Me giré y estiré el brazo para apagar mi alarma. Abrí lentamente los ojos y me quedé viendo hacia el techo. Suspiré y me tallé los ojos, hoy era un día normal, era un día común y corriente como los anteriores. Todo estaba bien. No tenía por qué sentirme nerviosa por ir a la escuela.

Nop, no tenía por qué sentir miedo al ver a Terry en la escuela. No, nada había pasado. NADA. Porque en verdad nada había pasado, así que tenía que dejar de hacer una tormenta en un vaso de agua.

Estiré mi cuerpo y luego de unos minutos me levanté. Fui directo a la ducha y diez minutos más tarde ya empezaba con mi arreglo personal. Tomé lo primero que encontré en mi closet; se me estaba haciendo un poco tarde así que agarré mi bolsa de maquillaje, ya habría tiempo de maquillarme en el coche.

Era normal no encontrar a nadie en la cocina a esas horas pues mis padres salían a correr desde temprano y regresaban cuando ya había partido para la escuela. Por fortuna mi madre siempre dejaba mi desayuno listo, estaba por darle una mordida al muffin cuando escuché a Eliza tocar el claxon. A desgana guardé las cosas y salí de mi casa.

-¡Buenos díassss!-

-Vaya, alguien amaneció de muy buen humor el día de hoy- le contesté en cuanto la puerta se cerró, me abroché el cinturón y la escuché hablar

-Y no es para menos, si Brad tiene un tremendo….

-¡ELIZA, ES MUY TEMPRANO-

-Ja, ja, ja, ja, no es lo que estás pensando, sucia-

-Contigo ya no se sabe-

-Aunque sí tiene un tremendo… paquete. No era eso lo que quería decir-

-Eli- la miré y pude verla sonreír, rodé los ojos y fijé la vista en la ventana.

-¡Ups! No me di cuenta-

-Sí, claro-

Llegamos a la escuela diez minutos antes, nos bajamos del coche y caminamos hacia la entrada. Estábamos llegando cuando reaccioné que no traía mi termo de café. Me debatí en ir o dejarlo, pero lo necesitaba, el café por la mañana me mantenía cuerda, así que sí, tenía que ir a traerlo.

-¿Me prestas las llaves? Olvidé mi termo-

-Seriusly, Candy. No olvidas la cabeza porque la traes puesta-

-Ya, no seas mala. Dámelas- me entregó el juego de llaves y pidió que la alcanzara en la cafetería. Regresé sobre mis pasos, noté que comenzaba a nublarse y a sentirse una brisa fresca, torcí la boca y seguí caminando. Abrí el coche y tomé el termo, estaba a punto de beber cuando mi celular sonó.

-¿Qué cosa?-

-Un favor, Cans. Olvidé mi maleta deportiva en la cajuela ¿podrías traérmela? Por fis-

-Y ahora ¿Quién es la que no olvida la cabeza porque la trae puesta?-

-Sorry, amiga. Ándale, traémela y te compraré tu almuerzo-

-Y una barra de chocolate-

-Dos para que veas que soy buena, pero me das una ¿eh?-

-Está bien-

-Iría yo, pero Alice quiere verme en la dirección. No entiendo por qué, te prometo que esta vez no me he metido al cuarto de los tiliches para besarme con Jhonn-

-¿Jhonn? ¡Eliza! vas de mal en peor con tus gustos-

-Es broma. Te veo en clase-

Si alguien me viera, podía decir fácilmente que me iba una semana de viaje. Nadie podría dudarlo con semejantes mochilas. Estaba acomodando las cosas cuando escuché una voz a mis espaldas y enseguida me tensé.

Cerré los ojos y los apreté. No por favor, ahora no. Lo que menos quería era verlo, no sabía cómo debía de actuar. Esto es demasiado raro e incómodo.

-¿Necesitas ayuda?- tragué saliva. Lo que me faltaba, volverme más torpe de lo normal.

-No, yo puedo sola-

-No seas necia, pecosa. A kilómetros se nota que no puedes- se colocó a mi lado y tomó una de las mochilas

-Ya te dije que no necesito de tu ayuda, yo puedo- giré para verlo y al instante me arrepentí. Se veía tan guapísimo que me quitó el aliento. No, no, no Candy. Tú no puedes pensar así. Nadie es más guapo para ti que Anthony. Nadie. Con mucho esfuerzo desvié mi mirada y escondí mi rostro, no quería que notara que me estaba sonrojando, tonto, tonto Terry.

