Capitulo 6

Comisaria de Piltover, 17:15

-…, a ver, una vez más desde el principio- dijo Caitlyn, provocando que Vi y Jet soltaran un suspiro de cansancio. Ya era la quinta o sexta vez que Caitlyn les hacia volver a empezar.

Las agentes de Piltover habían llevado a Jet a la comisaria para que les aclarara varios temas en los que él se había visto involucrado: el asalto al taller de Heimerdinger, el accidente que le sucedió, el escape del hospital, y la aparente desaparición de Groyl, quien parecía haberse esfumado como por arte de magia. "Se lo llevó un rayo de luz", decían los niños y Hazel, únicos testigos de lo sucedido. Habían interrogado también a los cómplices de Groyl, pero apenas se habían enterado de nada hasta que se llevaron los golpes.

Al principio, Caitlyn quería encadenar a Jet por si se le ocurría escapar de nuevo, pero entre él y Vi consiguieron convencerla de que simplemente le esposara. A pesar de no estar del todo convencida (después de todo, Jet estaba esposado cuando se escapó, y eso no le detuvo), Caitlyn empezó su interrogatorio explicándole que, de momento, no estaba detenido. Mientras Jet estuvo desaparecido, aparecieron en comisaria dos de sus amigos, Daren y Miriana, a confesar su participación en el asalto, y a explicar la verdad sobre lo ocurrido con Groyl, quien había sido el autentico cerebro de todo, y que Jet no había podido hacer nada por evitarlo. En vista del testimonio de esos dos, y de Hazel, con quien habían hablado antes de que apareciera Jet, las agentes habían decidido posponer el arresto de Jet, hasta que este pudiera explicar su versión de los hechos. Al parecer, a Caitlyn no le bastaba con oírsela decir una vez.

En esos momentos, seguían encerrados en la sala de interrogatorios de la comisaria de Piltover. Para muchos, los estrechos muros de piedra gris, la escasa iluminación y los altavoces que retransmitían las voces de los agentes que pudieran estar observando desde detrás del espejo espía que había situado allí, podían ser causa de nerviosismo, y provocar que más de uno se acobardara. Por suerte o por desgracia, Jet había acabado teniendo que visitar aquella sala más de una vez, de manera que apenas le afectó para nada. Le habían sentado al otro lado de la única mesa de la sala, con Caitlyn tomando notas de todo al otro lado, y con Vi mirando a las musarañas con la espalda pegada a la puerta, como asegurándose de que Jet no saldría por allí. En vista de cómo avanzaba la cosa, tanto Jet como Vi se sentían como para darse de cabezazos contra la mesa y la pared.

-¿Cuántas veces quiere que se lo explique? Groyl me obligó a cometer los crímenes, o si no nos echaría a Hazel, los chicos, y a mi del orfanato.

-¿Y dónde está ahora mismo?- preguntó por enésima vez la agente.

-¡Ya se lo he dicho! Lo mandé a Noxus- contestó Jet exasperado.

-Pero Noxus queda muy lejos de aquí.- Vi se masajeó las sienes al oírle decir eso otra vez. "Si Cait, lo sabemos…", pensó irritada.- ¿Cómo pudiste llegar allí en una noche?

-No. Lo. Se.- contestó Jet molesto.- Cuando desperté en el hospital, descubrí que tenía estos poderes. No sé si es del accidente, o de que es, pero parece ser que puedo correr muy rápido.- Caitlyn asintió y continuó tomando notas-. Así fue como llegué a Kumungu. Luego a Noxus, Jonia, y Piltover otra vez.- Caitlyn se giró hacia Vi.

-Vi, quiero que…

-Si, si, me pondré en contacto con la academia- dijo Vi, repitiendo lo mismo que Caitlyn le había pedido como cuatro veces ya-, que hablen con Wukong para confirmar su historia…

-¿Si ya hemos acabado, me puedo ir ya?- preguntó Jet. Generalmente, le gustaba mostrarse frio y gracioso con las agentes, pero habían sido unos días muy raros, no había podido descansar en condiciones, y ahora encima le hacían pasar varias horas sentado en una silla, con las manos esposadas a la espalda, y contando lo mismo una y otra vez. Se moría por echarse una siesta. Además, todavía tenía que registrar el despacho de Groyl, comprobar todo lo que le había contado sobre su pasado. No podía esperar.

-Aun no. Quiero que empieces desde el principio, dime todo lo que sepas de Groyl y sus actividades- dijo Caitlyn, sacando más hojas y apuntando varias notas para ella misma. Jet suspiró, y empezó a hablar otra vez sobre todo lo que sabía sobre los negocios de Groyl: su red de ladrones a sueldo, los tratos que sabía que tenía con varias organizaciones criminales de la ciudad y de fuera, sus trapicheos, sus estafas, las extorsiones,… Groyl tenía un historial larguísimo. Si Jet no le hubiera desterrado, seguramente habría acabado en la cárcel con más cadenas perpetuas que años llevaba vivo.

La charla prosiguió durante otra hora más. Vi y Caitlyn escucharon como el joven les explicaba de nuevo todo lo que había tenido que vivir y soportar por el bien de sus hermanos. Todos los problemas en los que se había metido, todos los crímenes que le habían obligado a cometer, las cosas que había tenido que hacer, la de veces que le habían tenido que encarcelar por ello,… Vi sintió un poco de lastima por él. En su juventud, ella misma había cometido varios crímenes junto a una banda, pero aquello era distinto. Jet había estado solo, cometiendo crímenes contra su voluntad, porque un hombre malvado tenía a sus seres queridos como rehenes. No era justo, ni lo que había tenido que vivir, ni lo que Caitlyn y ella le habían hecho pasar. Se puso de pie, y le quitó las esposas a Jet, sorprendiendo a Caitlyn, que aun seguía escribiendo en su cuaderno.

-¿Vi, pero que…?

-Jet, puedes irte-dijo Vi, ignorando las miradas de sorpresa y enfado de su compañera.

-¿En serio?- preguntó Jet. Vi asintió.

-Si algo se, es que en este caso nosotras nos hemos equivocado. Te juzgamos mal, y te hicimos pagar por las faltas de otros. Te pido perdón, y ya puedes marcharte- dijo Vi, haciéndole un gesto hacia la puerta. Jet se lo agradeció, y se dirigió hacia la puerta.

Caitlyn le detuvo. ¡Aun quedaban cosas de las que hablar!

-¡Jet, espera…!

-¡Cait!- exclamó Vi-. Ya sé que no es así como hacemos las cosas, ¡pero hasta tú tienes que reconocer que no es justo hacerle pagar por querer proteger a su familia!- Vi habló con decisión, mirando a Caitlyn a los ojos, desafiándola a llevarle la contraria.- Ha hecho estupideces, si. Ha cometido crímenes, también. Pero no lo ha hecho por él, por dinero, o por maldad. Lo ha hecho por…- Caitlyn la cortó, antes de que pudiera seguir con su apasionado discurso.

-No iba a impedirle que se fuera porque quisiera encerrarlo- explicó Caitlyn con calma-. De hecho, he pensado sobre el tema mientras hablaba, y coincido en que se pueden alegar circunstancias excepcionales a su favor. Si se comporta en el futuro, no debería haber problemas en dejarle libre por ahora.- Vi sonrió. A su manera, su querido "Pastelito" también se preocupaba por Jet-. Lo que quería hablar con él es otra cosa- dijo centrándose de nuevo en Jet, que había presenciado la escena en silencio-. Por favor, siéntate.

Jet se sentó.

-Mira, Jet. Está claro que fuera lo que fuera lo que te pasara en el taller de Heimerdinger, es la causa de tus…"habilidades". Lo que quiero decir, es que no sabemos nada al respecto. Tratamos de preguntarle a Heimerdinger que era exactamente aquella maquina en la que te encerraron, y… sinceramente, no me quedó del todo claro- confesó Caitlyn, provocando que tanto Vi como Jet sonrieran ante la avergonzada agente-. Lo que si me quedó claro, es que según él, tu no tendrías que seguir vivo.- Jet trató de asimilar aquello, sonriendo de ante mano por si se trataba de una broma.

-… ¿disculpe, me lo repite?

-Al parecer, el profesor ya había estado haciendo pruebas con la maquina en cuestión, probándola con animales de toda clase. Y sin excepción, todos…- Caitlyn pensó en la mejor manera de decirlo con tacto, para no asustar a Jet-…"explotaron"…- Vale, esa no era la mejor manera.

Jet se miró el cuerpo, preocupado porque tal vez empezara a brillar sin control y sin previo aviso, y acabara convertido en un explosivo petardo de luz. Menuda manera de fastidiarle el día a uno…

-¿Está diciendo…que voy a explotar?- Caitlyn trató de explicarlo mejor, en un intento de infundir confianza en el asustado joven.

-No, no… Bueno, sí, pero…- Vi suspiró. "Así se hace, Cait". Caitlyn siguió buscando la forma de explicarse-. A ver: Si que podrías explotar…- Jet abrió los ojos como platos. Eso no le tranquilizaba nada-…, pero no es del todo seguro. Si te has mantenido vivo hasta ahora, no debería de haber problemas, según creo que explicó el profesor.- Jet no sabía si gritar o reírse ante aquella revelación.

-¡Ah, claro! "Jet, no te preocupes, sigue con tu vida normal. Trata de ignorar el hecho de que podrías explotar de un momento a otro"- dijo Jet, imitando el tono de voz de Caitlyn. Vi tuvo que reprimir sus carcajadas cuando la otra agente miró de reojo a su compañera.- ¿Es eso lo que intenta decirme, agente? Porque así es como lo estoy entendiendo.

