Capitulo 5

Orfanato "El Rayo de Esperanza", 20:00

Las cosas pintaban mal para Hazel y los niños.

Groyl les había reunido a todos en la entrada del orfanato con la ayuda de tres de sus secuaces. Vestía uno de sus clásicos trajes caros: un conjunto formado por unos pantalones de color carmesí, con una camisa azul celeste para acompañar. Por encima, llevaba una chaqueta negra hecha a medida, y la calva de su cabeza estaba cubierta por un viejo sombrero de copa. En su nariz, descansaban sus viejas gafas con montura de piedras preciosas. Los hombres que le acompañaban eran tipos corpulentos, musculados y vestidos como si trabajaran en una mina, con sus monos azules manchados de hollín. Uno de ellos, además, llevaba una vieja gorra, y otro vestía una gastada chaqueta de cuero. Los niños estaban asustados, y Hazel trataba de calmarlos lo mejor que podía. Mientras procuraba situarse entre los niños y aquellos tipos de aspecto peligroso, Hazel no podía evitar preguntarse dónde podía estar Jet. Estaba desaparecido desde el día antes, e incluso Daren, que había aparecido ayer para ver a Groyl, no le supo (o tal vez, no quiso) decirle donde estaba. Entonces, al final del día, Groyl había aparecido amenazante, rompiéndolo todo y diciéndoles que salieran todos al patio.

Afuera del orfanato, la noche empezaba a caer sobre la ciudad. A medida que el cielo se iba oscureciendo, las farolas y las casas circuncidantes empezaron a encender sus luces. El frio aire nocturno empezó a correr por las desiertas calles, mientras algunos de los niños empezaban a tiritar, expuestos sin abrigo a la intemperie de la calle.

En esos momentos, Groyl se dedicaba a dar vueltas de arriba a abajo, como si estuviera esperando a alguien. Por la cara de enfado que tenia, Hazel rezaba porque ese alguien no fuera Jet.

-No creo que vaya a aparecer nadie, jefe- dijo uno de los secuaces de Groyl.

-Si, ¿no dijeron que habían pillado a Wally y a Jet?- preguntó otro. Al oír el nombre de Jet, Hazel dio un paso enfrente.

-¿Jet, pillado? Groyl…, ¡¿Qué has hecho con Jet, Groyl?!- preguntó completamente furiosa, algo raro en ella.

-¡Esto no te incumbe, vieja bruja! ¿Por qué no te preocupas más por ti y tus niños? Después de todo- Groyl sonrió con maldad, mostrando su podrida dentadura-, estas a un paso de acabar en la calle…-Hazel y los niños reaccionaron con sorpresa ante la noticia. Uno o dos de ellos, los más pequeños, empezaron a llorar, ya que la situación en general resultaba aterradora para un niño. El resto, escondidos detrás de Hazel, miraban de no dejarse intimidar por aquellos hombres, mas mayores y terroríficos que ellos. Hazel, por su parte, sintió como se le helaba la sangre.

-No te atreverás…

-¡Oh, sí que me atreveré!- Groyl empezó a acercarse al grupo, provocando que los niños se apretujaran más, y empezaran a retroceder. Algunos intentaron entrar de nuevo en el orfanato, pero uno de los secuaces de Groyl se situó en la puerta, y les impidió el paso. Cercados por todos lados por aquellos hombres, no tenían sitio al que escapar.- Verás, Jet tenía que cumplir un trabajito para mi, algo muy sencillo, y de alguna forma la cosa ha acabado con uno de mis hombres muerto, con ese piltrafilla y otro de los míos en manos de los polis, y los dos últimos en paradero desconocido. He tenido que devolverle el dinero al cliente, más un bonus que me he visto obligado a entregar como…"compensación", tal y como lo llamaron los hombres de mi cliente.- Groyl se acercaba cada vez más a Hazel, con los puños cerrados y un gesto de furia contenida, mientras trataba de mostrar una cara alegre y despreocupada, como si todo aquello no tuviera importancia.

Groyl se plantó delante de la mujer, que miraba de no dejarse intimidar por aquel hombre, a pesar del aura de peligro que parecía emanar. En sus ojos podía ver el odio que sentía por ella y por los niños, y supo que estaba a punto de suceder algo malo.

-En resumen-dijo mientras se quitaba sus gafas, y las guardaba en un bolsillo de su chaqueta-, alguien tiene que pagar…- Y acto seguido dio una fuerte bofetada a Hazel, quien cayó al suelo del impacto.

Rápidamente, los niños y niñas salieron en su ayuda, agachándose para ver como estaba, y poniéndose entre ella y Groyl, protegiendo con sus cuerpecitos a su querida cuidadora. Groyl se limitó a reírse de ellos, claramente no intimidado. A pesar de ser más, el más mayor de aquellos niños apenas le llegaba a la cintura. Llegados a un caso extremo, podía tumbarlos a todos a patadas, y tal vez lo hiciera antes de echarlos, solo por diversión.

-En fin, está claro que esos dos no van a venir- dijo dándose la vuelta.- Creía que, siendo Jet como es, al menos tendría las narices de venir aquí, y pedir disculpas. ¡Pero no! El muy cobarde ha preferido quedarse tranquilamente en comisaría, asustado de enfrentarse a mi.- Groyl continuó alardeando, mientras sus hombres aplaudían y le animaban. Los niños escucharon en silencio, asustados y tristes, hasta que uno de ellos tuvo suficiente.

-¡Te equivocas!- gritó uno de los niños, deteniendo las palabras de Groyl. Saliendo del grupo, y pese a los intentos de Hazel por detenerlo, empezó a caminar hacia Groyl, con sus puños cerrados y con un gesto de enfado en la cara.

Groyl miró divertido al chaval, y luego miró a sus compañeros, quienes se rieron de la valentía del joven. Girándose al joven, se agachó, de manera que quedara a la misma altura que aquel niño, y dijo con una sonrisa cínica en la cara: -Perdón, ¿Cómo has dicho?

El niño, pese al miedo que sentía por aquel hombre, se situó a un palmo de él. Puede que le tuviera miedo, pero nadie llamaba cobarde a su hermano mayor, y mucho menos pegaba a Hazel enfrente de él.