-¿Ya terminaste de observarme?- levantó una ceja y me deslumbró con su sonrisa. Rodé mis ojos y cerré fuertemente la cajuela.

-Yo no te estaba observando, Terrence- Comencé a caminar furiosa, ¿Pero quién se creía que era? Maldito arrogante, estúpido.

-¿Terrence?-

-Sí, yo recuerdo que así te llamas ¿no?-

-¿Por qué ya no puede ser simplemente Terry?- estaban llegando a la entrada de la escuela pero él se detuvo y estiró el brazo para tomarla del hombro y girarla. Se miraron unos segundos y después le rubia habló.

-Porque eres mi tutor. No eres nada más para mí-

-¿Nada? Pensé que éramos amigos- su intensa mirada me hizo dudar, ¿seríamos solo amigos? ¿podríamos siquiera intentar serlo?

-No, no lo somos- dijo la rubia desviando la mirada, las palabras le supieron tan amargas que no pudo agregar nada más y se enfocó en los carros que estaban en el estacionamiento.

-Ya veo, nada de amigos entonces. Aquí tienes tu maleta - se la entregó y sin agregar nada más entró a la institución. Los rizos acariciaron su mejilla cuando se dio la vuelta para verlo alejarse de ella. No quería aceptarlo, pero debía hacerlo. Sentía su corazón apretarse al recordar la mirada de él cuando le dijo ella que no eran nada. Pero ella tenía razón, no eran nada. Sólo lo conocía porque era el mejor amigo de Anthony. Si no fuera por eso, jamás le hubiera hablado.

Como pudo cargó las cosas y siguió su camino sintiéndose la persona más malvada del mundo.


Llegó con pocos minutos de retraso, lo bueno era que la maestra de Ética no había llegado. Buscó su lugar y tomó asiento. No tuvo tiempo de pensar en lo que había pasado en el estacionamiento porque la profesora llegó en ese momento.

Las tres primeras clases transcurrieron "normalmente". Eliza no había aparecido en ninguna de ellas, estaba harta de mandarle mensajes y que no se dignara a contestarle. Guardó su celular y en el instante en el que alzó la cabeza vio llegar a su amiga. La pelirroja se sentó junto a ella y le sonrió.

-¿Y? te estuve mandando mensajes toda la mañana ¿Qué rayos te pasó?-

-Pues que estoy en detención-

-¿Detención? ¿Por qué?-

-¡Señorita White y Señorita Leagan! Si tienen algo que aportar a la clase por favor háganlo, de lo contrario absténganse de hablar-

-Lo sentimos profesora- respondieron al unísono y enseguida cada quien se enfocó en su trabajo.


El receso llegó y con ella los estudiantes comenzaron a salir para tomar sus alimentos. Eliza agarró sus cosas y sin esperar a su amiga, huyó de la clase. La rubia, con toda la calma del mundo metió su libreta en la mochila para después cerrarla.

Se levantó y caminó rumbo a la cafetería. Sacó su celular y le llamó a Anthony; quedaron de verse en las mesas del jardín, giró a la derecha y salió al patio. Localizó a su novio, se detuvo antes de llegar cuando vio que alguien más lo acompañaba; Terry, o mejor dicho, Terrence.

Se irguió un poco más y siguió adelante, se acercó a su novio y le dio un beso en la mejilla.

-Hola babe, ¿qué tal tu día?- la tomó de la mano y la sentó en sus piernas.

-Bien, ¿y el tuyo?-

-Maso, ¿quieres comer?-

-No tengo mucha hambre- la rubia se removió un poco para acomodarse mejor, escuchó al castaño decir algunas palabras y después vio que se levantaba para alejarse de ellos. Por más que trató de que eso no le molestara, simplemente no lo logró –¿Le ocurre algo a Terrence?- miró a su novio y le acarició la mejilla

-No sé, ha estado muy raro desde la mañana, pero ya sabes cómo es él. Quizás se enojó con Susana-

-Sí, puede-con discreción siguió a Terry con la mirada ¿por qué se había ido? Pero si serás tonta, cómo no va a irse cuando tú misma le dijiste que no eran amigos. Molesta tuvo que reconocer que había hecho mal en decirle eso.

