Disclaimer:nada me pertenece, los personajes pertenecen aMarvel y la historia a EndlessStairway, esta es una traducción.
17. Sombras, monstruos y el olor del verano
Loki.
El sonido de su propio nombre le sacó de su inconsciencia. Como si estuviera bajo el agua, la voz era distorsionada y aterradora. Su nombre en boca de algún monstruo, buscándolo, esperando que abriera lo ojos para atacarlo. Como un niño, quería mantener los ojos cerrados y fingir que dormía, pero sabía que aquello sería peor. Si intentaba fingir aunque fuera por un segundo lo sabrían y el castigo sería peor... ¡Siempre peor! ¿Cómo podía ser siempre peor? Abrió los ojos, miedo elevándose al darse cuenta de que yacía en un suelo duro. Alguien estaba agachado sobre él, sosteniéndolo, sacudiendo su hombro, llamándolo por su nombre. ¡No estaba obedeciendo! Tal vez ya le estaban castigado, aunque no recordaba haber sido tirado al suelo. A veces no lo recordaba. Si le habían dado algo de beber antes, o si le habían lastimado lo suficiente, los recuerdos se desvanecían. Vería moretones, cortes, cicatrices y no sabría cómo habían aparecido en su cuerpo. Trató de concentrarse, trató de ver quién le estaba dando órdenes, pero sus ojos no podían enfocarse. Todo era borroso. La sombra estaba tan cerca, demasiado cerca, pero la voz era distorsionada, profunda y baja. No podía entender sus órdenes. ¡Quería obedecer! ¡De verdad! Solo necesitaba tiempo, aunque fuera unos momentos. Quizá esta vez, si suplicaba bastante, obtendría misericordia.
—¡Por favor! —susurró. Ni siquiera sabía por qué estaba suplicando. A veces, por misericordia que nunca encontraba; otras por un momento para recuperarse antes de que le llamaran a servir de nuevo.
Se frotó los ojos con una mano temblorosa. No conocía la habitación en la que estaba. Debió haber sido drogado, drogado por Hreidmar y enviado con uno de sus secuaces, o peor aún, ¡con su hermano Otr! Pero estas no eran las habitaciones de Otr, las conocía y temía a aquellas habitaciones ricamente amuebladas. La figura inclinada sobre él estaba diciendo su nombre, gentilmente ahora, suavemente, pero era un truco. Siempre era un truco, no había amabilidad en este lugar, ni dulzura, ni consuelo, solo un respiro antes de que el siguiente tormento empezara. Loki no pudo responder, no sabía lo que se le exigía, no podía cumplir como se esperaba de alguien de su rango. Sería castigado.
El miedo volvió a inundarlo con toda su fuerza al ver el cofre junto a la pared. Tenía náuseas, calor y frío, no podía apartar los ojos de aquella vista. Estaba abierto, los cajones múltiples extendidos y desplegando su contenido. Supo entonces que había sido prestado por Hreidmar como recompensa a uno de sus seguidores o para ganarse la confianza de algún visitante con ideas afines. Temía a aquello, más de lo que temía a su tiempo como el juguete de Hreidmar. Era por la humillación que representaba. A pesar de todo, a pesar de lo bajo que había caído, siempre se le recordaba que podía caer aún más bajo. De un príncipe a un jotun impostor, a un suicida fallido flotando en el vacío. Después un invasor y un criminal, y ahora un esclavo. La primera vez que su amo había atado una correa a su collar y lo había entregado a su hermano Otr para que se lo llevara, se dio cuenta de que no había terreno seguro bajo él. Podría seguir cayendo por siempre.
Había ido, era caminar o ser arrastrado, no tenía opción. Había llevado aquel cofre y lo había puesto en las habitaciones de Otr, había realizado todos los actos depravados que le había ordenado y se había sometido a cada acto degradante que le había exigido, y aun así Otr no estaba satisfecho. Había probado todo en el cofre, todos los dispositivos, todas las ataduras, todas las pequeñas botellas de pociones, goteando en su lengua. Loki no tenía idea de cuánto había durado todo aquello la primera vez. Había perdido la noción del tiempo. Días, semanas incluso habían transcurrido hasta que fue atado de nuevo y llevado desnudo y tropezando de regreso con su amo. Había puesto su rostro en el suelo y agradecido a Hreidmar por tomarlo de regreso, le había jurado obediencia y gratitud y todo lo demás que se le pudo ocurrir. Hreidmar era despiadado y exigente, pero su hermano era un verdadero sádico. Ahora, no podía recordar si aquella primera vez había sido como un castigo o simplemente por capricho de su amo. SIn embargo, no fue la última vez. El contenido del cofre era siempre distinto, pero el dolor y la humillación eran siempre iguales.
