Habían pasado tres días desde que iniciara mis tutorías, la verdad no quería exagerar, pero en esos pocos días había entendido más que en todos estos meses.

-No me quedaré al entrenamiento-

-¿Por qué?- le contesté a Eliza mientras entrábamos en la cafetería y me formaba para tomar mis alimentos

-Tengo una cita- se estiró y tomó una de las manzanas, la señora de la cafetería solo negó con la cabeza.

-¿Otra vez? Eliza, es la tercera cita en esta semana-

-¿Y qué? Para el amor no hay límite-

-Eli, eso no es amor-

-Ay, no seas aguafiestas, y hablando de eso, ¿irás a la fiesta de Annie?-

-Amm, realmente no lo sé, Anthony me invitó al cine-

-¿Al cine? Por Dios amiga, eso es anticuado-

-Permíteme recordarte que ahí es donde tienes tus "encuentros", me intriga que a estas alturas no te hayan vetado- sorprendentemente mi amiga, que siempre tenía algo ingenioso para decir, en esta ocasión no lo hiciera. Mi mente trabajó a gran velocidad cuando lo comprendí –Eres una tonta Eliza, ¿estás saliendo con Brad, el encargado?-

-¡Cristo, Candy! ¿Quieres decirlo más alto para que toda la escuela se entere?-

-Es que, ¿estás loca? ¡Te dobla la edad!

-Los hombres mayores siempre son los mejores-

-No puedo creerlo, ¿por qué Brad? Es un, un… un señor-

-Ay Candy, no seas exagerada, solo tiene 28 años-

-Y tú 18, tonta-

-Ya, no seas mojigata-

-No lo soy, sólo me preocupo por ti, se dicen muchas cosas sobre él-

-No todo lo que se dice es cierto-

-¿Te has acostado con él? ¿Usaste protección? ¡Eliza, responde!-

-¿Cuál quieres que te responda primero?-

-¡Eliza, no estoy jugando!-

-Ya, ya, tranquilízate. No me he acostado con él, tampoco soy una estúpida. Sólo hemos compartido alguno que otro beso y manoseo, pero de ahí en fuera nada más-

No pude contestarle nada porque Anthony y Terry se nos unieron a la mesa. Los saludamos y comenzamos a platicar. Mi novio tomó lo que sobraba de mi sándwich y de un bocado se lo comió.

-¡Oye! Eso era mío, ¿Dónde está tu comida?-

-No la necesito, con la que tú compraste es más que suficiente-

-Pero Anthony…-

-Ten Candy- Terry, que hasta el momento se había mantenido callado, me estaba entregando el suyo.

-Claro que no, es tuyo-

-Tómalo, no me gusta el jamón, me comeré lo demás-

-Oye, y ¿las manzanas si te gustan?- mi amiga la tragona, atacaba. Terry sonrió y se la entregó

-No Terry, sólo te comerás el yogur, no creo que eso te sea suficiente-

-No pasa nada, además estoy seguro de que Susana no ha tocado la comida- contestó mientras destapaba el yogur que tenía en su bandeja

-Pero…-

-Ya amor, no seas terca, cómetelo o lo haré yo- me giré al escuchar el comentario de mi novio y lo miré molesta

-¿Ya te diste cuenta de todo lo que provocaste por no comprar tu comida, Anthony?

-¿Quieren dejar de pelear? Sólo es un sándwich, ¿te lo piensas comer o no, Candy? Sino para echárselo a los perros-

-Gracias Terry- dije después de unos minutos, realmente me sentía preocupada por lo poco que él comería, y todo por culpa de Anthony; que estaba de lo más quitado de la pena por el asunto.

-De nada pecas- me sonrió y le correspondí.

-Ya vez amor, aquí no ha pasado nada. Mira ahí viene la salvación de Terry- Susana, la novia del castaño se sentó con nosotros y compartió con él sus alimentos. Me sentía un poco molesta por lo que había pasado, Anthony nunca hacia eso; siempre me preguntaba si podía invitarle, pero hoy había actuado diferente.


