One Piece no nos pertenece, pertenecen a su respectivo autor Eiichiro Oda.
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Capítulo 2
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'En búsqueda del siguiente miembro'
...
Kisho camino en dirección a su pequeña casa, siendo seguido de una muy contenta Sara la cual demostraba su alegría dando pequeños saltos, llegaron al frente de una casa en una condiciones bastante decente pese al lugar en donde estaban.
—Esta es mi casa —dijo el hombre simplemente mientras abría la puerta.
—Es pequeña —comentó Sara sin mala intención, dado que ella había crecido en un castillo.
El peliblanco frunció el ceño pensando seriamente sobre matar a, su ahora, capitana, pero negó con la cabeza ante ese pensamiento, él era un hombre de palabra.
El interior de la casa era modesto, había un par de sofás de segunda mano, una pequeña cocina con lo necesario para una persona y una pequeña mesa con una solitaria silla conformaban el comedor. Sara notó dos puertas cerradas, las cuales supuso eran del baño y el cuarto de su primer tripulante.
Kisho se sentó en uno de los sofás.
—Y bien, ¿Cuál es tu objetivo? ¿Por qué eres una pirata?... Y ¿Por qué necesitas una tripulación?
Sara sonrió y se recostó en una pared frente a él.
—Estoy buscando a alguien —una sonrisa sincera se posó en su rostro a la vez que un pequeño sonrojo.
—"Se ve tierna" —pensó Kisho, aunque al instante negó con la cabeza ante tal pensamiento.
—Sobre por qué soy pirata… Es porque fui criada por unos piratas —se encogió de hombros—. Y sobre por qué necesito una tripulación… Créeme, navegar por el Grand Line sola no es fácil —parte de la cara de la rubia se volvió azul y un aura deprimente la cubrió—. Aún no termino de entender cómo fue que logré llegar hasta aquí.
—¡Es-Espera un momento!, ¿¡Me estás diciendo que has navegado en el Grand Line tú sola!? —la cara de incredulidad del hombre le dio risa a la chica, pues no todos los días escuchabas a alguien decir que había navegado por el Grand Line completamente solo y sobrevivido.
—Se puede decir que sí, pero ahora será más fácil navegar con alguien aparte de mí —comentó con una sonrisa a la vez que observaba el lugar.
— ¿¡Estas loca!? El hecho de que hayas sobrevivido en el Grand Line tú sola no significa que tengas la misma suerte cuando regreses, estas demente si crees que voy a ir contigo —sentenció el peliblanco.
—Eeeeeeh ¿Entonces qué sugieres?
Sara hizo un puchero, haciéndola ver adorable a la vez que cruzaba los brazos alzando sus senos, lo cual solo hizo que se viera como la tentación en persona. Kisho tuvo que desviar la mirada.
—Bu-Bueno de-deberíamos aumentar los miembros —sugirió aún sin verla.
Sara suspiró.
—Bien, ya pensaremos en eso… Lo primero que haremos será volver al bar.
El hombre se giró a verla con una ceja alzada.
— ¿Al bar? ¿Por qué?
—Solo hace falta verme —dijo solo para resaltar su ropa, su destrozada ropa—. En el bar deje mi bolso en el cual están mis cosas, entre eso mi ropa… No puedo andar por media ciudad así, incluso yo me avergonzaría de estar así por todas partes.
Kisho en ese momento comprendió que la mujer que estaba al frente de él, era un ser humano cualquiera, la cual podía sentir vergüenza a pesar de la gran confianza en sí misma que ella demostraba, y vagamente se preguntó si ella era una persona insegura la cual se escondía detrás de una radiante sonrisa.
El peliblanco se levantó del sofá y caminó en dirección en una de las puertas de la sala, entró dejando a Sara con la duda de que hacía, una vez salió le lanzó un par de cosas, Sara pudo ver que había una camisa blanca, un pantalón short con correa y una toalla.
—Deberías darte un baño… Ponte eso, luego iremos por tus cosas —él señaló una puerta—. Ese es el baño.
La rubia asistió con una sonrisa y se encaminó al baño.
—Gracias —dijo justo al cerrar la puerta.
Sara salió del baño con la toalla alrededor del cabello, llevaba puesta la camisa remangada hasta los codos y por dentro del short ya que esta le llegaba hasta las rodillas, el short le llegaba solo un centímetro por debajo de las rodillas, Kisho la vio asentir con la cabeza para entrar al baño.
—En la mesa hay algo para comer.
Sara no pudo agradecer ya que había cerrado la puerta. Encogiéndose de hombros caminó hasta la mesa, en un frutero se podían distinguir varios tipos de frutas, tomó una uva y se la llevó a la boca. Se sentó en una silla y se quitó la toalla, la larga cabellera dorada cayó como cascada por su espalda, sin un cepillo a la mano comenzó a peinarse con los dedos. El sol comenzó a asomarse por la ventana, dándole directamente a los ojos a Sara.
— ¿Ya amaneció? —Kisho salió del baño—. Nuestra pelea sí que duro… Ya es de mañana.
—Así parece —dijo sin mucha importancia a la vez que pasaba una toalla por su cabello—. Será mejor que salgamos ahora para ir por tus cosas.
—Está bien —dándose un último vistazo en un pequeño espejo Sara salió de la pequeña casa siguiendo a Kisho.
En esta ocasión caminaron por lugares llenos de gente a pesar de la temprana hora. Muchas personas se le quedaban viendo a la rubia por su inusual ropa, incluso muchos llegaron a pensar que la extraña chica y el joven adulto eran en realidad una pareja, tal vez de novios.
Sara, ajena a los pensamientos de la gente, sentía de vez en cuando que le daba un escalofrío nada agradable por todo su cuerpo cada vez que alguien la miraba, internamente se preguntó por qué sentía eso. Se detuvieron en el "Flamenco Rojo Bar/Teatro". Kisho sacó una llave de su bolsillo y abrió la puerta, al entrar pudo ver en las condiciones en la que se encontraba el bar, mesas rotas, sillas desparramadas por todo el lugar, vidrios por donde se viera y una que otra mancha de sangre.
—Ve por tus cosas.
Sara asintió y caminó hacia la despensa y una vez dentro encontró su bolso en el mismo lugar en el que lo había dejado, sonrió por fin podría llevar ropa de su talla.
Kisho por su parte caminó hacia la barra esquivando ágilmente los escombros del lugar, una vez allí tomó una botella de ron y le dio un gran trago, hizo una mueca cuando el líquido amargo pasó por su garganta. Normalmente nunca haría una cosa como esa… Pero por alguna razón sentía que necesitaba ese trago.