-Bueno, aunque casi no tienes hambre, déjame decirte que yo sí. Iré por un poco de comida, ahorita regreso- con sutileza la movió y se puso de pie, antes de irse le dejó un beso en la frente y caminó hacia la cafetería.

Candy sacó su móvil y marcó el número de Eliza, sonó y sonó pero jamás se dignó a contestarle. Lo dejó en la mesa y abrió su mochila, iba a terminar una tarea en lo que Anthony regresaba.

Quiso concentrarse en lo que hacía pero no podía. Ojalá su mente no estuviera llena de tanta confusión.

-¡Hola, Candy!- alzó la mirada y le correspondió la sonrisa a la chica que tenía frente a sí

-Hola, Susi, ¿te quieres sentar?-

-Sí, gracias. Estuve buscando a Terry pero no lo encontré- colocó su bandeja y después la miró.

-Estaba aquí hace un momento pero luego se fue-

-Lo esperaré, a lo mejor regrese, por cierto ¿Y Anthony?-

-Fue por la comida. Oye, Su, no te había comentado nada, pero en la práctica pasada las chicas, bueno, Sam en realidad, se quejó de tu ausencia- guardé mis cosas, ya habría tiempo para terminar mis trabajos.

-Oh, lo siento si te causé un problema, se me olvidó por completo, tuve que acompañar a mi madre al doctor, si gustas te entrego la orden-

-No hace falta, sólo te lo decía para que no te sorprendas si comentan algo en la práctica de hoy. También tengo que hablarlo con Eliza-

-No te apures, no me importa lo que diga ella y su séquito de amigas-

Las dos siguieron hablando sobre cosas triviales. Aunque no iban en el mismo salón, las dos estaban en el equipo de porristas, además sus novios eran amigos. Ellos sí eran amigos. Candy suspiró sin poder evitarlo.

-Espero que ese suspiro sea por mí, babe- su novio se sentó junto a ella y le pasó la comida.

-Claro que sí, tonto- le besó la mejilla y se dispuso a comer.

-Te estuve buscando, nene- escuchó a Susana, supuso que se lo decía a Terry, y en efecto, el castaño había regresado y tomado asiento junto a su chica.

-Tuve que ir a la biblioteca, necesito algo para esta tarde- esas simples palabras causaron un efecto en ella, ¿sería para las clases?

-Oigan, ¿qué les parece si este fin de semana vamos de día de campo?- propuso una muy emocionada ojiazul. Tres pares de ojos la miraron y sólo dos cabezas asintieron.

-Babe ¿qué opinas? Estaría bien que nos distrajéramos un poco-

-No lo sé, Tony- mordí la manzana y la mastiqué lentamente.

-A mí me parece una excelente idea, podríamos ir a la cabaña del lago, la acaban de remodelar-

-Sí, así no tendríamos que preocuparnos por si regresamos tarde-

-Eso suena genial, ¿Aceptas, Candy?-

La pecosa mordió su labio y pensó durante unos segundos. Necesitaba distraer su mente, pero ¿podría lograrlo con su novio y Terry en el mismo sitio? Y no olvidar a la dulce Susana, que la miraba ilusionada con la idea.

Al final aceptó, total ¿qué podía salir mal?


Siguieron comentando sobre el mini viaje que harían dentro de dos días, cada quien se encargaría de llevar algo. Su plática murió en cuanto el timbre sonó, ambas parejas se despidieron y cada una tomó un camino distinto; Terry y Susana hacia el laboratorio, ambos en diferentes salones, Anthony y Candy hacia los talleres de artes plásticas y ajedrez, respectivamente.

Se extrañó cuando el profesor le entregó una nota que había llegado justo en el momento que ella había salido al sanitario.

La clase de hoy será en la biblioteca.

Te espero a la misma hora de siempre.

La nota no tenía remitente pero no se necesitaba ser un genio para saber que Terry la había mandado. ¿Sería posible que una nota la pusiera nerviosa? Porque esas simples palabras la alteraron. La guardó en un libro y pacientemente esperó a que terminara el taller, aparte de la clase con el castaño, tenía otras cosas que hacer; como buscar a Eliza.

