Aquí estoy después de un largo período, mi intención era actualizar hace tiempo, pero no pude. "Espero puedan disculparme" por tardar demasiado


Disclaimer: El universo y los personajes usados en esta historia son propiedad de su respectivo creador.

Advertencias: Algunos personajes contienen Ooc, AU Mundo mágico post-Hogwarts.

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Capitulo II

Sentada sobre la cama con los ojos cerradas y una mano en el pecho, sintiendo los acelerados latidos de su corazón, Hermione hacía ejercicios de respiración.

Una vez más, una espeluznante pesadilla había irrumpido de forma abrupta sus horas de descanso.

Tenía que tranquilizarse.

Recientemente esa situación se estaba repitiendo con demasiada frecuencia, no quería que se volviera un automatismo, era horrible todas las noches tener que revivir un doloroso y adverso recuerdo a través de sueños que cada vez eran más escalofriantes.

Un agudo lloriqueo hizo que diera un respingo en su lugar, no podía dar crédito a lo que sus oídos escuchaban, en su casa no había un bebé, debía ser un invento de su imaginación, si debía serlo, pero ese llanto era…

No, ella no podía estar imaginando o vivificando que escuchaba ese llanto infantil, de cual no sabía cómo, pero tenía la certeza de que pertenecía a su hijo, no obstante, era inverosímil. Matthew había nacido muerto y, por lo tanto; ella nunca pudo escucharlo llorar.

Se llevó las manos a las orejas cuando este se hizo más fuerte, no quería seguir escuchándolo, sabía que no era real, que ese sonido solo era una inconsciente psicosomática manifestación de sus latentes deseos de que su hijo estuviera vivo.

Últimamente todo lo relacionado a Matthew estaba volviendo a la memoria con brío, haciendo que mirara demasiado hacia atrás, reviviendo el mismo dolor, que como agujas se clavaba en su cuerpo.

Apretó los ojos, en un superficial intento de impedir que sus ojos se llenaran de lágrimas, cuando el ruido pareció atravesar sus manos, todo eso semejaba ser un síntoma de la esquizofrenia, ella no podría estar volviéndose loca. No podía permitir que eso la sobrepasara, ella era más fuerte que eso.

No debía dejarse llevar, no debía ceder ante tales oposiciones de la locura.

Pero sus vanos esfuerzos no fueron lo suficientemente denuedos, cuando se trataba de ese tema en específico Hermione dejaba de ser la mujer con un gran temple de acero, la cual parecía evidenciar siempre con su actitud, que su hobby favorito era sojuzgar a las personas, pese a ello en momentos como esos ella se convertía en algo tan vulnerable, tan frágil…

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Y el llanto persistía, insistiendo en hacer un ruido insoportable y por más que oprimiera sus manos, no cesaba. Era satíricamente martirizador. Estaba segura que la maldición cruiatus sería mejor recibida, más plausible, hasta más manejable que escuchar sonidos tan alarmantes como esos.

—Ya por favor…—susurro con agonía—has que se detenga—imploro al aire, mientras que gotas saladas se escapaban de sus ojos

A pesar de eso, este daba la impresión de no querer detenerse, era como una especie de cacofonía torturante.

Intento relajarse haciendo de oídos sordos—fingiendo como un médium, en el mundo mudo muggle, que no escuchaba nada para no parecer desequilibrado—pero no lograba conseguirlo.

¿Por qué escuchaba esa clase de ruidos?

Necesitaba tomarse un filtro de paz, ese tipo de pociones eran las que tomaba en aquel tiempo en el que ni siquiera ella misma podía sostenerse.

Las recientes pesadillas que presentemente la afligían, fueron la razón por las que decidió comprar un par de ellas.

Resolvió levantarse de la cama, con tal de ir a la vitrina del baño para tomarse una poción, pero precisamente cuando se encontraba de pie junto al umbral, la castaña reparó en como aquellos lloriqueos se volvieron tan fuertes, que lograron que su cabeza doliera al punto en el que la sentía palpitar. Que el suplicio que sufría creciera tanto para explotar acabando con ella, pero no esta vez.