La puerta del almacén se abrió, y él volteó para ver a la chica, la botella resbaló de su mano, pero por suerte cayó de pie sobre la madera de la barra. Sara iba vestida con un vestido veraniego blanco corto por encima de las rodillas, escotado en los hombros y con un trenzado azul a la altura del busto mostrando algo de sus muy proporcionados atributos, unos zapatos de tacón azul claro y unos lentes de sol negros en la cabeza.
La rubia amarró su larga melena en una cola de caballo dejando un par de mechones a ambos lados de su cara, con una sonrisa ladeada hablo.
— ¿Qué sucede? ¿Caíste ante mi belleza?
Kisho frunció el ceño.
—Ya quisieras… —dijo solo para caminar hacia la salida.
La Capitana solo sonrió ante la actitud de su nakama. Salieron del bar y caminaron hasta que llegaron al centro de la ciudad.
— ¿Y bien? ¿Qué haremos ahora?... —demandó Kisho.
El pobre se arrepentiría por el resto del día el haber formulado esa pregunta. El astro de luz estaba en lo más alto del cielo, dando a entender que era medio día. Sara miró directamente al sol a través de sus lentes y sonrió.
—Mmmm estoy exhausta… Tal vez deberíamos buscar un lugar para almorzar.
— ¿¡EXHAUSTA!? ¿¡CÓMO PUEDES ESTAR EXHAUSTA SI NO HAS HECHO NADA!? ¡LO ÚNICO QUE HAS HECHO ES… ¡COMPRAR!, ¡COMPRAR! Y ¡COMPRAR! —Exclamó Kisho llamando la atención de todas la persona a su alrededor, ganándose una gran cantidad de miradas de pena y de burla.
Y era porque el pobre peliblanco estaba cargando infinidades de bolsas de compras y una cantidad exagerada de cajas que contenían todo tipo de ropa, zapatos e incluso joyas. El hombre se veía que no podía dar un paso más debido a la gran cantidad de cosas que llevaba.
—Por favor… No son tantas cosas —la rubia se cruzó de brazos—. Además tu eres un hombre —dijo para darle la espalda para caminar a un restaurante el cual tenía mesas en el exterior.
Sara se sentó en una mesa alejada del ajetreo de la gente, un tiempo después Kisho llegó colocado las cajas en el piso al igual que todas las bolsas con su preciadas pertenencias.
—Eres un monstruo —murmuró cansado sentándose en una silla al frente de ella.
El mesero llegó tomando la orden de ambos y al cabo de un tiempo su comida fue servida.
— ¿Cuántas islas hay en el Archipiélago Polestar? —interrogó Sara degustado su pasta.
—Bueno, está esta misma isla, y otras pocas. ¿Por qué la pregunta? —preguntó el hombre bebiéndose toda la cerveza que le fue llevada.
—Por eso —Sara señaló un cartel de un tamaño bastante grande en el cual se informaba sobre un concurso de tiro—. Isla Sabarna. ¿Te suena?
—Hum. De oídas. Si no recuerdo mal, estaba al sur de esta isla.
— ¡Perfecto! Pues prepárate, porque vamos a ir a ese concurso.
— ¿Y eso? ¿Qué interés puedes tener? No me digas que es por la recompensa —alzó una ceja, dinero era lo último que le faltaba a esa mujer, un ejemplo claro era todo lo que había comprado, casi le daba un infarto al ver las facturas de las primeras compras, y por su propia salud mental dejó de ver los precios cada vez que pasaban por una tienda nueva.
—Para nada. No soy buena con las armas de fuego, y supongo que tú tampoco. No, lo que tengo interés es en conocer al futuro campeón.
—Entiendo. Tienes pensado reclutarlo también, ¿Verdad?
— ¡Exactamente! —dijo con alegría bebiendo un cóctel.
—Pobre de aquel que gane.
—... No eres muy agradable…
Al terminar la comida, pasaron por un par de tiendas más hasta dirigirse al puerto.
— ¡Oh mira! —Kisho siguió el dedo de Sara por entre los espacios de las cajas que llevaba, localizando un navío de no muy grandes dimensiones, el cual parecía ir rumbo a Sabarna—. Ese barco está a punto de salir. ¡Tenemos que cogerlo!
El peliblanco observó impasible como la joven rubia salía corriendo hacia aquel que vendía los tickets. No pudo sino asombrarse de ver a un pirata pagar algo. Suspirando con cansancio debido al peso que cargaba, el usuario de Fruta del Diablo comenzó a caminar en dirección a su Capitana, quien sonreía alegre mientras agitaba ambos tickets.
Antes de subir al barco para alivio de Kisho dejaron todas las comprar en el depósito de maletas del navío, una vez adentro se percataron que estaba repleto de pasajeros, a tal punto de que uno casi no podía moverse con libertad. Ambos piratas mostraron no estar demasiado cómodos en aquel navío, pero no había otro que los llevará hasta su próximo destino. El viaje se les hizo increíblemente largo, aunque apenas y tardaron unas horas en llegar a la Isla Sabarna. Kisho bajó rápidamente del barco, jurando no volver a ir en uno tan lleno. Sara, por su parte, bajó más despacio, aunque también mostró su disgusto por el viaje tan incómodo.
Ambos tenían claro que necesitaban un barco antes de llegar al Grand Line. El problema es que Sara no tenía tanto dinero como para comprar un navío que pudiera pasar al otro lado de la Reverse Mountain, (La Montaña Invertida). Tenían o bien que conseguir el dinero suficiente para comprar unos suficientemente resistente, o bien robar uno. Aunque claro, Sara sabía que mayor problema era la zona del Calms Belts, (El Cinturón de Calma). Ella tuvo muchos problemas para pasar esa parte, por lo que era más preferible la Montaña Invertida a ese lugar.
La Isla Sabarna no era muy diferente a Loguetown, una vez en tierra Sara usó sus encantos femeninos para que algunos chicos de la tripulación llevaran sus preciadas compras a algún hotel en la isla, ya sin preocuparse por eso ingresaron en la isla.
Luego de pasar el puerto se adentraron en la ciudad. Esta estaba llena de carteles en el cual se informaba sobre el próximo concurso de tiro, pero dicho concurso se celebraría dos horas más tarde, casi al anochecer.
— ¿Tan tarde será el concurso? No creo que sea muy conveniente hacerlo a esas horas. —comentó Kisho con los brazos cruzados sobre su pecho.
—Bueno, en verdad es bueno... O eso creo. De día es más fácil apuntar que de noche. Eso hace el concurso más difícil. La verdad es que me viene perfecto.
— ¿Y eso?
—Piénsalo, si el ganador del concurso es un excelente tirador de noche, imagínate cómo será en el día . Esto nos demostrará sus habilidades, y si aparte de eso cumple mis expectativas, será mi nakama.
—Mmmm ya veo.
—Por el momento solo nos queda esperar… Bien, vamos a hacer turismo y de paso ir de comprar.
A Kisho casi se le va el alma del cuerpo al escuchar la palabra "compra".