Caitlyn hizo el gesto de intentar seguir explicándose, pero Vi consiguió cortarla antes de que pudiera seguir fastidiándola. Posó una mano de forma tranquilizadora en el hombro de Jet, que en aquellos momentos se encontraba muy nervioso. Por alguna razón, las luces del cuarto parecían titilar más de lo normal.

-Mira, Jet- dijo Vi-, ya sé que todo este asunto pinta muy mal, pero quiero que me creas cuando te digo que no permitiremos que explotes. Encontraremos la forma de resolver esto, pero tienes que prometer que pondrás de tu parte, ¿entendido?- Corto, sencillo, y fácil de entender. Caitlyn se sorprendió gratamente, ya que no conocía esa faceta de su compañera.

-Está bien- dijo Jet-. Prometo que me portaré mejor de ahora en adelante.- Jet cruzó los dedos, escondiéndolos a un lado de su cuerpo, pero de manera que Vi pudiera ver el gesto. Esta sonrió. Verdaderamente, el era de los suyos.

-Bien. Jet, quiero que vayas a ver a Heimerdinger lo antes posible- continuó diciendo Caitlyn-. Principalmente, porque el profesor desea estudiar tu caso personalmente, dado su grado de implicación personal en el asunto en cuestión. Sin embargo, y esto te lo pido yo- dijo la agente, mirando al joven directamente a los ojos. Puede que no fuera tan salvaje como su compañera, pero verdaderamente poseía una mirada intimidante que seguramente había conseguido doblegar a muchos criminales en aquella misma sala en el pasado-, quiero que le expliques que sucedió exactamente en su taller, por qué lo hiciste, y quiero que te disculpes.

Jet sonrió a la agente: -Agente, con el debido respeto, ¿no soy un poco mayor para que me manden pedir disculpas por mis travesuras?- Caitlyn no le devolvió la sonrisa, y continuó mirando a Jet, arqueando una ceja.

-Considerando que prácticamente devastasteis su taller personal, destrozasteis un prototipo de valor incalculable, y básicamente entrasteis de manera ilegal en su propiedad, creo que lo mínimo que le debes es una disculpa, ¿no crees?- Jet no tuvo más remedio que coincidir con la agente. Después de todo, le estaban dejando ir sin cargos ni nada. Su orgullo podría con lo de la disculpa. Jet accedió a pedir disculpas cuando fuera a ver al yordle, y Caitlyn le dejó marcharse.

La puerta se cerró detrás de Jet, que se dirigió a la salida, mientras en la sala Caitlyn dejaba escapar un suspiro, y apoyaba la cabeza en la mesa. Vi se encendió un cigarrillo, y empezó a llenar la sala de humo con sus exhalaciones.

-¿Qué te pasa, Cait?- Caitlyn no respondió inmediatamente, sino que se limitó a dejar la cara escondida entre sus brazos y la mesa, y soltó un triste suspiro.

-No lo sé. Me siento como…

-¿Cómo si hubieras estado arrestando a alguien por los crímenes de otro?- Caitlyn miró molesta a su compañera, que se limitó a sonreír. Aun así, Caitlyn no dijo nada. En el fondo, tenía razó te mortifiques por ello. Al final, las cosas han salido bien.

Caitlyn se levantó, mirando incrédula a Vi.

-¿Bien? ¿BIEN? Groyl anda suelto por Noxus, Jet está contaminado con vete tú a saber qué clase de energía rara que puede que le haga explotar, el taller de Heimerdinger casi acaba destruido,… ¿Y TU ME DICES QUE LAS COSAS HAN SALIDO BIEN?

Vi observó en silencio el ataque de ira de la agente. Tal vez no era lo mejor que podía haber dicho en su momento, pero al menos Caitlyn ya no estaba cabizbaja. Podía aguantar una bronca, pero lo que no soportaba era ver a su compañera en aquel estado de tristeza y auto reprensión.

-Cait, solo…

-Si, si, lo pillo- Caitlyn se puso de pie, y se dispuso a salir de la sala. Vi la siguió-. Vamos, tenemos que averiguar cómo sacar a Groyl de Noxus. Ni de broma pienso dejar que se libre tan fácilmente.


Fuera de la comisaria, 17:30

Jet salió a la calle, observando el vaivén de los transeúntes que caminaban por la calle sin prestarle ninguna atención. Por alguna razón, se sentía bien, como más ligero. Parecía que el cielo brillara más, que los sonidos fueran más nítidos, que sus pensamientos fueran más alegres. Tardó un rato en descubrir la causa.

Era libre.

Después de tantos años, después de trabajar tanto para aquel desgraciado, por fin se había librado de él. Había limpiado su nombre, Hazel y los chicos estaban a salvo,… Aun habían un par de cosas que seguían clavadas en su mente como espinas: su reunión con el profesor Heimerdinger, el tema de sus misteriosas habilidades y el hecho de que podría explotar, el misterio de quien era su padre,… Pero, a pesar de todo, se permitió una sonrisa de satisfacción. Por una vez, esperaba, parecía que las cosas iban a empezar a mejorar.

Jet se rió entre dientes. "Espero no estar hablando antes de tiempo", pensó divertido, mientras echaba a andar hacia el centro de la ciudad. Antes de ir a ver al yordle, había alguien a quien tenía que ver primero.

….

-¡Estate quieto de una vez!- dijo por tercera vez Jet-. ¡Me estas llenando de babas y lagrimas!

-¡Pero…pero…!- dijo Daren entre sollozos, mientras se abrazaba con fuerza al cuerpo de Jet y lloraba a lagrima viva en su hombro-. ¡Creí que estabas muerto!

Daren se le había tirado al cuello nada más verlo aparecer en la puerta de su laboratorio. Al parecer, Miriana había llevado a Daren a un refugio suyo, donde le curó lo mejor que pudo. Llevarlo a un hospital podría haber levantado sospechas no deseadas.

-Te digo… ¡que me sueltes!- Con un empujón final, Jet se separó de su amigo, que seguía llorando loco de alegría. Jet se limpió los restos de lágrimas y babas de la chaqueta-. Bien, ahora…

Justo cuando iba a hablar, Daren cambió su expresión a una de furia absoluta, y empezó a golpear con fuerza a Jet. Sus puñetazos carecían de técnica, ya que más que puñetazos parecía que estuviera llamando a la puerta de una casa, pero aun así el feroz ataque consiguió hacer daño a Jet, quien no lo vio venir:- ¿Y A QUE HA VENIDO ESO?- preguntó con rabia. Pero su rabia empalidecía en comparación a la de Daren.

-"Un plan a prueba de tontos", ¿EH?- Otro golpe-. "Nada puede salir mal", ¿EH?- Otro golpe-. "Entrar y salir, un trabajo fácil", ¿VERDAD?- Mas golpes. Jet hacia lo que podía por esquivar a Daren, corriendo por su laboratorio y tratando de colocarse tras cualquier cosa que pudiera servirle de cobertura, con tal de que le alejara del iracundo científico

-¡Eh, eh, eh! Yo no tengo la culpa de que nos traicionaran. Además, no sé porque te enfadas tanto, si el que acabó en el hospital fui yo.

-¡¿Y DE QUE ME SIRVE ESO?! ¡Casi nos matan, Jet, casi nos matan!- Daren empezó a coger cuanto estaba a su alcance y a tirárselo a Jet a la cabeza. Los frascos de cristal y los utensilios de escritura volaron por los aires, pasando por al lado de Jet cuando este los esquivaba.

El asalto continuó durante varios minutos más, alternando entre estallidos de gritos de Daren, seguidos por lloriqueos y muestras de alegría, para luego volver a empezar con sus ataques de violencia. Jet se defendió lo mejor que pudo, lo cual no le salvó de llevarse un par de moratones extra. Finalmente, Daren se quedó sin fuerzas para continuar persiguiendo a Jet, y se acabó sentando en un taburete a descansar. Jet, a pesar de haber estado corriendo como un loco, apenas se sentía fatigado. En comparación con lo que había estado haciendo la noche anterior, apenas se había movido.

-¿Mejor?- preguntó Jet.

-…ha…ha…Creo…Creo que sí.

-Bien. Siento mucho haberte puesto en peligro. Créeme cuando te digo que nada salió como esperaba. Eras la última persona que me hubiera gustado ver en peligro, y no pude protegerte como debería. Una vez más, lo siento.- Daren miró a su hermano, escuchando sus palabras mientras le miraba con ojos sinceros, y acabó haciendo un gesto con la mano.

-Bah, no pasa nada. Sé que no tuviste la culpa, todo fue idea de Groyl. Te perdono.- Jet y Daren sonrieron, contentos de que ya no hubiera más tensiones entre ellos.

-En fin. Me ha gustado verte, pero me tengo que ir- dijo Jet mientras le estrechaba la mano a Daren-. Le prometí a la sheriff que iría a ver al profesor Heimerdinger para que me revisara, y quisiera quitármelo de encima cuanto antes.- Jet estaba decidido a ver al yordle ese mismo día. Estaría muy ocupado los próximos días, poniendo en orden sus asuntos, y lo mejor sería acabar con el tema de la revisión médica cuanto antes.

-¿Revisarte?- Daren recordó entonces la maquina en la que habían metido a Jet, y como aquellos rayos le golpeaban una y otra vez-. Ah, entiendo. Será lo mejor. Por lo pronto, ¿has notado algo raro en tu cuerpo?- Jet sonrió. Si el supiera…

-Raro… ¿en qué sentido?- dijo, haciéndose el tonto.

