Capitulo 2

10:30 P.M.

-…y entonces Primo tuvo que hacer las camas de todos, y luego pedir perdón, y…- Jet interrumpió aquella avalancha de información. Bastante difícil era ya aclararse con tantos niños hablándole a la vez, como para encima tener que contestar al mismo tiempo.

-Espera, entonces, ¿de verdad les pusiste gusanos bajo la almohada a el mundo?- preguntó Jet a uno de los niños, llamado Primo.

-Ssssi - contestó mirando al suelo-, pero es que se habían reído de mí porque me encontré un gusano en la manzana…

- Primo, ¿Qué te he dicho sobre esa clase de bromas? No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti- Primo siguió mirando abajo, y no dijo nada-. ¿Hazel te metió bronca?- Primo asintió.

-Bueno, en ese caso no seré yo quien lo repita. Además, no deberías hacer eso. Los gusanos podrían haber entrado por sus orejas y haber puesto huevos dentro- dijo Jet de broma, mientras hacia acariciaba las cabezas de un par de niños. Todos empezaron a poner caras de asco y a decirle que parara, y mientras Jet continuaba explicando lo que los gusanos podrían haberles hecho, algunos empezaron a reírle la broma, incluido Primo, que dejó de poner mala cara.

-En fin, me alegro de que os hayáis portado bien en mi ausencia. Vuestro hermano mayor está orgulloso de vosotros- los chicos sonrieron, contentos de que su hermano los tuviera en tan alta estima-. Y ahora, ¿Qué os apetece que hagamos?

Muchas manos se levantaron, proponiendo ideas como jugar al pilla-pilla, ponerse a dibujar,… pero ninguna parecía gustar al grupo. Finalmente, uno de ellos dijo:

-¡Ver un combate de la Liga!- Y pronto los demás niños y niñas secundaron la idea, a excepción de uno o dos, que insistían en asaltar la despensa en busca de golosinas.

-Muy bien, veamos a ver quien combate hoy. Id poniéndoos cómodos, ahora vengo.

Jet salió de la sala y se dirigió a un armario empotrado en la pared. Dentro, junto a un grupo de escobas y fregonas, había una pantalla de tamaño medio con un aparato de proyección. El aparato tenia forma cúbica, con varias antenas saliendo por la parte superior, botones y palancas por toda su superficie, y tres patas cortas que hacían las veces de trípode. Pese a no ser muy grande, pesaba un montón. Mientras cargaba con aquel peso hacia la sala del comedor, varios de los niños más grandes aparecieron y se ofrecieron a ayudarle. Jet les dijo que podían ayudarle cargando con la pantalla, pero que tuvieran cuidado, ya que pesaba un poco. Entre todos, consiguieron sacarla y transportarla, siguiendo a Jet.

En el comedor, los niños habían separado las mesas y sillas a un lado, mientras otros empujaban un viejo sofá de un rincón, y lo colocaban encarándolo a una de las paredes del almacén. Algunos de los niños cogieron cojines y mantas, y se acomodaron lo mejor que pudieron a los pies del sofá, mientras que otros se sentaban en el mismo, llegando a ocupar los respaldos y cada plaza disponible. Los niños que transportaban la pantalla la dejaron con cuidado apoyada en la pared, y corrieron a conseguir sitio donde buenamente pudieron. Mientras tanto, Jet colocó el aparato en el suelo, y se dispuso a colgar la pantalla.

Cuando el Instituto de Guerra se dio cuenta de la gran aceptación de la Liga de Leyendas por parte del pueblo, se dieron cuenta de que podía servir para mucho más que para mediar en los conflictos entre ciudades. La gente veía a los campeones como celebridades, héroes que luchaban con otros héroes, haciendo gala de habilidades extraordinarias, en apoteósicos combates en parajes extraños, como la Grieta del Invocador, el Bosque Retorcido, etc. Los combates que se retransmitían eran muy seguidos por todo Runaterra, donde los escenarios designados para mostrar los enfrentamientos se llenaban hasta los topes con fans que querían ver a sus ídolos luchar. Tal fue su éxito, que se contempló la posibilidad de crear un dispositivo que permitiera ver los combates a aquellas personas que no pudieran acceder, por las razones que fueran, a los escenarios. De esta forma, se crearon las P.L.A.S.M.A. y sus Transmisores.

