Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.
La abeja y la flor
Capítulo 3: Pijamada
El armonioso sonido de las teclas del computador llenaba la habitación de Koushiro a un ritmo constante. El pelirrojo como siempre se hallaba inmerso en una de sus investigaciones, razón de sobra para que no escuchara que alguien golpeaba a la puerta ni tampoco notara la presencia de su madre, sino hasta que ésta le hablo desde el umbral.
—Lo siento, mamá. Estoy traba…
—Trabajando en algo importante, lo sé —lo interrumpió Yoshie Izumi antes de cerrar la puerta tras ella y caminar hasta la cama de su hijo, donde tomó asiento tras un leve asentimiento por parte de Koushiro—. No pretendo quitarte mucho tiempo. Solo hay algo que me gustaría… saber… —dijo alisando unas arrugas inexistentes en su falda con aire nervioso.
Aquello fue suficiente para que el chico dejara de hacer lo que estaba haciendo y girara la silla de la computadora en su dirección.
Se imaginaba de qué iría la conversación. Seguramente su madre estaría preocupada porque desde que arrendó su oficina pasaba poco tiempo en casa y menos aún con ellos, con sus padres.
¿Y es que qué adolescente de 16 años tenía su propia oficina?
Koushiro debía reconocerse que, a veces, se pasaba un poco con eso de sumergirse en su mundo.
—Sé lo que vas a decir, y antes de que digas nada, lo la…
—Esa chica, Mimi… —volvió a interrumpirlo Yoshie, desconcertándolo por completo. Su madre no era de las que interrumpiera a los demás cuando hablaban, ni siquiera a él cuando intentaba explicarle sus complejas investigaciones por más aburridas que fueran.
—¿Esto es sobre Mimi-chan?
—Ella es la que te ayudó a comprar ropa nueva por internet, ¿verdad? —preguntó Yoshie con una débil sonrisa.
—S-sí… —contestó tímidamente, sin entender hacia dónde quería llegar.
¿Sería posible que su madre estuviera celosa de que otra chica que no fuera ella, para variar, le ayudara a escoger su ropa?
No sabía mucho del tema, pero Taichi solía quejarse de que le costó mucho que su mamá dejara de elegirle la ropa y que aún aparecía con una prenda espantosa de vez en cuando. Yamato siempre decía que una de las pocas cosas positivas de la separación de sus padres era que nunca tuvo que lidiar con ello. Jou no le veía nada de malo a que su progenitora quisiera opinar y Takeru probablemente fue el primero en elegir por su cuenta qué usar.
A Koushiro, en cambio, siempre le costó ir de compras. Por eso Yoshie lo hacía por él.
—¿Y hoy día irás a su casa? —preguntó refiriéndose a la pijamada que Mimi había organizado.
—En realidad, lo haremos en casa de Taichi, es que los señores Tachikawa se están quedando en un hotel por ahora y eso no sería muy cómodo.
—¿Entonces el hijo de los Yagami también estará? —inquirió Yoshie, notablemente preocupada. Aquello se escapaba de sus propias especulaciones.
—Sí. —Koushiro no entendía la preocupación de su madre.
—Y Hikari, la hermana menor de Taichi, ella es solo una niña… —comentó ella casi para sí misma.
—Hikari también estará allí —aportó el chico—. Bueno, y todos.
—¿Todos?
—Ya sabes… Jou-senpai, Yamato, Sora, Takeru… todos —resumió Koushiro sin darle importancia.
—Pensé que sería algo pequeño, pero supongo que los tiempos han cambiado —dijo Yoshie con una sonrisa tensa—. Quizá ahora los jóvenes necesitan experimentar cosas nuevas…
—¿Cosas nuevas? ¿De qué…? —calló de golpe al darse cuenta de lo que su progenitora estaba insinuando—. ¿Creíste que Mimi-chan y yo…?
—Es lo que pensé, pero si quieres intentarlo con chicos también…no digo que lo comprenda, solo que te apoyaré porque eres mi hijo.
A esa altura el rostro de Koushiro se había vuelto tan rojo como rojo era su cabello.
—¡¿Qué?! ¡Nooo! —gritó escandalizado, él nunca gritaba—. N-no es lo que crees… esto…no vamos a tener sexo ni nada así. Te lo dije, es una pijamada.
—¿Es así? —Yoshie lo miró un poco avergonzada, quizá había sacado conclusiones demasiado rápido—. Es que pensé… ¿qué chico de dieciséis años va a una pijamada? Creí que eso ya no se usaba…
—¿Creíste que era una excusa para…? Para lo otro, digo… —carraspeó, intentando en vano quitarse la incomodidad que lo corroía.
—Eso pensé. Supongo que debí preguntarte antes, ¿no? Ahhh, que tonta —suspiró—. Obviamente tú no me mentirías con algo así, ¿cierto? Además, una pijamada a los dieciséis no es tan raro, especialmente ahora que sé que habrá más gente.
Koushiro ni siquiera quería ir, pero Mimi no le había dado opción.
—En todo caso —continuó Yoshie—. Supongo que este es tan buen momento como cualquier otro para que hablemos de ciertos temas.
—¿Qué?
—Ya sabes, tu padre y yo pensamos que tal vez…no te interesaba…
—Pero ya dije que no es lo que creías.
—Sí, pero al final tarde o temprano terminará ocurriendo. Digo, no tengo problema con que te guste pasar más tiempo en la computadora que con tus amigos, pero las chicas de hoy en día pueden ser muy persuasivas, así que tu padre y yo pensamos que deberías estar preparado…solo por si acaso. No tienes que tener sexo si no quieres.
Koushiro abrió la boca para protestar, pero para entonces su madre ya había comenzado su tortuosa lección.
—Entonces, cuando los hombres y las mujeres…
Durante los quince minutos siguientes la mente de Koushiro se partió en dos. Una mitad corría desesperada en círculos intentando no escuchar, pero la otra, la parte subconsciente, alcanzó a captar ciertas palabras que eran suficientes para avergonzar a cualquier adolescente.
Al final de cuentas, ni un nerd de las computadoras como él podía salvarse de la charla, o eso parecía.
Notas finales:
¿Debería seguir?
