Capitulo 4
Ese mismo día, 15:30 P.M.
Después de reclutar a Daren, Jet volvió al orfanato, donde Groyl le indicó donde se reuniría con el equipo que él había escogido para que le acompañara en su misión: un conocido bar de la zona, frecuentado por criminales y semejantes, el "Pistón Oxidado". Cuando Jet llegó, creyó que le costaría bastante encontrar a su grupo allí, ya que el bar estaba lleno hasta los topes. En las mesas, grupos de sórdidos bebedores jugaban a cartas a la luz de las gastadas luces del techo, o charlaban animadamente entre ellos, dando largos tragos a sus jarras o mirando al infinito con gesto cansado. En la barra, una muchedumbre intentaba llamar la atención del atareado barman, con la esperanza de que les sirvieran algo con lo que animar su agotado espíritu. Un pianista manejaba un viejo piano, hecho a partir de lo que parecía ser una mezcla de hierro y madera, llenando el ambiente con animadas notas que servían de distracción a aquellos que las escuchaban.
Jet entró en el bar y se acercó al único sitio libre de la barra. Antes de que pudiera pedir nada, un hombre pálido con el pelo largo y negro se le acercó, y le preguntó si era "el chico de Groyl". De alguna forma, esa forma de referirse a él cabreó bastante a Jet, pero no le corrigió. El hombre, que se presentó como Wally, le instó a que le siguiera. Atravesaron el bar, ignorando las miradas recelosas que les dirigían desde las mesas, y esquivando a un hombre que, acurrucado en el suelo, dormía mientras abrazaba una botella medio vacía.
Wally llevó a Jet a un reservado, oculto tras una de las tres puertas que se encontraban al final del bar. Tras asegurarse de que nadie les había estado siguiendo, entraron rápidamente en el reservado.
En el interior, una mesa cuadrada repleta de planos, papeles y botellas a medio acabar se encontraba situada en la pared del fondo, donde un ventanal rectangular mostraba unas esplendidas vistas del rio, que tranquilamente discurría por el lateral del bar. Jet pensó, sin duda alguna, que más de uno había hecho su escape del bar a través de esa misma ventana, para huir por el rio a nado, o hundiéndose hasta el fondo, dependiendo de cómo de bebido estuviera el saltador. Sentados en la mesa, se encontraban dos personas de curioso aspecto. Uno de ellos era un hombre que de pie mediría por lo menos dos metros y medio de alto. Su ancho pecho estaba cubierto por un pequeño chaleco de cuero, y en sus brazos y manos, gigantescos hasta para un hombre de su tamaño, se podían ver numerosos y variados tatuajes, desde las típicas calaveras y llamas, hasta un pequeño conejito oculto en la parte interior de su brazo izquierdo. Su cabeza, rapada al cero y con un rostro tan brutal que parecía más un ogro que un hombre, sobresalía de sus hombros como un musculo más. Jet había visto matones antes, gente a la que uno paga para que den palizas en nombre de otros, pero ese hombre no se parecía a nada que él hubiera visto antes. La mayoría de matones de Piltover eran fuertes, si, pero ninguno presentaba un aspecto tan intimidante como el de aquel hombre. Debía de tratarse de un maton de Zaun, o de Noxus. Jet lo tenía claro: ese no era el "cerebro" de la operación.
La otra persona era una mujer joven, tal vez un par de años mayor que Jet. Su ropa parecía una combinación de varios retales de tela, todos de diferentes tonos de negro, que en conjunto ocultaban las formas de su cuerpo. Las únicas partes que quedaban a la vista eran sus manos, cubiertas de cicatrices cuya blancura resaltaba en su piel color caramelo, y su cara, un rostro agradable a la vista, con una expresión que denotaba aburrimiento y desconfianza a partes iguales. Una capucha le cubría la cabeza, haciendo que el brillo de sus ojos, de color azul brillante, resaltara mucho.
Tras cerrar la puerta con llave, Wally se acercó a una de las sillas vacías junto a la mesa, la que estaba al lado de la chica, e hizo un gesto a Jet para que ocupara la silla de enfrente, la que estaba al lado de aquella especie de gorila humano. Tratando de no mirarlo fijamente mucho tiempo, Jet tomó asiento, sintiendo los ojos de aquel ser observarle desde las alturas.
-Jet, estos son Glaius- dijo Wally señalando al gigantesco hombre, que gruño en señal de afirmación-, y Miriana.- Wally señaló a la chica, quien se quitó la capucha, revelando su pelo de color azabache, con algunos mechones de color amarillo, cortado como si fuera un chico. Miró a Jet, pero no dijo nada. Dejo de prestarle atención, y se puso a mirar distraídamente por el ventanal-. Glaius es un ex militar noxiano. Fue expulsado por desobedecer órdenes, y ahora trabaja como mercenario. No hay nadie mejor en el arte de partir a la gente por la mitad- dijo Wally con una sonrisa. Como para remarcar ese hecho, Glaius hizo crujir sus nudillo como si tal cosa, sin mirar a nadie en concreto. Estaba claro, pensó Jet, que no le gustaría meterse en el camino de esos puños.- Miriana es una experta ladrona. Ha asaltado bancos y mansiones por todo Valoran, y es una experta en abrir cerraduras. Si alguien puede conseguir que entremos en el taller de Heimerdinger, esa es ella- Miriana siguió mirando fuera como si no le hubiera escuchado.
-Este de aquí es Jet. Groyl lo ha enviado para que trabaje con nosotros en la misión de mañana- continuó explicando Wally-. Antes de continuar, dime: ¿Pudiste convencer al tipo ese de que nos ayudara?
-Si- dijo Jet-. Antes he ido a verle, y dice que nos ayudara en lo que haga falta. Groyl dijo que enviaría a alguien a buscarle cuando saliera del instituto, de manera que se reunirá aquí con nosotros tarde o temprano.
-¿Es de fiar?- La pregunta pilló por sorpresa a Jet, tanto por el tono implícito, como porque era la primera vez que oía hablar a Miriana, quien había hecho la pregunta.
-Si, yo respondo por él.
-Hmmm- dijo Miriana, volviendo a centrar su atención en el paisaje.
-Bueno, ahora que ese punto está solucionado, vamos a empezar. Heimerdinger dejará su taller aproximadamente a las 21:00 de mañana, de manera que tenemos unas 29 o 30 horas para planear el asalto a una de las instalaciones mejor vigiladas de la ciudad. Miriana, tu eres la experta, ¿tienes alguna idea?
Miriana dejó de mirar el paisaje, y centró su atención en los planos de la mesa. Jet se fijó por primera vez en ellos, y vio que se trataban esquemas sumamente complejos de varios edificios y zonas de la ciudad, como el taller de Heimerdinger, algunos edificios circuncidantes, y varios mapas de la zona. Miriana apartó una botella vacía de la mesa, y cogió uno de los planos que se encontraban debajo.
-El taller de Heimerdinger es más parecido a una fortaleza que a un taller convencional- empezó a explicar Miriana-. La parte que está abierta al público, el taller en sí, es solo la punta del iceberg. Hay varias salas subterráneas, donde guarda sus experimentos más nuevos y peligrosos. Si lo que cuentan los soplones es cierto, tiene otro taller ahí abajo, que hace las veces de almacén y bunker. Con toda seguridad, lo que buscamos estará ahí- Miriana cogió otro plano, uno de la zona circuncidante al taller, y colocó ambos en medio de la mesa-. Tal y como lo veo, hay dos formas de entrar: una, accediendo a través del alcantarillado al bunker mediante un túnel. Por desgracia, no tenemos tiempo suficiente para cavarlo, de manera que lo haremos de la otra manera. Entraremos por el taller- señaló un punto del plano del taller-, y avanzaremos del mismo modo que lo hace él para entrar y salir. Tendremos que sortear trampas y obstáculos, pero es lo que hay- Miriana rodeó una parte del otro plano con el dedo-. Una vez tengamos el aparato en cuestión, nos dirigiremos a este punto del bunker, donde supuestamente hay un montacargas, que nos dejará en la superficie de nuevo…
-Espera, ¿"supuestamente"?- preguntó Jet-. ¿Quieres decir que no estás segura?
-Toda la información que tenemos proviene de terceros y ex trabajadores de Heimerdinger. Debería ser bastante fiable.
-Oh, sí, porque… ¿Qué puede fallar? Después de todo, ¡estamos montando el asalto a base de rumores!- exclamó Jet.
-Mira, novato- dijo Miriana, fijando su mirada en Jet-, si no te gusta mi plan, eres libre de irte y montar el asalto como te apetezca, o puedes callarte y hacerme caso. A mí, me da igual.
Jet y Miriana se sostuvieron la mirada durante un rato, retándose a ver quien cedería antes en aquel tema. Al final, Jet soltó un suspiro, y dijo: -Prosigue.- Miriana no dijo nada, y centró de nuevo su atención en los planos.
-Bien. Todos…- El sonido de alguien tocando a la puerta interrumpió a Miriana. Glaius hizo el gesto de levantarse, pero Wally fue más rápido, y le indicó que se sentara de nuevo. Con paso silencioso, se dirigió de nuevo a la puerta. Colocándose a un lado de la misma, con una mano agarro el extremo de un cuchillo oculto, y con la otra abrió la puerta.
