La magia curativa le permitió caminar sin problemas al poco tiempo, justo a la vez que Asriel quiso llevarla a su escuela, ella misma siendo cubierta bajo una sábana blanca. Había suplicado a sus padres que no se dijese nada sobre la llegada de la humana y, aunque no muy convencidos, habían accedido a que, antes de la exposición de su hijo, nadie sabría nada de la humana.
Aunque fue difícil mantenerla oculta por el camino con la atención que llamaba el padre de Asriel.
"¡Majestad!" saludó una señora monstruo, con apariencia de conejo antropomórfica y vestido azul oscuro "¿Va a la escuela hoy?"
"¡Sí!" contestó el rey, ese día llevando un elegante manto morado y una diminuta corona sobre su cabeza "¡Tenemos una sorpresa para la clase de Asriel!"
"¡Voy a sacar un diez!" exclamó el joven príncipe, enseñando el número diez con las manos "¡Vamos, tenemos que llegar!"
Chara estaba muy incómoda, pero ya había aprendido a aguantar mucho peor. La verdad era que estaba muy contenta con la familia de Asriel: le daban comida deliciosa, le hacían cumplidos por casi nada, el niño le cepillaba el cabello y le hacía trenzas sin querer nada a cambio… Un par de veces les había preguntado si estaba muerta y aquello era el cielo, ante lo que se reían hasta que se daban cuenta de que lo decía en serio.
Antes de que se diese cuenta, estaba cubierta detrás de una pizarra y frente a una clase. A su derecha estaba el profesor, un ser pequeño de pelo anaranjado y varios ojos que recubrían su cuerpo.
"Señor Dreemur…" le dijo el maestro "No es necesario que esté presente, sin ánimo a ofenderle…"
"¡Lo sé!" contestó el rey con una sonrisa desde su silla, colocada en un rincón "Pero quería venir, y ¡puede llamarme Asgore!"
El profesor asintió, sacó su cuaderno y le pidió a Asriel que empezase.
"¡Hoy…" chilló Asriel más fuerte de lo necesario mientras echaba sus manos a la sábana "…traje una humana!" – El príncipe retiró el manto con gran destreza como habían practicado a lo largo de la semana.
El maestro dejó caer su cuaderno al suelo y todos los niños soltaron exclamaciones de sorpresa. Un par se levantaron y pidieron acercarse, pero el profesor insistió en que debían respetar el… "proyecto" de Asriel. Chara tragó saliva y se sonrojó enormemente, más que nada por la falta de costumbre a salir en público y tener compañía numerosa.
"¡Viene de la superficie!" dijo el príncipe agarrando a Chara del brazo "No sabe usar magia, pero es muy buena y sabe cosas de la superficie. ¿Puedes contar algo, por favor?"
La humana había practicado en casa de los Dreemur, pero aún así tuvo que recomponerse un poco para decir una palabra. Asgore le mandó una sonrisa de apoyo desde su rincón.
"Oh, sí…" susurró "Pues… hay estrellas por la noche. El sol se pone al terminar el día, las nubes parecen rosas, aunque son… son blancas al principio y, y durante todo el día. Luego el cielo se hace más oscuros y brillan las, las estrellas, como puntos de luz."
Una niña que parecía una cachorra de loba elevó su pata y Asriel le permitió preguntar:
"¿Cómo se siente el sol?"
"¡Ah!" – Chara tragó saliva – "Pues es… muy bonito y agradable. Cuando tienes frío te calienta mucho, a veces molesta, en verano, pero es bonito. Ah, no lo puedes mirar mucho, porque si… si no te duelen los ojos"
Expresiones y miradas de admiración surgieron de toda la clase. Todos habían visto ilustraciones en los libros o escuchado discursos de ánimo por parte del rey, pero oír aquello de boca de una humana les resultaba fascinante.
"Pues…" murmuró el maestro "Ha estado muy bien. Muy bien, Asriel, tienes un diez"
El príncipe elevó sus brazos y soltó un grito de victoria. Asgore se fue a casa diciendo que tenía tareas importantes y todos estuvieron de acuerdo en que Chara debía sentarse en la clase. Todos los niños empezaron a hacer sitio junto a sus pupitres y a suplicarle a la humana que se sentase junto a ellos, lo que solo logró que Chara se tapase el rostro.
"¿Qué pasa?" preguntó uno cuya voz sonaba como un piano roto "¿Estás bien?"
"¿Te curo?" sugirió otro con forma de rana extendiendo su lengua. Chara dio un paso hacia atrás y chocó contra Asriel, quien la sujetó.
"Calmaos" les dijo el maestro "Humana, siéntate con el príncipe y ya está"
La niña no estaba muy acostumbrada a ese tipo de colegio. En el suyo todas las paredes estaban rayadas, a los pupitres les faltaban pedazos o, sencillamente, la gente era desagradable. Allí todos los monstruos escuchaban atentamente las exposiciones de sus compañeros, desde una serie de dibujos que habían tardado horas en hacerse hasta una galleta casera quemada.