La campana sonó y nos levantamos; al hacerlo traté de tomar la mano de Anthony, pero no sé si fue mi imaginación o él de verdad había rechazado el contacto. Decidí no darle importancia y reanudé mi camino. Me despedí de ellos y alcancé a Eliza que se había adelantado al sanitario.

Las clases siguieron transcurriendo; la última era con el profesor Walter, era cierto que con las tutorías había mejorado, pero todavía faltaban muchas lecciones para estar a la par de mis compañeros.

-Muy bien jóvenes, eso es todo por hoy. Nos vemos en la siguiente clase, no olviden estudiar para la prueba de esta semana- mis compañeros comenzaron a salir del salón, la mayoría tenía prisa por llegar a los talleres o a las practicas.

-Señorita White, podría quedarse unos minutos, necesito hablarle-

-Claro profesor, Eli, te veo en el patio-

-Candy…-

-¡Oh!, es cierto, te llamo después-

-Claro, adiós profe-

Después de que mis compañeros abandonaron el salón, el profesor se me acercó y me invitó a tomar asiento. Sacó unas hojas y me miró.

-¿Cómo te sientes en las tutorías, Candy?-

-Muy bien, profesor, creo que me están ayudando poco a poco-

-Así es, han sido pocos días pero noté que has mejorado, todavía hay cuestiones que afinar, pero creo que al finalizar las tutorías habrás superado a tus compañeros-

-Muchas gracias, la verdad le debo todo esto a Terry; y a usted por darme otra oportunidad-

-Terry es un buen muchacho, muy inteligente pero un poco rebelde, espero eso no sea un problema-

-No, claro que no, Terry se ha portado como un profesional-

-Te creo, tu compañero me entregó estos reportes, me enorgullece comprobar que lo escrito es verdad. Solo quiero decirte que te prepares muy bien para la prueba del viernes.

-Lo hare profesor-

Discutimos algunos asuntos más y luego me dejó salir, iba un poco retrasada pero sabía que valía la pena, si quería seguir siendo la capitana debía tener un promedio ejemplar.


Me fui a las duchas y me cambié en un santiamén. Cerré mi casillero y caminé hacia el patio, los chicos estaban en el campo con el entrenador y las animadoras en las gradas, corrí para alcanzarlas.

-¡Hola chicas! Lamento la demora, estaba con el profesor Walter-

-No te preocupes Candy, casi todas vamos llegando- contestó Annie bajando de las gradas

-Está bien, vayamos calentando entonces-

-Pero faltan Eliza y Susana-

-Ellas no vendrán-

-Yo también quiero ser la mejor amiga de la capitana para poder faltar cuando se me pegue la gana- no había dado ni cinco pasos cuando esos comentarios habían llegado a mis oídos. Molesta me regresé

-Si tienes algo qué decir, dilo en mi cara, Sam, no hace falta hacerlo a mis espaldas-

-No entiendo por qué dejas que falten cuando se les da la gana-

-Y yo no entiendo, cómo es que ya olvidaste cuando faltaste por una semana y nadie te dijo nada. Es más, Sam, te cubrí, así que tú, menos que nadie tiene derecho a opinar sobre algo que también ha realizado, es más, esto va para todas. Siempre que han querido faltar las he apoyado, nunca me han visto levantar un reporte sobre eso, creo que todas somos conscientes de que en ocasiones tenemos cosas importantes qué hacer y por faltar unos días al entrenamiento no pasa nada- las chicas me apoyaron y Sam, al saber que tenía razón, no opinó más.


Estábamos ensayando el "helicóptero" cuando escuché que chiflaban; era Anthony, de un tiempo para acá había adoptado el chiflido para hacerme saber que quería hablar conmigo, yo lo odiaba, y por más que se lo hacía saber, él simplemente no cedía y lo seguía haciendo.

