Capitulo 9
Jet abrió los ojos de golpe, cogiendo aire profundamente por la boca. El golpe…recordaba el golpe… Huesos rotos, cráneo aplastado, sangre por todas partes… Su vida escapando de su cuerpo destrozado… Incorporándose algo agitado, se llevó ambas manos a la cara, tratando de notar si alguna parte de su cabeza seguía estando abollada, pero no notó ningún dolor. Al contrario, se encontraba bastante bien. Tras examinarse la cabeza, dirigió su atención al resto de su cuerpo, solo para encontrar que todos sus cortes y heridas se habían curado sin dejar rastro. Únicamente los jirones de su ropa revelaban lo que había sucedido en la Grieta. Algo mas aliviado, se dispuso a examinar sus alrededores, ya que nuevamente se encontraba en un lugar que no reconocía.
Jet se encontraba en esos momentos sentado en una mullida cama, situada al fondo de una habitación que no le sonaba de haber visto antes. Las oscuras paredes de piedra, y el brillo de una lámpara hecha con cristales azules en el techo le indicaba que, seguramente, se encontraba de nuevo en los terrenos del Instituto de la Guerra. El mobiliario era sencillo, pero elegante. A un lado se encontraba un gran armario de madera, una estantería vacía, y una mesa cuadrada con cuatro pequeñas sillas situadas bajo ella. Al otro lado de la estancia, se podía ver una puerta entre abierta que daba paso a un brillante lavabo hecho de piedra blanca. Una gran alfombra roja cubría la casi totalidad del suelo de la estancia, a excepción de una pequeña zona junto a la puerta de salida. Sus botas se encontraban convenientemente situadas a los pies de su cama, mientras que su fiel chaqueta, la cual era la única prenda de ropa que no había sufrido daños, descansaba colgada del pomo de la puerta.
Decidido a descubrir que había pasado, Jet salió de la cama, solo para dar un breve traspié. En cuanto había puesto un pie en el suelo, sus rodillas habían cedido, viéndose obligado a poner una mano en la pared para no caerse. Se sentía hecho polvo, como si…bueno, se hubiera pasado horas peleando. Le habían curado las heridas, pero su cansancio seguía todavía presente. Poco a poco, consiguió alcanzar sus botas, aprovechando el rato que tardó en ponérselas para tratar de recomponerse un poco. Cuando estuvo listo, volvió a intentar ponerse de pie, y esta vez consiguió sostenerse correctamente sobre sus dos pies. Con paso inseguro, pero firme, Jet consiguió atravesar la sala en dirección a la puerta. Al llegar junto a la mesa, vio que alguien le había dejado dos cosas encima de ella: lo que parecía ser una galleta, y una pequeña tarjeta. Cogiendo la galleta, que tenía una curiosa forma en espiral, Jet le dio un pequeño mordisco para probarla, e inmediatamente sintió que recuperaba un poco las fuerzas. Animado, apuró rápidamente el resto de la galleta, antes de coger la tarjeta y leer su contenido.
Señor Jet:
Le expresamos nuestra más sincera enhorabuena por haber conseguido convertirse en Campeón de la Liga de Leyendas. Por favor, en cuanto le sea posible, pase al comedor principal para recibir más información.
Tragando los restos de la galleta, Jet se guardó la tarjeta en el bolsillo, y fue hacia la puerta. Tras descolgar su chaqueta del pomo, se la puso rápidamente, y abrió la puerta, emocionado y algo nervioso por lo que podría encontrar.
La puerta daba a un largo pasillo, bastante amplio e iluminado a intervalos regulares por unos cristales dorados incrustados elegantemente en la pared. El suelo estaba cubierto con una larga moqueta roja, que amortiguaba los pasos de Jet cuando este caminaba por encima. Jet dirigió su atención a ambos lados del pasillo, y notó que, a pesar de sus grandes dimensiones, apenas había un puñado de puertas a ambos lados del pasillo. Contando la suya, debían de haber unas 6 puertas en total. Dado que hacia el lado derecho del pasillo solo se llegaba a un callejón sin salida, Jet se dirigió al lado izquierdo, procurando no perder detalle de nada de lo que veía, atento a cualquier sonido que pudiera sorprenderle. Mientras pasaba junto a las otras puertas, no pudo evitar notar que las puertas estaban numeradas con números aparentemente aleatorios: 17, 32, 67,… No tenía sentido.
Cuando llegó al final del pasillo, Jet observó que este terminaba en una amplia sala circular. Otros cuatro pasillos desembocaban en aquella sala, iluminada con unos cristales azulados que chocaban un poco con la dorada iluminación de los pasillos, situados en intervalos regulares en forma de estrella. En el centro de aquella estancia, se encontraba un enorme agujero, del cual salía un tubo de cristal opaco de grandes dimensiones que atravesaba la sala desde el suelo hasta el techo. Asomándose, Jet vio que el tubo seguía hacia arriba, perdiéndose en la oscuridad, y hacia abajo, donde se podían ver otros tantos pisos similares al suyo. Entre los pasillos, se podían ver dos zonas con escaleras, las cuales ascendían y descendían formando espirales que comunicaban lo que Jet dedujo que debían ser los diferentes pisos de una torre bastante alta.
Sin saber bien hacia dónde tirar, Jet estuvo tentado de bajar por las escaleras, cuando de pronto el tubo de cristal empezó a emitir una luz blanquecina. Sorprendido, Jet dio un paso hacia atrás, preparado para lo que fuera que pudiera suceder. Una silueta ascendió desde el piso de abajo, dentro del tubo de cristal, situándose a la altura de Jet. Una sección del tubo se abrió, revelando que la silueta correspondía a Ezreal, el Explorador Pródigo, quien se encontraba situado de pie en una plataforma circular de hierro. Dando un paso hacia adelante, Ezreal salió del tubo. Vestía su habitual conjunto de piel y cuero, con sus remendados pantalones de cuero, sus múltiples cintas y cinturones, y una chaqueta de piel que Jet no pudo evitar de darle su visto bueno. Una bufanda blanca le rodeaba el cuello, mientras que unas gruesas gafas de explorador descansaban encima de sus dorados cabellos. En su mano izquierda, como siempre, se encontraba su fiel guantelete, de unas dimensiones algo grandes para el joven piltoviano.
-Ey, veo que ya te has despertado- comentó Ezreal al percatarse de la presencia de Jet-…Jet, ¿verdad?- preguntó, acercándose a él. Sonriente, le tendió la mano sin el guantelete-. Ezreal. Un placer.
Jet le estrechó la mano, estudiando de cerca al campeón. De su misma altura, parecía tener aproximadamente su mima edad, aunque tal vez tuviera uno o dos años más. Al igual que él, tenía esa clase de mirada jovial y bromista que le catalogaba como un chico problemático, y que en más de un lio le había metido de pequeño. Jet le devolvió la sonrisa.
-Un placer- dijo él-. ¿Sabes? Algo me dice que tú y yo nos vamos a llevar muy bien.- Al oír aquello, Ezreal se rió un poco.
-Si, yo pensaba más o menos lo mismo. Venga, vamos. Me han pedido que te lleve al comedor, para que así comas algo antes de ir a ver al Alto Invocador Jahán- dijo Ezreal, indicándole por señas que le acompañara al interior del tubo de cristal.
Una vez estuvieron los dos metidos dentro, la sección que se había vuelto volvió a cerrarse, sellando nuevamente el tubo. Ezreal se dirigió a una sección del mismo que contenía varios botones brillantes de color azul, y apretó decidido el de más abajo. En seguida, el tubo volvió a brillar un poco con luz blanca, y la plataforma donde se encontraban ambos jóvenes empezó a bajar. Jet lo observó todo con ojo crítico.
-Mola el ascensor- comentó casualmente.
-Mejor que patearse todas las escaleras arriba y abajo seguro- respondió Ezreal.
-A todo esto… ¿Dónde estamos?
-Ah, sí. Esta es la torre de las dependencias de los Campeones de Piltover. Para evitar posibles conflictos, se decidió que cada ciudad estado y demás tuviera sus propias habitaciones separadas del resto, de manera que los Campeones estamos agrupados por torres- explicó Ezreal-. El edificio está dividido en dos partes: la parte inferior, que es la Zona Común, y las torres superiores, que son las habitaciones de los Campeones. Ahora mismo, vamos a la Zona Común, donde se encuentra entre otras cosas el comedor.
-Hmmm… ¿Y todos los Campeones viven aquí?
-No todos, solo algunos. Otros viven fuera del Instituto, y de vez en cuando usan las habitaciones de aquí cuando se tienen que quedar por la razón que sea. Si quieres, tanto puedes vivir aquí, como vivir donde sea que hayas estado viviendo hasta ahora. También viven aquí algunos invocadores, aunque esos suelen estar en los pisos de más arriba.
Finalmente, la plataforma se detuvo, y la sección de antes del tubo volvió a abrirse, permitiendo a los dos jóvenes salir al exterior. Jet creía que ya nada le podía sorprender en aquel lugar. Pero lo que vio en aquella sala consiguió dejarle sin habla.
La estancia en la que se encontraban era descomunal, tan grande como la cueva en la que se encontraba el Instituto. Como algo tan grande podía estar dentro de algo, a su vez, tan grande y no destacar, eso Jet no lo entendía. "Otra vez, magia…", pensó resignado para sí mismo. Las "paredes" de la estancia estaban hechas de piedra verde, que brillaban con un tono que lo coloreaba todo con un aura verdosa bastante peculiar. Alrededor de la pared, numerosas bocas y caras de monstruos abocaban litros y litros de agua, similares a enormes cataratas, a un enorme lago que ocupaba la totalidad de la parte inferior de la sala. Por encima de aquella masa de agua, se encontraba una enorme isla flotante, con numerosas construcciones encima que parecían ser unas ruinas antiguas, con algunos edificios modernos en el centro, todo eso rodeado de un frondoso bosque y algún que otro prado. Justo encima de la isla, se encontraba el cristal mas descomunal que Jet hubiera visto jamás, un hexágono perfecto de cristal flotante, el cual iluminaba toda la isla con su luz blanquecina, y rechazando el brillo verdoso de las paredes de la sala. El tubo les había dejado a los pies de una amplia plataforma de piedra, la cual crecía desde el agua hasta alcanzar una gran altura como si de un gigantesco pilar se tratara, anclado en el lago, permitiéndoles contemplar toda la sala desde arriba. Otros tantos pilares se encontraban dispuestos a lo largo de la estancia, con sus correspondientes tubos de cristal llegando hasta el techo. Varias escaleras de piedra descendían desde cada plataforma, hasta llegar a una especie de círculo de piedra que rodeaba la gran isla. Dicho círculo se encontraba repleto de árboles frondosos, una espesa jungla que no permitía ver casi el interior. Forzando la vista, Jet alcanzó a ver que unos pequeños puentes comunicaban la gran isla principal con el circulo de arboles.
Jet tuvo que obligarse a cerrar la boca, la cual le había quedado colgando a causa de la impresión.
-…wow…- fue lo único que llegó a decir.
-Si, ¿verdad?- comentó Ezreal, contemplando divertido la reacción de Jet. Este, algo avergonzado, se apresuró a cruzarse de brazos, fingiendo indiferencia-. Todos dicen lo mismo el primer día. Desde aquí no se ve, pero al otro lado de la isla central hay otro puente, mas grande que los otros, que alcanza la pared externa, y permite salir del edifico.
-Salir…si…- A Jet le costaba racionalizar todo aquello. Aquel sitio…estaba dentro de un edificio… Fuera era todavía más grande… Se sentía un poco mareado, la verdad.
-Vamos. Aun nos queda un trecho- dijo Ezreal, dirigiéndose hacia las escaleras. Antes de que llegara a bajar algún escalón, Jet le puso una mano en el hombro, sonriente, mientras un solitario relámpago le brotaba del cuerpo y crepitaba en el aire.
-O tal vez no…- dijo Jet, antes de agarrar con fuerza a Ezreal, y echar a correr a toda velocidad hacia la isla flotante. La pareja bajó los escalones en cuestión de segundos, y atravesaron con gran rapidez la frondosa jungla, zigzagueando por entre los árboles y sorprendiendo a los diferentes animales que lo poblaban. Al llegar al puente, Jet se detuvo, permitiendo que Ezreal se desplomara de rodillas en el suelo, boqueando.
-Eso…eso…ha sido…- trató de decir Ezreal, mientras intentaba reponerse de la experiencia. Jet, sonriendo, le dio una palmadita en el hombro.
-Si, ¿verdad?- comentó Jet, bromeando-. Todos dicen lo mismo la primera vez.- Ezreal miró a Jet ligeramente molesto, mientras este se limitaba a sonreír, ofreciéndole una mano para ayudarle a ponerse de pie. Al final, Ezreal sonrió el también, y aceptó la ayuda de Jet.
-Me la has devuelto, ¿eh?- dijo Ezreal, encarnando una ceja.
-No sé de qué me hablas- comentó Jet, fingiendo ignorancia. Con las manos en la espalda, empezó a atravesar con aire inocente el puente que daba paso a la pequeña ciudad de la isla-. Venga vamos. Por suerte, ya no queda tanto trecho.- Sacudiendo la cabeza, divertido, Ezreal fue detrás de Jet. "Si, verdaderamente nos vamos a llevar muy bien", pensaron Ezreal y Jet, sin saberlo, casi a la vez.
...
