¡Hola a todos! Aquí les traigo el último capítulo de esta secuela. Espero que lo disfruten.
Han pasado seis meses desde aquella noche, la noche en que Natasha y yo nos comprometimos, con nuestra familia como testigo. Así que hoy después de todos estos días llenos de planeación, idas y venidas, de compras, estrés, frustraciones y cambios, hoy por fin la veré caminar hacia mí, mientras le espero impaciente en el altar.
—Flashback—
Despierto con unos brazos alrededor de mi cuerpo y un poco de dolor en el cuello a causa de la extraña posición que adopté al quedarnos dormidos en el sofá. Giro un poco la cabeza y me encuentro con una cabellera pelirroja, que me causa cosquillas.
—Natasha… —susurro en un intento por hacer que ella despierte —Nat… —vuelvo a susurrar.
Ella se remueve bajo mi abrazo, recién me doy cuenta de que tengo mi mano alrededor de su cintura, inevitablemente sonrío. Luego de contemplarla por unos minutos, decido que es mejor dejar que duerma, así que con cuidado le coloco sobre el sofá, para que siga soñando.
Mientras me apresuro al cuarto de baño para cepillar mis dientes, es algo temprano así que los Stark deben seguir durmiendo, algo que es sorprendente ya que la pequeña Morgan es la primera en despertar e iniciar una fiesta, pero en esta ocasión no es así.
Tal vez les sorprende, pero es que si bien Pepper nos ha tomado aquí como sus huéspedes por tiempo indefinido, objetando según ella, que es solo hasta que nos casemos. Ya que, como todos recordamos, la base de los vengadores fue destruida.
Además nuestra presencia aquí les proporciona momentos de intimidad, mientras su hija se queda a nuestro cuidado. Y no, no puedo quejarme de ello, porque quiero a esa niña.
Termino de asearme y bajo a la cocina, echo un vistazo hacia el sofá, por si Natasha ha despertado ya, pero sigue profundamente dormida. Comienzo a preparar el desayuno, es parte de la lista de tareas que hice que Pepper y Tony aceptaran como condición para quedarnos aquí.
—Eso huele bien —la voz de Morgan detrás de mí me saca de mis pensamientos.
Al volverme ella está de pie, frotando con su pequeña mano su rostro, acaba de despertar y ese gesto lo demuestra. En su otra mano sostiene la figura de acción de Hulk, eso me hace recordar que después del desayuno tengo algo importante por hacer.
—¿Estás lista? —pregunto mientras la cojo en brazos llevándola hasta dejarla sobre el taburete alto frente a la barra de la cocina.
—¡Sí, lo estoy! —dice emocionada dejando sobre la barra su juguete.
"Hulk tiene hambre", la voz de Banner resuena en la habitación y me sorprendo, hasta que recuerdo que la figura puede hablar.
—Eso realmente sonó como Bruce —Pepper se une a nosotros, me saluda con un beso en la mejilla después de darle los buenos días a su hija.
Le sonrío antes de volver a ponerme con el desayuno. Luego de algunos minutos tengo listo una enorme pila de panqueques, están esperando en la mesa, listos para ser comidos. También hay huevos revueltos, leche, café, zumo de naranja, además de fruta picada y un tazón de cereal para Morgan.
—Buenos días, familia —saluda Tony entrando por la puerta trasera, la que conecta con el garaje. Los tres le respondemos al unísono haciéndole reír.
—¿Trabajando en fin de semana? —le miro preocupado —Tienes un problema, amigo.
Él se encoge de hombros mientras lava sus manos para después sentarse al lado de su hija, les escucho susurrar, pero prefiero no prestar atención, todos aquí necesitan tener intimidad, incluido ese par.
Ya estamos todos sentados a la mesa, Natasha entra en la habitación con ojos somnolientos.
—Tía Nat duerme mucho —le susurra a su madre, que asiente.
—Buenos días —dice con voz pastosa, demostrando que quiere seguir durmiendo y lo enfatiza dejando escapar un bostezo.