Suspendí la actividad, me giré y caminé hacia él; venía en extremo sucio y chorreando de sudor. Traía una enorme sonrisa en su cara.

-¿Qué pasa?- fui directo al grano, todavía seguía molesta por lo sucedido en la cafetería.

-Ya podemos irnos-

-Pero todavía no termina mi práctica-

-Entonces ¿te vas a quedar?-

-Sí-

-Me voy entonces-

-¿No me vas a esperar?-

-¡Babe! Son treinta minutos, además, iremos por una cervezas-

-¡Anthony!

-Mira, haré tiempo en lo que tomamos unas cervezas, y cuando ya sea hora, vendré por ti-

-De acuerdo-

Me dio un fugaz beso y se fue corriendo, regresé a mi práctica y traté de concentrarme, me sentí más molesta y un poco triste porque en lugar de esperarme se fue con sus amigos. Por más que lo intenté, el nudo en la garganta no me dejó trabajar.


Eran las tres de la tarde y todavía seguía en la escuela, las chicas se habían retirado apenas unos minutos atrás. Abrí mi casillero y fui directo a las duchas, no me gustaba usarlas pero no quería estar sudada cuando Anthony viniera por mí. Iba tan metida en mi mundo que no me fijé que el conserje había puesto el letrero de "MOJADO", todo fue en segundos, sentí que mis piernas se resbalaban, cerré los ojos y esperé el impacto, pero nunca llegó.

-Abre los ojos, pecosa- cuando lo hice, el mejor amigo de mi novio me sostenía, le sonreí pero me confundió verlo todavía en la escuela.

-¡Terry! ¿Qué haces aquí? ¿No habían terminado el entrenamiento?-

-Sí, pero dejé enfriar mi cuerpo antes de utilizar las duchas. No sabía que aparte de las tutorías de matemáticas, también necesitabas usar lentes.

-Claro que no los necesito, iba distraída, tonto-

-¡Claro! Voy a creer que no viste ese enorme letrero-

-De verdad que no, y no se te ocurra decirme pecosa cegatona-

-Ni siquiera lo dije-

-¡Pero lo pensaste!- lo acusé con el dedo, Terry sólo sonrió

¿A dónde ibas?-

-A las duchas, odio usarlas pero no me gusta oler a sudor-

-Pero hueles rico- su comentario me tomó desprevenida y sin querer me sonrojé, no sé si él se dio cuenta, aunque creo que sí porque rápidamente cambió de tema –Te acompaño pues-

-Gracias- faltaban pocos metros para llegar, y cuando lo hicimos pensé en pedirle que si me esperaba, me daba un poco de miedo que alguien estuviera por ahí espiando

-Aquí te espero-

-Estaba por pedirte ese favor-

-No te preocupes, estaré aquí afuera-

-No tardo-

Entré rápido a las duchas, me sentía más segura sabiendo que alguien me estaba esperando, tomé el baño y después me cambié. Cuando salí vi a Terry revisando su celular.

-Listo-

-¡Wow! No tardaste tanto- dijo guardando su celular y quitándome mi maleta deportiva para llevarla él.

-Gracias. No me gusta hacer esperar a la gente- le sonreí y comenzamos a caminar

-Qué bueno, no me hubiera gustado que por culpa tuya llegara tarde con mi alumna-

-¿Tienes una alumna?- decidí seguirle el juego

-Sí, es la peor de la historia-

-¿De verdad?- por un momento creí que lo decía en serio, debió notar mi cambio de actitud, porque enseguida se paró y se colocó frente a mí

-Claro que no Candy, solo bromeo, anda, quita esa carita. Te vez mucho mejor cuando sonríes- lo miré e instintivamente sonreí, él me regresó el gesto –Ven, te invito una hamburguesa para compensar mi comentario-

-Pero llegarás tarde con tu alumna-

-Ya sabré como reparar el daño con ella- me volvió a sonreír, fue ahí cuando noté que se le hacían unos preciosos hoyuelos en las mejillas.