-Bienvenido a la Zona Común, o como la llama todo el mundo, la Ciudad de los Campeones- proclamó Ezreal, abriendo los brazos, mientras Jet contemplaba todo aquel lugar. Era impresionante, si, pero de ahí a llamarlo "ciudad"…
Tras atravesar un pequeño bosque y un prado, Ezreal y él habían entrado en unas antiguas ruinas que, y de eso Jet estaba seguro, Ezreal debía de haber recorrido ya de cabo a rabo. Las ruinas pertenecían a una antigua ciudad, olvidada hacia ya mucho tiempo. Las casas estaban vacías y cubiertas de polvo, con sus paredes resquebrajadas y derruidas en muchos puntos. Seguramente Ezreal podía decirle lo que fuera de aquel sitio: como se llamaba, quien lo había construido, a que imperio había pertenecido,… Pero realmente no le interesaba. Jet no preguntó, y Ezreal no intentó decirle nada. Así pues, ambos jóvenes caminaron en silencio por las calladas calles de la antigua ciudad. Finalmente, la pareja de Campeones había dejado atrás los antiguos caminos de piedra de la ciudad, y habían llegado a la zona habitada de la isla, donde las calles presentaban un aspecto más nuevo, con farolas situadas a intervalos regulares, y con sus edificios en buen estado. La Zona Común ocupaba el centro exacto de las ruinas. Con aproximadamente un kilometro de radio, la Zona Común destacaba brillante y repleta de vida, en contraposición a la paralizada ruina que la rodeaba. Por las calles se podía ver una mezcla arquitectónica de todas las ciudades estado de Valoran. Jet reconoció las elegantes estructuras de Demacia, los intimidantes estandartes de Noxia, la refinada harmonía de Jonia,… Todo eso y más, unido y mezclado para dar como resultado aquella pequeña urbe. Por las calles paseaban numerosos invocadores, con algún que otro Campeón suelto. Jet reconoció el semblante de Quinn, las Alas de Demacia, sentada tranquilamente en una terraza, con Valor, su halcón, dormitando en sus hombros. Por los cielos pasó volando Anivia, la Criofénix, perdiéndose rápidamente por entre los altos edificios. El bullicio que reinaba en aquel lugar era el mismo que se podría haber oído en cualquier ciudad del exterior, mientras algunos vendedores intentaban reclamar la atención de los transeúntes, exponiendo sus productos para que todo el mundo los viera.
-"Ciudad de Campeones", ¿eh?- comentó Jet, observándolo todo mientras trataba de no mostrar lo alucinado que estaba-. ¿No es un poco…excesivo?
-Si, muchos piensan lo mismo- dijo Ezreal, haciéndole un gesto para que le siguiera. Mientras caminaban por la calle, Jet fue consciente de que allá donde iban, los invocadores y los numerosos vendedores les seguían con la mirada-. A decir verdad, esto antes no era tan grande. La cosa empezó con que muchos Campeones tenían…digamos…"necesidades especiales", ya fuera de equipo, o cosas más personales. Como muchos no podían salir al exterior por…cuestiones personales…, los Altos Invocadores decidieron traer aquí todo cuanto ellos pudieran necesitar. Los invocadores decidieron aprovecharlo también, una cosa llevó a la otra, y… este es el resultado- explicó Ezreal, levantando las manos para abarcar todo lo que les rodeaba. A medida que avanzaban, Jet pudo notar que había una gran variedad de establecimientos por todas partes, desde tiendas de comestibles, pasando por restaurantes, hasta llegar a tiendas de ropa, herrerías, almacenes, y semejantes. Era, realmente, una ciudad en toda regla.
-Así que…una ciudad al lado del Instituto…
-Sí. Una ciudad para Campeones e invocadores. Como podrás ver, cuando la gente dice que los invocadores son un grupo hermético, realmente no están exagerando, ¿verdad?- Jet no tuvo más remedio que asentir a eso. Con tal de no salir a fuera, se habían montado una ciudad propia, dentro de sus fronteras. Que tíos…
-En fin, he aquí un breve resumen de la distribución de la ciudad: los edificios altos del centro son donde solemos estar. Esta el comedor (con bar incluido), están los baños (que te recomiendo que visites porque son increíbles), la arena de entrenamiento, el estadio y una biblioteca. Alrededor de estos, está el resto de la ciudad: los diferentes establecimientos para Campeones e invocadores, con algunas viviendas donde viven algunos invocadores y trabajadores del Instituto. También hay sitios que ofrecen otros servicios, de manera que cuando puedas deberías darte una vuelta por ahí, a ver qué encuentras.
Tras observarlo detenidamente, la distribución de la ciudad era bastante fácil. Era como si todas las calles condujeran, casi inconscientemente, al centro de la ciudad, donde se encontraban los edificios indicados por Ezreal, más altos que el resto. La zona para Campeones se encontraba en el centro de una gran plaza, que envolvía los altos edificios en un círculo de baldosas blancas donde descansaban o charlaban en grupos diferentes invocadores o personal uniformado. Los altos edificios se encontraban rodeando el edificio más alto de todos, "brotando" a su alrededor como las ramas de un árbol. El edificio principal, que parecía una amplia torre, llamó rápidamente la atención de Jet.
-¿Y eso de ahí que es? ¿Es el comedor?- preguntó a Ezreal, señalándolo.
-No, esa es la Estación. Es donde se organizan los enfrentamientos entre Campeones y donde estos se preparan para ser teletransportados a los diferentes Campos de la Justicia- explicó Ezreal-. Seguramente te llamen allí en uno o dos días. También es donde se suele organizar todo lo relacionado con los combates de la Liga.
-¿No lo hacen en el Instituto?
-No. Ahí principalmente velan porque nadie le declare la guerra a nadie, y controlan un poco lo que se hace aquí. También es donde van los invocadores y los magos a aprender las artes arcanas. Un consejo: si puedes evitarlo, no vayas al Instituto. Ese sitio pone los pelos de punta.
-No hace falta que lo jures…- Jet recordaba demasiado bien su experiencia en aquel lugar. No tenía prisa por volver.
-Bueno, pues a grandes rasgos, eso es todo. ¿Alguna pregunta?- preguntó Ezreal, mientras atravesaban la plaza.
-Nah, estoy bien. Solo señálame que es cada edificio y creo que me las apañaré.
Mientras Ezreal se dedicaba a señalar cada edificio e indicarle de que se trataba, los dos jóvenes prosiguieron su camino en dirección a uno de los edificios que rodeaban la alta torre de la Estación. Se trataba de un edificio que, si bien era grande en comparación con los otros edificios de la ciudad, apenas seria la mitad de grande que la Estación. De forma rectangular, se trataba de un edificio dividido en dos mitades. La mitad inferior era de ladrillo, con varias ventanales de gran tamaño repartidos por la mitad más alejada de la puerta. La mitad superior y el techo, en cambio, estaban hechos completamente con amplios cristales transparentes que permitían ver todo lo que sucedía en el interior. Desde donde estaban, Jet pudo entrever diversas mesas alargadas, y otras tantas más pequeñas, repartidas por todo el piso como si de una cafetería se tratara. Con paso decidido, ambos jóvenes se adentraron en el edificio.
El interior del edificio era cálido. No es que fuera hiciera frio, pero esa era la sensación que transmitía el lugar. A primera vista, parecía que se tratara de la típica taberna que uno podría encontrar en Freljord, con su suelo de madera, sus cabezas de animales disecadas decorando las paredes y las suntuosas pieles que cubrían cualquier otra superficie. Las mesas eran largas, acompañadas de igualmente largas fileras de bancos, que en aquellos momentos descansaban sobre las mesas. Al fondo se encontraba un gran hogar de piedra, con su fuego ardiendo con fuerza a pesar de no haber nadie vigilándolo. A un lado, ocupando la mitad de una de las paredes más largas, se encontraba un largo mostrador de madera con la superficie de piedra, junto con largas estanterías empotradas repletas de todo tipo de botellas y barriles con todas las formas y colores posibles. A medida que la pareja fue entrando, Jet pudo ver que por las paredes, a parte de los trofeos de caza y otros objetos tan singulares como armas y pinturas antiguas, grandes cuernos decorados y algún que otro miembro cercenado, habían numerosas fotos e imágenes de todos los tamaños y tipos posibles. En la mayoría de ellas, o más bien en casi todas, se podía ver a uno o dos Campeones posando o con algún paisaje de fondo, ya fuera un bosque, una montaña, o lo que parecía ser el interior del comedor repleto de gente que festejaba.
Antes de que Jet pudiera centrar su atención en ninguna de ellas, Ezreal prosiguió su camino, haciéndole un gesto para que continuaran. Decidido a examinar con más atención esas imágenes en otro momento, Jet le siguió.
Dejando atrás las largas mesas, Ezreal y Jet pasaron a la otra sección del edificio. A diferencia de la zona que habían dejado, su aspecto era más sencillo. Si bien las mesas y los bancos eran idénticos, las paredes estaban desprovistas de ningún tipo de decoración, a excepción de los largos ventanales que Jet había visto antes de entrar. Varios estandartes y colofones colgaban del techo, mostrando orgullosos los colores y escudos de armas de las diferentes ciudades estado de Valoran. Al fondo de todo, se encontraba otro mostrador de madera y piedra, algo más pequeño, y sin botellas detrás de él. En cambio, en la pared se encontraban varias puertas y agujeros a través de los cuales Jet pudo distinguir las formas algo vagas de una cocina de grandes dimensiones. En esos momentos, varios Campeones se encontraban allí, cada uno sentado frente a su propio plato, comiendo solos o por parejas. Jet no pudo evitar notar que, como norma general, los Campeones parecía que solo se reunían con sus compañeros de las diferentes ciudad: Garen charlaba animosamente con Lux, Kennen y Akali, el Corazón de la Tempestad y el Puño de las Sombras, comentaban algo en otra mesa, mientras Shen, el Ojo del Crepúsculo, daba pequeños sorbos de su té, Yorick, el Sepulturero, le daba grandes mordiscos a lo que parecía ser un sándwich de grandes dimensiones sentado en una esquina, mientras varios de sus espectros se dedicaban a revolotear por encima de su cabeza…
-No parecen muy amigables- comentó Jet. Ezreal, que debió de entender a que se refería su compañero, prosiguió su camino hacia la cocina.
-Bah, tú no te preocupes. Nos gusta reunirnos por ciudades, si, pero tampoco es como si hubieran malos rollos entre nosotros. Si, tenemos nuestros encontronazos, y nuestras rivalidades, pero en general hay un buen…- Uno de los ventanales estalló cuando el cuerpo de Ashe lo atravesó de espaldas, cayendo sobre una de las mesas y poniéndose rápidamente de pie con una voltereta hacia atrás. Justo cuando cargaba una flecha, Sejuani, la Cólera del Invierno, hizo acto de presencia, atravesando la pared sin mucho esfuerzo montada a lomos de Bristle, su descomunal montura. Enarbolando su maza encadenada, cargó contra Ashe, llevándose por delante cuantas mesas se pusieron en su camino. Ashe, por su parte, se dedicó a esquivar los ataques de la Campeona saltando hacia atrás y disparando múltiples flechas en rápida sucesión. Lejos de alarmarse por aquel repentino alboroto, cada Campeón reaccionó con relativa calma, ya fuera increpando ligeramente a la pareja de Campeonas por montar aquel jaleo en el comedor, o directamente ignorándolas, limitándose a sujetar bien sus platos o apartándolos antes de que la mesa pudiera salir volando por los aires. Finalmente, Ashe atravesó el ventanal del lado opuesto del comedor, y Sejuani la siguió, arremetiendo contra la pared y tirándola abajo. El estruendo del combate se fue haciendo cada vez menor, a medida que las dos Campeonas se iban alejando. Sorprendido por lo ocurrido, Jet miró a Ezreal esperando una explicación, mientras este se limitaba a seguir con los dedos metidos en sus oídos, acción que había realizado tan pronto había empezado el altercado-…ambiente…- terminó de decir Ezreal, intentando sonar convencido.
-No, si ya se nota…- comentó Jet, observando algo impresionado la destrucción parcial del comedor. Mesas aplastadas, paredes derruidas, ventanas rotas… Y a nadie parecía importarle nada de eso. Las conversaciones habían vuelto rápidamente a su cauce normal, aunque algún que otro Campeón o Campeona señalaba el desastre ocurrido y sacudía la cabeza, como si simplemente fuera alguna molestia con la que tuvieran que lidiar.
Ezreal y Jet prosiguieron como si nada hacia la cocina, pasando por encima de la madera aplastada y las flechas de hielo que se habían clavado por doquier.
-¿Y eso…pasa a menudo?- preguntó Jet casualmente.
-Hmmm…más de lo que crees. Por suerte, los invocadores lo tendrán arreglado en un par de horas, como mucho, aunque te aseguro de que no van a estar nada contentos- bromeó Ezreal-. A veces comentan que si nos creemos que son nuestras niñeras, o qué demonios pasa.
Cuando pasaron junto a Garen y Lux, Lux saludó con la mano a Jet, guiñándole un ojo y levantando el pulgar, en señal de reconocimiento. Sonriendo, Jet le devolvió el saludo, dejando a Garen con una expresión perpleja de no entender que estaba pasando. Finalmente, Ezreal y Jet llegaron hasta el mostrador de la cocina.
-¡Buf, menudo paseíto!- comentó Jet, apoyando un codo en la barra-. ¿Y los que se quedan a vivir aquí tienen que caminar todo eso para venir aquí?
