Disclaimer: nada me pertenece, los personajes pertenecen a Marvel y la historia a EndlessStairway, esta es una traducción.
38. Epílogo uno: Cristales
—¿Oye, puedo preguntarte algo?
Loki giró la cabeza tratando de mirar a Tony. No pudo, porque estaba firmemente atado por sus muñecas y tobillos al marco reforzado de titanio de la cama del humano. Gruñó a través de su mordaza, claramente comunicando un: «¿en serio?», a pesar de que fue completamente ininteligible.
Tony deslizó sus manos por los muslos extendidos de Loki y apretó la carne de sus nalgas, levantadas por la almohada bajo sus caderas.
—Sí, de verdad. Quiero decir, usualmente evitas responder mis preguntas, pero tal vez, en este momento, puede que estés motivado, ¿sabes? —Tony se inclinó sobre su prisionero, dejando que su cálido aliento cayera sobre el culo perfecto del dios, estimulándolo. Loki trató de moverse hacia atrás, levantando sus caderas, tratando de obtener más de aquella sensación. Tony se había dado cuenta, tras una exhaustiva investigación, que Loki estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, prometer cualquier cosa, decir cualquier cosa si era recompensado con la lengua de Tony en su culo. Por supuesto, Tony había aprovechado ese conocimiento, extrayendo muchas promesas lascivas que Loki había cumplido felizmente. Tenía a un dios a su disposición. Si el precio que tenía que pagar era reducirlo a un manojo de gritos y súplicas con su lengua, bueno, era uno que estaba dispuesto a pagar.
Otro gruñido de parte de Loki, uno resignado a cualquier clase de juego que Tony estuviera tramando. Dejó caer su cabeza de nuevo contra la almohada, relajó sus músculos. Tony nunca se cansaba de la vista. Loki, meses después de haber regresado libremente al penthouse, se entregó voluntariamente a sus deseos. Por supuesto, todo esto no fue fácil. Algunas noches fueron duras. Las pesadillas llegaban, y necesitaban ser ahuyentadas con whisky y abrazos y las manos de Tony sobre el cuerpo del dios, recordándole que estaba a salvo. Algunos días, Loki se marchaba a las habitaciones que le había dado en la torre, cerraba la puerta y no salía hasta la mañana siguiente. Había desaparecido del penthouse unas cuantas veces, dejando a Tony deambulando de un lado a otro de preocupación hasta que regresaba. No le decía lo que había hecho y Tony no se lo preguntaba.
Apretó el culo de Loki nuevamente, separando las nalgas perfectas y redondas y soplando su aliento entre ellas. Se ganó un gemido ahogado. Al dios le encantaba estar amordazado. Tony había estado comprando juguetes en cuanto se había dado cuenta de este interés particular, y hoy tenía un nuevo modelo por probar. En cuanto lo vio, Loki simplemente había dicho que sí, ojos encendidos de deseo. Parecía un bozal de cuero, pero en su interior, un consolador de goma de cuatro pulgadas le daba al dios algo que chupar. También le hacía imposible hablar. Loki tenía señales con las manos si necesitaba comunicarse, y por supuesto, si quería, simplemente podía usar su magia para liberarse. Nunca lo hizo. Incluso cuando Tony lo había atado a un banco en el laboratorio y lo había mantenido allí todo el día, usándolo cada vez que quería, e ignorándolo el resto del tiempo. En aquella ocasión, Loki solo había señalado: «verde, verde, verde» para que continuara.
—Entonces, J.A.R.V.I.S. me informó que hay una señal de energía bastante interesante que proviene de tu apartamento. ¿Hay algo que quieras decirme al respecto? —Levantó una mano y la dejó caer sobre el trasero de Loki con un golpe seco. El dios se sobresaltó y sacudió la cabeza—. ¿No? Bueno, no puedo decir que no siento un poco de curiosidad. J.A.R.V.I.S. no pudo identificar esa señal de energía, así que imagino que es algo que no es de la Tierra. —Levantó su mano otra vez y esperó. Loki flexionó sus manos pero no respondió. Le dio otra nalgada. El dios podía ser muy terco. Tony confiaba en que no hubiera llevado nada peligroso a la torre, pero tenía curiosidad. Dejaría que Loki decidiera cómo sería el resto de la noche.
—Bueno, aquí está mi oferta, Príncipe Bonito. Háblame de esa señal de energía y me comeré tu trasero hasta que te corras tan fuerte que te desmayes. O, NO me lo digas, y azotaré este lindo trasero hasta que esté rojo y caliente, y luego lo follaré. Ah, y estarás usando esto. —Levantó una banda de cuero frente a los ojos de Loki—. Y no podrás correrte.
