¡Hola! Aquí estoy con otro nuevo capítulo.
Espero y les gusté, ya lo tenía escrito, pero no lo pude subir por falta de internet.
Disclaimer: los personajes son propiedad de su respectivo creador.
Advertencias: Ooc, UA mundo mágico (post-Hogwarts)
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Capitulo IV
Nada más aparecerse dentro de su casa, Hermione tiro su bolsa con violencia y soltó el grito que estaba atorado en su garganta—¡Ahhhh! —
Con un poco de torpeza, gracias a la rabia, saco su varita y comenzó a destruir todo lo que estaba a su alcance. Primero fue el aparador donde estaba una lujosa vajilla china, después siguió con mesita de vidrio, los adornos, los muebles y lo demás.
Era evidente que estaba comprimida por el desasosiego, pero hacia eso con el único fin de desquitarse, de ventilarse. No había sido suficiente, necesitaba calmar la furia que le circulaba por las venas. Hizo añicos una hermosa escultura griega, que mucho dinero le había costado.
Cuando sacio todo el furor que sentía y concluyo su voraz faena, se quedó quieta mirando toda la nueva decoración de su casa con el mentón alzado y una inactiva expresión casi afligida, no paso mucho para que la inanición llegara, dejo caer su varita que rodo en piso para después derrumbarse ella también, sus piernas ni siquiera pudieron sostenerla. El esfuerzo mental fue demasiado, sentía como el corazón le punzaba al punto en que podía distinguir el dolor físicamente, podía sentir con cada palpitar como le sangraba.
Cada espacio de piel de su cuerpo estaba ardiéndole, sus sentidos mantenían bastante frescas y latentes, las injuriosas palabras de aquella mujer. En el interior de su garganta un nudo enorme amenazaba con hacer que sus labios temblaran y a su vez hacer también que sus almendrados ojos se llenaran de agua salada.
Hannah le apuñaleo de forma cruel, un punto demasiado sensible para ella, le removió de manera morbosa una herida que nunca terminaba de cerrarse del todo. Se llevó la mano a la boca para ocultar el gemido ahogado que emitió su garganta. Y no solo Hannah, Fleur también había participado en ello, haciéndole aquella propuesta tan sádica.
Le parecía tan perversa la petición que le había hecho esta última, ni siquiera sabía cómo se había controlado en aquel instante para no estrangularla ella misma.
¿Cómo podían existir mujeres como esas?, mujeres no, más bien dicho crápulas, tan desalmadas que llegan al punto en el que no se tocan el alma para matar a su propio hijo. Ni lo animales se rebajaban a ese nivel tan sórdido y por algo tan vano e insulso como la apariencia física, solo ella era tan insustancial, el exterior era una cosa que en cualquier momento podría convertirse en algo aberrante.
La rabia que había contenido, fue la causante de que, con palabras mordaces hiciera ver la ironía de las cosas. Mientras que Hannah se moría de ilusiones por ser madre, incluso ella misma, que aún le parecía intolerable el fallecimiento de su hijo. Fleur por otro lado.
Solo quiso ver en los ojos de alguien, un poco del dolor y la ira que le había hecho sentir la proposición de la francesa, pues tener en claro que le causo una bronca con su marido, y un leve pánico por saber que si llegaba a lograr su cometido sería como comprarse un boleto directo a Azcaban. No le pareció suficiente, quiso sacarse una espina, lavarse con sangre y lamentablemente la rubia atrigada estuvo en el medio.
No obstante, por primera vez en su vida—desde que comenzó a ser alguien inclemente— se arrepentía de haber zaherido a alguien y no por el hecho de sentir empatía, sino por las consecuencias agraviantes que causo en ella misma. Hannah supo bien como refutar a sus afrentosas palabras, le dio una cuchillada certera.
Insensiblemente su cabeza comenzó a llenarse de amargos recuerdos, todo el transcurso del día nació su hijo; el terrible dolor físico, la sangre, el pánico, la estadía en el hospital, la dolorosa noticia de que estaba muerto.
Y ahí cayó en cuenta.
