Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.
La abeja y la flor
Capítulo 4: Estás creciendo
Una niña pelirroja de doce años entró lo más sigilosamente que pudo al departamento en el que vivía. Desgraciadamente, su madre la estaba esperando en el salón y no tardó en detectar el ínfimo movimiento por el rabillo de sus ojos, que esbozaron enseguida una mirada severa.
En el umbral, Sora. Con las zapatillas deportivas en la mano, su acostumbrado gorro celeste y toda la ropa embarrada.
En el sofá, Toshiko. Mujer estricta y severa, escaneó de pies a cabeza a su hija.
—Mamá… —musitó ella, avergonzada a más no poder—. Esto no es… lamento haber…
—Sora, hija. —Su voz cuidadosamente comedida—. Por favor deja los zapatos en la entrada, ve a darte una ducha, te cambias de ropa y luego vienes a sentarte conmigo un momento.
La chica pestañeó hasta tres veces, totalmente confundida por la actitud calmada de su progenitora. Desde luego no era la reacción que esperaba de su parte.
—¿Qué esperas? —insistió Toshiko.
—S-sí, mamá —contestó volviendo sobre sus pasos para dejar las zapatillas en la entrada y luego corriendo a darse una ducha.
Quince minutos más tarde se hallaba completamente impecable, con una polera y pantalón sencillos, el cabello recién lavado y una mueca tensa en los labios.
Su madre la escrutaba desde el sillón de enfrente.
"Ahora viene el regaño", pensó Sora. Y ya se lo sabía de memoria. Decía más o menos así: No es propio de señoritas como tú andar jugando al fútbol y llegar a casa tan sucia. Deberías juntarte con más chicas. Esa niña Tachikawa, por ejemplo".
Pero nada estaba más lejos de la realidad.
Luego de largos minutos de un tenso silencio, Toshiko terminó por soltar un suspiro.
—Ay, Sora. ¿Qué haré contigo? —Estaba usando su tono decepcionado y ese dolía, si acaso, más que el de enfado.
—No tienes que hacer nada. Prometo que no…
—No hagas promesas que no podrás cumplir. Sé que te gusta el fútbol y andar con esos niños.
Esos niños era la forma de tenía su madre de referirse a Taichi y Yamato. Ninguno le causaba una impresión particularmente buena. Sora enrojeció de vergüenza.
—Pero he decidido no intervenir más —continuó Toshiko.
¿Qué? ¿Cómo? ¿Su madre dándose por vencida?
La menor alzó la cabeza de golpe producto de la sorpresa. Hasta ese momento había mantenido la mirada cautelosamente posada sobre sus zapatillas de andar por casa.
—¿Qué? —Logró articular apenas.
Toshiko le sonrió con afecto, un afecto que no solía mostrar.
—Me di cuenta de que no saco nada prohibiéndotelo. Mientras más lo haga, más atractivo se vuelve para ti —explicó la mujer.
Ah, entonces era eso. ¿Intentaba usar esa cosa de psicología inversa con ella? Porque no funcionaría. Si bien una parte de Sora, una muy pequeña, insistía en el fútbol solo para desafiar a su progenitora, la otra parte, la más grande, lo hacía porque lo disfrutaba y ya.
¿Por qué los adultos complicaban tanto las cosas cuando eran tan simples?
—Lo lamento —susurró—. Pero no porque me des permiso dejaré de jugar, es algo que me gusta.
—Lo sé. No espero que lo hagas.
—¿Entonces dónde está la trampa? —preguntó desconfiada.
—No hay ninguna trampa, Sora. Tú misma, en algún momento, te darás cuenta de que no puedes seguir comportándote como un niño.
—¡Yo no me comporto como un niño! —Reaccionó a la defensiva.
—Lo haces. No lo sabes todavía, pero algún día… —Se interrumpió en mitad de su discurso al darse cuenta de que no estaba yendo al punto—. La cosa es que hay algo sobre lo que quiero platicar contigo. Se trata de los chicos.
Aquella tarde Sora recibió la tan incómoda charla sobre sexualidad que la hizo enrojecer hasta las orejas.
—Estás creciendo… —comenzó Toshiko—. Pero todavía te faltan cambios importantes.
—Si estás hablando de la menstruación… —intentó intervenir la menor un poco tímida.
Pero su madre no se lo permitió.
—La menstruación es solo el primer paso. Sé que ahora te agrada jugar al fútbol y estar con los chicos, pero luego, cuando tengas tu despertar sexual…
—¡¿Qué?! Es-esto…no es ne-necesario. En la escuela me lo han explicado ya.
—Pero no de forma tan clara. Esto es serio, Sora. Un día ya no se sentirá tan natural estar tanto en contacto con Taichi y Yamato. Sentirás cosas y ellos también.
—Ma-mamá… —intentó protestar la chica por última vez.
—Deja de interrumpir. Debo decírtelo quieras o no. Es por tu bien.
Sora no lo comprendió aquel día, pero si lo haría más tarde, poco después de su treceavo cumpleaños.
Fue un día común y corriente. Un día en el que, como siempre, había ido a jugar fútbol con Taichi mientras Yamato los observaba desde la sombra de un árbol, casi siempre en silencio, algunas veces tocando la armónica o leyendo.
En un momento dado Taichi creyó que sería gracioso dar un pelotazo a su amigo y eso ocasionó una pelea. Estuvieron a punto de irse a los golpes, si no fuera porque Sora, con toda su valentía y audacia, se interpuso entre ellos.
Taichi la empujó sin querer, pues su intención había sido irse contra Yamato, y rodaron por el césped hasta que él quedó encima y ella debajo, sintiendo toda la anatomía del muchacho en contacto con la suya.
El castaño se mostró sorprendido. Todo había ocurrido muy rápido y ni siquiera había alcanzado a darse cuenta de que por error se llevó a Sora por delante.
—Sora… —dijo temeroso de despertar su mal carácter o haberla lastimado.
Y luego lo notó. Notó al mismo tiempo que ella el punto exacto en que sus cuerpos se tocaban.
Ambos enrojecieron. Taichi comenzó a tartamudear. Sora enmudeció.
Terminó por empujarlo bruscamente de los hombros y huir del lugar corriendo.
Yamato no dijo nada. Ninguno de ellos mencionaría el tema nunca más.
Dos días más tarde Sora dejaría el fútbol y se inscribiría en el taller de tenis. Aquello, sin duda, marcaría no solo un cambio en su vida, sino un antes y un después en su relación con los chicos y especialmente con Taichi.
Notas finales:
Tuve un poco de problemas con esta viñeta, no sé, no estaba segura del enfoque. Pedí las opiniones de Ficker, Chia Moon, Manuciento y Genee, a quienes agradezco enormemente por sus aportes, y luego de hacerle unas pequeñas modificaciones esto fue lo que quedó. No cambió mucho porque a pesar de mis errores o que a veces no quede como quiero, siempre intento ser fiel a mí misma y hay algo que sí me satisface del resultado final.
¡Gracias por leer y especialmente a quienes comentan! No escribo por los reviews o al menos no solo por los reviews, pero a veces desanima ver que hay gente que agrega el fic a follow o favoritos y no dicen nada.
Es todo, ¡que tengan un gran fin de semana!
