras mi cabeza daba vueltas. Hasta que sentí que algo me levantaba del suelo.
Sus manos me tomaron de los hombros para que pudiera verlo a la cara una última vez.
-No…Yo te enseñare lo que un verdadero ninja debe ser… Un guerrero que le escapa a su propia muerte…-
Y pude ver sin resistencia como tomaba el pergamino que había dejado olvidado colgado de mi cintura, al tiempo que me alzaba en sus brazos sin esfuerzo.
…Por fin lo entendía, la reunión, los líderes, el pergamino...
Era un mensaje de unión, de rendición.
Cerré mis ojos deseando que sus palabras fueran ciertas, mientras los ideales que mantenía sobre mi clan se derrumbaban a pedazos.
