One Piece no nos pertenece, pertenece a su respectivo autor, Eiichiro Oda.
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Capítulo 4
'Antítesis de una bailarina'
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Kagayakashī Hachidori miraba el mar. Sus orejas captaron los sollozos del par de jovencitos que Garp había reclutado recientemente. Esperaba que tuvieran algo de espíritu combativo para soportar lo que el Vicealmirante les iba a enseñar…, un escalofrío recorrió su espalda al recordar sus métodos y sus puños de amor… En especial sus puños de amor.
Una niña pequeña, asustada, herida, estaba escondida en la bodega de un barco. Apenas tendría nueve años, pero sus ojos destilaban haber visto lo peor que el mundo podía ofrecer…, y cuando un viejo gritón se acercó a ella, reaccionó mordiéndole la mano y a la vez, con sus manos agujereadas, sangrando y sus pequeñas zarpas le intentó arañar la cara… Lo siguiente fue recibir un puño en su cabeza y no despertar hasta un día más tarde, en una cama de un buque de la Marina y con ese viejo acariciándole la cabeza.
Ese día fue adoptada por Monkey D. Garp, convirtiéndose en su única nieta y guiandola en el camino para convertirse en una marine. Un camino largo en el que aprendió, a base de puños de amor, las lecciones difíciles que todo buen marine necesitaba conocer.
Comer para coger musculatura, correr kilómetro sin parar durante horas, ser abandonada en lugares peligrosos para que se apañara ella sola y sobreviviera… Es decir, cómo luchar contra cualquier cosa o persona y ganar. Durante ese tiempo descubrió por las malas que el agua la debilitaba, una de las desventajas de ser una usuaria.
Además de que Bogart le enseñaba las cosas que Garp no consideraba importantes, como estrategia, navegación, cartografía, mecánica…, y lo que era una fruta del diablo y cuál era la suya, sus ventajas y debilidades, como el agua o el Kairoseki.
Había ingerido a los siete años la Ferret Ferret No Mi (Hurón - Hurón) por lo que era una mujer hurón, lo que le daba una agilidad y flexibilidad gigantesca, añadiéndo a eso una fuerza considerable. La fruta le había permitido vivir durante un año —aunque esa era la forma bonita de decir sobrevivir— aterrorizada de ser descubierta, en un sitio temible, con gente cruel y aterradora, que la maltrató continuamente y sobrevivió gracias a que estuvo permanentemente en su forma de hurón, hasta que un día pudo aprovechar un momento y huir en un barco, donde su vida dió un cambio radical.
En sus muñecas llevaba un par de pulseras de Kairoseki, regalo de Garp, para entrenar su resistencia y aumentar sus niveles de fuerza al no poder disponer de su fruta. Era un incordio sentir que llevaba un lastre constante, pero según su abuelo, era la mejor manera para entrenar, ya que cuando hiciera uso de su fruta, podría utilizarla mejor.
En los siete años transcurridos desde que Garp la había rescatado había llegado a ser Sargento Mayor, algo de lo que Garp se sentía orgulloso, pero ella seguía ocultándole su historia. En su interior no quería ayuda, tenía que luchar ella contra sus propios demonios.
—Sargento Hachidori, el vicealmirante Garp la reclama —Un marine la sacó de sus cavilaciones.
—"¿Ahora que querra el abuelo?" —Pensaba eso mientras bajaba al camarote del Vicealmirante—. ¿Qué puedo hacer por usted Vicealmirante? —Preguntó a Garp al entrar en su camarote
—Siéntate por favor Hachidori —Lamencionada asintió mientras clavaba sus ojos en los de su abuelo adoptivo—. Han llegado avisos de que han visto a Seven D. Sara "la Bailarina" en el East Blue.
La joven tuvo un cambio ante la mención de aquel nombre, el cual conocía a la perfección, lo que provocó que la mandíbula de la joven se apretara y que los nudillos se volvieron blancos de la fuerza de que aplicaban sus puños, por lo que respiró profunda y pausadamente para evitar que la ira la dominase.
— ¿Qué hace parte de la escoria de Doflamingo en el East Blue? Aquí no hay nada que le interese…
—No lo sé —Admitió Garp encogiéndose de hombros—, pero hay que averiguarlo, así que te encomiendo que estés atenta a "La Bailarina".