-Oh, no es necesario. En el piso de arriba hay una plataforma de teletransportación que te deja a los pies del ascensor, y al pie de las escaleras hay otra que te lleva a la plaza de aquí fuera. A decir verdad, son pocos los que hacen el camino largo. Yo solo he optado por esa ruta porque me habían pedido que te mostrara un poco el lugar.-Un cocinero se asomó por una de las ventanas, y Ezreal le hizo un gesto levantando un dedo. Asintiendo con la cabeza, el cocinero volvió a meterse en la cocina.
-Bueno, por suerte en mi caso no es un problema.- El cocinero, ataviado con el delantal y gorro típico de un cocinero, salió de la cocina con una humeante bandeja llena con un rico y abundante… ¿desayuno?- Oye Ez- preguntó extrañado Jet, recogiendo su bandeja-,… ¿tú sabes cuánto rato he estado KO?
-Por lo que se, todo el día de ayer- comentó Ezreal, llevando a Jet hasta una mesa libre que no hubiera acabado aplastada-. Te llevaron a tu habitación tras resucitar en la base, y allí te dejaron hasta que te despertaste.- Al ver la cara de preocupación de Jet, Ezreal levantó una mano, con gesto conciliador-. Tranquilo. Se envió un mensaje a Piltover para informar a los tuyos de lo sucedido. Saben que estas bien, y que te has convertido en Campeón.- Jet soltó un suspiro de alivio. Bien… Al menos no tenía que preocuparse por ello de momento. Ahora que Hazel y los niños estaban sobre aviso, podía estar más tranquilo que antes.
-Entonces, cuando acabe aquí, ¿A dónde tengo que ir?- preguntó Jet, dándole un mordisco a una de las tostadas con mermelada de su bandeja. Al hincarle el diente, fue consciente de lo hambriento que estaba en realidad. Rápidamente apuro el resto de la tostada, y empezó con la siguiente.
-Cuando acabes, tienes que ir a la Estación, y preguntar por el Gran Maestro Jahán- explicó Ezreal-. Seguramente te digan que has de ir a cierta plataforma de invocación, y esta te llevara a su despacho. Después…- Ezreal se encogió de hombros-… ¿quién sabe? Seguramente te den la típica charla introductoria, que si ser Campeón es muy importante, bla, bla, bla… Luego, serás libre de irte.
-Entiendo.- Jet cogió su vaso, lleno de leche, y lo apuró en un par de tragos. Parecía poca cosa, pero con el hambre que tenía ese desayuno sabía a gloria.
-Bueno, pues aquí nos despedimos- dijo Ezreal, poniéndose en pie-. Tengo un par de cosas que hacer, y luego me van a invocar para un combate, de manera que mejor me voy yendo ya.- Él y Jet se dieron un fuerte apretón de manos-. Mucha suerte, y ya nos veremos por ahí.
-Claro. Hasta la próxima.- Tostada en mano, Jet vio alejarse a Ezreal, hasta que este se giró de pronto.
-Por cierto, que casi se me olvida…Bienvenido a la Liga- dijo Ezreal, sonriendo. Jet le agradeció el saludo levantando el pulgar, y Ezreal se dio la vuelta y se fue.
"Día uno", pensó Jet, haciéndose crujir el cuello mientras se apresuraba a dar cuenta de su desayuno. Tenía pinta de que iba a ser un día laaaargo, e iba a necesitar su energía para hacerle frente.
Mientras tanto, en Piltover:
Mientras que en la mayor parte de la ciudad la vida proseguía como de costumbre, en Bajo Piltover estaban de celebración. Por fin, después de tanto tiempo, por fin tenían un Campeón que les representara. Los que conocían a Jet de antes se alegraron mucho por él, bebiendo y festejando en su honor, mientras que los que no le conocían pronto se aprendieron su nombre. Por las calles no se hablaba de otra cosa que del joven piltoviano que se había presentado el día antes en la Liga, y había reclamado convertirse en el Campeón de Bajo Piltover. Había dado de lado la oportunidad de convertirse en un Campeón más de Piltover, solo para poder representar a aquellos quienes no tenían a nadie que lo hiciera. Aunque la noticia aun no se hubiera hecho oficial, el tema ya estaba en boca de todos.
Muchas personas fueron al orfanato de Hazel, con la esperanza de conocer a la nueva estrella, pero sin excepción se tuvieron que marchar, resignados, cuando descubrieron que no se encontraba en casa. Mientras tanto, en el orfanato el ambiente estaba por las nubes. Los niños y las niñas corrían como locos por el patio, sin acabar de creerse que lo que estaba sucediendo fuera real. Su hermano…Campeón… Era tan increíble como si les hubieran dicho que su hermano se acababa de convertir en…rey, o algo así. Sonaba de locos, y sin embargo había pasado de verdad.
Hazel se había pasado todo el día de ayer, cuando le informaron de la noticia, y gran parte de ese mismo día decorando el orfanato con la ayuda de los pequeños, que habían contribuido recogiendo y preparando las decoraciones para la fiesta de celebración. Después, Hazel había ido al mercado con algunos de los niños más mayores, y había comprado suficiente comida para el pequeño banquete que tenía pensado realizar. Después de todo, una ocasión como aquella bien había que celebrarla por todo lo alto. Daren y uno o dos de los antiguos compañeros de Jet que todavía seguían en contacto ya habían informado de su asistencia, e incluso había tenido que rechazar varias peticiones de asistencia de comerciantes y gente de la zona que querían ver al nuevo Campeón. "Lo siento, esta noche solo se acepta a la familia", había dicho Hazel en todos los casos. No iba a permitir que una pandilla de desconocidos acaparara a Jet, y lo apartara de su familia. Si ella decía que lo iban a celebrar todos juntos por todo lo alto, es que lo iban a hacer y punto.
Cargados hasta arriba, Hazel y los chicos llegaron hasta el orfanato, donde descubrieron que alguien les estaba esperando en la puerta. Tras reconocer de quien se trataba, Hazel sonrió, e hizo pasar a los niños al interior, pidiéndoles que dejaran las bolsas ordenadamente en la cocina. Una vez se hubieron marchado, Hazel se acercó a aquella persona.
-Hola, buenos días. Ha pasado algún tiempo desde que nos vimos por última vez, ¿verdad?
-Si, es cierto- coincidió aquella persona. Carraspeando, cambió de tema-…bueno, da la casualidad de que…bueno,…m-me…me preguntaba si…
Hazel levantó una mano, interrumpiéndola:- No hace falta que digas nada. Ven, pasemos a dentro- dijo Jet, haciéndola pasar-. Te preparare un té mientras hablamos.
Instituto de la Guerra:
-Mis disculpas por traerte aquí tan de repente- se excusó el Gran Maestro Alto Invocador Jahán, sentado tras la mesa de su despacho. Justo cuando Jet había acabado su desayuno, una luz brillante había envuelto su cuerpo, y se había visto transportado en presencia del Alto Invocador, pillándole completamente por sorpresa-. Me ha surgido cierto imprevisto, y me he visto obligado a hacerte llamar un poco de urgencia. Espero que sepas perdonarme.
-Tranquilo, no hay problema- comentó Jet, observando con curiosidad el despacho. A pesar del alto rango del invocador, la estancia era relativamente pequeña. Compuesta principalmente por un gran escritorio situado en el centro, una amplia alfombra con el paisaje de Shurima grabado en él, y múltiples estanterías llenas de libros, objetos con formas y colores singulares y paquetes de folios, no parecía el despacho del Gran Maestro del Instituto de la Guerra. Impresionante, pero algo simple.
-¿Puedo, al menos, ofrecerte un té, o algo para beber?-ofreció Jahán, sentado en su gran butaca purpura y roja.
-Si, un té estaría bien.-Para sorpresa de Jet, en vez de levantarse, pareció que Jahán se…encogió. Su cabeza se enterró en las profundidades de su túnica, mientras su barba le seguía como la punta de una larga pitón blanca. El cuerpo del Alto Invocador se desinfló ligeramente, pero la túnica permaneció en la misma postura que antes, como si la hubieran almidonado y ya no pudiera doblarse. Justo cuando se preguntaba que acababa de pasar, y como podía un anciano tan grande esconderse dentro de la túnica sin llamar la atención, algo salió de debajo de la mesa. Jet no pudo sino contemplar aquello con grandes ojos de sorpresa.
El Alto Invocador Jahán…era un yordle. Concretamente, un yordle muy bajito, incluso para lo normal en un yordle. Su larga barba, casi tres veces más larga que su cuerpo, le seguía el paso por el suelo, bifurcada en dos para que no se la pisara con las botas. A parte de su diminuto cuerpo, vestido con unos pantalones purpuras y una camisa negra, la cabeza de Jahán era ligeramente más grande que su cuerpo, y con un semblante serio y regio que no pegaba para nada con sus diminutas dimensiones. Sin su capa para taparle, Jet vio que tenía una fina capa de pelo azul casi grisáceo que le cubría todo el cuerpo, siendo más espeso en sus brazos y manos, con dos orejas puntiagudas que sobresalían de ambos lados de su cabeza. Bajo la mirada sorprendida de Jet, Jahán avanzó a paso decidido hasta una puerta lateral, y la abrió con un gesto de su mano, lanzando un par de chispas al aire. Cruzando al otro lado, donde se encontraba una elegante cocina de dimensiones medias (aunque si Jet hubiera querido entrar en ella, habría tenido que hacerlo medio agachado). Mientras el Alto Invocador Jahán ponía a hervir algo de agua, se fijo en la cara de sorpresa de Jet. Lejos de molestarse, se limitó a sonreír divertido.
-Si, imagino que te sorprenderá ver que, en realidad, no soy tan alto como aparento- comentó con su voz, muy grave y decididamente muy poco yordle. Jet asintió, todavía sin palabras-. Verás, no ha habido muchos yordle que hayan llegado a Alto Invocador, y mucho menos a Gran Maestro. Yo, que se sepa, soy el primero en conseguirlo. Mi túnica es una reliquia que se ha ido pasando de Gran Maestro en Gran Maestro desde los inicios de esta institución, y no se permite realizar ningún cambio en ella. Como comprenderás, yo quedaría algo ridículo con ella puesta, si la tuviera que llevar arrastrando por todo el camino- explicó el yordle, sacando dos tazas y vertiendo el agua caliente dentro. Tras añadir una bolsita de té en cada uno, Jahán salió de la cocina, con una taza en cada mano-. Así pues, para cubrir un poco las apariencias, suelo levitar con ella puesta, y así de paso parezco más alto.- Como para hacer una demostración, Jahán pronunció una palabra en un extraño lenguaje, y su cuerpo empezó a flotar, llegando hasta la mesa, donde aterrizó suavemente. Jahán le entregó una taza a Jet, y luego le dio un sorbo a la suya, procurando que su larga barba no le entrara en la taza-. Es un poco engañoso, pero así impongo mas, ¿no te parece?- comentó Jahán, sonriendo y levantando su jarra. Chocándola con la suya, Jet se obligó a devolverle la sonrisa.
-Ciertamente, con ella puesta gana mucho- comentó Jet, recordando como el día anterior le habían intimidado su gigantesco aspecto y sus brillantes ojos, a parte de su amenazante voz grave.
-Te agradecería que no lo fueras comentando por ahí. De momento, solo lo saben algunos Campeones, los Altos Invocadores, y pocas personas más. Un secreto compartido demasiadas veces deja de ser secreto, si sabes lo que quiero decir…- Jahán miró a Jet a los ojos. Puede que fuera más pequeño ahora, pero seguía siendo bastante intimidatorio.
-Claro, entendido- se apresuró a decir Jet, dándole un trago a su té. Relajando su mirada, Jahán continuó hablando.
-Bueno, vayamos al grano, porque estoy seguro de que estarás deseoso de poder ir a ocuparte de tus asuntos, ¿cierto?- Jet asintió, tomando asiento a un lado del escritorio. Imitándole, Jahán se sentó en el borde de la mesa, dejando que sus piernas colgaran del vacío.
-Supongo que ahora es cuando me dice que ser Campeón es toda una responsabilidad, que ahora tengo un deber para con el Instituto, etcétera etcétera…- comentó Jet.
-Joven, creo que no acabas de entender la responsabilidad con la que acabas de cargar- dijo Jahán, contemplando pensativo su taza-. ¿Recuerdas lo que te pregunté ayer, mi última pregunta?
-Que…si estaba seguro de lo que hacía, o algo así- Jahán asintió-. ¿Qué tiene que ver eso ahora?
-Mucho más de lo que crees-dijo Jahán, muy serio-. Ahora mismo ya no cargas solo con tu propio destino. Ahora cargas con el destino de mucha más gente.- El yordle miró a Jet, quien se encontró escuchando muy atentamente cada palabra del yordle-. A donde vayas, la gente te seguirá y observará. Los niños crecerán para ser como tú. Las vidas de miles de personas podrían llegar a depender de una acción o decisión tuya. El destino de todo Valoran podría llegar a descansar, y ojala no lleguemos a eso, en tus hombros, podría llegar a depender de un único momento de coraje por tu parte, donde todo se decidiría según lo que hicieras o no hicieras a continuación.- Jahán jugueteo con su taza, con aire algo triste de repente-. Este trabajo…es duro. No solo para los invocadores, y no solo para los Campeones. Nosotros somos algo más que meros guerreros, magos y demás. Somos… escudos, contra las fuerzas oscuras. Somos inspiración, ejemplos a seguir para las generaciones futuras. Somos esperanza, la promesa de un mañana mejor, levantando con nuestro esfuerzo y sacrificio. Jet, quiero que lo pienses muy bien, me mires a los ojos, y me digas que piensas al respecto de lo que te he dicho- comentó Jahán, dejando a un lado su taza-. Si crees que no podrás estar a la altura, si crees que la carga es demasiado para ti…entonces lo entenderé. TODOS, lo entenderemos. Retirarse no sería de cobardes, si no de sabios, ya que el guerrero que elige no luchar la guerra que no puede ganar, vive para luchar otro día.