Sara chocó con un hombre de cabellera castaña, quien se disculpó, retomando su camino en dirección contraria. Ambos piratas no tomaron importancia a aquel suceso, una por la idea de seguir comprando y el otro por la idea de seguir cargando bolsas y así ambos fueron a explorar la ciudad. Después de todo, aún faltaba una hora para el comienzo del concurso.
Las luces del atardecer iluminaban el cielo con tonos rosados y anaranjados, a punto de dar paso a la oscuridad de la noche. En el centro de la plaza principal de la isla todos estaban reunidos para ver de primera mano aquel concurso. Sobre un letrado estaba el presentador y al mismo tiempo el juez del concurso y abajo se encontraba los participantes, los cuales llegan a un total de cincuenta. El presentador sonrió con emoción mientras comenzaba a dar el discurso que indicaba el comienzo del concurso de tiro.
— ¡Hola a todos y bienvenidos a este concurso!, Como ya sabréis los que habéis venido, este es un concurso de tiro en el cual solo se aceptan armas de fuego o tirachinas. La recompensa para aquel que logre ganar será de un total de… ¡Trescientos mil berries!
Los gritos de asombro por semejante cantidad no tardaron en resonar en toda la plaza. Muchos eran los que solo se habían apuntado por aquel suculento premio, y no era para menos. Sara revisó a todos los presentes, y en principio no parecía que ninguno fuera destacable, pero claro, no valía solo dejar llevarse por su intuición, sino que tenía que ver si éste se equivocaba.
—Gracias a todos aquellos que os habéis inscrito y habéis pagado el precio. Daremos comienzo con un ejercicio muy sencillo el cual consistirá en darle al centro de las dianas que estarán situadas a cincuenta metros. Os recuerdo que para este concurso sólo están permitidos las pistolas y tirachinas, las escopetas o rifles no cuentan.
Los participantes se pusieron en fila frente a cada diana, preparando sus armas o tirachinas para comenzar la prueba. Había de todas las edades, desde ancianos hasta niño que no pasaría de los ocho años. La primera la prueba comenzó y prácticamente la mitad no cumplió el objetivo, por lo que fueron descalificados.
La segunda prueba consistió en alejar diez metros la diana, hasta alcanzar los sesenta metros. Aquí, de la mitad que había pasado la primera prueba, la mitad no pudo lograr el objetivo, por lo que después de esta segunda prueba sólo quedaba un cuarto del total que había comenzado.
El concurso siguió avanzando, y ambos piratas reconocieron que ahí habían buenos tiradores. Las pruebas se fueron haciendo más complicadas, las diana no se alejaron más de ochenta y cinco metros, pero las dianas una vez alcanzado esa distancia fueron sustituidas por otras cosas más difíciles de lograr alcanzar. Después de media hora de concurso, solo quedaron dos finalistas: el primero parecía ser un hombre muy experimentado por su edad, pues sus cabellos, tanto los de su coronilla como los su de barba, eran blancos como la nieve, y tenía el rostro bastante arrugado; el segundo era mucho más joven, y sorprendía que hubiera llegado tan lejos solamente por el uso de gafas, pues muchos criticaban que debería de hacerlo sin ellas, pero así el pobre muchacho tendría desventaja por su mala vista.
Sara y Kisho estudiaron a ambos finalistas. Para Kisho ninguno de los dos le llamaba precisamente la atención, eran buenos tiradores pero ya. En cambio Sara si los estudios ambos minuciosamente. El anciano parecía la mejor opción, pero por su avanzada edad dudaba que pudiera aguantar una aventura como la que ella tenía planeada, en cambio, el chico de las gafas no parecía tan experimentado, pero por lo visto tampoco era mal tirador, por lo que entre ambos, él era la mejor opción para añadirlo a su banda.
— ¡Bien, damas y caballeros! —él presentador del concurso volvió a llamar la atención de todos los presentes—. ¡Hemos llegado al final de este concurso y solo dos de todos aquellos que comenzaron este mismo han llegado a la final! ¡Ahora os mostraremos el premio! —el hombre hizo un gesto y un anciano, el cual cargaba una bolsa bastante grande con el símbolo de los berries, se acercó hasta donde estaba situado el presentador, pero inesperadamente una persona se acercó, golpeó al anciano, cogió la bolsa y salió por patas—. ¡Está robando el premio! ¡Que alguien lo detenga!
Muchos intentaron detener al ladrón, pero era bastante escurridizo. Cuando Sara estaba preparada para entrar en acción, alguien se le adelantó para ser preciso uno de los finalistas, el de las gafas, apuntó con su pistola al ladrón y, con un tiro muy preciso, que logró acertar en una de sus pantorrillas, por lo que el ladrón cayó al suelo, incapaz de correr. Aquel momento fue aprovechado para atraparlo.
Los de seguridad recogieron la bolsa, revisando que todo el premio estuviera ahí. El juez y presentador se acercó corriendo, para verificarlo también, suspirando aliviado a ver que estaba todo el dinero. Ahora con el dinero una vez a salvo, volvió al altillo donde se situó nuevamente, esta vez con la bolsa de dinero en su mano.
—Bueno, damas y caballeros, lamento este incidente, pero como han podido ver el ladrón ya ha sido atrapado y se la ha llevado al cuartel. Agradezco al participante por su tan certero tiro para detener a este malnacido ladrón. Ahora daremos paso a la última prueba de este concurso.
Ambos finalistas se miraron uno a otro para luego desviar la mirada hacia sus objetivos. Se respetaban. De eso no había ninguna duda, pero ese era un concurso y el premio era bastante jugoso, por lo que tenía que centrarse totalmente en la última prueba. Esta se trataba de dos monedas pequeñas situadas a ochenta y cinco metros, algo muy difícil de alcanzar usando pistolas. Si fuera un rifle sería bastante sencillo, pero ese concurso no era para ponerlo precisamente fácil, sino para demostrar las capacidades como tirado de aquellos que se habían apuntado.
Ambos, anciano y hombre, apuntaron hacia sus respectivas monedas, pero ninguno abrió fuego, pues esperaban a que el juez-presentador diera la orden. Cuando el susodicho dio la señakl ambos dispararon al mismo tiempo. Las balas lograron impactar en su objetivo, ambas monedas, por lo que al principio fue imposible decir quién había ganado. Buscaron las dos monedas para ver quién había golpeado más el centro. Una vez encontradas pudieron comprobar que por MUY poco, el tirador de las gafas había ganado el concurso.
El juez-presentador se acercó hasta ambos tiradores, hablando con ellos en voz baja. El anciano asintió, un poco decepcionado, pero luego se encogió de hombros y felicitó sinceramente al muchacho de las gafas. Ambos pistoleros se dieron un apretón de mano con una sonrisa, y el juez llevó al de gafas hasta el altillo donde se había situado durante todo el concurso.