—Con mucho gusto daré caza de ella. No le defraudare Vicealmirante.
Garp frunció el ceño, no gustándole el oscuro tono de su joven nieta, por lo que dejó a un lado su tono de alto mando militar para adoptar uno más paternal.
—Por favor Hachidori, ten cuidado, no quiero que te pase nada.
—Confía en mi abuelo, la detendré a ella y a los planes que tenga pensado Doflamingo.
Fueron las palabras de la joven mientras se disponía a salir del camarote. Su objetivo ya estaba fijado..., cazar a "La Bailarina" y sonsacarle los planes de Doffy a la fuerza si era necesario.
—Antes de irte, encargate de los nuevos reclutas que ha dejado mi nieto para que se entrenen. Empieza a ponerlos en forma físicamente, y si es necesario, dales algún mordisco, pero ni se te ocurra usar tu forma Berserk, ¿Entendido? Sengoku me dijo que tienes taxativamente prohibido volver a usarla sin mi autorización. El papeleo que tuve que hacer la última vez que la usaste fue peor que los daños que causaste en la isla, y aunque derrotaste a todos los piratas que la usaban de base, los daños colaterales fueron también cuantiosos.
—No fueron tantos —Negó un tanto avergonzada mientras se rascaba la nuca—, solo unas cuantas aldeas vacías arrasadas, una presa, unas industrias… Bueno, me pasé un poquito, pero tranquilo que no la usaré mientras no me lo permitas.
Diciendo esto, cerró la puerta del camarote y subió a cubierta a buscar a las dos nuevas incorporaciones. Viéndolos ya empezaba a calcular que el trabajo sería largo y tedioso. En eso apareció la gaviota que portaba la prensa y se posó en su brazo.
—Ya era hora de que llegaras Albert, ¿Hoy que vas a querer de premio? —Unos cuantos graznidos de la gaviota de respuesta y la risa de Hachidori se escuchó por la cubierta—. De acuerdo, creo que todavía queda algo de salmón en la cocina. Espérame en el puente y mientras dame tu opinión de esos dos críos.
La gaviota agitó su cabeza y empezó a observar a los dos reclutas recién llegados. Cuando Hachidori regresó con un trozo de salmón crudo, la gaviota agitó las alas y se lo cogió de la mano. Tras comérselo entero, le dirigió unos pocos graznidos más y se fué volando para entregar el siguiente periódico a otro barco.
—Lo tendré en cuenta, gracias por tu opinión. El próximo día intentaré guardarte un trozo de monstruo marino.
Y es que una cosa extra que su fruta le había proporcionado era el poder comunicarse con los animales tanto terrestres como aéreos, por lo que siempre estaba rodeada de animales en cualquier sitio y se enteraba de todas las cosas. Muchas veces se sentía más identificados con ellos que con las personas, ya que a diferencia de estas, las personas causaban daño por el placer de hacerlo, cosa que los animales no.
Ordenó al par de novatos que empezaran a limpiar las cubiertas y que hicieran pesas durante dos horas, así tendría tiempo de ir a su camarote a descansar…, bueno, descansar no sería la palabra más adecuada… Nada más llegar a su camarote, unos ojitos rojos la esperaban con impaciencia.
—Ya estoy aquí Tas, necesito un ratito y ahora jugamos —Un hurón albino, de ojos color fresa, dockeó llamando su atención—. Tengo que buscar un poster y tomar unas notas. En nada nos ponemos a saltar en la cama.
Dicho hurón subió a la cama trepando por las sabanas y se puso a esperarla en la almohada mientras ella abría su armario y buscaba el poster de "La Bailarina". Respiró hondo mientras se apretaba las cicatrices que atravesaban ambas manos, rememorando recuerdos de su infancia.
Mientras extendía el poster y lo colgaba en la pared cerró los ojos. Necesitaba hacer justicia y empezaría con ella. Cazaría a "La Bailarina" y a todos los que la ayudaran.
Una vez colgado el poster, se sacó las pulseras de Kairoseki, y se convirtió en su forma animal. Una hurona de pelaje grisáceo, con las patitas blancas y de ojos verdes y tras trepar a la cama fue a buscar a su amigo para juguetear por toda la habitación, corriendo, saltando y trepando por todas partes. Era en estos momentos cuando se sentía feliz.
