Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.


La abeja y la flor

Capítulo 5: La no-charla

Era un domingo cualquiera en el departamento de los Ishida.

Ambos, padre e hijo, compartían el espacio en silencio, Hiroaki tomándose un café en el comedor y Yamato afinando su bajo en uno de los sofás de la pequeña sala.

Ambos, también, se dedicaban miradas disimuladas cada tanto. El primero porque esperaba el momento indicado para hablar, y el segundo porque se sabía observado por su progenitor. Sus miradas nunca coincidieron.

—Entonces… —Hiroaki comenzó titubeante—. ¿Cómo van las cosas con la banda?

—Bien. —La típica respuesta de Yamato para todo salió disparada de su boca sin necesidad de pensarla.

—Me alegro… es bueno saber que siguen adelante a pesar de lo que ocurrió en el concierto de Navidad.

Yamato tensó los hombros de forma automática, pero no dijo nada.

Con que allí residía el meollo del asunto. Esa actitud tan rara de su padre.

—Escucha. Sabes que no me gusta meterme en tus cosas, pero…Takeru le contó a tu madre y tu madre me contó a mí que estás saliendo con una chica. Esa esa pelirroja, ¿verdad? ¿Takenouchi?

—Sí. —Otra respuesta escueta.

—Yo no tengo ningún problema, quiero decir… tienes catorce años, no eres un niño, pero Natsuko piensa un poco diferente.

—¿Ella te pidió que hablaras conmigo? —preguntó Yamato, alzando la cabeza por primera vez en esa mañana.

—Sí, ella cree que justamente porque no eres un niño y tampoco un adulto, debo darte la charla.

—¿La charla? —repitió con voz monótona.

—Ya sabes…tu cuerpo está cambiando y… —Hiroaki dejó la frase a medias, esperando una reacción por parte de su hijo.

—Ah. Con que esa charla —murmuró Yamato tiempo después, con el más leve de los rubores adornando sus mejillas. Hace rato que había perdido la concentración, pero aun así fingió seguir afinando el bajo como si nada y Hiroaki fingió que no se daba cuenta.

Eran hombres, al fin y al cabo. Se les daba bien eso de fingir entre ellos y hablar poco.

—No creo que sea necesario —dijo el rubio con aire despreocupado.

—¿Verdad? Yo tampoco…

—Pero si quieres… podemos pretender que la tuvimos.

—Eso sería excelente. Se lo diré a Natsuko.

—No hace falta —dijo a sabiendas de que a su padre le costaba horrores mentirle a su madre—. Yo puedo decirle a Takeru, es la vía más directa al parecer —concluyó con un resoplido sarcástico.

—Sí, puede que tengas razón —concedió.

En ocasiones, no tener la charla era equivalente a tenerla. Al menos en ciertas familias funciona.

No dándole la charla, Hiroaki estaba, en efecto, dándosela. Porque todo lo que necesitaba que su hijo supiera era que sabía que probablemente pronto estaría haciendo cosas que no debería estar haciendo a su edad, pero que esperaba que se cuidara.

Los pormenores ya los descubriría luego Yamato por su cuenta. Para eso estaba internet, los compañeros de salón y tantos otros medios.


Notas finales:

De acuerdo, tengo que reconocer que esto se me ha escapado un poco de las manos, tanto en cuanto a extensión (¡duh! Esa parte era obvia), como también en cuanto a la temática.

Comencé esta colección con la intención de hacer puro humor, pero supongo que la anterior no quedó realmente graciosa y creo que está bien. No quiero a estas alturas tener que restringirme en ese sentido. Dejaré que salgan como tengan que salir.

¡Gracias por leer!