Hannah tenía razón, su hijo estaba muerto por su culpa. Si ella se hubiera cuidado más, si aquel día no hubiera… los ojos comenzaron a picarle y sentía como a sus pulmones le costaba purificar el aire que erráticamente respiraba
Era su culpa, su culpa y solo suya
Sin que pudiera evitarlo, de sus cuencas desbordaron las gruesas lágrimas que estaba conteniendo desde que llego, ni siquiera el ultimátum que se había dado a si misma tuvo algún valor en aquel instante, lloro de forma contráctil sabiendo que ella era la única responsable de la muerte de su hijo. Estaba echándole la culpa al mundo de algo, de lo cual ella fue la única causante. Debió haberse internado en el hospital días anteriores al parto o al menos estarse tranquila en su casa esperando que este llegara, su embarazo había sido riesgoso. Pero su insistencia por querer reparar lo que ya estaba desmenuzado, actuaron en contra suya, haciendo que perdiera lo único que tenía en el mundo. Nunca se iba a perdonar por su obstinación.
Quiso gemir de arrepentimiento, quiso gritar de nuevo. Pero su garganta se había trancado, lo único que podía hacer era llorar, no le importo parecer patética. Saber que había sido pura bulla al decir que iba a refrenar comportamientos tan, supuestamente, fuera de lugar como esos.
Crecidamente los sollozos fueron volviéndose potentes, ella era única promotora de su desgracia, ni siquiera merecía el aire que entrecortadamente inhalaba, mientras permanecía apoyada en el piso comenzó a sentir como el sufrimiento cada vez se iba engrandeciendo, parecía no tener fronteras. ¿Por qué? ¿por qué tuvo que ser tan necia? ¿por qué no espero a que naciera Matthew para intentar arreglar las cosas? El dolor le perforaba tan profundamente que quería morirse, quería que alguien la matase, porque sabía ella misma no tenía el valor para hacerlo. Pues algo en su interior le decía; que ese era el momento donde más que nunca tenía que vivir que tenía seguir de pie. Pero como podía hacerlo consciente ahora de la inaguantable verdad, consciente ahora de que toda la agonía que sufría no era más que el resultado de su imprudencia, de su falta de cuidado.
Las lágrimas llegaron a mojar la madera, pero no le tomo importancia, asi como tampoco le tomo importancia al hecho de que, dentro de su casa, el sonido que produce una aparición llenara el espacio llegando a sus oídos. Se quedó ahí recostada en piso, sumergida en su ahogamiento.
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—¡Merlín, ¿qué paso aquí?! ¡Hermione! —la voz de Harry resonó en el ambiente —Hermione…—le llamo en un tono angustiado viéndola en el piso, se agacho hasta ella tomándola por los hombros en un gesto de reanimo. Pero Hermione parecía ida, solo concentrada en llorar, un sentimiento atormentado vibro en su interior. La última vez que la había visto más o menos asi, fue cuando se enteró de aquella noticia. Pero en ese entonces la había escuchado gritar de manera desgarradora entre quejidos y maldiciones, y ahí parecía estar hundida en un mar de lágrimas.
La peor idea que se le pudo haber ocurrido, fue el llevarla a esa fiesta. Nada había salido como él espero.
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La boca de la castaña se abrió y el aire se filtró por su garganta llegando a sus cuerdas vocales, permitiéndole por fin explorar en lamentos, recriminándose y culpándose por la muerte de su Matthew.
— No Hermione tu no tiene la culpa de nada — le señaló el azabache acariciándole el trazo de tela blanca que le cubría los hombros, intentando darle consuelo. Pero aunque estuviera cubierta, la piel continuaba ardiéndole y el contacto de las manos de su amigo no hacían más que quemarle, Harry intento decir algo de nuevo, pero ella se apartó soltándose de agarre.
—No deja..me, déjame, no me… to..ques,—
—Perdón, si yo no te hubiera invitado… —
—Ya, no sé qué haces aquí …—exclamo recomponiéndose —vete, vete, quiero que te vayas… —
Esta vez no lo decía por ser odiosa o por querer soledad, sino porque ahora sabía que ella no merecía la propensión de nadie, ella era la responsable de la muerte de Matthew. Ella subsidiariamente mato a su bebito, si se hubiera cuidado más, si se hubiera preocupado por contactar a Viktor para que le ayudara con el embarazo, en vez de andar poniéndose en riesgo. Tal vez las cosas serían diferentes, ahora no estaría padeciendo ese dolor tan martirizador, no estaría su alma gritando como un delfín en agonía, no se sentiría perdida en ese túnel sin salida. Pensar que solo con una sola diferencia que hubiera hecho, la asidua herirá que tenía ni siquiera existiría.