—¡Ya basta, maldita sea! —blasfemo Hermione entre gritos, enterrando los dedos en laterales de su cabellera rizada —¡no es real! ¡lo que escucho no es real! ¡no es real! No lo es, no lo es… —murmuro esta última parte con un tono de voz particularmente adolorido.

Sorprendentemente, el estridente ruido se extinguió con sus palabras. Como si solo bastaba gran fuerza de voluntad para que pasara.

Y notando que ya no existía ningún ruido martirizador, la castaña se quedó parada en ese lugar, se llevó la mano derecha a la cara sosteniéndose de la puerta con la puerta con la otra, al mismo tiempo que un vagido asfixiado se escapó de su garganta, seguido de otro.

¿Alguien podría decirle como aguantar tanto dolor?

¿Sería hasta nunca que duraría?

Preguntarle a la vida ya está resultando demasiado discordante. Porque el dolor seguía ahí, como una cruz que tenía que cargar por algún tipo de karma que estaba pagando, ella había sido como cualquier ser humano, y no iba negar que había pecado, que había mentido, pero como igual que cualquier persona. Estaba segura que nadie necesitaba sufrir como ella, que nadie sentía que el día estaba nublado, aunque este estuviera más esplendido que nunca. Se sentía tan cansada, tan frustrada, tan rabiosa con toda esa situación.

Furiosa se limpió las lágrimas que resbalaban por sus mejillas —Ya es suficiente —se dijo a si misma con severidad—todos estos años eh estado tragándome mis lágrimas, y ahora no hay ninguna razón para no dejar de hacerlo—

Ya estaban rotas más de mil cosas que no se podrían arreglar.

Como el polvo en el viento.

No podía seguir lagrimeando por ver a las nubes tapando estrellas, que nunca iba a poder volver ver.

Era hora de dejar de actuar de manera tan débil. Aunque fuera en silencio y nadie la viera, seguían siendo muestras de flaqueza, pero hacia ella misma, Hermione no iba a dejar que unas evocaciones funestas la torturan. Ella siempre fue más fuerte que eso, y debía volver a serlo.

No podía permitirse seguir siendo esa mujer; que ante pesadillas lloraba con el mismo abatimiento desesperado que aquel mismo horrible período, no iba a seguir siendo esa misma estúpida que impotente solo atinaba lloraba por la leche derramada en el piso.

Asi de inflexible como era con las demás personas, asi mismo debía ser con ella de nuevo, no iba condescender el continuar actuando como alguien tan insuficiente. Ella era una mujer menesterosa que pese a todo había conseguido salir de esas arenas movedizas, y como tal debía actuar, aun cuando nadie estuviera presente.

Ella tenía las energías suficientes para adoptar una inmediata resolución cruda y regia.

Determino exonerarse por su volátil comportamiento, pero tampoco por eso iba permitir, dejar pasar alto conductas tan patéticas e innecesarias, solo por una pesadez de cabeza.

No se iba dejar hacer migas.

Con pasos lentos se trasladó hasta su cama para recuperarse del agotamiento, apago la lámpara y luego se abrazó a la cobija pensando que mañana sería otro día, con nuevos logros y nuevas caídas, con nuevas heridas causadas, pensar en eso de algún modo la había hecho sonreír de manera real, ni siquiera sabía cuándo le había tomado gusto a menoscabar a las personas.

Se hizo la desentendida, ignorando esa voz que le decía que debía levantarse y tomarse una poción para no soñar, para asi evitar otra pesadilla.

No lo iba hacer, ya había adquirido una posición ante un objetivo, y dentro los esquemas de este no estaba seguir comportándose como un ser deleznable, que requiere insumos elaborados para mantenerse en sus trece.

Pero no hacerle caso a la voz del sentido común, le jugó una mala pasada.

Tuvo otra pesadilla…

Pero era diferente, en esta ella escuchaba el llanto de su hijo, el mismo sonido estrepitoso al que dio oídos antes amonestarse a sí misma.

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Su Matthew lloraba y ella corría entre un montón de pasillos interminables— del mismo hospital donde estuvo internada— abriendo cada puerta sin tener éxito alguno en poder encontrarlo.