— ¡Y el campeón, por muuuuuy poco, es Beren Edain!
El público estalló en aplausos por el nuevo campeón del torneo, quien asintió un poco avergonzado por ser el centro de tanta atención. Mientras tanto, cierta rubia sonreía maliciosamente mientras clavaba su mirada en su nuevo objetivo. Kisho, a su lado, suspiró mientras sentía lástima por su posiblemente nuevo compañero.
El ahora conocido como Beren recibió la bolsa de dinero, a un sonrojado y avergonzado por tanta atención sobre él, y procedió a bajar del altillo. Muchos se acercaron para felicitar al nuevo campeón del concurso, pero ambos piratas esperaron con paciencia a que todos hubieran marchado, y el nuevo campeón quedara solo. Una vez que la situación llegó, Sara se acercó con las manos cruzadas sobre su espalda y una sonrisa grande e inocente. Kisho cerró los ojos, cansado, quedándose en su sitio, esperando ver como su Capitana intentaba reclutarlo.
Conforme más se acercaba, mejor podía ver su apariencia. Rondaba los veinte medios, entre veinticuatro y veintiséis. Era un poco más alto que Kisho, aunque apenas se notaba, piel un poco bronceada, como la que suelen coger los que pasan mucho tiempo al sol, cabellera castaña oscura, ojos castaño-verdosos, con gafas, barba de una semana, no parecía ser alguien atlético, pero no estaba en baja forma. Algo que le llamó la atención fue el pelo que asomaba por su camisa y brazos. Hasta ahora, la gran mayoría de hombres que había conocido apenas y tenían pelo en otra parte que no fuera cabeza, cara o piernas. Calzaba unas botas marrones oscuro, pantalones negros anchos y una camisa pirata, mostrando un poco de pecho lobo y con las mangas remangadas hasta los codos. En ambas piernas llevaba atadas fundas para pistolas, siendo dos en total.
Una de las dos pistolas que llevaba ahora enfundadas era la que había usado para el concurso. Eran curiosas, pues no se parecían a cualquier otra que hubiera visto. No se parecía a la típica pistola de chispa que usaban tanto piratas como marines, pero creía que su uso sería el mismo.
—Hola campeón. Mis felicitaciones por tu victoria. Ha estado todo muy reñido, ¿Eh?
Beren sonrió avergonzado. No estaba acostumbrado a ser el centro de atención, y solo deseaba poder marcharse de una vez con el dinero que había ganado.
—Sí, bueno, ese anciano es un gran tirador. Si solo tuviera unos pocos años menos no hubiera podido vencerle.
—Bueno, los ancianos tienen más experiencia que los jóvenes, y por eso parten con ventaja, además de, cuando llegan a cierta edad, esa experiencia compensa la pérdida de capacidades físicas.
—Toda la razón del mundo.
—Me alegra ver que coincidimos, Beren. Pero no estoy aquí solo para felicitarte —el pistolero enarcó una ceja por aquellas palabras—. Verás, estoy reclutando gente para mi tripulación. Llevo solo uno, ese del pelo blanco— realizó un movimiento con la cabeza, señalando a Kisho, quien no reaccionó —. Y creo que tú eres indicado para unirte.
Beren estudió repetidas veces a ambos pirata. Si, sabía que eran piratas, pues fue secuestrado años atrás por una banda, y pasó tiempo con ellos en contra de su voluntad. Aunque no guardaba rencor contra los piratas, no se fiaba de ellos. Quizás y solo querían su recompensa.
—Entiendo. Gracias, pero tengo que rechazar tu oferta.
Sara entrecerró los ojos. No esperaba que se negara, por lo que tendría que usar sus encantos femeninos que tan útiles les fue en el Nuevo Mundo y en el Paraíso.
— ¿En serio me negarás esta invitación? Te ofrezco grandes aventuras y que tu nombre sea conocido a nivel mundial.
El tono meloso sín duda haría caer a más de uno, pero el pistolero no era tonto. Beren admitió que la muchacha era muy guapa, pero siguió negándose.
—Lo lamento, pero en serio tengo que negarme a tu propuesta. Que paséis un buen día.
El pistolero se dio la vuelta, marchándose de la plaza. Sara quedó totalmente estática, con los ojos hechos puntitos. Se volteó y caminó como zombie hasta una esquina, se sentó en el suelo abrazando sus rodillas mientras un aura deprimente la rodeaba. Kisho tomó las pocas bolsas de compras y fue hasta ella, agachándose para escucharla murmurar algo.
— ¿¡Cómo es posible!? ¡Dos hombres no han caído ante mis encantos de mujer!… ¿¡Habré perdido la práctica!? ¿¡No soy lo suficientemente atractiva!?, o ¿¡Acaso me estaré volviendo fea!?
—No es eso. Ese tipo ha sentido tus malas vibraciones, por lo que ha sido listo y se ha marchado.
Sara levantó la cabeza, frunciendo el ceño sin entender lo que el peliblanco quería decir.
— ¿A qué te refieres con malas vibraciones?
—Que ha podido notar que planeabas algo. Gran intuición la suya.
—Entonces no se unirá por las buenas.
—Exactamente.
—Hum… Pues solo nos queda una opción ahora…
—¿Enfrentarnos a la larga oscuridad de Moria?
Sara enarco una ceja mientras miraba a su segundo de a bordo.
—¿Qué? ¿De dónde sacas eso?
—Lo leí en un libro.
Sara rodó los ojos y clavó su mirada hacia donde se había ido el pistolero. Kisho tuvo un escalofrío cuando vio los ojos de su Capitana. Esa mujer nada bueno tramaba para el tipo llamado Beren.
—Miedo me da preguntar.
...Tiempo después...
Beren frunció el ceño al ver al dúo. No esperaba volver a verles luego de las tantas negativas que le había dicho a la joven de dorada cabellera, y sinceramente se estaba exasperando. Desde su primer rechazó, la muchacha no había dejado de molestarle con diversos métodos para que se uniera, pero él siempre declinaba la oferta. ¡Incluso había usado sus armas como mujer! Pero daba gracias a su parte razonable, la cual presentía el peligro, quien ganaba la batalla a su cabeza pequeña.
—Bueno, lo he intentado por las buenas y no ha sido posible, así que solo queda hacerlo por las malas.
Beren se preparó para desenfundar sus armas y abrir fuego si así fuera necesario.
— ¿Y qué pensáis hacer?
— ¡Vamos a secuestrarte!
El pistolero quedó pasmado por aquellas palabras. Ya le habían secuestrado años atrás, y esta vez no se parecía en nada.
—Para secuestrar a alguien necesitas cuerdas, una bolsa para la cabeza y una mordaza, y no tenéis ni lo uno ni lo otro.
Kisho y Sara se miraron de reojo…
...Minutos después...