El mayor acto de rebeldía era traer un cuaderno y colorear o susurrar un chiste a un compañero, cosas que el maestro no tomaba muy mal porque entendía que los niños de esa edad tenían que dejar de concentrarse aunque fuese por medio minuto.
Chara se encontró feliz rodeada de otros seres conscientes. Terminó la exposición y fueron a un pequeño patio y no se sentó sola. Nadie la ignoró o miró mal, al contrario, se sentía el ser más apreciado de todo el mundo. En solo quince minutos jugó al escondite, recibió dos retratos, aunque no muy buenos, de ella misma, le dieron cinco abrazos y probó dieciséis almuerzos diferentes.
"¿Qué pasa Chara?" le preguntó Asriel cuando la vio con la mirada perdida y el rostro manchado de comida "¿Estás bien?"
"Sí" – Chara sonreía, y aquella era la expresión más bonita que el príncipe creía haber visto – "Estoy, estoy… ¡de maravilla!" – La niña empezó a reír de pura alegría, sintiéndose mejor que nunca.
"¿No extrañas las estrellas?" le preguntó Asriel sentándose a su lado y echando el brazo sobre ella. La verdad era que Chara no recordaba la última vez en la que el contacto físico le había hecho sentirse tan segura y cómoda.
"¿Allí arriba?" – Chara echó el peso de su cuerpo sobre Asriel por curiosidad – "No, estoy muy bien. Aquí abajo estoy bien…"
La monstrua loba se acercó a ellos con una pelota de fútbol, aunque sin intenciones de jugar con ella. Lucía un bonito vestido rojo y dos zapatillas deportivas nuevas.
"Humana" le dijo "¿Cuándo vuelves a la superficie?"
"¿Volver?" – Los ojos de Chara recorrieron toda la zona, llena de juegos y risas. Recordó que en su antiguo hogar su única alegría era estar sola sobre la montaña - "¿Por qué?"
"No sé" – La loba se encogió de hombros – "¿No extrañas nada? ¿Tu familia?"
Chara negó con la cabeza y sintió deseos de llorar, que reprimió por el miedo a que se burlasen de ella o que algún adulto le pegase por las molestias. Asriel tuvo el presentimiento de que Chara no estaba bien, apoyó su mano sobre la mejilla de la niña y trató de curarla. Un escalofrío recorrió a la humana.
"¿Todo bien?" le preguntó el príncipe mirando fijamente los ojos de Chara "¿Quieres que te dejemos sola o…"
"No, no quiero…" murmuró Chara con desesperación antes de que su amigo dejase escapar una dulce risa.
"¡Qué cara pones!" le dijo "¡Se te quedan las mejillas tan rojas, y tus ojos son muy bonitos!"
"Chara" interrumpió la loba "¿Te he dicho mi nombre ya?" – La humana se encogió de hombros – "Soy Lona"
"¡Vamos a jugar fútbol!" sugirió Asriel al momento de levantarse a la vez que elevaba a Chara con su mano "¡Me pido portero!"
"¿Cómo?" preguntó Chara. Había visto a otros humanos de su edad jugando a dicho deporte cuando paseaba por su barrio, pero nunca se había atrevido a pensar en unirse al juego.
"¡Pues fútbol!" exclamó Lona mientras echaba su pelota al suelo y Asriel corría hacia una portería sin ocupar de una esquina. Un par de niños que hablaban delante de la zona se fueron a buscar otro sitio tranquilo para continuar conversando.
Lona, encantada con tener la atención de su amigo de nuevo, trató de meter un gol al príncipe. La pelota pasó justo entre las piernas de Asriel con gran habilidad por parte de la jugadora.
"¡Jooo!" exclamó Asriel dando una patada al suelo "¡No estaba listo!"
Lona suspiró feliz, cogió su balón y le dio una patada con gran delicadeza hacia la portería, oportunidad perfecta para que Asriel la mandase de vuelta hacia su amiga. Pero esa amiga resultó ser Chara, lo que dejó un tanto decepcionada a Lona.
La verdad era que ella no estaba acostumbrada a esa falta de atención, al igual que Chara había crecido rodeada de soledad, Lona había crecido con el amor de sus padres y la amistad incondicional de Asriel. La humana permaneció junto a la pelota por un momento, nerviosa y deseando que los niños no se riesen de ella por no saber jugar esa vez.
"¿Qué pasa?" le preguntó Lona apoyando su pie en el balón "¿No jugáis fútbol en la superficie?"
Chara dio un paso hacia atrás, asustada de lo que podrían pensar aquellos niños de ella y planteándose que quizás debería haberse quedado sola sin molestar a nadie.
