One Piece no nos pertenece, pertenece a su respectivo autor, Eiichiro Oda.

Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, etc. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que ya está puesto en categoría M.

Los miembros de este grupo hacemos esto por simple diversión, sin ánimo de lucro.

—Comentarios

—"Pensamientos"

—*Teléfono, comunicador, etc*

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Esta historia ha sido creada por todos los miembros de esta cuenta, por tanto la historia es de todos.

Podéis leer nuestras historias en nuestros respectivos perfiles.

…..

Capítulo 3

'La Navegante'

...

Luego de regresar a la isla por las preciadas e incontables compras de la Capitana habían decidido ocupar la oportunidad para comprar suministros necesarios para el viaje que tenían por delante.

Bien, tienes alguna idea de lo que necesitamos comprar "Capitana".

El constante sarcasmo empezaba a molestar a Sara, pero decidiendo ser una mujer madura se calmó antes de responderle a Khiso.

Comida y…, solo eso me viene a la mente.

Dios dame paciencia, mejor me encargo yo de eso, regresaré en dos horas cuando mucho.

Sin esperar una respuesta el peli-blanco empezó a caminar lejos del muelle con su nueva tarea en mente. Dos horas y media después su nuevo barco empezaba a alejarse de la ciudad que había sido hogar de Khiso durante bastante tiempo, su destino era la Reverse Mountain, la entrada al Grand Line.

Mientras Khiso manejaba el barco con sus limitadas habilidades de navegación escuchó como una pequeña conmoción empezaba a sonar en la bodega de suministros. Sonriendo espero unos cuantos minutos.

¿¡Dónde estoy!? —Un momento después un muy alterado Beren lo encontró, este saco sus dos pistolas y lo apunto por la espalda.

Ignorando al pobre pistolero Khiso tuvo que concentrarse todo lo que pudo para evitar reír al ver el estado de su nuevo compañero de aventuras.

Hola Beren, espero que tu siesta te permitiera descansar —Un segundo después el sonido de un arma cargada se escuchó mientras un histérico Beren apuntaba directamente el rostro de Khiso.

¡No me salgas con esa estupidez y dime dónde está esa maldita loca! —Antes de que Khiso tuviera que hacer algo, además de mirarle, ambos escucharon una tos fingida.

Buscando la fuente se encontraron con Sara parada cerca de ellos, sin embargo su vestimenta ocasionó que Beren enrojeciera un poco mientras bajaba un poco el arma que apuntaba hacia Khiso.

Su nueva Capitana parecía recién salida de una ducha, su rubia cabellera algo húmeda descansaba en sus hombros mojando la blusa rosa que usaba, mientras la empezaba a mirar con más atención más se sonrojaba. Sin embargo un sonido de molestia lo regreso a la realidad, Khiso no se encontraba tan perdido como él. Siseando cosas inentendibles, Beren recordó el encuentro en la isla, después del torneo.

—"Capitana" tal vez debería hablar con su nuevo pistolero antes de que pase un accidente —Volteando a verlo, Beren se encontró con la cabeza y parte del cuello del peliblanco completamente negra, parecía que se había protegido con su habilidad.

Beren, acompáñame debemos hablar y por favor baja tus armas, no es necesario causar un accidente, como lo llamó Khiso.

Beren, sin saber muy bien que hacer, no tuvo de otra más que seguir a la loca que lo había secuestrado. Eso sí, no guardaría sus armas. Kisho les observó en total silencio, los dos entraron a lo que era el camarote de la Capitana, rezando para que Sara lograra convencer al pistolero, pues la tortura que estaba sufriendo prefería compartirla con alguien.

Una vez dentro del camarote Sara se sentó en su cama mientras Beren se quedaba de brazos cruzados frente suyo, en pie, con sus pistolas ahora enfundadas, esperando con no mucha paciencia a que la rubia pirata le explicará. La rubia cruzó una pierna y apoyó sus brazos en ella, analizando con su mirada al hombre de gafas. No podía sacar mucho de él, salvo que era desconfiado con los desconocidos y parecía tener cierta experiencia en lo que era el trato con los piratas.

Bien, estás tardando en darme una explicación —Apremió el castaño.

Vale, primero que nada relájate, y segundo, ahora mismo te explicaré el motivo de que te haya reclutado.

Raptado, mejor dicho.

Sí, sí —Le restó importancia agitando la mano—. Como decía, tengo una gran aventura entre manos y me gustaría que tú te unieras con mi artillero.

Ya me comentaste sobre eso en la ciudad y me negué.

Lo sé, pero no me importa. Soy una mujer que siempre consigue lo que quiere, de un modo u otro, y yo te quiero a ti como artillero de mi tripulación.

Y yo te estoy diciendo que no me interesa.

Y yo te repito que soy una mujer que consigue lo que quiere. Tú vas a unirte y no puedes negarte ni escapar.

¿Qué no entiendes de la palabra no? ¿La "n", la "o" o las dos juntas?

Internamente Sara comenzó a imaginarse a ambos, solo que ella estrangulaba al pistolero hasta que su cabeza salía disparada como el corcho de una botella de champagne. Tampoco era una mujer con demasiada paciencia, y el que dos hombres hayan negado tantas veces lo que ella deseaba, era algo que no había enfrentado nunca en su vida y no hacía más que enfurecerla.

En su mente, sus distintas personalidades discutieron qué hacer ahora para intentar convencerle, y entonces recordó lo que pasó en la ciudad. Aquellos dos hombres no habían caídos influenciados por su enorme atractivo sexual, el cual, según ella, rivalizaba con el de la Emperatriz Pirata Boa Hancock. Entonces varias de sus personalidades, Orgullo, Perversión y Sensualidad, se pusieron de acuerdo.

