Disclaimer: nada me pertenece, los personajes pertenecen a Marvel y la historia a EndlessStairway, esta es una traducción.
18. Amarillo
—¡Mierda! ¡Mierda! ¡No! —Tony vio la horrorizada comprensión en el rostro de Loki desvanecerse mientras sus ojos se tornaban blancos. Todo su cuerpo empezó a temblar, luz amarilla inundando la habitación por el resplandor de las gemas alrededor de su cuello. Tony nunca había visto al collar tan brillante.
—¡Stark! —Thor agarró a Loki y trató de evitar que se lastimara contra el suelo de piedra.
—¡Detente! ¡Basta! ¡Alto! ¡Es suficiente! ¡Te perdono! ¡Te perdono! —gritó Tony, asustado por el violento temblor procedente de Loki. La luz se atenuó, aunque ligeramente. Tony repetidamente le aseguró a Loki que le perdonaba, que era bueno, que todo estaría bien. Tras unos cuantos minutos el resplandor no se atenuó más. Loki ya no estaba convulsionando, se acurrucó en el suelo temblando y escondiendo su cabeza bajo sus brazos. Thor trató de abrazarlo, pero su cuerpo era rígido y extraño en su abrazo.
Tony se sentó sobre sus talones.
—Muy bien, Thor, necesito que salgas.
Thor levantó la mirada.
—¡No vas a castigarlo más! —dijo, era una advertencia, pero también una pregunta.
Tony levantó las manos, haciendo una mueca por el dolor en sus antebrazos y muñecas.
—¡Por supuesto que no! Esto es como una batalla por el control entre el vínculo y yo, tengo que imponerme para que el castigo se detenga. Créeme, Thor, no voy a hacerle daño. Pero él no te querrá cerca para que veas.
A Thor no le gustó aquello, pero podía ver que Loki estaba sufriendo y no tenía otra idea de cómo detener esto.
—Estaré del otro lado de la puerta —declaró, desafiando a Tony a que se opusiera.
Cuando la puerta se cerró, Tony se arrodilló junto al cuerpo de Loki acurrucado en el suelo.
—Muy bien, Loki —dijo—. Vas a escucharme atentamente y hacer exactamente lo que te digo.
Guardó silencio, pensando. Necesitaba detener el castigo del vínculo pero sin hacer algo peor. Loki le había dicho muy poco sobre lo que prefería. Tony sabía que no era tan malo como el «dueño» anterior de Loki, pero aquello le dejaba un gran margen de error.
—De rodillas —ordenó, tratando de sonar firme. Loki luchó por ponerse de rodillas y tal como esperaba, el brillo amarillo se atenuó un poco más. Pensó que había un castigo de «referencia» por las malas acciones que no podría reducir solo con palabras. Solo podía detenerlo imponiéndose, el vínculo le permitía administrar disciplina directamente. Maldijo al maldito enfermo que fabricó el collar y lo puso en Loki, ¡o en cualquiera!
—Quítate la camisa —ordenó Tony—. Lentamente.
Loki agachó la mirada, cabello cayendo por su rostro. Con dedos temblorosos tiró de los lazos en el cuello de la túnica de seda, revelando la piel enrojecida a unos centímetros de su pecho. Las gemas continuaron atenuándose mientras Loki se sacaba lentamente la túnica por su cabeza y la dejaba a un lado. Intentó regresar a su habitual posición de rodillas con la espalda recta, pero no pudo sostenerla. Parecía que estaba temblando de frío, pero era probable que fuera por el shock y el miedo. Las pulseras de oro alrededor de sus muñecas tintinearon mientras ponía las manos en sus muslos y las apretaba, tratando de controlarse. Al menos ahora sabía dónde estaba. Tony solo esperaba que supiera que él no iba a lastimarlo.