Ya voy mi cielo—decía ella con voz angustiada dentro del luctuoso sueño—ya voy, espérate. Mami va encontrarte—pero por más que abriera puertas no lo hallaba y eso la estaba desesperando cada vez más.

Al final de la pesadilla, logro encontrar la habitación donde su bebé estaba llorando, y nada más abrir la puerta corrió hacia él…. Solo para ver horrorizada, que en la única cunita de plástico que estaba dentro del área de maternidad, había un niño que no conocía.

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Esa horrible experiencia la despertó sobresaltada, temblaba de tal manera que ni siquiera pudo encender la lámpara de aceite de mesita de noche. Había esperado que luego de esa severa reconvención que se había dado, los turbadores sueños desaparecieran. No obstante, no fue asi.

Y lo peor, era que ni siquiera sabía el porqué de ese sueño.

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La mañana llego, y fue anunciada por el estímulo de los rayos del sol que atravesaban el traga luz que estaba en su habitación, dándole de forma certera en cara. Se levantó maldiciendo con fuerzas este hecho van banal de la naturaleza, pudo percatarse que tenía varios mechones rizados de su cabello adheridos a su mejilla, se los aparto con irritación, ya de por sí ese día ya se estaba anticipando como uno bastante cargante.

Cuando ya estaba en el baño, habiéndose quitado la ropa, entro en la ducha y justo en el momento en el que se disponía abrir la llave de la regadera, Hermione sintió algo tibio resbalarle por los muslos.

Se quedó petrificada mirando la sangre que fluía, ese era proceso normal indicaba que su regla ya empezaba, pero para ella — cuya respiración se estaba acelerando con cada milésima de segundo — no era más que una especie de secuela, efectos del pasado que la no dejaban en paz, que parecían hostigarla.

Rápidamente abrió la llave y dejo que el agua se llevara aquellas segregaciones rojas.

Trago saliva retirando la mirada, para luego cerrar los ojos mientras pegaba la frente contra el azulejo. Ella ya debía haber superado esa etapa, sin embargo, no podía evitar que cada vez que llegaba su menstruación su memoria reanimara el exordio de aquel siniestro evento.

Pero al menos no era como antes.

Con el agua enjugando su cuerpo, recordó la primera vez que sucedió aquello. Fue un día lluvioso luego de que fuera daba de alta del hospital, estaba ensimismada en la biblioteca y de repente su pantalón claro se empezó a manchar de rojo, había gritado sintiéndose impotente dentro de esa despierta pesadilla pensando que de nuevo estaba perdiendo a su hijo.

Pero eso ya era parte del pasado, aunque aún tuviera algunas repercusiones, que como una cicatriz siempre le recodaba aquel sórdido y espontaneo imprevisto.

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Rememorando la exigencia que se había hecho a sí misma la noche anterior, decidió ponerse al frente y omitir ese hecho que, como un índice, exteriorizaba que ese día; iba a ser un mal día. Una persona era la responsable de que su día fuera un día provechoso, ella no creía en ingenuidades como la suerte. Cada quien era capaz de labrar su suerte y eso era algo que se debía hacer con continuamente, diariamente, inalterablemente como un relojito para que todo te saliera bien, la suerte no existía, porque si existiera, como había pensado en días anteriores, su hijo estaría con ella y no cuatro metros bajo tierra.

Pero si había algo en lo que ella creía, y era en la ley de Murphy.

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Si algo empezaba mal, mal iba a terminar

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Cuando ya estuvo lista y sin ninguna contrariedad, se apareció en el lobby de ministerio con su bolsa colgado de un hombro y su portafolios del otro. Sus tacones de aguja hacían un ruido afinado sobre el piso de mármol a medida que caminaba.

—Buenos días señorita Granger —

Le saludaban con solemne cortesía y/o cuidado, algunos oficinistas que la veían llegar, Hermione devolvía los saludos simplemente con un seco asentimiento de cabeza. Y aunque siempre solía hacer ese movimiento a todos a manera de saludo, ese día lo hacía solo por cautela, no quería que ese fuera un mal día, aunque ya lo sucedido esa mañana hubiera anunciado que asi seria.

