Disclaimer: nada me pertenece, los personajes pertenecen a Marvel y la historia a EndlessStairway, esta es una traducción.


13. Té caliente

Mientras Loki se duchaba, el paquete que Tony había ordenado el día anterior fue entregado. Tony debatió si dárselo o no al dios. Estaba perdiendo la cabeza con esta situación, estaba perdiendo de vista qué estaba bien y qué estaba mal. El maldito collar lo estaba comprometiendo, no tanto como al dios, pero su moral se estaba deformando. La forma en que había tratado a Loki esta mañana estuvo mal. Sabía que Loki no le había dado su consentimiento, pero aún así lo había usado y había disfrutado haciéndolo. Podía decirse que tenía que hacerlo para liberar a Loki del control estricto, y que por ello Loki estaría de acuerdo. Pero aun así eso no hacía que estuviera bien. Darle un regalo ahora no iba a cambiar eso, especialmente un regalo como este. Debería concentrarse en sacarlo de ese collar y sacarlo de su planeta, preferiblemente.

Todavía estaba pensando en aquello cuando Loki se unió a él. Vestía otra de las recientes adiciones de J.A.R.V.I.S. a su guardarropa —jeans ajustados y una túnica de seda azul oscura, bordada con hiedra trenzada. J.A.R.V.I.S. tenía un gusto excelente, y a Loki parecía gustarle vestir seda. El collar se había atenuado un poco del brillante destello inicial, pero las gemas aún resplandecían en un blanco claro.

Tony le entregó a Loki el té, luego lo volvió a coger, le dio un gran trago y se lo entregó de nuevo.

—Es té —dijo, tratando de no darle tanta importancia.

Loki le dio una pequeña sonrisa.

—Gracias, amo. —Tomó unos cuantos sorbos.

—Loki —comenzó Tony, metiendo las manos en sus bolsillos torpemente—. Yo...

Loki lo interrumpió.

—No debes disculparte —dijo—. No es necesario.

Tony sacudió la cabeza.

—Sí, de cierto modo es necesario. No debería haber hecho... todo eso. Fui demasiado lejos. Debí simplemente regresarte al modo azul y pudimos haber hablado sobre el resto. Lo siento. No volveré... no volverá a suceder.

Loki lo miró con curiosidad, pero asintió.

—Acepto tus disculpas, amo —dijo formalmente—. Pero como dije, es innecesario. Te dije que para aumentar la recompensa era necesario llevar las cosas más lejos. Y así lo hiciste. Es un precio que estoy dispuesto a pagar, te lo aseguro.

Tony no sintió que el asunto estuviera resuelto, pero estaba dispuesto a olvidarlo por ahora.

—Te tengo algo —dijo, feliz de cambiar el tema. Señaló la gran caja plana—. Aunque no te emociones demasiado, es más ropa.

—Ahh —dijo Loki, con una pequeña sonrisa socarrona. Pasó sus manos sobre la sedosa túnica en sus caderas, burlándose—. ¿Deseas seguir vistiéndome ahora que te diste el gusto, amo?

Tony le sonrió.

—Solo soy humano —dijo.

Loki dejó su vacía taza de té y se dirigió hacia el paquete. Lo abrió y sacó el contenido. Capas de papel tisú, seguidas de seda verde esmeralda. Un albornoz largo, capas de seda dándole peso y haciendo que la tela brillante fluyera como agua. Bordado en hilo dorado en las mangas, dobladillos y espalda cobraba vida un motivo repetitivo de cuervos, lobos y serpientes. Tony vio cómo Loki cuidadosamente trazaba el albornoz, sintiéndote un poco ansioso de que le gustara. Sabía que Loki diría que le gustaba porque no era idiota y, por supuesto, mentiría y diría «gracias» a la persona que tenía su cuerpo y su propia vida en sus manos. Tony reprimió sus vertiginosos pensamientos.

—No tienes que usarlo, si no te gusta —dijo, con una voz más trémula de lo que le hubiera gustado.

Loki acarició la seda del albornoz con la punta de sus dedos.

—Me gusta —dijo en un susurro—, y lo usaré para ti. —No levantó la vista, pasó los dedos por la suave seda y examinó el bordado—. ¿Hiciste esto para mí, amo?

Tony movió los pies incómodamente. El albornoz le había parecido una buena idea en mitad de la noche, pero ahora parecía un regalo demasiado íntimo.