Desayunamos entre risas y bromas, todas aludiendo a lo perezosa que mi prometida se ha vuelto. Definitivamente son estos momentos los que más echaré de menos cuando tengamos que mudarnos, porque aunque no lo hayamos hablado aún, es algo que sucederá.
Morgan se empeña en ayudar a su tía a fregar los platos del desayuno, así que aprovecho para tomar una ducha, pensando en lo que debo hacer.
—¿Piensas salir? —la voz de mi prometida resuena a mi espalda mientras termino de abrochar mi cinturón, asiento antes de girarme para mirarla.
—Sí, pero volveré pronto —digo dándole un pequeño beso en los labios.
—¿Quieres que te acompañe? —pregunta mientras acomoda el cuello de mi camisa.
—No es necesario, esto es algo que necesito hacer solo —me mira entrecerrando los ojos, analizándome —. Te lo explicaré después, ¿Está bien?
—Bien… —asiente de mala manera antes de despedirnos con otro pequeño beso.
Salgo de la casa y camino hacia el garaje, mi motocicleta está aparcada afuera y aunque quisiera preguntar porque, no tengo tiempo para ello. Simplemente subo en ella, me coloco las gafas de sol y enciendo el motor, doy un poco de gas antes de iniciar mi camino.
Conduzco sin prisas, con la mente diciéndome que la mejor opción es volver, pero desisto, disfrutando de la sensación del aire golpeando mi rostro y revolviendo mi cabello.
Llego al lugar, aparco la motocicleta y continuo, lo que resta de camino, a pie. Un sentimiento de añoranza me invade, aún existen escombros esparcidos por aquí, pero sigo andando hasta llegar a mi destino.
En el medio de todo se puede apreciar la única lápida construida, acorto la distancia quedando frente a ella.
—¡Hola, Bruce! —susurro aunque sé que nadie va a responder —Imagino que no te sorprende verme aquí, aunque quizá creas que debí hacerlo mucho tiempo atrás, y no cuando falta una semana para que —hago una pausa y aspiro profundamente —… nos casemos.
Me detengo un momento a leer las palabras escritas sobre aquella lápida, e inconscientemente sonrío antes de volver a hablar.
—Sé lo que significó para ti, lo mucho que te ayudo y lo feliz que te hizo —suspiro —, por ello me mantuve al margen de la situación, y sé que esta conversación debimos tenerla cuando —muerdo mi labio, incapaz de terminar la frase —… pero una parte de mí no me permitió aceptar que tenía celos de ti.
Aspiro profundamente observando a mí alrededor, sé que estoy completamente solo, aunque el viento meciendo las hojas de los árboles que siguen en pie, me hacen pensar lo contrario.
—Por ello quiero pedirte perdón, por haber sido un cobarde cuando tú y yo somos amigos, no merecías eso de mí —digo acercándome a la lápida, apoyo mi mano sobre ella —. Te prometo que la haré feliz, Bruce —sonrío de medio lado.
Vuelvo a aspirar, el sonido del viento llega a mis oídos, imagino que es él quien habla.
—¿Sabes? El mundo y tus amigos no te olvidamos —sonrío secando la lágrima que cae por mi mejilla —. Gracias por todo, eres único, gigantón.
—End of Flashback—
Aquel día me sentí liberado, era algo que realmente necesitaba para poder seguir adelante con mi vida, era algo que Banner se merecía, aunque no estuviese aquí, con nosotros, le debía el ser honesto.
Mientras coloco mi corbata, veo mi aspecto sonriente frente al espejo y sé que una semana atrás n era así, por eso creo que todo tenía que suceder tal cual.
—Flashback—
Natasha está recostada en la cama cuando irrumpo en nuestra habitación, me mira sonriendo.
—¿Qué ocurre? —pregunto mientras me uno a ella.
—Faltan solo 72 horas para el gran día, ¿Estás nervioso? —pregunta acariciando mi mejilla con su mano, haciéndome estremecer.
