— ¡Esa es Hogwarts! — Después de un tiempo de silencio, el grito de Mina despertó el interés de todos en el vagón. Momo y Ochako, que estaban sentadas en el asiento más cercano a las ventanas, se pegaron al vidrio dejando sus narices y boca marcadas.

Los niños se maravillaron. En especial Izuku, quien había tenido una vida normal fuera de la magia. El estómago de la mayoría empezó a doler, los nervios y la emoción por estar finalmente en ese maravilloso lugar los aturdieron.

— Cuando conozca al director, lo haré mi amigo. — Mina rompió el silencio. — Entonces podré ir y venir a las cocinas cuando me de hambre por las noches.

—No creo que funcione así…— Le sonrió Momo, gentil. Ochaco y Mina empezaron a hablar sobre lo maravilloso que sería conocer las instalaciones, probar toda la comida del lugar, la cual decían, era deliciosa.

Momo se quedó pensativa. Mirando por la ventanilla del tren, con su codo recargado en el respaldo de su asiento y su barbilla en su mano, aún sintiendo los estragos del nerviosismo en su estómago, hasta que la parada definitiva del tren la sacó de su admiración.

—¡Al fin! — Ochaco fue la primera en pararse, seguida por Mina e Izuku, Momo terminó siendo jalada a las afueras del tren, aún tratando de entender que ya se encontraba ahí.

Aún no se animaba a levantar la vista. Si algo odiaba de sí misma, era el estar nerviosa; sus padres se lo habían remarcado toda su vida, ella era Yaoyorozu Momo, no debía estar nerviosa por nada del mundo.

—¡Apártate, imbécil! — El grito de un niño rubio tras ellos la alteró. Volteó inmediatamente junto a su grupo. Era alto, desgarbado y con el cabello apuntando en todas direcciones.

Midoriya se disculpó de inmediato y se movió, con una sonrisa culpable y apenada en su rostro. El chico pasó sin siquiera voltear a los demás, simplemente aventó al peliverde una vez que se quitó de su camino, y siguió adelante.

—¿Qué le pasa? — Ochaco empuñó parte de su falda, arrugándola. — ¿Quién se cree que es? — Mina empezó a asentir, de acuerdo con su molestia.

—No, no pasa nada. — Izuku sonrió. — Es mi amigo…

—¿Eso era un amigo? — Preguntó un poco asustada la pelinegra, quien no acostumbraba a tener amigos.

—Bueno… él es un poco…— Un rotundo ¡silencio! calló a todos los que bajaron del tren. Casi al mismo tiempo, todos los adolescentes voltearon al origen del ruido. Un hombre alto, tan alto y grande, con el cabello lamido a un costado que cubría la mitad de su frente.

—Síganme. — Sentenció.

Un poco desconfiados, uno por uno avanzó hacia el hombre. Momo intentó buscar la mirada de sus compañeros, para buscar un poco de confianza, pero ellos ya habían avanzado. Alertada, empezó a caminar tras de ellos, siendo empujada y apretada por los grupos de jóvenes que pasaban.

—¡O-Ochaco-san! — Su grito se perdió en el tumulto de gente, junto a la mano que levantó para intentar captar su atención.

Resignada, sopló por lo bajo y sin moverse, dejando que todos tomaran la delantera frente a ella. Empezó a caminar, lento y un poco triste por la repentina soledad, hasta que el grupo paró.

—Somos 103 personas aquí. — El hombre empezó de nuevo. — Y tenemos un total de noventa canoas. Irán en grupos de dos. ¿Entendido? — Un rotundo sí se escuchó en el lugar, opacando al pequeño y delicado sí… del fondo.

No era sorpresa para nadie que el primero en subir fuera el chico rubio, quien había estado comportándose enojado y gritón, seguido de su amigo pelirrojo, quien lo seguía con una sonrisa.

—¿Te asustan los botes? — Escuchó a su lado, un par de amigos se reían. Cuando menos lo esperó, la mayoría ya estaba emparejado con alguien. Ella sólo veía los botes en el agua, y la tierra cada vez más desalojada. Al darse cuenta, corrió a uno de los botes, pero no a subirse, simplemente a poner su mano posesiva y voltear hacia los pocos que aún estaba ahí, viendo quién se ofrecía. Pero todos estaban emparejados.

—B-Bueno…— Susurró por lo bajo, con una tonta sonrisa que no coincidía con las lágrimas que se formaban en sus ojos. En un arrebato por limpiarlos alcanzó a ver a la última persona que estaba ahí. —¡ Oye! — Gritó a todo pulmón, corriendo hacia él y poniendo su mano en el bote, de nuevo. — ¡Vayamos juntos! — Le ofreció su mejor sonrisa, cuando se percató de quién era.

— Hay más botes…— Sintió una punzada de dolor en el pecho, y rio sonoramente para luego volver a su tono calmado.