Sara sonrió como una leona a punto de cazar a su presa, lo cual le provocó un enorme escalofrío al hombre. Cuando una mujer le sonreía así, cosa que no era demasiado usual, a él le entraba un escalofrío, pero era un escalofrío totalmente distinto. En las otras ocasiones su lívido se disparaba, pero en este caso era su instinto de supervivencia el que se disparaba, gritándole que saliera cagando leches de allí.

Con toda la sensualidad que era capaz de reunir, Sara se puso en pie y comenzó a avanzar hacia Beren. Mientras ella avanzaba él retrocedía. Beren tenía una mezcla de sentimientos. Ciertamente su instinto de supervivencia estaba en su máximo de alerta, pero en contra de sus deseos; su lívido comenzaba a aumentar. El que aún tuviera su cabello húmedo y éste le empapara la blusa, dejando ver que no llevaba ropa interior, solo empeoraba la situación.

Al final chocó con la pared, mirando alerta a todos lados para encontrar una salida. Nuevamente en su interior Sara celebraba su pronta victoria. Su atractivo funcionaba y ahora haría pagar a Beren por haberla rechazado tantas veces.

Venga Beren~. Sé un buen chico y deja de negarte~ —El hombre estiró su cuello al sentir como Sara apoyaba su mano, acercándose sutilmente. No le gustaba la situación ni el tono—. Lo estás deseando, unirte a mi tripulación. No puedes resistirte. Y no puedes escapar ya que ambos sabemos que soy más fuerte. Venga, di que sí~.

Sus ojos rojos eran hipnotizadores y justo entonces intentó algo..., una jugada arriesgada.

¿Kisho? ¿Qué haces aquí, mirón?

Sara rápidamente se dio la vuelta, intentando localizar al peliblanco. Quizás y había usado su poder para entrar ahí, ¿Pero por qué motivo? Después de varios segundos frunció el ceño para cambiar el rostro nuevamente y terminar su trabajo con Beren…, pero para su sorpresa no estaba.

Es rápido —Admitió Sara con el ceño fruncido—. ¡Demonios! —Con un suspiro decidió terminar de secar su cabello y dormir un rato—. Bueno, al menos sé que sigo siendo hermosa.

Y con una sonrisa de satisfacción y orgullo, la Capitana se durmió.

Afuera, Beren se mantenía apoyado en la borda, respirando profundamente mientras intentaba recuperarse de aquel sucio ataque por parte de la rubia. Kisho, que aún estaba en el timón, le miró con una sonrisa ladina.

Parece que ha jugado sucio.

Esa mujer… —Siseó Beren—. Ella juega sucio.

Kisho ya sabía que Sara jugaría sucio, y aquella mujer había sido herida en su orgullo femenino. Claramente intentaría recobrarlo…, y parecía que lo había conseguido.

Lo sé. ¿Entonces te nos unes?

—… Me cago en mi puta santa vida.

Kisho sonrío aún más. Ese hombre, su compañero, había aceptado la derrota. En parte sentía lástima, pero por otra parte estaba feliz.

¡Pues bienvenido al club!

—… Joder…

Nada podías hacer compañero.

Entonces Beren sonrío colmilludamente, desviando la mirada hacia el peliblanco. Kisho tuvo un leve escalofrío por la mirada que le dirigía.

Esta vez me ha pillado con la guardia baja, pero la próxima vez que se le ocurra jugar a eso, tendrá que ir hasta el final y afrontar las consecuencias. Ya veremos si es tan valiente y experimentada como se cree que es.

Entonces el Primer Oficial de la tripulación miró con un nuevo respeto al nuevo miembro, pensando en usar la misma estrategia la próxima vez que su Capitana planeara usar a usar su atractivo físico para lograr que hicieran lo que ella deseaba.

La próxima vez las cosas se desarrollarían de un modo completamente distinto.

El dúo varonil comenzó a charlar, cada uno contando un poco de su vida. Puede que el peliblanco le hubiera traicionado, en cierto modo, pero no parecía ser un mal tipo. Unos minutos después la rubia salió de su camarote, clavando la mirada en ambos valores. Una sonrisa de alegría surgió en su rostro, pues le agradaba que sus dos subordinados se llevarán bien. Un par de segundos después ambos dejaron de hablar para mirar a la muchacha.

Bueno, Kisho me ha explicado que piensas ir al Grand Line, pero tengo una pregunta sumamente importante… ¿Cómo demonios piensas pasar la Calm Belt? Desde donde hemos partido, vamos a tener que atravesar sí o sí ese lugar. ¿Este barco tiene remos al menos?

La pregunta de Beren provocó que Sara se cruzara de brazos, cerrando los ojos, pensativa. Kisho se apresuró a bajar para comprobar si había remos o no. Algo le decía que los necesitarían…, lo más probable.

Para comenzar no vamos a ir al Calm Belt —Dijo Sara asistiendo con la cabeza—. Ese lugar es demasiado peligroso, solo los buques de la Marina se atreven a pasar por esas aguas, según tengo entendido tienen un sistema para pasar desapercibidos por los reyes marinos, aunque no sé qué es lo que usan.

¿Y Cómo demonios lograste pasar tú por ese mar? —Pregunto Beren cruzándose de brazos.

A Sara la cara se le volvió azul y su cuerpo comenzó a temblar, Kisho volvió a subir deprimido al no encontrar remos en el barco.

¿Qué le sucedió a ella? —Pregunto al verla en ese estado.

Solo le pregunte como fue que paso el Calm Belt.

Sara no contesto, las horribles cosas que paso en ese lugar deberían, no se irían con ella a la tumba.