Tras un par de horas de jugar y dormir la siesta en el oso de peluche gigante que tenía en su camarote, como todo buen hurón, volvió a transformarse en su forma humana. Debía colocarse las pulseras para seguir su entrenamiento y subir a cubierta a comprobar como iban los dos reclutas. Tas se metió en el bolsillo de su chaqueta, quería un trozo de pescado y qué mejor que su mami para que se lo consiguiera. Además así evitaba que el cocinero del barco le chillara a su mami, diciendo que la rata blanca otra vez le había robado comida, aunque todavía no entendía porque eso no era bueno, ya que gritar y perseguir es lo mejor para jugar, correr tras un compañero y dockear de alegría…, además que él estaba seguro que no había ratas en el barco, sino ya se las habría comido, con lo ricas que eran… En fin, que raros eran los humanos.
—Venga Tas, tranquilo. Ahora comemos algo y vamos a ver al abuelo —Los ojos se afilaron y levantó el hocico un poco. El abuelo era un brutote pero a cabezón no ganaba nadie a un hurón. Un día conseguiría darle un bocadito en el tobillo y jugaría con él—. Y no se te ocurra darle un bocadito para que juegue, que la otra vez acabaste con una fisura en el bazo. Así que si quieres darle mimos, lametones en los dedos, nada más.
Se enroscó en el bolsillo y esperó a llegar al sitio de los olores ricos, donde Hachidori se sirvió un trozo de salmón para cada uno, ella en un plato normal y Tas en un cuenco con su nombre. Tras comer, Tas se subió al hombro de su mami y con un paquete de galletas, fue al encuentro del vicealmirante. Nada más entrar en el cuarto, Tas saltó a la mesa de Garp a ver qué travesura podía hacer.
Hachidori le entregó a Garp la bolsa de galletas con una mano mientras que agitaba su cabeza. Tas ya estaba haciendo de las suyas, robando una bolsa con trocitos secos de carne.
—Vicealmirante, en mi opinión los dos novatos necesitan unas buenas sesiones para que empiecen a coger forma física, pero tanto Albert como Tas opinan que tienen potencial para llegar a ser algo decente, así que la idea es empezar con sesiones de musculatura de varias horas diarias, aumentar la carga proteica en sus comidas y ya que no son usuarios, sesiones de natación cuando estemos en puerto.
Garp asintió satisfecho mientras llevaba varias galletas a si boca.
—Perfecto, encargate de que en un mes puedan empezar a ser algo útiles. Y coge a este ladronzuelo antes que le de un dedo de amor por intentar morder otra vez los tobillos.
Hachidori miró al hurón, el cual miraba con un brillo particular en sus ojos los tobillos del Héroe de la Marina.
— ¡Tas! ¿Qué te he dicho antes de que vinieramos? Nos vamos, así que trepa al hombro.
El susodicho huron alzó su cabecita, mirando con sus ojitos color de fresa como si no hubiera hecho travesura alguna en su vida, mientras tenía todavía sujeto en la boca el calcetín de Garp. Soltó el calcetín, molesto porque no le dejaran seguir jugando, y trepando por la pernera del pantalón y la chaqueta, volvió al hombro de su dueña.
—Hachidori, tú si que eres una buena nieta, y no como mis nietos, que hacen todo lo contrario a lo que les digo. Mira que mi nieto Luffy dejarme a este par y convertirse en pirata… Con todo lo que me he preocupado para que fuera un gran marine…
—Me halaga que me consideres tu nieta, aún no llevando tu sangre. No te defraudare, haré que estés orgulloso de mi.
Con aquellas palabras la joven marine se dio la vuelta y salió del camarote, dejando al anciano con una sonrisa de orgullo. Hachidori y su compañero subieron hasta cubierta, donde ambos Aprendices realizaban las tareas que le habían impuestos. Suspiró con cansancio al contemplar a ambos. Koby era un muchacho que merecía respeto. Puede que fuera un enano enclenque, pero no se daba por vencido por mucho que le exigiera esforzarse, no importaba cuán duro fuera el entrenamiento, Koby seguía y seguía. Su sueño era honorable y le agradaba por ello. Pero el otro…, Helmeppo…, ese tipo era un maldito grano en el culo. Ser hijo de un insignificante líder de la Marina y un estúpido malcriado le había retorcido la razón. No había sido suficiente los hechos ocurridos para que acabara como acabara, seguía habiendo mucho de ese insolente idiota, y era su deber acabar con ello.
