Capítulo 1
La menta goteaba de su cabello. Su vista estaba nublada por gotas de la sustancia que caían y chispeaban aquí y allá. Hacía viento, y la fresca menta le daban un aire a invierno.
—¡P-Perdón? — Se escuchó un chillido.
—¡Ten más cuidado! — Amenazó su madre. La morena levantó la palma de su mano, Momo ya podía ver en su imaginación las imágenes de aquel peliverde siendo aporreado por su madre, al igual que golpeaba a los elfos del castillo. Con un movimiento de manos, el líquido embarrado en todo su ser desapareció y reapareció en la botella que había volado hasta la esquina de una alcantarilla. — ¿Tan difícil era para ti hacer eso? — Escuchó a su madre mientras ella caminaba lenta y tranquilamente hacia la botella. — ¿Es que no eres capaz de hacer un mísero hechizo de recargamiento₁? — Empezó a atacarlo a palabras. — ¿No te importa la vergüenza que le hiciste pasar a mi pequeña hija?
—¡Mis más…! — La chillona y quebrada voz del niño se vio interrumpida por los gritos de la regordeta de su madre, quien iba corriendo tras él, buscándolo.
—¡Mis más sinceras disculpas! — La mamá tomó la verde cabeza de su hijo y lo obligó a hacer una reverencia junto con ella. — ¡Mi hijo… él…! — La señora Yaoyorozu sonrió vilmente al escuchar la temblorosa voz de la otra mujer. Se repudió en silencio, después de todo, de tal palo tal astilla, se dijo a sí misma.
— ¿Midoriya? — Dio una risa llena de veneno. — No podía esperar otra cosa, ¡era obvio!, después de todo, ¿quién más haría un escándalo como este, a no ser…— Los alegatos de la señora Yaoyorozu fueron frenados cuando su hija, gentil y elegantemente, se acercó al chico de los cabellos verdes y depositó la botella en sus manos.
— ¿Midoriya? — Saludó. — Yaoyorozu Momo. — Justo como fue educada, dio una reverencia y una delicada sonrisa a los desconocidos. Su madre le dedicó una mirada afilada. La niña dio un paso atrás, hacia su madre.
Inko tenía el impulso de tomar a su hijo en brazos y correr de ahí. Sabía quién era esa mujer, y lo mucho que disfrutaba ver sufrir a los no magos, por eso temía enfrentarla desde antes de llegar ahí. Ella tenía que sacar a su hijo de ese lugar.
— Son sólo niños. — Respondió Midoriya Inko, con más valor después de que la mujer hiriera su orgullo. — Será mejor que no envenenes su cabeza. — Dijo, aunque aún con la voz un poco temblorosa e indecisa, refiriéndose a Momo.
— ¿Quién eres tú… para decirme cómo educar a mi hija?
—¿Q-Quién eres tú para humillar a mi familia? — Yaoyorozu madre estaba a punto de contestar, cuando salió a la vista un hombre alto y rubio. Demasiado alto, a decir verdad, la carne en su cuerpo no era la suficiente para su altura y se adhería a sus huesos.
—¿All Migth? — Sonrió, emocionado, el niño Midoriya.
— ¡Izuku! — El hombre levantó una mano hacia la cabeza del niño y la revolvió. Después dio una reverencia hacia su madre y hacia la señora Yaoyorozu. — Señoritas. — Saludó. — Es un placer ver a las madres jóvenes acompañar a las nuevas mentes brillantes de Hogwarts.
—El placer es mío, señor Toshinori. — La adinerada mujer le dio una reverencia al mago más famoso y reconocido del mundo mágico. Le dedicó una mirada llena de veneno a Inko y tomó a su hija del brazo para retirarse de la escena.
—¿Qué? — Preguntó Toshiniro Yagi, con un toque cómico. — ¿Ya se van? — Pero ambas ya estaban demasiado lejos para escucharlo. La señora Midoriya sonrió en complicidad hacia el hombre y tomó a su hijo de ambos hombros.
Por otra parte, Yaoyorozu Momo recibía un simple pero importante regaño de su madre.
—Nunca — Recalcó la palabra con mucho odio. — Nunca debes mezclarte con esa clase tan baja de personas. — Momo amaba a su madre, y sabía que era buena perona, pero a veces…— ¿Sabes qué son ellos? — La mujer empezó a regodearse. — Ese asqueroso cerdo… si me disculpas por mis duras palabras, es una de las más grandes hacedoras de Muggles… ¿sabes?, esa porquería que tenía a su lado es un no mago. — Momo abrió los ojos. ¿Un Muggle en el callejón Diagon?