-Pues… pérdida de cabello, mareos, alucinaciones, sarpullidos, excreciones sangrientas,…

-¿Excreciones? Daren…- Jet puso mala cara.

-Eh, yo solo pregunto. Podría ser un indicativo de que algo va mal dentro de ti.

-Pues para tu información, mis excreciones están muy bien, gracias. Solo he notado algo raro.

-¿El qué?- Jet separó las piernas, inclinando su cuerpo y preparándose para echar a correr. Daren le miró extrañado.

-Esto…- Sin decir nada más, Jet salió despedido hacia delante. El aire del sitio donde antes se encontraba estalló como una bomba, mandando todo lo que no estuviera sujeto al suelo por los aires, y tirando de espaldas a Daren, que se cayó del taburete por el estallido y por la sorpresa. Jet recorrió todo el laboratorio en un segundo, iluminando las bombillas del techo que fueron explotando a su paso. Cuando acabó de dar la vuelta, aprovechó su velocidad para atrapar los vasos y demás objetos voladores en el aire. Desde su punto de vista, parecía que alguien los hubiera colgado del techo con hilos, listos para que él los recogiera. Atrapó todo lo que su presurosa salida había mandado a volar, y lo volvió a colocar en la mesa, aunque no pudo resistir la tentación de apilar algunas cosas en pequeñas torres de forma abstracta. Una vez terminó su obra, centró su atención en Daren, que en aquellos momentos estaba cayendo de espaldas a muy poca velocidad. Jet pudo apreciar el gesto de sorpresa de su amigo, congelado en su cara, mientras se precipitaba lentamente contra el suelo. Antes de que pudiera caer, Jet lo atrapó y volvió a colocarlo en el taburete, levantando este con la pierna.

Desde el punto de vista de Daren, todo había sucedido muy rápido. Demasiado rápido como para verlo. En un instante, Jet había desaparecido del sitio, mientras un estallido sónico le mandaba a él y a sus efectos personales por los aires. Desequilibrado, trató de evitar caerse de espaldas del taburete, pero fue en balde. Preparándose para el impacto, se sorprendió a verse colocado de nuevo en lo alto del taburete, como si nada hubiera pasado. A su lado, Jet le miraba con una mano apoyada en la mesa, sonriendo entre divertido y arrogante. Rápidamente, Daren se fijó en algo que resultaba obvio hasta para el más ciego: Jet estaba brillando. Su pelo, generalmente moreno, había empezado a brillar, cambiando algunos de sus mechones negros por otros de un blanco muy puro. Poco a poco, la oscuridad volvió a reinar en su pelo, a excepción de un mechón en su sien izquierda, que la recorría como un relámpago blanco. El cuerpo de Jet parecía emanar un aura blanca, como un campo de fuerza en el que bailaban juguetones relámpagos blancos y azules, que brotaban esporádicamente de su cuerpo y volaban hasta llegar al límite del aura. Enseguida, el aura menguó hasta desaparecer.

Daren observó a su alrededor. Las bombillas habían explotado. Los vasos de precipitados, los libros, todo lo que había salido por los aires, había sido rápidamente colocado en improvisadas torres tambaleantes en su mesa. Algunos papeles sueltos habían salido volando, marcando el camino que había recorrido Jet, probando que lo que había sucedido allí había sucedido de verdad.

Jet se encogió de hombros.

-A parte de esto, estoy bien, la verdad.- Daren miró con los ojos abiertos de asombro a su amigo. Parecía mentira. De hecho, si no lo hubiera visto con sus propios ojos, seguramente no le habría creído.

-En fin, me marcho. Ya nos veremos, Daren.- Jet se dio la vuelta para irse, y justo antes de alcanzar la puerta sintió que Daren le agarraba el hombro por detrás. Se había quitado la bata de laboratorio y se había puesto un abrigo por encima. Sus gafas de laboratorio descansaban en su frente, mientras miraba con un gesto de preocupación y curiosidad a su hermano.

-¡Yo voy contigo! Quiero escuchar lo que el profesor tiene que decir al respecto de este…"fenómeno".

"¿Es que ahora soy una rata de laboratorio?", se preguntó Jet para sí. Sin embargo, no exteriorizó la pregunta. Sabía que Daren solo se preocupaba por él, de manera que aceptó su compañía, y juntos salieron en busca del profesor Heimerdinger.


Taller de Heimerdinger, 18:30

Jet se encontraba sentado en una camilla, desnudo de cintura para arriba por petición del anciano yordle, que nada más verlo aparecer por el taller se lo había llevado a una sala aparte, y le había empezado a hacer todo tipo de pruebas con varios aparatos. Jet había intentado explicarle el porqué de su visita varias veces, pero el profesor parecía incapaz de escucharle, enfrascado como estaba en sus cálculos y en sus propios pensamientos. En vista del poco éxito que estaba teniendo, había decidido esperar a que Heimerdinger acabara con sus pesquisas, y entonces podría pedirle perdón. Daren, mientras tanto, había seguido con gran interés las pruebas del yordle. Tras comentar ciertos datos que Heimerdinger obtuvo como consecuencia de una prueba (el yordle había hecho tragar a Jet un misterioso brebaje, y cuando este empezó a toser una nube de color purpura, Heimerdinger había empezado a garabatear complicadas notas y cálculos en su pizarra), el yordle pareció finalmente percatarse de la presencia del otro joven. De manera inconsciente, pareció adoptarlo como ayudante de laboratorio, permitiéndole asistirle en el resto de pruebas sin pedírselo explícitamente. Jet les observó trastear y hablar en su propio y privado lenguaje de científicos, un galimatías de palabras y tecnicismos incomprensibles para él. Al verles trabajar juntos, los dos con sus peinados tan estrafalarios (Daren con el pelo de punta y verde, y Heimerdinger con el pelo en afro y dorado), no pudo evitar sonreír y ahogar una corta risa entre dientes al verles tan parecidos. "Son como padre e hijo", pensó, aun a pesar de pertenecer a especies diferentes.

Heimerdinger, tras pedirle a Jet que se quitara la chaqueta y la camisa, le había colocado varios electrodos en varias regiones de su pecho, espalda, y un par más en su frente y sienes. Después, habían encendido una maquina, que empezó a soltar suaves descargas eléctricas en el cuerpo de Jet. Este, aunque un poco molesto, no notó ningún dolor por ello, de manera que se abstuvo a hacer ningún comentario.

-¡Asombroso!- comentó el yordle, observando detenidamente los resultados de la pantalla. Daren, por su parte, continuaba escribiendo en la ahora abarrotada pizarra, la cual mostraba un sinfín de números y cálculos, junto con un burdo dibujo del cuerpo de Jet, el cual presentaba numerosas marcas en rojo donde los dos científicos habían escrito varias notas.- Añade 23 a la variable X. Los resultados son superiores a lo esperado-. Daren borró un par de números, y se apresuró a reescribirlos, continuando con sus cálculos mientras el yordle se acercaba a Jet.

-Tienes un cuerpo francamente fascinante, jovencito-. Jet no supo como tomarse eso. Desde luego, no le hacía especial ilusión que un yordle de más de 50 años se interesara por su cuerpo-. ¿Has experimentado algún efecto secundario, tras tu exposición a la Energía A?- Jet miró extrañado al yordle, que se apresuró a explicarse.- La maquina donde te encerraron. Estaba diseñada para liberar una energía de mi invención: la Energía A. Es lo que te entró en el cuerpo, esos…"rayos".- Jet los recordaba bien. El ruido, el dolor, el ardor que recorrió su cuerpo cuando aquellos rayos le atravesaron.

-No demasiados- contestó como si tal cosa.- Me encuentro bien, estoy sano, puedo correr 5000 kilómetros en un par de horas,… Lo típico.- Si Heimerdinger se sorprendió al oír aquello, no lo demostró. En su lugar, soltó un suspiro, como si ya se lo esperara, y volvió a centrar su atención en la pizarra.

Las pruebas siguieron durante una hora más. Jet permaneció callado durante todo el proceso, mientras notaba como su frustración aumentaba dentro de él. Harto de permanecer en la ignorancia, se liberó del casco que Daren le había colocado en la cabeza, y obligó al yordle a encararle.

-¡Profesor, dígame de una vez que me pasa!- Durante un instante, Daren y Heimerdinger miraron sorprendidos a Jet, como si se hubieran olvidado por un momento de que estaba allí. Jet procuró mantener la calma-. Hasta ayer, mi mayor problema era evitar que me metieran en la cárcel. Ahora, puedo correr por las paredes y por encima del mar. Y, de postre, me dicen que existe la posibilidad de que explote, así sin más. He procurado mantener la calma todo lo que he podido, pero he llegado a mi límite. Exijo saber qué me pasa, y lo quiero saber, ¡AHORA!- Sus últimas palabras habían provocado que su cuerpo empezara a brillar gradualmente. Al final, su estallido de rabia había provocado que su cuerpo lanzara una nova de luz que iluminó todo el laboratorio, convirtiendo su cuerpo en la más potente de las bombillas. Daren y Heimerdinger retrocedieron brevemente al ver aquello, pero rápidamente procuraron recobrar la compostura.