— ¡Escuchadme bien, escorias! —Koby tuvo un sobresalto brusco, aterrado por el tono de la chica. Helmeppo tragó seco mientras intentaba mantenerse sereno, pero el temblor de sus piernas le delataba—. ¡Espero que hayáis desayunado bien…, porque el peor de los infiernos os aguarda!
Ambos tragaron saliva, pues estaba claro que esas palabras no contenían ningún atisbo de broma.
OoOoO
La primera semana en el riguroso entrenamiento de Hachidori había decidido que los dos Aprendices necesitaban mejorar considerablemente su resistencia por lo que, pidiéndole ayuda a su pequeño Tas, los había hecho correr durante tres horas todas las mañanas siendo mordidos por su pequeño cuando se detuvieran.
Cabe decir que el primer dia terminaron completamente llenos de marcas de dientes en todo el cuerpo mientras Tas brincaba de alegría por el juego. Después de un descanso de media hora los obligaba a nadar sujetos al barco con una cuerda mientras intentaban alejarse, cabe destacar que más de una vez tuvo que salvarlos de Monstruos marinos que intentan comérselos
Eso abarcaba su mañana hasta el mediodía cuando los obligaba a entrenar contra ella siendo golpeados por toda la cubierta sin misericordia hasta el grado que terminaban noqueados con lágrimas en los ojos.
Las pocas veces que Garp observaba dicho entrenamiento disfrutaba como un niño. Le encantaba ver a su nieta "entrenar" a aquel dúo, pues le recordaba a cómo hacía él con Luffy, Sabo y Ace. No intervenía nunca, ni siquiera aconsejaba a Hachidori sobre mejores o posibles métodos de entrenamiento. El la dejaba hacer, y por el momento parecía efectivo.
Pasada la segunda semana de entrenamiento, el barco del vicealmirante Garp había anclado en una isla en el Grand Line, donde había abastecido sus reservas de agua, Hachidori junto a los nuevos reclutas habían bajado para recolectar unas cuantas cosas comestibles y cuando llegaron a la playa donde el acorazado de la Marina de vería estar anclado…, no estaba.
Garp se había olvidado de ellos, Hachidori solo negó con la cabeza y se internó a la isla a entrenar. Total, algún día el héroe de guerra se acordaría que los había dejados varados en una isla desierta, sabiendo que se quedarían por un tiempo Hachidori había priorizado la construcción de un refugio.
Hachidori ya tenía conocimientos generales de supervivencia, así que en su mente la construcción de un refugio y recolección de alimento no eran una preocupación demasiado grande para ella, al menos… es lo que pensó originalmente.
La mayor parte de ese dia fue ocupado en un insufrible proceso de cacería, recolección de materiales y de soportar las quejas de sus camaradas, la joven estaba llegando a sus límites físicos y mentales durante este periodo.
Paso uno de su supervivencia se centró en establecer un refugio para soportar las noches, gracias a su habilidad no fue complicado el derribar árboles para usar su madera, el trasladarla a la playa fue lo complejo.
—Si escucho más quejas sobre cuánto pesa este estúpido árbol meteré esta rama en tu trasero!
— ¡Sí Señora!
El segundo paso era el conseguir comida. El equipo tuvo la suerte de que Koby sabía cómo pescar por lo que no tuvieron tantas dificultades en ese frente, almenos hasta que un tiburón se aferró a la caña y lo arrastró hacia el agua, casi devorando al chico en el proceso.
— ¡AAAAHHHH Koby! —Gritaba el dúo mientras sujetaban sus piernas
Paso tres prepara una fogata para sobrevivir a las frías noches.
—Que tan dificil puede ser...
—Tu dimelo, llevas dos horas con esos trozos de madera —La joven Hachi comenzaba a enojarse.
—Dame eso lo haré yo —Helmeppo declaró mientras le quitaba la madera a Koby y comenzó a frotar una con la otra para crear una llama—. ¡Wwoah lo logre! ¡Jajajaja, te lo dije!