Las mejillas de Loki estaban sonrojadas y sus ojos abiertos y suplicantes mientras Tony le describía sus opciones. Cuando vio el anillo para el pene gimoteó a través de la mordaza. Loki odiaba el anillo para el pene. Lo amaba y lo odiaba por igual. Cuando Tony le hacía usarlo, suplicaba para que se lo quitara, pero también lo volvía extremadamente deseoso por complacerlo. Tony juraba que podía saber si Loki estaba usándolo solo por el entusiasmo con el que le chupaba la polla.
Loki lo fulminó con la mirada. Tony simplemente esperó. La promesa del anilingus solía ser suficiente para que Loki hiciera cualquier cosa que él quisiera. Tony no se lo ofrecía todo el tiempo, le gustaba tener a Loki deseando siempre más. Habían transcurrido unas cuantas semanas desde la última vez que el dios había sido recompensado de aquella manera, y Tony dudaba que pudiera resistirse. Loki cerró los ojos y asintió. Tony sonrió y desabrochó la mordaza. Antes de retirarle el consolador de la boca a Loki, le advirtió:
—Cualquier otra cosa que contestes que no sean respuestas concretas a mis preguntas, esto regresará a su lugar, y empezaré a darte nalgadas, ¿entendido?
Loki puso los ojos en blanco y asintió nuevamente. Tony dejó la mordaza a un lado y volvió a subirse a la cama entre las piernas abiertas del dios.
—Muy bien, primera pregunta: ¿qué hace esa señal de energía en tu apartamento?
Loki apretó la mandíbula.
—Anthony, te aseguro que no es nada peligroso para tu reino.
—Eh, eh, eh, ¡esa no fue una respuesta concreta! —Agarró la mordaza y la empujó de nuevo en la boca del dios. Loki se apartó tanto como pudo, diciendo:
—¡Espera! ¡Te lo diré! ¡Te lo diré! —Tony se detuvo, mordaza aún en su mano. Loki dejó caer su cabeza contra la almohada.
—Viene de los cristales de energía de la máquina de Otr. Los reuní hace dos días. ¡Son míos! ¡Los Nidavellir ni siquiera saben qué hacer con semejante poder!
Tony había sospechado que la respuesta sería algo parecido. La energía era fuerte, pero no correspondía a nada parecido en la Tierra. J.A.R.V.I.S. solo la había detectado porque había estado expandiendo el alcance de sus sensores tras escanear la magia de Loki. Tony consideró que aquella era una respuesta bastante completa, para los estándares de Loki. Para mantenerlo motivado, se inclinó y lamió a Loki desde la parte de atrás de sus bolas hasta la parte baja de su espalda. El dios inmediatamente perdió su actitud petulante y volvió a derretirse contra la almohada.
Tony esperó. Loki gimió y siguió hablando.
—¡Eres insufrible! Estoy usando el poder para proteger la torre de las fuerzas de Asgard. Estoy seguro de que a estas alturas Odín ya sabe que estoy aquí, y preferiría que no se presentara aquí inesperadamente. El Bifrost no podrá aterrizar en este lugar. Si Odín aterriza en otro lado e intenta ingresar por medios más convencionales, lo sabré antes de que se encuentre a una milla de distancia. Tiempo más que suficiente para apartarme de su camino. ¡Otr no tenía idea de cómo usar semejante poder! Quería hacer un arma para usarla contra los demás reinos, ser una especie de emperador. ¡Estaba loco! ¿Cómo podía esperar controlar semejante arma? ¡Lo habría destruido, destruido su reino, habría hecho un agujero en la mismísima realidad!
Tony guardó silencio por un momento.
—¿Pero eso no sucederá aquí?—preguntó.
Loki gruñó y tiró de las esposas.
—¿Me crees tan tonto? ¡He estudiado el seidr durante mil años! ¡Ahora, libérame o pon esa deliciosa mordaza en mi boca y ponte a trabajar!
Tony adoraba al Loki mandón. Incluso atado, despatarrado sobre su vientre y completamente desnudo, podía sonar imperioso. Estaba feliz por complacerlo, empujó la mordaza de nuevo en su boca y la abrochó firmemente detrás de su cabeza. Loki gimió y meneó su culo invitadoramente.
Ya tendría tiempo de pensar en los cristales de energía más tarde, ahora, tenía trabajo que hacer.