Ambos piratas intentaban avanzar mientras un maniatado y encapuchado Beren se retorcía para intentar librarse de sus ataduras. Kisho había usado su poder para crear cuerdas, una capucha y una mordaza, y de algún modo que aún no sabían cómo, habían logrado secuestrarle.
— ¡Deja de menearte tanto! —gruñó molesta Sara—. ¡Kisho, haz algo!
— ¡Ya bastante hago sujetando la parte superior de su cuerpo!
— ¡Eres un quejica!
— ¡Por supuesto que lo soy! ¡Me ha mordido!
Sara suspiro.
— Por el momento llevémoslo al hotel ya pensaremos en qué hacer.
Una vez en el hotel, ambos piratas veían como Beren se revolvía en el suelo tratando de liberarse le habían quitado la capucha y se encontraba amordazado.
— ¿Y bien? ¿Qué haremos ahora? —pregunto Kisho a su capitana.
—Mmmm oye tú —dijo Sara en dirección a Beren, el mencionado la miró con el ceño fruncido—. ¿Por aquí hay alguna persona corrupta en esta isla?
Beren dejó de moverse ante la extraña pregunta. Sara se acercó a él y le quitó el mordaz de la boca.
— ¿Y bien?
Confundido respondió.
—Bueno… Si lo pienso bien hay un sujeto.
Sara se sentó en la cama cruzando elegantemente las piernas viendo a Beren.
—Cuéntanos sobre el.
Ambos hombres estaban confundidos pero aun así el interrogado hablo.
—Se llama Brian, es un hombre bastante corrupto, roba ingresos de la ciudad y se encarga de desaparecer a cualquiera que lo moleste. ¿Por qué preguntas por él?
—Mmmm. ¿Él tiene barcos? —preguntó Sara ignorando la pregunta del secuestrado. Kisho ya podía ver a donde iba la conversación.
— ¿Eh? Supongo pero, ¿Por qué tantas preguntas sobre él?
—Decidido le robaremos un barco a ese hombre.
— ¿¡Qué!? —exclamó Beren incrédulo.
—Ya me lo imaginaba —dijo el peliblanco.
—Y tú nos ayudarás —dijo Sara señalando a Beren.
— ¡¿QUÉ?! ¡CLARO QUE NO!
— ¡QUE SI!
— ¡QUE NO!
— ¡QUE SI!
…No sabemos cuánto tiempo después…
— ¡QUE NO!
— ¡QUE SI!
— ¡QUE NO!
— ¡QUE SI!
— ¡QUE SI!
— ¡QUE NO!
— ¡QUE SI!
— ¡QUE NO!
— ¡QUE SI! Y PUNTO FINAL! —le tomó un buen tiempo a Beren darse cuenta que había caído en la trampa más vieja del mundo.
— Bienvenido a bordo
— … En tus sueños… —gruñó molesto.
Más tarde esa noche...
La luna llena estaba en lo alto del cielo siendo tapada ocasionalmente por una que otra nube pasajera. La ciudad estaba iluminada por las luces de las farolas que impedían el mal actuar de la gente gracias a la oscuridad de la noche. El puerto también tenía farolas que iluminaban lo suficiente, pero no tanto como para ver lo que ocurría dentro de los barcos.
Detrás de un contenedor, el cual se encontraba en un lugar no muy bien iluminado dado que ese lugar no era muy frecuentado, se encontraban escondidos tres personas, los cuales lucían bastantes sospechosos.
Los dos hombres llevaban pantalones negros, botas de cuero del mismo color y camisas oscuras. La única mujer del grupo vestía con unas botas de tacón de aguja de color negros, un shock y un suéter a juego del mismo color.
— ¿Cómo demonios me deje convencer? —pregunto Beren en un susurro molesto.
—Uno, porque le daremos una lección al hombre que ha estado robando aquí a los ciudadanos, incluyendote —contestó Sara en voz baja sin apartar la mirada del almacén de donde se suponía que robarían el barco—. Y dos, estando suelto tienes más oportunidades de escapar… Claro que no lo vamos a permitir.
—Eres un demonio.
—Estoy totalmente de acuerdo contigo —dijo Kisho apoyando al pistolero.
— ¿Y por qué motivo llevas tacones de aguja? Es el peor calzado para situaciones como esta.
—Porque me veo fabulosa con ellos.
Los tres ladrones momentáneos se acercaron a los vigilantes del navío. Kisho invocó su poder de Fruta del Diablo mientras Sara cogía una pistola. Beren se mantuvo alejado.
— ¡Que nadie se alarme! ¡Estamos tomando posesión de este navío! —clamó Sara con una gran sonrisa.
Los vigilantes del barco se miraron entre ellos, riéndose por la actuación. A pesar de ello, Sara no perdió su sonrisa.
—Por favor nena, este navío no puede ser tripulado por dos o tres personas. Primero tendríais que derrotarnos, y aunque lo hicierais, cosa que dudo mucho, no podríais alejaros de la isla.
A pesar de sus palabras, ninguno de los dos piratas cambió su gesto. Por el contrario, Sara apuntó con la pistola a la cabeza del jefe, quien se asustó por ver aquella arma de fuego apuntando entre sus ojos. Además, la sonrisa de la muchacha se volvió un poco escalofriante.
—Amigo mio, soy la Capitana Seven D. Sara, ¿Comprendes? y ahora soy yo la que manda —la mujer soltó la pistola, desconcentrando al hombre frente a ella, y antes de que algunos de los vigilantes supiera que pasaba, Sara dio una vuelta entera en su propio eje alzando su pierna derecha la cual impactó el la cara del sujeto, mandandolo a volar y antes de que el arma de fuego tocara el suelo, con un simple movimiento de pie, la rubia pateó la pistola devolviendola a su manos—. ¿Quién sigue?
Los dos sujetos restante se abalanzaron sobre la chica, claro que antes de que le tocaran un solo cabello, Kisho se interpuso dando un fuerte puñetazo en la boca del estómago de uno, y al segundo le dio un golpe con su escudo noqueándolo enseguida.
—¿Por que llevas una pistola si no la vas a usar? —curioseó Kisho desactivando su poder.
—Así me veo más genial —contestó la rubia empezando a caminar hasta el barco.
—Además dudo que puedas hacer mucho con una pistola sin balas —comentó Beren cruzado de brazos caminando junto a ellos.
—Oooh así que te diste cuenta.
—No es nada del otro mundo, solo note que el arma no estaba muy pesada debido a la forma en que la movías, así que llegué a la conclusión de que no estaba cargada.
—Ya veo, era de esperarse de mi pistolero.
— ¡Yo no soy tu pistolero!
— ¡Si lo eres!
— ¡No lo soy!
— ¡Si lo eres!
—Dejando su estúpida pelea a un lado, ¿Como moveremos este barco?... Es enorme —observó el peliblanco una vez estuvieron en la cubierta del barco—. Los sujetos de antes tenían razón, nosotros tres no podremos moverlo.