— Tienes razón, ¿verdad? — Sintió la mano que se recargaba en su bote temblar. Nerviosa, la retiró para esconderla en su pecho.

— Está bien. —Se resignó. Él empezó a caminar alrededor de la canoa para subir y tomar asiento. Algo en la cabeza y pecho de Momo le decían que no subiera, el orgullo Yaoyorozu le negó moverse por un momento, pero el miedo de estar ahí, sola y perderse de la orientación y el grupo, la empujó hacia el bote.

Tímida, levantó su pierna para subirla al bote, seguido de la otra. Se sentó en el extremo contrario a él, y justo cuando hizo ademan en tomar los remos, estos ya se estaban moviendo. Se sintió aún peor.

— Soy Yaoyorozu Momo. — Se presentó, intentando fingir que en ningún momento había querido usar la canoa del modo Muggle. Pero el chico no le prestaba atención, veía el camino hacia donde se dirigían, a las puertas del castillo. No lo culpó por perderse en la vista, era encantadora.

La negrura y la neblina daban un aire romántico y místico. Los peces de colores que brillaban a la luz de la luna eran… simplemente magníficos. Las criaturas miniatura volando sobre ellos, la paz…

— Todoroki Shoto.

Se asustó cuando escuchó su voz. Volteó inmediato con él, hasta que comprendió que le estaba respondiendo. Le sonrió como sólo ella podía hacer, y guardó silencio por el resto del viaje.

A su cabeza llegó la graciosa voz de su elfina Sally ¡Ese canalla no se merece la atención y dulzura de mi ama!

Sonrió, imaginando lo que dijera Sally si estuviese ahí.

El camino fue rápido, le hubiera gustado poder apreciar por más tiempo aquella sorprendente vista. Al llegar al otro lado, uno por uno fueron bajando y siguiendo al alto hombre, quien los guio por las puertas del enorme edificio.

No pudo ver a sus amigos, y su orgullo herido la hacía esperar a que ellos fueran a su encuentro, pero estaba segura que de haberlos visto hubiera corrido hacia ellos.

— Esperarán aquí, al menos hasta que el director los haga pasar. No… se muevan. — Habló amenazante cuando pararon en una inmensa puerta.

El ruido y las charlas no se hicieron esperar cuando él desapareció por las puertas. El nerviosismo incrementó demasiado, y ahora no veía ni al chico con el que venía en el bote, ni a sus amigos. Al único que no le había perdido la pista era al gritón de cabello amarillo, pero eso no era porque ella quisiera, sino que sus delicados oídos podrían escucharlo así estuvieran a kilómetros de distancia.

—¡Kirishima, idiota! — Esuchaba. — No me molestes!

— Es sólo que si quedas en Slytherin…

—¿¡Y por qué iba yo a quedar ahí!?

Sonrió. La actitud de ese chico le gritaba Slytherin a todo volumen. Se volteó cansinamente hasta la puerta por donde habían entrado, y por un momento le dieron ganas de volver a pasar por ellas para salir de esta alborotada sala.

—¡¿Qué me ves, Deku, idiota! — Volteó de inmediato, se encontró con Deku, Ochaco y Mina, quienes se toparon al gritón cuando iban caminando hacia ella. Escuchó las disculpas de Midoriya.

—¡Te estábamos buscando! — Gritó Mina. Ambas chicas corrieron a su lado, ignorando la actitud del rubio.

— Y-Yo…— No quería admitirlo, pero repentinamente se sintió feliz. — Creo que me atrasé un poco y no los pude alcanzar.

— No hagas eso…— La regañó Ochaco, seriamente. — Pudiste haberte perdido. — Momo se disculpó con una sonrisa lastimera.

— ¡Oh, mira! — Mina jaló a Izuku de la capa y lo puso frente a ella. — Te presentamos a… ¡Deku! — Gritó en unísono con Ochaco.

—¿Deku…?

— Así me dicen mis amigos. — Sonrió apenado.

—Suena bien, Deku. — Le sonrió, con sus mejillas coloradas y sus ojos cerrados. Le sonrió feliz e ignorante a los sentimientos desagradables de su madre por los Muggles y los sangre sucia. Le sonrió, porque básicamente habían aclamado al cielo que eran sus amigos.

Ochaco y Mina la miraron, sorprendidas, y le devolvieron una sonrisa cada una. Se asustaron cuando las puertas se abrieron repentinamente, y el grupo empezó a moverse hacia adentro.

¡Era maravilloso!

Las velas flotaban a su alrededor, las mesas rebosantes de niños vestidos de cuatro diferentes colores, los profesores justo frente a todos, expectantes, y con sonrisas en sus rostros.

— ¡Se pararán aquí! — Habló quien los llevó todo el camino. — Y cuando yo grite sus nombres, darán un paso al frente y se colocarán en este banco.

La selección de las casas, supo ella. Su estómago hizo un raro sonido, el cual esperó fuera ignorado por todos. Sintió las manos sudorosas cuando el hombre empezó a llamarlos.