Jet observó con sorpresa y horror sus manos, tan brillantes que casi podía ver sus huesos por debajo de su piel. Cuando había desterrado a Groyl, había sabido por instinto como usar aquel poder. Incluso antes, no había sentido miedo al empezar a brillar para Daren. Pero ahora no lo controlaba. Ahora, su cuerpo había empezado a brillar por sí mismo, y eso le asustaba. No tener el control. ¿Realmente iba a explotar? ¿Qué demonios era esa Energía A? Tenía tantas preguntas…

-Jet, cálmate- dijo el yordle, mientras este y Daren lo llevaban con delicadeza de vuelta a la camilla, donde le obligaron a sentarse. Poco a poco, su cuerpo empezó a volver a la normalidad.- Se que estas muy confundido, pero necesito que te calmes y me escuches.- Jet inspiró hondo-. Bien. Si quieres saber lo resultados, miraré de explicártelos lo mejor posible.

Heimerdinger fue hacia la pizarra, y empezó a borrar gran parte de ella. Al final, dejó solo el dibujo del cuerpo de Jet, y las anotaciones que habían escrito en el.

-Para empezar, es necesario que entiendas que es exactamente la Energía A. La Energía A es una fuente de energía hibrida, formada por diferentes tipos de energías que, de forma natural, no deberían existir en conjunto. Verás, es de lógica que las maquinas necesitan electricidad, las plantas luz solar, los seres vivos necesitan comida y demás,… ¿entiendes? Bien. Lo que yo buscaba conseguir era un tipo de energía que sirviera para todo aquello en lo que se usara, ya fuera un ser vivo, una maquina, o algo más. Con ese objetivo en mente, cree la maquina en la que te viste encerrado, cuya función principal era la de imbuir a un objetivo con la energía que la maquina sintetizaba. Sin embargo, hasta la fecha, no había encontrado un sujeto de pruebas que pudiera sostener y utilizar dicha energía, ya que todos sin excepción terminaban explotando- Jet tragó saliva-. Sin embargo, al estudiar tu caso, el joven Daren y yo hemos realizado un descubrimiento sorprendente- Heimerdinger empezó a señalar varias partes del diagrama, y a escribir una serie de números que no significaban nada para Jet-. Parece ser que tu cuerpo no solo ha aceptado la Energía A de la maquina, sino que ha aprendido a generarla por sí mismo. En pocas palabras, eres como una dinamo, como una segunda maquina como en la que te encerraron. Puedes generar Energía A ha voluntad.

Jet escuchó la explicación del yordle, sin saber bien cómo reaccionar a lo que estaba oyendo. ¿Cómo podía ser que generara esa energía? Aunque eso tal vez explicara porque su cuerpo brillaba y soltaba rayos.

-¿Pero cómo puede ser eso posible?- preguntó Jet-. Quiero decir, usted dice que la maquina estaba diseñada para "imbuir". Entonces, ¿Cómo puede ser que, de repente, me haya vuelto una especie de súper batería?

-Creo que puede deberse tanto a que seas humano (es decir, que tu cuerpo es más grande y gasta más energía normalmente que el de una rana o una planta, que solían ser mis sujetos de prueba), como al hecho de que utilizaste la maquina al máximo de su capacidad. La sobreexposición a la Energía A debió de forzar a tu cuerpo a crear un sistema para contener y sobrellevar la carga. Solo es una suposición, por supuesto, pero eso te salvó la vida, de manera que tendrías que estar agradecido de tu buena suerte.- Jet se rió entre dientes. "Si, yo y mi maldita suerte…", murmuró para sí mismo.

-Bueno, habiendo aclarado eso, ha llegado la hora de las buenas y las malas noticias. ¿Cuál quieres saber primero?- Jet hizo ver que se lo pensaba unos instantes, antes de responder casualmente a Heimerdinger.

-Bah, que demonios… ¡Dígame las malas primero!- Daren dio un paso al frente.

-Verás, Jet. Las pruebas indican que la Energía A se ha repartido por todo tu cuerpo, incorporándose a tu cuerpo de manera simbiótica. Eso significa que no podemos extraerla de tu cuerpo sin matarte en el proceso, de manera que no podemos devolverte a tu estado anterior. Lo siento- Daren parecía sinceramente disgustado con la noticia. A pesar de que en verdad eran malas noticias, Jet simplemente dejó escapar un suspiro antes de poner una mano en el hombro de su amigo.

-Bueno, no pasa nada. Si no se puede, no se puede. Tendré que aprender a vivir siendo una bombilla con patas- Daren y Jet sonrieron, uno más tristemente que el otro. Por mala que fueran las cosas, Jet parecía no perder nunca el buen humor.-Al menos, hasta el día en que haga: "PUM"…

-Hablando de eso, ha llegado la hora de las buenas noticias- continuó diciendo Heimerdinger-. Verás, como tu cuerpo ha aceptado tan espectacularmente la energía de la maquina, creemos que no corres tanto el riesgo de explotar como creíamos. De hecho, es posible que no te llegue a pasar nunca.- Heimerdinger parecía muy satisfecho con la noticia, y Daren y Jet no mostraban menos. Los gestos de alivio y alegría de sus rostros no desmerecían la magnitud de la noticia. Jet, que era el que más aliviado se sentía, dio un fuerte abrazo a Daren, antes de darle otro al yordle, levantándolo en el aire sin esfuerzo.

-¡Jajaja, toma ya!- exclamaba con alegría- ¡A eso le llamo yo buenas noticias!- Heimerdinger, poco acostumbrado a que le zarandearan de un lado a otro, optó por no decir nada, no queriendo cortar al joven en su momento de júbilo. Incluso se tomó la libertad de reír de puro gozo junto a los dos alegres jóvenes. Finalmente, Jet le devolvió al suelo, más sereno que antes.- Entonces, ¿es seguro que no explotaré?

-Teóricamente, no deberías de explotar- dijo el yordle, ajustándose las gafas de laboratorio-. Tu cuerpo no solo es capaz de generar la Energía A, sino que es capaz de usarla y sostenerla aparentemente sin que hayan desajustes estructurales de ningún tipo. Siempre que no sobrecargues tu cuerpo, no debería de haber ningún problema.- A Jet se le congeló la sonrisa en el rostro. ¿Sobrecargar? Jet le preguntó a Heimerdinger que significaba eso.

-Aunque tu cuerpo pueda sostener la carga que genera, como cualquier maquina, si sobrepasas tu limite, te romperás- Jet tragó saliva al oír aquello, y esta vez Daren le acompañó en el gesto. Al darse cuenta de que se estaba asustando, Heimerdinger se apresuró a calmar al joven-. Sin embargo, no tienes porque agobiarte en exceso. Tu cuerpo debería de indicarte cuando te estás acercando a tu límite, y por lo que me has dicho parece ser que tu límite es muy grande. Si continuas liberando energía del modo en lo que lo vas haciendo, no deberías de tener ningún problema en llevar una vida normal. Eso sí- dijo el yordle, mirando seriamente a Jet-, quiero que seas muy consciente de una cosa: ahora dispones de un gran poder, uno que no tiene igual en todo Valoran. De ti depende usar ese poder para el bien, o para el mal. Sin embargo, quiero que sepas que si descubro que usas este don que has obtenido para hacer el mal, haré todo cuanto esté en mi mano para detenerte. ¿Entendido?

Jet reflexionó sobre las palabras del yordle. Tenía razón. Ahora disponía de un gran poder, un poder que ya había usado para cambiar su vida y la de Hazel, Groyl y el resto de huérfanos. ¿Había hecho lo correcto? ¿Caería en la tentación de usar sus poderes en beneficio propio? Solo el tiempo lo diría. Por su parte, Jet quería pensar que podía usarlos responsablemente. Sería mejor persona.

Miró seriamente al yordle a los ojos, y dijo: - Tiene mi palabra. No pienso usar estos poderes para el mal. Para mí, esos días se acabaron.- Sostuvo la mirada al anciano yordle, hasta que este relajó su semblante, y sonrió.

-Bien, me alegra oír eso. Pues, ya hemos acabado- Heimerdinger tendió una mano a Jet, quien se la estrechó con un buen apretón.- Me alegro de que te encuentres bien. Si algún día notas algo diferente, ven a hablar conmigo. Mi puerta siempre estará abierta.- Tras soltar a Jet, se acercó a Daren, y le estrechó la mano de la misma forma-. Jovencito, ha sido un placer trabajar contigo. Hacía mucho que no disfrutaba tanto trabajando con alguien más. Siéntete libre de volver cuando quieras.- Daren estaba encantado con la situación. Su ídolo le estaba felicitando y estrechando la mano. Era casi como un sueño.

Los dos jóvenes se dirigían hacia la salida, dejando al yordle solo mientras este borraba el diagrama de la pizarra, cuando Jet recordó algo que aun le restaba por hacer. Dio media vuelta, y se dirigió de nuevo al profesor.

-Profesor, una cosa más- dijo Jet, llamando la atención del yordle. A pesar de que sabía que era lo correcto, su orgullo no se lo estaba poniendo nada fácil-. Verá… quería…Estoooo…- Jet parecía dubitativo al respecto. Heimerdinger, que pareció entender lo que el joven intentaba, le indicó con un gesto que se detuviera y que respirará hondo. Jet hizo como le aconsejaron, y sintió que el nudo de su garganta se deshacía. Finalmente, se vio capaz de hacer lo que intentaba-. Profesor Heimerdinger, le pido perdón de todo corazón por haberme colado en su taller, y por los destrozos ocasionados. Puede que no estuviera allí por voluntad propia, pero eso no es excusa. Hice mal, y por ello le pido perdón.- Ya estaba, lo había dicho. Le había costado, pero finalmente había dicho que le pensaba. Ahora, todo dependía del yordle.