-¡He dicho que te equivocas! Jet no te tiene miedo, y nosotros tampoco.- Groyl empezó a reírse, a medida que el enfado del niño iba en aumento.- Ellos siempre procuran que no tengamos hambre, que no pasemos frio, y que estemos a salvo de gente mala como tú. Pero si ellos tienen problemas, ¡que sepas que tendrás que vértelas con nosotros, cara culo!- Inspirados por el valor de su hermano, varios de los niños se pusieron de pie y empezaron a insultar a Groyl, llamándole de todo y comparándolo con los mas despreciables y repugnantes seres de Valoran. Groyl, decidido a aguardar al momento propicio, dejó que los niños siguieran diciendo lo que quisieran. Ya le suplicarían por comida cuando se encontraran mendigando en la calle, a merced de sus hombres, que no dudarían en asegurarse de que sufrieran cada día más que el anterior. De repente, una roca paso volando por su lado, seguida de más y más rocas, a medida que los niños empezaban a atacarle lanzándole piedras. Cubriéndose con las manos, trató de protegerse de aquel bombardeo de piedras, mientras sus hombres empezaban a coger a los niños y a gritarles que dejaran de hacer eso. Distraído como estaba, no pudo evitar que el niño que tenía más cerca le golpeara en el cuerpo con sus puños. A pesar de que no le hizo mucho daño, el crujido que escuchó al recibir el golpe hizo que él, y todo el mundo, dejara lo que estaban haciendo, y miraran con muda sorpresa a Groyl.

Lentamente, Groyl se llevo una mano a su bolsillo, del que sacó sus gafas, ahora rotas y aplastadas, y se las quedara mirando mudo de asombro. Poco a poco, la sorpresa se convirtió en ira, ira que se volcó por completo en el niño que tenia ante él. Este, al ver lo que había hecho, y el gesto de furia completa que reflejaba la cara de Groyl, dio un par de pasos hacia atrás, antes de girarse y correr de vuelta al grupo. Sin embargo, no llegó muy lejos, antes de que Groyl le atrapara cogiéndole por el brazo.

-¡Estúpido mocoso!- gritó Groyl, golpeando con el reverso de la mano al niño, y tirándolo con fuerza al suelo. Hazel trató de correr en su ayuda, justo cuando Groyl empezaba a patear el cuerpo del niño. Cuando llegó hasta el, se colocó encima suyo, protegiéndole con su cuerpo de los golpes de aquel hombre. Los niños contemplaron aterrados y con horror como aquel hombre pateaba furiosamente a su cuidadora, que gritaba de dolor cada vez que el pie de Groyl chocaba contra el cuerpo de ella.

-¡Sin mí, no tendríais nada!- dijo Groyl, completamente ido y sin reprimirse ni un poco.- ¡Sin mí, ESTARIAS ACABADOS!- Muchos de los niños empezaron a llorar, bajo la impasible mirada de los hombres de Groyl, que contemplaban tranquilamente el espectáculo desde sus puestos.- ¡A pesar de todo lo que he hecho por vosotros, ¿es así como me lo pagáis?! ¡Lo único que pido, es que paguéis vuestra deuda conmigo, que me resultéis provechosos, en vez de ser siempre una maldita carga, al menos por una vez! ¡Pero podéis hacerlo? ¡NO! ¡Solo obtengo fallos, y excusas! Bien, ¡PUES SE ACABÓ!- Groyl hizo un gesto a sus hombres.

-Chicos, a la calle con todos. Si alguno intenta entrar de nuevo, dadle una paliza.- Los hombres de Groyl empezaron a acercarse al grupo de niños, dispuestos a echarlos de su hogar. Estos empezaron a encogerse de miedo, aterrados y sin saber qué hacer, mientras veían sin poder hacer nada como su cuidadora recibía una paliza delante de ellos. Si solamente Jet estuviera allí…

-¡JEEEET!- gritó una niña, y pronto el resto del grupo se unió a su desesperada llamada, gritando y pidiendo a su hermano mayor que los salvara.

Groyl se limitó a reírse, sabiéndose ganador, a pesar de las circunstancias. Lo único que podría haber mejorado la situación, habría sido tener delante a Jet, para poder ver su cara cuando descubriera que había echado a sus niños, y cuando viera lo que había hecho con aquella vieja mujer. Sonrió de puro placer. Daba tanto gusto salirse con la suya…

De repente, empezaron a oír un ruido en la lejanía. A medida que iba en aumento, adquirió intensidad, y todos observaron como un resplandor nacía en el horizonte de la ciudad, por entre las calles, y avanzaba a gran velocidad, surcando las calles de la ciudad como un rayo de luz. Detrás de ella, una estela de oscuridad partía la ciudad como una vieja cicatriz, fruto de las luces destrozadas y las maquinas estropeadas

-¿Qué demonios…?- alcanzó a decir uno de los secuaces, antes de que algo pasara zumbando a su lado, y este desapareciera dando un orto grito. Justo entonces, las luces de las farolas parecieron aumentar de intensidad, alcanzando su máximo resplandor, antes de explotar tan rápidamente como se habían encendido. Groyl y el resto de hombres se cubrieron de las explosiones, y trataron de encontrar a su compañero en la oscuridad de la calle, pero no lo veían por ninguna parte. Un par de calles mas allá, el sonido de algo chocando contra metal les llamó la atención. Al girarse en su dirección, comprobaron que el secuaz desaparecido había aterrizado en un lejano contenedor de basura, donde quedó tendido sin dar señales de levantarse.

-¿Pero qué…? ¿Qué demonios está pasando aquí?- preguntó Groyl, justo antes de empezar a oír otra vez aquel misterioso sonido. Sonaba como un huracán, como si el viento soplara en medio de una tormenta de rayos y truenos, como el pitido de una olla a presión, como cuando una locomotora pasa a toda velocidad por su lado. Sonaba como si un proyectil fuera disparado en su dirección, cortando el viento a gran velocidad, arrastrando todo a su paso, como el aullido de una gran bestia herida, como una serie de estallidos de bala. Una vez más, algo brillante e imposible de ver se movió a una velocidad infernal por la calle, y otro de los secuaces de Groyl desapareció, atravesando la ventana del tercer piso de una casa cercana. Al ver esto, el último de los secuaces, el que llevaba la gorra, se giró aterrado hacia su jefe.

-¡YO ME LARGO DE AQUI!- Y empezó a correr lejos del orfanato, adentrándose en las oscuras calles del barrio. Groyl trató de retenerlo, de hacerle volver.

-¡No, espera…!- Y aquella cosa apareció una tercera vez, apareciendo por una calle lateral, atrapando al secuaz fugado. La cosa fue tan rápida, que aquellos que parpadearon no llegaron a ver qué sucedió. Lo único que vieron, fue como aquel hombre desaparecía en el aire, con su gorra cayendo al suelo en silencio, lo único que aquella luz había dejado de él.

Groyl se giró aterrado. Fuera lo que fuera, era demasiado rápido como para verlo venir. Así pues, lo mejor era esconderse detrás de algo. Cogiendo a Hazel, que seguía atontada por la paliza, se la llevo a rastras por la calle. La usaría de escudo para salir de allí, y si la cosa no funcionaba, usaría a los niños como protección.

-¡Venga, muévete, mujer inútil!- Groyl agarraba a Hazel con un brazo, arrastrando su cuerpo debilitado por la calle, ante la mirada de los asustados jóvenes, que la llamaban a gritos. Sin embargo, Hazel no podía responder, de tan débil que estaba. Por cuarta vez, empezaron a oír aquel sonido una vez más, precediendo la aparición de la misteriosa luz. Groyl se apresuró a poner a Hazel entre él y las oscuras calles, sin tener claro de donde vendría el ataque. Se giró en todas direcciones, tratando de discernir de donde venia aquel sonido. Sin embargo, el eco de las calles hacia que pareciera que provenía de todas partes, lo cual aumentaba su ansiedad y miedo, mientras gruesas gotas de sudor, fruto del terror, le recorrían la cara.

