Salió de la cafetería con unos brownies escondidos en su mochila y con la esperanza de que el castaño la pudiera disculpar. Luego de registrarse, caminó por los pasillos de la biblioteca hasta que lo encontró en una de las mesas pegadas a la ventana.
¿Y si no quería disculparla? Él estaba en todo su derecho de no hacerlo, después de todo había sido ella la que le negara la amistad cuando él únicamente se limitaba a ayudarla para que pudiera acreditar una asignatura. Terry no podía ser tan malo como para no perdonarla. Sacudió sus pensamientos y siguió.
Caminó hacia él, lo vio usando unos audífonos y haciendo anotaciones en unas hojas. Llegó a la mesa y se deslizó frente a él, colocó la mochila en el suelo y antes de sacar el presente, se fijó que nadie los estuviera viendo; los pocos estudiantes estaban inmersos en sus propios mundos y nadie reparaba en ellos. Muy bien.
Tomó los brownies y los colocó en la mesa, el castaño seguía entretenido en su trabajo. La rubia esperó unos segundos más y luego rodó los ojos al darse cuenta de que sería mucho más complicado de lo que había creído.
Resoplando sacó de la mochila unas hojas de color y algunos plumones.
Por supuesto que la había visto llegar, anotarse y buscarlo; agachó la cabeza antes de que ella notara que la estaba viendo.
La vio deslizarse por el asiento y esperar. Pues que espere, se dijo. Ella lo había lastimado, ella lo tenía que resolver. Apretó más la pluma y siguió escribiendo.
Después de que Candy le dijera que no eran nada, ni siquiera amigos, había estado pensando en la posibilidad de pedirle al profesor que le asignara otro tutor, nadie merecía tratarlo así, mucho menos ella que…
La nota que fue deslizada en la mesa lo sacó de sus pensamientos, alzó los ojos y notó que la rubia seguía agachada. Tomó el papel y lo volteó. Observó la perfecta caligrafía, rió por dentro al ver que estaba escrita en tinta rosa y con algunos jeroglíficos que no supo descifrar.
¿ME DISCULPAS?
SI NO
Dejó la nota de lado y siguió escribiendo. No habían pasado ni dos minutos cuando otra hoja llegaba, dejó pasar un tiempo para leerla, aunque por dentro quería hacerlo en el instante en el que había llegado. No Terry, debes de mantenerte firme, no caigas en su juego. Se decía mentalmente mientras su mano se estiraba para tomar la segunda nota, escrita con tinta morada y remarcaba las caritas tristes.
TIENES QUE ENCERRAR SI ME DISCULPAS O NO :(
No quería, pero sin notarlo, a Terry se le formaba una discreta sonrisa. Observación que no pasó desapercibida para cierta pecosa que estaba a la expectativa. Candy vio que Terry tomaba de nuevo su lapicero y acercaba la nota, estiró un poco más su cuello para ver que escribía; grande fue su decepción al notar que él seguía escribiendo en su libreta y la nota la ponía debajo del libro. Hizo un puchero y se mordió el labio. Tomó otra hoja y garabateó rápidamente
DEBES PERDONARME O EL BROWNIE MORIRÁ
Deslizó la nota y vio que él la leía y alzaba la ceja. Enseguida colocó el pastelillo frente a él y lo miró. El guapo castaño le sostuvo la mirada, Candy se sintió intimidada, sabía que este tonto juego no era suficiente para que la perdonara. Terry bajó la mirada y se ajustó sus audífonos. La ojiverde estuvo a punto de gritar al verlo indiferente. Hombres estúpidos. Luego de serenarse, suspiró y se levantó de su lugar para hacerlo al lado de Terry; tenso miraba cómo ella se acercaba hacia él. Una vez en su lugar, la pecosa se giró y le habló.