Tras la puerta entreabierta, una cabeza repleta de pelo verde oscuro despeinado y muy caótico apareció con timidez, mirando con cautela a los ocupantes del reservado.
-…Ehmm…hola…Estoooo…sois,… ¿sois los de Groyl?- entonces, Jet le hizo un gesto a Daren para que entrara sin miedo.
-Claro, y tú debes de ser Daren, ¿no?- dijo Wally desde la puerta, ocultando rápidamente el cuchillo, y pasando un brazo por los hombros de Daren. Llevándolo a la mesa con los demás, Jet notó que seguía vistiendo la bata y las gafas de laboratorio que le había visto llevar en el Instituto-. Nos han hablado muy bien de ti. ¡Estoy seguro que será un placer trabajar contigo! Siéntate, siéntate. Yo me quedaré de pie.- Wally animó a Daren a que ocupara su asiento junto a Miriana, quien no parecía muy contenta por la interrupción.
-Bien, ahora que estamos todos, sigamos. Cada uno de nosotros tiene un papel en esta obra. Wally y yo somos expertos en robar. Glaius aporta el factor fuerza. Daren es el experto en maquinaria. Y Jet es…- Miriana le miró con expresión vacía, levantando las cejas interrogativamente-… Dime, ¿y tu porque estás aquí?- El sarcasmo era palpable.
-Por mi encanto. Alguien en el equipo ha de tener un poco por lo menos- respondió Jet, sin dejar de mirar a Miriana. Ésta bajó las cejas sin decir nada, Wally le rió el chiste a Jet, y Glaius solo gruñó. Daren intentaba destacar lo menos posible, en aquel ambiente tan hostil y extraño para él.
-Está bien, súper estrella. Ya veremos que tal lo haces.
El resto del día lo pasaron ultimando detalles, discutiendo estrategias, y preparándose, tanto física como mentalmente, para todo lo que se pudieran encontrar allí abajo. No tenían un plan claro, irían improvisando a medida que se fueran enfrentando a todo lo que el yordle les tuviera preparados. No sería fácil, ni seria seguro, pero estaban decididos a tener éxito. El tiempo pasó, hasta que el tiempo de 30 horas se redujo a 0. Para entonces, estaban preparados, mentalizados, y listos para lo que hiciera falta. El tiempo diría si tendrían éxito o no.
21:35 P.M. del día siguiente, en el taller del profesor Heimerdinger.
-Vamos profesor, llegaremos tarde si no sale pronto.- Loira, una yordle que trabajaba en la Academia junto al profesor, había accedido a acompañar al anciano profesor a la entrega del premio junto a un pequeño y selecto grupo de estudiantes, elegidos del resto por sus excelentes notas. Todos esperaban ya en la puerta, donde habían alquilado un carruaje motorizado para llevarlos a donde se celebraría el evento. Loira había salido a buscarle, en vistas de que estaba tardando demasiado en salir.
-¡Un momento, ya salgo!- gritó Heimerdinger desde dentro del taller-. He tardado más de lo que esperaba en peinarme.- Heimerdinger salió a la calle, mostrando su reluciente, aunque algo anticuado, traje de gala. En su cabeza, unas gafas de Sol enormes y brillantes ocultaban sus ojos como de costumbre. Por encima de ellas, su afro encrespado y lleno de remolinos…seguía encrespado y lleno de remolinos-. ¿Y bien? ¿Qué tal estoy?
Todos se lo quedaron mirando sin saber que decir. Estaba bien, pero el peinado no justificaba lo que había tardado en salir. ¡Si estaba igual que siempre!
-Si le decimos que le queda genial, ¿nos podremos ir ya?- preguntó uno de los yordles desde el carruaje.
-…si.
-¡Entonces le queda estupendo!- Los estudiantes alabaron su aspecto, inventándose características que decían que poseía, y describiendo con todo lujo de detalles como iba a eclipsar al resto de asistentes, todo eso procurando que entrara en el carruaje lo antes posible. Cuando cerraron la puerta, el carruaje salió disparado calle arriba, en medio de una nube de humo que marcaba el inicio del recorrido. La nube se disipó enseguida, y el silencio reinó una vez más en la calle, iluminada gracias a las numerosas farolas que la poblaban. De repente, muchas de ellas se apagaron en cadena, sumiendo los alrededores del taller en la oscuridad. De un callejón cercano, cinco oscuras figuras, ocultas bajo oscuras capuchas y con la cara tapada, se acercaron a la puerta del taller bajo el amparo de la oscuridad. Una de las figuras se acercó rápidamente a la puerta. Examinó la cerradura en silencio, y procedió a introducir una serie de ganzúas en su interior, hurgando en sus mecanismos durante unos segundos. Con un suave CLIC, la puerta se abrió, permitiendo el paso del resto de figuras. Después de entrar la última, cerraron la puerta sigilosamente.
El interior del taller era como el del resto que había por la ciudad. Un mostrador repleto de engranajes y otras piezas sueltas con etiquetas con varios precios escritos en ellas separaba la zona de los clientes, con posters y carteles con otras ofertas colgando de las paredes, de la zona de trabajo, ocupada por diversos bancos de trabajo. Filas y filas de herramientas, todas de diferentes tamaños y usos, ocupaban las paredes de alrededor, dejando poco espacio para algún que otro poster con sugerentes imágenes mujeres semidesnudas en ellos, algún calendario o planos de impresionantes maquinas de gran tamaño y funciones desconocidas.
Los asaltantes se quitaron las capuchas, y las guardaron en sus bolsillos, revelando cinco rostros muy dispares, que se apresuraron a saltar por encima del mostrador. Una vez en la zona de trabajo, empezaron a buscar la puerta que les llevaría a la siguiente sala. Wally y Daren empezaron a examinar las paredes, en busca de cualquier pista que les indicara una puerta oculta, o alguna clase de mecanismo de apertura. Miriana se paseó por los bancos de trabajo, examinando los papeles y esquemas que aun contenían. Jet, mientras repasaba una esquina en busca de pistas, notó como ella se guardaba algún que otro papel en el interior de sus ropas, procurando que el resto no la viera. Sus miradas se cruzaron, pero Jet no le dijo nada, volviendo a centrar su atención en el suelo que había estado examinando.
Pasados unos minutos, Glaius dio un corto silbido de aviso. Centraron todos su atención en él, y vieron como este tiraba de un tirador oculto en el suelo, abriendo una trampilla metálica que ocultaba unas escaleras, las cuales descendían en la oscuridad de la tierra.
-Buen trabajo- dijo Wally cuando se acercó a la trampilla-. Venga, ya vamos con retraso.- Dicho esto, se apresuró a bajar por las escaleras, seguido por Miriana, Daren y Jet. Glaius cerró la trampilla tras de sí, sumiendo todo en las tinieblas.
Después es unos instantes, que parecían alargarse hasta lo que parecían horas, se oyó una voz que dijo-: Luz, por favor.- Y apareció una pequeña luz, proveniente de una linterna que Miriana se había colocado con una tira en la frente. Aprovechado la luz, Glaius y Daren sacaron otro para de linternas, que ofrecieron a Jet y a Wally, de manera que cada uno dispusiera de su propia fuente de luz.
-Sigamos- dijo Miriana, tomando la delantera.
Las escaleras prosiguieron su descendente camino por un estrecho pasillo, obligando al grupo a bajar de uno en uno con la cabeza agachada, y a Glaius casi de cuclillas. Debía de tratarse de un pasillo para yordles, porque las proporciones eran minúsculas para ellos. La simplicidad de aquella parte del taller no hacía más que aumentar los nervios del grupo, incapaces de encontrar ninguna pista que les indicara si les quedaba mucho trecho por delante, o si estaban dirigiéndose a alguna trampa. Al colocar las manos en una de las paredes, observaron como lo que parecía ser una cinta transportadora discurría paralela a la escalera, ahora inmóvil y vacía.
Finalmente, llegaron a un pasillo más amplio, donde pudieron estirarse de nuevo. Se trataba de un largo pasillo, con puertas a ambos lados del mismo, con números y listas de nombres y cantidades en cada una de ellas. El equipo de ladrones prosiguió su camino, iluminando los carteles para poder ver de qué se trataban.
"30 cajas de engranajes de 20 centímetros… 5 giroscopios de cobre… carcasas para gólems… Este debe ser el almacén donde Heimerdinger guarda sus piezas y aparatos del taller de arriba", pensó Jet, mientras los demás observaban otras puertas o proseguían simplemente su camino. Wally intentó abrir una puerta, pero estaba cerrada, del mismo modo que lo estaban las otras puertas que intentó abrir.
-Wally, ¿qué haces? No tenemos tiempo para esto- dijo Jet.
-Si, lo sé. Pero es que en algunas de estas puertas hay auténticos tesoros- dijo Wally con avaricia-. Se dé un par de tipos que pagarían un buen precio por mucho del material que hay aquí. Si solo tuviéramos más tiempo…
-Pero no lo tenemos- le cortó Miriana mientras le iluminaba a la cara con la linterna-. Centrémonos en lo que hemos venido a hacer, y larguémonos. Si quieres quedarte aquí solo y robar chatarra, lo harás por tu cuenta. Y procura que no te pillen, no queremos que nos arrastres a la cárcel contigo.