Cuando la castaña arribó la pequeña dependencia de su secretaria, parpadeo con confusión al tiempo que fruncía el ceño, viendo que la bolsa de su asistente estaba sobre el escritorio, pero que ella no se hallaba tras este. Eso solo podía significar la pelinegra había al baño o a beber agua.

Empujo las esquinas de sus labios hacia dentro, y las delineo con su lengua, pensando en la torpeza de su secretaria, ella claramente le había especificado que siempre tendría que estar en su escritorio para recibirla.

Cambio el peso de un pie a otro volviéndose de espaldas, viendo a su alrededor con gesto abstinente.

—Eveneezer —llamo a un oficinista que transitaba por ahí.

—Buenos días, ¿qué se le se le ofrece Señorita Granger?— musitó cautelosamente el muchacho

—Buenos días, ¿sabes dónde está Enma? —

El joven oficinista, quien poseía la misma edad que ella, pareció realmente nervioso cuando le pregunto por su secretaria, símbolo de que él sabía dónde estaba. Pero aun así este solo atino hacer un balancear su cabeza en un gesto que indicaba que no.

Llena de suspicacia, Hermione concluyó preguntarle con mordacidad solo para amilanarlo—¿Qué no te llega aire a las cuerdas vocales? —

—Si…. —susurro

—Sí, ¿qué? — demando áspera, notando que Eveneezer cada vez se ponía más nervioso, y lo peor era que ella no le estaba haciendo nada

—Sí, lle..ga aire —

—¡¿Entonces porque no me respondes?! — exclamo levemente alto — ¿sabes o no dónde está metida mi secretaria? —

—No, señorita, no sé dónde está Enma —soltó en balbuceo rápido

—Eveneezer —dijo su nombre con advertencia —más te vale que de verdad no sepas donde está… —

Y se movió, haciendo ruido con sus zapatos ,hasta llegar a su oficina. Estando ya dentro de esta dejo reposando sobre la oscura madera del escritorio, la carpeta de documentos que había traído consigo.

—Ay Enma… —dijo lentamente —tal parece que te contagiaste de ganas de perder tu trabajo—

Si para cuando necesitara algo, aunque fuera tinta, y no la tuviera encima de su escritorio. Lo único que haría sería darle a su asistente su liquidación, sin ningún tipo de explicaciones.

Ella muy bien le había explicado sus responsabilidades, dentro y fuera del contrato, cuando la había empleado y entre unas de las que estaban fuera era; qué ella tenía estar sin falta tras su escritorio para recibirla ya fuera por equis o ye nimiedad.

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El reloj que estaba en la pared había marcado que tres minutos había pasado, y esos tres minutos la castaña de ojos almendrados los había usado; sentándose en su silla giratoria, ordenando los documentos que estaban en el escritorio —después de todo Enma no había sido tan ineficaz— y echarle un diminuto repaso, que ni siquiera pudo seguir haciendo porque la puerta comenzó a sonar, alguien la estaba tocando.

—Adelante. —

—Buenos días señorita Granger —era su secretaria—lamento mucho… no haber estado… para recibirla —dijo entre inhalaciones

Hermione la miro en silencio —Mira Enma, yo te deje especificado el día que te contrate todas tus obligaciones —hablo con formalidad —y dentro de esas obligaciones, estaba que siempre tendrías que estar antes que yo —

—Yo si llegué antes que usted, pero me permití… —

—Ya, ya, ya… no me interesa escuchar tus tontas excusas —le dijo apartando la mirada de ella para concentrarla en los papeles de autentificaciones, que sostuvo entre sus manos—por esta vez lo voy a dejarlo pasar por alto, solo porque al menos tuviste el "talento" de dejar esto—hablo refiriéndose a la carpeta que sostenía. —y ya retírate —exigió rígida

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Dos horas habían transcurrido con la mayor de las tranquilidades, tal vez y lo sucedido en el baño solo había sido una exagerada estulticia suya. Ese día estaba marchando como manecillas de reloj, claro si omitía la ineptitud de su secretaria al no haberla esperado.

