Capítulo 8
- ¡No puedes desobedecerme así! –
Sus ojos se abrieron de par en par, tragando el aire frio a su alrededor.
Confusa, toco su frente sintiéndola hervir y aun peor su mano arder ante el movimiento brusco.
Viendo las vendas que cubrían su cuerpo recordó todo lo que había sucedido y se incorporó en la cama nerviosa al tiempo que una voz tan potente como a la vez suave, llegaba a sus oídos a través del pasillo.
- ¡Pudiste haberte matado y no solo eso!... aun no puedo creer el estado en el que trajiste a esa pobre chica… ¿Qué esperabas que sucediera? Apenas podemos tener contactos con ellos no…-
- Lo siento… –
Hubo una pausa en la conversación y luego un suspiro apagado.
- Un capitán no puede solucionar sus errores pidiendo perdón, ¡Te eh dado este privilegio por que confiaba en ti! -
- Lo sé, solo creía que…-
- Se lo que creíste… no puedes conseguir nada de esos monstruos, debes olvidarte de esas tierras ya no pertenecen a Jonia… dudo que haya alguien vivo de los nuestros con esos noxianos –
Apenas audible, la mujer bajo su tono de voz calmándose al sentir que había cruzado la raya con sus palabras.
- Irelia… debes olvídate de lo que sucedió, ya pasaron demasiados años -
Al quedar el lugar en silencio, Akali sintió una incomodidad en su pecho al pensar que no debería escuchar lo que parecía ser una conversación privada.
- Tomare responsabilidad por mis acciones y haré todo lo posible para volver a recuperar tu confianza, mi mente se desvió de nuestro objetivo por ambiciones personales pero no volverá a suceder, lo siento Karma –
La mujer pareció convencerse de la sinceridad de sus palabras y comenzó a retirarse luego de un saludo cordial.
- Procura que cure sus heridas antes de que regrese –
Dicho esto, la mujer sonrió exasperada y se retiró.
- Mmm no planeo devolverla todavía – musito distraída la guerrera mientras abría la estera de su habitación y se encontraba cara a cara con la joven ninja.
"…Eso sonó mejor en mi mente" pensó carraspeando avergonzada.
- Oh uhm despertaste – murmuro entrando por completo a lo que parecía ser su habitación personal.
Akali intento incorporarse, pero un dolor agudo en sus costillas lo impidió.
- Recuéstate, no debes moverte demasiado – le aconsejo la capitana acercándose rápidamente a su lado. Pero sintiendo la tensión en el cuerpo de la ninja ante la cercanía se detuvo alzando sus manos en el aire para señalarle que sus cuchillas estaban lejos en la entrada.
- Abrirás tus heridas si sigues insistiendo -
Sin alternativas, Akali asintió a regañadientes volviéndose a acostar adolorida. Apenas podía mover sus músculos y sin embargo conseguía fuerzas para mover la mirada inquieta por la habitación.
- Oh, guarde tus armas en ese cajón – murmuro la joven al notar su preocupación, recuperando las kamas de la cómoda al costado de su cama.
Apoyándolas suavemente en su regazo, contemplarla con reparo las armas posando sus dedos cerca del filo.
- Probablemente no las necesites aquí, pero entiendo que algunas personas les cuesta alejarse de sus armas –
Irelia rio suavemente sin encontrar la reacción que esperaba en el rostro de la ninja. Las kamas habían pertenecido a su madre durante años, era normal tener un cierto apego por ellas.
¿Acaso sería igual de fuerte sin ellas? Sintiendo su ánimo ensombrecerse, Akali apretó inconscientemente el mango de una de las guadañas con fuerza, al recordar lo inútil que se sentía su cuerpo en ese estado.
- Bien solo…-
La capitana detuvo sus palabras, observando con un vuelco en su corazón los vendajes de su mano izquierda oscurecerse de sangre ante la presión.
-¡Detente!- le ordeno obligando a que aflojase su agarre, agarrándola de su muñeca– Sé que te sientes mal ahora, pero es solo hasta mañana… vendrá una curandera al amanecer -
"¿Mañana?"
La darían prácticamente por muerta si no daba señales de vida en la orden para ese entonces.
- Estarás a salvo aquí, esta vez lo prometo – le aseguro la capitana, incluyéndose a sí misma en sus palabras – Solo hasta mañana ¿De acuerdo? -
Derrotada, Akali se limitó a asentir indolente regresando su cabeza a la almohada.
- Traeré algo de comer en unas horas, intenta descansar – le aconsejo, levantándose para dejarla a solas otra vez en su cuarto descansando.
