Capítulo 7
Estaba parado frente a ella, a tan solo unos metros de distancia cuando al fin se movió. El tercer objetivo no le dio tiempo a respirar lanzándose con su lanza.
" Demasiado lento..." Pensó soltando un suspiro al esquivarlo. Esta vez el hombre que la atacaba no era débil, no, era el más fuerte de todos pero por suerte también era...el más asustado.
- Rahhhhggg - gritaba enloquecido blandiendo su lanza sin razonar viendo a la mujer frente a él, listo para matarla.
Había sido fácil, demasiado. Akali sintió la punta de la lanza rozarle su rostro seguida velozmente del cuerpo del hombre que la sostenía. Y antes de que siguiera su curso su única arma termino atravesando el pecho de su rival, justo en su corazón.
Tres...
Un sonido en seco la hiso perder el equilibrio cayendo encima del hombre herido en el suelo.
"No, no pudo haberme alcanzado"
El cuarto hombre, la miro caer viendo la sangre brotar de su cintura a borbotones donde el proyectil se había incrustado.
Así que… estaban dispuesto a utilizar un arma de las que usaban los pobladores de aguas estancadas, sus balas era más que pequeñas que un shuriken e igual de preciso. Akali conocía las poderosas armas que se fabricaban en otros lados a la perfección, pero… jamás las había experimentado en carne propia.
Dolía, dolía mucho y su cabeza daba vueltas al pensar que moriría al lado de una de esas bestias. Intentando enfocar su vista, sus ojos se entrecerraron al ver al cuarto hombre.
"Que descuidada fui"
No había contado con la posibilidad de que Noxus usara esa triste táctica de cobardes… pero ahí estaba, el más cobarde de los cuatros tirado en el suelo, con un charco de agua bajo sus pies y lágrimas de miedo en sus ojos mientras la apuntaba tembloroso con un arma que ya no tenía balas.
Pero era demasiado tarde para alcanzarlo.
Incorporándose, la ninja logro mantenerse de rodillas en el suelo sin animarse a cerrar sus ojos. Podía recordarlo en estos momentos, al hombre que había invadido sus pesadillas cientos de veces de niña… el primero al que le había sacado la vida.
Era un criminal, alguien destinado a morir que solo sirvió de propósito en su iniciación como ninja. Estaba inmóvil como un insecto en una telaraña, su cuello expuesto para ser asfixiado por manos que apenas podían rodearlo.
Pero no importaba las atrocidades que había hecho, ella estaba horrorizada ante el fuego en su mirada.
En pánico, había apretado fuertemente su cuello sollozando frente a su sonrisa mientras intentaba zafarse con todas sus fuerzas.
¿Por qué? ¿Por qué si iba a morir parecía seguir luchando… porque no se rendía?
No se atrevió a dejarlo respirar hasta sentir que dejaba de moverse y sus ojos se apagaron. Pero ya era tarde, había podido ver a la perfección lo que era la muerte.
Apoyando sus manos en la tierra, logro recuperar sus fuerzas intentando cubrir su herida.
Podía hacerlo, debía hacerlo, no tenía opción.
Ignorando los chillidos que producía el joven petrificado del miedo, se acercó lentamente con una kama colgando pesadamente en su brazo izquierdo.
"¿Puedes verlo?,¿Puedes verlo en mi mirada?"
Pronto los gritos cesaron al llenarse el suelo de sangre. El arma que sostenía cayó al suelo dejándola completamente indefensa.
Quería sonreír, había ganado. Pero solo se sentía avergonzada de haber llegado al punto de drenarle la vida a su enemigo de esa forma tan salvaje.
Perdiendo la fuerza en sus piernas se derrumbó en el suelo sintiendo el olor de la sangre revolverle el estómago.
¿Era esto lo que tenía que pasar? ¿La Orden estaba al tanto?
Sintió el odio arder en su pecho, esa era la razón por la que su gente había decidido darle la espalda a la orden y unirse a las sombras. Era la razón por la que no dudaba seguir a ciegas a su maestro.
Los tiempos de paz habían quedado en el pasado.
- El juego se acabó – escucho con un zumbido en sus oídos mientras intentaba incorporarse con sus manos en su herida.
Dándose vuelta, el aire escapo sus pulmones al cruzar sus ojos con la voluntad de las cuchillas.
Tenía una mirada impotente y fría y parecía irradiar una fuerza imperceptible para el resto de los hombres. Pero no podía hacer nada, estaba bajo la opresión del duro brazo de un noxiano que mantenía su cuchillo pegado a su cuello.
Uno de ellos exploto en gritos al ver la escena ante él y fue corriendo, deseando que alguno de sus compañeros siguiera con vida.