— Pero madre…— Trató de hacer énfasis en el respeto a las demás personas sin o con magia por el simple hecho de ser seres humanos, vivientes, con sentimientos e ideas, pero la dura mirada de su madre la hizo callar. — No… nada.
Separó la vista de su madre para ver a su alrededor. Observó animales por todas partes, escobas, capas, personas haciendo magia por aquí y por allá.
—¿No es este un lugar muy concurrido? — Habló su madre, una vez que la furia del encuentro había pasado. — No me refiero simplemente a la cantidad de personas… sino a la variedad. — Momo echó otro vistazo al lugar. Su madre tenía razón, en ese lugar había desde gente con ropa decente hasta gente en harapos; desde carruajes llenos de mármol hasta gente arrastrándose en la banqueta, pidiendo dinero. — Es el lado asqueroso del mundo mágico. — Volvió a hablar la mujer. — Por eso te dije que Sally debía hacer estas compras.
— Me gustaría…— Contestó en una voz más baja. — Poder elegir mi mascota y… y esas cosas. — Susurró.
Su madre dio un asentimiento.
— Oh… recuerdo esos días. — Contó en un tono galante. — Cuando vine a comprar mis útiles al lado de mis padres. — Se puso ambas palmas en la cara, imaginando. — Mi primera mascota era un gato, amarillo y morado.
— No existen los gatos amarillos y morados madre. — Se sorprendió.
— No a menos que seas rica y caprichosa. — Momo sonrió con cierta pena y siguió caminando de la mano de su madre.
—Me gustaría… un ave. — Sonrió, soñadora. — Míralas… qué hermosas.
— Un ave es mucho cuidado, cariño. Debes sacarla a volar ciertas veces, cuidar su plumaje…— Empezó a enlistar, pero se detuvo al ver la mirada suplicante de su hija. — Pero, tú eres una niña refinada, entregada, lista y capaz. Seguro podrás criar una.
Yaoyorozu Momo sonrió y soltó la mano de su madre para dar saltitos hasta llegar a la tienda.
—¡Bienvenidas! — Gritó la exuberante dueña del local. — ¡Madam Liss!, para servirles. — Besó graciosamente la mano de la niña. Momo se carcajeó sin poder evitarlo, ese era un hábito de los barones, no de las mujeres como Madam Liss.
La madre de la niña entró después, cuidadosa de que su costosa ropa no tocara ni rozara con los muebles sucios, canastas viejas y rejas oxidadas del lugar.
Madam Liss era una mujer pelirroja, vestida con un overol café lleno de parches y comida para animales en las bolsas. No parecía para nada una señorita.
— Yaoyorozu Momo. — Sonrió ella. — Estaba buscando…
—¡Una lechuza! — Momo abrió los ojos, sorprendida.
—¿C-Cómo lo supo?
—¡Ellas me lo dijeron! — Liss señaló a la esquina del local, donde las lechuzas pavoneaban sus alas. Momo, quien no había visto esa parte, sonrió y aplaudió sorprendida. Su madre sólo volteó los ojos, aburrida de tanto alboroto.
—¡Sígueme! — La energética Madam Liss guió a Momo hasta las lechuzas. Sacó un puño de comida de su bolsillo izquierdo y lo lanzó hacia las jaulas, donde las lechuzas empezaron su búsqueda por granos de comida en el aire. — Maravilloso, ¿eh?
— Quiero una…— Sus ojos brillaban. Volteó suplicante hasta su madre, que seguía parada donde se instaló por primera vez. — Mamá…
— Elige la que quieras, Momo. Pero rápido que aún tenemos que encontrar tu barita y libros.
Momo dio un salto emocionado y miró a las aves con cierto recelo. Se concentró en todas y cada una de ellas, viendo desde su tamaño hasta el color de su plumaje.
—Quiero esa…— Señaló a una lechuza, pequeña y café. Un café opaco, sin encanto, café simple.
—¿Segura? — Momo asintió. — Porque fue justo ella la que me avisó que vendrías. — Madam Liss le guiñó el ojo a una emocionada Momo y se acercó a la jaula para sacar al ave.