Ya que ir por el Calm Belt no era una opción habían decidido ir por el Reverse Mountain, debido que ese lugar es una "Isla de Invierno". En terminología de Grand Line, es mucho más fría que el mar circundante en los océanos pero no en Grand Line, haciendo que las poderosas corrientes de los Blues que le dan de frente choquen y se hundan en el océano, pero aquellas que pasan por los canales de la montaña tengan la suficiente potencia para escalar la misma. Ya en la cima, las cuatro corrientes de los cuatro mares confluyen en una sola corriente decente que se dirige hacia los Cabos Gemelos. Desde este lugar es donde se puede elegir una de las siete rutas a tomar para navegar en Grand Line esperando a que el Log Pose se fijase.

OoOoO

Ooooohhhhh…, mierda…

Beren tragó saliva mientras veía la enorme montaña acercarse a gran velocidad. Ya pasó una vez por ahí, en su antigua y forzada tripulación. Muchos la palmaron al intentar atravesarla, y él por poco estuvo de unirse a ellos. No le gustaba esa montaña, y lo peor era que actualmente no tenían ningún navegante oficial, Khiso sabía lo básico al haber navegado antes y ni hablar de la loca que había cruzado el Grand Line sola…, pero aquello le daba más motivos para no fiarse ni un pelo.

Bueno, pues aquí estoy otra vez. Desde este mar se ve más imponente —Comentó Sara con una gran sonrisa mientras caminaba hacia el timón—. ¡Confiad en mí, compañeros! ¡Cruzaremos esta montaña y llegaremos al Grand Line!

Beren volvió a mirar a la montaña y otra vez a su Capitana, quien tomó el timón haciendo a un lado a Kisho. El artillero repitió aquel movimiento de cuello varias veces, hasta que comenzó a buscar un cabo al cual atarse.

Sara tuvo un tic en su ojo, pero prefirió no comentar nada…, o al menos así fue hasta que vio a Kisho hacer lo mismo…, atándose firmemente al timón del barco.

¡Seréis cabrones! ¡Qué poca confianza en vuestra Capitana!

—… ¿Quién estuvo navegando las últimas horas?

Ante la pregunta aplastante y al unísono de ambos varones, Sara no pudo sino caer de rodillas mientras se lamentaba por haber escogido a ambos.

Sara decidió dejar pasar la falta de confianza de ambos hombres y se dispuso ver la montaña que estaba al frente, una seriedad nada común en ella se vio, la rubia tomó el timón fuertemente observando absolutamente todo a su alrededor, intentando hallar la manera más segura para avanzar. La corriente ascendente era muy fuerte…, un solo un error…, y se hundirían.

La lluvia comenzó a caer de manera fuerte, dejando poca visibilidad. De un momento a otro el mar se volvió cada vez más violento. Esa era la señal de que habían entrado en la corriente que los llevaría hacia la corriente ascendente.

Agarraos fuerte —Avisó con gesto serio, encorvando levemente su cuerpo.

Kisho y Beren observaron a la rubia y la montaña. La frente del pistolero se volvió azul al recordar la primera vez que atravesó ese lugar del demonio y Kisho tembló al ver aquella monstruosidad que juraba la muerte a todo aquel que intentara enfrentarla.

¿Y si damos media vuelta? Puedo jurar que esa montaña nos mira con mala cara —Comentó el peliblanco en un vano intento de salir de aquella trampa mortal.

¡No es hora de ser cobarde, Kisho! ¡Ya no hay vuelta atrás!

La corriente era tan fuerte que provocaba que el navío se desviara en dirección a las paredes de sólida piedra. Sara, con toda su fuerza sobrehumana, intentaba mantener el rumbo recto, cosa que la propia montaña así como la corriente parecían querer evitar. La entrada se acercaba cada vez más. De pronto un fuerte golpe azotó todo el navío, provocando que los tres tripulantes se aterraran. Sin duda alguna habían rozado las rocas y un horrible chirrido fue el que lo confirmó.

—¡Lo logramos! —Exclamó Sara al comprobar que ya estaban dentro y de una pieza.

La rubia suspiró mientras iban subiendo por la corriente ascendente. Ya no había que manejar el barco pues la corriente hacia todo eso por ella. Sonrió a la vez que agarraban más velocidad. La lluvia había parado desde hacía un tiempo atrás y la fuerte brisa les secaba las ropas mojadas y, para alegría de todos, ya faltaba menos para llegar a la cima.

Las nubes les rozaban dándoles un poco de frio pero la vista del inmenso cielo azul fue suficiente para que se olvidaran de eso. Unos segundos después la cima era visible y el agua hacía un hermoso espectáculo. Con el reflejo del sol se creaban arco iris que hacía que eso fuera una de las cosas más hermosas del mundo.

El barco voló en el aire, parecía que volaban hasta que cayeron en la corriente descendente. Al frente podían observar el azul del mar. Con una mezcla de gritos de agonía, maldiciones y júbilo, el navío descendió por la corriente hasta que el barco tocó al fin las aguas del Grand Line. El impacto del barco en el agua provocó que las saladas aguas del mar les empaparan nuevamente. Los tres tripulantes intentaron ponerse en pie, aunque era un esfuerzo titánico luego de que la adrenalina que había recorrido sus cuerpos durante el ascenso y el descenso desapareciera.

Pero lo habían logrado... Habían logrado pasar la Montaña y llegar vivos al Grand Line, por lo que suspiraron de alivio…, claro que el pobre barco se había llevado la peor parte.

No tiene ni puta idea de manejar un navío —Siseó Beren mientras se soltaba del palo mayor, con las piernas temblorosas, su rostro azul y su cuerpo empapado en una mezcla de agua salada y sudor—. Hay que buscar un navegante antes de que está loca nos lleve al fondo del mar.

Entonces, justo cuando Kisho se reponía de la vomitera que el viaje por la Montaña le había producido, frente a ellos apareció una enorme ballena con la frente llena de cicatrices…, y no parecía estar de buen humor.

