Capítulo 3

Tres años después...

Jamás había escuchado gritar a uno de sus hombres de esa manera, lo había oído detrás de la puerta de su habitación... un grito sin vida que lo despertó de un sueño profundo.

La realización de que lo tenían atrapado como un ratón lo golpeo con fuerza y se incorporó de un salto. Debía huir a cualquier coste, no podía dejarse matar como un cobarde en su cama.

Quien quiera que haya llegado hasta él no le había dado tiempo a sus compañeros de alertar y pronto lo encontraría.

Olvidándose de los tesoros que habían conseguido la noche anterior y que hoy permanecían desparramados por toda la habitación, tomo de entre ellos el objeto más valioso de todos. Era una espada que irradiaba magia con solo verla, hecha de un fino cristal que parecía quererse romper al primer golpe. Pero él bien sabía que era el arma más filosa y mortífera de toda Jonia. Con ella había llegado a convertirse en líder de los Lobos de plata, un grupo siniestro de guerreros que saqueaban sin piedad a aquellos viajeros que deambulaban por las islas.

La desenvaino y la apunto a la puerta viendo como aun poseía la sangre de los guardias de aquel cargamento que habían atacado la noche anterior. Jamás había limpiado su más grande trofeo y hoy tampoco lo haría. Así era la forma en la que demostraba que su arma era superior a cualquiera.

Pero por más poder que poseía, si lo encerraban en ese lugar nada podría hacer.

Decidido, patio fuertemente la puerta dispuesto a clavar el arma al primer asesino que se cruzase… pero en lugar de una amenaza, sólo encontró los dos cuerpos de sus guardias tirados en el suelo olvidados.

- ¡Maldición!,¿Quien anda ahí?- vocifero enervado esperando a que quien quiera que estuviera en las sombras lo oyese.

"No me cazaran como a una rata…no los dejare" Se aferró con sus dos manos a la espada y comenzó a correr por el pasillo con todos los sentidos en alerta.

- ¡Salgan de donde están cobardes! - mascullo enfurecido al no poder ver nada a su al rededor.

"Ahhh sus pasos, puedo escucharlos... ¿Están aquí?, ¿Donde?"

La oscuridad lo sacaba de quicio, ellos estaban jugando a su antojo en ella. Su única oportunidad era salir al aire libre donde se verían obligados a mostrarse si querían acabar con él… Sí.

- ¡Basta de juegos!-

Rompiendo la puerta con todo el peso de su cuerpo se lanzó a la salida viendo por fin la luz del amanecer.

- Je... -

Su suspiro se contuvo en su pecho al ver al ninja erguido frente a él con sus manos lejos de sus armas... sin siquiera considerarlo una amenaza.

Rendido, el hombre cayó al suelo y tiro su espada a un metro de él a sabiendas que sería inútil pelear con el Ojo de la tormenta... Sabía que todas las leyendas eran ciertas.

- Por fa...-

Un ruido seco interrumpió su ruego por completo al hacer caer rodando su cabeza a unos centímetros de su poderosa y ahora inútil espada.

Shen vio sin inmutarse el resto del cuerpo derrumbarse a los pies de su compañera, sintiéndose irritado ante el resultado.

- No era necesario matarlo, solo había que capturarlo - espeto el hombre con voz severa, decepcionado con su forma de actuar - No esperes a que vuelva a creer que era inevitable -

- Lo sé, no lo era... pero considero que la Orden valora más las habilidades de sus guerreros que el destino de estos criminales - le respondió esta observando con interés la inusual espada que ahora se encontraba en sus manos - Solo hice lo que debía hacer, no debería complicarnos cuando lo informemos…-

- No es a lo que me refiero, él estaba rogando...-

- No era arrepentimiento, solo era miedo ¿Debemos hablar de nuevo sobre esto?, ¿Tienen que tener derecho a vivir después de todo lo que hicieron?- inquirio la joven sacándole la funda al cadáver y volviendo a mirar a su compañero ofendida.

- Akali...- musito Kennen saliendo del edificio y mirando la escena apesadumbrado. Se suponía que habían entrado al mismo tiempo pero ella se había adelantado para acabar con todo más rápido.

- ¿Estas juzgando mis acciones Ojo de la tormenta? - inquirió la ninja manteniendo la mirada del hombre e ignorando por completo al Yordle.