Ya con el ave enjaulada en sus brazos y fuera de la tienda, Momo veía feliz a la gente pasar.
— Es mía. Se llamará Jarmu. — Le contaba su madre, quien sonreía y asentía sin prestar mucha atención.
Su madre dio vuelta en Ollivander's y ella la siguió por puro instinto. No supo que había ahí hasta que entro para ver un montón de cajas desordenadas y polvorientas.
— ¿Garrick? — Su madre saludó al hombre como un viejo amigo. — Veo que tu tienda sigue siendo un chiquero.
— ¡Y lo será siempre! — Saludó un hombre que había salido debajo de una pila de cajas. Se acercó a Momo, amistoso. — Siempre que un niño aventurero venga a buscar su varita. — Le sonrió. — Yaoyorozu Momo, si no me equivoco. He estado esperándote desde que tu madre me obligó a construir tu varita antes de tu nacimiento.
Momo se sorprendió.
—¿Nos conocemos? — Preguntó en plural, es decir, su familia y él.
— Madera de roble. — Susurró mientras se movía en su local lleno de cajas, ignorando su pregunta. — Cola de dragón africano con un toque de alpiste…
—¿Alpiste? — Confundida, Momo empezó a seguir al hombre.
—Sí… una parvada que comía cerca me atrapó, seguramente le quedan restos de alpiste. — Dijo, gracioso. — Tu padre casi se orinó en los pantalones cuando…— Calló al notar la pesada mirada de la señora Yaoyorozu. — Y un lindo mango de hueso dental.
—¿Hueso dental? —
— Del colmillo de un león que custodiaba por ahí, — El hombre terminó por subirse a unas escaleras para poder buscar su varita en las que estaban arriba de los estantes. — ¡Bingo!
Se bajó y pesadamente, como el anciano que era, y se acercó a ella para dejar una delgada caja color azul oscuro en sus manos. Momo la abrió lentamente, con emoción, como si adentro tuviera el secreto de la vida eterna.
— Mi varita…— Susurró en voz baja.
—¿Qué esperas? — La asustó el grito desesperado del anciano. — ¡Úsala!
Momo sacó por puro instinto y miedo la varita de su caja. La sostuvo fuertemente y empezó a pensar, ¿qué hechizo podría usar?
Era alguien de clase alta, obviamente tenía conocimientos previos de la magia, sabía uno que otro hechizo fácil de hacer para su nivel. Aclaró la mente con los ojos cerrados y los abrió, emocionada mencionó:
—¡Diffindo₂! — Y terminó por enviar una ráfaga cortante hacia uno de los taburetes que tenía frente a ella, rozándole el hombro al pobre vendedor. — Oh…— Susurró. Tal vez Diffindo₂ no era el mejor hechizo para usar.
—Y por eso…— Dijo el hombre, a duras penas, mientras el taburete se partía en dos y dejaba caer varias cajas de varitas. — este lugar siempre será un chiquero.
Momo se disculpó en voz baja, volviendo a meter la varita en su caja.
La niña seguía disculpándose aun cuando ya habían salido de la tienda.
—Tal vez un… Fumos₃, o un Levioso₄ hubieran bastado, cariño. — Su madre le sonreía amablemente, caminando por la acera.
— Lo siento… madre. — Su vista caída sólo le permitía ver los chicles pegados en el pavimento, los charcos y la suciedad.
— No pasa nada, mi vida. — Sonrió. — Fue un hechizo certero y fuerte. Eso sólo puede decir buenas cosas de ti. Serás una maga muy poderosa.
Momo intentó sonreír, pero su bajo estado de ánimo no se lo permitió. Pero era el día previo a su partida hacia Hogwarts, seguramente una buena noche de sueño le levantaría el ánimo para partir feliz y contenta.
₁ ) Encantamiento recargador :El encantamiento recargador (conjuro desconocido) es un encantamiento que es usado para para volver a llenar cualquier cosa que el mago apunte con la varita, con el trago que originalmente contenía.
₂ ) Encantamiento seccionador: El encantamiento seccionador (Diffindo) es un encantamiento usado para cortar algo con precisión y exactitud.
₃ ) Hechizo de pantalla de humo: El hechizo de pantalla de humo (Fumos) es un hechizo usado para crear una nube defensiva de humo de la punta de la varita.
₄ ) Hechizo levitatorio: El hechizo levitatorio (Levioso) es un encantamiento que levita objetos.