Heimerdinger sonrió, y fingió que se lo pensaba durante medio minuto. Finalmente, sonrió y volvió a centrar su atención en la pizarra.

-Bah, no pasa nada. La Sheriff ya me lo contó todo. Sé porque lo hiciste. Por mi parte, estas perdonado- Jet suspiró aliviado-. ¿Pero que no se vuelva a repetir, eh?- Bromeó Heimerdinger, apuntando a Jet con el borrador de la pizarra.

-Claro, prometido.- Sonriendo, se despidió del profesor y salió del laboratorio en compañía de Daren. Heimerdinger los observó marcharse, antes de continuar con su tarea.


Calles de Piltover, 19:50

Jet y Daren se despidieron después de salir del taller de Heimerdinger. Daren había insistido en que le avisara si sentía algo nuevo, o si experimentaba efectos secundarios, de manera que Jet se comprometió a ponerle sobre aviso si eso llegaba a suceder. Se estrecharon la mano, y cada uno se fue por su lado. Después, Jet empezó a vagar por las calles de la ciudad, admirando las vistas de la zona alta, desde donde se veía los últimos rayos de Sol del atardecer. En poco tiempo, la oscuridad de la noche caería sobre la ciudad, las calles de la misma repletas de gente que volvía a sus casas en solitario, o de grupos de jóvenes y adultos que parecían muy alegres charlando y riendo juntos, cenando en las terrazas de los establecimientos o caminando juntos por la calle. Jet apenas les prestó atención, y continuó con su silencioso recorrido. Normalmente, no se hubiera sentido a gusto en aquella zona de la ciudad. No porque fuera peligrosa, sino más bien al contrario. Después de pasar toda su vida en Bajo Piltover, donde el crimen y la pobreza no eran nada fuera de lo común, pasear por la zona de Alto Piltover siempre le hacía sentir fuera de lugar. Por si fuera poco, las multitudes le agobiaban. En parte, se debía a su naturaleza de "lobo solitario", como solía llamarla Hazel, pero en parte era porque Jet no tenía muchos amigos. En sus días de chico de orfanato, había hecho muchos amigos con el resto de huérfanos, pero a medida que pasó el tiempo, muchos no tardaron en irse, o en desaparecer. Al final, Jet acabó perdiendo el contacto con casi todos ellos. Solo Daren y tres o cuatro más podían ser contados en su círculo de amigos, y a pesar de ello solo se relacionaba con Daren, a quien consideraba más un hermano que un amigo. Por ello, mientras los transeúntes ocupaban las calles, iluminadas por la reciente luz de las farolas, Jet prefirió internarse en los oscuros callejones, donde se sentía más a gusto.

Gracias a su experiencia en pasadas visitas a Alto Piltover, Jet acabó llegando a uno de sus puntos favoritos de la zona. Se trataba de una pequeña plazoleta, situada en una esquina formada por dos altos edificios. No era un espacio muy amplio, apenas mediría unos diez metros desde el callejón hasta el borde de la terraza, donde una baja muralla de ladrillos separaba a los visitantes de, en opinión de Jet, las mejores vistas de la ciudad, y de todo lo que la rodeaba. Por lo demás, solo había tres viejos bancos de hierro forjado, oxidados por el viento y la lluvia, colocados en forma de U y de cara al abismo de más de 100 metros que separaba la terraza del resto de la ciudad, y dos farolas, que apenas llegaban a iluminar la totalidad del lugar. Se podía acceder únicamente por un estrecho callejón situado en medio de los edificios, lo cual hacia que no mucha gente conociera aquella parte de la zona. De vez en cuando, alguna pareja furtiva encontraba aquel apartado lugar, y daba rienda suelta a sus juegos amorosos, pero por norma general, Jet era el único que disfrutaba de las vistas de aquel lugar.

Ese día, sin embargo, alguien había llegado antes que él.

Se trataba de Miriana. Vestía su característica túnica de retales negros, con la capucha retirada y su pelo corto meciéndose con los vientos del atardecer. Contemplaba solemne y en silencio la ciudad, mientras los últimos rayos de Sol le iluminaban el rostro. A pesar de estar sentada en el muro de ladrillo, con las piernas colgando tranquilamente del borde, no parecía preocuparle la posibilidad de caerse. Si se había dado cuenta de la presencia de Jet, no lo mostró.

Jet caminó tranquilamente hasta llegar al muro de ladrillos, donde se apoyó con los codos de cara al Sol. Siguieron ambos en silencio durante unos instantes, hasta que el Sol se acabó de ocultar por completo. Entonces, la única luz disponible fue la de las farolas, que iluminaban a la pareja como a dos bailarines en una oscura pista de baile. Jet se dio la vuelta, y volvió a apoyarse con los codos, de espaldas a la ciudad. Miriana decidió romper el hielo.

-Así…que sigues con vida.- Su voz no denotaba asombro o alivio.

-Sigo con vida.

-He oído que te fugaste del hospital.

-Si, no me gustaba la comida que servían- bromeó Jet. Aunque no consiguió que se riera, si que observó que la joven sonrió brevemente con el comentario. Rápidamente, volvió a adoptar su expresión solemne anterior.

-Que crio eres… ¿La policía te busca?

-No. Hablé con la Sheriff, y ya está todo aclarado. Soy un hombre libre, nena.- Miriana se giró hacia Jet, sus piernas cruzadas encima del estrecho muro.

-No me llames "nena".

-No me llames "crio".

Ambos se sostuvieron la mirada durante unos instantes, hasta que la joven se cansó y descendió del muro. Parecía que se disponía a marcharse, pero en su lugar se dirigió a uno de los bancos de hierro, donde tras sentarse sacó uno de sus guantes, y un destornillador. Entonces empezó a hurgar en él, mientras Jet la miraba trabajar. Era curioso cómo le cambiaba la expresión, dependiendo de lo que estuviera haciendo. Generalmente, parecía siempre aburrida, o desinteresada por todo lo que sucedía a su alrededor. Sin embargo, cuando robaba, o en ese momento hurgando en su guante, su expresión cambiaba a una muy distinta. Sus ojos reflejaban una concentración y una atención más propias de un artesano que de un ladrón. Se notaba que lo que hacía le gustaba, y que incluso sentía placer con su trabajo. Su gesto denotaba un grado de implicación y atención que Jet no creía posible que pudiera llegar a tener. En cierto modo, parecía más guapa y feliz. "¿Qué demonios estoy pensando?", se reprendió Jet, dándose cuenta de que llevaba ya un buen rato mirando a Miriana fijamente. Por desgracia, ella también se dio cuenta.

-¿Vas a quedarte ahí toda la noche, o me vas a decir cómo me has encontrado, pervertido?- dijo mientras sujetaba un cable con la boca, y empezaba a desatornillar uno de los tornillos del guante.

-Es difícil ser un pervertido cuando la chica en cuestión lleva más capas que una cebolla- comentó Jet, un poco turbado y ruborizado por el comentario de la joven y por sus pensamientos anteriores.- Además, tiene gracia que me llames tu a mi pervertido.

-¿Y eso?- Jet sonrió maliciosamente, antes de hacerse el ignorante.

-Ah, pues no se…Tal vez tiene que ver con aquel momento intimo que compartimos en el hueco del ascensor…- Miriana se detuvo de golpe-. Lo recuerdas, ¿verdad?

Miriana empezó a ponerse roja como un tomate, mientras su mente recordaba lo sucedido cuando casi se cayó por aquel profundo hueco. Recordó como su corazón casi se detuvo al perder el agarre, como Jet la atrapó en el aire, y como la agarró con fuerza por la cintura, atrapándola con su fuerte brazo, su respiración agitada a escasos centímetros de su cara, la sangre bombeando con fuerza por su cuerpo a causa del miedo y de aquel extraño sentimiento, sus ojos fijos en los de él, su…

Miriana detuvo su alocado tren de pensamientos al darse cuenta de que Jet estaba sonriendo, con una sonrisa picara que indicaba tres cosas: una, él también recordaba aquel momento; dos, parecía saber lo que estaba pensando ella; y tres, que lo encontraba sumamente divertido. Sus mejillas enrojecieron de vergüenza y furia, y le tiró el destornillador a la cara con todas sus fuerzas. Durante un momento, pareció que la afilada punta del destornillador iba a golpear a Jet, pero este se retorció a gran velocidad, y lo atrapó en el aire. Hubo un breve destello de luz, y Jet desapareció de donde estaba, apareciendo al lado de Miriana, que se sorprendió en gran medida al verle sentado a su lado, y con el destornillador dando vueltas entre sus dedos.

-No deberías tirar estas cosas por la terraza- dijo entregándole el destornillador. Miriana lo aceptó en silencio, muy sorprendida como para responder-. Podría pasar alguien por debajo y hacerle daño.

Miriana miró en silencio el destornillador y a Jet alternativamente, incapaz de creerse lo que acababa de ver. Había oído rumores, pero le costaba creer que el artífice de todo fuera Jet.

-Así que… tú eras el misterioso rayo de luz que pasó por la ciudad el otro día, ¿verdad?- Jet asintió, y se puso de pie. Caminó hacia el otro banco, el que estaba enfrente de Miriana, y se sentó en él-. Eso explica muchas cosas, aunque no demasiadas- Miriana se guardó el guante y el destornillador en el interior de su túnica, antes de inclinarse hacia delante, con las manos apoyadas la una en la otra-, así que empieza a cantar.