-¡Eh, eh, que era broma! Vamos, no seas así…- dijo Wally sonriendo con nerviosismo. Parecía que todo lo que había dicho lo había dicho en broma, pero Jet sospechaba que no le estaba sentando nada bien que le anduvieran dando órdenes, y menos una chica que bien podía ser su hija. Por si a caso, mantendría los ojos bien abiertos.
Prosiguieron por el pasillo, pasando de largo puertas y puertas con números en ellos, pares a un lado, e impares al otro. Cuando rondaban la puerta numero 40, llegaron al fondo del pasillo. Allí, una robusta puerta de acero, recubierta por numerosas barras de hierro, les bloqueaba el paso. A un lado, un teclado y una serie de botones de colores destacaban bajo una pantalla, que al acercarse se encendió, mostrando un espacio donde escribir.
-¿Una contraseña?- dijo Glaius, usando su profunda voz, un poco rasposa, seguramente a causa de gritar y beber mucho.
-Parece que nos enfrentamos a nuestro primer obstáculo. Daren, ¿tú qué opinas?
-Hmmm- Daren se tomó su tiempo en observar la puerta en cuestión, examinando el teclado y los botones, y haciendo un par de cálculos mentales-. Esto podría ser complicado. Se trata de un sistema de digitación muy complejo, codificado con dos tipos de códigos paralelos e independientes.- En vista de las caras de confusión del resto del equipo, Daren decidió explicarse-. Básicamente, es como si fueran necesarias DOS contraseñas diferentes, que superpuestas abrirán la puerta. El problema es que no tenemos ninguna de las dos, y no veo como…
Miriana hizo a un lado a Daren, y examinó durante unos segundos ambos teclados. A continuación, extrajo dos extraños aparatos de debajo de su túnica de retales. A primera vista, parecían dos guantes de cuero, con numerosos cables, agujas y pinzas enganchadas por encima. Tras ponérselos, los guantes parecieron cobrar vida, separándose en varios picos con puntas de diferentes formas y tamaños, que se instalaron en la punta de cada uno de sus dedos. Miriana comprobó que pudiera mover las manos correctamente, y se llevó una mano al cuello de su túnica. De allí, saco un par de gafas de mecánico, conectadas mediante cables al interior de su ropa. Se las colocó, y sus lentes se encendieron con una luz verde brillante, enfocándose como la lente de una cámara. Una vez estuvo lista, acercó cada una de sus manos a un teclado diferente, donde los diferentes utensilios de sus dedos cobraron vida y se introdujeron en los huecos entre las piezas. La pantalla de los teclados chispeó y se llenó de filas de números y letras, discurriendo de abajo a arriba a gran velocidad mientras Miriana movía los dedos como una titiritera, mostrando cada vez más filas de palabras y textos. Al cabo de un rato, las barras que bloqueaban la puerta se retiraron silenciosamente, introduciéndose en el interior de las paredes. Miriana hurgó en los teclados durante unos minutos mas, y con un gesto de fastidio retiró sus aparatos, dirigiéndose al resto del grupo.
-La seguridad de Heimerdinger es mejor de lo que esperaba. No puedo piratear todo el monitor completamente- explicó Miriana, quitándose las gafas y colocándolas de nuevo en su cuello-. He alcanzado a desbloquear la puerta, pero vamos a tener que buscar otra forma de abrirla si queremos pasar.
-Bueno, sin la barras, tal vez podamos forzar la puerta, o sacarla del sitio con la herramienta adecuada. Seguramente en alguno de estos almacenes encontremos…- Un sonoro chirrido interrumpió a Daren. Volviéndose al origen del ruido, vieron como Glaius agarraba la puerta por cada lado con sus manos, y empezaba a tirar de la misma con fuerza. La puerta era lo bastante grande como para que el enorme cuerpo del grandullón pudiera esconderse detrás, y seguramente pesaba más de lo que ninguno de ellos podría levantar nunca. Aun así, con un corto rugido de victoria, Glaius consiguió sacar la puerta del marco, arrancándola con una fuerza impensable y un chirrido bestial. Tras depositarla a un lado, se sacudió las manos, satisfecho.
El resto del grupo le miró estupefactos. No solo por el poder que acababa de demostrar, sino por lo estúpido que podía llegar a ser aquel gigantón.
-¡Idiota!- gritaron Miriana y Jet-. ¿Qué parte no entiendes de "entrar y salir sin que se entere nadie"?
-¡Eh, la puerta está abierta, ¿no?! ¿Qué mas queréis?- se defendió Glaius, mirando amenazadoramente al par de enanos gritones. Miriana parecía que iba a añadir algo más, pero Jet la cortó mientras suspiraba con aire agotado. La de cosas que tenía que aguantar.
-Da igual, sigamos.- Mientras cruzaban el umbral, Jet solo podía rezar porque nadie se hubiera enterado de aquel escándalo. El camino a su objetivo aun era largo, y no querían más sorpresas desagradables.
Mientras tanto, en la comisaría de Piltover.
Vi dormitaba en su silla con los pies descansando encima de la mesa. Había sido un día condenadamente tranquilo, y encima ahora tenía que aguantar el turno de noche. El aburrimiento acumulado le estaba pasando factura, agotando sus fuerzas y chupando la energía vital de su alma, a medida que las manecillas del reloj avanzaban sin prisa, segundo a segundo, devorando los minutos y las horas de aquel aburrido día. Caitlyn seguía trabajando en su despacho, rellenando montañas de papeles que, según Vi, salían de ninguna parte, y no iban a ninguna parte. Por eso ella nunca se molestaba en rellenarlos, a menos que Caitlyn le metiera la bronca por ello.
Distraída, pasó su mirada por el resto de la oficina, en busca de algo que le sirviera de entretenimiento, o al menos para evitar que se volviera a quedar dormida en su turno. La última vez que la pillaron roncando en horas de servicio, la amenazaron con hacerle limpiar los lavabos del calabozo con un cepillo de dientes. Ella ya tenía experiencia con las celdas del calabozo, y sabía en qué estado estaban algunas de esas letrinas. Un escalofrió le recorrió la espalda al imaginarlo. Gracias, pero no, gracias.
Observó con aburrimiento las mesas vacías, abandonadas por sus ocupantes, que habían vuelto a sus casas, y en las que aun estaban llenas, con sus ocupantes sumergidos en sus propias tareas o pensamientos. Miró por la ventana la ciudad de noche, iluminada por las muchas farolas y luces de neón de los diferentes bares y establecimientos de la ciudad. La zona central de la ciudad, repleta de altos y elegantes edificios futurísticos, resplandecía como un faro, aunque a Vi no le llamaba mucho la atención. Nada de lo que hubiera allí le importaba mucho, así que continuó su búsqueda de entretenimiento.
Abrió los cajones de su escritorio, en busca de algo con lo que matar el tiempo un rato. Hurgó con la mano entre restos de comida, piezas sueltas, y algún que otro papel extraviado. Después de un rato de buscar sin resultados, encontró lo que andaba buscando. Al fondo de uno de los cajones, encontró una pequeña pelota terapéutica de color blanco, blanda como un cojín y desgastada por el uso. Empezó a juguetear con ella, pasándosela de una mano a la otra, lanzándola hacia arriba, o dándole toques distraídamente contra una pared. Al cabo de un rato, la pelota se le escapó de las manos, rodando por debajo de su mesa. Aunque no le apetecía tener que agacharse a buscarla, renunciar a ella seria renunciar a su única fuente de diversión, por pequeña que fuera, y volver a empezar su búsqueda de nuevo, de manera que bajó los pies de la mesa y se agachó a cuatro patas bajo la mesa.
Estirando la mano, trató de atrapar la pelota, cuando de repente la alarma de la comisaria sonó con estrepito, alertando a todos los policías, y provocando que Vi diera un brinco, chocando su cabeza contra la mesa con un sonoro CLANC. Mientras que las mesas de los otros agentes eran de madera, dado el carácter de Vi, y su tendencia a golpear cosas con sus guanteletes cuando quería dejar claro lo que pensaba, la comisaria había decidido darle una mesa de hierro, que había sido atornillada al suelo para evitar que Vi volviera a tirársela a nadie.
En resumen, Vi sintió como si su cráneo se partiera en dos, obligándola a agarrase la cabeza con ambas manos, y revolviéndose bajo la mesa de dolor.
Caitlyn salió de su despacho en un instante, con su característico sombrero puesto y el rifle al hombro. Mientras el resto de agentes corrían escaleras abajo hacia los furgones, Caitlyn buscó a Vi en su mesa, encontrándola en posición fetal debajo de ella.
-¡VI, NO ES MOMENTO DE DORMIR! ¡Ha saltado la alarma en el taller de Heimerdinger! ¡Vamos, hay que salir para allá enseguida!- dijo la Sheriff, corriendo escaleras abajo.
Vi se puso en pie poco a poco, con una mano aun en su adolorida cabeza. Poniéndose sus enormes guanteletes en las manos, choco los nudillos con fuerza. Fuera quien fuera el responsable de aquella alarma, que se preparara.