"Oye" le siguió hablando la niña loba "Te puedo enseñar, ¡soy la mejor jugadora del cole!" – Lona se señaló con gran orgullo y pasó el balón a Chara con el pie. La humana decidió que debía irse, se dio la vuelta y se dirigió hacia un rincón.
Asriel permaneció en la portería, observando tranquilo y diciéndose que estaría bien que Chara hiciese más amigos sin su ayuda. Lona soltó un resoplido y cogió el hombro de la niña.
"¿Qué mosca te ha picado? ¡No he dicho nada!"
Chara trató de moverse, pero Lona seguía apretando su hombro. Miró los colmillos y ojos de la niña loba, salvajes y poco familiares. Quiso huir, como había querido huir de Charlotte, de cuando la encerraba en su habitación, sin escape, como en ese momento…
Chara empujó a la monstruo y la echó atrás, tirándola al suelo de tierra de la caverna que habitaban. Acababa de ganar una pelea, de salir victoriosa en un encuentro físico. La humana se sentía extraña, con cierto poder y libertad, con la capacidad de defenderse como nunca antes se había notado. Esa emoción de alegría salvaje duró poco, pues enseguida se oyeron los llantos de Lona por todo el colegio.
Los monstruos se acercaron a ella, preocupados y asustados. Ya lo había hecho: había arruinado su vida, otra vez. Ahora la matarían o, peor aún, la echarían de alguna forma para que tuviese que cargar de nuevo con su penosa existencia. Mas ya se había probado que podía luchar por sí misma, así que corrió tan lejos como pudo, sin mirar atrás.
"¡Chara!" oyó gritar a la voz de Asriel "¡¿Qué pasa?!"
Huyó sin importarle, confiando en que el mundo se olvidase de ella al igual que ella quería olvidarse de él. Corrió a lo largo de la ciudad de piedra, con cientos de monstruos llamándola, gritando que veían una humana, preguntándose qué sucedía…
Cayó en una calle solitaria. Se hizo daño y quiso llorar, pero no podía permitírselo, no en aquel lugar desconocido. Ahora lo importante era respirar, a pesar del esfuerzo que le costaba. Si iba a morir, no moriría sin luchar. Estaba determinada a seguir esforzándose, hasta que sangrase la última gota de su cuerpo y su alma no pudiese mover un solo músculo. Ella no habría podido poner nada de esa emoción en palabras, pero la sentía, quemándola como el fuego.
"¡Chara!" exclamó Asriel a su espalda. La humana se giró y vio al príncipe, más débil y agotado que ella y con lágrimas en los ojos.
El niño cayó al suelo de puro agotamiento, sollozando por nada más que miedo. Chara, sintiéndose como la perpetradora de un crimen horrendo, ayudó a su amigo a levantarse.
"¿Qué…" jadeó Asriel "… qué ha pasado? ¿Estás enferma?"
Chara habría dicho que tenía miedo de no ser porque estaba acostumbrada a recibir un golpe por quejarse. Solo se encogió de hombros y trató de contener las lágrimas.
"Chara…" susurró Asriel apoyándose en los hombros de la niña "Estás llorando, ¿qu-
"¡Yo no lloro!" chilló al apartarse de él con las lágrimas corriendo por sus rojas mejillas "¡Los niños grandes no lloran!" replicó imitando las palabras que solía gritarle su hermana mayor.
Asriel no pudo evitar sollozar, queriendo ayudar a aquella humana con toda su alma mas sin tener idea de qué le sucedía.
"Lo siento…" susurró Asriel apartando sus lágrimas.
"No, no…" gimió Chara mirando a su alrededor "¡Para de llorar!" le dijo con más pánico que furia.
Realmente ansiaba que cesase de llorar. En ese instante ya no le importaba su vida o qué sería de ella, solo quería que aquel niño que tanto se había preocupado por ella, aunque Chara no entendiese bien aquello, dejase de llorar.
"¿Ya no somos amigos?" sollozó Asriel con sus manos juntas y temblando.
La respiración de Chara estaba entrecortada y parecía a punto de chillar como una fiera, mas lo que gritó fue:
"¡Pues claro que lo somos! ¡Eres, eres…"
Asriel corrió a abrazarla, haciendo que ella permaneciese paralizada por el susto momentáneo. Chara, confusa, devolvió el abrazo. Sentía que todo aquello se iba a romper o que, sencillamente, alguien se lo iba a quitar de las manos, pero nadie lo hizo.
Asriel la llevó a casa, guiándola y tratando de animarla a pesar de que ella, perdida en sus pensamientos y cargada de culpa, no la escuchase. De todo lo que dijo Asriel, solo una frase llamó la atención de la niña:
"…porque, sabes, ¡siempre quise tener una hermana!"
No supo recordar nunca por qué, pero sentía que había oído algo similar hacía mucho tiempo.