Jet dejo también su taza, y miró pensativo a sus pies. Lo que decía el yordle tenía sentido. A pesar de todos sus poderes, el no tenía nada mas de especial. No era un guerrero, ni un mago, ni un dios, ni…ni era un espectro, como los de las Islas de la Sombra. Lo que le había llevado allí había sido una serie de acontecimientos que habían comenzado con un accidente. Hasta la fecha, solo se había preocupado por dos cosas: por su familia, y por él mismo. Si seguía adelante, sería el responsable de muchas, muchas más personas. Seria parte de algo mayor que el mismo. Sería un héroe. Era…mucho, casi demasiado… Pero…
-Aun así…- dijo Jet, en voz baja. Decidido, miró a Jahán a la cara, antes de hablar más claro-…aun así, hay veces en que el guerrero debe luchar, aunque no sepa que si puede ganar, y eso es lo que voy a hacer. Porque aunque fuera por casualidad, recibí estos poderes. Aunque no sea nada más que un hombre, tengo a gente que confía en mí. Y porque he sido nombrado Campeón, no pienso retroceder. Seguiré mi camino hasta donde me lleve, pase lo que pase.- Jahán contempló serio a Jet durante unos instantes, y luego sonrió, dándole una palmada cariñosa en la espalda.
-Imaginaba que dirías algo así. Me distes buenas sensaciones en cuanto te vi entrar por la puerta del Instituto. En ese caso…- Jahán saltó al otro lado de la mesa, y volvió a meterse dentro de su túnica, adoptando nuevamente el aspecto de un enorme anciano sentado en su butaca-…, vamos a ponernos manos a la obra.
-¿Qué hacemos primero?- preguntó Jet, sonriendo con confianza.
-Lo primero es lo primero. Ahora que eres un Campeón, necesitas una imagen, y un nuevo Aspecto (N.A: una skin. Lo dejaré en aspecto porque creo que suena mejor). Además, deberás ir al campo de entrenamiento para recibir tu instrucción básica de cómo ser manejado en combate.
-Espera espera espera… ¿Voy a tener un Aspecto?- comentó Jet, encarnando una ceja y sonriendo con emoción. ¡Genial, un Aspecto para el solo!-. Guay…-La sonrisa de Jet no podía ser mas ancha.
-Si, a todos los Campeones les gustan los Aspectos- comentó Jahán, sonriendo a través de la oscuridad de su capucha-. Bueno, a casi todos… En fin, te indicaré donde tienes que ir. Te harán la foto para las P.L.A.S.M.A., y te mostraran el Aspecto que hemos diseñado para ti.
-¡Ah, ¿qué ya está hecho?! ¡Bien, que ganas tengo ya de probármelo!- dijo Jet, caminando por toda la habitación, incapaz de contener la emoción.
-Espero que el buen humor te dure, joven…- comentó Jahán por lo bajini, y de tan emocionado que estaba Jet no llegó a oírle.
-Ah, casi parece de broma…- comentó, sin poder imaginar que Aspecto habían diseñado para él.
...
-¡Esto parece una broma!- comentó molesto Jet. Realmente, jamás se hubiera imaginado el Aspecto que habían diseñado para él.
-No sé porque te quejas tanto. A mí me gusta- comentó divertido Relicar, que había ido a acompañar a Jet mientras se probaba su nuevo Aspecto. Sentado a un lado de la sala, el joven invocador hacia grandes esfuerzos por no reírse de Jet, que en esos momentos contemplaba con una mezcla de ira e incredulidad su nuevo cambio de look en un gran espejo de cuerpo entero, mientras que otro invocador de mayor edad hacia algunos cambios de última hora, ajustándole el traje y cambiando algunos detalles con su magia.
En el espejo, Jet vio una versión…ridiculizada de él mismo. Sus largos vaqueros habían sido cambiados por unos pantalones cortos de color marrón, con grandes bolsillos a los lados. Le habían quitado la chaqueta y la camiseta, cambiándoselas por una camisa azul que llevaba abotonada hasta arriba, con una corbata negra anudada al cuello. Sus mitones habían desaparecido, y se los habían cambiado por unos guantes de tela blancos. Le habían peinado y teñido el pelo, dejándoselo rubio y fijamente sujeto hacia un lado, como un niño pijo de clase alta. Por suerte, la mayor parte de esa vergonzante monstruosidad capilar quedaba cubierta por una gran gorra azul, semejante a una de policía, pero con otro diseño y sin la placa. En su lugar, había una pequeña insignia de un sobre con alas. Atravesado al pecho y colgándole de un lateral, había una gran bolsa de cuero de la cual sobresalían sobres, paquetes y demás papeles. Por último, sus fieles botas de siempre habían sido sustituidas por otras más nuevas, de color negro muy brillantes, como si las hubiera acabado de pulir hacia poco. Estaba… Estaba…
-…ridículo- comentó Jet, que en esos momentos era más bien Cartero Jet. ¿De quién demonios había sido la idea, y a quien tenía que patear por ello?
-No seas así. Yo creo que es…es… PffffJUAAAAJAJAJAJAjajajajaja- exclamó Relicar, que ya no pudo aguantar más. Agarrándose el vientre, se dobló hacia adelante, haciendo serios esfuerzos por no caerse de la silla de tanto reír. Jet le miró de reojo, altamente molesto por la falta de tacto del invocador. Aunque había agradecido su compañía cuando se habían encontrado por casualidad por los pasillos del Instituto, ahora casi hubiera preferido no habérselo encontrado.
-No te preocupes- dijo el otro invocador, ignorando las carcajadas de Relicar-. Esto es solo el primer Aspecto. Con el tiempo, vendrán más y mejores. No eres el primer Campeón a quien le toca un Aspecto algo ridículo. Tú ten paciencia, tranquilo.
-Hmmm… ¿seguro?- comentó Jet, todavía mirando cómo se carcajeaba a gusto Relicar.
-Absolutamente. Bien, ya estás listo. Ahora, la foto…- dijo el invocador, cogiendo la cámara que descansaba a un lado de la mesa. Jet tragó saliva. Aunque antes le habían hecho ya una foto para su Aspecto normal, ahora le preocupaba como se vería con aquel Aspecto tan…tonto. La foto de antes había estado bien: un paisaje montañoso, una estela de humo que rodeaba montañas y senderos, y él en primera fila, con gesto de estar en plena carrera, sonriendo decidido mientras miraba hacia adelante. ¡Esa sí que había sido una foto digna, maldita sea! Pero ahora…
El invocador colocó y recolocó a Jet hasta que estuvo satisfecho. EL fondo esta vez mostraba un vecindario tranquilo, con una larga calle llena de casas con su césped y todo lo demás. El, mirando a la cámara (quien hacía ver como que era quien había abierto la puerta), se encontraba tieso como un soldado, con una carta en una mano, y un gesto de saludo militar en la otra, mientras sonreía con una sonrisa que mostraba todos los dientes a la cámara.
-Mantente ahí…bien…y… ¡Foto!- Hubo un flash, y la cámara grabó la imagen de Jet, quien hacia grandes esfuerzos por mantenerse lo más natural posible en aquella postura. Cuando el invocador le indicó que ya podía moverse, Jet relajó finalmente el cuerpo. Quitándose la gorra, se agitó con una mano hasta que volvió a dejárselo como estaba antes.
-¿Entonces, ya estamos?-preguntó esperanzado Jet.
-Si, ya estamos- respondió el invocador, haciendo unos complicados gestos y devolviéndole a Jet su Aspecto habitual. Suspirando satisfecho, se dirigió hacia Relicar, quien había conseguido ponerse de pie otra vez, a pesar de las risas.
Viendo que de pronto Jet volvía a estar a su lado, crujiéndose los nudillos amenazadoramente, Relicar tragó saliva.
-Esto…je je… ¿no…no estarás enfadado, verdad?-preguntó medio sonriendo Relicar, mientras que Jet puso una amplia sonrisa de psicópata en su rostro.
-Oh, tranquilo, si no estoy enfadado. Mira lo poco enfadado que estoy…- El otro invocador se tapó los ojos, negándose a contemplar tan innecesariamente violenta escena. Algunos de los que pasaron juntos a la sala durante los siguientes minutos pudieron oír el amortiguado sonido de golpes y gritos de dolor y suplica.
...
-Vale…esto ya es más sencillo- comentó Jet, moviéndose aparentemente al azar por la arena de la pista. Tras dejar la sala de fotos, y haber acompañado a Relicar a la enfermería, Jet se había dirigido al campo de entrenamiento, donde una joven invocadora le había informado de que ella sería la encargada de instruirle en el sistema de invocación de Campeones.
Aunque al principio había sido un poco raro el no poder controlar completamente sus acciones, como cuando le hacían moverse de pronto a un lado o a otro, o cuando le hacían reírse, contar chistes o incluso bailar sin que él lo quisiera, al final había acabado acostumbrándose a la sensación. Era un poco…había que mentalizarse para ello. Si veía eso como tener un par de ojos vigilándolo desde arriba, era más sencillo de manejar. El invocador le advertía de la presencia de otros Campeones, y del estado de sus compañeros, y le indicaba a donde deseaba que se moviera, y que hacer. El, que no podía negarse, debía moverse justo como le indicaban, o si no la magia de la invocación movería su cuerpo por él. También podía comunicarse con el invocador, e informarle de ideas y estrategias que pudieran seguir en combate, de manera que más que ser una marioneta del invocador que le manejara, era como trabajar dos con un solo cuerpo.
-Vas muy bien. Ahora, usa tu Derrape- dijo la invocadora en su mente. Tal y como le había dicho, Jet lanzó su Derrape, usando su velocidad para atravesar una línea de arboles que, de otro modo, habrían obstaculizado su paso.
La invocadora le hizo hacer diferentes ejercicios: moverse de una punta a otra, responder verbalmente a órdenes, usar habilidades en ciertas situaciones, recibir diferentes conjuros de apoyo para experimentar como se sentían, tanto los beneficiosos como los dañinos. También tuvo diferentes practicas de combate, en las que se enfrentó a minions, animales y espectros de la jungla (incluso le hicieron intentar cargarse en solitario al dragón, pero no acabó de funcionar), y tirar torres. Jet fue siendo curado sistemáticamente mediante pociones y conjuros, hasta que todo su cuerpo empezó a protestar por aquel maltrato. Llegado cierto punto, un fortuito disparo de una torre derribó a Jet, quien sintió como su vida le abandonaba de nuevo. Esta vez, pero, no se despertó en una cama, sino que en su lugar sintió como iba recuperando gradualmente la conciencia, hasta que llegó un punto en que fue consciente de que se encontraba de pie sobre la plataforma de invocación. Tan pronto recuperó el control de su cuerpo, un rayo de luz azul le devolvió al campo de batalla, totalmente recuperado de la paliza anterior.
-Vaya, eso sí que se útil- comentó Jet, observando aliviado que su cuerpo no presentaba ningún rastro de las heridas recibidas.
-Si, pero será mejor que no te acostumbres. No ganaras muchas partidas si te dejas matar a la primera de cambios.
-Entendido- dijo Jet, sonriendo-. Bueno, con la tontería creo que llevamos ya dos horas. ¿Falta mucho para acabar?
-Tranquilo, casi hemos acabado- comentó la invocadora. Por alguna razón, parecía estar intentando contener la risa-. Solo…solo falta una cosa…
-¿Y qué es?- preguntó Jet, encarnando una ceja.
-¿No está claro? ¡Probarlo todo otra vez, pero con tu Aspecto nuevo!- respondió de pronto la voz de Relicar, sorprendiendo a Jet, quien vio como su cuerpo empezaba a brillar de golpe y porrazo. Tan pronto como vino, la luz se fue, y Jet contempló que su ropa y pelo habían vuelto a cambiar a Cartero Jet. Las risas de Relicar, la invocadora, y otras dos o tres personas más resonaban en su cabeza y por toda la arena de entrenamiento.
-¡AAAaaagghhh!- exclamó Jet, rugiendo de pura frustración y rabia al aire, soltando rayos por todo el cuerpo. ¡Cuánta ira!
...
Finalmente, Jet fue libre de marcharse. Tras pelearse un poco con Relicar, quien lo había orquestado todo, los dos jóvenes se rieron de lo sucedido, y se despidieron tan amigos. Aunque le ofrecieron de quedarse a vivir en el dormitorio para Campeones de Piltover, Jet explicó que tenía un lugar al que regresar, y gente que lo estaba esperando, de manera que lo dejaron pasar, no sin antes avisarle de que estuviera atento, porque tras el anuncio oficial de su inclusión en la Liga, los invocadores podrían llamarlo a pelear el día que fuera.