Ahora va y nos come —Comentó Kisho en forma de broma, hasta ver a la enorme ballena abrir sus fauces para comérselos—. Ohhh mierda… ¡Que en verdad nos quiere comeeeeeer!

¡Ostras! ¡Pero si es mi vieja amiga la ballena! —Sara comenzó a agitar sus brazos sumamente contenta y alegre por volver a ver a aquel enorme ser—. ¡Hola machote!

Beren y Kisho se quedaron asombrados al ver como la rubia loca saludaba tan contenta y sonriente a aquella enorme ballena. La corriente fue en aumento y todos tuvieron que agarrarse a algo..., el barco iba en dirección a la gran boca de la ballena.

¡Si no hacemos algo nos va a tragar! —Grito Sara.

¡Tú eres la Capitana! ¡Tú has algo! —Chillaron ambos hombres.

¿Y qué voy a hacer yo? ¡Es una ballena gigante! ¡GIGAN…!

La ballena cerró sus fauces, todo se veía normal afuera, pero adentro del animal, el pequeño y destruido barco pasaba por un canal de lo más agitado, todo fue tan rápido que cuando se dieron cuenta estaban en el exterior, el cielo azul se veía con nubes en él y el sol en lo alto.

Solo por confirmar… La ballena nos comió ¿Verdad? —Kisho preguntó a la vez que veía todo a su alrededor y no veía nada inusual.

O sí, yo recuerdo que nos tragó —Beren también veía todo.

Entonces... ¿Por qué estamos afuera?

No estamos afuera par de imbéciles, estamos dentro de la ballena, fíjense bien en las nubes y en las aves, hasta pueden ver el sol sin que les lastime los ojos.

Ambos hicieron o que les dijeron y vieron con sorpresa que todo a su alrededor era pintura. A Sara le sorprendía todo aquello, pues vio a la ballena Laboon cuando atravesó la Montaña por primera vez, pero también era la primera vez que estaba en su interior.

Todo es pintura… Por allá veo una ¿Isla? —Beren hizo un gran esfuerzo para ver a lo lejos.

Vamos a acercar el barco —Ordenó la capitana, ambos hombres obedecieron y al cabo de unos minutos estaban al lado de una pequeña isla, donde sentado en una silla de playa estaba Crocus, el guardián de los Cabos Gemelos.

¡Hola abuelo! —Saludo enérgica Sara.

Saltó del barco y cayó en la isla.

Oh, pero si es Sara, ¡Estás viva!

¡Claro que lo estoy! —Gruño Sara indignada de que creyera que ella moriría tan fácilmente.

Estoy bastante sorprendido de que hayas sobrevivido a Calm Belt sola en ese pequeño bote.

La rubia se llevó las manos a la cadera orgullosa.

¡Claro que sobreviví!

Jajaja, puedo ver que te hiciste con algunos compañeros y un barco… Pero parece que no os fue muy bien bajando la montaña —Comentó viendo el daño del barco.

Hice lo que pude —Sara restó importancia agitando una mano.

Por poco nos estrella varias veces —Murmuró Kisho, el cual acababa de llegar junto a Beren, desviando la mirada al navío seriamente dañado.

El anciano quedó viendo unos segundos a Beren, quien enarcó una ceja por el escrutinio del anciano.

Tu rostro me suena… Quizás… —Crocus se levantó de su silla y fue hasta su casa para buscar algo—. ¡Ajá! ¡Aquí está! —Unos segundos después volvió a aparecer, tendiendo un par de papeles a la rubia y al castaño—. Si, aquí estáis.

Sara y Beren, con toda curiosidad, cogieron los papeles, dándose cuenta de que en realidad eran carteles de Se busca. En uno aparecía Sara con su recompensa de cincuenta millones. En la otra aparecía Beren con una recompensa de tres millones.

¡Ja! Pensaba que no volvería a ver esto. Ha pasado tan tiempo desde el fin de esa banda que ya ni me acordaba.

Kisho se acercó hasta el pistolero, observando atentamente el cartel.

Ohhh. Vaya colega, no sabía que salías en uno de estos. Es decir, nos has dicho que estuviste en otra tripulación, pero no que tuvieras recompensa.

Bueno, en verdad no hacía falta. Mi recompensa era tan pequeña que a nadie interesaba. Incluso dejaron de poner estos carteles tiempo después de que dejara de ser pirata. ¡Incluso podía estar tranquilamente en una ciudad sin tener problema alguno!

Kisho asintió pensativo, pues en verdad nadie se alteró cuando participó en el torneo. Su fama era nula y los carteles suyos apenas y se podía encontrar en algún lugar.

Últimamente recibo muchas visitas —Murmuró el anciano.

¿A qué te refieres abuelo? ¿Quién más ha venido?

Era otra banda pirata, aunque en su caso eran cinco. Uno tenía un peculiar sombrero de paja en la cabeza.

Los tres piratas se miraron, encogiéndose de hombros. No recordaban a nadie importante que llevara un sombrero de paja en la cabeza.

Sí, bueno, no es que no me importe eso, pero me gustaría saber cómo salimos de aquí. Tenemos un viaje que continuar.

El anciano asintió a las palabras de la rubia.

Tranquilos, en seguida saldréis de aquí y podréis continuar con vuestro viaje.

Decir que no estaban impresionados era quedarse excesivamente cortos. Crocus había abierto una especie de compuerta desde el interior de la ballena por la cual salieron. Ver esa clase de tecnología dentro de un animal tan grande era más impresionante. Sin duda alguna al anciano le había tomado años hacer todo eso.

Se despidieron de Crocus y siguieron su aventura. Tal vez el barco estaba un poco dañado, pero podría aguantar lo suficiente hasta llegar a una isla habitada donde podrían contratar un carpintero para que lo reparara y, si tenían suerte, convencerlo de que se uniera a la tripulación.