Estaba de muy mal humor.
De vuelta en el taller de Heimerdinger.
El grupo había proseguido su camino, ajeno a los policías que iban en camino para detenerlos.
El siguiente obstáculo que habían encontrado había sido un ascensor. Pese a su gran tamaño, la complejidad de su seguridad les impidió acceder a su interior, de manera que decidieron bajar por el hueco del mismo, para horror de Daren, que dijo tenerle miedo a las alturas. Tras gastar unos valiosos minutos en discusiones y peleas, habían acordado que Daren bajaría agarrado a la espalda de Glaius junto con Wally, quien confesó no verse capaz de bajar por el cable del ascensor sin caer. De esta forma, el grupo empezó el descenso por el oscuro hueco del ascensor. Poco a poco, metro a metro, fueron adentrándose en las oscuras profundidades de la tierra, agarrándose al cable como si sus vidas dependieran de ello (y en verdad dependían de ello).
Jet iba en cabeza, seguido de Miriana y de Glaius, quien parecía bajar sin problemas, pese a tener dos personas agarradas en su espalda como dos sanguijuelas. El descenso prosiguió en silencio, hasta que…
-Sobre todo, no mires arriba- dijo Miriana por tercera vez.
-Por última vez- dijo Jet, harto de tener que repetirse por tercera vez-, ya te he dicho que no lo haré. Además, ¿qué tienes miedo que te vea, debajo de esa tela de vagabundo que llevas a todas partes?
-Hum, no espero que lo entiendas. No está hecha la miel para la boca del asno- respondió despectivamente Miriana.
-Oye, no entiendo porque dices eso. No te he pedido que me beses- respondió Jet con una sonrisa pícara, procurando bajar con cuidado, y evitar un par de patadas dirigidas a su cabeza por parte de Miriana.
-Ja, ja, muy gracioso… ¿Por qué no te vas aAAAAHHHH?- Miriana gritó cuando una mancha de grasa en el cable la hizo perder el control, y caer hacia el fondo.
-¡Cuidado!- Jet estiró la mano rápidamente, atrapando a la joven por el antebrazo. El peso de ambas arrastró a Jet por el cable, donde su guante evitó que se quemara la palma, aunque sus dedos, desprotegidos, empezaron a pelarse y a sangrar. Aguantando el dolor, hizo fuerza con la mano y las piernas, deteniendo su descenso. Habían descendido un buen trecho, separándose bastante de Glaius y los otros.
-¿Estás bien?- preguntó Jet a Miriana. Jet notó que la joven temblaba ligeramente de la impresión, lo cual era perfectamente normal. El estaría igual si hubiera estado a punto de morir.
-S-Si…Si, creo que sí.
-Bien, ahora…- Un pitido encima de ellos interrumpió lo que Jet iba a decir. Por encima de ellos, numerosos gritos y pitidos empezaron a resonar en la oscuridad, emitiendo un eco que se repetía numerosas veces en las paredes del agujero del ascensor. ¿Qué demonios estaba pasando?
Un eco de voz, posiblemente el de Daren, alcanzó los oídos de la pareja, que no entendieron que les estaba diciendo.
-¡C…! ¡E… …or… ndo!- Jet no acababa de entender el mensaje, oculto por los muchos ecos y pitidos que no paraban de resonar. Algo estaba a punto de pasar, y sería algo malo para ellos.
-¿Puedes agarrarte al cable?- preguntó Jet.
-Si… por supuesto que sí- dijo con voz un tanto temblorosa. Sin embargo, cuando fue a agarrarse no pudo sostenerse. La impresión de la caída la había acobardado temporalmente, y su cuerpo se negaba a responder como solía.
-¡Corr…! ¡El a…sor...tá ba…ando!- Se volvió a oír la voz de Daren, quien parecía estar bajando a gran velocidad, ya que su voz sonaba un poco más clara. Pero su mensaje aun no estaba claro. A pesar de ello, el tono implícito sonaba urgente, y Jet decidió acelerar las cosas.
-Muy bien, no hay más remedio- dijo Jet. Mirando a Miriana, agarro con fuerza su antebrazo-. ¡Miriana, agárrate!
-¡¿Ha queEEEAAAAGH?!- De un fuerte tirón, Jet elevó a Miriana, agarrándola por la cintura con un brazo cuando llegó a su altura. De repente, los dos jóvenes se dieron cuenta de lo cerca que estaban, sus cuerpos completamente juntos, únicamente separados por sus prendas de ropa. Bajo sus ropas negras, Jet pudo sentir el calor del cuerpo de la joven, todas sus curvas apretadas contra su cuerpo gracias a la fuerza de su brazo. Miriana sentía el cuerpo de Jet, su duro pecho contra sus manos, su cabeza reposando en el hombro de él. Levantó la cabeza, y sus miradas se cruzaron durante unos instantes, los ojos verdes de Jet fijos en los ojos azules de Miriana. Durante unos segundos, el tiempo pareció ralentizarse. Fueron conscientes de la presencia del otro, sentían el pulso del otro en el cuerpo, la respiración acelerada por el miedo,… Enseguida, Miriana fue plenamente consciente de lo cerca que estaba de Jet, y su rostro adquirió una brillante tonalidad roja.
-¿¡P-p-p-pero que crees que haces!? ¡Suéltame, aléjate de mi!- Miriana empezó a patalear y a golpear con los puños a Jet, aunque sin mucha fuerza en ello, molestando mas a Jet que hiriéndole.
-¿De verdad quieres que te suelte? ¿En serio?- Miriana ignoró a Jet, y siguió desesperadamente librarse de su abrazo. Algo grande pasó a su lado, ascendiendo a gran velocidad hacia arriba, y deteniendo el ataque de Miriana hacia Jet. Ambos siguieron con la vista aquello que les había pasado rozando, un cable unido a varios bloques de hormigón que rápidamente ascendieron dentro de la oscuridad, mas allá del alcance de sus linternas.
Los dos jóvenes se miraron, sabiendo que era aquella cosa, e imaginando lo que estaba pasando.
-¿Eso era…el contrapeso?- preguntó Jet, solo para confirmar su creciente temor.
Miraron arriba una vez más, y vieron como la enorme figura de Glaius bajaba por el cable a gran velocidad. En su espalda, unos aterrados Wally y Daren le gritaban que se diera prisa.
-¡Corred! ¡El ascensor está bajando!- gritó una vez mas Daren, dejando claro su mensaje. Justo entonces, por encima del grupo, el ascensor de acero continuó su descenso, ocupando la totalidad del hueco, resonando y pitando ruidosamente.
Con Miriana aun agarrada a él, Jet empezó a deslizarse por el cable, sujeto al cable con una mano, y regulando la velocidad de descenso con las piernas. Rápidamente, dejó atrás a Glaius y al ascensor, y en poco tiempo alcanzó el fondo del hueco. Delante de ellos, una puerta doble de metal les separaba de la salvación.
Miriana y Jet empezaron a trabajar en la puerta, tratando de abrirla a la fuerza, pero esta no cedía. Miriana trató de utilizar sus guantes, pero sin un mecanismo claro donde manipular resultaban poco más que inútiles. Sin rendirse en ningún momento, Jet siguió intentando forzar las puertas con sus manos, ignorando el dolor de la mano con la que se había quemado en el cable. Si no conseguían abrir la puerta, el ascensor los convertiría en papilla contra el suelo.
-Esto no funciona- dijo Jet, separándose finalmente de la puerta-. Debe de haber otro modo…
-Déjame pensar…- Miriana empezó a dar vueltas por el fondo del hueco, examinando las paredes y el suelo, en busca de alguna pista que le indicará como salir de allí. Jet miró arriba, donde los pitidos del ascensor, y los gritos de sus compañeros se acercaban cada vez más, y más, y más…
-¡Ya lo tengo!- El grito de Miriana sobresaltó a Jet, quien corrió hacia la joven-. ¿Ves esas marcas en el suelo?- Miriana señaló cuatro puntos en el suelo, cuatro círculos distribuidos en forma de cuadrado alrededor de la base-. Creo que son botones de presión. Cuando el ascensor baja, activa los botones, que abren la puerta. Tenemos que pulsarlos simultáneamente y con fuerza.
-¿Estás segura de lo que dices?
-No. ¿Tienes alguna idea mejor?- Mientras Miriana hablaba con Jet, se dirigió rápidamente a una de las marcas en el suelo, saltando y pisándola con fuerza con los dos pies. Aunque no hizo nada, se quedó quieta encima.
"Esto es una locura" pensó Jet, mientras se ponía encima de otra de las marcas. "Ahora solo faltan dos marcas, necesitamos que Daren y los otros lleguen aquí, ¡YA!".
Unos segundos más tarde, que parecían alargarse hasta el infinito, llegó el trió de escaladores. Con un salto final, Glaius aterrizó en el fondo, haciendo que Wally y Daren cayeran rodando al suelo.
-¡Daren, Wally, Glaius, pisad esas marcas! ¡DEPRISA!- Sin pararse a preguntar, Wally y Glaius, quienes estaban más cerca, corrieron hacia las marcas y se colocaron encima. La puerta no se movió ni un ápice.