—Tal vez… un poco —digo dándole un pequeño beso —. Creo que tenemos algo de qué hablar.
—Sí, también yo he pensado en ello últimamente —sonríe —¿Qué se te ha ocurrido?
Nos giramos quedando recostados sobre nuestros costados, mirándonos fijamente a los ojos.
—Necesitamos un lugar al que podamos llamar hogar —ella asiente —¿Tienes alguna idea?
Asiente y se pone en pie, coge su ordenador y lo coloca en el medio de nuestros cuerpos, me siento para poder estar más cómodo. Ella me explica algunos sitios sobre los que ha estado investigando, incluso me muestra algunas casas.
—Me gusta esa —digo señalando una de las fotografías.
—Pero estaríamos lejos de la familia de la acción —se queja.
—Natasha —le miro fijamente —. Quiero dejar todo atrás, disfrutar de mi vida contigo y formar una familia —ella intenta protestar eso, pero le coloco un dedo sobre su labio para evitarlo —… quiero que esa sea nuestra próxima misión. Y tú lo quieres también, sino ni siquiera estaría en tu lista.
No añade algo más, simplemente acaba con la distancia existente entre nosotros y me besa, yo le correspondo sin dudar.
—Necesitaremos teñirnos el cabello —afirma antes de volverme a besar.
—End of flashback—
Un día después Natasha apareció en casa con dos tintes para cabello, uno para ella y otro para mí, aun cuando me rehusaba, dejé que ganara la partida. Sabía que tenía razón, si queríamos comenzar de cero, los cambios serían sumamente necesarios. Ella optó por un marrón chocolate, y debo admitir que cualquier color que hubiese elegido le habría quedado perfecto, pero sin duda amaba su nuevo tono.
El mío se volvió castaño oscuro, o algo así leí, la verdad es que Natasha y Pepper se las ingeniaron para que realmente parezca otro. Me veo en el espejo y me desconozco, bueno, eso es exagerado.
Pero aún me faltaba una última cosa por hacer y ni siquiera era consciente de ello.
—Flashback—
Me encontraba empacando nuestras pertenencias para la mudanza, aunque la realidad era que no pensábamos llevar demasiado, pues la idea de un nuevo inicio se nos apetecía en verdad.
—¿Tienes un minuto? —la voz de Tony, acompañada de un par de golpes en la puerta, me hizo girarme para mirarle.
—Claro, ¿Qué ocurre? —pregunto dejando de lado lo que hago.
—Ven conmigo… —dice dando media vuelta, comenzando a caminar.
Le sigo sin protestar. Bajamos las escaleras, pasando de largo sin mirar a las chicas que preparan la cena, ellas tampoco parecen percatarse de nuestra presencia.
—Ahora que has decidido dejar atrás tu armadura, deberías llamarte el Señor Misterioso —digo cuando entramos en el garaje, le escucho reír, también yo lo hago.
—No eres gracioso, Cap. —me dice dejando de reír, camina hasta su mesa de trabajo donde por alguna extraña razón, una manta cubre gran parte de ella —. Sé que he tardado un poco pero debes comprender que no ha sido algo fácil, estaba en un estado deplorable.
—¿El qué? —pregunto sin comprender, hasta que de un momento a otro descubre lo que hay bajo la manta —… mi escudo —susurro al verlo, él me lo extiende.
Como si fuese un déjà vu, recuerdo el momento en el que Tony decidió unirse a nosotros para viajar por el reino cuántico, cuando se apareció en su automóvil y trajo consigo este mismo objeto. Siento el peso al sostenerlo, lo miro detenidamente por varios minutos.
Mi mente viaja a cada uno de los momentos y batallas que viví y defendí con él.
—Gracias, Tony —digo volviendo a la realidad, él me mira y asiente —. Hay demasiada historia, tantas responsabilidades aquí —susurro delineando con mis dedos la estrella del centro.
—Harás lo correcto, lo sé —me dice como si leyera mis pensamientos.