OoOoO

Habían pasado la Montaña Invertida, al fin se encontraban en el Grand Line, a pesar de que Sara y Beren ya habían navegado por ese mar, habían visitado a Crocus y ahora iban rumbo a la isla que les marcaba su Log Pose. El problema es que los suministros se habían agotado mucho antes de lo esperado. Seguían teniendo agua para un tiempo, pero la comida comestible ya se había acabado. En aquel preciso momento, los tres se encontraban intentando pescar algo para llevarse a la boca. Con todo su ingenio lograron fabricar una caña, usando el último trozo de carne que les quedaba como cebo.

Kisho estaba sentado en la borda del barco mientras Beren y Sara se quedaban observando el mar, intentando encontrar alguna presa para comer. Beren prefería no gastar munición para pescar, pues en el agua las balas eran frenadas y no sería muy útil, y Sara podría usar su Haki para dejar a algún pez cercano K.O, pero en mar siempre tenía ventaja con los reyes marinos.

Vamos… Malditos animales Llamaba Kisho a todos los peces de aquella zona para que intentaran comerse el cebo.

A ver si logramos atrapar al menos un mísero jodido boquerón —Gruñó fastidiado Beren al tiempo que su estómago rugía por el hambre.

Estás loco, con el hambre que tengo solo me llenaría un tiburón...

Parecía que un ángel había dicho amen, porque para sorpresa de los tres, un enorme tiburón surgió violentamente del agua. Los tres, asustados por tan repentina aparición, corrieron hasta el otro lado de la cubierta al tiempo que el tiburón dejaba inclinado el navío, con la mitad superior encima de cubierta y la otra mitad en el agua.

—… Me parece que vamos a necesitar un barco más grande… —Murmuró Sara con asombro.

Y también otro par de huevos… Porque los míos se me acaban de caer...

¡Guala! ¡Que soy profeta!, ¿¡No!? —Exclamó Kisho con una sonrisa hambrienta.

Entonces Sara asintió al tiempo que sacaba una pizarra de quién sabe dónde y dibujaba algo.

¡Atended muchachos, este es el plan! —Anunció Sara mientras enseñaba la pizarra pintada. En ella se podían ver varios dibujos—. En primer lugar, os hacéis con un barril de pólvora, luego lanzáis ese barril a la boca del tiburón, después Beren disparará al barril de forma precisa para que su cabeza vuele en pedazos. ¿Lo habéis entendido? —Ambos varones asintieron a la pregunta—. ¡Venga muchachos, adelante!

¡Vamos allá! —exclamó Beren.

¡Es hora de comeeeer! —Siseó Kisho con locura, pero esta desapareció al sentir como Beren lo agarraba del cuello de la camisa—. ¿Eh? ¿Pero qué haces?

Entonces, con toda la fuerza que poseía, Beren lanzó a Kisho hacia la boca del tiburón, quien abrió sus mandíbulas llenas de dientes afilados, zampándose al Primer Oficial.

¡Aaaaahhhhh! ¡P-P-Pero…! —Con dificultad Kisho pudo abrir la boca, totalmente aterrado—. ¡Pero que pedazo de cabrón! ¡Pero haz algo!, ¡AHORA!

Para su sorpresa, Beren tenía agarrada una de sus pistolas, con la cual disparó repetidas veces a Kisho, pero dada la habilidad de su Fruta del Diablo, evitó ser convertido en un coladero. Beren chasqueó la lengua mientras Kisho le miraba ofendido.

Esto es por haber avisado a Sara cuando intentaste huir, ¿verdad?

¡Pero que había que tirar un barril!, ¡Idiota! —Exclamó Sara impactada, recriminando aquella acción al artillero de la tripulación.

Oh, es verdad.

Beren guardó la pistola, agarró el barril y lo lanzó hacia Kisho, quien lo recibió con la cara. El tiburón, al sentir la ausencia de resistencia, volvió a cerrar la boca al tiempo que se tragaba a Kisho. Sara y Beren quedaron frente al tiburón, Sara con los ojos medio cerrados y Beren haciéndose el loco.

Oye, pues lo hemos clavado y no ha funcionado.

Ya bueno, oye Beren, ¡Eres un imbécil! Tú entretenlo un ratito, que yo voy a noquear a este tiburón y de paso sacó a Kisho, ¿Vale?

Encogiéndose de hombros, Beren comenzó a disparar a los ojos del tiburón, distrayéndolo.

Sara suspiro. Realmente los hombres eran unos completos inútiles. Salto directo al tiburón, el cual abrió su boca mostrando sus filosos dientes. Gracias a su agilidad, Sara cayó en uno de los dientes y dio otro salto en dirección a la cabeza del gran animal y, con toda la fuerza con la que fue capaz, le dio un puñetazo que lo noqueo. La fuerza del impacto hizo que Beren cayera hacia atrás muy sorprendido.

—… Esa mujer tiene una fuerza anormal.

Listo —Sara abrió la boca del tiburón—. Beren, ven aquí…, mira esto.

Intrigado el pistolero se acercó.

¿Qué se supone que tengo que ver?

Ya que estas aquí, ve a buscar a Kisho —Y antes de que Beren supiera que estaba pasando ya estaba dentro del tiburón.

Mientras escupía groserías como loco, Beren tuvo que detenerse al impactar con algo duro dentro del tiburón.

¿Que cojones...? No puedo haber llegado a algún hueso —Un momento después una escalofriante voz le hizo darse cuenta que efectivamente no era hueso.

Pero mira quien me vino a acompañar —Khiso se encontraba parado frente a él mientras que lo que había detenido su avance resultó ser un escudo. No podía verle en aquella oscuridad, pero su voz si era reconocible.

Oh, no la has palmado aún, ¿Eh?

¿Sara?

Así es.

Entonces los dos estamos atrapados aquí.

Eso parece.