Cuando las clases finalizaron y salió del salón, se sorprendió al encontrar a Anthony al final del pasillo, tenía mucho tiempo que ya no la esperaba, así que ese pequeño gesto le encantó. Todo debía seguir con normalidad. Se tomaron de la mano y comenzaron a platicar.

-Tony, ¿no has visto a Eli?-

-En la mañana, ¿por?-

-Es que, desde el receso que ya no la he visto. No me contesta los mensajes ni las llamadas-

-Debe estar con algún tipo, ya sabes lo fa…-

-No te atrevas a decirle nada- se paró en seco cuando escuchó que su novio iba a decir algo horrendo sobre su amiga.

-Está bien. No diré nada sobre ella, pero no hay que pelear, nena-

-Yo tampoco quiero, pero no me gusta que te expreses así-

-No me expresaría si...- el rubio dejó su comentario morir al ver que su chica empezaba a alzar su bien definida ceja y mirarlo molesta –Ya vez, no dije nada-

La rubia estaba por decir algo, pero calló al ver que un estresado entrenador se acercaba hacia ellos.

-Chicos, que bueno que los veo-

-¿Qué ocurre?-

-No habrá entrenamiento el día de hoy-

-Pero eso es para el soccer, nosotras sí vamos a entrenar- habló la rubia y fijó sus pupilas en el profesor.

-No, tampoco ustedes. Me acaban de notificar que habrá una reunión en treinta minutos en el St. Louis para conformar los equipos que participaran en el siguiente torneo. Anthony acompañarme.

-Pero ¿por qué yo?-

-Porque eres el capitán, ¿no es suficiente eso? ve por tus cosas y te esperaré en el auto. No quiero ser de los últimos y que nos toque jugar contra Maryland.

El entrenador no esperó respuesta del rubio, se dio la vuelta y salió disparado hacia la salida. Al ojiazul no le quedó más que despedirse de su novia.

-Hay momentos en los que quisiera dejarle mi lugar a Terry-

-Pensé que te gustaba ser el capitán-

-Sí, pero odio ir a esas reuniones. Todos tratando de hacer trampa para no jugar contra los mejores-

-Lo siento, ¿nos vemos por la tarde?-

-Lo intentaré, no sé a qué hora llegaré a casa. Además mi papá quiere que lo acompañe al centro de rehabilitación-

-¿Por qué?-

-Quiere que imparta clases a los muchachos que están ahí-

-¡ANTHONY!- brincaron los dos al escuchar al entrenador Thom -¡NO QUIERO LLEGAR TARDE POR CULPA TUYA, JOVENCITO!-

-Me voy babe. Te mando mensaje más tarde-le dio un beso y salió corriendo. La rubia suspiró cuando vio que su novio salía del edificio. Extrajo su celular del pantalón y abrió el grupo de WhatsApp que tenía con las porristas, externó la noticia y todas respondieron con emojis sonrientes.

Estaba por guardar el teléfono cuando éste sonó.

-Eliza, me tenías preocupada, se puede saber ¿En dónde estás?-

-Te dije que estaba en detención-

-No seas mentirosa, no puedes hablarme desde ahí-

-No te estoy mintiendo-

-¿Dónde estás?-

-Está bien, en casa-

-¿Por qué?-

-Me sentía mal y no preguntes por qué, te lo diré por la noche. Así que deja de preocuparte ¿quieres? Todo está bien-

-¿Segura?- hubo un titubeo por parte de la pelirroja, pero sólo se limitó a decir que todo estaba perfecto. La llamada terminó con la promesa de que Eliza fuera a su casa por la noche.


Su celular vibró con la entrada de un mensaje nuevo, su corazón se aceleró al ver de quien era.

Terry:

Te espero en la biblioteca


Candy:

Ok, ahí te veo


Esperó algunos segundos por una respuesta, pero no llegó. Suspiró y caminó con rumbo a la cafetería, le llevaría algo al castaño para tratar de arreglar lo que le había dicho en la mañana.

Después de registrarse, entró a la biblioteca y lo buscó durante unos segundos; lo localizó en la mesa más apartada. Sacó todo el aire que no sabía estaba conteniendo y caminó hacia él.