Asiento y le sonrío, él me devuelve el gesto.
—¡Hora de comer, hora de comer! —grita Morgan irrumpiendo en el garaje, se lanza a los brazos de su padre que la recibe sonriendo. Antes de salir guardo el escudo, después volveré a por él.
Cierro la puerta de aquel lugar, pues debemos atender el llamado de las chef.
—End of Flashback—
El momento ha llegado, la última vez que estuve así de nervioso fue cuando tuvimos nuestra primera cita, en el pasado. Ahora estoy de pie aguardando que ella aparezca, frente a mí están todos nuestros amigos y nuestra familia, menos Morgan y el pequeño Nathaniel, además de Pepper, Wanda y Laura, que seguramente estarán dando algunos consejos a mi prometida.
Thor ha recuperado su físico, aun parece que él y Quill siguen sin llevarse bien del todo, contrario a la forma en que trata al resto de los guardianes, sobre todo a Groot, todos aquí pensamos que lo considera como si fuese su hijo.
—¿Estás listo, Cap.? —me pregunta Tony de pie a mi lado, asiento con firmeza.
—Nunca antes había estado tan preparado para algo —sonrío, él da una palmada a mi hombro antes de ocupar su lugar. Se queda de pie, por lo que el resto de invitados le imitan y se levantan de sus asientos.
De un momento a otro, Pepper, Wanda, Laura y su pequeño caminan hacia mí desde el final del pasillo, Morgan aparece después y avanza arrojando pétalos de rosas a su paso, detrás de ella aparece Natasha, luciendo aquel vestido blanco que le hace ver espectacular, la prenda acentúa cada parte de su anatomía, dejando sus hombros descubiertos y un escote algo pronunciado, además de una abertura lateral en la falda, con el cabello recogido y peinado hacia atrás, unos aretes de diamantes que posiblemente Pepper le ha obsequiado y un brazalete a juego.
—Cierra la boca, amigo —me dice Sam, y yo tengo que parpadear un par de veces, no puedo dejar de sonreír.
Ella camina de la mano de Clint, apoyándose en él para no caer debido a los zapatos de tacón alto que decidió utilizar.
—Bueno, Steve —dice Barton al llegar frente a mí, mi mirada viaja de Natasha a él —. No tengo que decirte lo que ocurrirá si algo malo le pasa, ¿Verdad? —su voz es neutral, dándole un toque de advertencia a sus palabras.
—La cuidaré con mi vida —sonrío.
—Eso espero —sonríe y me entrega la mano de Natasha, que en ningún momento ha borrado de su rostro esa magnífica sonrisa, yo le imito.
Me concentro solo en ella, en mirarle a los ojos.
La ceremonia da inicio, en ningún momento dejamos de mirarnos a los ojos, sus manos sujetando las mías. Escucho las palabras de Fury, pues es él quien oficia nuestro matrimonio, pero se escucha tan lejano, cuando sé que en realidad está a nuestro lado.
Natasha sonríe, y me pierdo en ella, en la forma en que sus labios se curvean, en la forma en que delicadamente muerde uno de ellos. No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero escucho que alguien me llama.
Es Bucky, que está a mi lado, entregándome el anillo. Le sonrío un momento antes de tomarlo, juego con él entre mis manos hasta que vuelvo a concentrarme en la mujer frente a mí.
—Nat —ella sonríe por la forma en que le llamo —… dicen que las coincidencias no existen, y sé que tú y yo somos más que una de ellas —veo sus ojos llenarse de lágrimas, pero es tan fuerte que decide no derramarlas —. Fuiste mi primer beso después que estuviera congelado por 70 años. Y puedo decirte, sin dudar, que valió la pena esperar. Te amo, y sí solo nos queda un minuto, quiero que ese minuto dure una vida a tu lado —digo mientras coloco el anillo en su dedo, después dejo un beso en su dorso.
Le veo suspirar conmovida mientras toma el anillo que Wanda le entrega.