Shen suspiro ladeando la cabeza, era la tercera vez que esta conversación se repetía.

- No, no tengo derecho a detener el curso de las decisiones que tomes por tu cuenta... solo considera oportuno seguir los consejos de tu superiores de ahora en más -

- De acuerdo… me encargare del resto – respondió Akali dándoles la espalda a los dos y regresando sobre sus pasos.

Su misión había acabado y solo restaba devolver el arma robada si asi lo quisiera. Pero no tenia interes de regresar al templo junto a sus hermanos.

Cautivada por el brillo que emitía, intento sacarle la sangre seca que la cubría, lamentándose del mal estado en la que el ladrón la habia conservado. Mientras caminaba, intento recrear en su mente las palabras que realmente había querido decirle a su compañero.

Por mucho que Shen creyera que estaba en lo correcto no podía evitar sacarla de sus casillas.

La habían criado para esto, ¿no? No era una amenaza para ellos, pero si para el resto de las personas. Lo que hizo era lo correcto, utilizar sobre ellos la misma misericordia que tenían sobre sus víctimas.

¿Por qué deberías perdonar a alguien que cometía un crimen sin ser castigado? El equilibrio dictaba que las acciones negativas que causábamos tendría un efecto en nosotros mismo, la Orden se aseguraba siempre de eso.

Los días pasaban y las ganas de renunciar a ella eran aún más grandes que antes, era leal a sus hermanos y siempre lo seria... pero sus caminos parecían distanciarse cada vez más a un punto de no retorno.

Había llegado a las puertas de la madurez sintiendo lejos del lugar en el que sus ideales eran una verdad absoluta. No había barreras claras de lo que se debía o no hacer. Y los resultados le demostraban que el equilibro se encontraba de varias formas, inclusos las que rompían las reglas sagradas de la Orden.

Odiaba como se negaban a ver la verdad, ¿Cómo eran capaces de ignorar el poder salvaje e inagotable que cubría toda Jonia? Y la sola oportunidad de controlarlo todo…

Con la espada de cristal aun colgando en su espalda, entro al templo en busca de sus compañeros, pero el lugar estaba completamente desierto.

- Akali - le susurro una voz grave al oído haciéndola temblar ligeramente durante unos instantes.

No sabía por qué lo seguía o porque había estado dispuesta a dejar todo atrás por el... pero su fuerza la atraía devuelta a este lugar, pareciendo imposible cuestionar sus palabras aun cuando a veces dudaba de sus significados.

Sonriendo, largo un suspiro contenta mientras se daba vuelta para encontrarse cara a cara con su maestro. Había descubierto su rostro antes de entrar, le gustaba sentirse expuesta ante él, aun si el jamás le había mostrado el suyo, quería que viera su honestidad cuando hablaban y también su inusual sonrisa.

- Veo que te ordenaron acabar con una simple tarea - murmuro en un tono monótono, viendo con desinterés la espada que colgaba en sus hombros.

Un agujero se formó en su estómago anticipando que defraudaría a su maestro.

- Aun no pude acercarme, se empecinan en dar misiones sin importancia a los de mi clase - murmuro la joven hundiendo la vista en el suelo – Eh intentado llamar la atención, pero aun no me llama el consejo -

Zed ignoro sus palabras, rodeándola con su brazo para remover la espada de su funda. La observo entornando sutilmente sus ojos al ver el cruel estado en la que se encontraba.

- No te apresures lo haces bien… era un riesgo que un ladrón manipulara algo como esto, siempre debes evitar que el enemigo conozca a fondo el poder que posee en sus manos -

- Si maestro - respondió la joven intentando no bajar la mirada al sentir que volvía a guardar la espada en su lugar y centraba su atención en su rostro, acariciándolo levente con su palma.

- Me alegra que estés aquí, eres la única en la que puedo confiar últimamente -

Soltando su rostro, Zed comenzó a buscar ausente sobre la mesa el mensaje que había estado leyendo antes de su llegada.

- Están listo, puedo sentirlo - murmuro satisfecho al terminar de leer la carta en sus manos.

Akali se había acercado al templo, con el riesgo de atraer la atención de sus hermanos. Pero no podía evitarlo, hoy se reunirían todos sus discípulos en un solo lugar, como él siempre lo había deseado.