Era extraño ver esa preocupación en un noxiano, pero sabía que su líder la estaba provocando con su mirada a que se atreviera atacar al hombre conmocionado cerca de su rango.
- Mátenla de una vez por toda – ordeno el general Bock impacientándose.
Instintivamente la joven pensó en como escapar, odiando saber que su única chance era la persona frente a ella de rodillas. Pero era inútil, solo parecía una joven indefensa a los pies de un cruel guerrero a sus ojos.
Era el fin, Akali decidió que mantendría su mirada fija en la mujer que se suponía debía proteger mientras uno de los hombres se acercaba con su hacha hacia ella, disfrutando cada momento en el que vengaría a sus compañeros.
Era extraño, los ojos de la guerrera también parecían brillar con una intensidad diferente a lo que conocia, no eran llenos de vida si no algo más… y se preguntó si era su forma de ver la muerte.
Pensaba mantener su mirada hasta el último segundo, cuando los ojos de la guerrera se cerraron fuertemente al escuchar un estruendo.
- ¡No! –
De una brusca sacudida el baúl se zafo de brazos del noxiano y las pequeñas cuchillas se abrieron paso a través de la madera.
- ¡Mátenla! – fueron las últimas palabras del general antes de que las cuchillas se incrustaran en su rostro, atravesándolo como papel.
Zafándose del sujeto que la sostenía, profirió un gruñido animal mientras sostenía su cabeza con fuerza.
Estaba fuera de control y las cuchillas completaron su trabajo por ella explotando a todos alrededor.
El atacante de la ninja apenas pudo girarse al ver la lluvia de cuchillas despedazar a sus compañeros sin control. Lección numero uno de un enemigo de los Kinkou, jamás le des la espalda a un asesino. Fue el último en caer al suelo junto a sus compañeros…
Su cuerpo se detuvo en seco, viendo la fuerza indestructible que rodeaba el cuerpo de la capitana.
Era la misma… la misma joven que vio restaurar el honor de su pueblo volviendo casi de la muerte ese día. La joven que de su sola presencia en una batalla en la que ella no pudo hacer nada la atormentaba desde hace años…
Pero no era la misma, la voluntad de las cuchillas parecía estar fuera de sí en esos momentos.
- Ahhh - gimió ocultando su rostro en sus rodillas en el suelo, tomándose la nunca con sus manos mientras las cuchillas giraban erráticas a su alrededor.
Parecía estar teniendo una fuerte batalla mental en su interior, era como ver un tornado fuera de control. Hasta que de un fuerte golpe el cofre que sostenía el hombre muerto termino por abrirse de par en par liberando el resto de sus armas en el aire.
Calmándose, Irelia detuvo su respiración agitada con la vista hundida en el suelo, hasta que las cuchillas comenzaron a caer una a una como si la magia las abandonara.
La misión había acabado… y había sido un fracaso total, pero Akali había cumplido de algún modo con su deber y ella seguía con vida.
Consiguiendo fuerzas para moverse, la joven Kinkou se acercó como pudo hasta ella apoyando su mano izquierda sobre su hombro para hacer que reaccione.
Pero la mujer en el suelo dio un salto en el lugar asustada, enseñándole en una fracción de segundos porque era la mujer más letal de Jonia.
La ninja vio con sus ojos abiertos de par en par las tres cuchillas clavarse en un instante ferozmente en su mano, hundiéndose con gran facilidad.
Sintiendo la herida en su hombro y la de su cintura arder junto con el dolor en sus brazos, hiso que su mente se nublara al no soportar el dolor y una risa irónica escapo sus labios antes de caer rendida.
Irelia la miro horrorizada durante unos segundos antes de reaccionar, saltando a su lado para sacar las cuchillas hundidas en su mano.
- ¡Lo siento, lo siento! –
Sin contestar, Akali miro el cielo apenas comprendiendo que sucedía hasta que pudo sentir como levantaba su cuerpo inmóvil como si no pesara nada.
Dejando los cadaveres de los noxianos atrás, con las kamas ahora descansando en la cintura de la capitana y las cuchillas flotando lejos de ella, Irelia cargo con la joven herida hasta la ciudad.
La joven que cargaba en sus espaldas a una nación…
Mareada la ninja hundió su rostro en su cuello cansada, sintiendo el perfume de su pelo mezclado con la sangre de Noxus y acabo relajándose de alguna forma extraña.
La escucho murmurar algo, pero su mente quedo en blanco al quedar al fin inconsciente en sus brazos.
Sin duda la voluntad de Ionia… era alguien mucho más fuerte de lo que ella podría llegar a ser algún dia.