Como hacia cada que tenía un buen día se mantuvo dentro de su oficina, y la puerta de esta solo se abría cuando llamaba a Enma o cuando esta entraba para informarle sobre los subordinados o los directores que solicitaban verla.

Pensó en la fiesta a la que Harry la había invitado, tan solo ese era el último día que faltaba para que llegara, por ningún medio consiguió encontrar nada para que la salvara de ir.

Pensó en la posibilidad de hacerse daño a si misma con tal de tener una excusa perfectamente razonable para no asistir, pero la simple idea de tener que acudir a un hospital le parecía tan espeluznante que, como evasiva ante esa inclinación, uso la lógica del sentido común como justificación para evitar el medio que llevaría allá.

—Ahgr daría cualquier cosa por no ir —hablo consigo misma cambiando de lugar el fleco que tenía sobre la frente, para luego firmar el final de unos papeles.

Tenía que llevarlos al directivo de legislaciones, bien podría llamar a su secretaria para que esta los llevara o hacer que se enviaran solas con pase de magia, pero se dispuso hacerlo ella misma, quería estirar las piernas.

Y cuando salió de la oficina distinguió, por qué ese día iba a ser un mal día.

—Andy deja eso… —su secretaria le susurraba a un niño de no más de tres años

Se movió con disimulo hasta pararse frente al escritorio de esta, se quedó ahí parada unos segundos solamente mirando la escena hasta que Enma pudo percatarse de su presencia, Hermione consiguió distinguir en sus ojos grises el espanto, sabía muy bien que ella no era una mujer condescendiente y que los niños estaban prohibidos en aquel lugar. Ese era un punto que ella siempre resaltaba.

—Sabes hoy estoy de humor —dijo, pero eso solo era expresión de que no quería echar a perder su día, de que quería estar en paz sin gritos ni evanescencias— y voy a ser indulgente contigo, aunque no debería porque seguramente me has estado viendo la cara—

La chica frente a ella solo agitó la cabeza en un gesto negativo, mientras que sus ojos empezaban a perlarse

— Tienes media hora para resolver esto— le dijo nada más antes de seguir su camino

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Cuando volvió, noto que la muchacha continuaba en la dependencia y que no había ningún rastro de que estuviera solucionando nada.

—¿Y bien? —pregunto con tranquilidad

—Se-señorita Granger, e-él es mi sobrino, mi hermano no tenía con quien dejarlo —la muchacha se apretujaba nerviosa las manos y la castaña solo podía mirarla con apática imperturbabilidad

—Si notas, estúpida que este no es un ambiente para un niño —le resalto con crudeza

Enma nada más la miraba suplicante—N-no tengo con quien dejarlo, mi her..mano—

—No me interesa tu hermano, lo que me interesa es que tu resuelvas esto, y más vale que lo hagas rápido porque ya se te está acabando el tiempo—

Con esas ultimas frases se metió a su oficina

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Minutos más tarde, en aras de saber si ya se había cumplido con lo establecido decidió llamar a pelinegra. La muchacha apareció más rápido de lo previsto

—¿Ya solucionaste? —pregunto de forma punzante.

A ella no le gustaba ver o estar cerca de niños pequeños, siempre en ellos distinguía la terrible verdad de que el suyo con estaba con ella.

—Yo, perdón pe-pero… —susurro

—Enma ya basta, tus ridículos intentos de disculparte ni me van ni me vienen, asi que dejar balbucear como idiota que me irrita —le dijo desdeñosa —necesito que vayas al ala de recursos humanos y le informes al director que Hermione Granger; la jefa del departamento de ejecución de leyes mágicas necesita una nueva secretaria —

—Pe-pero... —

—Y tú, no creo que seas tan obtusa para no saber que estas despedida, además de que tendrás que pagar una multa por incumplimiento de contrato —explico con satírica calma

—¿Incumplimiento de contrato…?—musito en medio de un gemido ahogado

—¡Merlín! ¿que acaso eres sorda? cuando firmaste, había una cláusula que especificaba con claridad que no estaba permitido el dislate de incompetencia que se te ocurrió practicar. —

—Pero, por favor… —ahora ligeras lagrimas se deslizaban por sus mejillas

—Uff perfecto —dijo con notorio sarcasmo —deja de llorar, si hubieras dicho que tenías un hijo o sobrino o lo que sea en tu currículum, se te hubiera proporcionado un subterfugio y hasta un servicio especial en estos casos, pero no lo hiciste. Mira ahora cuales son las consecuencias… ya retírate que tengo cosas que hacer —le aseveró sintiendo como una especie de desabrimiento por lo que había hecho.