Bueno, no te preocupes. Yo saldré solo de este pez. Tú búscate la vida —Un momento después el escudo desapareció y sin que Beren lo notara tomó la forma de pequeñas lanzas las cuales salieron disparadas en forma de círculo.

¿El resultado? La sangre y luz los baño cuando Kisho cortó al animal. Cuando Beren miró a su compañero juraría que parecía un demonio bañado en sangre con sus ojos muertos mirándolo. Un segundo después sus ojos cambiaron cuando soltó un suspiro. En parte entendía la rabia que el hombre de gafas tenía contra él, ya que por su culpa estaba allí, así que lo mejor sería hacer las paces.

Vamos a salir Beren, tengo hambre.

...Luego de que ambos salieran del estómago del tiburón…

¿Estamos en paz? —Preguntó Kisho lleno de fluidos estomacales que, por suerte, no habían comenzado su función cuando fue engullido.

Sí, pero ahora solo me falta vengarme de la cabrona que tenemos por Capitana —Respondió Beren en un estado similar al de su compañero.

Oh, al final te has unido.

Con la vacaburra que tenemos por aquí, como para intentar huir. Nah, ya he tenido experiencias con gente como esta, y solo puedo resignarme al tiempo que imagino cómo hacerla sufrir en el futuro.

Ambos miraron a su Capitana que se encontraba cocinando las partes más comestibles del animal muerto en su barco.

OoOoO

Era ya de noche. La luz de las estrellas iluminaba el oscuro manto que era la noche. Beren estaba sentado en el castillo de proa del navío, relajándose con el suave vaivén del barco debido a la suave mara. Apenas había viento, por lo que el navío avanzaba muy lentamente. Kisho estaba tumbado en medio de la cubierta, también disfrutando de la hermosura que era el cielo nocturno. Entonces Beren, abriendo los ojos, se fijó en una extraña silueta oscura que se acercaba por babor. Frunció el ceño, esperando a que la silueta se acercara un poco más, hasta creer distinguir algo.

Hummm, oye ¿Es cosa mía o ahí hay un tipo dormido sobre un trozo de madera?

Kisho enarcó una ceja al tiempo que se levantaba y asomaba, clavando su vista donde Beren señalaba.

Ostras, pues sí que parece ser una persona. Voy a mover el timón. ¿Puedes ayudarle?

Claro.

Beren se ató una cuerda a la cintura, por si las moscas, mientras Kisho cambiaba el rumbo para ayudar a aquella persona varada en la mar. Con mucho cuidado, Beren descendió hasta casi tocar el agua, gritando indicaciones al peliblanco. Una vez estuvo a la distancia adecuada, saltó al mar para alcanzar la tabla de madera y a la persona que se agarraba a ella con gran fuerza a pesar de estar inconsciente.

Una vez llegó hasta la persona inconsciente, la agarró por las axilas, comenzando a nadar de nuevo hacia el barco. Volviendo a gritar, Kisho dejó el timón y bajó a ayudar a Beren a subir a la extraña persona. Sara salió del camarote usando únicamente una bata la cual ocultaba su lencería nueva de dormir. Los gritos de sus dos compañeros le habían llamado la atención, y estaba interesada en saber a qué venían. Cuando vio a la extraña persona, encendió un par de lámparas de aceite para iluminar la oscura cubierta. Beren y Kisho dejaron a la persona extraña en medio de ambos palos, el lugar mejor iluminado.

¿Sigue vivo? —Interrogó Sara ahogando un bostezo, esa era hora de su sueño de belleza.

Beren llevó sus dedos al cuello, al lugar donde podía tomarle el pulso. Luego de unos segundos asintió.

Bien, pues vamos a cambiarle o podría resfriarse, si es que no lo está ya. En el peor de los casos, podría llegar a morir —Su mirada volteó a la rubia—. ¿Podrías traer alguna manta y ropas secas?

Claro, ahora mismo las traigo.

La rubia volvió a entrar a su camarote mientras ambos varones comenzaban a desnudar a aquel pobre hombre rescatado del mar.

Oye…, o este tío es una tía…, o este tío tiene más tetas de lo que un tío normal debería tener...

Beren enarco una ceja ante el comentario de Kisho. Desvió su mirada hacia donde estaban las manos del peliblanco, abriendo los ojos todo lo humanamente posible. Aquello sí fue una gran sorpresa.

—… Creo que no me gusta la dirección que esto está tomando…

Ya llego con las mantas —Anunció Sara apareciendo de pronto con una manta y ropa seca de Kisho—. ¿Ya le habéis cambiado la… Ropa…?

Sara no pudo sino quedarse completamente quieta, como si se acabara de congelar. ¡Y no era para menos! Frente a ella estaba su primer oficial y el artillero, ambos sonrojados, Beren con la mirada desviada, y en el suelo desnudo de cintura para arriba, estaba el hombre rescatado… O más bien la mujer rescatada. Esa cintura no era masculina, y esos pechos tampoco eran propios de un varón. Era sin duda una mujer robusta de tan solo un metro y medio de altura, de cabellera corta y pelirroja pelirroja con una pequeña cicatriz pasando por su ojo izquierdo y otra bajo su labio. Su mente hizo cortocircuito, hasta que Kisho hizo algo que la alteró.

El peliblanco aún sonrojado tocó uno de los pechos, quería saber si eran de verdad.

¿¡Pero qué haces maldito pervertido!?

El chillido fue tan brutal que se escuchó más allá del horizonte. Ambos varones fueron brutalmente golpeados por la rubia, quien se llevó corriendo a la ahora reconocida como mujer dentro del camarote.

Con Beren y Kisho...

Ambos varones se encontraban besando el piso con chichones enormes en sus cabezas.

Joder, ¿Por qué me pego también? Es el salido de cabello blanco el que le ha tocado una teta —Gruñó molesto el Artillero.