-¡Esto no está funcionando!- dijo Jet.
-¿¡Y AHORA QUE HACEMOS!?- gritó Daren, revolviéndose el pelo frenéticamente con ambas manos.
Todos miraron hacia arriba, posando su mirada en el ascensor que, sin prisa, pero sin pausa, avanzaba cada vez más hacia ellos. Un rayo de luz de una de las linternas iluminó la base, revelando cuatro picos que correspondían con las cuatro marcas en el suelo, y…
-¡Mirad, en el centro del ascensor hay otro pico!
Daren, el único que no tenia marca, corrió hacia el centro de la estancia, buscando agachado la marca que faltaba. Bajo una capa de polvo y suciedad, encontró el círculo que buscaba, y se colocó encima rápidamente. En ese instante, todos notaron como las marcas bajo sus pies empezaban a ceder, descendiendo ligeramente, y vieron como la puerta empezaba a abrirse.
-¡BIEN! Salvados- dijo Wally, dirigiéndose hacia la salida. En el momento en que dejó el círculo, las marcas volvieron a su posición original, provocando que la puerta se cerrara antes de que él pudiera llegar hasta ella.
-¡Wally, vuelve a tu sitio! Hemos de esperar a que la puerta se abra completamente, y luego correr todos hacia ella- gritó Miriana a Wally, quien se apresuró a volver a su puesto. Las marcas descendieron una vez más, y la puerta volvió a abrirse. El ascensor continuó su descenso, de manera que la base ya era visible hasta sin linternas. Dentro de poco, Glaius tendría que empezar a agacharse.
-Glaius, tú estás más cerca de la puerta- indicó Jet-. Tienes que mantenerla abierta el tiempo suficiente para que podamos salir todos, ¿está claro?- Glaius asintió, y se encaró hacia la puerta. El ascensor estaba a punto de alcanzar sus cabezas.
-¿Listos? ¡AHORA!
Rápidamente, todos corrieron hacia la puerta, tan rápido como sus piernas se lo permitieron. Glaius alcanzó las puertas el primero, y se colocó con la espalda apoyada en una de ellas, mientras separaba la otra con ambos brazos. En su rostro se podía ver el tremendo esfuerzo que suponía mantener a aquellas dos planchas de acero inmóviles, y poco a poco empezó a ceder. El resto del grupo aceleró, y cruzaron las puertas saltando por debajo de los brazos de Glaius, quien perdió el agarre de uno de sus brazos cuando el ascensor le alcanzó en el hombro, haciendo que la puerta empezara a aplastarle. Wally y Jet corrieron hacia el, y tirando de su chaleco, le sacaron de allí antes de que las pesadas puertas de metal pudieran aplastarle, las cuales se cerraron detrás de ellos con un sonoro estallido.
Fatigados y sin aliento, el grupo reposaba desperdigados por el suelo y las paredes del piso. Un suave tintineo atrajo la atención del grupo, y vieron como las puertas del ascensor volvían a abrirse, mostrando el interior del ascensor, mientras una voz que salía de un altavoz dijo:
-Planta baja. Por favor, proceda con cautela.
-Anda y que te den, maldita maquina del demonio…- respondió Wally al ascensor, molesto por el comentario que había dicho.
Tras tomar el aliento durante un rato, el grupo prosiguió su camino.
Cena de gala, en esos precisos instantes.
La velada había ido especialmente bien hasta aquel momento.
Heimerdinger y sus acompañantes habían llegado al hotel donde se celebraría la gala a tiempo, contra todo pronóstico. Tras saludar a sus conocidos, y a algunos personajes influyentes de la ciudad, habían pasado al auditorio del mismo, donde había recibido su merecido premio, y donde pronunció su discurso, que según él había resultado elocuente e inspirador, y que según el resto de oyentes les había dado ganas de echarse una siesta. A continuación, habían pasado al comedor principal, donde en aquellos momentos disfrutaban de un suculento banquete.
Uno de los empleados del hotel se acercó a Heimerdinger, y le susurró algo en el oído. Visiblemente consternado, siguió al empleado, quien le llevó hasta un teléfono público del vestíbulo. Tras conversar durante unos minutos con quien fuera la persona del otro lado de la línea, volvió al comedor, donde un grupo de sus alumnos se le acercó para preguntarle qué había pasado.
-Era la policía. Parece ser que ha saltado una alarma en mi taller. La policía cree que pueden ser ladrones, y han desplegado sus efectivos disponibles, quienes van de camino en este preciso instante.
-¡Santo cielo, profesor! ¿No está preocupado?- preguntó una de sus alumnas.
-Bueno, mentiría si dijera que no estoy un poco preocupado, pero también es posible que se trate de una falsa alarma, algún cable suelto que ha confundido a la alarma.- Sonriendo, cogió una copa de champan-. Además, si son ladrones, mis gólems de seguridad los capturaran en un visto y no visto. Son autenticas obras maestras, dignas defensoras que impedirán que nadie ajeno a mi o a mis alegados entre en mi propiedad. Efectividad garantizada 100%.- Heimerdinger apuró la copa de un solo viaje-. Aquí, vuestros dos compañeros son testigos de sus habilidades. Estuvieron conmigo la semana pasada, mientras realizaba el mantenimiento.
-¡Oh, si! Son un autentico grupo de monstruos. ¡No quisiera estar en el pellejo de esos desgraciados!- dijo riendo uno de los yordles señalados. Su compañero, en cambio, sonreía forzosamente.
-¿Veis? Nada que temer. ¡Disfrutemos de la fiesta!- Heimerdinger regresó al grueso de la celebración, seguido por su grupo de estudiantes. Los dos yordles se quedaron atrás, despidiendo con la mano al profesor.
- ¿Te acordaste de encenderlos de nuevo después de hacerles el mantenimiento?- preguntó uno de ellos al otro.
-¡Creía que lo habías echo tu!- En ese momento, los dos se miraron con los ojos muy abiertos. Giraron la cabeza, y miraron a su profesor, que continuaba celebrando su éxito, ajeno a que su última línea de defensa estaba desconectada.
-Oh, oh- dijeron los dos yordles al unísono.
Otra vez en el taller.
-¡Wow, mirad el tamaño de esos gólems! Es una suerte que no estén conectados- comentó Daren, examinando con ojo técnico la estructura y la tecnología de aquellos colosos. Después del ascensor, habían seguido por el pasillo donde habían caído, prosiguiendo sin más percances. Por precaución, Miriana instaló una pequeña cámara de vigilancia en el ascensor, por si al final la policía hacia acto de presencia, al menos tener la ventaja de verlos venir. Iluminando con las luces, vieron que a ambos lados del pasillo había unas criaturas de tres metros de alto, parecidas a armaduras humanoides de cobre, con un brazo en forma de pinza de tres piezas, y un enorme cañón en el otro. Reposaban en posición de firmes, ajenos a la presencia del furtivo grupo, que pasaron cautelosamente por su lado por si existía la posibilidad de que se pusieran en movimiento por sorpresa.
Alcanzaron el final del pasillo sin problemas. Tras la última puerta, abierta gracias a las ganzúas de Wally, entraron en una estancia de enormes proporciones. El techo quedaba muy alto, a unos 40 metros del suelo, el cual estaba atestado de todo tipo de aparatos y cachivaches. El fondo de la estancia quedaba a casi 100 metros de la puerta, con los últimos 30 metros ocupados por enormes estanterías que, ocultas tras una verja, parecían contener grandes cantidades de piezas sueltas. Largas mesas recorrían el resto de la estancia, repletas de varias maquinas a medio construir, diversos surtidos de herramientas, algunas conocidas y otras no, y muchos paquetes de planos. Repartidos por el taller, algunos amontonados en montañas en el suelo, había toda clase de inventos de función desconocida, no habiendo dos del mismo tamaño y forma. Algunos se exponían con etiquetas que describían sus características, seguramente inventos que habían resultado ser éxitos, frente a los desperdicios que se acumulaban en el suelo sin ninguna clase de orden, que debían de ser todo fallos. En la misma pared donde estaba la puerta por la que habían entrado, vieron que había más puertas dobles, todas de gran tamaño, y de aspecto muy resistente.
-Bien, este debe de ser el taller oculto de Heimerdinger- dijo Miriana-. Separaos y empezad a buscar lo que sea que hayamos venido a buscar. ¿Jet, tienes alguna idea de lo que buscamos?
-Groyl mencionó que tenía que ver con energía, así que yo buscaría algo con cables y alguna que otra antena.- Jet miró a Daren, que asintió aprobando la descripción. Fuera lo que fuera que buscaran, tendría esas características.
-Mientras tanto, yo buscaré ese montacargas-Miriana dio media vuelta y se dirigió al fondo del taller, hacia la zona de estanterías. El resto del grupo se separó, examinando cada rincón del lugar.
Jet recorrió las largas mesas de trabajo, admirando los complicados esquemas que ilustraban los planos del inventor, y miró con curiosidad algunos de sus proyectos. Algunos estaban a medio construir, rodeados de piezas, herramientas y papeles con observaciones, cálculos y apuntes. Otras maquinas se encontraban arrinconadas a una esquina, con una capa de polvo. Debían de tratarse de proyectos que el yordle había dejado a un lado, en pos de otros nuevos. Debía de ser una persona muy curiosa, alguien capaz de saltar con tanta facilidad de una idea tan compleja a otra, sin perder el hilo de lo que estaba haciendo. O tal vez no lo hiciera, y por eso su suelo estuviera tan plagado de errores.