-¡VAMOS, DA LA CARA, SEAS LO QUE SEAS!- gritó Groyl, a pesar del miedo que sentía. Sabía que era una decisión estúpida, pero prefería saber a que se estaba enfrentando, a seguir sin saber por dónde vendría aquella cosa.

Tan rápido que fue imposible de prever, aquella misteriosa luz apareció de golpe en la plaza, y empezó a rodear a gran velocidad a Groyl y Hazel. La luz empezó a rodear a la pareja, a medida que el anillo de luz blanca y azul les rodeaba y empezaba a envolverles, como un capullo de luz, que iluminó la zona por completo. Allá por donde pasaba la luz, las piedras del camino empezaron a calentarse y a fundirse, formando una pista de roca fundida que marcaba el paso de aquella cosa. El viento y el ruido eran intensos, y Groyl se sintió desconcertado por aquel misterioso fenómeno. En medio de la luz, le pareció ver sombras, retazos de una silueta, que parecía correr en la luz. Sin embargo, la luz era demasiado intensa para verla mucho rato, y se vio obligado a entrecerrar los ojos. Soltando a Hazel, que cayó al suelo de rodillas, le gritó a la luz.

-¡¿QUE ESTA PASANDOOO-…!?- y la luz se desvaneció, alejándose a gran velocidad de la zona, a medida que el silencio empezaba a reinar de nuevo. Un amplio anillo de piedras fundidas marcaba el lugar por donde aquella misteriosa luz había estado corriendo, con un rastro de llamas brillantes que señalaban por donde se había marchado. En su centro, Hazel trataba de incorporarse, a medida que sus ojos y oídos se recuperaban después de estar en el centro de aquella vorágine. Solo cuando se hubo puesto en pie, se dio cuenta de una cosa.

Groyl no estaba.

En su lugar, se encontraba únicamente su sombrero de copa, ligeramente chamuscado, y libre de su dueño. Una vez los niños se vieron libres, empezaron a correr hacia Hazel, llorando de alegría y alivio, a la vez que abrazaban a su cuidadora. Mientras Hazel abrazaba y comprobaba que todos estuvieran bien, su mirada se centró de nuevo en la lejanía, donde los restos de aquella misteriosa luz empezaron a desvanecerse a medida que se alejaba.

¿Qué acababa de pasar?


Muy lejos de allí.

El mundo se difuminaba a su alrededor. Enfrente de él, las montañas y los desiertos aparecían y desaparecían a gran velocidad, a medida que los atravesaba rápidamente. Las altas montañas eran fácilmente escaladas, como si fueran llanuras, a medida que sus pasos le permitían correr por las paredes de los barrancos y por los altos picos nevados. Sus ojos contemplaron paisajes que nunca antes había visto, mientras sus pies recorrían aquellos caminos con gran facilidad, sin importarle si pisaban roca, tierra, e incluso agua. En sus oídos, el viento ensordecedor le impedía oír nada, a excepción de los latidos de su corazón, que golpeaban su pecho a gran velocidad y con fuerza, como el martilleo de un pájaro carpintero. En su mano izquierda, fuertemente agarrado por la camisa, el hombre responsable de todo su odio gritaba algo que el joven no podía oír, con sus ropas ondeando al viendo y con su carne clavándose en sus huesos, revelando su figura interna. Todo a su alrededor parecía haberse congelado, y allá donde pasaba se hacia la luz, y luego la oscuridad. A pesar de todo, el veía perfectamente a donde iba. No sabía que le pasaba, ni por qué. Pero lo que si sabía, era que Groyl iba a pagar por lo que había hecho, por lo que LE había hecho.

De eso, Jet estaba seguro.


Jungla de Kumungu, momentos más tarde

Groyl no sabía lo que pasaba. Momentos antes, se encontraba en Piltover, gritándole a una luz, cuando había sentido un fuerte tirón y como una fuerza extraña, una mano echa de pura luz, tiraba de él. Sus gritos se habían perdido en aquel caos de luz y viento, incapaz de moverse o de oponer resistencia. Trató de ver qué pasaba a su alrededor, pero la luz era demasiado intensa como para abrir los ojos. Entreabriéndolos un poco, alcanzó a ver formas vagas de los entornos que estaban atravesando. Vio pasar a su lado las montañas Pico de Hierro, y dejar atrás el Rio Serpenteante. Atravesaron el Monte Targón, corriendo por su escarpada superficie como si fuera una llanura más, y se adentraron a gran velocidad en el desierto de Shurima. ¡Eso no podía ser! Shurima quedaba a más de 1000 kilómetros de Piltover, y eso sin contar los obstáculos y la diferencia de desniveles. Era imposible que hubieran llegado allí tan rápido.

Se adentraron a gran velocidad en la jungla, sorteando pantanos y arboles, y alejando a su animada fauna, que no había escuchado o contemplado nada parecido antes en sus vidas. Con un estallido final, la luz se detuvo, y Groyl se vio libre, proyectándose hacia adelante y contra el suelo. Tras rodar durante bastante rato, y aplastar varios arbustos y ramas por el camino, acabó dando con la espalda en un árbol cercano. El impacto le dejo sin aliento, y le nubló la vista. Por suerte para él, no quedó inconsciente, aunque sentía como si todos los huesos y músculos de su cuerpo estuvieran agarrotados por el esfuerzo de haber viajado tan lejos en tan poco tiempo. Centrando su atención a su alrededor, se fijó en el paisaje que le rodeaba.

Se encontraba en el centro de la jungla de Kumungu, famosa en todo Valoran por lo peligrosa e inhóspita que era. Solo los más valiente y aguerridos aventureros se atrevían a entrar en ella, y eran pocos los que salían de ella con vida. Los arboles eran enormes, altos como casas de varios pisos de altura, y tan frondosos que no se veía el cielo. A su alrededor, el sonido de los mosquitos, y el rugido de las fieras que se ocultaban en la oscuridad, le indicaban a Groyl lo poco bienvenido que era en aquel lugar. Poco podía ver a su alrededor, en parte a la oscuridad de la selva, y en parte a la oscuridad de la noche. Se encontraba en un pequeño claro del bosque, apoyado en un gran árbol retorcido que era varias veces más alto y ancho que el resto de arboles de los alrededores. Groyl se echó a temblar. ¿Qué estaba pasando allí?