La pantalla era un aparato relativamente nuevo, un invento del eminente científico y campeón de la Liga, el yordle Heimerdinger. Junto con el aparato transmisor que Jet había cargado desde el armario, tenía la capacidad de transmitir los combates y noticias más recientes del Instituto, tales como nuevos campeones, combates clasificatorios, y en ocasiones, noticias sobre sus miembros, a cualquier hogar donde hubiera una P.L.A.S.M.A. instalada. De esta manera, miles de personas pudieron presenciar los míticos enfrentamientos entre equipos de héroes.

En el Rayo de Esperanza habían trabajado duramente para poder adquirir aquella tecnología, ya que si bien parecía un gasto inútil, dada su situación, realmente creían que era un gasto necesario. Nada motivaba más a un niño que el tener un héroe, y la Liga se había encargado de encontrar y juntar al mayor grupo de ellos de todo el mundo. Cuando los jóvenes les veían combatir, luchar hasta el final, trabajar juntos,… Uno podía creer que todo era posible. Aquellos niños idolatraban a aquellas personas, les daban esperanza, les hacían creer que ellos también podían llegar a hacer grandes cosas.

Jet acabó de instalar la pantalla, y se puso a trastear con el Transmisor. Después de teclear un rato, la pantalla se encendió, mostrando las noticias más recientes del Instituto, junto con los combates acabados, y los que en aquellos momentos se estaban llevando a cabo. Cada día solían haber dos o tres combates a la vez, en tres turnos: por la mañana, a medio día, y al anochecer, de manera que en un buen día uno podía ver hasta nueve combates, o lo que es lo mismo, un campeón podía llegar a pelear en tres combates seguidos, lo cual no era precisamente un buen día para él o ella (o ello). Dado que muchos combates se daban a la vez, las P.L.A.S.M.A. grababan y almacenaban los combates que no se hubieran visto, para poder verlos en cualquier momento.

En aquellos momentos, dos combates se estaban llevando a cabo, y uno estaba por empezar, de manera que eligieron ese. Además, en la jungla luchaba Vi, y después de la charla que había tenido con ella, a Jet le apetecía verla en acción.

Jet seleccionó el combate, y la pantalla se llenó con las imágenes de los campeones que lucharían en aquel combate. Mientras una voz en off los presentaba, Jet se apresuró a dirigirse al sofá, donde se hizo un hueco sacando a una de las niñas y sentándola luego en su regazo. Hazel, discretamente, se acercó por detrás del sofá, y tras contemplar la bucólica escena de tener a todos sus niños y niñas sentados con las caras sonrientes, sonrió y dirigió su atención a la pantalla.

La voz en off había acabado el repaso. En el equipo azul, se encontraban Darius en top, Vi en jungla, Karthus en mid, y Draven y Tresh en bot. En el equipo purpura, se encontraban Nasus en top, Rengar en jungla, LeBlanc en mid, y Ashe y Soraka en bot. En la pantalla, apareció una imagen del campo de batalla, la Grieta del Invocador, donde una imagen dividida mostró a los diez campeones, apareciendo con un estallido de luz, en sus bases correspondientes. Tras comprar los objetos pertinentes, cada uno se dirigió a su posición. Darius y Nasus se encontraron pronto en top, midiendo la distancia, a la espera de que aparecieran los minions. LeBlanc llegó en solitario a mid, ya que Karthus había ido donde Vi para ayudarla a conseguir un bufo, junto con Draven y Tresh. Mientras tanto, Rengar fue a por otro de los bufos, con la ayuda de Ashe y Soraka. Unos instantes después, una voz femenina anunció la llegada de los minions, quienes empezaron a desfilar en dirección a la base contraria. Pronto, los seres de la jungla hicieron acto de presencia, iniciando los enfrentamientos contra los junglas de ambos equipos. Una vez los junglas obtuvieron sus bufos, los campeones de bot y Karthus volvieron a sus respectivas líneas. Mientras Karthus no estaba, LeBlanc había empezado a masacrar minions, del mismo modo que hacían Nasus y Darius en la línea de top.