-Terry- quitándose los audífonos, la volteó a ver y esperó para contestar
-¿Qué?- no pudo evitar el tono de su voz. La vio morderse los labios y mirar hacia el suelo -¿Hablarás o te quedarás callada?- no tenía pensado esconder su humor, ella tenía que ver lo que había hecho con sus palabras.
-Yo… lo lamento- dijo después de unos minutos, al ver que él no decía nada más, supo que debía agregar algo más que un simple "lo lamento"- De verdad siento todo lo que te dije en el estacionamiento. Yo estaba molesta-
-No tenías por qué desquitarte conmigo, Candice-
-Lo sé, y de verdad no sé por qué lo hice. No quise decir todo eso. Tú, tú eres mi amigo, bueno, te considero como mi amigo, además me estás ayudando. en algo que necesito mucho apoyo. Te pido que por favor me disculpes-
-No- evitó mirarla y se concentró en sus apuntes, tomó su bolígrafo y comenzó a garabatear en la hoja.
-¿No? ¿Por qué?- se inclinó hacia él, quizo poner una mano en su hombro, pero sabía que eso sería demasiado, así que juntó sus rubias manos.
-Porque no. Lo mejor será que nuestro trato sea sólo de tutor y alumna. Es lo correcto para los dos-
-Pero Terry, yo no quiero. Quiero que seamos amigos- en cuanto la escuchó, atónito la miró y frunció el cejo, ¿qué le estaba pasando a Candy?
-Mira nada más, como la señorita quiere que ahora seamos amigos, yo debo de aceptar ¿cierto?
-No es que ahora sí quiera, siempre lo he querido Terry-
-Estás muy mal acostumbrada Candice, no puedes venir y decirme lo que quieres, cuando quieres y cómo lo quieres, sólo porque has cambiado de opinión. Las cosas no son así-
-Lo sé, pero no te puedes en ese plan por mis tontas palabras. Estaba molesta, sí, me desquité contigo y nada tenías que ver. Lamento lo que dije, tú y yo sabemos que no quería decir eso en realidad...-
-Pues te veías muy convencida por la mañana-
-¿Qué parte de que estaba muy molesta y llegaste en mal momento, no has entendido?-
-Y tú, pareces olvidar que con esta, ya es la segunda vez que intentas desquitarte conmigo por culpa de otros. No te he hecho nada para que me trates como un pelele-
-¿Cuántas veces más te debo pedir una disculpa?-
-¿Por qué estabas molesta?- la rubia se debatió entre decir o no la verdad, pero sabía que no podía decírselo. Él se reiría de ella en cuanto la escuchara. "Qué crees Terry, me enojé conmigo misma porque al verte me alborotaste los sentidos y me hiciste sentir como un estúpida por fijarme en el mejor amigo de mi novio, porque no he podido sacarte de la mente y porque quisiera...-Sigo esperando una respuesta- la masculina voz la interrumpió de su monólogo.
-Es complicado, ya sabes, cosas de mujeres-
-Ese no es un motivo suficiente para que te desquites conmigo-
-Claro que sí, y más cuando estás en el periodo- muy buena táctica Candy, Terry se movió incómodo en el asiento cuando escuchó que hablaba del periodo. Quizás con eso pudiera darle fin a la conversación. -Ya te dije la verdad, ¿Eso es suficiente para que volvamos a ser amigos?- estaba nerviosa, no podía evitarlo, esto se sentía como un juicio y más nerviosa se ponía al ver que él no decía ni una palabra. Después de varios minutos, Terry habló.
-No podemos serlo- se frotó la cara y recargó su espalda. Cerró los ojos y esperó a que ella hablara de nuevo. Estaba seguro que lo que él diría lo cambiaría todo.
-Pero ¿por qué? ya te dije que...-
-Porque yo no te veo como amiga-
-¿Qué dices? ¿A qué te refieres?- su respiración se detuvo un momento, el corazón se aceleró y las manos comenzaron a sudarle, Terry se giró para verla, esperó unos segundos y después él agachó la mirada. Candy se quedó en silencio tratando de asimilar lo que aquellas palabras pudieran significar.