—¡Ochaco Uraraka! — Un pequeño grito se escapó de la boca de las tres. Miraron a la morena, con nerviosas sonrisas y mucha buena suerte.

La niña, como todos los demás, se había sentado en el banco mientras el profesor le ponía aquel sombrero viejo y arrugado.

—¡Gryffindor! — Empezó a aplaudir, animada y feliz. Ochaco quiso correr a ellos para un abrazo grupal, pero antes le pidieron que caminara hasta la mesa de su casa.

—¡Todoroki Shoto!

El silencio reinó en el salón. Momo se sorprendió de ver a todos expectantes, demasiado interesados en ver qué sucedía. Después de segundos de nerviosismo, el sombrero gritó.

—¡Gryffindor! — Pero nadie aplaudió. Se escuchó un grito sorprendido en algún lugar del castillo, y las casas se veían entre sí, pero ella no lo entendía.

—¿Qué? — Preguntó, inocentemente.

— Qué raro. — Habló Mina, a su lado. — Generalmente los Todoroki van a Slytherin…

—¿En serio? — Sorprendida, volteó a sus dos amigos.

—Sí. — Confirmó Deku. — ¿No conoces la historia de los Todoroki…? — Negó. — Bueno, este no es el lugar…

—¡Midoriya Izuku! — Lo interrumpió la voz del profesor.

Se disculpó silenciosamente con una sonrisa hacia su amiga y caminó hasta el frente. Y justo cuando apenas el sombrero iba a tocar su cabeza, gritó.

—¡Gryffindor!

Uno a uno pasaron, y por alguna razón, Momo se iba sintiendo peor al ver que sería la última.

—¡Yaoyorozu Momo! — Hubiera jurado que su corazón se paró por un momento. Apresurada, caminó hacia el banco y se sentó en él.

— A ti te estaba esperando…— Escuchó el susurro del sombrero. — ¡Gryffindor!

El profesor casi la empujó fuera del banco, y caminó desorientada hasta la mesa de su casa. A ti te estaba esperando dijo… ¿a ella?, ¿por qué?

Reaccionó cuando Ochaco y Mina la abrazaron una a cada lado.

—¡Estamos juntas! — Levantó la vista para ver a Deku sonriéndoles. Una forzada sonrisa de formó en su rostro. Pensativa… ¿a ella la esperaban…?

—¡Come! — Sintió como entraba en su boca una deliciosa cucharada de sopa. Sorprendida, volteó con Ochaco. — No sé cuánto tiempo tengamos para comer, pero come todo lo que puedas. — Le cerró un ojo y vio cómo la morena se guardaba comida en la capa. Sonrió y empezó a cucharear el plato.

—¡Delicioso! — Gritó Mina.

—¡Qué tiernos! — Gritó una chica, asientos alejada de ellos. — Son adorables.

—Por favor, Kallen, son adolescentes, no niños.

Volteó con sus amigas, y rieron juntas por lo bajo. Aprovechó y observó todo a su alrededor, las distintas mesas, niños moviéndose de mesa en mesa, como si la diferencia de casas no los distanciara. Gente más apartada que otras, amigos sonriendo, gente escandalosa.

Le sorprendió cuando Bakugo Katsuki había quedado en Gryffindor. Y ese pensamiento le recordó lo sucedido con el chico serio y frío con el que venía en el bote.

—¿Puedo preguntarles algo? — Dijo cuando terminó de masticar y pasar su comida. Recibió asentimientos de cabeza, pues todos tenían las mejillas inflamadas y varios líquidos escurriendo de ellas. — ¿Cuál es la historia de los Todoroki?

—Es algo triste.

—¡Es cruel!

— Es algo viejo… bueno, todo empezó hace mucho tiempo. Es una familia llena de gente mala. — Habló Deku, quien ya había tragado la comida de su boca. — Pero por el momento, el peor es su papá…— Habló por lo bajo, como si temiera que alguien lo escuchara.

— Su papá…— Repitió ella, atenta.

— Y dicen que él… no puede amar.

—¿Qué? — Se burló. — Eso es imposible.

—Ni tanto…— Dijo Mina. — La leyenda cuenta que la familia Todoroki busca crear herederos perfectos… Sólo sangre pura, y sólo magos poderosos.

— Cuentan…— Fue el turno de Uraraka. — Que su papá violó a su mamá…

—¿Qué…?

— Bueno, es Amortentia. Su papá la envenenó con Amortentia. — Recalcó Mina.

—¡Pero ella no lo amaba!, eso fue violación. — Exclamó Ochaco, en un tomo más elevado.

—Y ahora dicen, que él viene aquí a llenarse de poderes… de sabiduría para luego revelarse contra el mundo mágico.

—Todos se sorprendieron cuando quedó en Gryffindor…— Analizó Momo, conectando los puntos. — Entonces… si él es producto de la Amortentia…

—Él de verdad no puede amar… ni sentir aprecio ni cariño por nada.