—Sí —dijo—. Supongo que pensé que te verías bien en él... y también que podría gustarte

—Gracias. Puedo asegurarte que me veré bien en él. —Loki sonrió, pero la sonrisa se desvaneció de su rostro.

—¿Estás bien? —le preguntó Tony—. Si el albornoz te parece una mala idea, no tienes por qué usarlo y te juro que jamás volveré a mencionarlo.

—No, es solo que, me hizo recordar algo —dijo Loki, todavía acariciando con ternura la tela del albornoz—. Parece como si hubiese pasado una eternidad, pero en realidad no fue hace tanto tiempo. Solía dar regalos parecidos, cuando era un príncipe de Asgard y tenía la capacidad de hacerlo. Regalos a cortesanas, a hermosas criaturas cuyos caminos se cruzaban con el mío por un tiempo. Cosas finas que nunca podrían permitirse, que quizás atesorarían y por los que me recordarían con cariño, cuando nuestros caminos hubieran divergido.

Tony asintió, la anhelante melancolía en la voz de Loki era obvia. Anhelo por un tiempo que se había ido y que no regresaría.

Loki se espabiló de sus pensamientos.

—Y ahora soy yo la cortesana recibiendo semejante regalo. —Rio entre dientes—. Y de hecho, me siento favorecido y bastante encariñado contigo por ello.

Tony sonrió.

—No eres una cortesana —dijo.

Loki sacudió la cabeza.

—Ser una cortesana es una mejora significativa de mi estado anterior, amo, así que no pienses que soy un ingrato. Conozco mi lugar. —Tiró del collar, todavía brillando blanco alrededor de su cuello.

Tony decidió que podía hacer de esta una conversación una más incómoda.

—Loki, creo que necesito saber algo... esta mañana... si hay cosas que no quieres que haga, puedes decírmelo. Quiero decir, sé que si el vínculo pasa a modo estricto no puedes hablar y tienes que obedecerme, y preferiría no decirte que hicieras algo que realmente no quieres hacer. Y no hablo solo de este aspecto, en otras circunstancias también. Todavía no sé cuán libre eres para decirme «no», o incluso si lo harías si pudieras... así que puedes decírmelo. De qué quieres que me mantenga alejado.

Loki volvió a colocar el albornoz en la caja, luego se volvió hacia Tony.

—Amo —comenzó—, no te preocupes. No hay nada que hayas tomado de mí que no esté feliz de darte. Es mi deseo complacerte, y que seas feliz de tenerme aquí. No tengo ningún deseo de decirte «no».

—Todos tenemos límites, Loki. Estoy dispuesto a respetar los tuyos.

Loki se encogió de hombros y extendió las manos.

—Amo, no me has lastimado, no me has amenazado, no me has compartido con tus amigos. No me has encadenado, ni me has drogado, ni exhibido públicamente, ni me has hecho rogar por tu atención, por comida, por piedad. Me permites hablar libremente, me permites compartir tu cama, comer tu comida, me das regalos, me haces té con tus propias manos... —Se interrumpió, observando la expresión de Tony.

Miraba horrorizado mientras Loki enumeraba los crímenes que su amo anterior había cometido contra él. Loki y él obviamente estaban operando en una escala muy diferente. A Tony le preocupaba jalar muy fuerte su cabello. A Loki le preocupaba ser torturado, morirse de hambre y ser entregado a los amigos de Tony como juguete.

Loki apoyó la mano en el hombro de Tony.

—Tal vez Thor pueda encontrar una manera de deshacer el vínculo, pero eso tomará tiempo. ¿Cuántas personas en los Nueve Reinos crees que me darían refugio, como tú lo has hecho? Me interesa complacerte, amo, y no es una penuria hacerlo.

Tony se aclaró la garganta.

—Loki —dijo—. No voy a hacer nada de eso, ¿de acuerdo?

Loki inclinó la cabeza,

—Gracias, amo. —Claramente, la conversación no iba a llegar más lejos. Tony hizo una nota mental para volver a hablar con él cuando regresaran de Samningur. Aún tenían que averiguar qué significaban las luces blancas, pero ni siquiera tuvieron tiempo para realizar análisis en el laboratorio porque una bola de luz multicolor se estaba formando en el pórtico: Thor estaba llegando, y era hora de marcharse.


Y eso será todo por ahora... Como siempre, dudas, sugerencias, errores que vean... bien recibido todo será.

¡Cuídense y gracias por su paciencia, sus lecturas y por seguir ahí!