—Eso es más que obvio —Sara se cruzó de brazos mientras se recostaba en la barandilla—. ¿Realmente creíste que nos llevaremos este barco… ¡Al Grand Line!? Antes de que pasara una semana ya estaríamos en el fondo del mar haciendole compañia los reyes marinos.
Kisho se indignó por sus palabras pero no dijo nada.
—¿Sabes mucho del Grand Line? —preguntó indiferente Beren viendo a Sara.
—Si, no por nada he navegado por ese peligroso mar y sobrevivido para contarlo —contestó orgullosa la mujer.
—Sin mencionar que lo hizo sola.
El joven de castaña cabellera se quedó totalmente tieso ante aquella increíble revelación. Había escuchado de un grupo de cinco piratas que habían atravesado la Montaña Invertida con un barco bastante pequeño hasta el Grand Line. Y cuando estuvo allí pudo conocer a muchos otros piratas con embarcaciones un poco más grande navegando ese mar… pero de ahí a navegar sola...
—… Estás de coña…
—Paaara naaada.
Sara volvió a sonreír con arrogancia, cruzando sus brazos a la vez que alzaba su pecho.
—Vale, ahora que sé esto... definitivamente yo me largo de aquí en cuanto terminemos...
—Si, si… Dejando eso de lado, Beren —dijo señalando un punto en el puerto—. En ese lugar hay un interruptor, presionalo.
— ¿Para qué? —a pesar de su duda, aun no salía de la impresión de que ella hubiera navegado por el mar más peligroso del mundo... Sola.
—Solo hazlo.
Sin saber muy bien la razón, Beren se encaminó a la barandilla y observo el punto que le señalaban. Sacó una pistola repetidora modificada por el mismo y apuntó. A pesar de la distancia y la oscuridad, pudo ver el interruptor, se concentró para marcar su objetivo y disparó. En el mismo instante en que la bala impactó en el interruptor, una alarma se activó.
—… No me jodas… ¡Si seré gilipollas! —exclamó Beren alarmado, dándose de golpes contra el palo mayor por caer en tamaña estupidez..
—Activaste la alarma —contestó Sara tranquilamente sin inmutarse por el sonido, llamando la atención de los dos hombres.
—¿Cómo que la alarma? —Kisho ladeó su cabeza… Rezando para que no fuera verdad.
Sara sonrió.
—Ahora ese tal Brian sabe que estamos aquí, y si no me equivoco vendrá a nosotros sin tener que buscarlo.
—¿Por qué quieres eso?
—Fácil, estoy segura que sacaran sus barcos para atacarnos… En ese momento robaremos uno que esté listo para zarpar y de paso que sea pequeño.
—¡Estas loca! —gritó Beres señalándola.
—No estoy loca pe… —Sara no pudo terminar de hablar porque una bala de cañón había caído justo al lado del barco, meciendolo fuertemente casi tumbándolos—. Ya están aquí~~~. —canturreó felíz de la vida.
—¿Por qué me acaba de recordar a una escena de película?
—¿Seguro que era de una película?
—Pues yo creo que sí… Creo...
Una gran cantidad de barco los tenían rodeados, varios de ellos llamando la atención de Sara ya que eran perfectos para ser maniobrados por pocas personas.
—Pero miren nada más… Si son nada más que tres ladronzuelos de segunda —se burló un hombre en el castillo de proa del navío más grande.
Este era un hombre pequeño y obeso, calvo y con varias arrugas en su rostro.
—No somos ladrones de segunda, anciano… Somos piratas —Sara frunció su ceño con disgusto—. He escuchado de ti, un tipo corrupto que pasa el tiempo robándole a personas que no le han hecho nada y desapareciendo a los que se interponen en su camino.
El sujeto sacó del bolsillo interno de su chaqueta una caja de cigarrillos y tomó uno, un subordinado se acercó a él y se lo encendió. El hombre inhalo y después de un tiempo soltó el humo.
— ¿Desde cuando un pirata se preocupa por algo más que no sean ellos mismos? —inhaló de nuevo el cigarro—. Pero eso no importa, ahora ustedes tres están en mi territorio, no crean que escaparan.
—Je, ya lo veremos… Anciano.
—Sobre todo tu muñeca —dijo el sujeto señalando a Sara con su cigarro—. La Marina pagará muy bien por ti… Cincuenta millones por "La Bailarina"
— ¡CINCUENTA MILLONES! —Exclamaron Kisho y Beren sin creer lo que sus oídos escucharon.
—Mmmm no sabia que mi cartel de recompensa hubiera llegado a los Blues —Comentó Sara observando a los demás barcos, tratando de predecir cual atacaría primero.
—No, no lo ha hecho, pero yo tengo contactos —exhaló por última vez el hombre, para soltar el cigarrillo y pisarlo—. Pero tranquila no te entregaré aun a la Marina, primero quiero disfrutar de tu cuerpo.
—Pero, ¿Qué tienen todos los viejos con violar a chicas jóvenes? Incluso hombres jóvenes. ¡Y encima la mayoría son viejos y gordos! ¡Desprestigian a los viejos gordos normales! —murmuró Beren cruzándose de brazos.
—Quien sabe. Lo único que podemos afirmar con esto es que nos hacen ver como un montón de lobos con un hambre voraz e insaciable. —Kisho gruñó molesto.
—Tienes razón. Además, ¿Qué pasa con esas mujeres que violan hombres? Nooooo, de eso no se habla porque no es igual de impactante.
—La verdad es sencilla… Muchos hombres somos indefensas ovejas ante despiadadas devorahombres que solo nos quieren para saciar sus más bajos instintos.
Luego de aquellas frases, ambos intercambiaron miradas, volteando para encararse. Fruncieron los ceños y cualquiera diría que iban a empezar una pelea, pero entonces…
¡Plaf!
Ambos chocaron sus manos con grandes sonrisas.
—Sin duda tu y yo nos llevaríamos muy bien. Lástima que nos despidamos dentro de no mucho.
—Si, una gran lástima… Siempre y cuando logres librarte de la rubia loca.
—Ya me encargaré de ello.
Sara solamente observaba al dúo varonil con un tic en su ojo. Pero suspiró y volvió a centrarse en su objetivo… El viejo verde. El comentario la molestó mucho, en especial la mirada lasciva que le lanzó el anciano, por lo cual no dudo ni por un momento en lanzarse al ataque. Dio un salto imposible para una persona normal, hasta llegar donde el gordo, el cual ni siquiera se movió, un subordinado se acercó rápidamente y disparó en dirección a Sara.
La rubia atrapó la bala con su mano, al tener un guante puesto nadie pudo ver que estaba haciendo uso de su Busoshoku Haki, también conocido como Haki de Armadura.