Necesitaba comprobarlas —Khiso sentía dolor pero nada de vergüenza por sus acciones.

¿Y qué tal? Es decir, no parecía ser mucho pero…

Muy real y suave, valió el golpe.

Pero sabes que ahora te calificarán de salido y pervertido, ¿No? Eso no se irá jamás. Yo tenía la mirada desviada, pero a ti te ha pillado con las manos en la masa… ¡Joder que buena! ¡Jajajaja! Beren no pudo sino reírse del mal chiste. Kisho lo miró sin ninguna pizca de diversión ocasionando que este se quedara en silencio después de un momento—. Es un buen chiste —Se defendió el castaño.

No soy un pervertido, soy un hombre que viaja con una mujer que no tiene problemas con mostrar su cuerpo y que no me deja un momento en paz para "aliviar tensión".

Excusas, excusas. Uno siempre puede aliviarla, pero hay que saber encontrar el momento. Además, ¿Acaso no te aumenta la tensión tocar una teta? Vamos, digo yo que lo normal es que la suba…, y mucho.

Así es, pero con ella al pendiente de nuestra pasajera me dejara solo, ahora tengo un recuerdo muy real para divertirme un buen rato, además como tú no tienes que vigilar el timón, tú tienes tiempo de sobra.

—… Creo que esta conversación se está volviendo muuuuuuy rara, ¿No crees?

Es por el golpe de esa loca.

Ya lo he dicho, ¿No? Es una vacaburra. Bueno, ¿Y qué hacemos ahora? Es de noche y es una muy refrescante.

¿Estas insinuando algo?

¿Tal vez?

...

...

Con Sara y la otra mujer...

No puedo creer a ese par de idiotas…, sobre todo a Kisho… ¡Parecía un hombre hecho y derecho! Ahhh, que lamentable.

Dentro de la habitación se encontraba la Capitana Sara con la misteriosa, al parecer, invitada, la cual aún presentaba señales de permanecer inconsciente. Sin embargo al tener la oportunidad de llevar a cabo un vistazo a su cuerpo, Sara pudo cerciorarse, de que esta no presentaba ninguna lesión que atentara contra su vida.

La capitana llevó a la misteriosa mujer hasta una cama donde procedió a vestirla con algunas de sus propias ropas.

OK, eso ya es mucho mejor. Una solo puede aguantar hasta cierto punto el tener a alguien desnudo frente a ellos.

Lentamente la mujer misteriosa comenzó a abrir sus ojos, por lo que nuestra querida capitana con toda la delicadeza de una motosierra le dio la bienvenida a su barco...

¡HOLA CARIÑO! ¿¡CÓMO TE SIENTES!? ¡CASI TE MUERES!

Aquel saludo solo provocó que Mirin diera un salto, levantándose de la cama y...

¡AAAAHHH!

¡AAAAHHH!

¡AAAAHHH!

¡DEJA DE GRITAR!

¡Me asustaste! ¿¡Qué querías que hiciera!?

Solo te daba la bienvenida. Estas chicas de hoy, tan faltas de modales.

Mmmm… ¿Dónde estoy? No recuerdo mucho.

La chica misteriosa se tocaba la cabeza en señal de dolor.

OK haremos esto de nuevo. Bienvenida a mi humilde navío, ante ti se encuentra la hermosa, invencible, asombrosa, indetenible y humilde, capitana Seven D. Sara. ¿Cuál es tú nombre? Mmm… ¿Señorita?

Yo soy Mirin, Gor Mirin —Se presentó algo insegura, observando a la rubia detenidamente.

Encantada Mirin, se puede saber ¿Qué fue lo que te sucedió?

Bueno… No recuerdo mucho la verdad —Trato de evadir el tema—. Dijiste que eras la capitana, entonces ¿Eres comerciante? ¿O algo parecido? —Interrogó, tal vez podría robar algunas cosas de valor y luego huir en un pequeño bote salvavidas.

No, claro que no…, soy una pirata —Manifestó orgullosa inflando el pecho.

¡Genial! Termine en un barco pirata —El sarcasmo en la voz de Mirin era más que obvio. Llevó una de sus manos a su sien, masajeándola. Estaba claro que ahora no podía robar nada—. "Parece que me va a dar jaqueca".

De todos los lugares posibles..., había terminado en un barco pirata.

Pero tranquila, no te haremos nada, no de nuevo.

¿De nuevo? —Interrogó alzando la vista, observándola seriamente, por su mente pasando cosas nada agradables.

Sara sonrió con nerviosismo al tiempo que se rascaba la mejilla.

Bu-Bueno…, uno de mis hombres se propasó contigo... ¡Pero tranquila! Como camarada mujer le di su lección… Y créeme, creí que Kisho era un buen hombre..., pero hombre al fin.

Afuera, en cubierta, cierto peliblanco tuvo un escalofrío mientras el castaño tuvo un aumento considerable de mal humor sin saber el motivo. Mirin tenía ganas de matar a ese hombre, estaba indignada, aunque la rubia la hubiera defendido sentía que tenía que tomar venganza por su propia mano.

¿Sabes cuándo llegaremos a una isla?

¿Eh? Bueno, no lo sé, estamos siguiendo la ruta de Log Pose, así que algún día deberíamos llegar.

¿Cómo que no sabes, acaso su navegante no sabe nada?

Bueno…, en realidad no tenemos un navegante.

Aquella declaración sorprendió de sobremanera a la pelirroja. ¿Cómo podían estar en el Grand Line sin un navegante? ¿Cómo habían logrado mantener el navío a flote? Bueno, sin duda algún conocimiento parecían tener.

¿¡QUÉ!? ¿¡Qué clase de pirata se adentra a Grand Line sin un navegante!?

Yo —Admitió Sara algo avergonzada.