El farmeo siguió durante unos minutos, hasta que todos los campeones obtuvieron suficiente nivel como para desbloquear y potenciar sus habilidades, sin que ninguno de ellos obtuviera mucha ventaja sobre el resto. Sin embargo, un gancho bien lanzado por parte de Tresh permitió a Draven infligir una gran cantidad de daño a Ashe, quien tuvo que abandonar su línea para volver a la base, dejando a una Soraka casi sin mana, y defendiendo la torre en solitario. Esto permitió al equipo azul empezar a presionar en la línea de bot, mientras en top la cosas se mantenían de una forma más o menos equilibrada, hasta que un gankeo por parte de Rengar permitió a Nasus cazar a Darius, ocasionando que una voz recorriera toda la Grieta, anunciando la Primera Sangre.

Los jóvenes del Rayo de Esperanza estaban con los nervios a flor de piel.

Cada cual animaba a su equipo favorito, observando como aquellas personas (o seres, según el caso) luchaban y luchaban sin parar, recorriendo aquel mapa en busca de enemigos y persiguiendo la caída del nexo rival. Jet estaba feliz, feliz de volver a estar en casa, rodeado de sus hermanos y hermanas, y verles con las caras felices y animados le daba fuerzas para continuar, ya que él deseaba más que nada proteger a aquellas pequeñas personas. También a Hazel, la mujer que prácticamente era su madre, quien le había criado desde que era un bebé, quien le había educado, alimentado, cuidado, halagado cuando hacia las cosas bien, y mas frecuentemente regañado cuando hacia las cosas mal, consolado cuando las cosas iban mal, y quien le había animado a seguir el camino correcto. Sin embargo, había algo contra lo que Jet no podía luchar, algo a lo que no podía enfrentarse, y ese algo era…

Los viejos megáfonos del almacén pitaron, y una voz rasposa sonó por ellos, interrumpiendo la retransmisión del combate:

-Jet, personifíquese en el despacho del director. Tenemos que hablar- la voz sonaba cansada y despreocupada, como si el que hablara no tuviera ganas de hacer aquello. Pero Jet sabia que lo que le tenía que decir le interesaba, y mucho.

-Lo siento chicos- dijo Jet mientras se ponía de pie, y colocaba a la niña de su regazo de vuelta en el sofá.- Tengo cosas que hacer. Disfrutad del combate.

Algunos niños replicaron y quisieron que Jet se quedara, pero él se marchó sin decir nada más. Hazel le vio irse, y deseó poder hablar con él, convencerle de que no fuera. Hizo el gesto de acercársele, pero Jet la miró y negó con la cabeza. Lo que tuviera que pasar era asunto suyo, y él se encargaría.

-No te preocupes- le susurró Jet con una sonrisa-. Estaré de vuelta en un momento.- Jet le guiño un ojo, y se dirigió a las escaleras que subían al segundo piso del almacén.

La segunda planta del almacén era un laberinto de andamios, que recorrían todo el techo del almacén, y permitía contemplar todo lo que sucedía en la parte de abajo. Debido al lamentable estado en el que se encontraban, habían sido retirados la mayoría, ya que muchos tenían aspecto de poder caerse en cualquier momento. La única parte solida de aquella planta, era el despacho de Groyl, lo que antes era la oficina del encargado del almacén. Desde allí, Groyl controlaba el sistema de megafonía, y dirigía sus múltiples negocios, atendiendo a sus siniestros clientes gracias a una puerta que comunicaba su despacho con la salida de incendios. Groyl nunca bajaba a la parte de abajo, en parte porque no soportaba a los niños, y en parte porque en su despacho tenia cuanto podía necesitar.