De repente, una luz apareció enfrente de él. Se trataba de la misma luz que le había llevado allí, destacando con su presencia sobre todo lo demás, iluminando los arboles a su paso. Recorrió la zona como una exhalación, atravesando la oscuridad como un misil, mientras cortaba el viento a su paso. Finalmente, se lanzó como una bala contra Groyl, quien se cubrió con los brazos como pudo. Con un sonoro estallido final, la luz se detuvo enfrente de Groyl, quien cayó al suelo aun con los brazos cubriéndole la cara. Poco a poco, empezó a retirarlos, y contempló asombrado el artífice de todo aquello.

Era Jet. Bueno, al menos, creía que era él.

Su piel brillaba mucho, emitiendo un aura blanca y azul repleta de pequeños relámpagos azules que parecían salir de su cuerpo. Su pelo, antes negro, estaba completamente blanco, a excepción de algunos mechones sueltos, y una marca en su sien izquierda, que brillaban de color azul eléctrico. El blanco de sus ojos estaba azul, muy brillantes, con sus dos iris, antes de color verde, y ahora blancos completamente, destacando el azul de alrededor, y el negro de sus pupilas, completamente fijas en Groyl. Sus ropas estaban destrozadas, con agujeros por todas partes, y cubiertas de desgarros. A sus pies, una estela de fuego indicaba el punto donde Jet había corrido hacia Groyl. Poco a poco, Jet empezó a perder brillo. Su piel volvió a adquirir el tono de siempre, a medida que su pelo se iba oscureciendo y regresaba a su color original, a excepción de la marca de su sien, que se volvió blanca. Sus ojos perdieron su luz, hasta que volvieron a la normalidad. Una vez su luz se desvaneció, la única fuente de luz era la luz de la luna, que atravesaba las copas de los árboles y se filtraba hacia abajo, permitiendo ver en algunas zonas, mientras otras quedaban a oscuras. En esos momentos, Groyl estaba bajo su luz, mientras Jet le observaba desde las sombras.

-Bueno, bueno, bueno…-dijo Groyl, tratando de no mostrar con su falsa seguridad lo asustado que estaba en realidad-. A eso le llamo yo moverse rápido, ¿eh, chico?- Jet no dijo nada. Se limitó a quedarse allí, observando desde la oscuridad como Groyl trataba de ponerse en pie.

-¿Demasiado cansado como para decir nada, Jet? ¿O tal vez estas asustado?- Groyl intentaba por todos los medios recuperar el control de la situación. Si algo había aprendido de todos sus años en las calles de Bajo Piltover, era que la mejor manera de meter miedo, era que todos pensaran que no podían asustarte.- El gran Jet, que no es capaz de proteger ni a la única mujer que se ha preocupado por él en toda su vida, adquiere un par de trucos de luces, y de repente se cree el rey del lugar…- Jet no respondió, y siguió con su silenciosa vigilancia desde las sombras. Groyl empezaba a enfadarse, molesto porque no sabía si estaba consiguiendo hacer algún progreso, pero más molesto por la arrogancia que mostraba ese chaval. Le miraba en silencio, como si estuviera por encima de él, y nadie estaba por encima de Groyl. ¡Nadie!

-¿Qué, no tienes nada que decir-?- Un estallido sonó, y Jet apareció justo enfrente de Groyl, sus caras apenas a unos centímetros de distancia. Jet volvía a brillar, de un modo menos llamativo, con su pelo a medio cambiar, y el iris de sus ojos de un blanco brillante. Su rostro reflejaba decisión, e ira contenida, mezcladas en un semblante duro capaz de intimidar al más valiente. De la sorpresa, Groyl cayó de nuevo al suelo, con la espalda contra el árbol, tratando de alejarse lo máximo posible de aquel chaval que, por alguna razón, le estaba empezando a asustar.

-Escúchame, y escúchame bien- empezó a decir Jet. Groyl, asustado, se limitó a encogerse en el suelo-. Voy a procurar ser lo más breve posible contigo, para así poder perderte de vista pronto.- Jet volvió a su aspecto normal, manteniendo su expresión y mirada intimidante. Las sombras ocultaban parcialmente su rostro, iluminando sus ojos, que parecían brillar como los de las bestias que acechaban en la jungla, expectantes ante la visión de una presa.

-A pesar de todo el odio que siento por ti, a pesar de lo mucho que me gustaría hacerte sufrir ni que solo sea una fracción de lo que nos has hecho sufrir a todos en el orfanato, a pesar de tener motivos de sobra para ello, no te voy a poner la mano encima.- Al oír esto, Groyl se relajó un poco, aunque al ver otra vez la expresión de Jet, volvió a encogerse de miedo-. Sé que tú no te comportarías del mismo modo de estar en mi situación, y es por eso que lo voy a hacer. Porque quiero creer que soy mejor que tu, que a pesar de venir del mismo agujero que tu, yo he aprendido a comportarme como un hombre, y no como una alimaña corrupta como tú. Además, Hazel no crió a un asesino, y no podría mirarla a la cara si hiciera algo tan nauseabundo como matar por placer o por venganza, incluso si lo hiciera con alguien que se lo mereciera tanto como tú. Por esas razones, no voy a matarte, a pesar de que podría hacerlo. Y tú lo sabes.- Groyl sabía que podía. A pesar de la diferencia de edad, Groyl estaba lejos de estar en forma, y lo único que había contenido a Jet todos aquellos años de alzarle la mano había sido la amenaza de echar a sus hermanos de su hogar. Pero esa ya no era una opción.- Así pues, he decidido dejar que te marches. – Jet se cruzó de brazos-. Vamos, lárgate…

Groyl miró a su alrededor, y solo vio la oscuridad de la jungla. A juzgar por la velocidad a la que habían entrado, y por el tiempo que habían estado en ella, debían de estar muy adentro de la jungla. Aunque eso daba igual. Bien podrían estar al borde mismo, y Groyl podría perderse perfectamente. Kumungu era un sitio muy peligroso si no sabias como sobrevivir en ella, y estaba claro que Groyl no sabía. Deshidratación, hambruna, arenas movedizas, el ataque de una fiera salvaje, veneno,… Daba igual que Jet no le matara personalmente. Le había enviado allí a morir, y de allí no saldría.

-¡Maldito sádico sin corazón!-gritó Groyl desesperadamente, al borde de las lágrimas.- ¿Crees que me haces un favor? Dejarme aquí es igual que matarme, ¡pedazo de cabrón!- Groyl se puso en pie, y se acercó a Jet.- Te crees tan…"superior", con tu moralidad intachable, y tus nobles valores. Pero en el fondo ¡estas demostrando ser un villano tan cruel y retorcido como yo!- Groyl agarró por el cuello de la camisa a Jet, zarandeándole a medida que le gritaba. Jet, sin embargo, permaneció estoico, impasible ante sus gritos.

-Quítame las manos de encima.- No lo dijo de un modo amenazante, ni lo dijo gritando. Lo dijo simple y llanamente, no como una petición, ni como una orden. Se limitó a hablar como quien dice algo con absoluta certeza, algo que iba a ser, y sería. Groyl le soltó, y retrocedió un par de pasos atemorizado.

