Estaba dentro de un sueño muy profundo de esos en los que cuesta despertar. Le habían ordenado subir hasta la cima del monte Targon sin comprender el porqué de esa misión tan absurda.
¿Cuánto tiempo había escalado sin nada de agua o comida en una zona prácticamente desértica?
Casi no lo lograba, en más de una ocasión había estado a punto de caer al precipicio pero se las había apañado para alcanzar el punto más alto de la montaña casi sin aliento.
Ningún humano jamás había estado ahí y el tesoro la aguardaba en la cima, era un misterioso artefacto de inmenso poder el cual convertiría a cualquiera que lo tocase en un semidiós entre mundanos humanos.
Aferrada a la pendiente, intentando no ser arrastrada a una muerte segura. Estiro su mano con todas sus fuerzas hasta que logro alcanzarlo, sosteniéndolo con ímpetu como si su vida dependiera de ello.
Al fin tomándole la forma pudo notar la filosa punta irregular de un poderoso y casi bendito… ¿Cuerno?
"¿Eh?"
Abriendo sus ojos de par en par, la joven quedo petrificada al darse cuenta de que realmente estaba sosteniendo el cuerno de alguien no tan humano entre sus manos.
- ¿Puedes soltarme por favor? - pregunto una voz calmada ante la mirada escandalizada de la joven - No lo tomes a mal, pero creí que tu gente era más reservada a la hora de conocer a otros -
Alzándose para que la viera con más claridad, la curandera le sonrió divertida tomando su propio cuerno para asegurarse de que todo seguía en su lugar.
- Lo siento – musito la joven mortificada, incorporándose en la cama con la vista clavada en las sabanas.
- Ah no es nada pero puedes invitarme a cenar primero la próxima - bromeo la mujer restándole importancia - Muy bien creo que eres mi paciente… parece que hubieras revivido a mitad de una momificación con la cantidad de vendas que llevas puestas, es realmente impresionante -
Suspirando agotada y sin estar dispuesta a seguir el juego, Akali asintió sin dar otra respuesta a cambio.
- Oh vamos, sé que estas sonriendo debajo de esa mascara… te advierto que los pacientes que no sonríen siempre se pierden el dulce al final -
La joven intento aflojar su mirada, deseando acabar con todo eso de una vez.
- Mi nombre es Soraka por cierto, un gusto conocerte –
Le tendió una de sus manos expectante, apoyando con la otra su bastón contra la cama.
- Se quién eres… - hablo al fin la ninja, tomando su mano con algo de esfuerzo y recibiendo una mirada curiosa a cambio.
A pesar de que no era inusual que la gente del pueblo la reconociera, no solía cruzarse con demasiado integrantes de la orden Kinkou y esperaba jamás tener que hacerlo en malos términos.
Solo sabrían las estrellas lo mal que la pasaría ese pobre ninja…
- Ayudaste a mi padre… en la guerra –
Akali había visto durante días a la leyenda frente a ella intentar salvar la vida de su padre con todos sus esfuerzos. Cuando al fin su espíritu abandono la tierra, recordaba sentirse molesta y a su vez agradecida por todo el trabajo que había hecho la llamada hija de las estrellas.
Fue la única que acepto ayudar a su padre a pesar de pertenecer a la orden e incluso permaneció a su entierro.
- ¿Cómo te llamas? - pregunto la maga con un dejo de simpatía en su voz al saber que había despertado recuerdos amargos en su interior, aprovechando que tenía su mano a su disposición para inspeccionar la herida de cerca.
- Akali, es un honor conocerte – se presentó al fin, inclinando su cuerpo mientras ignoraba el dolor que sentía.
- ¿Honor? ¿Es por el cuerno verdad? No hay necesidad de formalidades… creo saber a la perfección quien eres ahora que me has dicho tu nombre – espeto la curandera jactanciosa de tener información que la joven no, mientras le pedía ver las heridas del torso y sus pierna.