Jet picó a la puerta, y cuando le llamaron desde el interior, entró en la habitación. La opulencia en la que vivía aquel hombre, en contraste con la precariedad con lo que lo hacían los huérfanos y Hazel, era considerable. El suelo estaba recubierto con suntuosas alfombras de piel, las paredes estaban cubiertas con valiosos cuadros, que habían adquiridos (o robados) por sus clientes. Una cama de matrimonio, con el colchón repleto de suaves cojines, se encontraba situada en un extremo de la oficina, separada del resto por una cortina de seda dorada. En el centro de la oficina, junto a los ventanales desde los que se veía todo lo que sucedía abajo, se encontraba una mesa de madera oscura, repleta de papeles y platos de comida por igual. Una plancha de metal, repleta de botones y cables, descansaba a un lado de la mesa. Detrás de esta, sentado en un enorme sillón de cuero negro, descansaba el director del Orfanato de Piltover, Groyl.

Groyl tenía, en opinión de Jet, un cuerpo imposible. No lograba entender como alguien con un cuerpo tan flaco podía tener un vientre tan abultado, y seguir pareciendo un espantapájaros. Groyl era un hombre alto, de unos 40 o 50 años, con una pequeña calva en la parte superior de su cabeza, rodeada por una larga maraña de pelo negro que le llegaba hasta el final del cuello. Tenía una barba descuidada que le recubría las mejillas y la barbilla, poblada con restos de comida, y unos ojos grises y fríos, que lo contemplaban todo tras unas gafas con montura de piedras preciosas, que descansaban en el puente de su aguileña nariz. Sus manos, delgadas y huesudas, parecían garras, y la ropa que vestía era siempre de buena calidad. Unos pantalones de color beige cubrían sus delgadas piernas, y una camisa de color índigo hacia esfuerzos por contener su abultado estomago. Una chaqueta del mismo color que los pantalones descansaba en el respaldo de la butaca.

Jet esperó a que Groyl hablara primero. Seguramente ya se había enterado de su fracaso en la misión, y querría saber cómo pensaba compensarle Jet por ello. Al principio, parecía que Groyl no se había percatado de la presencia de Jet. Se limitaba a observar una serie de papeles, a hacer anotaciones, y a agarrar bocados de comida y llevárselos a la boca, pringando los papeles con grasa y manchas de salsa, pero sin que eso pareciera importarle. Finalmente, dejó los papeles en la mesa, se quitó las gafas, y las depositó en un cajón de su escritorio.

-Bueno, Jet- dijo Groyl, sonriéndole y mostrando una dentadura repleta de dientes sucios, con algunos en fundas de oro-. ¿Qué tal fue el trabajo?

-Déjate de royos, Groyl. Sabes perfectamente como fue el asunto.

-Ah, pero yo quiero oír lo que tú tienes que decir en tu defensa. Quiero decir, cuando el cliente vino a mí y me dijo que te habían capturado, bueno, pensé que algo mal tenias que haber hecho.

-¡No fue culpa mía! Si ese idiota no la hubiera cagado a base de bien…

-Eh, eh, eh. ¿Qué maneras son de hablar sobre un cliente? Tu trabajo era meterles dentro de la mansión, y salir con el botín. Si no puedes hacerlo, o hay un error, entonces el culpable eres tú, y punto.

-¿Estas de coña? Me mandas con esa pandilla de novatos, que lo único que saben hacer bien es golpear cosas con los puños, ¿y me quieres echar la culpa de sus cagadas?