Divertido, Jet se planteó molestarla un poco mas diciéndole que se lo pidiera "por favor", pero decidió contenerse. Por alguna razón, quería llevarse bien con esa chica, de manera que empezó a contarle todo: lo sucedido tras el asalto al taller, el desenlace del destierro de Groyl,… Se lo contó todo, y ella escuchó en silencio. Para cuando acabó su relato, la noche se había acabado de abalanzar sobre la ciudad, oscureciéndolo todo, mientras las luces de la ciudad luchaban por expulsarla de la ciudad.

-…en cuanto a cómo te he encontrado, ha sido pura casualidad. Este es uno de mis rincones favoritos para estar solo. Bueno, al menos lo era. Y eso es todo- Jet se cerró la chaqueta, ya que la noche había empezado a refrescar. Por su parte, Miriana metió sus brazos en el interior de su túnica, seguramente para calentarse las manos y protegerlas del frio-. Por cierto, quiero agradecerte que te ocuparas de Daren. No sé que hubiera hecho si no hubieras estado allí para salvarle, y por ello te doy las gracias.- Jet habló de un modo tan sincero y agradecido, que provocó que Miriana se sonrojara una vez más, en contra de su voluntad. Deseó con todas sus fuerzas que no se le notara, y trató de cubrirse el rostro con su túnica, encogiendo el cuello.

-No…no fue nada…- Miriana se puso de pie, deseosa de escapar antes de que las cosas siguieran poniéndose raras-. En fin, adiós, ya nos veremos por ahí.- Antes de que pudiera irse, Jet la llamó.

-Espera, hay algo de lo que tengo que hablarte.- Miriana se detuvo en seco, y miró curiosa a Jet.- Se me acaba de ocurrir, que no tengo modo de acceder a la caja fuerte de Groyl. El muy canalla pagó una buena cantidad por una caja que fuera imposible de asaltar, de manera que necesito a un asalta-cajas como tú para abrirla.

-Pues deja que te de un consejo: si quieres contratar a un ladrón, no le llames "asalta-cajas". Es denigrante.- Jet suspiró.

-Vale, vale, lo siento. En fin, quisiera saber si podría contratarte para abrirla. ¿Cuáles son tus honorarios?

-No suelo aceptar cualquier trabajo que se me ofrece, chaval- dijo despectivamente. Jet frunció el ceño. "¿Chaval? ¡Si debemos de tener la misma edad!", pensó molesto, pero no dijo nada.- Además, dudo que pudieras pagarlo.- Jet miró despectivo a Miriana, devolviéndole el mismo gesto con el que ella le miraba.

-Se donde tiene Groyl sus alijos secretos. Puedo pagarte.-Ambos se miraron desafiantes durante un rato, hasta que finalmente Miriana transigió.

-Está bien, acepto- Jet relajó el gesto, e incluso Miriana parecía tranquilizarse un poco-. En fin, ¿nos vamos?- dijo Miriana, pillando desprevenido a Jet.

-¿Cómo? ¿Ahora?

-Si, ahora- contestó Miriana, un tanto molesta con que Jet no se pusiera en marcha todavía-, salvo que ahora no te venga bien. Aunque te aviso, dudo que me encuentres una segunda vez, y no programo citas, que lo sepas. Ahora, o nunca.- Jet se rascó la cabeza, dudando si seguir con aquel plan. No es que tuviera nada mejor que hacer, pero no sabía cómo podría hacerlo con Hazel y los chicos en el orfanato. Aunque…

-Esta bien, pero tendremos que entrar por detrás. Hay una vieja salida de incendios que ya no se usa. Groyl tenía la llave, pero no debería costarte mucho abrirla.

-Muy bien, en marcha entonces- dijo Miriana, mientras se quitaba la túnica, revelando su cuerpo.

Bajo la túnica, Miriana llevaba una ropa bastante ceñida. Su pantalones, de un negro muy oscuro, se agarraban con fuerza a sus piernas, mientras múltiples cintos y bolsillos adicionales las rodeaban por doquier. Debajo de estos, unas botas de cuero marrón, perfectas para correr y escalar en silencio, le ocultaban los pies Llevaba una camiseta sin mangas dorada, desgastada por el uso, de manera que su vientre quedaba expuesto. Llevaba más bolsas y cintos agarradas a su cuerpo, tantas, que Jet se preguntó como demonios conseguía moverse con tantas cintas.

-Estoooo… ¿se puede saber que haces?- dijo, mientras Miriana empezaba a quitarse la mayoría de las cintas, y hacia un paquete con ellas usando su túnica.

-Tu hogar se encuentra en Bajo Piltover, ¿verdad?- Jet asintió, mientras sus ojos seguían involuntariamente el cuerpo de la joven, bastante atractivo. No se lo esperaba, considerando que todo el tiempo que la había conocido había ido tapada de arriba abajo.-No hay muchos callejones que lleven hasta allí, y la ruta por los tejados no es una opción salvo que no haya más remedio. Tendremos que ir por la calle, y si voy con la túnica y las bolsas llamaré mucho la atención.- Mientras hablaba, se dirigió hacia un lateral de uno de los edificios, y retiró una piedra, revelando un espacio hueco donde guardó su petate, antes de volver a taparlo con la piedra. Miró fijamente a Jet, y poniéndole un dedo frente al ojo, dijo:- Nadie más conoce este escondite. Si me desaparece algo, supondré que has sido tú, y te romperé las manos. ¿Entendido?- Jet tragó saliva, procurando que no se le notara que la amenaza de la joven le había intimidado un poco. Asintió, y Miriana se volvió a separar de él-. Entonces, te sigo.

De esta forma, la extraña pareja empezó a recorrer las calles de Piltover, pasando junto al resto de transeúntes, quienes apenas les dedicaban alguna mirada al pasar. Ninguno de los dos decía nada, y cuando el otro parecía no darse cuenta, se estudiaban en silencio. Jet aprovechó para contemplar el cuerpo de Miriana, tratando de plasmar ese nuevo aspecto de ella en la idea previa que se había hecho de la joven. Sin la túnica, nunca hubiera sospechado que fuera una ladrona, aunque las pálidas marcas de sus manos revelaban la verdad sobre la joven. Miriana, por su parte, observaba a Jet, sin saber del todo como catalogarlo. No estaba acostumbrada a ir por la ciudad acompañada, y menos con un chico de su edad. La experiencia era nueva para ella, y no sabía qué hacer o decir. Caminaban cada uno con sus pensamientos, tratando de no pensar demasiado en el otro, o en lo que podría estar pensando este. Algunos ciudadanos, al verlos, sonreían, y más de un borracho temprano les comentó lo buena pareja que hacían, o reprendían a Jet por no ir de la mano de su "chica". Sin excepción, cada comentario y cada mirada interceptada hacían que la pareja se fueran poniendo cada vez más y más colorados, lo cual les animaba a intentar ir cada vez más separados. Continuaron en silencio, hasta que Jet notó que Miriana se frotaba los brazos. La noche era fría en la ciudad, y Miriana iba bastante ligera de ropa, de manera que debía estar helándose. Sin decir nada, Jet se quitó la chaqueta, y se la tiró a Miriana. Esta intentó saber que pretendía Jet, pero en vista de que no parecía dispuesto a decir nada, aceptó la chaqueta y se la puso. El calor de Jet seguía en ella, y no tardó en sentirse mejor. Murmuró un agradecimiento, y continuó junto a Jet su silencioso e incomodo paseo nocturno.

Al cabo de una hora, llegaron al orfanato de Bajo Piltover. Miriana, usando un par de herramientas que sacó de la bolsa que se había llevado consigo, consiguió abrir la puerta de la que había hablado Jet. En silencio, accedieron al interior del edificio.

Se encontraban en el piso superior del orfanato. Desde la barandilla, Jet vio como los niños jugaban en la zona común, repartidos por todo el piso inferior, y como Hazel terminaba de preparar la cena. Miriana y el llegaron al despacho de Groyl tratando de no llamar la atención, y abrieron la puerta del mismo. El interior seguía igual que siempre. Las alfombras, los muebles de lujo,… Parecía que Groyl pudiera volver allí de un momento a otro. Sin embargo, Jet no pudo evitar darse cuenta de que algunos niños parecía que se habían atrevido a aventurarse a aquel lugar, antes prohibido, a juzgar por los dibujos de las paredes y los juguetes olvidados por el suelo. Uno de los niños había dibujado en las paredes lo que había sucedido el día anterior. Jet observó el dibujo de Hazel y los niños, todos juntos y aparentemente aterrados, mientras un grotesco monstruo con la forma de Groyl les aterraba. Al lado, aparecía una luz, que envolvía al monstruo y se lo llevaba lejos. Al final, el dibujo de Hazel y los niños los mostraba alegres otra vez, todos abrazados y con corazones saliendo de ellos, como muestra de su amor. Jet sonrió al verlo. Puede que las cosas se pusieran difíciles sin Groyl para traer dinero, pero Jet estaba seguro de haber hecho lo correcto al echarlo de allí. Era su hogar, y aquellos niños eran sus hermanos. Mientras siguiera con vida, no dejaría que nada malo les sucediera.

-¿Rememorando tus hazañas?- comentó Miriana, que había notado como Jet contemplaba con cariño la obra de aquellos niños. Jet sonrió, pero no dijo nada. En su lugar, se dirigió hacia un enorme armario, situado junto a la enorme cama de Groyl, y abrió sus dos puertas de par en par. En su interior, una enorme caja fuerte se erguía majestuosa, repleta de dígitos y marcas de cerraduras, desafiando a cualquier ladrón que quisiera intentar abrirla.