-Te ofrezco una salida, tu única oportunidad de sobrevivir- dijo Jet mientras se ajustaba los restos de la camisa que Groyl le había arrugado.- Dime que sabes sobre mi pasado, y te sacaré de aquí.

Groyl se lo pensó un momento, y miró a Jet con desconfianza.

-¿Cómo sé que puedo confiar en ti?- Y Jet se limitó a sonreírle.

-Porque no tienes elección.- Groyl sabía que Jet tenía razón. Si no accedía a hablar, Jet se limitaría a dejarle allí, y seguramente acabaría muerto antes de que se hiciera de día. Si quería sobrevivir, tenía que tragarse su orgullo, y ceder. Groyl estaba acostumbrado a ceder. Cedía cada vez que un pez gordo quería un pedazo de su territorio, o parte de los beneficios d sus negocios. Cuando era pequeño, había cedido muchas veces, cuando se encontraba con chicos u hombres adultos mayores y más fuertes que él. No había nada que hacer, era así como funcionaban las cosas. Lo que Groyl no estaba acostumbrado a hacer, era ceder ante alguien como Jet, alguien a quien había estado usando y menospreciando durante años, alguien que, según el orden natural de las cosas, estaba por debajo de él, que era el jefe. Aun así, si ponía su vida en una balanza, con su orgullo en el otro lado de la misma, estaba claro a que estaba dispuesto a renunciar Groyl. Era orgulloso, pero no estúpido (ni tampoco valiente. Eso se lo dejaba a otras personas).

-…mmmm, ¡muy bien, trato echo!- dijo tendiéndole una mano a Jet. Este se limitó a mirarle con desprecio, y finalmente le agarró por el antebrazo. De repente, su cuerpo empezó a brillar y a cambiar como antes, adquiriendo nuevamente su tonalidad de brillo total, y antes de que Groyl pudiera hacer nada, Jet empezó a tirar de él por el brazo, difuminando el mundo a su alrededor a medida que la luz y el viento le cegaban y le impedían oír nada. La fuerza del tirón le levantó del suelo, moviéndose como una bandera ondeante al viento. Gritó de sorpresa y miedo, y su grito se perdió en la noche, a medida que la pareja recorría nuevamente la selva a gran velocidad.


Lo alto de una colina, 22:00

Jet detuvo su carrera con un estallido. Su pronta parada provocó que su pasajero saliera despedido, y acabara rodando una vez más por el suelo, chocando con fuerza contra las rocas que poblaban la cima de la colina.

-¡Oh, vaya, cuanto lo siento!- dijo sarcásticamente Jet, sin sonreír ni reírse-. Tendrás que perdonarme, aun no controlo muy bien esto- dijo mientras pasaba al lado de un malhumorado Groyl, que miró de contenerse, sabiendo que su vida dependía de Jet, y de las palabras que salieran de su boca.

Poniéndose en pie, se dirigió al lado del joven, que contemplaba en silencio desde el borde de una caída de 5 metros la ciudad que se perfilaba en la lejanía, iluminada por la luna, y un sinfín de antorchas.

Se trataba de Noxus, una de las ciudades estado más importantes de Valoran. Construida alrededor de una alta montaña en forma de calavera, la ciudad crecía como una serpiente enroscada en un árbol, con sus altos edificios y castillos repletos de puntiagudos tejados que, al igual que lanzas, apuntaban al cielo nocturno. Alrededor de la enorme muralla de roca negra que rodeaba la ciudad, un largo y profundo foso la rodeaba por dentro, repleto de un misterioso líquido verde que exhalaba nocivos vapores. Bajo la poca luz que aportaba la luna, Jet pudo notar como aquel extraño liquido parecía brillar, lo cual indicaba, mejor aun que su curioso color, que mas valía no meterse en aquellas "aguas". A las afueras de la ciudad, numerosas casa se encontraban iluminadas por las rojas antorchas noxianas. A pesar de que la ciudad no era desde luego pequeña, Jet sabia que por debajo de la ciudad, esta se extendía kilómetros y kilómetros, oculta en una maraña de túneles y pasadizos, donde una segunda ciudad era habitada por la plebe y los menos afortunados, que habían sido designados como no merecedores de vivir en la superficie. Era verdaderamente una ciudad oscura, donde solo los más fuertes y malvados prosperaban, y la violencia y la traición eran la base de cada día. Seguro que Groyl se sentiría como en casa.

-Bueno, Groyl-dijo Jet, girándose hacia el otro hombre-. Empieza a hablar, o te devuelvo a la jungla de una patada.

-No es por ser desconfiado, ¿pero crees en serio que mandarme a Noxus…, es seguro?

Jet se plantó a escasos centímetros de Groyl, con un aire de intimidación que avasalló al hombre adulto.

-¿Tengo cara de que me importe? ¡Empieza a hablar!- exclamó Jet, soltando un par de rayos por la piel, y emitiendo una breve aura blanca, que no tardó en desaparecer.

-¡Esta bien, está bien!- Groyl se aclaró la garganta.- Hace 17 años, yo volvía al orfanato después de haber estado "conversando" con unos clientes… ("…o sea, que se estuvo emborrachando con unos amigos", pensó Jet)…, cuando me pareció ver a alguien en la puerta del orfanato. Creía que era un ladrón, ya que era muy tarde, y parecía llevar una pesada bolsa consigo. Normalmente, no me habría molestado. Después de todo, poco hay que puedan robar de allí. Sin embargo, cuando me acerqué, vi que el hombre dejaba algo en la puerta del orfanato, una especie de cesta, y luego salía de allí a toda prisa. Cuando se marchó, topó conmigo, y vi bajo el manto que le cubría una armadura de soldado raso, una armadura noxiana.- Jet miró extrañado a aquella ciudad. ¿Qué relación guardaba Noxus con su pasado?-. Me acerqué a ver qué era lo que aquel tipo había dejado en la puerta, y me encontré contigo: un bebé de apenas un año de edad, lloroso y tapado con varias mantas. Registré la cesta por si había algo que explicara quien eras, de donde venias, o lo que hubiera sido mejor, por si llevabas algo de valor encima.- Jet miró con desprecio a Groyl, que se limitó a sonreír-. ¡Eh, nunca se sabe! A veces, la gente abandona a los niños con dinero, para que lo usen los que cuiden de él, o con joyas para que les sirvan de recuerdo…- Jet siguió mirando despectivamente a aquel hombre.- ¡A ti no te hubiera servido de nada! Eras un bebé… En fin, a lo que iba.

-Tras registrar la cesta de arriba abajo, solo encontré una nota, dentro de un sobre sin nombre, dirección, ni nada escrito en el.

-¿Leíste su contenido?

-¿Pero, por quien me tomas?- Jet levantó una ceja.- ¡Pues claro que lo hice! Pero no te diré lo que había dentro- dijo Groyl, frotándose las manos con gesto codicioso- Si lo quieres saber, vas a tener que entrar en mi despacho. Guardé la nota y tu cesta en mi caja fuerte, por si algún día me resultaban útiles para… "convencerte".