Ninguno de los dos tuvo el corazón de decirle que su ropa se estaba quemando también…
Hachidori acabo su día con un suspiro.
—Odio esto.
OoOoO
Las llamas de la fogata calentaban a Koby y Helmeppo, la noche ya había caído ya hace mucho, el bosque estaba calmado, Hachidori encorvada miraba el fuego sería, más seria que de costumbre.
—Se parecen —Murmuró.
— ¿Cómo dijo? —Preguntó con educación Koby en su dirección.
—Sus ojos son como llamas ardiendo.
Ambos reclutas se miraron confundidos, Hachidori soltó un suspiro, se colocó recta y los miró a cada uno.
—Hablo de La Bailarina.
— ¿La Bailarina?
Hachidori negó con la cabeza.
—Ni siquiera sé porqué me sorprendo. Ustedes vienen de East Blue, casi nadie en los Blues sabe de ella.
La chica se levantó siendo observada por los reclutas, llegó a su bolso con sus pocas pertenencias que había cargado encima cuando bajó del barco y removió hasta encontrar lo que buscaba, pasó el papel arrugado en dirección al rubio, éste lo tomó.
—Un papel de recompensa —Dijo—. "La Bailarina" Seven D. Sara… ¡CINCUENTA MILLONES DE BERRYS! —Sus ojos se abrieron tanto como los de su compañero.
—Increíble —Koby miró a su superior—, Hachidori-san ¿Quién es ella para usted?
—Yo odio a Doflamingo, pero él es demasiado fuerte como para enfrentarlo… Por eso mi objetivo es su hija.
— ¿¡QUEEEE, SU HIJAAAA!?
—Pe-pero… —Koby estaba en shock.
—Puedo ver el parecido —Dijo Helmeppo viendo el cartel.
—Ambos son rubios pero no son familia —Ambos vieron a la castaña—, me refiero que no comparten lazos de sangre, pero aún así Doflamingo ama a Sara como a una hija.
—Ya, ya, ya veo.
— ¿Un shichibukai puede amar? —Preguntó Helmeppo en voz alta con un tono con clara incredulidad.
La mujer rió sin ganas.
—Es un monstruo…, los monstruos no aman.
Después de esas palabras nadie más dijo nada, solo estuvieron un tiempo viendo las llamas y se fueron a dormir, claro que uno tenía que quedarse haciendo guardia. A la mañana siguiente, justo cuando el sol salía por el horizonte, el grupo había decidido explorara la isla, su desayuno fue las fruta de los árboles, y fue exactamente cuándo llegaron a un acantilado que a Hachidori se le ocurrió una idea...
Una malvada idea...
La mujer caminó hasta el borde, en el fondo se veía un pequeño riachuelo abrirse paso.
—Mmmm me tomaría media hora subirlo normalmente y estuviera apurada diez minutos —Murmuró dándole un mordisco a su manzana, los reclutas la vieron sin entender—. Bien tienen tres horas.
— ¿Para qué? —Preguntó un preocupado Koby.
Ella sonrió malvadamente.
—Para escalar el acantilado —Hachidori desapareció de la vista de los dos reclutas y se paró detrás de ellos para lanzarlos al precipicio.
— ¡AAAAAAAAAAAAAAHHHH!
— ¡KYYYYAAAAAAAAAAAAAA!
Un fuerte golpe se oyó cuando los chicos finalmente llegaron al fondo.
— ¿Habrán muerto? —Se preguntó la mujer, se encogió de hombro y caminó para sentarse debajo de un árbol para terminar su manzana.
…En el fondo…
—E-E-Es u-un de-demonio —Dijo Helmeppo medio consiente medio inconsciente, en una posición nada natural para un cuerpo humano.
—E-Es nu-nuestra superior —Dijo Koby sentándose a duras penas, era un milagro que hubieran sobrevivido—. No, no hay que hablar mal de ella.
— ¡Yo hablo mal de ella si quiero! —Gritó el rubio parándose al frente de su compañero viéndolo con los ojos en blanco y con dientes de tiburón—. ¡Nos lanzó de un risco!
—Y no quiero saber que nos hará si no subimos en el tiempo que nos dio —El de lentes se levantó, hizo un gesto de dolor y se llevó la mano a su brazo derecho—. Será mejor que subamos Helmeppo.