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Enma salió y ella se quedó sola dentro de los confines de su oficina, minutos más tarde recibió un avión volador de papel que exponía lo siguiente:

Estimada señorita Granger, en intima confidencialidad quiero decirle que ya me resulta bastante cansino tener que conseguirle secretarias, cada vez que usted le da por despedirlas solo por vicio, y con todo el respeto que usted merece; si necesita secretaria nueva, ya va siendo hora de que la consiga por sus propios medios.

—Ah, pero que infeliz insolente—exclamo con indignación—, bueno no me importa ya veré como le hago—

Ese día no podía ser más infructuoso

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La mañana siguiente llego sin ningún contra tiempo

Fuera del hecho de que no tenía secretaria, y que ninguna parecía querer dignarse a serlo, adjuntándole también que tenía que ir la estúpida fiesta. Esa jornada prometía ser provechosa.

El día anterior había puesto un anuncio en el periódico, en espera de que al menos ese día pudiera encontrarse con alguna/0s solicitantes que requirieran el puesto, pero lamentablemente nadie se presentó y tuvo que arreglárselas sola con todo, llevar ella misma los documentos, buscar firmas, solicitar sellos, hacer copias. Algo sumamente estresante. Sin embargo, por encima de eso seguía venerando su trabajo que la distraía de las pesadillas que la acaecían desde días atrás, no tenía idea de porque estas seguían dándose, aunque—en contra de su propia voluntad—ella tomara pociones.

Dentro de ella seguía reinando una incertidumbre con respecto a ese tema en particular, algo como la comezón de una marca que te deja un mosquito luego de picarte, solo que esta comezón era constante.

En lo profundo de su corazón sentía como si esto fuera algo asi como un presagio, pero no sabía de qué. Llego al punto en el que se permitió labrarle camino a esa intuición que le suponía que tenía que ver con su Matthew, pero tan pronto especulo los por menores de esa idea tan inaudita la deshecho, por lo inadmisible que era.

Ya figuraba una necia obstinada que no dejaba esa monomanía.

Una cosa era pensar Matthew, y lo injusto y cruel que había sido el destino al arrebatárselo de forma tan cruda, y otra muy distinta era comenzar a idealizar alquimias utópicas y absurdas. Todavía parecía que ella no quería aceptar que su hijo estaba muerto, y muerto se iba quedar siempre.

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Notas finales:

Hola aquí estoy después de mucho, mucho tiempo.

Quería escribir este capítulo, que por cierto es puro relleno, desde hace un tiempo. Pero no me animaba, porque quería mejorar mi redacción. Intenté conseguir un beta que me ayudara con esta historia, pero lamentablemente no lo encontré. Si de casualidad hay alguien que quiera ofrecerse puede enviarme un mensaje al privado o mejor contactarse conmigo vía mi Facebook Sue Donily. Se lo agradecería inmensamente.

En este capítulo pudieron echarle un vistazo—más afondo— al mal carácter que adquirió Hermione, y lo mala que es…

El capítulo en sí, iba a tratar sobre la fiesta en la madriguera, pero me salió demasiado largo, por lo que tuve que partirlo en dos. Asi que el "Capítulo III" ya está guardado, lo publicare la próxima vez que use mi cuenta.

No se olviden de comentar, ya sea para dar una crítica constructiva, para pedir una continuación o para decirme que les gusto. Les mando un besote enorme a todos

¡MUCHISMAS GRACIAS! Por sus favs, sus follows y sus reviews, fueron los que me animaron continuar, aun a costa de que no me convencía escribir sin un betareader.

Hasta la próxima :3