Soraka apoyo sus manos frías en la piel al rojo vivo, murmurando en voz baja palabras inentendibles que parecían iluminar donde quiera que sus dedos tocasen. Una herida de bala era una cosa seria y la duquesa había hecho un trabajo remarcable removiendo el proyectil.
- ¿Mejor? -
Era increíble, podía sentir el dolor cesar de a poco mientras sus heridas se cerraban a una velocidad asombrosa.
Aliviada, Akali le dio las gracias relajándose un poco en la cama en cuanto la sensación desapareció.
- Me temo que tus heridas sobrepasan mi magia pequeña, tardaran un par de días en sanar del todo – confeso apenada, remplazando sus vendajes viejos cubiertos de sangre por nuevos.
- …Has dicho que me conocías – murmuro la joven, alzando su vista mientras la vendaba.
- Oh si, por supuesto que eh escuchado mucho de ti – exclamo la maga con seriedad - Eres "El puño de las sombras" ¿Verdad? Si me preguntas es un excelente nombre para una heroína enmascarada… pero también sé que perteneces a la orden Kinkou y probablemente mueres de curiosidad por saber cómo se todas esas cosas –
Akali volvió a girarse esta vez sin poder ocultar la curiosidad en su mirada.
-… Me mataras si no te lo digo ¿Verdad?-
Al no recibir respuesta la maga se encogió de hombros, cruzándose de piernas antes de proseguir más cómoda con su vendaje.
- Tu compañero es una excelente persona y además un gran amigo, me ha hablado con pura estima y orgullo sobre sus dos compañeros estos últimos años -
"… ¿Shen?"
Sorprendida, Akali volcó su vista en el techo sintiéndose incomoda. Pensaba que jamás alcanzaría las expectativas de alguien como Shen y el saber que esas palabras podrían ser verdad le traía un extraño sabor amargo a su boca.
Probablemente se tratase de otra broma…
- Y no solo por el eh escuchado tus hazañas - agrego Soraka, sin notar el efecto que tenían sus palabras en la joven - Las historias que los tienen a ustedes tres como protagonistas recorren todo Valoran como los cuentos de fantasmas -
…Una orden de guerreros que restaura el equilibrio…
¿Acaso sus acciones habían traído el mismo balance que el de sus hermanos?
- Eso es todo, lamento no poder hacer más… los invocadores restringieron mi poder recientemente, ¡Que los maldigan! -
Akali le estaba por preguntar a que se refería, cuando un fuerte gruñido en su estómago provoco que la sanadora estallara en risas.
- Oh jajaja ¿Puedes imaginarlo? En una misión de máximo secreto, escondida en el techo a mitad de la noche y de repente grrrr –
- ¡N-no eh comido aun! - mascullo la joven al fin bajando sus paredes, volviéndose a sentir avergonzada.
- Tienes suerte, me tome la molestia de traerte el desayuno yo misma –
Akali levanto la mirada hacia la bandeja que reposaba en la cómoda confundida de encontrar solo un té y una simple banana.
- Te lo dije, solo los que sonríen tienen un dulce al final –
" Ja…"
¿No pararía verdad?
- Bien… creo que mi trabajo aquí está hecho – murmuro la sanadora recuperando su bastón y recogiendo los retazos del suelos en un cuenco – No incluiré tu desayuno en el coste, pero podría pedirte a cambio la contraseña de tu base secreta Kinkou –
Rodando sus ojos, Akali se rindió. Sus intensiones eran inocentes después de todo.
- Supongo que es lo justo… no hay contraseñas, pero cualquiera te dejaría pasar si lo tratas como a un inferior -
-¿Ah?-
- El punto es faltar el respeto, nadie lo suficientemente inteligente se atrevería a hacerlo si no está un rango mucho más elevado dentro de la orden… -
- Oh…entiendo, luego encontrarían mi cuerpo tirado en un callejón abandonado sin que nadie llegue a reconocer mi cuerno y acabaría muriendo en el anonimato… Es terrible, pero vale la pena el intento -
Satisfecha de haberle sacado unas palabras a la joven, Soraka le tendió al fin su preciado desayuno deteniéndose en la salida.