Y sabía muy bien a que se refería, los había visto entrenar noche y día durante horas, aun no la sacaba de su asombro lo mucho que progresaban como un fuego que no temía extinguirse.

Eran duros y centrados, educados en el arte de la guerra y pulidos hasta en el más mínimo detalle. Seguían órdenes como perros y se alimentaban vorazmente de los secretos que su amo les revelaba. Con técnicas prohibidas y olvidadas que solo traían desequilibrio en las almas débiles e impuras.

Y ellos no paraban, él tenía razón, un humano jamás sacia sus ansias de conocimiento, no cuando estas le causan placer e inflan su ego. Pero lejos estaban de ser simples animales… Si le ofreces un hueso a un perro este dejara de ansiarlo en el momento en que se lo escondes, pero los humanos no, ellos están aquí haciéndote saber que no arrancaran los dedos de tu mano mientras esta le dé de comer.

Era aterrador como él había transformado las miserias de un hombre mediocre para convertirlos en eso... enseñándoles lo suficientes para que solo bajen la cabeza si era para mirar al enemigo en el suelo, pero no lo necesario para que su líder se vuelva su principal amenaza.

- Hay mucho por hacer, quiero que todos puedan ver los cambios que puedo realizar, las nuevas oportunidades que tendrá Jonia son ilimitadas y no puedo dejar de pensar que todo sería más fácil si me hubieran entendido desde un principio -

- Lo harán, nosotros lo hicimos -

- Lo sé, mis estudiantes mantienen mi sanidad a raya cada vez que me cuestiono si hago las cosas bien… Quiero que nuestro poder reluzca ante todos, es por eso que hoy se hará una reunión donde por fin decidamos cuáles serán las cosas que cambiaremos en Jonia - comento el ninja con su vista ausente, sentándose frente a la mesa.

- Estarán ansiosos por escucharte -

Zed negro con la cabeza, molesto ante las palabras complacientes de su estudiante. Recostándose sobre el asiento le pidió que se acercara, aun con el mensaje en sus manos.

- No iré, ellos no necesitan que alguien les diga los detalles menores de lo que ansían hacer... No por ahora -

Akali intento anticipar lo que sucedería, sin saber que hacer o que decir, al llegar a su lado avanzando un poco más de la cuenta. Usualmente él se entretenía viéndola pelear con sus estudiantes modelos... pero esta vez el templo estaba vacío.

- Me temo que te pediré que tú tampoco asistas - susurro mirándola a los ojos con detenimiento, su mano rozando su estómago para indicarle que la distancia no era suficiente.

Podía sentirlo, la forma en la que la miraba cada vez que hacia algo bien...

- Ven...hoy no estarás absuelta de tus lecciones -

Aquella noche las horas pasaron lentamente y por primera vez deseo haberse dejado la máscara puesta mientras la sostenía quieta contra el suelo frio.

Lo había esperado ¿Verdad? El reconocimiento de su maestro. Quería que la viera por sobre todos los demás, que reconociera lo diferente que era, lo capaz.

Pero sintiéndose vacía, se alejó por primera vez de su lado con un dolor punzante en su interior. No le había dicho palabra alguna y ahora sus mejillas incendiadas recordaban a la perfección lo que había vivido con su rostro pegado al suelo en completo silencio.

Era un privilegio ¿Verdad? Algo que solo ella había ganado y nadie más. Quería gritar pero solo se obligaba a pensar que todo saldría bien. Su maestro estaría ahí en el momento que su mundo se derrumbara, cuando el dolor cesase y la frustración se ahogase en su pecho.

No quería reflexionar lo que había sucedido, en el fondo sospechaba que no había nada que aprender más que el hecho de quien la poseía.

Cuando regreso a su clan, lavo su cuerpo y volvió a cubrir su rostro con su máscara, tratando de calmar sus emociones mientras se preguntaba si pronto todo cambiaria con lo que se decidiese en esa reunión.

"Akali, que te muestres segura en todo momento es de vital importancia para nuestro clan, nuestro espíritu se mantiene unido gracias a tu nombre y tus logros traen honor a tu familia, jamás olvides eso…"

Era inútil impacientarse...por la mañana vería a sus compañeros como si nada hubiera sucedido. Sus piernas dejarían de temblar para entonces y con suerte su corazón lograría calmarse.

"Lo prometo…"

Deseaba no sentirse tan sola mientras le mentía a todos los que una vez amo.