—Steve —sonríe mientras habla, yo le miro fijamente —. No soy buena con las palabras, mucho menos cuando se trata de expresar mis sentimientos —asiento, comprendiendo a lo que se refiere —, e intenté pensar en las adecuadas, pero llegué a la conclusión de que cuando se trata de ti y de mí, no existen —sus palabras me conmueven, siento mis ojos escocer a causa de las lágrimas que luchan por ser derramadas —. Solo sé que si para llegar a este momento necesito volver a vivir todo lo que nos ha ocurrido, lo haré —dice segura de sí misma —. Te amo, estoy segura de ello y quiero esa vida a tu lado.
—Esos votos han sido realmente conmovedores —dice Fury, de reojo veo que se seca una lágrima, sonrío mientras Natasha termina de colocarme la alianza en el dedo —. Ahora, por el poder que me han otorgado, yo declaro que ustedes dos están oficialmente casado —todos aplauden —. Puedes besar a tu esposa —me dice sonriendo.
Y no tiene que repetirlo otra vez, pues acorto la distancia entre ella y yo y le beso, con ternura y amor, sin dar una atrevida muestra de afecto, sin embargo cuando estamos por separarnos Natasha muerde mi labio haciéndome soltar un pequeño jadeo.
Detrás de nosotros todos aplauden y gritan.
—¡Al fin! —escucho la voz de Sam — Resultaron ser la pareja más difícil de unir, joder.
—¡Sam! —la voz de Laura y Pepper resuena al unísono, desaprobando la forma de hablar de mi amigo.
Sonrío ante la cómica situación y mi esposa también lo hace mientras me coge de la mano entrelazando nuestros dedos.
Pasamos a la recepción, vamos de un lugar a otro recibiendo felicitaciones y abrazos, palabras de aliento y alguna que otra broma. Sobre el aspecto de nuestro cabello o cualquier tontería que se les ocurre.
—¿A dónde le llevas de luna de miel? —pregunta Thor mientras toma una nueva copa de champagne —¿Qué? —cuestiona que repruebe lo que hace.
—Debes dejarlo —señalo la copa.
—Estamos celebrando, abuelo —dice divertido —. Deberías hacer lo mismo, deshazte el nudo de tu corbata.
Le miro negando, mientras bebo un poco de la copa que yo llevo en la mano.
—Sé de alguien que te hará cambiar, de la cabeza a los pies —sonríe antes de señalar en dirección a Natasha, que baila con el pequeño Nathaniel.
No añade nada más, se aleja dejándome solo, observando aquella escena. Y no sé cuánto tiempo pasa, pero mi mente se desconecta de mí.
—¿Estás bien? —me pregunta ella trayéndome de regreso a la realidad, le observo de pie frente a mí.
—Sí —sonrío de medio lado —… me ha puesto un poco celoso verte bailando con un hombrecito muy apuesto y educado —digo y ella deja escapar una carcajada, pero sé que no se lo ha creído.
—Ven, necesito que hablemos de algo —dice cogiéndome de la mano, entrelaza nuestros dedos mientras me guía hasta el pequeño muelle.
Una extraña sensación se apodera de mi interior, contengo el aliento al recordar una escena similar, donde nos lamentábamos de haber perdido a la mujer que camina delante de mí.
—¿Está todo bien? —pregunto preocupado cuando llegamos a nuestro destino.
Natasha no me mira, tiene la vista clavada en el frente, pero sostiene mi mano con fuerza.
—Tú sabes —comienza a hablar —… que como parte de mi entrenamiento —suspira y estruja un poco más mi mano — fui sometida a la esterilización.
—Nat, no tenemos que hablar de eso ahora —digo en un susurro, sin soltar su mano y la abrazo cuidadosamente por la espalda, la siento estremecer.
—Durante nuestra estadía en Wakanda —continúa hablando —, Shuri estuvo investigándome y se enteró de mi condición —suspira —. Y decidió ayudarme, buscando un método de revertirlo —lo que dice hace que automáticamente mi cuerpo se tense y mi corazón se acelere, pero no hablo, dejo que ella prosiga —, pero todo fue inútil.