Ambos reclutas subieron sus miradas y observaron todo el recorrido que tenían que hacer, el rubio tragó grueso.
—No lo lograremos en tres horas.
—Tenemos que intentarlo.
Colocando las manos en la pared ambos comenzaron a escalar, un paso a la vez, sujetándose lo mejor que podían para evitar caer, con el sol reflejando sus rayos en sus espaldas.
Pequeñas gotas de sudor bajando de sus rostros, así como de sus axilas, espalda y pecho, las heridas de sus cuerpos no ayudaban en nada a la difícil tarea. El brazo de Koby estaba dislocado y solo la fuerza de voluntad lo ayudaba a seguir adelante. Por otro lado Helmeppo había caído de cabeza haciendo que todo le diera vuelta, concentrarse era algo realmente difícil.
Fue cuando llevaban unos veinte metros que la vista del rubio falló, haciendo que se sujetara de una roca inestable, la cual sucumbió ante el peso y se rompió en mil pedazos.
— ¡AAAHHH! —Gritó aterrado.
— ¡HELMEPPO-SAN! —Koby estiró su brazo herido para tomar parte de la camisa de su amigo.
Koby lo logró pero como consecuencia ambos cayeron varios metros. Los dedos de Koby se aferraron fuertemente a una roca, pero sangraban por las heridas provocadas tanto por la escalada como por aquella maniobra. Helmeppo rápidamente se agarró de la pared.
Ambos jadearon por el esfuerzo, y suspiraron de alivio.
—Gracia Koby.
—No hay nada que agradecer Helmeppo-san… Tú hubieras hecho lo mismo por mí.
Helmeppo no estaba muy seguro de eso.
Ambos respiraron un poco antes de seguir. Fue justo cuando el atardecer estaba comenzando que llegaron a la cima.
—Ya era hora —Dijo Hachidori levantándose del árbol donde estaba para caminar hacia ellos. Ambos se recostaron en la orilla para respirar y descansar—. Les dije tres horas así que… —Hachidori dejo de hablar al ver que ambos se habían quedado dormidos—. No tienen remedio —Murmuró mientras sonreía levemente.
La siguiente vez que se despertaron fue en el campamento, donde la fogata estaba encendida, sus heridas tenía algo parecido a una pomada hecha de plantas silvestres y a un lado una pequeña montaña de frutas.
Ese día no fue el único que fueron lanzados por ese acantilado..., todos los días eran obligados a escalarlo, dia tras dia, con los cuerpo adoloridos, sedientos y hambrientos lo hacían. Fue cuando ya habían pasado varias lunas cuando los reclutas comenzaron a llegar a la cima antes del atardecer y mientras mas dias pasaran menor era el tiempo en que lo hacían.
Sus cuerpo comenzaron a ganar músculos, sus dedos y manos maltratadas comenzaron a tener vida propia, con solo tocar la superficie de la roca sabían cuales eran lo suficiente resistentes para sostenerlos, los zapatos habían sido olvidados en algún punto, la sensación de la piel contra la roca era un bono para subir más rápido.
No supieron cuántos días les tomó pero, un día, lograron subir el risco en tres horas.
OoOoO
Ni Koby ni Helmeppo sabía cuánto tiempo había pasado. No sabían decir si meses o semanas, pues el tiempo había dejado de ser real, por decirlo de alguna manera, en aquella isla a manos de su superiora. Lo importante es que, en algún momento, el viejo Garp parecía haberse acordado de ellos, por lo que volvió con el navío a la isla. Ambos Aprendices lloraron de alegría por volver a estar en aquel barco y abandonar esa isla maldita.
Volver al cuartel supuso una alegría aún mayor, un poco de paz y descanso pensaron…, pero estaban totalmente equivocados… En una pequeña habitación de aquella gigantesca edificación, se encontraban Koby y Helmeppo escuchando una larga y aburrida charla sobre el delicado arte de la costura, dada por las mismísima Tsuru.
— ¿Me están escuchando? —Preguntó con el ceño fruncido la mayor.
— ¡SI! —Gritaron ambos chicos despertando de su aburrimiento.
Tsuru los miro por un rato.
—Bien, ya les di la teoría es mejor que comiencen con la práctica… ¿ven eso de allá? —Ella señaló dos montañas gigantes de ropa la mayoría uniformes de la Marina—. Todo lo que ven allí tiene que ser remendado.