-Jet, mi chico- Groyl se puso de pie y se acercó a Jet-. No te enfades. Tú ya sabes cómo funciona esto. A cambio de disponer de gente especializada, recomendada por mí, yo me llevo una parte del botín. Si no hay botín, no hay ganancias. Y si no hay ganancias- Groyl rodeó con el brazo los hombros de Jet-, bueno, pues me lo tengo que cobrar de otra forma.

-¡Que te den, Groyl!- Jet se quitó de encima el brazo de Groyl.- Te he hecho ganar mucho últimamente. Como intentes joderme por algo así…

-Oh, ¿Qué me vas a hacer?- Groyl se encaró a Jet, su rostro a escasos centímetros de el del joven. Jet pudo oler el rancio aliento de Groyl cuando dijo:- Adelante, valiente, pégame. Pero ya sabes las consecuencias. Sería una pena que, por causas económicas estrictamente, me viera obligado a tener que echar a uno o dos de esos pequeños de ahí abajo a la fría y oscura calle.

Jet apretó los puños, pero no hizo nada. Sabía muy bien que, de así quererlo Groyl, podía echar a cuantos niños quisiera del orfanato. Sin el dinero que entraba gracias a Groyl, no podrían alimentar ni vestir a ninguno de ellos a largo plazo. Debido a todo el dinero que Groyl despilfarraba en lujos y vicio, Jet se veía obligado a participar en los trabajos de Groyl, para conseguir el dinero necesario para que sus hermanos pudieran seguir viviendo allí. Si pudiera avisar a las autoridades, Groyl acabaría pudriéndose en la cárcel, pero eso les dejaría con el mismo problema, de manera que no tenían más remedio que bajar la cabeza ante él, y aguantar.

-¿No vas a hacer nada? Muy bien Jet- Groyl dio unos golpecitos amistosos en la cabeza de Jet.- Veo que pasar un tiempo en una celda te calma los nervios. Ahora, quisiera una disculpa, por fastidiarme el negocio, y por acusar injustamente a mi cliente.

Jet apretó los dientes. Su orgullo le pedía a gritos que le partiera la cabeza a Groyl hasta sacarle los sesos por la boca, pero su cabeza le detuvo. Si le atacaba, le daría la excusa que quería para sacar a sus hermanos de su hogar, así que se contuvo y dijo:

- Lo…lo siento- Groyl miró a Jet, y levantó una ceja en expectación. Jet apretó los puños-. Siento haber fastidiado tu negocio, y haber acusado al cliente injustamente. La culpa es solo mía. Por favor, perdóname.

Groyl hizo ver como que se lo pensaba, y finalmente dijo con una sonrisa:

- ¡Muy bien, disculpas aceptadas! Sin embargo, esta cagada me la vas a tener que compensar de todos modos.- Groyl dio media vuelta, y se dirigió a su butaca de nuevo, donde se dejó caer-. Para empezar, voy a reducir el presupuesto para comida,…

"¿¡Otra vez!? Este cabrón…" pensó Jet. Sin embargo, sabía que enfadarse solo complicaría las cosas, de manera que aguantó. Además, si daba su parte a los niños, aun podía llegar para todos.

-… y vas a hacer otro trabajito para mí. Y por tu bien, y el de tus pequeños renacuajos, espero que todo salga bien.

Jet estaba al límite de lo que podía aguantar. Odiaba a Groyl mas de o que había odiado a nadie, no solo por cómo le trataba, si no por amenazar constantemente a sus hermanos y a Hazel, haciéndoles pasar hambre y frio mientras él vivía como un rey rodeado de lujos.

Jet se acercó a la mesa.

-Muy bien, ¿en qué consiste el trabajo?

-Se trata de una petición de un científico de Zaun. Al parecer, Heimerdinger ha estado trabajando en algo bastante interesante, y quiere que lo robemos para él. En dos días, Heimerdinger asistirá a una cena privada en la Academia Yordle de las Ciencias y el Progreso, dejando su taller privado. Entonces, entrarás con un equipo especializado de mi elección, buscareis lo que sea que esté investigando el enano ese, y lo robareis.