Jet recorrió la cueva en un instante, saliendo al exterior más rápido que una bala. Era en momentos como ese cuando daba gracias por todo el entrenamiento que había pasado para aprender a controlar sus poderes. Se movía mas rápido, menos ruidosa y destructivamente, y encima lo hacía sin cansarse demasiado. Mientras recorría velozmente los bosques y llanuras, dejando apenas una estela de polvo y viento a su paso, Jet fue consciente de la poca luz que parecía haber. Mirando la posición del Sol, vio que este ya casi había empezado a ocultarse en el horizonte. Los invocadores realmente le habían tenido ocupado entre una cosa y otra. Se había pasado casi todo el día allí metido, yendo de una sala a otra, cumpliendo los numerosos trámites y preparándolo todo para cuando fuera reconocido oficialmente como miembro de la Liga de Leyendas. "Hazel y los otros estarán preocupados", pensó Jet, mientras corría como si tal cosa por la ladera de una montaña. Desde que había descubierto que podía hacer eso, Jet siempre que podía intentaba que su recorrido tuviera, por lo menos, alguna zona en la que pudiera (y tuviera que) desafiar a la gravedad. Correr por el bosque y por los caminos no era comparable a la sensación de correr libremente por una ladera, mientras un profundo abismo se abría a un lado, amenazándole con succionarle y tirarlo contra el suelo si Jet se atrevía a disminuir su velocidad. La sensación de saltar de un lado a otro, recorrer terreno escarpado en cuestión de segundos, dominar cualquier superficie por la que pasara… Ooh, como le gustaban esos poderes… A Jet siempre le había gustado correr, y desde el asunto del asalto al taller, la cosa no había hecho más que mejorar. Al menos, en lo tocante a su pasión por correr. Su vida, por desgracia, seguía siendo una serie de problemas que parecían hacer cola para darle una bofetada en la cara, y reírse de su infortunio.
Justo cuando las primeras luces empezaban a encenderse, Jet llegó a Piltover. Si había algo que le gustaba de aquella ciudad tan llena de estirados e hipócritas, era lo bella que se volvía siempre por las noches. Muchas veces se había pasado horas mirando por la ventana de su habitación (que no era realmente suya, sino que la compartía con otros 19 niños y niñas) como las luces convertían los edificios en esculturas y joyas maravillosas, sus elegantes formas adquiriendo un aspecto totalmente diferente bajo su luz, rivalizando con la majestuosidad de las estrellas del cielo. Jet prosiguió su camino sin demasiada prisa, disfrutando de la brisa nocturna, mientras paseaba como un ciudadano más por las calles de la ciudad, observando en primera fila como las farolas iluminaban las algo atestadas calles con su luz.
...
Por fin, Jet llegó a casa. Apoyando una mano en el desgastado murete que rodeaba la propiedad, Jet inspiró satisfecho una vez más, sintiéndose seguro, feliz, y relajado. Por fin, las cosas parecía que iban a empezar a funcionar. Sin embargo, mientras se dirigía a la puerta, no pudo evitar sentir algo de inseguridad en su interior. Ahora era un Campeón. Lucharía y moriría en el campo de batalla una y otra vez. La gente le empezaría a tratar de una manera distinta, y no estaba seguro de si eso iba a ser precisamente bueno. Iba a convertirse en un referente. ¡Todo Valoran conocería su nombre! Jet sintió como le flaqueaban un poco las rodillas. ¿Y si acababa de cometer la mayor estupidez de su vida? ¿Tal vez hubiera sido mejor buscar otra solución, al fin y al cabo?...No, basta ya. Lo hecho, hecho estaba. Había pensado al respecto largo y tendido, y aquella era la solución que había encontrado. Fuera lo que fuera lo que sucediera a continuación, se enfrentaría a ello cuando fuera su momento, no antes. "Y ahora mismo, me enfrento a una horda de niños que seguramente estarán más excitados que un perro lleno de pulgas", pensó Jet, moviendo un poco los hombros mientras procuraba mentalizarse. "Venga, tu puedes… ¡Tu puedes hacerlo!"
...
-No puedo hacerlo- comentó Jet entre gruñidos de esfuerzo, mientras intentaba en vano mantenerse de pie bajo el peso de todos aquellos pequeños alborotadores que, en cuanto le habían visto aparecer, se le habían tirado encima pequeños misiles. Con los brazos, piernas y el cuerpo recibiendo abrazos de más de 20 niños a la vez, que chillaban y lanzaban preguntas a gritos contra él, Jet sintió que se iba al suelo. Y así fue.
Hazel contempló con una sonrisa como Jet caía al suelo, sepultado bajo una montaña de niños, mientras Daren y el resto de invitados contemplaban la escena carcajeándose. A parte del joven científico, que para variar no llevaba su fiel bata de laboratorio con él, estaban tres de los jóvenes de la edad de Jet que habían vivido con él y con Daren en el orfanato de pequeños: Crim, Jess y Amelia. Crim y Jess eran, en palabras textuales de Hazel, "como la noche y el día". Mientras que Crim era alto, algo grueso de cuerpo, moreno y de carácter tranquilo, Jess era todo lo contrario. Apenas llegándole a Jet y a Daren a la altura del pecho, siempre había sido blanco fácil de comentarios referentes a su altura y bromas fáciles sobre lo pequeñita que era. Por desgracia para ellos, el carácter bravucón y algo violento de Jess hizo que más de un chaval se lo pensara dos veces antes de llamarla enana, puesto que a ella nunca le había temblado la mano a la hora de repartir puñetazos a quien ella creyera conveniente. Con su larga melena rubia con las puntas teñidas de múltiples colores, nadie hubiera podido sospechar que esa joven menuda podía esconder al demonio que salía a flote cuando se enfadaba, lo cual solía ser casi siempre. Por último, se encontraba Amelia. De la generación de Jet, Amelia siempre había sido, por decirlo de alguna manera, como una segunda Hazel. A pesar de su corta edad, ella siempre había sido muy madura, diciendo siempre lo que pensaba y siempre velando por los demás, decidida a reprender a Jet, Daren o a quien fuera en nombre de Hazel si veía que hacían alguna de las suyas. Los años le habían sentado bien, transformando a la algo tímida chiquilla en una autentica preciosidad, una autentica dama que enamoraba a todos los que la veían con solo verla por encima. No por nada Daren babeaba por ella día y noche, soñando despierto con el brillo de sus ojos marrones, su larga trenza oscura, o sus labios carmesís.
Librándose por fin del ataque de sus hermanos y hermanas más pequeños, Jet pudo reunirse por fin con Daren y los demás, saludándose efusivamente y comentando cuanto tiempo había pasado desde la última vez que se habían visto. Rápidamente, Hazel fue a abrazar a Jet, felicitándole por su éxito y expresando su felicidad por ver que se encontraba bien, a pesar de que su ropa estaba muy desgastada y rota. Jet sonrió, pensando que tal vez no fuera muy buena idea decirle que en realidad había muerto durante la Prueba Final. Lo que ella no supiera, no le haría daño.
De esta manera, entre risas y bromas se sentaron todos a la mesa, contemplando boquiabiertos el banquetazo que Hazel había preparado para la ocasión. Realmente habían tirado la casa por la ventana, y eso preocupó a Jet.
-Hazel, no hacía falta que hicieras todo esto- comentó Jet-. Es impresionante, si, y te lo agradezco mucho, pero…
-Jet, no te preocupes. En el despacho de Groyl hemos encontrado suficiente dinero como para aguantar durante una temporada, incluso habiendo pagado por toda esta comida. Además- añadió, sirviendo comida en los platos de los más pequeños-, te lo has ganado. Has hecho mucho por todos nosotros, y te mereces al menos disfrutar un poco con la familia, ¿no crees?
Sonriendo, Jet asintió a Hazel. Más allá de la comida y todo lo demás, su verdadera recompensa era poder disfrutar de la compañía de sus seres queridos. Las últimas semanas habían sido, como poco, un autentico esfuerzo continuo, y Jet empezó a sentir como poco a poco el estrés acumulado iba desapareciendo. Sentaban tan bien estar en casa de nuevo…
La cena se alargó hasta bien entrada la noche. Los niños hacía rato ya que habían ido a dormir, dejando a los más mayores para que charlaran y bromearan a gusto sin interrupciones. Se recordaron anécdotas, se hicieron bromas y comentarios subidos de tono (Jet no paró hasta conseguir que Daren y Amelia se pusieran ambos colorados), y en definitiva pasaron un rato muy agradable. Hazel, a pesar del cansancio, no podía ser más feliz. Poder ver como algunos de sus niños habían vuelto sanos y felices, sonrientes y repletos de esperanza e ilusión hacia que todo el esfuerzo realizado hubiera valido la pena. En el fondo, se sentía como si fuera la madre de todos y cada uno de ellos, y ver que habían conseguido tirar adelante con sus vidas la llenaba de orgullo y satisfacción.
-¡Bueno, vale ya, ¿no?!- exclamó Daren, empujando con la mano a Jet, quien se encontraba en esos momentos riéndose a carcajada limpia de su hermano, tras un comentario especialmente picante relacionado con el joven investigador y cierta amiga suya presente, la cual se encontraba en esos momentos contemplando con sumo interés su taza de té, ruborizada a más no poder.
-¡Venga, tienes que admitir que tengo razón!- dijo Jet entre risas, sonriendo burlón al ver la cara que se le había puesto a Daren. Al verla, incluso Crim y Jess no pudieron evitar reírse a costa de su hermano, riendo Jess a carcajada limpia mientras que la de Crim era algo más controlada. Daren, demasiado turbado como para responder, giró la cara, incapaz de mirar a nadie a los ojos.
-¿Y tú que, Jet? ¿Alguna chica ha conseguido derretir tu frio corazón de lobo solitario?- comentó sorprendentemente Amelia, algo mas recuperada de su rubor anterior, mirando a Jet con una ceja ligeramente levantada.
-¡Uuuuuuhh, esto mejora por momentos!- comentó Jess, sonriendo ampliamente al ver que Jet parecía callarse y enrojecer de repente al oír la pregunta, en vez sonreír y bromear como todos esperaban que hiciese. ¿Acaso el…?
-P-pues claro que no. Vaya tontería…- dijo Jet, con un tono falso que no consiguió engañar a nadie.
-¿Estás seguro?- preguntó Amelia, mirando fijamente a Jet, quien hacia verdaderos esfuerzos por mirar a donde fuera, siempre que no fuera a esos inquisitivos ojos marrones.
-A mi no me ha parecido una respuesta muy sincera, la verdad- comentó Crim con fingida naturalidad.
-¿Acaso Jet, el rey de los tipos duros, ha conocido a alguien especial en la Liga?- comentó Daren, sonriendo ante la posibilidad de picar a Jet un poco para variar. Oh, como llevaba esperando por una oportunidad como aquella…
-¿Cómo quieres que haya conocido a "alguien especial"? ¡Apenas llevo un día en la Liga!- respondió Jet, algo molesto por el intenso asalto a su vida privada. ¿Por qué demonios se sentía tan intranquilo al respecto? No lo entendía.
-En realidad…-dijo Hazel, que hasta entonces había estado sentada a un lado de la mesa, bebiendo su té y disfrutando de la agradable y bastante divertida escena-…, hace un par de semanas los niños y yo pillamos a Jet en el despacho de Groyl…con una chica.
-¡Hazel! ¡Ssshhhh!- chistó Jet, tratando de hacerse oír entre las risas y exclamaciones de sorpresa de sus amigos, quienes habían reaccionado con divertida sorpresa al enterarse de la noticia. Las mejillas de Jet estaban rojas de vergüenza, víctima de un obvio malentendido por parte de la cuidadora-. ¡Eso que dices está completamente sacado de contexto!
-No sé por qué te enfadas- comentó inocentemente Hazel, medio sonriendo con la taza entre sus manos-. Después de todo, parecías estar bastante cómodo con esa belleza entre tus brazos, el cuerpo de uno pegado al otro completamente, vuestras manos entrelazadas y…
Como una bala, un enrojecido Jet se desplazó junto a Hazel, poniéndole una mano sobre la boca, mientras Daren y los otros se reían a carcajada limpia y más de uno golpeaba la mesa con el puño suavemente, tratando de contenerse un poco para no despertar a ningún niño.
Jet estaba que casi podía echar humo por las orejas, de tan rojas que las sentía. ¿Él…de Miriana…? Eso… ¡eso era ridículo! Si, lo admitía, Miriana era increíble. Era lista, guapa, tenía un sentido del humor sarcástico y agudo, y Jet realmente se lo pasaba bien estando junto a ella. La seguridad con la que se movía, la forma en que veía y hacia las cosas… Sus pequeños piques y sus bromas… La forma en que la luz del crepúsculo iluminaba su piel de color de caramelo… Como sus ojos parecían brillar como joyas de…
Sentándose a la mesa, Jet dejó caer con fuerza su cabeza contra la mesa, tratando de apagar su cerebro lo bastante como para detener ese hilo de pensamiento. Al ver que no conseguía sacarse a Miriana de la cabeza, lo volvió a intentar. Y otra vez. Y otra. Y otra… Mientras tanto, Hazel se había unido a la risa general, al ver la divertida reacción de Jet. Resultaba tan obvio lo que estaba pensando…
-Vamos, vamos, eso no te va a funcionar. Me temo que ya es demasiado tarde para ti- dijo Hazel, poniendo una mano en el hombro de Jet, y provocando que el joven dejara de darse cabezazos contra la mesa-. Tu y yo sabemos que es lo que te pasa, y no tiene sentido que lo niegues o trates de buscarle otro significado.