-Te toca- dijo Jet, mientras invitaba a Miriana a avanzar con una caballeresca reverencia un tanto burlona. Miriana arqueó una ceja, pero no pudo evitar mostrar una media sonrisa, mirando desafiante a la caja fuerte y aceptando el reto. Sacó sus guantes de la bolsa, y se colocó las gafas que llevaba colgando del cuello. Una vez preparada, empezó a trabajar.

Pasaron los minutos, y Jet aprovechó para explorar el despacho de Groyl. Ahora que no estaba, todos aquellos lujos innecesarios podían ser aprovechados para el orfanato, ya fuera re aprovechando los muebles o vendiéndolos para sacar dinero. SI buscaba, seguramente encontraría cosas útiles, como dinero o demás bienes. Miriana, por su parte, centró toda su atención en el reto que era la caja. Jet no había mentido al decir que le había costado un dineral a Groyl. Era endemoniadamente compleja, y más de una vez tuvo que usar otras herramientas para poder continuar su avance. El tiempo continúo avanzando, hasta que finalmente consiguió superar la penúltima barrera. Cuando se disponía a centrarse en la última, ocurrió lo peor.

-¡Mierda!- exclamó Miriana, llamando la atención de Jet, que dejó de deambular y volvió junto a la joven.

-¿Qué ha ocurrido?

-¿Cómo he podido ser tan idiota?- dijo para sí misma, quien parecía no haber escuchado la pregunta de Jet-. Ha sido un error de novato…

-¿Pero de que hablas? ¿Qué pasa?

-Si vuelvo para atrás, a lo mejor… No, no parece del tipo que reinicie… ¿Y si…?

Finalmente, Jet se hartó de que le ignoraran. Agarrando a Miriana por los hombros, la obligó a encararle.

-¿Qué qué ha ocurrido?- Sorprendida, Miriana miró a Jet, como si no se hubiera dado cuenta de que estaba allí hasta ese momento.

-Groyl tenía una trampa para bloquear la caja en caso de que alguien intentara abrirla- explicó Miriana-. No se activa hasta llegar al final, de manera que no lo he visto venir hasta el último momento. Ahora, no hay manera de abrirla…- De golpe, una idea vino a la mente de Miriana-…a no ser…

-A no ser… ¿Qué?- Miriana ignoró su pregunta.

-Jet, ve a buscar una palanca. Vamos a abrir esta caja a la antigua.

Jet no intentó cuestionar la idea de Miriana, y decidió hacerle caso sin preguntar. Después de todo, la experta era ella. Una vez hubo traído la palanca, la colocaron en el resquicio de la caja, y se prepararon para empezar a hacer fuerza. Miriana contó hasta tres, y ambos hicieron fuerza al mismo tiempo. Durante unos segundos, pareció que la caja iba a resistir, hasta que la puerta saltó con un sonoro estallido metálico, y Jet y Miriana salieron despedidos contra el suelo. Atontada, Miriana se masajeó la frente, donde se había golpeado con algo, antes de intentar buscar apoyo con la mano. Su mano se apoyó en algo cálido y latiente, y se dio cuenta que era el pecho de Jet. La fuerza del impulso había hecho que ambos cayeran al suelo, con Miriana encima de Jet, y ambos se habían golpeado la frente el uno al otro, aturdiéndolos durante unos instantes. Por suerte para Miriana, ella se había llevado la mejor parte, de manera que se recuperó antes que Jet, y pudo apartarse de él antes de que este se diera cuenta de lo que había pasado.

Poco después, Jet abrió los ojos, y se masajeó la frente, un tanto enrojecida por el golpe. Además, se había golpeado contra el suelo, de manera que toda la cabeza la dolía. Mirando a un lado, sorprendió a Miriana observándole un silencio, hasta que esta apartó la mirada rápidamente. Un ligero rubor cubría sus mejillas, mientras miraba con gesto contrariado a ningún lugar en concreto. Ambos jóvenes centraron su atención en la caja fuerte, ahora abierta de par en par, para a continuación curiosear con su interior. El interior de la caja era sorprendentemente espacioso. Tanto, que Jet sospechaba de que debía de tratarse de una caja empotrada, que atravesaba el armario y se encontraba anclada a la pared. Tenía una estantería, de manera que la caja quedaba dividida en dos. La parte superior estaba repleta de fajos de billetes, bolsas de cuero, y montones de monedas. Jet contempló aquella riqueza, y recordó con rabia la de veces que Groyl les había cortado el presupuesto para comida a Hazel y al resto, con la excusa de andar cortos de dinero. Miriana estiró la mano, y cogió una de las bolsas. Hurgando en su interior, reveló que contenía varias gemas de diferentes colores y formas. La sostuvo enfrente de Jet, y dijo:- Mi pago por mis servicios. No es negociable.- Jet asintió, y Miriana se retiró al escritorio de Groyl, donde vació la bolsa y se dedicó a estudiar las gemas que contenía.

Jet volvió su atención a la parte inferior de la caja fuerte. Había más objetos de lujo, como cuadros, más fajos de billetes, entre otros. Al fondo, medio oculta con una tela, había un pequeño bulto que no parecía encajar con el resto del contenido. Jet lo sacó, y se lo llevó a la mesa. Apoyó el paquete, y empezó a separar la tela, mientras Miriana dejaba de contemplar las gemas y observaba la situación con curiosidad. Tras quitar la tela, Jet se encontró frente a una pequeña cesta de mimbre, un poco desgastada por los años. Jet contempló la cesta con asombro. De manera que así había llegado él allí, a bordo de aquella pequeña cesta. Ahora apenas le cabria un pie en su interior. "Debía de ser muy pequeño", pensó con tristeza, comprendiendo cuan joven era en el momento de su abandono. Registró la cesta, y rápidamente encontró el sobre. Tal y como le había dicho Groyl, no llevaba dirección ni nada escrito que revelara quien la había escrito, ni de donde venia. Con gesto un tanto tembloroso por la emoción y los nervios, Jet se dispuso a abrir el sobre, cuando de repente se detuvo. Quería las respuestas, pero de repente le daba miedo lo que podía descubrir. Estaba paralizado por el miedo y la incertidumbre, y estuvo tentado de volver a dejar el sobre en su sitio, hasta que notó que alguien le daba un golpe con la mano abierta en plena espalda. Se volvió y vio que Miriana le observaba con gesto firme, sus ojos fijos en los de Jet, diciéndole sin palabras que se dejara de tonterías y abriera el condenado sobre. Jet sonrió.

Abrió el sobre, y sacó la nota que contenía. Se trataba de una carta sin nada especial en ella, ningún sello familiar, ninguna firma, nada. Decidido, Jet empezó a leer las palabras elegantemente escritas en la nota:

Querido hijo:

Hay muchas cosas que quisiera poder decirte, y estoy seguro que tu a mi también. Abandonarte es una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer en mi vida, y aunque al hacerlo sé que estoy protegiendo la tuya, no hace que me sea más sencillo. Rezo desde lo más profundo de mi corazón que hayas encontrado la felicidad allá donde estés, que hayas podido encontrar una familia que te quiera y que te proteja, y que puedas disfrutar de la vida que siempre desee para ti.

Mi mayor deseo hubiera sido poder verte crecer a mi lado, con tu padre junto a mí, como una familia. Sin embargo, las circunstancias han hecho que tuviera que escoger, y como madre he tenido que sacrificar mi felicidad para así poder protegerte. Si muero antes de poder verte de nuevo, hay tres cosas que debes saber.

La primera es una advertencia: nunca vuelvas a Noxus. He vivido en este lugar toda mi vida, y a pesar del amor que siento por mi familia y amigos, también siento horror al contemplar la horrible verdad que esta ciudad esconde. Alejarte de aquí, aun a costa de no volverte a ver, es lo único que puedo hacer para asegurarme de que puedas vivir en paz.

La segunda, es la identidad de tu padre. Le conocí en Noxus, mi hogar. El era un soldado del ejército, un hombre que me conquistó a pesar de nuestras diferencias. Ruego y deseo que crezcas hasta convertirte en un buen hombre como él. Aunque no llegáramos a casarnos, no ha habido nadie a quien haya amado tanto como a él, salvo a ti, y me siento orgullosa de poder llamarte "nuestro hijo".

La tercera, y más importante, es que te quiero. Ahora, y siempre.

Adiós, hijo mío.

Selene

Jet volvió a leer la nota una segunda vez, y cuando acabó lo hizo una tercera. Describir lo que aquella carta le había hecho sentir era casi imposible. Una gota cayó sobre la carta, y se dio cuenta de que estaba llorando. Miriana le puso una mano en el hombro, mirándole a los ojos con una mezcla de tristeza y lastima. Pillando por sorpresa a Jet, Miriana le abrazó, rodeándole con sus brazos y enterrando su cabeza en el hombro de él. La combinación de sentimientos acabó por derrumbar las barreras del corazón de Jet, que devolvió el abrazo y continuó derramando lágrimas, tratando de no abandonarse al llanto descontroladamente. Miriana no sabía porque lo había hecho. Apenas conocía a aquel joven, y aun así no podía dejar de sentir que, de alguna forma, no eran tan distintos. Aunque al principio no le había caído bien, la aventura en el taller de Heimerdinger, y los eventos de aquel día habían hecho que empezara a ver a Jet con otros ojos, unos ojos más amables. Al verle así, con lágrimas de pena al leer la carta de su madre, supo lo que debía hacer, sin cuestionarse si era lo correcto, o si era apropiado. Además, hacia mucho que nadie la abrazaba de aquella forma, con delicadeza, como si ambos trataran de consolarse mutuamente. Era un sentimiento que no había experimentado en mucho tiempo, y ella misma se sorprendió al notar las lagrimas salir de sus ojos.