-Espera, espera. ¿Sabes almenos lo que vamos a robar?

-Ni idea. De hecho, ni el cliente sabe exactamente lo que es. Lo único que sabemos es que Heimerdinger anunció que estaba trabajando en un nuevo tipo de energía, así que empieza a investigar por ahí.

Lo absurdo del disparate que Groyl le estaba contando hizo reír a Jet. Quería que entrara en el taller de uno de los más eminentes científicos de la ciudad, que sorteara todo tipo de sistemas de seguridad de última tecnología, para robar algo que no tienen muy claro lo que es, y salir tal cual. Puestos a pedir, ¿Por qué no le mandaba a Demacia, a robarle la corona al rey mientras le la lleve puesta?

-Groyl, ni si quiera tu puedes esperar que algo como esto salga bien. Este plan tiene tantos agujeros que parece un maldito queso.

-Si, ya sé que no es el mejor plan del mundo, pero la paga es extraordinariamente buena, de manera que estoy dispuesto a correr el riesgo. O mejor dicho, a que lo corras tú, jaja- Groyl se rió de su propia picardía, mientras Jet le miraba con mala cara. Cuando se percató de ello, empezó a calmarse, y le dijo a Jet:- Vamos, no me mires así. ¡Este trabajo es lo que esperábamos! Yo, ganare muchísima pasta, y tú, no tendrás que trabajar para mí en una buena temporada. ¡Todos salimos ganando!

Pero Jet no estaba convencido. Además, eso llevaba pasando desde hacía ya mucho tiempo, no era ninguna novedad. Groyl debió percatarse de ello, porque se inclinó sobre la mesa y dijo:

-Bueno, si eso no te satisface, ¿Qué te parece si, a cambio del éxito en este trabajo, te doy una recompensa?

-Nada que tu tengas puede interesarme- dijo Jet con desprecio, a lo que Groyl puso cara de consternado y se reclinó en su butaca.

-¡Vaya! ¿Ni si quiera si te dijera que tengo información sobre tu pasado?- dijo Groyl, levantando una ceja y sonriendo con maldad.

Jet abrió los ojos de la sorpresa. Mentía. ¡Tenía que estar mintiendo! Nadie sabía cómo había llegado al orfanato, ni de donde venia.

-Mientes.

-No, te juro por todo cuanto poseo que lo que te digo es cierto- Groyl se puso de pie de nuevo, y se acercó lentamente al consternado joven-. Puedo darte respuestas para todas esas preguntas que guardas en tu cabeza.- Groyl empezó a dar vueltas lentamente alrededor de Jet, hablando con una voz cargada de misterio- ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Quiénes eran tus padres? Y lo único que tienes que hacer para conseguir las respuestas, es cumplir con un simple trabajo.

Jet no sabía si creerle o no. Ese hombre no tenía corazón ni piedad. Se movía única y exclusivamente por su propio interés. Y sin embargo…

Jet miró fijamente a los ojos de Groyl, y dijo:- Si me mientes, lo pagarás.

-Que miedo, Jet- dijo Groyl sarcásticamente, mientras sonreía y se alejaba del joven-. Ya sabes dónde está la puerta.- Jet se dirigió a la salida, pero cuando estaba a punto de abrir la puerta, Groyl añadió algo más- Ah, sí. Antes de que se me olvide. Sobre ese equipo que te acompañará a la misión, hay uno al que tendrás que convencerlo tú.

-¿De quién se trata?

-Oh, esto te va a encantar. Se trata de un viejo amigo tuyo, Daren. Creo que ahora trabaja en el Instituto de las Ciencias y Nuevas Tecnologías, en uno de los mejores barrios de la ciudad. Eso sí que es progresas, no como tú, que sigues en el mismo sitio desde que llegaste.

Daren había sido otro de los niños huérfanos del Rayo de Esperanza. De la misma edad que Jet, habían sido buenos amigos hasta que una familia de científicos le adoptó. Desde entonces, se habían visto unas pocas veces.