Tony bajó las largas mangas de su camisa hasta sus muñecas. No quería que Loki observara sus brazos hinchados y magullados y cayera en otro episodio. Apartó el dolor de su mente, se ocuparía más tarde de eso. Ahora necesitaba pensar en cómo castigar a Loki sin castigarlo realmente. Entre el dolor en sus brazos y la conmoción por el ataque de pánico del dios, no estaba de humor para nada sexual. Tampoco quería forzar a Loki ahora mismo en algo de este tipo.
—Está bien —dijo—. Vas a mostrarme lo bueno que puedes ser. —Tomó una naranja del frutero provisto cortésmente en su habitación, se la mostró a Loki—. Vamos a jugar: Tráela —dijo—. Sin manos y sin pararte. —Esas reglas deberían ser bastante fáciles de seguir. No era doloroso pero seguía siendo lo suficientemente humillante para contar como castigo. Tony se sentó en el cómodo asiento junto a la chimenea, hizo rodar la naranja hasta donde Loki se arrodillaba.
—Tráela —dijo.
Loki miró la naranja delante de él, Tony esperó con vehemencia a que hubiese entendido el juego, de lo contrario el vínculo iba a castigarle más. Tras un segundo, Loki se puso en sus manos, de rodillas, se inclinó y recogió la naranja en los dientes. El brillo se estaba atenuando. La humillación parecía tan buen castigo como el dolor. Se arrastró de rodillas hasta Tony y colocó suavemente la naranja en su mano expectante.
—Buen chico. —No pudo evitar decirlo—. Buen trabajo, lo estás haciendo muy bien. Vamos a intentarlo otra vez. —Hizo rodar la naranja hasta la esquina de la habitación y Loki se arrastró tras ella, con la cabeza agachada. Tony no podía ver su rostro pero podía ver el tenue brillo de las gemas en su nuca. Por mucho que disfrutara ver a Loki en sus manos y rodillas, de momento no estaba de humor para apreciarlo. Todo lo que quería era detener su dolor y consolarlo.
Tony no podía determinar cuándo exactamente había empezado a preocuparse por Loki, pero probablemente fue bastante rápido, tras empezar a prestarle atención. Tony tendía a apegarse a las personas por las que se sentía responsable, por ello NO intentaba meterse en situaciones en las que se responsabilizaba por otros. Excepto al ser un superhéroe, obviamente; pero eso no conducía a enredos a largo plazo. No era como el que le regalaran un esclavo que vivía en su casa y era obligado a servirte sexualmente, por ejemplo.
Loki le devolvió la naranja, permitiendo que sus labios rozaran sus dedos cuando soltó la fruta.
—Muy bien —lo elogió—. Eres tan bueno, tan obediente, lo estás haciendo perfectamente. —Hizo que Loki buscara la naranja unas cuantas veces más, cada vez elogiándolo y diciéndole lo bueno que era. Cuando el brillo casi había desaparecido, decidió cambiar la dinámica.
—¿Crees que puedas atraparla con esos bonitos dientes?
Loki se sentó sobre sus talones y miró bajo sus parpados hacia la naranja en la mano de Tony. Parecía indeciso.
—¿Un poco grande, eh? No sé, Loki, he visto lo que puedes hacer con tu boca, y es impresionante. Pero sí, te entiendo, empecemos despacio. —Tony se inclinó y recogió algunas uvas. Lanzó una al aire y lo atrapó en su propia boca—. ¡Fácil!
Loki se arrodilló delante de él, observando su mano. Por su lenguaje corporal, para entonces el tenue brillo era más incómodo que doloroso.
Tony le lanzó la uva a Loki, quien se inclinó un poco sobre sus rodillas y la atrapó en su boca. Luego se arrastró hasta Tony y la puso en su mano, dándole después un suave beso en la palma. Tony recordó que a Loki no se le permitía comer. Qué lástima, probablemente ahora necesitaba un subidón de azúcar. Tony examinó el collar y vio que estaba apagado, sin brillo alguno. Se dejó caer en su silla, aliviado. Estaban justo donde habían empezado, Loki en modo estricto, sin poder hablar ni comer.
Tony le lanzó a Loki su camisa y le dijo que se la pusiera, después llamó a Thor de regreso a la habitación.
