Llegamos casi al final de la historia, aún no lo he decidido, aquí os dejo el capítulo, espero que lo disfruten.


No sé cuánto tiempo ha transcurrido, mucho menos conozco los pensamientos que se posiblemente se han formado dentro de la mente de Natasha, solo sé que no me mira, sus ojos están clavados en la nota que sostiene entre sus manos.

—¿Nat…? —le llamo esperando que mi voz le traiga de regreso a la realidad, pero pasan los segundos y ella sigue sin responder.

Comienzo a preocuparme.

—Yo —después de un rato escucho su voz, pero es como si estuviese en la lejanía, frunzo el ceño mirándole, esperando paciente que siga hablando —… pensé que todo había sido un sueño —suspira despegando, al fin, su mirada de aquel papel.

Puedo ver el temor en sus ojos, un sentimiento que debe ser casi desconocido para ella.

—Creí que esa noche —se sonroja —, por alguna extraña razón no había ocurrido y que mi mente lo había imaginado como en cualquier otra ocasión.

Me sorprende su confesión, aunque no me resulta difícil de comprender, y no es mi ego el que habla, sino el hecho de que la conozco bien, lo suficiente para saber que es capaz de tener esa clase de pensamientos, y quiero decirle que también yo lo he hecho, pero ella me lo impide volviendo a hablar.

—Pero sabía que era diferente —desvía su mirada —, por la forma en que todo sucedió. Incluyendo el asunto de Vormir —suspira y vuelve a verme —… estabas allí —asiento, aunque sé que ella no me lo pregunta, simplemente afirma —. Mientras caía y esperaba que la oscuridad se apoderara de mí, en mi mente estabas tú y lo único que podía hacer era pedirte perdón una y otra vez, sin comprender por qué.

Un nudo se forma en mi garganta, me resulta doloroso escucharla hablar de cómo vivió sus últimos segundos. Mi corazón se encoge cuando veo como una lágrima traicionera desciende por su mejilla, acerco mi mano en un intento por secarla, pero ella es más rápida y elimina cualquier evidencia de su rostro.

—Sabía que no iba a volver a verlos —hace una pausa y suspira —… y no sé qué hiciste para que yo esté aquí, pero gracias —me sonríe, así que le devuelvo el gesto.

—No tienes que hacerlo, porque honestamente no sé qué fue lo que realmente sucedió —suspiro y comienzo a explicarle mi versión de los hechos, ella solo escucha atenta lo que tengo para decir.

El dolor en mi voz hace que coloque su mano sobre la mía, en señal de apoyo.

—Pero todo cambió —giro mi rostro en dirección a la casa —… Tony está vivo, y Bruce se ha ido —susurro y vuelvo a concentrarme en ella, puedo ver que se aflige ante la mención de su nombre —. También tú estás aquí —suspiro profundamente — y creo que no tengo motivos para haber hecho todo esto —digo sin mirarle, siento pena por mí mismo y justo ahora la pequeña caja en mi bolsillo se siente realmente pesada, cuando en realidad no es así.

Natasha me mira por un instante antes de suspirar. Nos quedamos en silencio lo que parece una eternidad.

—¿En verdad lo haces? —susurra mirándome fijamente, puedo sentir como me atraviesa el alma, en mi rostro hay desconcierto, lo que hace que ella reformule la pregunta —¿Me amas?

—Con mi vida —digo sin dudarlo y mirándola a los ojos —, sé que tarde demasiado en decírtelo, lo sé —afirmo — y soy consciente que muchas veces mi actitud demostró lo contrario.

—Es muy difícil intentar competir contra el pasado —suspira —… y me siento la peor de las mujeres, aun cuando sé que lo soy, por haber utilizado a Bruce como ese algo a lo que podía aferrarme, al ver que tú no la dejabas ir.

Esta nueva confesión duele aún más que la anterior, ella no es consciente de lo difícil y doloroso que fue para mí verla con él, pero sé que es, quizá, lo mismo que vivió a causa de la sombra de Peggy.

—¿Qué pasará con ella, con tus sentimientos? —me cuestiona mirándome fijamente, le sostengo la mirada.

—Natasha, saber perfectamente que soy pésimo mintiendo, lo dijiste hace unas horas —digo al recordar, ella sonríe y asiente —. No te habría dicho que te amo y menos te propondría matrimonio si aún estuviese añorando mi pasado —cojo sus manos entre las mías y sonrío con ternura —. Estoy seguro de lo que quiero, y eso es compartir mi vida contigo. ¿Qué quieres tú?

—¡Eres un completo idiota! —me dice y aparta sus manos de las mías, se pone en pie —. Es claro que también quiero una vida contigo, pero tengo miedo de no ser lo que realmente esperas —susurra dándome la espalda, su voz está llena de frustración.

—¡Oh, vamos! —digo poniéndome en pie, me acerco a ella —Eres mucho más de lo que yo merezco —vuelvo a suspirar profundamente, intentando reunir valor —. Así que te lo preguntaré otra vez, quizá sea la última —sonrío y me arrodillo al mismo tiempo en que extraigo del bolsillo de mi saco la caja con la alianza —¿Te quieres casar conmigo?

Cuando pronuncio esas palabras, ella se gira y me mira desde lo alto, se muerde el labio ligeramente mientras sonríe, es posible que esté disfrutando el verme así. Camina de un lado a otro, cómo si se lo estuviera pensando con detenimiento.

—¡Maldita sea, Natasha! —la voz de Sam nos hace mirar en la dirección de la casa, todos están allí, observando —¡Necesitamos una respuesta! —vuelve a gritar haciendo que todos se rían, incluyéndola a ella.

La veo encogerse de hombro, con esa sonrisa divertida adornando su rostro, yo sigo arrodillado frente a ella.

—¡Sí! —susurra mirándome —¿Quién diría no a casarse con el Capitán América? —dice burlona mientras extiende su mano hacia mí, lo que me hace reaccionar, mirándola a los ojos le coloco la alianza en el dedo anular de su mano izquierda.

—¡Dijo que sí! —escucho gritar Pepper emocionada mientras les escucho acercarse a donde estamos.

Me pongo en pie, sonriendo ampliamente, Natasha sonríe igual.

—Lamento decepcionarte —susurro mientras la atraigo más cerca de mí, ella me mira con desconcierto —… pero te casarás con Steven Rogers y no hay vuelta atrás —digo divertido.

No le dejo protestar, la beso sin más.


¿Qué tal la historia hasta ahora?

¿Algún cambio?

¿Sigo escribiendo?