Las caras de los reclutas se pusieron pálida al ver todo el trabajo que tenían por hacer.
— ¿Qué esperan? Esa ropa no se va a coser sola.
— ¡Si señor! Se-señora!
Ambos reclutas no tuvieron más opción que ponerse manos a la obra para evitar más castigos por parte de sus superiores. A su mente llegaron recuerdos del entrenamiento en la isla con Hachidori…, y no supieron que era peor. Por mucho que nadie les creyera, aquella tarea era igual de dura que subir el maldito risco en tres horas.
— ¡Auch! —Helmeppo se acababa de lastimar el dedo pulgar con la aguja poniéndolo en su boca para evitar el dolor.
Koby lo vio como una oportunidad para bromear con el fin de aligerar el ambiente.
—Vaya Helmeppo, no pensé que aún te chupases el dedo jajajaja.
—No te burles —El rubio en venganza pincho el pulgar de Koby con su aguja, provocando que también tuviese que chupar su dedo—. ¿Quién es el bebé ahora?
—Vaya vaya —Una voz grave les quitó el relajo que sentían en ese momento mientras se giraban para confirmar de quién era esa voz—. Tal parece que su tiempo en la isla no los endureció lo suficiente. No nos sirven un par de bebés aquí.
Lo único que se podía escuchar en aquella base de la Marina eran los gritos de dos pobres reclutas en el viento.
OoOoO
Koby y Helmeppo temblaban como gelatina, ambos estaban parados en un largo muro de piedra solamente vestidos con sus pantalones, sus pies descalzos están un poco adoloridos debido a las irregularidades de las rocas del muro, en sus manos había una simple vara de madera.
¿Por qué temblaban? ¿De que tenían miedo?
Fácil, cualquier persona tendría miedo si a unos cuantos metros estuvieran parados hombres de más de dos metros de alturas, con musculatura gigantescas y manos que serían capaces de partir un cráneo.
Al lado de estos hombres había varias cajas todas llenas de piedras que diferían en tamaños, el entrenamiento era sencillo lo único que tenía que hacer los reclutas era desviar las rocas con la vara que tenían.
Un silbato se escuchó, todos giraron sus cabezas para ver a Hachidori.
—Cuando escuchen el silbato empezaran —Dijo—, uno, dos… piiiiiiiiiiii.
Los hombres tomaron las rocas para seguidamente lanzarlas en dirección a los nuevos reclutas, los cuales apenas y podían con los proyectiles que les eran lanzados.
OoOoO
Hachidori observó a Koby y Helmeppo respirar de forma agitada. Ella estaba muy tranquila y ni siquiera había sudado. Esos dos jóvenes habían mejorado notablemente desde que Garp los dejo a su cargo, aunque aún estaban lejos del nivel que se podría asumir como aceptable. Pero claro, en el mes que le había dado su abuelo adoptivo había cumplido. Al menos ahora podían aguantar un entrenamiento duro y poseían unas capacidades de lucha básicas más que aceptables.
—Bueno, seguís siendo Aprendices y estais aún lejos de subir a Recluta Privado de Tercera, pero habéis mejorado o suficiente como para poder comenzar un entrenamiento como se debe —Ambos Aprendices observaron con ilusión a Hachidori, aunque esta seguía con el gesto serio—. Pero esto no quiere decir que vaya a ser suave con vosotros a partir de ahora. ¡Justo al contrario! ¡Ahora sabréis lo que es el infierno! ¡Me quedan unos días con vosotros, y vamos a aprovecharlos! ¡Vamos, levantad el trasero y atacadme!
La ilusión desapareció de pronto de ambos Aprendices, volviendo el terror a adueñarse de ellos. Helmeppo tragó saliva pero no se levantó del suelo, cosa contraria a Koby, quien agarró su espada de madera y se lanzó contra Hachidori, quien asintió complacida. Al ver como su compañero se volvía a levantar el rubio se armó de valor y se lanzó también contra su superiora. Aquello provocó una leve sonrisa en la muchacha. El mes había pasado y ambos parecían haber ganado las cualidades suficientes para ser útiles, aunque fuera en lo mínimo. Ahora ya era libre para ir tras su presa…, y no pensaba parar hasta dar con ella.