Harry quien se había quedado en piso solo escuchándola, se puso de pie sin apartar la mirada de sus ojos. Sin embargo, se quedó ahí parado sin moverse ni un ápice de su lugar.
Los almendrados ojos de Hermione por más que derramaban lágrimas, que se deslizaban por sus mejillas, estas seguían empañando su visión permitiéndole ver solamente borrones. Con ásperos sollozos miro largamente al ojijade en espera de que se marchara. Pero el azabache no se iba
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Todo lo que sus ojos jades observaban figuraban ser un suplicio interminable. Espontáneamente unas finas líneas de agua salada rodaron por sus pómulos, su pobre amiga era tan desdichada, le afectaba considerablemente verla en ese estado, sentía que se le partía el alma, por un momento quiso regresar atrás y cambiar las cosas. Quería verla feliz, quería que fuera la Hermione de antes, la muchacha correcta, controladora y agradable, preocupada por el bienestar general, defendiendo causas nobles. Había pensado que el paso del tiempo sería el mejor remedio para curar la llaga que le hizo aquel suceso, que solo bastaría el pasar de las estaciones para que olvidara e iniciara de nuevo. Pero el tiempo no había hecho más que empeorar las cosas, ahí estaba ella sufriendo todavía.
Las palabras de Ron hicieron eco en su cabeza, haciéndole ver nítidamente cuál era la realidad ahora, Hermione nunca hubo superado nada, a causa de ese episodio se había reducido al mismo de nivel de un animalito salvaje herido y arrinconado, evoco la escena vivida en la madriguera y tuvo que cerrar los ojos, comprendiendo que, aunque su amiga obro mal en aquel momento, la peor parte se la había llevado ella. Solo bastaba nada más observar el estado tan luctuoso en el que estaba, y eso solo agrandaba su deseo de querer echar el tiempo atrás.
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Enervada por su amigo que no mostraba indicios de querer hacerle caso, Hermione lo tomo por el brazo apretándole el lugar con fuerzas;—¿Qué no me escuchas? —mastico las palabras usando el mismo tono inflexible con el que regañaba a los demás —quiero que te vayas…—apuntaba con desasosiego sujetándolo mientras se movía hasta la puerta, no quería que Harry estuviera ahí, no quería que siguiera al lado de ella y menos que siguiera viendo el estado tan vulnerable en el que estaba consumiéndose.
—Hermione por favor…—le dijo este apenas se hubo soltado, sabía que la castaña no era más que una tortuguita. Por fuera dura y recia, y por dentro más blanda y benigna que una esponja.
—Vete—pronuncio lentamente conteniendo inútilmente las lágrimas—vete de mi casa, no te quiero aquí. No te quiero en mi vida—.
Estaba intranquila por su reticencia a querer irse, su amigo parecía tan empecinado en quedarse ahí, quería que se fuera, quería que la dejara hundirse sola en su pena.
Pero lo cierto era que en esa oportunidad precisaba de él, le hacía falta no para que la abrazara, porque el contacto físico era algo que aún no soportaba, sino para que estuviera a su lado. Pero estar al tanto de su falta, de su negligencia. Le hacían rechazar cualquier asomo de apoyo reconfortante que no debía tener por lo que había hecho.
—En este estado, no te hace ningún bien estar sola—
Una risa seca broto de sus labios y entonces puntuó:—Créeme, me hace muy bien —mintió regia, si bien admitía a regaña dientes que lo necesitaba a su lado. Aseveraba también que los transgresores merecían poco menos que nada y ella ahora estaba al tanto de que era una, estaba consciente de que Harry solo quería darle consuelo, tal vez por lealtad, por las veces que en los momentos más difíciles ella estuvo con él apoyándolo incondicionalmente, quizá para devolverle el favor, pero él no le debía nada. Mucho hizo estando con ella años atrás. Sabiendo que el ojijade no se iría asi de fácil escupió agriamente —lárgate de mi vida, asi como hiciste esa vez. —
—Hermione y-o.. —
—¡No cállate! al principio tú también me abandonaste, me insultaste—solo le recordaba eso como presión para que se fuera, tenía muy en claro que aquella vez Harry solo había estado alterado —yo confié en ti y tú me llamaste cualquiera…— por un instante la voz que le decía que tenía que tratar mal a todos, la felicito por ello, pero al ver el efecto que sus palabras habían causado, se detuvo viendo el remordimiento realmente grabado en las facciones de su amigo, la idea era que se fuera no que hacerlo sentir algún tipo de aflicción. —Vete —ordeno de nuevo secamente cuando abrió la puerta de su casa, con un aspecto estoico.