Thor inspeccionó a Loki y pareció encontrarlo aceptable. Se sentó en la cama y se frotó los ojos.
—Hermano... lo siento. —Hombros caídos, Thor parecía derrotado, triste—. Debí haberte encontrado antes. Debí haber matado a Otr junto a las otras sabandijas de esta casa. No debí traerte de regreso a este lugar.
—No puede hablar, amigo —Tony bostezó. Ya era tarde, habían viajado por toda la galaxia y se habían sentado en ceremonias durante todo el día. Ya estaba cansado cuando Loki había tenido su ataque—. No dejaremos que Otr le vea así —declaró, haciendo un gesto a Loki arrodillado sumisamente—. Pensará que su pequeño truco dio resultado o que castigué a Loki por desafiarlo hoy. De cualquier manera, no lo permitiremos. —Observó si Loki aún tenía la mirada gacha y subió sus mangas. Había dos huellas de manos claras en sus antebrazos, marcadas en la carne magullada e hinchada entre sus muñecas y codos.
—Notará eso —dijo Thor—. Te traeré una piedra curativa mañana en la mañana, Los Einherjar la prepararán.
Tony asintió, no tenía idea de cómo funcionaba una piedra curativa, pero si era lo que el nombre implicaba, la agradecería. Le dolían los huesos y sus manos estaban rígidas y dolorosas.
—Vamos a dormir un poco —decidió—. Mañana puedes curarme y yo puedo... eh... encargarme de Loki.
Se dio vuelta mientras Thor se sentaba en el suelo junto a Loki y le hablaba en un susurro. Algunas cosas debían ser privadas entre ellos. Por mucho que estuviera unido con Thor en la batalla y con Loki en... otras formas, sabía que los hermanos tenían una relación larga y compleja de la que no formaba parte.
Thor le apretó el hombro mientras se marchaba, mirándolo a los ojos y asintiendo con solemnidad. Parecía que el pequeño plan de Otr para vengarse de ellos había tenido éxito. Otr había castigado a Loki por hablar en su contra sin ponerle un dedo encima. Tony decidió mentalmente que iba a hacer todo lo posible por joder al tipo.
—Quítate la camisa, los pantalones y los zapatos. Luego ve a la cama —le ordenó, sabiendo que si no lo hacía, Loki probablemente iba a arrodillarse en la alfombra toda la noche. Tiró las mantas sobre ambos, contento internamente por tener a Loki en la cama con él nuevamente. Se había acostumbrado a su presencia yaciendo a su lado, y era más fácil para Loki dormir en modo estricto si estaba en la cama de su amo. Disponible. El estómago le dio un vuelco. Necesitaba parar su enamoramiento con el dios. Loki podía ser un cuerpo obediente y cálidamente reconfortante en su cama, pero era en contra de su voluntad y Tony no podía permitirse perder aquello de vista. Si comenzaba a decirse que no era tan malo, que era mejor que Otr, que era un amo amable; terminaría como el maldito Thomas Jefferson* violando a su esclavo y diciendo que era un amorío.
Loki se volvió y se acurrucó contra la espalda de Tony, cálido y cómodo. Tony dejó que sus pensamientos se evaporaran y cerró los ojos.
N/T: Thomas Jefferson: fue un presidente de los Estados Unidos, considerado como uno de los Padres Fundadores. Estaba en contra de la esclavitud, calificándola incluso como un «crimen abominable»; pero fue dueño de casi seiscientas personas. Tras la muerte de su mujer, tuvo además un romance con una de sus esclavas: Sally Hemings, con quien supuestamente tuvo seis hijos, cuatro llegaron a adultos y los liberó cuando cumplieron la mayoría de edad. La mujer siguió sirviéndole hasta su muerte.
Esto será todo por ahora, espero que compense la espera. Como siempre, dudas que tengan trataré de responderlas tan pronto como pueda, y sugerencias bien recibidas serán.
Cuídense mucho y gracias por seguir ahí.