De repente, las luces del techo se encendieron con un flash, cegando a Jet, quien se preguntó si no habrían activado alguna clase de trampa sin saberlo. Mirando a su alrededor, trató a de buscar al resto con la mirada. A un lado de la pared, vio a Daren con un panel de control repleto de botones en la mano. Por su cara, y su dedo que aun seguía presionando uno de los botones del panel, dedujo que debía de ser el quien había encendido las luces, dejando soltar un suspiro de alivio, ya que no tendrían que enfrentarse a ninguna trampa.
-¡Idiota! ¿Qué crees que haces?- preguntó Wally airadamente, acercándose al joven y quitándole el panel de las manos.
-B-b-bueno, creía que sería más fácil buscar con las luces encendidas- se excusó Daren-. Aquí abajo no pueden encontrarnos por la luz, y este sitio es muy grande para usar solo las linternas…
-¿Y no has pensado que puedes haber activado una alarma al hacer esta estupidez, maldito cateto?- Ese comentario no sentó bien a Daren, quien habló sin miedo esta vez.
-¿Y no has pensado que, tal vez, ya la hayamos activado, al entrar en el taller, arrancar una puerta, y encender el ascensor?
-Para eso estabas tú, ¿no? No sé ni porque te hemos traído.
-¡Bueno, discúlpame, pero si hubiéramos seguido mi plan, habríamos entrado sin riesgo alguno!
-¡Tu "plan" nos habría costado toda la noche realizarlo!
-¡Eh, ya basta!- exclamó Jet, interponiéndose entre ambos-. ¡No sabemos si hemos activado una alarma o no, pero si lo hemos hecho, entonces es mejor que nos demos prisa en acabar el trabajo, en vez de estar perdiendo el tiempo como pasmarotes!
Wally y Daren se miraron desafiantes durante un rato más, hasta que Glaius les indicó por gestos que había encontrado algo. Se encontraba al lado de una de las grandes puertas dobles, que había abierto para poder echar un vistazo dentro, y desde donde empezó a llamar a todo el mundo.
Wally, Jet y Daren se acercaron a la puerta, y pasaron al interior de la sala. La gran sala, cuyos muros parecían estar hechos de hormigón, contenía un par de mesas con varios planos y notas encima. Pero el elemento que destacaba por encima de todo, era la misteriosa maquina parecida a una jaula. Era grande, de unos 36 metros cuadrados, y bastante más alta que Glaius. El exterior parecía estar formado por una red de cables eléctricos, parecida a una jaula, con cuatro paneles de control a su alrededor, repletos de botones, palancas, indicadores y demás. Cuatro tubos los conectaban a una antena parabólica, que apuntaba al centro de lo que parecía ser una gran caja con paredes de cristal, llenas de pequeños agujeros.
-Si, esto tiene que ser- dijo Jet.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?- preguntó Daren. Jet le rió el comentario.
-Porque con nuestra suerte, ya me imaginaba que no sería nada pequeño ni fácil de transportar. Quiero decir, ¡mírala!- Jet abarcó con la mano la enormidad de la maquina-, ¿cómo vamos a llevárnosla? No, espera, ¿cómo vamos a MOVERLA siquiera?
Daren pensó en ello durante unos momentos, examinando la maquina por los alrededores, y caminando hacia una de las mesas.
-Tal vez no haga falta- dijo cogiendo unos planos de la mesa, y examinándolos con detenimiento-. Solo con los planos podríamos fabricar otra máquina como esta. Si nos los llevamos, creo que podríamos dar el trabajo por concluido.
-Bien- dijo Wally, frotándose las manos-, pues coge todos los que necesitemos, y larguémonos de aquí.
-Hay un pequeño problema- Daren había cogido todos los planos, y empezó a registrar las mesas en busca de mas-. Con los planos que hay aquí, podemos fabricar la mayor parte de la maquina. Sin embargo, faltan los planos que corresponden a la antena.
-¡Mierda!...Está bien, esto es lo que haremos: nos llevaremos los planos, y la antena de la maquina. Jet, métete dentro y desmóntala desde allí. Yo hare lo propio por fuera.
-Wow, wow, wow,… ¿No esperaras que me meta ahí, no?- dijo Jet.
-Si, espero que te metas ahí dentro, a no ser que prefieras que tu amigo aquí presente ocupe tu lugar- Wally rodeó los hombros de Daren, que abrió los ojos ante la amenaza del ladrón. Jet tragó saliva, y apretó los puños. Algo malo estaba a punto de pasar.
Al final, Jet fue hacia la puerta de la maquina y abrió las puertas de la jaula y de la caja de vidrio. Una vez dentro, sintió una opresión en el pecho, algo acentuado por el miedo. Había algo en aquella caja que no le gustaba. Se sentía como una hormiga bajo la lupa de un niño, a punto para freírse al Sol. Glaius cerró ambas puertas, y Jet se quedó atrapado en el interior de la maquina. Corrió hacia las puertas, pero eran imposibles de abrir desde dentro.
-¡EH, SACADME DE AQUÍ, CABRONES!- Jet empezó a aporrear el vidrio con ambos puños, pero no cedió ni un milímetro. Daren hizo el gesto de correr hacia la verja, pero Glaius lo cogió por la nuca sin apenas esfuerzo, y lo lanzó con fuerza contra la puerta de la sala. El cuerpo de Daren cayó lívido al suelo, donde acabó tumbado e inconsciente.
-¡DAREN!- Jet observó el cuerpo inerte del joven, y aunque le tranquilizó un poco ver que se revolvía un poco, signo de que seguía con vida, su furia no disminuyó ni un poco.
-¿¡Que es lo que os proponéis!?
-Veras, es muy sencillo- dijo Wally con una sonrisa, dando vueltas a la maquina y observando los paneles de control, con un plano en la mano-, de nada nos sirve robar una maquina que no sabemos si funciona o no, de manera que Groyl nos pagó un extra para que la probáramos antes de robarla.- Wally pulsó un par de botones y tiró de una palanca, haciendo que los indicadores pasaran de señalar el mínimo, a señalar el máximo. Poco a poco, los cables que unían los paneles con la antena empezaron a brillar y a crepitar.- En un principio nos pareció razonable, y le preguntamos con que lo podíamos probar. Entonces, colocó otra bolsa de dinero en la mesa, y nos dio un candidato: tu.
Jet escuchó al ladrón, con el zumbido de la electricidad acumulándose resonando en sus oídos, mientras le contaba todo sobre la traición de Groyl. No tenía sentido. Jet le había proporcionado muchos beneficios a lo largo de los años con sus trabajos, y no había nada que pudiera hacer para escapar de Groyl. Este no tenía ninguna razón, a no ser que fuera de dinero, para deshacerse de él. Y a Jet no se le ocurría nadie que fuera a pagar por liquidarle. Tenía enemigos, si, pero ninguno lo odiaba tanto como para eso.
-De manera que así matamos dos pájaros de un tiro: probamos la maquina, a ver qué es lo que hace, y si sobrevives a la experiencia, Glaius te rematará. Todos salimos ganando…- rió Wally, pulsando melodramáticamente el ultimo botón-…bueno, todos menos tu.
Wally indicó a Glaius que empezara a subir una palanca poco a poco, y a medida que cumplió la orden, los rayos de los cables empezaron a acumularse en la antena sobre Jet, que comenzó a zumbar cada vez más alto, hasta que la reverberación del mismo empezó a dañar los oídos de Jet.
En ese instante, Miriana entró por la puerta, mirando sorprendida a Jet dentro de la maquina, a Wally y Glaius manipulando una palanca, y a Daren, que procuraba ponerse en pie, pese a sangrar bastante por la cabeza.
-¿Qué demonios pasa aquí?- preguntó Miriana sin dirigirse a nadie en concreto. Jet llamó su atención golpeando el cristal con fuerza y gritando su nombre.
-¡MIRIANA, COGE A DAREN Y LARGAOS DE AQUÍ!- Miriana miró a Wally, quien sacó un cuchillo de su bolsillo, y corrió hacia Daren, que aun seguía grogui. Wally empezó a caminar hacia ellos cuchillo en mano, ignorando los gritos de Jet, que miraba de hacerse oír pese al ensordecedor ruido de la antena.
Lastrada por el peso de Daren, Miriana no consiguió escapar antes de que Wally la agarrara por la túnica, y tirara de ella hacia atrás. Miriana y Daren cayeron al suelo, donde Wally corrió a apuntar con la hoja del cuchillo al cuello de la joven.
-¿Y tu adonde te crees que vas, pequeña?- La hoja del cuchillo estaba a escasos centímetros del cuello de la joven, quien trataba de no apartar la vista de su agresor.
-¡Idiota, la poli está en camino!- De debajo de su túnica, sacó lo que parecía una pequeña pantalla portátil, donde se veían una nítida imagen en blanco y negro del interior del ascensor que casi los aplasta. En su interior, Wally vio como Vi y Caitlyn, junto con otros tres agentes, bajaban en su dirección.