Con las lágrimas ya secas, Harry miro a la castaña, un suspiro se escapó de sus labios, abrió la boca con la intención de decir algo, pero luego la cerro. Y cuando sus pies ya estaban en el umbral de la puerta solo pudo murmurar —Lo siento… —
Pero Hermione no supo a que venía ese "lo siento", no sabía si era por lo de la fiesta, por lo que le había recriminado o por algo más. Cerro los ojos azotando la puerta para después ponerse la mano sobre estos, mientras sofocaba sus quejidos. Estaba completamente segura de que él se repondría, pues el remordimiento que sin intención le hizo sentir no era ni siquiera una décima parte, del que ella padecía en aquel momento.
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Sino fuera porque solo había comprado una botella de Whiskey de fuego y se la había tomado días atrás, en ese instante estaría intentando ahogarse de borracha de nuevo gracias a la avalancha de lacrimosas emociones contritas que batían contra ella. No obstante, decidió que esa vez, que iba a intentar otro medio que siempre era más eficaz que el alcohol. Con pasos acelerados se movió hasta la oficina que tenía en su casa, pero a medio camino se detuvo volviéndose para recoger su varita, lanzo un hechizo a toda la casa impidiendo que en esta se volviera aparecer, y momentos después estando en los límites de su despacho encendió las luces y camino hasta el escritorio, se limpió la cara presurosamente antes de que sus manos abrieran el ultimo cajón de este.
Un motón de papeles y carpetas se dejaron ver, dándole la bienvenida.
Trabajo
Eso era lo único que solía distraerla, eso fue lo único que hizo que no siguiera hundiéndose en tiempos pasados, cuando no quería hacer nada y estaba en una fuerte etapa de depresión. Cuando había dejado su carrera a medio hacer, para concentrarse mejor en algo solo requería papeleo o más bien, que no incluía ver niños. Ni madres alegres sosteniendo en sus brazos la felicidad, felicidad que estaba muerta para ella.
Se concentró de lleno en la labor de hacer aquello, de revisar cada uno de los documentos, cambiando cosas que no le parecían, poniendo notas, agregando algunas firmas, entre otras cosas. Todo esto sin la ayuda de magia para tardar más, tanto que de a ratos se le olvidaba el dolor que la atosigaba, pero pese a ello, el sentimiento era igual que las olas, se iba y venía, a veces como un tsunami regresaba con fuerzas haciendo que se detuviera porque no solo le dolía el alma, sino también la cabeza.
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Casi cuatro horas después había terminado, y mientras se lavaba las manos, para limpiarse la tinta. Pensó en su hijo de nuevo, pero esta vez de otra forma. Hacía semanas que no iba a el cementerio a ponerle flores, pero esto era debido la sensación que siempre la embargaba cuando veía aquella lapida.
¿Debería ir?
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Finalmente, ahí estaba, después de mucho meditarlo. Se dijo que su corazón ya soportaba más dolor del que podía resistir y aquella emoción que experimentaba al estar frente a la tumba de su bebé, tal vez no haría ninguna diferencia.
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A la memoria de mi amado hijo
Matthew Granger.
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Leyó el nombre sobre la lápida de piedra caliza, y como un rio le recorrió de nuevo el sentimiento
—Hola bebé, mami vino a traerte flores —susurro opresivamente, luego de agacharse para colocar los crisantemos blancos —no vine las últimas veces porque… —justo ahí, se ahogó con las palabras y comenzó a deshacerse en disculpas —perdóname, perdóname, perdón —suplico con la cabeza agachada haciendo que las lágrimas cayeran gota a gota por su nariz. —tu e-eras lo que yo m-más ama-amaba en el mundo, yo no, yo no… perdón —pidió rozando una hoja de la alfombra verde turquesa de césped.