—Amor —le llamo, ella no protesta a mi forma de llamarla, simplemente la hago girar entre mis brazos para poder mirarla a los ojos — Siempre habrá otra forma, no te preocupes por eso ahora.
—Lo sé —sonríe —, pero una parte de mí sabía que si llegábamos a este día —se sonroja y muerde su labio —, tenía esperanzas de que realmente ocurriera —le devuelvo la sonrisa mientras acaricio su mejilla —. Tú quieres tener hijos —pienso decir algo pero ella continua hablando —, lo sé y no te valdrá de nada negarlo. Por eso es que hace un par de meses Pepper y yo nos ausentamos unos días, ¿recuerdas?
—Sí, fueron a un spa, ¿no? —digo al recordar, ella niega lentamente —¿Entonces?
—Viajamos a Wakanda —le miro sin comprender —, Shuri encontró esa pequeña posibilidad que nos daría un poco de esperanza.
Mi corazón vuelve a acelerarse, su mira es intensa, dejándome ver todos sus sentimientos.
—Me sometí a su tratamiento —susurra — y justamente hoy he confirmado que ha funcionado —le miro desconcertado —… estoy embarazada.
Mis emociones se apoderan de mí cuando le escucho decir esa última palabra, la beso sin demora y le abrazo para dar vueltas con ella. Doy besos por todo su rostro, ella ríe por mi reacción.
La dejo de pie sobre la madera del muelle, vuelvo a darle un pequeño beso en los labios antes de volverme a donde la fiesta aún continúa.
—¡Escuchen todos! —grito y ellos se vuelve hacia nosotros —¡Vamos a ser padres!
Nuestros invitados aplauden, gritan y lanzan felicitaciones, incluso brindan entre ellos mientras yo vuelvo a besar a Natasha.
—Te amo —susurro feliz.
En cuanto volvemos a unirnos a los demás, los abrazos no se hacen esperar, vamos de un lado a otro recibiendo sus buenos deseos, hasta que llegamos cerca de donde el helicóptero de Industrias Stark está aparcado.
—Tiene la orden de llevarles a donde ustedes le digan —dice Tony mientras abraza a Natasha y después a mí —. Ha llegado el momento de que también tengan su final feliz.
—Gracias por todo —le digo dándole otro abrazo —. Te quiero, hermano.
Él se tensa al escucharme decirlo.
—También te quiero… hermano —susurra dándome un par de palmadas en la espalda antes de romper el abrazo.
Ayudo a Natasha a subir al helicóptero, en el asiento está el estuche que contiene el escudo, ella me mira y asiente como si leyera mis pensamientos antes de acercármelo. Lo tomo y sonrío.
—¿Bucky? —le llamo, él se abre camino entre los presentes hasta quedar a un par de pasos de mí —. Esto es tuyo ahora —digo entregándole el escudo —, sé que sabes lo que representa, así que, soldado —me coloco en posición de firmes y hago el saludo militar —, espero pueda con esta responsabilidad.
—Lo haré, Capitán —sonríe y hace el saludo militar también.
—Ya no más —digo subiendo al helicóptero y cerrando la puerta, justo a tiempo antes de que el artefacto comience a elevarse. Los invitados se ven cada vez más pequeños conforme nosotros vamos cogiendo altura.
Natasha apoya su mano sobre la mía para reconfortarme y me sonríe, porque tanto ella como yo sabemos que este es el adiós del Capitán América y la Viuda Negra, y lo que ahora vendrá será un nuevo inicio para los dos, lejos de los peligros. Es momento de comenzar nuestra última misión, la más importante.
Próximo destino: Viena.
Pues bien, la historia ha llegado a su final, espero que les haya gustado. Ha sido un honor para mí escribir esta historia y que les haya gustado. Gracias por sus comentarios, gracias a ellos fue posible que este proyecto se realizara.
¡Gracias!