Irelia regreso al pasillo en donde la agitada conversación con Karma había sucedido y apenas necesito ver a sus espaldas para saber que las causante de todo el problema la seguían flotando de cerca.
Tal vez lo mejor que podía hacer por el momento era meditar por poco que le agradase la idea.
La capitana regreso por la noche, trayendo consigo una bandeja y un cuenco repleto de sopa hasta el borde.
- Espero tengas hambres – anuncio más entusiasmada al ver a la ninja incorporarse con menos esfuerzo que antes – Porque resulta que odio con todo mi ser este sabor y no podre acabar con lo que sobre –
Avasallada ante el cambio de humor de la guerrera, Akali no tuvo otra opción que aceptar la comida al sentir su estómago gruñir involuntariamente.
- ¿Te sientes mejor? -
- Si… -
Sonriendo más calmada, la capitana se sentó a su lado, intentando no desbordar la sopa en el proceso.
- ¿No piensas comer con eso puesto verdad? –
La ninja la observo irritada, ante el prospecto de revelar su rostro ante una completa extraña, aun si existía el viejo refrán de que nadie al que enfrente una batalla a tu lado se puede considerar un total desconocido, tenia sus resguardos.
Era difícil olvidar viejas costumbres.
- Es de mala suerte ver el rostro de un ninja – mintió a la espera de generar algo con sus palabras, pero solo logro acentuar la curiosidad de la guerrera.
- Muy bien, acepto el reto ¿Quieres que te ayude? –
Akali negó con la cabeza, tomando el cuenco entre sus manos, sintiendo las heridas arder ante el ligero cambio de temperatura sobre el vendaje.
- Puedo hacerlo sola, gracias…- se excusó la joven, mirando la salida con poca educación, sin estar dispuesta a comer en su presencia.
-…Bien, supongo que tampoco quieres que prepare un baño –
Negándose otra vez sin palabras, Akali se incorporó para sostener el tazón más cómodamente entre sus manos, notando que fuera de las sabanas su torso estaba casi desnudo, solo cubierto por un vendaje improvisado.
- ¿Me has…?-
Al comprender a lo que se refería, la capitana se apresuró a contestar un tanto avergonzada.
- Oh no, no podría curar a alguien por más que tuviera un simple resfrió… y eso viniendo de alguien que tuvo los mejores curanderos de Jonia a su disposición – sonrió la joven sonrojada.
- Fue la duquesa en persona quien atendió tus heridas, le pedí que no te sacara… ya sabes – le aclaro señalando su propio rostro para que entendiera – Al parecer le evite siete años de terrible mala suerte ¿Verdad? –
Akali sonrió bajo su máscara, hundiendo la vista en la sopa ahora olvidada en su regazo.
- Nueve años en realidad… - agrego al fin, sin saber por qué le seguía el juego, tal vez las heridas la habían dejado vulnerable después de todo – Gracias…-
Irelia resoplo sin estar segura de merecer un agradecimiento después de todo, seco sus manos de la humedad de la bandeja en su vestimenta sin cuidado antes de levantarse.
- Bien no dejare que se enfrié tu comida, pediré que nadie te moleste mientras duermes… te veré por la mañana -
La ninja no pudo evitar inclinarse ligeramente para saludarla, generando un gruñido de desaprobación de la voluntad de Jonia.
- Por favor, no vuelvas a hacer eso nunca más – le reprocho antes de dejarla a solas con su comida.
Sacando su máscara con facilidad, Akali sintió su pecho calentarse al probar la sopa y la termino devorándola en un instante a pesar de que el sabor no era el mejor. Confundida, observo a su alrededor la habitación preguntándose porque había decidido dejarla dormir en su cama a sabiendas que sus heridas posiblemente arruinarían las sabanas.
La habitación estaba iluminada con colores alegres, decorada con varios adornos florares y un par de retratos colgados en las paredes que no llegaba a distinguir a la distancia. Parecía el cuarto de una joven de clase alta y no la de una capitana de la milicia. Siendo el único vestigio de su nombre, la estructura de madera donde ahora descansaba su llamativa armadura roja.
Al terminar, Akali dejo el cuenco vacío sobre el cajón volviendo a recostarse.
Por alguna razón podía sentir el perfume que había percibido antes de perder la conciencia y comenzó a sentir su cuerpo relajarse.
Pensar en cómo había terminado ahí en primer lugar, solo le hacía doler la cabeza. Con suerte, por la mañana tendría fuerzas suficientes para volver a su hogar y dejar todo el asunto atrás.