Con la frente apoyada en la mesa, Jet miró algo turbado a Hazel, con un ligero rubor de vergüenza en sus mejillas.
-Pero si… apenas la conozco… ¿Cómo voy a…a estar…bueno, ESO…, de ella?
-Creo que la palabra que buscas es "enamorado"- añadió Daren, cogiendo aire y tranquilizándose después de tanta risa. Al oír esa maldita palabra empezada por E, Jet dio otro cabezazo contra la mesa, murmurando palabras incoherentes en voz baja.
-El que conozcas más o menos a alguien no tiene nada que ver con lo que sientes, Jet- dijo Amelia-. El corazón quiere lo que quiere, y el tuyo la quiere a ella.
-Pero…
-¡Vamos a ver…!- exclamó Jess, plantificándose frente a Jet y poniéndole ambas manos en los hombros, forzándole a encararse con ella-. Aunque no será fácil, voy a intentar ponerlo en términos sencillos para que incluso un pardillo como tú lo entienda: cuando piensas en ella, ¿qué es lo primero que sientes?
Jet se quedó momentáneamente mudo, incapaz de pensar ninguna respuesta ingeniosa o mínimamente creíble o razonada para la pregunta de Jess. ¿Que qué sentía? Sentía…un cosquilleo por todo el cuerpo. Sentía…como si su interior fuera un puzle incompleto, y ella la pieza que faltaba. Se sentía…
-…bien- consiguió decir Jet-. Me siento…bien…
-Pero no la clase de "bien" que sientes cuando estas con nosotros, ¿verdad?- añadió Jess, mirando inquisitiva a Jet. Este consiguió negar con la cabeza, y Jess le soltó, sonriendo con picardía a su hermano-. Pues ahí lo tienes. Mi diagnostico: enamoramiento, final, terminal y definitivo.- Y todos asintieron a eso, dejando a Jet sin nada que responder ni que opinar al respecto.
Derrotado, Jet soltó un suspiro, tirando el cuerpo hacia atrás y mirando pensativo al techo. Lo que le faltaba ya: el amor. ¡Como si su vida necesitara aun más altibajos! Aunque, tenía que reconocer, ese era un altibajo que no estaba del todo mal, pensó mientras medio sonreía.
-En ese caso, tengo buenas noticias para ti, Jet- dijo Hazel, llamando su atención. De un bolsillo se sacó una nota, curiosamente doblada, y se la tendió a Jet. Sin saber bien de que se podía tratar, Jet abrió el papel, y leyó el corto mensaje de su interior.
Chico maravilla:
Aún me debes una cita. Te espero mañana junto a mi escondite a las llegues tarde.
Miriana
De golpe, Jet se incorporó en la silla, clavando la mirada en el mensaje y releyéndolo dos veces más. Hazel contempló divertida la reacción de Jet, y dijo:- Miriana pasó por aquí a la tarde. Había venido a verte, pero como no estabas, te dejó ese mensaje en su lugar.
Jet tragó saliva. Por alguna razón, a pesar de sentirse extrañamente feliz y bastante nervioso al leer el mensaje, también sintió como se le secaba la boca, y como el pánico se atenazaba en su estomago. Por lo más sagrado, ¿pero que le estaba pasando? Él, que acababa de sobrevivir a las infernales pruebas del Instituto de la Guerra, que se había enfrentado a casi 10 Campeones él solo. Él, quien podía correr por tierra, mar y montaña sin problemas. Él… ¿acaso estaba nervioso por una simple cita? Y a todo eso… ¿no habían acordado que no tendrían una cita? Creía haberle dicho claramente que sería algo de amigos. ¿Por qué había escrito "cita"? ¿Se trataba de algo real, o simplemente se trataba de un error? ¿Sería alguna clase de broma, o algo distinto? Por alguna razón, la idea de que se tratara de una broma ponía triste a Jet, que no sabía muy bien el porqué de ello. ¿Ella quería una cita, o algo sencillo? ¿Acaso…?
-Calma, Jet. Parece que se te vayan a salir los ojos de las orbitas- comentó Crim, viendo lo tensó y nervioso que se había puesto de repente Jet. ¿Pero qué demonios ponía en ese papel?
-Oh-ooooh~. Parece que alguien tiene una cita mañana…-comentó maliciosa Jess, observando el contenido de la nota por encima de un petrificado Jet. Aunque trató de cubrirlo con su cuerpo, ya era tarde.
-¡Ey! ¡No es una cita!- exclamó Jet, mirando algo enrojecido a Jess. Sin embargo, este no sabía si su reacción se debía al enfado, o a la vergüenza. Tal vez fuera un poco de ambas.
-Muy bien chicos y chicas, reunámonos pues- dijo Hazel, dando un par de palmadas para llamar la atención de todos-. La cita es en menos de 24 horas, y tenemos mucho que hacer.- Jet fue a aclarar de nuevo que no era una cita de verdad, pero Hazel no le dejó hablar, agarrándolo por los hombros, y evitando que se levantara de la silla-. Nuestro trabajo es conseguir que este desastre ambulante no la fastidie, así que manos a la obra.
-¡Ya os he dicho que…!- dijo Jet, tratando de liberarse. Por desgracia, Crim y Daren le sujetaron por los brazos, y entre los tres consiguieron dominarle. De haberse tratado de otras personas, Jet se hubiera planteado escapar usando sus poderes, pero como no quería hacerles daño de verdad, no tuvo más remedio que quedarse en su sitio. Al otro lado de la mesa, Amelia tomó asiento justo en frente de Jet, con Jess sonriendo como un zorro frente a un corral de gallinas detrás de su amiga.
-Muy bien. Lección uno…- dijo Amelia, con sus manos entrelazadas y mirando muy seria a Jet. Este tragó saliva-. Tu cita llega al sitio acordado diez minutos después de cuando habíais quedado. Hace calor, y tú estás harto de esperar. ¿Qué es lo primero que le dices?
-¡Pero que no es una cita, demonios!- exclamó Jet, antes de recibir un fuerte coscorrón por parte de Hazel, que incluso se había arremangado su brazo bueno para tal tarea.
-Respuesta equivocada. Deberías decirle lo guapa que esta nada más verla.- Jet se agarró la cabeza, adolorido, mientras Crim y Daren se mantenían firmes a su lado, impidiéndole la salida.
-Lección dos: tras reuniros, ¿qué es lo primero que le dices a tu pareja?
-¡No somos…!- justo cuando iba a decir "pareja", Jet se detuvo, consciente de la mirada asesina de Hazel rondando por encima de su cabeza. Con gruesas gotas de sudor, fruto del pánico, cayéndole por la cara, Jet trató de responder correctamente-…estooo…" ¿para qué me habías llamado?"- dijo Jet, sonriendo nerviosamente y rezando porque hubiera acertado. Por encima de él, Hazel echó un poco el aliento en su puño.
-Respuesta incorrecta.
¡CLONC!
-¡Ay!
Iba a ser una noche muuuuy larga…
Esa misma noche, Noxus, 23:00:
Frio. ¿Por qué demonios tenía que hacer tanto frio? ¿Dónde coño se encontraba el maldito criado que se encargaba de encender la puta chimenea? Como lo encontrara vagueando por ahí, lo mandaría descuartizar… Ah, no, cierto. Ya lo había hecho descuartizar. Tal vez por eso no hubiera aparecido.
Suspirando, una figura misteriosa se alzó de su largo sillón, depositando la copa de vino de la que había estado bebiendo en una mesilla. Esa noche había luna llena, y había abierto una copa para disfrutarla mientras gozaba de la luz que entraba por su gigantesco ventanal. Si no fuera por aquel endemoniado frio, tal vez hubiera sido una noche perfecta.
El hombre fue hasta la oscura chimenea, amparado por las sombras que cubrían la totalidad de la sala de grandes dimensiones en la que se encontraba. Aunque su mansión había sido antaño grande y esplendorosa, por aquel entonces apenas era un cascaron polvoriento en comparación con los buenos tiempos, tiempos en los que su casa y su apellido eran temidos y respetados por igual en la ciudad, tiempos en los que los hombres se inclinaban ante su presencia. Tiempos…que ya habían pasado. Ahora, solo le quedaba una vieja casa, un puñado de sirvientes…y la satisfacción de la venganza cumplida sobre quienes osaron hundir su destino. Una venganza que, sin embargo, aun no se había completado del todo.
Agarrando unos cuantos troncos cortados del ordenado montón de al lado, el hombre los depositó con cuidado encima de un montón de yesca, antes de sacarse una caja de cerillas del bolsillo. Justo cuando iba a encender una cerilla, alguien llamó tres veces a la puerta del salón.
-Adelante-dijo el hombre sin girarse.
Las grandes puertas dobles, su blanco recubrimiento brillando ligeramente cuando algunos rayos de luna la alcanzaron, se abrieron discretamente, mientras un hombre vestido con una gruesa armadura negra entraba en la estancia, armado con una alabarda. Poniéndose firme, saludó al estilo militar al hombre de la chimenea, que siguió sin inmutarse con su tarea de encenderla.
-Disculpe la molestia, mi señor- dijo el guardia, cuadrándose-, pero ha venido alguien a verle, que asegura poseer cierta información que puede interesarle.- El hombre de la chimenea consiguió, tras varios intentos, encender una cerilla, contemplando brevemente su tambaleante llama con sus fríos ojos morados.
-Haz que pase- dijo, antes de tirar la cerilla a la chimenea. Poco a poco, las llamas empezaron a coger fuerza, lamiendo los troncos con sus ígneas lenguas, ávidas de devorar la madera.
Saliendo momentáneamente de la sala, el guardia volvió a entrar, esta vez arrastrando a alguien por el hombro, y empujándolo al centro de la estancia, donde cayó de rodillas. Con su raido traje y su larga barba descuidada, nadie que le conociera hubiera podido distinguir a aquella sucia y gastada versión de Groyl. Las largas semanas vividas en las calles de Noxus habían pasado factura al viejo criminal, quien había perdido gran parte de su incipiente barriga, igualando su cuerpo con sus de ya antes flacas extremidades. Su rostro, algo mas demacrado y peludo, mostraba un nivel de temor bastante alto, que Groyl trataba de mantener a raya. Le había costado mucho reunir la información, y aun más conseguir una audiencia con aquel hombre. Había oído…historias bastante inquietantes sobre él. Si lo que le ofrecía no le satisfacía… No quería ni pensarlo siquiera.
-B-buenas noches, mi señor- dijo Groyl con tono servil y adulador, haciendo una profunda reverencia en dirección a su anfitrión, que permanecía agachado encarando las llamas-. Es un verdadero honor que…
-Silencio- dijo el hombre, deteniendo enseguida la retahíla de alabanzas que Groyl había preparado para agasajarle. Poniéndose de pie, el hombre volvió a su sillón, sin mirar a Groyl ni una vez, como si no estuviera siquiera. Si hubiera sido cualquier otro, Groyl se habría sentido gravemente insultado, pero considerando quien era aquel tipo, casi agradecía que no le estuviera prestando mucha atención todavía. Tras coger su copa de vino de nuevo, y darle un sorbo, el hombre le hizo un gesto a Groyl para que se acercara.
Rápidamente, Groyl fue a situarse junto al hombre, frotándose las manos con nerviosismo.
-Verá, la razón por la que he venido…
-De rodillas- ordenó el hombre, contemplando plácidamente la luna y su luz. Groyl se apresuró a obedecer.
-Bueno, lo que…
-Al otro lado- dijo de nuevo el hombre, girando el dedo distraídamente. Ni una vez miró a Groyl, demasiado ocupado disfrutando de la luz de la luna, y de las vistas de la ciudad. Algo mas asustado que antes, Groyl se arrastró de rodillas por detrás de la alta butaca, hasta quedar junto al otro respaldo, donde descansaba la mano libre de aquel que le inspiraba tanto temor. Esta vez, esperó a que el hombre le diera permiso para hablar, deseando más de una vez que no se le hubiera ocurrido nunca aquel estúpido plan de ir a hablar con semejante loco. Después de beber de nuevo de su copa, y pasados unos minutos, el hombre le hizo un gesto a Groyl para que hablara. Inspirando profundamente, Groyl trató de reunir el coraje necesario para hacer lo que había ido a hacer allí.
-La razón por la que he venido, mi señor, es para ofrecerle un trato que estoy seguro que encontrara sumamente satisfactorio- dijo Groyl, usando su mejor tono sibilino para la ocasión.
-Si has conseguido pasar a mis guardias, entonces debo asumir que se trata de algo más que un simple "trato". Sin embargo, dudo que tengas lo que necesito- se limitó a contestar el hombre, vaciando su copa y dejándola de nuevo en la mesilla-. Ni el dinero ni la ambición mueven ya mi corazón. Ahora, este late únicamente por la venganza, y ni eso me queda ya. Dime pues que es lo que ofreces, para que pueda decirte pornto que no me interesa, de manera que yo pueda llamar a mis guardias, hacer que estos te den una paliza por molestarme por nada, y que luego hacer que te saquen de mi mansión a rastras. Eso, al menos, me divertirá un rato antes de irme a dormir.- Groyl tembló ligeramente, su valor escurriéndosele como arena entre sus dedos, mientras trataba de no titubear al pronunciar las palabras que, esperaba, le salvaran de aquella nefasta situación.