-Mira, olvida lo que he dicho y mejor hagamos los ejercicios de hoy. Ya hemos perdido bastante tiempo-
-Pero Terry…-
-Déjalo así Candice- evadió su mirada y sacó los ejercicios que tenía en su mochila.
La rubia se quedó callada. Las palabras de Terry le martillaban la mente "Porque yo no te veo como amiga" ¿a qué se refería? ¿Sería posible que él sintiera algo por ella? O ¿Él no veía en ella absolutamente nada?
Entonces recordó que Terry había dicho que lo mejor sería mantenerse como tutor- alumna, claro, porque ella no significaba nada para él. Se levantó con toda la lentitud del mundo y se pasó a su lugar inicial. Quería llorar, quería gritar. Quería abofetearlo por causarle dolor.
Nada de esto hubiera pasado si tú no hubieras dicho nada por la mañana, fue el pensamiento que se le cruzó, puede que tuviera razón, ella no estaría sufriendo si hubiera mantenido la boca cerrada desde un principio.
-¿Traes tus ejercicios de la clase pasada?- se sorprendió un poco por el tono de voz, pero era comprensible que se portara así con ella.
-Sí- como pudo le contestó y le entregó el cuaderno que ocupaba para las tutorías. Él los revisó y comenzó a hacer anotaciones en una hoja que tenía junto a él, mientras revisaba, ella le daba una y mil vueltas a la conversación, era una masoquista. Las palabras de él retumbaban en su mente.
-De los diez ejercicios solo cinco están bien, toma- le regresó la libreta y extendió otra hoja blanca con un problema similar al del cuaderno. Con toda la calma del mundo y como si se tratara de una infante, le explicó paso a paso. -¿Y ahora?-
-Lo intentaré- levantó la mirada y notó que él enfocaba su vista en otro lado. Se sintió derrotada y suspiró.
-Bien-
Mientras la rubia terminaba los ejercicios, Terry resolvía una prueba que el profesor Walter le había dado para la competencia que se realizaría en las siguientes semanas. Pero sólo se estaba engañando a sí mismo, no había pasado del primer problema, y todo por culpa de la jovencita que estaba frente a él.
Le había confesado lo que sentía. Bueno, no era exactamente así, sólo que no la veía como amiga. Había parado su confesión justo en el momento que veía como ella se horrorizaba, fue por esa razón que dio por terminada la conversación. No quería volver a sentirse humillado por segunda vez a causa de la misma mujer.
Trató una vez más de hacer sus ejercicios, pero su mente no le permitía concentrarse. Cada vez que lo intentaba, su cerebro mandaba la señal a sus ojos de que la vieran por unos segundos y se alimentaran de su imagen. No sabía si era el perfume que usaba, lo bonita que se veía con aquella ropa o los gestos que hacía. Pero había algo en ella que le llamaba la atención.
La recorrió lentamente con la mirada, posó sus ojos en sus tupidas pestañas, bajó un poco la vista y se divirtió al notar que las pecas bailaban cuando ella hacia algún ligero gesto, siguió bajando más la mirada, su boca, carnosa y roja. Fue un poco más atrevido al seguir su escrutinio y posar su mirada en el camino desde su niveo cuello hasta sus pechos; subían y bajaban ligeramente.
Por un momento se imaginó confesándole todo y ella correspondiéndole, acorralándola en la parte más escondida de la biblioteca, acercándose lentamente hasta por fin besarla, sentir las manos de ella envolviendo su cuello y apretándola para sentirla lo más cerca posible. Tocando sus brazos, su espalda, su cintura…
-Me estoy volviendo loco- se dijo para sus adentros, se levantó de golpe y fue directo a uno de los estantes más alejados. Necesitaba alejarse un poco de ella, quizás si lo hacía pudiera despejar su mente, pero sobre todo, calmar la tremenda erección. Hizo algunos ejercicios de respiración y pensó en cosas triviales para poder acelerar el proceso.