- No creo que entiendas mi letra por más que lo deje en un pergamino… pero recuerda reposar sin nada de asesinatos premeditados por las próximas dos semanas… e intenta no dormir con peluches tan peligrosos en la cama, tienes tendencias a tomar cosas filosas mientras duermes – la saludo al fin animada, señalándole las kamas en la punta de la cama antes de irse.
Akali suspiro agotada al escuchar la risa de la hija de las estrellas alejarse por el pasillo, dejando una sonrisa molesta plasmada en su rostro. Debía admitir que se había esforzado bastante en sacarla de sus casillas y lo había logrado.
Acabándose su pobre desayuno y sintiéndose libre de moverse al fin, se incorporó intentando no dejar la habitación en un caos antes de vestirse.
Quería irse cuanto antes de ahí, pero temía que sería injusto para su anfitriona si al menos no le daba las gracias.
Asomando su cabeza con precaución por el pasillo, Akali observo hacia ambos lados, antes de animarse a salir y avanzar. Y como ocurrió la primera vez la falta de seguridad no dejaron de sorprenderla, pudiendo ir y venir a sus anchas cuantas veces quisiera sin que nadie notara su presencia.
Buscando a la guerrera, acabo en el único lugar donde tenía acceso. Un gran comedor con una mesa alargada, llena de sillas completamente vacías.
Daba la sensación de que muchas personas vivían bajo el mismo techo sin embargo la mansión estaba prácticamente deshabitada.
Para su suerte, una de las sirvientas salió cargando unas sábanas blancas en sus manos, indicándole donde se encontraba la dueña de la casa con simpatía.
Asintiendo, Akali termino arrastrando sus pies al jardín en la parte de atrás de la mansión, ocultando su curiosidad por ver el resto del hogar.
Pero al llegar a su destino, se detuvo sorprendida al contemplar el cambio drástico de colores que brindaba la naturaleza.
Varios rosedales de distintas tonalidades rodeaban el jardín en perfecta armonía fundiéndose con el bosque a sus espaldas. Era una imagen cautivante, pero la belleza ocultaba algo oscuro en su interior casi desapercibido.
Un grupo de tumbas de piedra pequeñas, pegadas la una a la otra se perdían entre las flores sobresaliendo apenas de la tierra.
Las más cercanas al hogar debían pertenecer a la misma familia, no tenían nombres grabados en la piedra pero era una clara explicación de por qué la casa estaba tan vacía.
Era horrible, perder a tantos en un solo día…
Deslizando su mano sobre la lapida más pequeña noto los cortes casi imperceptibles que sin duda habían producido sus cuchillas sobre la piedra fría.
Los habitantes de Jonia consideraban un ritual sagrado el enterrar los cuerpos de sus seres queridos para regresarlos al lugar donde habían nacido y así poder liberar sus espíritus.
No recordaba haber vuelto a visitar la tumba de su padre desde que había terminado la guerra pero debía imaginar el dolor que había sentido la capitana para acabar dañando las tumbas de esa forma.
…El tamaño dictaba que se trataba de alguien que había fallecido a muy corta edad, los noxianos jamás se detienen ante nada…
Apartando la vista, noto que a un costado alejado en la entrada del bosque había otra hilera de tumbas desordenadas y menos decoradas que parecían ser mucho más recientes que las anteriores. Cada una a los pies de un árbol diferente con la tierra aun removida.
¿Eran de aliados o...?
Akali interrumpió sus pensamientos al escuchar el sonido de las cuchillas al chocar una contra otra entre los árboles.
Siguiendo el camino hasta ella, pensó que de algún modo podía percibir el espíritu de la joven en cada parte de ese jardín.
Era como si la sangre brotara de la tierra cubierta de una belleza pura…
Fue así que al fin la encontró, cerca de un pequeño estanque. Estaba sola, danzando mientras ignoraba el mundo que la rodeaba a su alrededor.
Era tan extraño ver a una guerrera tan poderosa moverse con tanta calma y sin embargo no podía apartar la mirada pensando en lo hermosa que era…