-Lo que os ofrezco, precisamente, es venganza, mi señor- dijo Groyl, sonriendo cruelmente para camuflar el miedo que sentía. Arqueando una ceja, el hombre miró por primera vez, aunque solo de reojo, a Groyl. Su mirada altiva y curiosa parecía mermar la poca confianza de Groyl, mientras este tragaba saliva y se apresuraba a continuar-. He oído…historias. Historias sobre lo que sucedió hace veinte años en esta ciudad. Historias sobre como os traicionaron, y como aquellos que osaron agraviaros lo pagaron con sus vidas. Historias de…
-Ve al grano, bufón- dijo el hombre, agarrando a Groyl por la garganta y apretando ligeramente-. El límite de mi paciencia es escaso, y has conseguido que recuerde cosas que prefería no recordar en esta apacible noche. Te doy tres segundos para que te expliques, o no volverás a poder hablar nunca más.- Bajo su cepo de hierro, Groyl gimoteó ligeramente, agarrándose inútilmente con sus huesudas manos al brazo de aquel hombre. A duras penas, consiguió pronunciar las siguientes palabras:
-Se…donde esta…el chico…-dijo con voz estrangulada y débil. Abriendo ligeramente los ojos al oír aquello, el hombre liberó a Groyl, quien cayó boqueando al suelo, apoyándose con sus manos y pies en el suelo. Una sombra tapó la luz de la luna, y mirando hacia arriba, vio que el hombre que había estado a punto de matarle se había inclinado ligeramente hacia él, con sus dos malévolos ojos fijos en los suyos. La luz de la luna solo podía iluminar la mitad del rostro de aquel hombre, vestido con sus viejas aunque elegantes ropas de aristócrata y con sus pálidas manos apoyadas con los dedos la una contra la otra. Una de sus piernas colgaba distraídamente cruzada sobre la otra, mientras una afilada sonrisa de brillantes dientes, afilados como los de un depredador, se ensanchaba por momentos. El único detalle remotamente humano de aquel rostro, era la pálida cicatriz que cubría la mejilla izquierda de aquel hombre.
-¿En serio?- comentó el hombre, con tono de diversión y curiosidad-. Cuéntame mas…"socio".- Aquella mirada…aquella sonrisa…aquel…hombre, monstruo, lo que fuera…
Groyl se esforzó por sonreír. Por fin, el camino hacia su venganza se abría. El destino de Jet estaba sentenciado.
Piltover, al día siguiente, 19:55
Jet trataba de no mostrarse inquieto ni nervioso, mientras apoyaba el cuerpo en la pared junto al lugar indicado en la nota. Después de haber estado repitiendo varias veces las malditas lecciones de Amelia sobre cómo debía comportarse en su cita-que-en-realidad-no-era-una-cita, lo siguiente había sido la ropa (unos pantalones negros en vez de sus vaqueros de siempre, una camisa blanca y una chaqueta negra que Daren le había prestado, aparte de que Hazel en persona le había peinado y repeinado hasta que, harto de todo, Jet se había ido con su peinado habitual), el regalo que le iba a comprar, que si no se pusiera los mitones para ir a verla, a donde la iba a llevar, qué sería considerado apropiado e inapropiado hacer o decir… La cabeza de Jet daba vueltas, tratando de recordar todos los consejos e instrucciones que sus amigos y Hazel habían tratado de meter a la fuerza en su cabeza. Por suerte, él ya tenía un plan sobre qué era lo que iba a hacer, y centrándose en eso decidió que ya iría comportándose a medida que avanzara la cita-¡no, cita no!..., en vez de preocuparse sobre que hacer a cada rato.
Jet suspiró, intranquilo. En serio, ¿por qué estaba tan nervioso? Solo iba a salir por ahí con Miriana, tampoco era para tanto. Lo de la nota…debía de ser todo un malentendido. Si, seria eso. Miriana no parecía el tipo de chica que pediría una cita-cita, así de la nada. Lo más seguro es que le hiciera acompañarla a…bueno, de compras tal vez, quien sabia, y que le hiciera cargar cosas o comprarle algo a modo de compensación por haberle ayudado en el pasado. Si, fijo que sería eso. TENIA que ser eso… O tal vez…
-Perdón por el retraso- oyó decir Jet a su lado. Tan absorto estaba en sus propios pensamientos que no había visto acercarse a Miriana hasta que no la había tenido justo enfrente suyo-. Hubiera llegado antes, pero me surgieron…problemas de última hora… Dejémoslo así.
Jet asintió, sin prestar realmente mucha atención a las palabras de la joven, mientras sus ojos la contemplaban de arriba abajo, incapaces de creer que Miriana pudiera estar…tan guapa. Hasta la fecha, la había visto únicamente con dos tipos de ropa: su mantón negro que la tapaba casi por completo, y su ropa ajustada que llevaba más por comodidad que por lucir nada. Sin embargo, la ropa que llevaba aquel día tenía un propósito distinto.
Aquel día se notaba que se había vestido con la única intención de lucirse. Para empezar, a diferencia de sus ceñidos pantalones negros, había optado por otros más holgados, y de un tejido menos elástico que los otros, que en cierta forma le quedaban mejor. En vez de sus botas, llevaba puestas unas sandalias bastante elegantes y discretas, con un tacón no muy alto, que dejaban a la vista sus pies. En la parte superior, llevaba puesta una camisa de color del vino tinto, con las mangas cortas cubriéndole los hombros y con la parte de abajo cubriéndole por completo la cadera. A parte de un par de guantes de color negro que cubrían sus manos, Miriana estaba igual que siempre, con su rebelde cabello negro y amarillo ligeramente peinado, aunque daba la sensación de que uno o dos mechones habían conseguido escapar a su control. El conjunto en si era sencillo, normal y común. Y sin embargo…
Miriana sonrió pícaramente, y le cerró la boca a Jet apoyando un dedo en su barbilla. No sabía cuánto rato se la había quedado mirando boquiabierto, pero estaba claro que Miriana estaba bastante satisfecha de su reacción.
-¿Ves algo que te guste, pervertido?-preguntó en tono suave y seductor, sorprendiendo a Jet, quien se había quedado embobado sin saber que decir, sus mejillas enrojecidas y sus labios torpes. Tras balbucear algo incoherente que provocó que Miriana se riera (por alguna razón, Jet se sintió extrañamente feliz al oírla reír de aquella manera. Realmente, empezaba a creer que de verdad se había colado por ella. Aaaiins…), Jet se dio un manotazo en la cara, y expulsó todo el aire de una vez, tratando de poner en orden sus pensamientos.
-Disculpa, es que…- dijo Jet, rascándose inocentemente la mejilla con gesto avergonzado-…estas muy guapa… ¡digooo, estas preciosa! ¡No, espera, guapa! ¡Ah, no…Aaaah,…! Mira, lo que quiero decir es...- Inmediatamente después de decir aquello, Jet se increpó a si mismo mentalmente. ¿Qué clase de respuesta era esa? Si, le habían dicho que lo dijera tan pronto como la viera, pero es que era verdad, pero también era muy vergonzoso decirlo, y a lo peor ella se burlaba porque se había pasado de la raya, o se molestaba, o… Su apresurado hilo de pensamiento se vio interrumpido al darse cuenta de que Miriana no había dicho ningún comentario gracioso al respecto. En su lugar, se había quedado ligeramente perpleja, estaba vez siendo ella la que se había puesto roja como un tomate. Apartando rápidamente la mirada, Miriana le dio un ligero golpe en el hombro a Jet, murmurando algo así como "tonto", antes de agarrarle por la muñeca y arrastrarlo fuera de la plaza.
-¡Venga, chico maravilla!- dijo Miriana, demasiado avergonzada como para mirarle la cara-. ¡Sera mejor que me hagas pasar la mejor noche de mi vida, por la cuenta que te trae!
...
23:15
-Así que…Campeón de Bajo Piltover, ¿eh?- comentó Miriana, sentada en el borde de un puente, mientras balanceaba distraídamente sus pies por encima de las cristalinas aguas que discurrían plácidamente bajo ellos. Jet, por su cuenta, observaba los reflejos de la ciudad, iluminada en todo su esplendor, mientras se apoyaba en el mismo borde que la joven. Tras salir de la plaza, Jet y Miriana habían ido a cenar a la taberna de un amigo de Hazel, que a petición suya les había reservado un sitio y preparado una cena bastante elegante y sabrosa a pesar de la poca antelación. Aunque al principio había sido un poco incomodo, poco a poco habían ido rompiendo el hielo, y habían podido disfrutar de un poco de conversación casual mientras cenaban. Contaron historias, rieron, y pasaron un rato agradable, simplemente disfrutando de la compañía del otro. A continuación, se habían ido a dar un paseo, caminando tranquilamente por las calles iluminadas de la ciudad de camino a la parte más externa, que estaría menos llena de gente. Por el camino, ambos hicieron varios altos por el camino: para comprarse un helado casero a modo de postre, para tomar una copa rápida en un bar, para ver a un artista callejero tocar varios instrumentos en perfecta sincronización... Finalmente, se habían detenido en uno de los puentes de la ciudad, situado en un parque de casi las afueras, disfrutando con intimidad de la brisa nocturna y de la luz de la luna.
-Si, suena raro, ¿verdad?- comentó Jet, arrugando la nariz. Mientras contemplaba distraído su reflejo en las aguas, no podía evitar que su mente volviera a darle vueltas al asunto de la Liga. Aun le costaba hacerse a la idea de en lo que se había convertido.
-¿Nervioso?-preguntó Miriana, echando la cabeza hacia atrás y mirándole de reojo.
-Supongo que si… ¿Sabes una cosa?- dijo de repente Jet, sin mirarla. A pesar de que Miriana no le respondió, Jet siguió hablando-. Durante las pruebas para convertirme en Campeón, yo…bueno, tuve que pasar por muchas cosas. Fui juzgado, fui…puesto a prueba, física y mentalmente… En una ocasión, casi creí que me iba a volver loco. En cierta forma lo agradezco, porque me sirvió para…pasar página, con ciertas cosas de mi vida. Pero lo que más me marcó, fue en la última prueba.
-¿Qué pasó?
-Pues…que me morí-comentó Jet, dejándolo caer como quien no quiere la cosa. Mirando de reojo a Miriana, Jet vio que la joven le miraba con gesto impasible, pero con ojos de sorpresa.
-Y… ¿te dolió?- No preguntó que como había muerto, ni porque seguía con vida. Lo que le preguntó, era si le había dolido. En cierta forma, era la pregunta que Jet esperaba. No, más bien era la pregunta a la que él quería llegar.
-No. A ver, cuando me mataron sí que dolió, pero…- Era complicado de explicar. ¿Cómo le explicas a alguien la sensación de morir a alguien que no la ha experimentado antes?-. Es…más fácil de lo que parece. Hace que todos tus problemas y prioridades adquieran otra perspectiva. En cierta manera, te hace ver las cosas de un modo más sencillo.
-¿Cómo es eso?- preguntó Miriana, girando sobre sí misma y sentándose con las piernas cruzadas sobre el muro, encarando a Jet. Jet, apoyando sobre su codo, se giró también para mirarla.
-Es, como si te quitaran el miedo. Sin el miedo a la muerte, pocas cosas te pueden aterrar entonces. Curiosamente, me sentí…como a salvo durante un momento.- Si que sonaba raro, si. Jet se obligó a reír ante su propio comentario-. Quiero decir, estaba muriéndome, y estaba aterrado... pero, ¡joder, ya estaba muerto! ¿Qué me podían hacer en ese punto? Y tan pronto como me fui, volví convertido en Campeón.
Miriana miró a Jet, contemplando con gesto serio algo en él que solo ella podía apreciar. Lejos de sentirse incomodo, Jet le sostuvo la mirada, antes de volver a girarse para contemplar la ciudad.
-Antes creía que mi vida era dura, pero…-comentó Miriana, saltando del muro y poniéndose de pie sobre el puente. Tras ponerse junto a Jet, hombro con hombro, volvió a hablar, esta vez con un ligero tono de humor cansado:-…tío, tu vida es una mierda.
Jet y Miriana empezaron a reírse, sin saber bien porque. Tal vez fuera el comentario de la chica, o tal vez fuera la extraña reflexión del chico. Tal vez fuera el ambiente, la situación en la que estaban, o tal vez fuera la cena que se habían comido. Ninguno lo sabía. Lo que si sabían, era que su conjunto era muy gracioso, y por ello se rieron. Jet sintió como se animaba, habiendo soltado toda aquella parrafada tan deprimente antes.
-Menudo par de raritos que somos…-comentó Jet, quitándose las lagrimas que se le habían formado en los ojos. Apoyada con una mano en el muro, Miriana trató de calmarse ella también.
-¡Eh, a mi no me metas en el mismo saco de rareza que tú! Yo, por lo menos, no corro por ahí como un cometa andrajoso.
-¿Andrajoso, yo? ¡Ya estas retirando eso!- comentó con fingido tono de indignación, sacando pecho frente a Miriana.
-No me da la gana- respondió ella, sonriendo desafiante a Jet, a pesar de que su cabeza apenas sobrepasaba el pecho de este.
-Ya me imaginaba que no lo harías, ladronzuela de capa de retales.
-¡Eh, mucho ojito con meterte con mi capa, anciano!-dijo, señalando con el dedo el mechón en forma de rayo blanco de la sien de Jet.