-He bloqueado la puerta lo mejor que he podido, pero no resistirán mucho tiempo. Hay que salir de aquí, ¡YA!- Wally sospesó lo que acababa de escuchar, sin apartar el cuchillo del cuello de Miriana.
-¡Glaius, cambio de planes! Acabaremos de probar la maquina, y luego nos largaremos con los planos. Ya es tarde para coger la antena.- Glaius se acercó al último panel de control, el cual contenía la mayor concentración de botones y palancas. Agarrando lo que parecía ser un control portátil, se giró hacia Wally.
-¿Y qué hacemos con este y el par extra?- dijo señalando primero a Jet, y luego a Daren y Miriana.
-Bueno, pues nos los llevamos y cada uno por su lado…Ha ver, ¿tú qué crees, genio? ¡O les matamos aquí y ahora, o los dejamos para que se pudran en la cárcel?- Wally miró el rostro de Miriana, y se relamió ante su belleza-. Aunque… tal vez alguien esté dispuesta a negociar a cambio de una vía de escape- dijo Wally susurrante, acercando una mano al pecho de la joven.
Miriana miró con asco a Wally, y le escupió en el rostro. Sin dejarse llevar por la ira, golpeó a Miriana contra el suelo, antes de dejarla atrás.
-Muy bien, púdrete en la cárcel. Seguro que allí estarás mas dispuesta a… "negociar".- Wally llegó hasta donde estaba Glaius, y examinó los planos otra vez. En el interior de la maquina, Jet se agarraba la cabeza de rodillas, incapaz de soportar más el dolor que sentía.
-Vale, ahora solo falta pulsar el botón rojo, y habremos acabado.- Glaius apretó el botón rojo, y la antena crepitó por última vez.- Adiós, Jet- dijo Wally, sonriendo y agitando la mano con el cuchillo.
De repente, una potente luz salió de la antena, formada por enormes y numerosos rayos blancos y azules, que cayeron en la caja como un torrente de luz. Muchos de ellos alcanzaron a Jet, que gritó de agonía mientras sentía como si miles de agujas al rojo vivo se le clavaran allí donde le tocaba, dejándole la piel como si estuviera en llamas y brillando como un diamante. Los rayos que no le alcanzaron rebotaron por el cristal, provocando grietas y aumentando la luz, demasiado intensa para sostener la mirada. Los rayos que escaparon de la caja fueron atrapados por la jaula, que hizo cuanto pudo para contener toda aquella energía. El enorme poder contenido en aquellos rayos provocó que algunos de los cables se fundieran, de manera que algunos rayos sueltos escaparon al exterior de la sala, saliendo por la puerta e inundando el laboratorio con una luz que se solapaba a la de los focos del techo. Allá por donde pasaba el rayo, los aparatos cobraban vida propia, silbando, zumbando, crepitando, rodando o golpeando, sin importar cual fuera su función. Aquí o allá, muchos acabaron explotando y dañando los aparatos de alrededor, aumentando el caos de la zona.
La luz de la maquina había cegado a Wally y a Glaius, quienes habían recibido el impacto directamente en los ojos desde cerca. Confundidos y sin poder ver nada, daban vueltas a ciegas por la sala, intentando vislumbrar algo con sus enrojecidos ojos. Miriana había conseguido evitar la luz, y se acercó a Daren, que había empezado a espabilarse.
-¡Vamos, tenemos que irnos!- Miriana pasó el brazo de Daren por sus hombros, y le ayudó a levantarse, llevándolo a la salida. Pero Daren intentó ir en dirección contraria, hacia la maquina.
-No…Jet…tenemos que ayudarle- dijo Daren débilmente.
-¡No hay nada que podamos hacer por el! ¡Vámonos!- Con fuerza, consiguió arrastrar al joven fuera de la sala, donde empezaron a atravesar la zona de guerra que era el taller de Heimerdinger. A su alrededor, rayos y maquinas locas volaban de aquí para allá, explotando e incendiando por doquier.
En el interior de la sala, Wally y Glaius seguían intentando llegar a la salida. Glaius cometió el error de agarrarse a la jaula de la maquina, justo cuando un rayo circulo por el cable directamente hasta su brazo. Tras sacudirse como un loco a causa de la energía del rayo, mientras se le iluminaban los huesos bajo la carne y se le crispaba el rostro de dolor, acabó siendo propulsado contra una pared con fuerza, donde el crujido de sus huesos al chocar marcó el fin de la vida de aquel truhan.
Wally fue más listo, y se valió de las voces de Miriana y Daren para averiguar dónde estaba la salida. Apoyándose en una pared, caminó rápidamente hasta el taller, mientras cada vez mas rayos le pasaban por el lado, aumentando el caos que había. Poco a poco, empezó a recuperar la visión, vislumbrando las caóticas maquinas que danzaban su alocada danza por el taller, destrozándolo todo a su paso. A lo lejos, vio a Miriana y Daren elevarse hacia el techo, montados en un montacargas tras las estanterías. Antes de que pudiera correr en su dirección, el sonido de una puerta cayendo al suelo llamó su atención. Girándose hacia su origen, vio como una mujer de pelo rosa y grandes puños metálicos había hecho acto de presencia, con la abollada puerta de la entrada a sus pies y con el brazo aun estirado tras el golpe.
-¡Fua!-dijo Vi recorriendo con la mirada el taller-, no quisiera estar en el pellejo de quien tenga que poner orden en este…-Justo entonces, vio a Wally, aun con el cuchillo en una mano y los planos en la otra. Cuando vio que la agente le había visto, dio media vuelta y empezó a correr hacia el montacargas-. ¡CAIT, AQUÍ HAY UNO!
Desde la puerta, la Sheriff de Piltover se arrodilló, apuntando con su rifle al criminal que trataba de escapar. Disparó una bala, que voló por el taller hasta impactar con precisión en la pierna de Wally, atravesándole la rodilla y tirándole al suelo, entre gritos de dolor.
-¡Esposadlo! ¡Los demás, mirad si hay mas…!- Una explosión en la sala de al lado interrumpió a Caitlyn, seguido de un grito que parecía humano. Un gran número de rayos salió en tromba por la puerta por última vez, provocando que todas las maquinas presentes pitaran y explotaran. Los guanteletes de Vi empezaron a escupir mucho vapor, y la presión alcanzó peligrosamente su máximo. Sin dejarse llevar por el pánico, Vi tiró de una válvula con la boca, liberando algo de presión en ambos brazos. Una nube de humo salió de la sala e invadió las proximidades de la puerta, provocando que los agentes tuvieran que avanzar con los ojos medio cerrados, y procurando respirar lo mínimo posible. Caitlyn mandó a dos agentes a inspeccionar el fondo del taller, y al otro a que esposara al detenido, mientras ella y Vi se dirigían a la sala de donde habían estado saliendo los rayos.
-¿Qué crees que ha pasado aquí?- dijo Vi, apartando el humo de su camino con sus grandes manos.
-No lo sé, pero sea lo que sea…- Un brillo blanco llamó la atención de la policía. Una extraña aura blanca destacaba entre el humo, proyectando sombras oscuras contra las paredes de la sala. Poco a poco, el humo se fue disipando, revelando los restos de la máquina de Heimerdinger.
La jaula externa estaba completamente destrozada, fundida casi en su totalidad, con los paneles de control aun en llamas. La caja de cristal había resistido en su mayoría, con solo unas cuantas grietas en sus paredes. Su parte superior, en cambio, había quedado destrozada cuando los restos de la antena habían caído encima de ella, atravesándola e incrustándose en el suelo de la caja. A un lado de la antena, una figura humanoide proyectaba una brillante luz blanca, cegando momentáneamente a las agentes, quienes se acercaron para poder examinarla mejor. A medida empezó a perder brillo, pudieron examinar más detalles de aquella figura. Su pelo puntiagudo, completamente blanco, empezó a oscurecerse hasta que toda ello se volvió moreno, con un solitario mechón aun blanco en su sien izquierda. Sus ropas, lo único que no brillaba en aquel ser, estaban agujereadas y humeantes en varios sitios. Su piel brillaba como la de una joya, de un blanco puro imposible de mirar. Cuando el brillo decayó por fin, pudieron mirar el rostro del joven que, inconsciente, se encontraba estirado en el interior de la maquina.
-¿Ese es…JET?- dijo Vi, reconociendo finalmente la cara del joven. Corrió hacia él, abriéndose camino entre los restos de chatarra, hasta llegar a su lado. Se arrodilló y, quitándose uno de sus guanteletes, le sostuvo la cabeza en alto, agitándole vigorosamente, en un intento de despertarlo-. ¡Jet, Jet! ¿Puedes oírme? ¡CONTESTA!- Vi trató de hacer reaccionar al joven, pero este no se movía. Cuando Jet empezó a respirar con dificultad, Vi se giró hacia su compañera-. ¡Aun está vivo! ¡Solicita una ambulancia!
-Estoy en ello- dijo Caitlyn, con una radio en la mano. Vi miró al joven inconsciente en sus manos, y mientras Caitlyn hablaba por el aparato, pensó con pena: "Oh, Jet, ¿en que lio te has metido…?".