Alzó la mirada y enfocó la vista. Le llamó la atención las figuras que había en el techo. Con orgullo se percató segundos después que la erección había bajado.
Candy se sorprendió cuando lo vio ponerse de pie como si algo le hubiera picado, lo siguió con la mirada hasta que lo perdió de vista. Preocupada, se levantó y lo alcanzó. Lo encontró de espaldas hacia ella y con la cabeza mirando hacia el techo. Se acercó lentamente.
-Terry, ¿te encuentras bien?- colocó su mano en el hombro, el muchacho dio un respingo y se volteó. La respiración se le cortó al verla ahí, preocupada y sumamente bonita, sus expresivos ojos trataban de meterse en su cabeza, su boca, ligeramente entreabierta lo invitaba a besarla. No quería ser paranoico, pero notaba dolor en sus pupilas, ¿a caso sería por lo que le dijo?
-¿Terry? ¿te ocurre algo?- la rubia volvía al ataque, él sólo la miraba como si... como si quisiera comerla. Eso era raro, ya que él la veía como una persona equiz en el mundo, pero ¿entonces porqué comenzaba a ponerse nerviosa? ¿Por qué las manos le estaban sudando más de lo normal? El pasillo en el que estaban se volvía a cada segundo más estrecho y podía percibir que él se acercaba cada vez más a ella o ¿sería que ella también se estaba acercando hacia él? Tenía calor, necesitaba aire de inmediato.
Terry trató de controlar los impulsos de sostenerla en brazos. Así que escondió sus manos detrás de su espalda, pero a pesar de ello, no dejaba de verla e inconscientemente sus manos se soltaron y acabaron a sus costados.
En su mente se prometía que sólo sería un segundo, quizás un microsegundo y se alejaría de ella para después olvidar todo y hacer como si nada hubiera pasado. Regresarían a los ejercicios y trabajarían como si nada hasta que la evaluación de ella llegara y él pudiera dejar de ser su tutor y pasar a ser... otra vez nada.
No lo sabía, un momento estaba pensando en lo que harían cuando regresaran a la mesa y al otro ya la estaba acorralando entre los libros y él.
Candy pegó un gritito cuando fue sorprendida por la presión de los libros en su espalda y la cercanía de él.
La miró y se perdió en el verde de sus ojos. No había miedo, no había temor. Ella lo miró y se vio así misma en las azules e intensas pupilas del chico.
Podía jurar que la emoción y la expectación cruzaban por esas bellas esmeraldas, la vio entreabrir más los labios y notó, eso sí no era invento suyo; notó que la respiración de ella se agitaba todavía más. Terry fue consciente del pecho de Candy rozando con el suyo. La erección que había calmado hacia poco, había aparecido con mayor intensidad.
Un poco más, sólo un poco y se iban. El castaño se acercó y acarició con deliciosa lentitud la cintura de ella para acercarla todavía más. La rubia cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación del cuerpo de él pegado al de ella. El olor a madera y cítricos la llenó. La mano de Terry seguía en la pequeña cintura, ligeramente la apretó y disfrutó del contacto.
De verdad que no lo esperaba, no esperaba que ella hiciera algo, pero así fue.
Las femeninas manos se colocaron en la nuca de él, y si todavía era esto posible, lo acercó aun más, no había espacio que no fuera tocado por el cuerpo del otro. Fue este gesto que necesitaba Terry para hacer lo que había estado deseando desde hace mucho tiempo.
Si haré esto, lo haré bien, fue el pensamiento de ambos. Y siguiendo esa línea, los dos se acercaron.
Y se besaron, sí señor. Se besaron con ardor y pasión.
No fue un beso de telenovela, no fue un beso de cuento de hadas, no.
Este sí fue un beso. De esos que te calan hasta el alma y te dejan años recordándolo.
Y eso harían ellos al pasar los años, recordarían ese beso en la biblioteca.