-¿Y si no que, "asalta-cajas"?- preguntó Jet con tono ligeramente burlón. Al oír aquello, Miriana hinchó un carrillo, y le dio un empujón a Jet en el pecho, quien dejó que la joven le empujara un poco hacia atrás. Jet se rió un poco.
-¡Retira eso de "asalta-cajas"! ¡Te dije que es denigrante!
-Ya… ¿y cómo le dirías a lo que hicimos aquel día en el despacho de Groyl? Porque, que yo recuerde, no la abrimos muy sutilmente que digamos.- Miriana trató de empujar de nuevo a Jet, quien se hizo a un lado entre risas. Mirando molesta a Jet, aunque sin poder esconder su sonrisa, Miriana empezó a perseguir a Jet por el puente, mientras este se dedicaba a esquivarla echándose de un lado para el otro. Era una tontería, pero era bastante divertido, verla corriendo detrás de él, y dejando que le pasara por el lado en el último momento. Las risas de ambos se mezclaban y resonaban por el tranquilo paraje, con algún que otro comentario de reto por parte de Jet, y varias declaraciones de que le iba a atrapar por parte de Miriana.
Finalmente, Jet acabó topando con su espalda en el muro del puente, el cual le llegaba por la cintura aproximadamente. La sorpresa del choque le hizo mirar para atrás, y antes de que pudiera volver a centrar su atención en Miriana, esta se abalanzó sobre él, empujándolo hacia atrás con todo su cuerpo. La fuerza del impacto provocó que ambos jóvenes volcaran y acabaran cayendo del puente al rio que lo sorteaba, pegados el uno al otro. Por suerte, se trataba de un puente pequeño, y la caída no superaba el metro de altura, de manera que el corto grito de sorpresa de ambos fue rápidamente cortado cuando sus cuerpos atravesaron las calmadas y frías aguas.
Segundos más tarde, Jet y Miriana sacaron la cabeza del agua, boqueando y mirándose sorprendidos por lo sucedido, mientras nadaban para evitar que su ropa les hundiera todavía más en el rio. De pronto, Jet se puso a reír, y pronto se le unió Miriana, sin importarles el frió o el hecho de estar empapados. Mientras Jet se reía, Miriana aprovechó para lanzarle agua, pillándolo con la boca abierta y provocando que tuviera que escupirla con asco, lo cual hizo que Miriana se riera con más fuerza todavía. En respuesta, Jet se apresuró a contraatacar, lanzándole agua del mismo modo, y Miriana volvió al ataque, salpicándose el uno al otro como dos niños jugando en la playa.
...
23:45
-Tengo que admitirlo-comentó Miriana, caminando con Jet por las calles de la ciudad. A pesar de que las ropas de ambos estaban empapadas todavía, ninguno de los dos tenía demasiado frio, en gran parte gracias a Jet.
Al ver que Miriana salía del rio con la camisa…bastante más transparente que antes…, le había prestado rápidamente su chaqueta, que aunque estaba igualmente empapada, al menos le permitiría taparse un poco. Después, ambos habían empezado a caminar de vuelta a la ciudad, que a aquellas horas solo mantenía su actividad en las zonas más turísticas y ociosas de la urbe, donde se encontraban los bares, clubs y discotecas. En vista del aspecto que presentaban los dos, habían decidido que lo mejor sería dejarlo por aquella noche. Así pues, Jet y Miriana habían empezado a caminar de vuelta a la posada donde se hospedaba ella.
Tras caminar unos minutos, Jet notó que Miriana tiritaba ligeramente, a pesar de llevar su chaqueta por encima de los hombros. Sin pensárselo demasiado, Jet rodeó con un brazo a Miriana por los hombros, atrayéndola contra su cuerpo. Antes de que la avergonzada joven pudiera decir nada, esta notó que el cuerpo de Jet parecía temblar ligeramente, a medida que desprendía un calorcito muy agradable, de manera que se limitó a sonreír, y a pegarse contra su cálido pecho, mientras que Jet trataba de que no se le notara lo nervioso que estaba por aquello. Daba gracias que sus poderes le estuvieran siendo útiles en aquella ocasión, pero… Jet miró a Miriana de reojo, aprovechando que la joven no le prestaba especial atención, demasiado centrada que estaba en disfrutar de su calor corporal, y contempló su tranquila expresión sonriente y satisfecha, todavía con algo de agua goteándole de su pelo, totalmente despeinado. Nunca antes la había visto tan preciosa.
-Pssssi… No ha estado mal…-comentó inocentemente Jet, sonriendo burlón a Miriana, que se limitó a sacarle la lengua, y a volver a disfrutar del calor de este.
De esta manera, la joven pareja llegó hasta la puerta de la posada, donde Miriana le devolvió la chaqueta con un "gracias". Durante unos instantes, ambos se quedaron el uno frente al otro, sin saber que decir o hacer en esa situación. ¿Qué se suponía que tenía que pasar a continuación? Eso, suponían, dependería de si aquello había sido una cita-cita, o simplemente una escapada entre amigos por la ciudad. Todo el buen rollo de la noche se podía convertir en pura incomodidad si alguno de los dos reaccionaba incorrectamente, y eso podría provocar roces en su relación, que había llegado a convertirse en amistad tras todas sus vivencias juntos.
Jet y Miriana trataron de decir algo, pero se interrumpieron el uno al otro. Riendo incómodamente, volvieron a ser incapaces de mirarse el uno al otro.
-Bueno, pues…- dijo Miriana, señalando con la cabeza la puerta.
-Si…
-Ha estado…
-Bien, si. Antes…antes ya lo has dicho.
-Ah…
-…
-…
-…
-…
-Bueno pues…Buenas noches- dijo Miriana, dándole un rápido beso en la mejilla a Jet, y dirigiéndose hacia la puerta. Algo cortado por el beso, Jet se dio la vuelta, y dio un par de pasos, alejándose del lugar. En esos momentos, su mente era un campo de batalla.
Por un lado, su mente le decía que se contentara con aquello. Mejor tomar las cosas poco a poco, que no arriesgarse a perder su amistad por querer ir de prisa y corriendo. Por otra parte, su mente también le gritaba que qué demonios estaba haciendo, alejándose así sin más. ¡Pero si estaba claro que ambos lo querían! Mirando hacia atrás, Jet sorprendió a Miriana mirando en su misma dirección, y cuando sus miradas se cruzaron, se apresuraron a apartarlas de nuevo, cada uno igual de rojo que el otro. Jet se mordió los labios, caminando por la calle. "Déjalo…", se decía a sí mismo "…, déjalo tal y como esta. Mejor quedarse con algo de hambre, que no empacharse. No te apresures, no te apresures. Solo céntrate en irte, y como mucho recuerda lo bien que te lo has pasado hoy…Déjalo…déjalo…déja…déja…". Jet apretó los puños, deteniéndose en seco. "Aaaah, ¡joder! ¡No puedo dejarlo así!", pensó, dándose la vuelta y mirando decidido a donde Miriana se encontraba, quien acababa de abrir la puerta y se disponía a entrar dentro.
Acelerando, Jet se desplazó a gran velocidad junto a ella, y llamó su atención dándole unos toquecitos en el hombro. Girándose rápidamente, Miriana se encontró de frente con Jet, que la miraba decidida a los ojos.
-Jet… ¿Qué…?- empezó a decir, mientras su corazón latía cada vez con más fuerza, un ligero rubor coloreando sus mejillas y sintiendo un escalofrío por cada fibra de su piel. De pronto, Jet puso sus manos con ternura a ambos lados de su cara, atrayéndola contra él, mientras se movía acercando sus labios a los de ella. Miriana pudo apartarse. Pudo chillar. Pudo librarse de Jet de haberlo querido. Pudo haber hecho muchas cosas, pero lo que hizo no fue ninguna de ellas. En vez de eso, se limitó a imitar a Jet, y a cerrar los ojos. Lo que Miriana hizo, fue dejar de resistirse.
Los labios de ambos se sellaron en un primer beso de novela, uno de esos que solo un par de enamorados podían compartir. Las manos de Jet descendieron hasta la cintura y espalda de Miriana, atrayéndola firmemente contra su cuerpo, mientras las manos de esta se colgaron del cuello de él, impidiéndole romper el vinculo que se había formado entre ambos. No fue un beso desbocado de pura lujuria, ni fue un beso que pudiera ser considerado de esos que movieran ejércitos ni cambiaran destinos. Fue un beso sencillo, cálido y sincero. Un beso cariñoso, perfecto en sí mismo, y a la vez incompleto. Un beso inexperto, un beso inseguro, un beso de amor.
Tan pronto como había empezado, el beso llegó a su fin. Las bocas de ambos jóvenes se separaron, boqueando por llenar con algo de aire sus castigados pulmones, quienes se habían sacrificado para que ambos pudieran disfrutar más de su breve instante de intimidad. Las frentes pegadas, los dos jóvenes enamorados se miraron fijamente a los ojos, y para ellos fue como si lo hicieran por primera vez. Jet contempló aquellos preciosos ojos azules, y en ellos pudo leer a la perfección quien era Miriana. Su fuerza, su seguridad, su carácter duro que escondía un corazón amable,… Eran los ojos de alguien que deseaba amar y ser amada, alguien a quien le había costado mucho poder llegar a confiar en alguien, y Jet se sintió muy feliz de poder ser ese alguien. Miriana hizo lo mismo con Jet, hundiéndose en sus brillantes ojos verdes, contemplando en un instante toda la vida de Jet, todo su pasado, todas sus decisiones y vivencias que le habían llevado a ser quien era entonces. Vio su indomable espíritu rebelde, su incansable voluntad con la cual estaba dispuesto a llegar a donde fuera por sus seres queridos.
Sonriendo tímidamente, ambos jóvenes se separaron, sin deseos de romper el contacto visual, mientras Miriana entraba en la casa, y se despedía de Jet con un tímido "adiós". Jet se despidió con un gesto de mano que le salió algo raro, demasiado aturdido por lo que acababa de suceder. Poco a poco, Jet empezó a alejarse de allí, mientras Miriana subía poco a poco las escaleras en dirección a su habitación. Sin embargo, y prácticamente al mismo tiempo, ambos se detuvieron, Miriana sentándose en un escalón, y Jet apoyando la espalda en una pared, asimilando cada uno por su lado los eventos que habían ocurrido aquella noche. Las cosas iban a cambiar, eso lo sabían bien, pero mientras cambiaran para bien, ninguno de los dos se echaría para atrás. Sonriendo, Jet empezó a caminar con paso alegre hacia el orfanato, dando pequeños saltos de alegría de vez en cuando, mientras por otro lado Miriana se ruborizaba y sonreía al recordar el momento en que Jet la había besado, sintiéndose como una tonta y una cursi, pero contenta al fin y al cabo.
...
23:58
Era casi media noche cuando Jet llegó finalmente a la puerta del orfanato. Procurando hacer el menor ruido posible, Jet abrió la puerta, y entró al interior, sabedor que a aquellas horas los más pequeños estarían durmiendo.
Sin embargo, lo que no se hubiera esperado encontrar nunca era a todos sus hermanos y hermanas sentados en la mesa del comedor, algunos charlando distraídamente mientras otros que vieron venir a Jet se apresuraron a despertar a los que habían caído victimas del sueño. A un lado, una Hazel vestida con un largo camisón blanco removía una taza como las que tenían el resto de niños, llena de cacao caliente. Casi a la vez, los más de cuarenta pares de juveniles ojos se clavaron en Jet, a medio camino de su habitación, que los miraba sorprendido de encontrárselos despiertos a aquella hora, mientras estos le miraban con expresión divertida y picara. Hazel fue, al final, quien rompió el hielo.
-Bueno, Jet…- dijo, antes de darle un sorbo a su taza-… ¿qué tal tu cita?-preguntó pícaramente interesada, provocando que varios de los niños y las niñas escondieran sus sonrisas y risitas de diversión. Jet, que entendió a que venía todo aquello, fingió ignorancia.
-No sé de qué me hablas. Y NO era una cita- respondió tajante, pasando de largo. Entre "oooo"s de decepción por parte de unos cuantos niños, surgió la voz de un insistente niño, que no estaba dispuesto a dejar que Jet se librara tan fácilmente.
-¿Pero os habéis besado o no?- Jet se detuvo en seco, y todos los niños aunaron sus fuerzas en un uuUUUuuuh colectivo, que dejaba claro que esa pregunta era por la que habían estado esperando despiertos tanto rato. Mirando de reojo a Hazel, esta se limitó a mirar con fingida inocencia al techo, como si no se hubiera percatado de la mirada de Jet, y como si todo aquello no hubiera sido, en gran parte, idea suya.
Jet suspiró.
-…si, nos hemos besado-confesó, provocando que los niños estallaran con gritos de emoción y risas, mientras él se retiraba sonriente a su habitación. En medio de todo aquel jaleo, nadie vio como Hazel se limpiaba discretamente una solitaria lágrima de alegría y orgullo.
Por fin, las cosas empezaban a mejorar.
Y hasta aquí el capítulo de hoy. Ruego me comenten lo que les haya parecido a vuestras mercedes mi humilde contribución a esta, mi historia.
Por cierto, si alguien cree que este JetXMiriana es un poco forzado, me disculpo. Uno está solo y no tiene mucha experiencia en eso del amor TT_TT
Recordar que si queréis que os introduzca como invocadores en la historia, podéis mandarme un mensaje con una breve descripción del personaje. Todo lo que no escribáis lo meteré yo de cosecha propia, de manera que sed todo lo detallistas que queráis.