¿¡Tú!? ¿Tú eres la pirata que hablan por ahí que ha cruzado el Grand Line totalmente sola?

A la mente de Mirin llegaron varias conversaciones, un buen puñado de veces en las que se hablaba del tema, pero nunca pensó que fuera real.

Vaya, sí que soy famosa.

El orgullo propio de Sara creció luego de saber que su hazaña había llegado a muchos oídos. Seguramente sería alabada si se presentase.

¿Entonces es verdad?

Si.

Mirin la observó con otros ojos, en especial con respeto. Ella era navegante y sabía mejor que nadie los peligros del Grand Line. El hecho de que alguien hubiera cruzado el mar sola era impresionante y más aún si ese alguien era una mujer.

Tienes mi respeto Sara —Sonrió con admiración, lo cual provocó un gran sonrojo en la rubia.

Gracias.

¿Sabes una cosa? Soy navegante, así que mientras llegamos a una isla pued… —No pudo terminar de hablar porque la rubia interrumpió.

La Capitana de aquel barco se había acercado en un instante a la pelirroja, quedando tan cerca que Mirin cayó de espalda sobre la cama un tanto asustada.

¿Eres navegante? —Mirin asisto un tanto asustada por aquel repentino movimiento—. ¡Únete a mi tripulación!

—… Soy una thuhán —Dijo como si eso respondiera su pregunta.

Y yo la hija de un Shichibukai… —Mirin volvió a quedar impactada al ser revelada aquella información trascendental—. ¡Eso no tiene nada que ver! Únete a mi tripulación pirata, realmente necesitamos un navegante y yo más que nadie necesito compañía de otra mujer en el barco.

Mirin se quedó callada, pensando. Su hogar no existía, sus seres queridos estaban muertos, y en realidad lo único que había estado haciendo desde que huyó de Arabasta era robar y andar sola por la vida... Tal vez si aceptaba, su vida fuera menos solitaria.

Está bien, seré tu navegante.

Total, si no le gustaba la tripulación podía huir. Estiró la mano, solo que no esperó que Sara se le abalanzara encima para abrazarla. Hacía años que nadie la abrazaba.

¡Sí! ¡Tengo una nueva tripulante!

Afuera del camarote

Cualquiera pensaría que la situación que había quedado entre ambos llevaría a un camino amado por las fujoshis…, pero nada más lejos. Lo que se encontraron Sara y la ahora conocida como Mirin al salir del camarote de la Capitana..., era al dúo varonil tapados con dos mantas, sosteniendo dos palos al tiempo que peleaban entre ellos en lo que sería una representación casi perfecta de una lucha entre caballeros.

—… ¿Qué demonios?

Mirin ladeó la cabeza al tiempo que les observaba con vergüenza ajena, pero Sara no se quedaba atrás.

¿Pero qué se supone que estáis haciendo? —Preguntó con un tic en la ceja la rubia.

¿Acaso no es obvio? Yo soy Anakin y el Obi-Wan —Explicó Kisho mientras detenía una estocada del hombre de gafas.

Déjalas. Si no han visto esas pelis, no van a entender un carajo.

Sara se acarició el entrecejo, cada vez más segura de que se había equivocado a la hora de elegir compañeros para su aventura en busca del One Piece. Pero lo hecho, hecho está, ¿No? Ahora sólo podía cargar con las consecuencias de sus decisiones.

Bueno Mirin, este par de idiotas que tengo por compañeros son Kisho, mi Primer Oficial —El peliblanco alzó una mano, sonriendo como si minutos atrás no hubiera pasado nada de nada—, y Beren, el Artillero. Chicos, esta es Mirin y será nuestra Navegante. Hemos estado hablando un poco y he logrado convencerla. Es una truhán de cuidado, os aviso.

La mujer se acercó hasta Beren, tendiéndole la mano. El hombre de gafas sonrió y se la estrechó.

Un placer conocerte de forma oficial, compañera. Espero que nos llevemos bien.

Yo también lo espero.

Mirin le devolvió la sonrisa y luego volteó a ver a Kisho. El peliblanco sonrió contento pensando que le estrecharía también la mano, pero lo que pasó fue…

PAM

CRAC

Un puntapié en la entrepierna y el sonido de dos huevos rotos. La cara de Kisho se volvió primero blanca como la leche y luego azul como el mar oscurecido por la noche o las tormentas. Ningún grito salió de su boca. Simplemente llevó sus manos a sus tesoros familiares y se hizo ovillo en el suelo.

La cara de Beren también era de puro dolor pues a pesar de no ser el que se había llevado la patada seguía siendo un hombre…, y un dolor como ese sólo podía ser entendido por alguien que tuviera dos bellotas colgando.

Sara, por su parte, puso cara de consternación. Sabía que Mirin castigaría al usuario de la Fruta del Diablo, pero esperaba otra cosa, tal vez una cachetada pero eso no. No le importaba si su Primer Oficial quedaba sin descendencia o con voz de pito…, lo que le preocupaba era que no pudiera luchar nuevamente luego de semejante ataque sorpresa al cascanueces.

¡Eso por sobarme mientras estaba inconsciente! ¡Pervertido! ¡Abusador de mujeres! ¡Te debería denunciar a la Marina por tocamientos sin permiso!

La ahora Navegante de la tripulación estaba por dar otra patada a Kisho, pero Sara la apartó y la alejó para que se tranquilizara un poco antes de que matase al hombre.

Beren se acercó al ovillo humano que era ahora Kisho, mirándolo con una mezcla de lástima y otro sentimiento que el peliblanco no supo descifrar.

No suelo usar mucho esta frase, sobre todo porque es una frase de madre, pero ahí va…, te lo dije.

—…

Kisho intentó decir algo pero le fue imposible. En aquel momento lo único que salía por su boca eran sonidos ininteligibles.

…..

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