Loki no podía respirar. Había un peso invisible en su pecho. Escalofríos recorrieron su cuerpo. Cuando finalmente pudo respirar el olor a coco y metal se filtró hasta su cerebro. Sus manos se extendieron involuntariamente y agarraron la figura encima de él. Sabía que no debía tocar sin permiso, pero era como si sus manos se hubieran cerrado y no pudiera saber cómo abrirlas. No había nada más que el sonido de agua corriendo en sus oídos y el eco de su nombre. Las otras palabras desaparecieron en la marea de sus miedos, sabía que estaba balbuceando pero no sabía lo que estaba diciendo. Todo lo que sabía era que no podía, no podía, no podía. No sabía por qué pensaba que esta vez podría ser diferente. Siempre tenía que soportar, siempre era obligado a hacer lo que su amo le ordenara. No había más que dolor si se negaba, dolor y sumisión forzada al final. ¿Por qué pensaba que las cosas podrían ser diferentes? ¿Por qué pensó que podría estar a salvo? Había sido desterrado, Odín lo había sentenciado y le había dado la espalda mientras era llevado a que lo vendieran. Sabía lo que era: un asesino, un traidor, un fracaso, y ahora no era más que una cosa para ser usada.
Otro olor. Cálido, seguro y reconfortante. Una mano sosteniendo su cuello, más sombras sobre él. La figura que le sostenía era un salvavidas, no podía soltarla. Lo apretó con más fuerza, acercándolo, desesperado por la seguridad que le ofrecía. Más palabras flotaron sobre sus oídos que no pudo entender, su nombre repitiéndose. Estaba balbuceando, de su boca cayeron palabras que no pudo detener:
—Por favor, por favor, te lo ruego, seré complaciente, seré obediente, haré todo lo que quieras, no te diré que no, te ruego que seas misericordioso, no tienes que lastimarme, obedeceré, obedeceré.
Loki se dio cuenta de un sobresalto que estaba vestido. Eso estaba mal, debería estar desnudo, no debería llevar una camisa, pantalones y zapatos como si fuera una persona, como si valiera algo. Debería desnudarse y ponerse a disposición de su amo, pero no podía hacerlo sin soltar a la persona a la que estaba aferrándose, y simplemente se rehusaba a hacer esto.
La mano cálida desapareció de su cuello y vio el cofre ser recogido y llevado fuera de la habitación. La figura a la que se aferraba todavía le hablaba, voz baja y suave, pero adolorida. No podía entender sus palabras, solo podía aferrarse a ella con todas sus fuerzas. No sabía por qué, pero necesitaba mantener a esta persona cerca de él. Tal vez tendrían un poco de misericordia, aunque sabía que no la merecía.
La segunda figura regresó, trayendo consigo el mismo olor a sol dorado y pasto recién cortado, cálidos veranos y hogar. ¡Thor! ¡Thor! ¡Era Thor! Sus ojos se enfocaron y de repente el ruido ensordecedor desapareció. Levantó la vista, Tony Stark lo estaba mirando, antebrazos atrapados en el agarre de Loki. Todavía le estaba hablando, tono bajo y calmado.
—Está bien, Loki, estás bien. Nadie va a lastimarte. Aunque me estás lastimando un poco, Lokes, ¡vaya agarre tan fuerte el que tienes! Ouch, ouch, ouch... Loki estás lastimándome. Vamos a calmarnos. Ahora estás a salvo. Thor se llevó el cofre, se ha ido, nadie va a lastimarte, aunque debo decir que ahora me estás lastimando un poco. Thor, puedes ayudarme aquí, no puedo soltarlo, tiene un agarre mortal y es bastante doloroso, ouch, ouch, ouch.
Loki bajó la mirada horrorizado hasta sus propias manos, apretando los brazos de su amo, moretones floreciendo bajo sus dedos. Soltó su agarre, vio la carne desgarrada y magullada, la marca de su mano delineada en blanco entre rojos y púrpuras. ¡Había atacado a su amo! ¡No existía mayor crimen! Sus manos volaron hasta el collar, ya viendo el enojado resplandor amarillo acumulándose y reflejándose en él. El dolor lo barrió como una ola, y lo arrastró hasta sus profundidades.