-Me dirás lo que ponía, o te…

-Espera, cálmate- dijo Groyl tratando de frenar a Jet.-No recuerdo exactamente lo que ponía, pero sí recuerdo que, a partir de su contenido, hice un par de pesquisas y…- Groyl sonrió triunfante-…Creo haber averiguado donde puede estar tu padre.

Jet miró asombrado a Groyl. Poder conocer a su padre… Tenía tantas preguntas para él. ¿Dónde estaba su madre? ¿De dónde había venido? ¿Por qué le habían abandonado? Tenía que saber.

-¿Dónde está?

-Buenooooo…- dijo Groyl, frotándose la nuca-. No sé donde esta exactamente… ahora, ahora… Mis contactos fueron algo vagos al respecto. Mucho secretismo, nunca averiguaron quien era exactamente. Lo que sí sé, es donde lo puedes encontrar.

-¿Dónde?- preguntó impaciente Jet. Groyl sonrió, y abrió los brazos teatralmente.

-En la Liga de Leyendas.

Jet se quedó mudo, mientras su cerebro trataba de procesar aquella información. Su padre… ¿un campeón de la Liga? ¿Era posible que lo hubiera estado viendo por la P.L.A.S.M.A., sin saberlo? Jet agarró a Groyl por el cuello de la camisa, levantándolo mientras la energía volvía a recorrer su cuerpo, iluminando sus ojos y haciendo que numerosos rayitos salieran de sus manos.

-¡Dame un nombre!

-¡Ya te lo he dicho, no sé quien es!- exclamó Groyl, asustado del giro que habían tomado los acontecimientos-. Mis espías trataron de encontrar a aquel soldado que te dejó, y no consiguieron sacarle nada. Hará un par de años, lo volvimos a intentar, y consiguieron averiguar que tu padre se había unido a la Liga. Te lo juro, ¡es todo lo que se!

Finalmente, Jet soltó a Groyl, quien cayó de culo al suelo, mientras Jet reflexionaba sobre las palabras de aquel hombre. Estaba claro que alguien no quería que se supiera la identidad de su padre, incluso podía ser que su padre fuera quien lo estaba ocultando todo. El soldado noxiano. Los secretos. La carta. Todo estaba relacionado de alguna manera, y en el centro de todo se encontraba Jet.

Primero, examinaría la carta. Luego, ya vería a ver qué haría.

-Entonces… ¿Ya está?...- preguntó Groyl-... ¿En paz?- Jet sonrió al oír aquello.

-No, Groyl. Tu y yo nunca estaremos en paz.- Jet se giró a Groyl, que continuaba en el suelo, y en esos momentos trataba de alejarse de Jet, que se estaba acercando a él con paso amenazante-. Sin embargo, respetare nuestro trato, y te dejaré marchar.

Groyl suspiró aliviado, e hizo ademan de irse. Sin embargo, Jet le agarró por el hombro, y le hizo girarse, obligándole a mirarle a los ojos una vez más.

-Pero si vuelves a acercarte a esos niños, o a Hazel, ten por seguro que te matare.- Los ojos de Jet no titubearon. Lo que decía, lo decía en serio, y Groyl podía sentirlo-. No te amenazaré en balde, ni te haré promesas infundadas. Lo que te cuento, es lo que sucederá. Te mataré, y te juro por mi vida que no dejaré nada que enterrar. ¿Entendido?- Groyl asintió en silencio. Había sido derrotado en su propio juego. Ahora, lo único que importaba era salir con vida de allí.

Jet soltó a Groyl, y se alejó de la colina, mientras su cuerpo empezaba a brillar una vez más. Hubo un estallido, y Jet desapareció, dejando una estela de fuego que descendía por la colina. En la lejanía, se veía su luz, recorriendo las vastas llanuras iluminadas por la luna, moviéndose más rápido que ningún otro ser vivo sobre la faz de la tierra. Groyl esperó unos minutos, antes de estar seguro de que Jet no volvería a por él. Acababa de ser expulsado de su ciudad. Lo había perdido todo: su dinero, sus hombres, su poder,… Todo. Y el culpable de todo, era el mismo que lo había echado personalmente de allí: Jet.

Groyl empezó su descenso de la colina, en dirección a Noxus, que parecía aguardar impaciente la llegada de su nuevo conciudadano. Mientras avanzaba, su menté empezó a maquinar planes, planes dirigidos a acabar con el causante de su desgracia. Si, ahora tenía poderes, y en un enfrentamiento directo llevaba las de ganar. Pero Groyl sabia por experiencia que los poderosos siempre caían. Solo tenía que esperar, y Jet caería en sus manos una vez más.

Se mantendría vivo, haría tratos, reclutaría aliados,…

Y esperaría.


Lejos de allí, 23:30

Jet corrió y corrió, llevando sus piernas al máximo de su capacidad. Recorrió las tierras de Valoran, atravesando llanuras como un huracán, y sorteando todo tipo de obstáculos imposibles. Algo raro le pasaba. A pesar de haber viajado más lejos y rápido que nadie antes de él, no se sentía más cansado que si hubiera estado corriendo toda la mañana por la ciudad. Sus correrías le llevaron a la orilla del Mar del Guardián, donde se detuvo a contemplar las vistas. La arena bajo sus pies se hundió, y la fresca brisa marina le recorrió el cuerpo, humeante después de haber emitido tanta luz y energía. Quitándose sus desgastadas botas, sumergió sus pies en las aguas, y sintió como sus maltrechos músculos se relajaban con el vaivén de las olas. A lo lejos, una pequeña silueta indicaba el lugar donde se encontraba la isla de Jonia, desconocida para Jet, que nunca antes había viajado más allá de las montañas Pico de Hierro. Decidido a poner a prueba ese extraño poder, se calzó las botas de nuevo, y se preparó para ponerse a correr de nuevo. Algo dentro de él le decía que lo que iba a hacer era imposible, que ni si quiera se lo planteara, que volviera a casa. Pero otra cosa, algo nuevo, le animaba a continuar hacia adelante. No sabía lo que era, ni de donde venia, pero sus deseos de correr y avanzar dominaron sobre todo lo demás.

Inspiró profundamente, llevando más oxigeno a sus pulmones y músculos. Su cuerpo estaba cansado, pero su espíritu estaba en llamas. Con un rugido desafiante, se lanzó como una exhalación contra las aguas, mientras la parte más racional de su mente le diría que acabaría dándose de bruces contra la línea de playa en cuanto llegara al agua.

Pero no sucedió eso.