Sentía que tenía que decirlo, tenía que pedir perdón. Aunque estaba consciente de que no lo merecía, Matthew estaba muerto por su necedad. A su alrededor estaba oscuro por ser casi de madrugada, esas no eran horas de visita, pero no le interesaba. Sollozos acelerados casi le impidieron respirar mientras se limpiaba el rastro de humedad
—Pe-per-perdóname, por-que yo, porq-porqu-porque y-yo nunca podré hacerlo —decía entre erráticos hipidos advirtiendo fugazmente en su nariz que segregaba, se limpió rápidamente mientras sorbía —me gu-gustaria e-es-estar muerta, par-para estar contigo …—siempre que iba a visitarlo, le decía esto último.
No iba negar nunca, que lo que ella más deseaba era estar con su hijo. Tenerlo con ella, abrazarlo, arroparlo por las noches, contarle cuentos tan bonitos como los que le contaban sus padres de niña.
Pero eso era algo que ni en sueños podía tener, era nada más que una utopía que solo en pequeños instantes, podía imaginar con amargura porque sabía que no era, ni seria nunca real.
—Toma mi mano siéntela —comenzó a entonar esa suave canción que le cantaba cuando estaba embarazada y acariciaba su gran abultado vientre—yo te protejo de cualquier cosa, no llores más aquí estoy —sus ojos ya no estaban llenos de agua, pero su corazón seguía lleno de dolor, evitando que viajara al pasado y se concentrara solo en su adverso e inconsolable presente— quiero abrazarte te protegeré, esta fusión es irrompible. En mi corazón, tu vivirás, desde hoy será y para siempre amor. En corazón no importa el qué dirán, para ti estaré siempre, siempre y por siempre. En mi cora- en mi cora… —la tristeza hizo de las suyas, impidiendo que siguiera canturreando, decidió dejarlo hasta ahí.
Tomo una profunda inhalación mientras se ponía de pie
Ya era hora de irse.
Miro largamente la tumba, al mismo tiempo que tomaba profundas bocanadas de aire. Cerro los ojos y en un santiamén desapareció.
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Hermione se despertó escuchando el incesante toque en su puerta «Maldita sea» ¿a quién demonios se le ocurría molestarla bien temprano ese día que decidió era libre, se acomodó la bata de dormir, pensando que quien fuera, que fuese el atrevido que oso a fastidiarla, estaría metido en serios problemas. Cuando estuvo en la sala noto el desastre que aún no había limpiado, soltó un bufido pesado. Tenía que ordenar eso, pero ya sería luego. Sin querer sus ojos almendrados se posaron en el reloj de péndulo, que roto yacía en el piso a causa de unos de sus hechizos pero que seguía funcionando y marcaba las tres con cuarentaitres. Un sonido exasperado broto de sus labios, ¿tanto había dormido? No pudo seguir cavilando nada porque los incesantes golpes volvieron.
—Ya voy —exclamo con molestia
Y para sorpresa suya, cuando abrió la puerta vislumbro a Lavender Brown.
—Lavender —pronuncio con hastió mirándola de arriba abajo.
—Ah hola Hermione —saludo bastante compungida la chica rubia.
—¿Qué haces aquí? —
—Yo… yo necesitaba hablar contigo —
—Si es para que me disculpe, no lo voy hacer... —
Ella negó rápidamente con la cabeza —No, no es eso. ¿puedo pasar? —
—No —
—Lo que tengo que decirte es muy importante —parecía bastante nerviosa o ansiosa.
Hermione contuvo una risa —Importante, ¿tú diciendo algo importante? —rio sin voz —no me hagas reír por favor —
—¡Si es importante! Es sobre…—inhalo como si tuviera miedo de continuar, y cualquier rastro de sarcástica diversión en la fisionomía de la castaña, quedo suspendida cuando termino de escuchar lo que la rubia dijo: —es sobre tu hijo —
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Notas finales:
Un poquito más corto que los demás, pero bueno aquí esta. Espero que les haya gustado
Tal vez esta Hermione es demasiado llorona, y contradictoria puesto que por un lado es insoportable y hasta cruel, y por otro no menos más frágil que una copa de cristal. Pero la tuve que poner asi para que pudiera encajar en este tiempo de la historia, no tendría mucho sentido ponerla desde cuando es casi una piedra, seria fastidioso. Aparte de que asi la entienden más, y si preguntan ¿Por qué entonces está estancada en ese estado tan sensible? Es una especie de presagio.
Por cierto; la canción que canta Hermione es de Philip Collins se llama "En mi corazón vivirás"
Hasta la próxima… no se olviden de comentar. Me encanta saber sus opiniones
Un besito a todos :3