Hospital de Piltover, al día siguiente.
Todo estaba oscuro.
Su cuerpo se sentía raro, pesado y ligero a la vez.
Durante unos instantes, solo fue consciente de sus propios recuerdos, recuerdos de los sucesos que habían sucedido aquella fatídica noche.
Recordaba a su improvisada banda, con quienes había dedicado numerosas horas a ultimar los preparativos del atraco. Recordaba sus aventuras a través del taller de Heimerdinger, esquivando trampas y sorteando obstáculos. El miedo, la emoción,… todo ello mezclado y recorriéndole las venas a cada paso que daba en dirección a su objetivo. La emoción de encontrar la maquina, saber que estaban más cerca del final de aquella aventura.
La traición y la rabia cuando Wally y Glaius le traicionaron, el ruido de la maquina, aumentado por el eco de la cárcel de cristal en la que le encerraron, taladrándole los oídos y amenazando con reventarle la cabeza. El dolor indescriptible cuando aquel sin fin de rayos le atravesaron el cuerpo, sus venas ardiendo como si por ellas corriera plomo fundido, la luz que cegaba sus ojos, su cuerpo cayendo al suelo, donde su tormento prosiguió sin llegar a acabarse nunca. La explosión que sacudió cada centímetro de su piel, y que hizo temblar sus huesos. El frio que sintió por todo su cuerpo, cada vez más ligero, mientras creía morir. Lo último que sintió fue una fuerte mano que le sostenía la cabeza, mientras una voz gritaba su nombre, mientras se adentraba en el bendito silencio de la oscuridad.
Todo a su alrededor era extraño para él. La cama en la que parecía estar recostado, los restos de su ropa aun pegados a su cuerpo, el pitido de las maquinas que, conectadas a su pecho y cabeza, pitaban rítmicamente a su alrededor. Las esposas alrededor de sus muñecas, manteniéndole fijo a la cama ¿Un hospital? Era la opción más plausible. El cansado joven no pensó mucho en ello. Su cuerpo estaba sin energía, apenas capaz de sostener su propia consciencia, mucho menos de levantar el más pequeño de sus dedos. Fijando su mirada en el techo, empezó a cerrar los ojos, abandonándose a un placentero y merecido sueño. Ya vería a ver cómo se las arreglaría mas tarde. Ahora estaba cansado, tan cansado. Ya volvería al orfanato más tarde, cuando se despertara…
Jet abrió los ojos de golpe. ¡El orfanato! ¡Hazel y los chicos! ¡Groyl! Mirando por la ventana, vio que el Sol acababa de ponerse, lo cual le indicaba que, como mínimo, había pasado un día inconsciente. Su corazón empezó a palpitar con fuerza, enviando sangre a cada célula de su cuerpo, que empezó a despertase con cada vez más fuerza acumulada. Groyl iba a echar a sus hermanos y a Hazel del orfanato, su hogar, y todo por dinero. Dentro de él, una furia que había ido creciendo a lo largo de los años se desató, desbordando la mente de Jet con pensamientos claros y decididos. Su cuerpo se calentó, despertando una vez más el dolor que Jet había sentido en aquella maquina, forzándole a cerrar los ojos con fuerza, y a sacudirse entre gruñidos.
No lo iba a permitir... Su cuerpo empezó a temblar, mientras el pitido de las maquinas que le rodeaban aumentaba cada vez más y más.
Eran su familia, nadie les haría daño. Él no lo permitiría. Un brillo blanco empezó a ocupar la sala, con el cuerpo de Jet como origen.
No lo iba a permitir. Su pelo empezó a brillar y a volverse blanco, con algunos mechones de color azul eléctrico.
¡No lo iba a permitir! Las maquinas a su alrededor explotaron, incapaces de mantener el ritmo frenético al que trabajaban. Las esposas que mantenían sujeto a Jet empezaron a temblar y a ponerse al rojo vivo.
¡NO LO IBA A PERMITIR! El brillo de su cuerpo alcanzó cotas demasiado grandes como para mirarlo fijamente. Ya no se sentía cansado. Sentía un gran poder corriéndole por dentro, un poder que no había conocido antes, y que era suyo para usarlo.
¡NO. LO. IBA. A. PERMITIR! Con un tirón final, las esposas se partieron, dejando a Jet con amos brazos al aire, en señal de victoria.
Jet abrió los ojos. El iris de sus ojos, antes verdes, ahora brillaba con una luz de un blanco puro.
No…
Caitlyn y Vi esperaban en el pasillo junto a la puerta de la habitación de Jet. Le habían llevado allí en ambulancia, y Caitlyn había insistido en esposarlo por precaución. En esos momentos, charlaban con uno de los médicos del centro.
-¿Doctor, sabe cuando despertará?- preguntó Caitlyn al médico que había examinado a Jet.
-Es difícil decirlo.- El médico repasó una vez más los resultados de las pruebas, antes de intentar contestarle a la agente.- Le hemos hecho varias pruebas, y a la espera de una palabra mejor para describirlo…esta sanísimo.
-¿Cómo? Doctor, le hemos sacado del interior de una maquina que acababa de explotar con él dentro. Cuando le hemos encontrado, su cuerpo brillaba como una puñetera bombilla. Eso no es estar "sanísimo" ni de lejos- dijo Vi con grandes aspavientos. Por suerte, se había quitado los guanteletes, que reposaban colgados de su espalda, de manera que no golpeó a nadie por accidente al hablar.
-Pues eso es lo que indican los resultados. Su condición física es excelente, incluso para alguien de su edad. Casi es "demasiado" excelente…
-¿Qué quiere decir?
-Quiero decir, que sea lo que sea lo que la haya pasado en la maquina, no solo no le ha dañado el cuerpo, sino que se lo ha… ¿mejorado?- El médico miró extrañado a las dos agentes, incapaz de saber si comprendían lo que les estaba diciendo.
-Entonces… –empezó a decir Vi-, ¿quiere decir que puede ser peligroso?
-Aun es pronto para saberlo. Le haremos unas pruebas más cuando se despierte, y…- Las luces del pasillo empezaron a parpadear, primero las más cercanas, y luego todas las del pasillo. Las agentes vieron aquel fenómeno extrañadas, antes de dirigir su atención a la puerta de la habitación, donde una luz empezó a brillar por el resquicio de la misma. Intentaron abrirla, pero esta no cedía. Algo estaba pasando al otro lado, donde la luz aumentaba por momentos, las maquinas pitaban cada vez más alto, y donde se oía como un cuerpo rebotaba contra la cama.
-¡Jet, ¿puedes oírme?!- dijo Caitlyn golpeando la puerta. Al no recibir respuesta, se dirigió a su compañera, que se estaba colocando uno de sus guanteletes en aquel momento-. ¡Vi, la puerta!- dijo Caitlyn mientras se apartaba de la misma.
Vi se acercó a la puerta, y le propinó un poderoso golpe, partiéndola en mil pedazos por el impacto. Justo en el momento en que lo hizo, un estallido de luz y de aire salió de la habitación, mientras un borrón de luz pasaba a una velocidad sobrehumana por su lado, lanzando a todo el mundo contra la pared. A su paso, las luces empezaron a brillar y a explotar a gran velocidad, y pronto se perdió en las profundidades del hospital, dejando tras de su una estela de luz azulada.
Caitlyn fue la primera en recuperarse. Agarrando su radio, fue a dar instrucciones a los agentes que tenía en la puerta, pero comprobó que su radio estaba rota, con su interior reventado y a la vista de todos. Tirándola a un lado, se giró hacia su compañera, que se había levantado y adentrado en la habitación, ahora vacía. La cama presentaba quemaduras, con sus sabanas negras por el calor. Los restos de las esposas, aun rojas, estaban desperdigadas por el suelo. Unas marcas en el suelo, parecidas a huellas ennegrecidas, salían desde la cama hacia la puerta. Caitlyn observó las maquinas medicas destrozadas, mientras Vi se dirigió a la ventana de la habitación, ahora con el cristal roto.
-Cait…- dijo Vi sin despegar los ojos de lo que fuera que estaba viendo-, tienes que ver esto.
Caitlyn fue hacia la ventana, donde observó boquiabierta lo que había sorprendido tanto a la otra agente. En medio de la ciudad que encendía sus luces para iluminar la noche que se cernía sobre ellos, una estela de luces rotas surcaba la ciudad, como un rayo, por calles y callejuelas, resiguiendo una línea, como el rastro de un animal en el bosque. Farolas, establecimientos y casas particulares estaban a oscuras, con sus bombillas y maquinas destrozadas por razones que no alcanzaba a comprender. A lo lejos, un brillo azul precedía la destrucción de más luces, avanzando a gran velocidad en dirección a la parte baja de la ciudad como una bala de luz y destrucción.
Se finni. ¡Menudo capítulo más largo...! Este ha sido interesante de escribir, con partes que he disfrutado mucho de relatar, como la parte de Vi aburrida, y otros que creo que puedo mejorar, pero que no sé cómo. Si alguien lo sabe, es libre de comentar, y lo cambiare en consecuencia.
Chao, chao.