Su carrera continuó ininterrumpida en dirección a la lejana isla. Mirando a sus pies, veía como estos pisaban apenas sobre el agua, y se impulsaban nuevamente hacia adelante, sin darle tiempo a hundirse, a medida que se movía por las aguas más rápido que ningún otro ser vivo. Se sentía exultante, zigzagueando como un misil por las aguas, sintiendo el choque de las gotas contra su cara, observando cómo su mano cortaba el agua de la superficie al pasar. A medida que se fue acercando a la isla, sus piernas empezaron a cansarse, mucho antes y mucho más de lo que lo había hecho en tierra firme. Asustado por si se quedaba sin energías a medio camino, centró toda su atención en llegar a Jonia lo más pronto posible, cortando el viento y convirtiéndose en un cometa de luz, que atravesaba el ancho mar como un relámpago. Nada más importaba, ni lo que tenía delante, ni lo que le aguardaba debajo. Corrió y corrió, sin fijarse más que en la silueta de la isla, que aumentaba por momentos, sin pensar como ni cuando frenaría.

Poco tiempo después, alcanzaba a duras penas la costa de Jonia. Su impulso le llevó muy a dentro de la isla, atravesando la playa y el bosque que la rodeaba. Su cuerpo chocó contra ramas y arbustos, hasta que finalmente empezó a disminuir su velocidad de carrera, y cayó exhausto al suelo. Jadeando, y con sus piernas ardiendo como si estuvieran echas de hierro fundido, se quedó estirado en la base de un alto árbol de copa rosada, situado en medio de un ancho claro. La luna bañaba toda la zona con su luz, a medida que los pétalos del árbol caían y cubrían ligeramente el cuerpo del joven, antes de que el viento nocturno se los llevara volando por el cielo. Incapaz de volver a ponerse de pie, Jet empezó a sentir como el sueño le invadía. La carga de los últimos días empezaba a hacer meya en él, y sintió que necesitaba parar, ni que fuera un solo instante, para recuperarse y poner en orden sus pensamientos. Finalmente, Jet se quedó dormido.

….….…

A la mañana siguiente, los rayos del Sol despertaron a Jet, sintiendo su calor en el cuerpo, y como la luz le molestaba en los ojos. Poco a poco, Jet empezó a ponerse en pie, mientras sus músculos protestaban y se negaban a moverse. Cuando consiguió ponerse de pie, observó el paisaje de su alrededor.

Se encontraba en el centro de un vasto bosque de bambús. Las largas cañas crecían rectas y muy altas, alcanzando cotas más altas que las de muchos árboles que Jet hubiera visto antes, con la parte de arriba recubierta de hojas que oscurecían la luz de debajo. El claro donde se encontraba estaba atestado de los rosados pétalos del árbol, que crecía grande y majestuoso en el centro de aquel lugar. Al otro lado del claro, un barranco mostraba el océano con todo su esplendor, ya que el claro se encontraba situado en lo alto de una colina, a varios metros del suelo. Jet empezó a rodear el árbol, curiosamente curvado en forma de S, cuando vio que no se encontraba tan solo como él creía. Colgando boca debajo de una rama, se encontraba un ser de aspecto muy curioso. A primera vista, parecía un mono con armadura. Su larga cola le servía de anclaje a la liana, y se encontraba en aquellos momentos con las piernas cruzadas y las manos en las rodillas, en una curiosa posición de meditación invertida. Su rostro, a medio camino entre el de un hombre y el de un mono, permanecía sereno, aparentemente ajeno a la presencia de Jet. El viento que soplaba mecía ligeramente a aquel ser, provocando que se balanceara de un lado al otro de forma breve, como un péndulo peludo.

A pesar de la diferencia de altura, Jet acabó por reconocer de quien se trataba: era Wukong, el Rey de los Monos.

Sin abrir los ojos, Wukong habló a Jet.

-Mi maestro dice siempre que es una descortesía quedarse mirando a alguien fijamente cuando está meditando- Wukong abrió un ojo, que fijó en Jet-. ¿No opinas lo mismo?

-Ah…, claro… Estooo…, siento haberte interrumpido…- dijo Jet. Wukong se limitó a sonreír.

-Bah, no pasa nada. En realidad no meditaba, me estaba echando una siesta.- Wukong se soltó de la rama, y bajó del árbol dando un par de volteretas en el aire. Aterrizando con elegancia en el suelo, recogió su vara, que descansaba en el tronco del árbol, y se acercó a Jet.

Wukong le tendió la mano: -Me llamo Wukong, el discípulo número uno del Maestro Yi…- Se acercó a Jet con aire confidencial-…de hecho, el único discípulo del Maestro Yi, jijijiji.

-Yo me llamo Jet- dijo mientras le estrechaba la mano a Wukong-. Esteee…, no es por ser descortés, ¿pero podrías decirme dónde estoy?

-Estás un poco despistado, ¿no?- preguntó Wukong, clavando la vara en el suelo y subiéndose encima. Jet no sabía cómo podía mantener el equilibrio, pero el Rey de los Monos se sentó en la punta como si estuviera cómodo allí-. Cuando llegué aquí, estabas estirado en el suelo. Creía que habías venido a echarte una siesta como yo, y procuré no molestarte. ¿Habías venido aquí a dormir?

-No… Bueno, si,… Es…, es complicado- trató de explicar Jet-. Estaba cansado de correr, y me caí de puro cansancio.

-¿Correr? ¿Desde dónde has venido corriendo, desde la capital?

-No, en realidad he venido corriendo desde…- empezó a decir Jet. ¿Cómo se lo podía explicar? ¿Cómo podía decirle que la noche anterior había recorrido todo el continente dos veces, y que luego había corrido por encima del mar?-… ¿Sabes qué? Olvídalo.- Wukong miró extrañado a Jet, y dejó correr el asunto encogiéndose de hombros.

-En fin, para contestar a tu pregunta, estas en el extremo sudeste de Jonia, en el bosque privado de mi maestro - Jet miró a su alrededor. ¿Todo aquello era del Maestro Yi?- Al maestro no le importa que la gente venga a disfrutar de las vistas, o a dar un paseo, de manera que no tienes que preocuparte por que te diga nada. Lo que sí que me extraña, es que no recuerdo haberte visto pasar esta mañana. ¿Llevas aquí desde ayer?

-Si…un momento, ¿sabes qué hora es?- preguntó de repente Jet. Wukong miró sorprendido al joven ante lo repentino de aquella pregunta, y luego se puso a murmurar para sí.

-Vamos a ver…despertarse, el aseo, el desayuno, el entrenamiento,…diría que faltan un par de horas para comer.

-Vales, o sea que las 10 o las 11 de la mañana- Jet le dio la mano una vez más-. En fin, ha sido un placer, pero tendría que empezar a irme. Tengo un largo camino de vuelta a Piltover.

-¿Piltover? ¡Piltover queda lejísimos de aquí!- exclamó Wukong, mientras veía alejarse al joven-. Eso son casi dos semanas en barco ¿Cómo vas a haber venido corriendo desde…?