Al cabo de un rato, los jóvenes se separaron. Más calmado, Jet se limpió las lágrimas de los ojos, y notó que Miriana también había empezado a llorar. Con delicadeza, Jet retiró las lágrimas de Miriana, que se quedó mirando a Jet a los ojos sin saber que hacer o decir. Al final, fue él quien habló primero.

-Gracias…Por todo…

-No… no ha sido nada…- Se quedaron en silencio un rato, mientras Jet miraba tristemente la carta de su madre-. ¿Estás bien?- Jet rió con una risa seca y carente de alegría.

-No sé que esperaba encontrar, la verdad. Supongo que un "ven a esta dirección, hijo, te esperamos allí" hubiera sido mucho pedir, ¿verdad?- Trataba de animarse con sus típicas bromas, pero descubrió que no se sentía capaz de alegrarse-. Al menos, ahora sé que me quería. No parece mucho, pero… siento que me he quitado un peso de encima. Quiero decir- dijo mirando a Miriana-, no me abandonó porque no me quisiera. Lo hizo…

-…lo hizo porque te quería, para protegerte- continuó Miriana. Ella también había leído la carta, mirando por encima del hombro de Jet.

-Si… Bueno, pues ya esta- dijo, devolviendo la carta a la cesta-. Ahora, toca encontrar a mi padre.

-¿Volverás a Noxus?

-No lo sé. Por un lado, mi madre creyó que era peligroso para mí que me quedara allí. Por otro lado, ella podría seguir allí, en peligro, o podría estar muerta, o… ¡No los sé!- Jet sintió un agobio en su pecho, incapaz de poner en orden sus alocados pensamientos, mientras intentaba calmarse para no salir corriendo a Noxus en aquel preciso instante. Frustrado, agarró el borde de la mesa y la volcó con un gruñido de rabia, desparramando su contenido por la alfombra. Miriana le agarró por el hombro, antes de que pudiera seguir desatando su furia, una furia que ni el mismo sabia de donde había venido. Miriana no dijo nada. Simplemente, se limitó a agarrar a Jet, haciéndole saber sin palabras que estaba allí, que no estaba solo, y poco a poco este consiguió calmarse.

-…gracias.

-No hay de qué.

-Siento lo de las gemas. Te daré otra bolsa.

-No…no. Quédatelas, úsalas para ayudar a tus chavales.

-Miriana, no puedo…

-Jet, en serio,… No pasa nada- Jet se volvió hacia Miriana. Durante unos instantes, no dijeron nada, incapaces de mirarse a los ojos. Aquella noche se habían despertado extraños sentimientos en ambos, y ninguno de los dos sabia como reaccionar a ellos. Sus esquivas miradas se cruzaron, y en ese instante sintieron como sus corazones temblaban y latían con fuerza. Algo extraño surgía de su interior, sus latidos tan sonoros que creían que podían oír los del otro, sus respiraciones agitadas y sus manos temblorosas. Sus encendidos rostros, incapaces de apartarse de él del otro, parecían atraerse como por arte de magia. El tiempo pareció ralentizarse,…

Las puertas del despacho se abrieron de golpe, sobresaltando a la pareja, que se juntaron como por acto reflejo. En la puerta, Hazel observaba atónita a la sorprendida pareja sartén en mano, mientras detrás de ella numerosos niños observaban boquiabiertos la escena ante ellos. Jet y Miriana sintieron como si alguien les hubiera tirado un cubo de agua fría en la cabeza, despejando lo que fuera que hubieran estado sintiendo momentos antes, y dejándoles la mente en blanco. El silencio colectivo quedó roto cuando uno de los chicos comentó socarronamente:

-¡Jet ha traído una chica a casa!- Y todos a una el resto de niños y niñas empezaron a exclamar y a reír, sorprendidos y divertidos por haber pillado a su hermano mayor con una chica a solas. Miriana sintió como si recibiera una ventolera en la cara, producida por aquel coro de pequeños cantores que la miraban con ojos muy abiertos. No estaba acostumbrada a estar rodeada de tantos niños, y mucho menos a que dichos niños la miraran expectantes de aquella manera. Centró su atención en la adulta ante ella, y vio que, por alguna razón, estaba mirando con una mezcla de enfado y suspicacia a la pareja (aunque principalmente miraba mal a Jet).

-Llegas a casa a las tantas, sin avisar que estas aquí, y encima te pillo con una chica a solas entre tus brazos…- dijo amenazante Hazel, dando vueltas a su sartén con la mano ¿Entre brazos? Miriana miró a Jet, y este la miró a ella. De repente, fueron conscientes de que ella tenía su espalda apoyada en el pecho de él, y él sus manos en los hombros de ella. Rojos como tomates, se apresuraron a separarse y empezaron a balbucear excusas, lo cual provocó que los niños y niñas se rieran y bromearan con más fuerza. A un gesto de Hazel, decidido y autoritario, los niños y la pareja se callaron-. Sea lo que sea, ahorráoslo. Es la hora de cenar, y los niños tienen hambre- Hazel apuntó con su sartén a Miriana, que tragó saliva. Hazel la miró a los ojos, y Miriana creyó estar viendo los ojos de un halcón-. Tu nombre.

- M-Miriana…- Hazel bajó la sartén, y relajo el rostro, dedicándole una sonrisa cálida a la joven que, aunque la tranquilizó, también aumentó su confusión.

-Bueno, Miriana. Sería un placer que te quedaras a cenar con nosotros. Es tarde, y las calles no son seguras a esta hora. Jet puede acompañarte a tu casa luego si lo deseas, pero insisto en que te quedes aquí esta noche, al menos para cenar. No, no, insisto, será un placer- dijo Hazel, al ver que Miriana trataba de negarse. Antes de que pudiera decir nada más, varios de los niños y niñas se adelantaron y, agarrando a Miriana por las manos, tiraron de ella hacia fuera del despacho. Hazel, por su parte, fue al encuentro de Jet, y cuando este intentó explicarle lo que había sucedido en realidad, recibió un sartenazo en la cabeza que hizo que varios chavales huyeran de la escena del crimen. Masajeándose la cabeza, no pudo evitar que Hazel le agarrara por la oreja y se la retorciera. De esta manera, arrastró a Jet detrás de Miriana, cerrando la comitiva que caminaba de regreso al comedor.

….

-¿Más hielo?- dijo Miriana, tendiéndole a Jet una pequeña cubitera con cubitos de hielo. Jet negó con la cabeza, manteniendo en su sitio la bolsa con hielo que se había puesto para rebajar el chichón que Hazel le había hecho.

Se encontraban sentados a la mesa, uno junto al otro, mientras el resto de ocupantes de esta, los niños y niñas del orfanato, les observaban divertidos y charlaban entre ellos. Algunos les miraban y reían por lo bajini, divertidos con la situación. Otros, susurraban entre ellos, tratando de adivinar quién era aquella misteriosa chica, y que relación tenia con su hermano. Hazel, por su parte, se dedicó a repartir la comida, pasando por detrás de cada niño con una olla, y sirviendo una generosa porción con un cazo. Una vez estuvo todo el mundo servido, empezaron a cenar. Miriana se sentía completamente descolocada. Hacía años que no cenaba en compañía, y nunca se hubiera esperado volver a hacerlo rodeada de niños. Tratando de destacar lo menor posible, trató de centrarse en su cena, un delicioso estofado de carne, parando únicamente para mirar mal de reojo a Jet, y a darle pisotones bajo la mesa, a modo de castigo por meterla en esa situación. Jet, por su parte, apuró rápidamente su plato, y se dedicó a ignorar solemnemente a Miriana, devolviéndole los pisotones sin mirarla y bebiendo agua para disimular.

La cena prosiguió con calma, hasta que una de las niñas no se pudo resistir, y dijo:

-Jet, Jet, ¿Qué hacías a solas con una chica?- Y de repente, todos los niños empezaron a preguntar a la vez. ¿Quién era? ¿De dónde venía? ¿Cómo habían entrado? Miriana y Jet trataron de contestar a las preguntas lo mejor que pudieron, algunas un tanto difíciles de responder. Al final, fue necesario que Hazel pusiera orden en la mesa, y todos volvieron a centrarse en sus platos. Aliviados por la ayuda, Miriana volvió a ponerse a comer, y Jet volvió a beber de su vaso.

-¿Os habéis besado ya?- preguntó de repente uno de los niños, el eco de sus palabras aumentado por el silencio de la sala.

La pregunta provocó que Miriana se atragantara con el estofado, y que Jet escupiera el agua de su boca, regando a los niños que tenía enfrente, ambos rojos como tomates. Hazel sonrió para sus adentros.

Menuda situación…


Hasta aquí, el episodio. Hacía mucho que no escribía, entre la universidad, los temas pendientes con los que me tengo que poner al día, y demás, me ha costado poder centrarme en el capitulo en cuestión. Tratare de pillar la rutina de nuevo, y actualizar más a menudo. A parte, quisiera que me comentarais que os parece, hasta ahora, el tema de JetXMiriana. Lo digo porque, novato como soy tanto en el tema de escribir fanfics como en temas del corazón (sob, sob), no sé si está quedando bien, o si estoy forzando mucho las cosas, o si estoy yendo muy rápido. Agradecería los comentarios y consejos para futuras ocasiones.