-No, no voy a meter a nadie inocente en esto, y menos a alguien a quien yo llamaba hermano.

-Bueno, tú mismo lo dijiste. El taller estará lleno de medidas de seguridad, y necesitas a alguien que sepa de maquinas para poder desactivarlas. Yo no tengo tiempo para buscar a nadie más, así que o le reclutas, o haces el trabajo sin él, pero tú verás… Tu completa este trabajo, porque como me hagas perder ese dinero, te juro que mandaré a esa zorra de Hazel y a la mitad de esos críos a la calle. Y ahora lárgate, ya no tengo nada más que decirte.- Groyl volvió a concentrarse en sus papeles, y le hizo un gesto a Jet para que se marchara.

Jet salió del despacho con el sentimiento de alguien que esta derrotado por dentro. No importaba lo mucho que se esforzara, seguiría estando en manos de ese cretino el resto de su vida. Podría largarse, pero eso condenaría a Hazel y a sus hermanos y hermanas. Y Jet nunca permitiría que pasara eso.

Mientras bajaba las escaleras, pensó en las palabras de Groyl. ¿De verdad sabia cosas de su pasado, o solo lo había dicho para convencerle de su trabajo? De cualquier forma, no tenía elección. Ya fuera cierto o no, si se negaba, Hazel y muchos de sus hermanos lo pagarían, de manera que el fracaso no era una opción. Por mucho que le doliera, tendría que pedirle ayuda a Daren. Con él en el equipo, tendrían más probabilidades de éxito. Mañana se acercaría al Instituto para hablar con él.

Cuando Jet llegó donde estaban reunidos sus hermanos, estos se encontraban enfrascados en el combate, que había llegado a su punto culminante. El equipo azul había conseguido llegar hasta la zona del nexo purpura, y acababa de tumbar la segunda torre que lo protegía. Karthus, LeBlanc y Nasus acababan de caer, ya que sus cuerpos aun seguían en el suelo, mientras Darius perseguía a una debilitada Ashe, que corría a refugiarse en su base. Antes de que pudiera conseguirlo, Darius usó Aprehender, y la atrajo hacia él, chocando violentamente contra el cuerpo del guerrero. El impacto tiró a la arquera al suelo, y antes de que pudiera reaccionar, Darius usó su Guillotina Noxiana para acabar con ella, mientras una voz anunciaba su Asesinato Triple. Mientras tanto, Vi y Tresh se dedicaban a atacar el Nexo enemigo, mientras Draven mantenía a los dos únicos miembros supervivientes del equipo purpura, Soraka y Rengar, alejados usando sus hachas giratorias. Unos segundos más tarde, el Nexo purpura explotó, mientras la misma voz en off de antes anunciaba la victoria del equipo azul, los miembros de la cual se felicitaban entre ellos y los celebraban, mientras los miembros del equipo perdedor se marchaban desanimados hacia su plataforma de invocación.

Una vez hubo acabado el combate, Hazel movilizó a los niños, para que fueran a lavarse los dientes, ya que dentro de poco seria hora de acostarse. Algunos protestaron, pidiendo ver más combates, pero al final todos fueron obedientemente hacia el lavabo. Jet los vio pasar, acariciando alguna que otra cabeza, y dando suaves empujones a algún que otro rezagado para que se diera prisa. Quería mucho a esos pequeñajos, y ellos le querían a él. Eran sus hermanos y hermanas, y para Jet no había precio lo bastante alto a pagar con tal de mantenerlos a salvo.

Ni siquiera aunque ese precio le llevara a enfrentarse a la seguridad del taller de Heimerdinger, el Venerable Inventor.

Hasta aquí el segundo capítulo. Agradecer a todos aquello que me comentaron el capitulo anterior, y espero que este os guste igual o más (menos no, eso sería estúpido :P). Ánimo, dentro de poco empezará lo bueno…