Antes de que pudiera terminar, Wukong observó como el pelo de aquel joven se tornaba blanco y azul, y como su piel empezaba a brillar. Un estallido de aire precedió a su desaparición, dejando una estela de fuego por el camino, mientras se convertía en un huracán que atravesó el bosque azotando las cañas de bambú. Desde el acantilado, Wukong observó como aquel joven hecho de luz corría a gran velocidad por las aguas, y como se perdía en el horizonte en cuestión de segundos. Wukong observó todo aquello boquiabierto. Se pellizcó la mejilla para comprobar que no siguiera durmiendo, y se volvió al templo.

Cuando se lo contara a su maestro… No se lo iba a creer.


Piltover, 11:30 de la mañana.

Jet llegó a la puerta del orfanato. Había atravesado el mar y entrado en la ciudad como una exhalación, dejando anonadados a todos aquellos con los que se cruzó. A pesar de ello, lo único que alcanzaron a ver todos fue un fogonazo de luz, cómo algo muy veloz les pasaba por el lado, y como sus maquinas y luces se volvían locas. Tras recorrer las calles de la ciudad y sortear a los muchos ciudadanos que en esos momentos caminaban por la calle, Jet había llegado a su destino.

Con el puño preparado, vaciló un momento cuando llegó la hora de picar a la puerta. Muchas cosas habían pasado en esos pocos días: el asalto al taller de Heimerdinger, el accidente, su fuga, el destierro de Groyl, su viaje semiconsciente a Jonia, su encuentro con Wukong,… Jet se miró, observando su cuerpo bajo sus desgastadas y medio quemadas ropas. Había sufrido muchos cambios, tanto de cuerpo como de mente, él podía sentirlo, pero a la vez era el mismo de siempre. ¿Qué les estaba pasando? ¿Qué era esa luz? ¿Cómo podía haber echo casi 5000 kilómetros de camino en una noche?

Jet picó con decisión a la puerta. Las respuestas ya llegarían, tanto para esos extraños poderes suyos, como para los misterios de su pasado. En aquellos momentos, lo único que quería era comprobar que todos estuvieran bien, y descansar.

Oyó unos pasos que se dirigieron rápidamente a la puerta, y cuando se abrió, fue recibido por un fuerte capirotazo en la frente. ¡Hay que ver como dolía…! Hazel le observaba entre enfadada y aliviada desde la puerta, y tras reprimir inútilmente las lagrimas durante unos instantes, abrazó con fuerza a Jet, que se masajeó la frente con una mano mientras con el otro brazo devolvió el abrazo a aquella mujer. Hazel rompió el abrazo, y agarró a Jet por la cabeza, mirándole preocupada.

-¿Dónde estabas? ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien? ¿Qué pasó anoche…?- Jet trató de calmarla, antes de que siguiera enterrándole en aquella avalancha de preguntas.

-Tranquila Hazel, estoy bien. Ahora, todo estará bien- dijo Jet. Hazel pareció calmarse.

-Bien…- y a continuación agarró a Jet por la oreja, retorciéndosela de manera que Jet se vio obligado a torcerse hacia un lado, mientras Hazel le introducía a la fuerza en la casa, furiosa-…¡porque ahora me vas a escuchar tu a mí, jovencito! Para empezar, ¡estas castigado de aquí al fin de los tiempos, y ya me darás las gracias si no te dejo sin comer una semana!

Jet recorrió el almacén, torcido y sujeto por la oreja, mientras procuraba seguir a aquella mujer que parecía decidida a arrancarle la oreja. ¡Como odiaba cuando Hazel le hacía eso! Llevaba cogiéndole de la oreja desde que era pequeño, siempre que se metía en líos y los capirotazos se mostraban insuficientes para meter a Jet un poco de sentido común en el cuerpo. Lo había echo tantas veces, que Jet se sorprendía de que no se hubiera quedado sin una oreja aun. Mientras atravesaba el patio, fue recibido por los niños y niñas del orfanato, que corrieron a saludar a su hermano, y que acabaron riéndose y dejando pasar a la cuidadora, mirando divertidos como su hermano era castigado como un niño pequeño, mientras Hazel le tiraba de la oreja y le reñía, y Jet procuraba seguirle el paso y aplacarla con excusas y disculpas.

Entraron de aquella manera en la parte cubierta del almacén, donde el resto de niños saludaron a Jet, y se apartaron del camino de Hazel. Esta llevó a Jet hasta la entrada del comedor, donde finalmente le soltó.

-Sinceramente- dijo Hazel con los brazos cruzados-, no sé donde me equivoqué al educarte. Creía que te había enseñado a ser un poco más juicioso, pero me equivoqué.

Jet se frotó la dolorida oreja, y sonrió tristemente a su cuidadora.

-Se que lo que he hecho ha sido peligroso, y que por mi culpa lo habéis pasado mal. Si hubiera llegado antes, no habrías sufrido como lo hicisteis anoche, y por ello te pido perdón- dijo Jet, fijándose en las marcas de cardenales de los brazos y cara de la mujer. Esta pareció ablandarse un poco, dejando de fruncir el ceño, y fijando sus ojos en los de Jet.- Muchas cosas han pasado estos días, pero te prometo que se acabaron los problemas. Me he encargado de Groyl. Ya no nos molestara más.

-No le habrás…- dijo Hazel, mirando alarmada a Jet, quien la cortó antes de que pensara lo que no era.

-No, le he mandado a un lugar lejano, y me he asegurado de hacer que me prometa que no volverá nunca. Sabe que tendrá que responder ante mí si lo hace- Jet abrazó a su cuidadora, que se relajó y devolvió el abrazo al joven-. Te lo contaré todo con pelos y señales. Sé que tienes muchas preguntas después de lo de anoche, pero te prometo esto: Las cosas van a mejorar pronto, ya lo veras.

-Eso…, puede que tarde un poco aun en pasar-dijo Hazel, haciendo pasar a Jet al comedor.

-Hola, Jet- dijo una voz desde el interior, y Jet se encogió como alguien que sabe que le han pillado con las manos en la masa. Poco a poco, se giró hacia la dueña de aquella voz.

Sentadas a la mesa, se encontraban Vi, que se estaba comiendo un bollo con una mano, y con la otra saludaba maliciosamente a Jet, y Caitlyn, que era quien había hablado, y que en aquellos momentos le estaba dando un sorbo a su taza de té. Dejando su taza en la mesa, sacó un par de esposas, que empezó a hacer girar con un dedo.

-Estoy deseando que empieces a contárnoslo todo. Con pelos y señales, como has dicho.- Jet tragó saliva, y trató de sonreír a las agentes.

¿Es que no iba a tener ni un momento tranquilo?


Y ya está, hasta aquí el quinto capítulo. Jet ha descubierto muchas cosas nuevas, sobre sí mismo y sobre su pasado. ¿Cómo afectara esto a su vida? ¿Encontrara a su padre? ¿Se salvara de Vi y Caitlyn, o acabará de nuevo entre rejas?

Tendréis que esperar al próximo capítulo para averiguarlo. Chao por ahora :3.