—¡KISHO! ¡BEREN! ¡Encargarse de tomar el tercer barco de la derecha —Ordenó.
Sara cayó grácilmente en el barco más grandes, los subordinados de Brian se lo había llevado, así que no lo podía ver, lo unico que veia era una gran cantidad de hombres de trajes negros apuntando con sus armas.
—¡Veamos quienes son más rápidos… Si sus balas o mi velocidad! —la rubia se relamió los labios—. Comencemos.
...Con Kisho y Beren...
Una serie de disparos se escucharon provenir del barco más grande, mientras que los más pequeños abrieron fuego al barco donde quedaron el compañero de la mujer y el otro. Ambos estaban muy concentrados en lo suyo, pero al sentir el repentino y violento tabaleo del barco, prestaron atención en la situación en la que se encontraban.
—¡Están locos estos romanos! —gritó Beren cubriéndose mientras llevaba sus manos a sus piernas, o más precisamente a las fundas donde guardaba sus pistolas.
—¿¡Qué demonios estás diciendo?!
—¡Lo leí en un tebeo!
El hombre de pelo en pecho desenfundó sus pistolas y comenzó a disparar a los tripulantes del navío, siempre intentando alcanzar puntos no vitale, mientras cubría al peliblanco. Kisho invocó su poder de Fruta del Diablo, creando un gran escudo para cubrirse de las balas, y varias dagas, las cuales lanzó contra sus contrincantes. Muchas dieron en el blanco mientras que otras impactaron en madera. Los lacayos del gordo salido cubrieron sus cuerpos de los disparos de Beren y las dagas de Kisho.
— ¿¡Y qué debemos hacer ahora?! ¡Nos va a resultar imposible llegar al barco indicado! —exclamó Beren mientras volvía a cubrirse.
— ¡Tenemos que tomar el tercer barco! ¡Maldición, apenas y estamos en el primero!
— ¡Pues largo trecho aún nos queda! —Ambos siguieron cubriéndose hasta que Beren tuvo una idea—. ¡Joder, ya lo tengo! ¡Claro que sí! ¡A la santabárbara!
— ¿¡La qué!?
— La santabárbara. Es el pañol o paraje destinado en los buques para custodiar la pólvora u otros explosivos, así como la cámara por donde se comunica o baja a este pañol, es decir, es un polvorín en los navíos.
Kisho frunció el ceño mientras intentaba averiguar lo que Beren pensaba, hasta que se le iluminó la bombilla.
— ¡Estás loco!
— ¡Y orgulloso de ello! ¡Cúbreme!
El peliblanco, no muy convencido, comenzó a contraatacar, dando a Beren el tiempo necesario para que bajara a los niveles más bajos del navío donde se encontraban. Estaba loco al querer volar todo el puto barco por los aires, pero también admitía que era una muy buena idea. Durante varios minutos Kisho se mantuvo en su sitio, manteniendo a raya a los subordinados de gordo viejo y salido que tenían por jefe cuyo nombre ya se le había olvidado.
— ¡Hey, colega, necesito que me cubras, y rápido!
Kisho escuchó el grito de Beren por entre las tablas de madera que formaban la cubierta. Con sumo cuidado avanzó hasta las escaleras que daban acceso a los niveles inferiores del navío, por donde apareció Beren corriendo como poseso.
— ¡Corre, corre, corre!
— ¿¡Qué demonios has hecho!?
— ¡Que corras hostias!
Ahora, sin nada con que cubrirse, ambos corrieron hacia la borda del navío y saltaron al siguiente barco, pero no de detuvieron ahí. Kisho creó escudos de considerables dimensiones para cubrirlos a ambos, atravesando la cubierta del segundo barco y saltar al tercero, el más pequeño pero al mismo tiempo el más adecuado para una tripulación pequeña.
Sin tiempo que perder, ambos echaron a los cuatro subordinados que había y se pusieron manos a la obra para alejar el barco de ahí. Agarrando el timón, Beren comenzó a virar para alejarse de los dos buques más grandes. Para sorpresa de Kisho, no mucho después...
¡Kabooom!
La explosión fue muy violenta. El primer navío estalló en pedazos, y el segundo, al estar prácticamente al lado, recibió de lleno la metralla, astillas, munición y demás que salieron disparadas desde el otro barco. Los boquetes que se crearon al recibir tales impactos fueron tan grandes que resultaría imposible repararlos antes de que el agua que entraba en el barco llegará al límite. Ambos navíos estaban condenados.
— ¡Wow! ¡Fijate que pedazo de fuegos artificiales! —Exclamó Beren sonriente— Espero que no la hayan palmado...
—Bueno… no se que decirte…
Ambos se miraron y encogieron de hombros. Ahora debían ir a por la rubia.
...Con Sara momentos antes…
Sara caminaba con total calma dentro del barco, estaba más que decepcionada de los enemigos que tenía pero, ¿Qué podía esperar? Realmente estaba en el East Blue, el mar más débil de todos. Suspiró aburrida. Un sujeto apareció apuntada con una pistola, disparando hacia la rubia, quien movía la cabeza en direcciones contrarias a las balas, esquivándolas fácilmente. Se lanzó hacia adelante, colocando las manos en el suelo y pateando el rostro del sujeto, noqueando de inmediato.
Se paró en sus piernas y reanudó la caminata, dio una potente patada a una puerta, la cual cayó hacia adelante, donde se encontraba el viejo verde.
—Te encontré… ¡Maldito Pervertido!
— ¿Q-Qué están esperando…? ¡Acaben con ella! ordenó el anciano bastante asustado.
No podía creer que ella estuviera en ese lugar. ¿Qué había pasado con sus subordinados? ¿Los había derrotado?
Dos hombres del tamaño de gorilas se lanzaron contra ella.
Tack… Tack… Tack, Tack, Tack...
La rubia, con sus botas de tacón, comenzó a hacer un sonido rítmico parecidos al del flamenco, subió los brazos y comenzó a bailar. Ambos gorilas se confundieron pero aun así atacaron. Para su sorpresa no pudieron atraparla, ni siquiera un solo cabello. Sara bailaba perfecta y hábilmente por la habitación esquivando a los hombres, con movimientos de brazos, muñecas, piernas y pies. Con un suave movimiento de muñeca tomó el mentón de uno, acercándose peligrosamente, mostrando sus hermosos ojos rojos como llamas.
Antes de que el hombre supiera que habia pasado, habia sentido un fuerte dolor en uno de sus pies y luego se encontraba estampado en una de las paredes del cuarto. Lo último que vio antes de caer en la inconsciencia fue una hermosa cabellera dorada y unos hipnotizantes pero aterradores ojos.
El segundo sujeto al ver a su compañero en una pared no dudo en sacar una pistola y apuntarla a la rubia.
—Aaaah, lo único que saben hacer es disparar… Que aburrido —Sara sacó su propia pistola y se la lanzó al hombre en la cabeza, dejándole KO. Ignorando su enorme cuerpo, caminó hasta el viejo y tomó el arma cargada—. Bien… ¿Qué haré contigo?
—¡NO ME MATES POR FAVOR! —chilló el viejo arrodillándose del miedo. Sara apuntó el arma justo en su frente—. ¡Por favor!
El sujeto subió la vista y toda esperanza de que pudiera ver la luz del sol de nuevo se esfumó. La mirada que tenía la chica era fría y sin sentimiento…, parecía una persona completamente diferente.
—Me entrenaron para no dudar al matar.
—Ya veo —el viejo sonrió resignadamente—. Doflamingo es una persona aterradora.
¡Bang!
—No mereces decir su nombre, además Doffy no es una persona… Es un monstruo.
¡Kabooom!
Sara frunció el ceño y corrió hacia afuera, pues le preocupaba sus nakamas. Al salir se dio cuenta en las condiciones en que estaban dos barco y el que ella había elegido estaba huyendo. Saltó del barco con un poderoso salto y cayó en la barandilla de su ahora barco.
— ¡Chicos! —saludó ahora más animada al ver que su plan había salido bien— ¿Me extrañaron? —preguntó con una sonrisa coqueta.
—No —fue la contestación de ambos hombres…, tan seca que dolía.
— ¡Eeeeeh!
La batalla había acabado y ahora el trío navegaba en su nuevo navío, observando el resto de los buques del gordo pervertido arder y hundirse en el fondo del mar. Su nuevo barco no era tan grande como un barco de la Marina, pero tampoco uno tan pequeño como el que tripulaban los Mugiwara. Aún así seguía siendo demasiado grande para solo tres tripulantes… o bueno… dos.
—Bien, todo ha salido muy bien… ¡Pero yo me largo!
Aprovechando un momento de relax, Beren aprovechó para saltar por la borda y evitar que esos dos piratas locos pudieron atraparle. ¡Y un carajo que se dejaría atrapar una segunda vez!
—Oye Capitana… El pistolero se escapa. —le comunicó Kisho.
En verdad le gustaría haberse mantenido callado y dejar que aquel pobre hombre huyera de la locura de la rubia, ¡Pero qué puñetas! Le había caído tan bien que prefería tenerlo como compañero para soportar aquel infierno. Puede que actuará como un grandísimo hijo de puta, pero si podía evitar sufrir solo ese infierno… ¡Por un carajo que lo haría! Eso sí, no se lo mencionaría en toda su vida.
— ¡Joder!
Sara saltó por la borda, ya que Kisho al ser un usuario de las Frutas del Diablo, era completamente inútil es la situación en la que se pelea no había durado mucho, Sara con solo usar el Haki de Armadura había dejado a Beren en O.K, porque vamos, el pistolero no podía hacer nada contra una mujer de cincuenta millones de berries.
—Kisho, serias tan amable de lanzarnos una cuerda, este Beren no es precisamente liviano.
—Lo curioso es que tú, siendo tan fuerte, te parezca muy pesado este tipo.
— ¡Solo cállate! y lanza la cuerda.
Con una sonrisa divertida, Kisho lanzó la cuerda para así subirlos. Una vez arriba, Sara se había colocado boca arriba, respirando apresuradamente.
—Estoy exhausta.
—¿Qué haremos ahora Capitana?
—Volver a la isla.
— ¡Eeeeh! ¿Por qué volveremos? Acabamos de salir de ahí.
Sara se sentó rápidamente y le mandó una mirada aterradora a su primer oficial.
—Mis compras se quedaron en el hotel.
—¿¡QUÉ!?
...Un tiempito después, más específicamente al amanecer…
Durante todo el viaje de vuelta, el peliblanco se la pasó murmurando cosas ininteligibles en contra de su Capitana. La muchacha simplemente le ignoró, pues sabía que aquello iba a ser algo bastante habitual. Clavó su mirada en el nuevo miembro de su tripulación, quien dormía muy profundamente mientras un gran chichón poco a poco comenzaba a encogerse, procediendo a quitarle las gafas para que pudiera descansar mejor. Mientras tanto, Kishodirigía el pequeño barco a la isla no pudo evitar notar a su Capitana para hacerle una pregunta que lo molestaba desde hace tiempo.
—Oye Capitana, ¿Enserio piensas secuestrar a Beren?
Sara lo miró dejando de intentar secar la ropa para después ver al inconsciente Beren.
—Si, necesito un tirador y estoy segura que él solo es tímido sobre volverse pirata.
Ante esas palabras Kisho soltó un resoplido mientras evitaba mirarla.
—Parece que me equivoque, si eres como cualquier otro pirata, secuestrar a alguien que desde que lo conociste no quiso nada que ver contigo —Sara no dijo nada ya que parecía que la molestia de Kisho era para alguien más, no solo ella—. Pero bueno, no hay nada que yo pueda hacer, te di mi palabra y la cumplire "Capitana".
La palabra Capitana estaba llena de sarcasmo, por lo que, suspirando, Sara lo dejo mientras entraba en el interior del barco buscando algo con que secarse.
...No sabemos cuánto tiempo después...
Beren comenzaba a abrir los ojos, gruñendo molesto cuando la luz del sol del mediodía golpeó en sus globos oculares. Al notar su mirada borrosa torció su cuello para buscar sus gafas, las cuales estaban a su lado, dobladas. Gruñendo nuevamente procedió a incorporarse, colocándose las gafas correctamente, parpadeando varias veces para aclarar su vista. Para cuando se dió cuenta de que estaba en el navío de los dos piratas, se alarmó por completo. Terminó de ponerse de pie y corrió hacia la borda para asomarse. Para su desgracia, no había rastro alguno de la isla… De ninguna isla.
—Oh, al fin te has levantado. ¡Buenos días compañero!
Beren, lentamente, se dio la vuelta, solo para ver a Sara sonreirle radiante mientras se comía una manzana. La rubia caminó hasta el castillo de proa, por lo que el pistolero buscó con su mirada al otro pirata, el peliblanco, a quien encontró aburrido en el timón. Cuando Kisho se dio cuenta de que Beren le estaba mirando fijamente, sonrió con culpa. No hizo falta que el pirata dijera nada… Beren se había dado cuenta…
—Tú eres un hijo de puta desde la h a la a… Que lo sepas...
…..
"Palabras de los autores"
erendir: yyyyyy esto es todo amigos.
SaraDragonil: Espero que les guste el capítulo, comente si alguna parte les parece graciosa XD.
Sombra-Solitaria: Ya mero empieza lo interesante ojala disfruten de nuestro proyecto.
Keny95: ¿¡DONDE ESTOY!? ¿¡QUIENES SON?! ¿Porque siento un sabor salado en mi boca?...
