Se sentía destrozado, derrotado, miserable. Todo lo negativo que existía en la tierra, así se sentía Terry. Había sido lo suficientemente valiente para confesarle sus sentimientos y ella había hecho con su corazón lo mismo que se le hace a una cáscara de plátano; tirarlo a la basura.
La llevó hasta su casa en completo silencio. No se giró para verla, no podía hacerlo, no cuando ella prefería vivir un amor de mentiras. Simplemente no podía, en cuanto escuchó la puerta del copiloto cerrarse, él arrancó, el rechinido de las llantas llamó la atención de algunas personas que se encontraban caminando por la acera, la rubia se giró para ver cómo los neumáticos habían dejado su marca en el pavimento.
Estacionó su coche y se quedó unos segundos ahí, golpeó el volante. No entendía cómo es que la rubia prefería estar con Anthony. Ellos se querían, ¿por qué no podían estar juntos?
Porque tienes novia
Se maldijo por milésima vez. Bajó de su coche quince minutos después y entró a su casa. Su padre lo vio llegar y subir las escaleras en completo silencio.
El muchacho se aventó a su cama en cuanto pudo, cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas que el tiempo regresara y borrara lo que había pasado hoy. No, mejor que borrara el día que la conoció y así evitar que sufriera por un amor que no podía ser.
¿Quién dice que los chicos no pueden ser unos exagerados?
Sin mucho ánimo, permitió que quien tocaba la puerta, entrara a su habitación. Él seguía boca abajo, no tenía ganas de hablar y mucho menos de sentir.
La cama se hundió cuando Richard se sentó.
-¿Qué ocurre hijo?-
Terry tardó unos minutos en responder. Tenía que contarle las cosas a alguien, obviamente no podía decirle a Anthony, así que decidió confiar en su padre.
-Me gusta alguien más-
Se llevaron cerca de una hora hablando, el castaño menor se sentía tranquilo, hablar con su padre había sido una buena idea. Es verdad que los padres siempre tienen el mejor consejo para los hijos.
Antes de que Richard saliera de la habitación, se giró para ver a su hijo.
-Recuerda, Terry. El problema no es el problema, el problema es siempre tu actitud frente al problema- y con esas palabras volando en el aire, el guapo señor cerró la puerta.
Terry lo había decidido. Haría todo porque Candy se diera cuenta de que estar con él era lo mejor. Lo primero que haría, sería terminar con Susana. Mañana a primera hora lo haría, no podría postergarlo más. Él no la amaba, no señor, su corazón ya estaba ocupado por otra rubia de cabeza dura.
Las "buenas intenciones" de Terry se vieron frustradas cuando por la mañana, Susana le llamara para decirle que saldría a Velda con su madre y que regresaría el sábado por la mañana; justo para irse los cuatro a la cabaña y pasar un "lindo" fin de semana.
Se maldijo y maldijo su suerte, ¿era una señal de que no debía de terminar con ella? Ignoró sus pensamientos y fue directo a la escuela. Ellos debían de terminar a como diera lugar.
En cuanto se estacionó, se dio cuenta de que lo mejor habría sido quedarse en casa; Candy caminaba de la mano de Anthony, el castaño achicó los ojos y esperó que desaparecieran de su vista. El estómago se le revolvió cuando vio que Anthony la acorralaba para besarla, cerró los ojos, esperando que al abrirlos ellos se hubieran ido, pero no, ahí seguían los dos, pegados como lapas y torturándolo.
Explotó con el sólo imaginar que ella correspondería el beso, lo acariciaría… tuvo que morderse la lengua para no gritar y salir corriendo a separarlos. Se estaba volviendo loco. El plan para tratar de enamorarla se estaba yendo al caño.
Salió del auto como alma que lleva el diablo, llegó a su salón y nadie se le acercó.
-¿Se puede saber qué te tiene tan emputado?- Stear se acercaba a él cuidando que su amigo no fuera a soltarle un golpe.
-Nada-
-¿Y por nada estás destrozando ese libro?- los zafiros bajaron un poco y notaron que sus manos arrancaban hojas tras hoja y las arrugaba.
-Carajo- dejó el libro, se recargó en la silla y frotó sus sienes, la visión de los dos rubios lo seguía atormentando.
-Amigo, ¿qué ocurre?-
-Yo… me siento estresado por el concurso de la otra semana-
-¿Seguro, compa?-
-Sí, Stear, no te preocupes, es sólo eso-
Hablaron un poco más hasta que llegó un feliz rubio, Terry no pudo evitar sentirse celoso, sabía que la felicidad se debía a cierta rubia pecosa.
-Stear, Terry, qué pedo- el rubio tomó asiento al lado del castaño y los miró sonriente. A Terry se le hundió el estómago, una porque él tenía a Candy, dos porque los había visto besarse, y tres porque él la había besado ayer…era muy lejano ese ayer.
-Nada, ¿por qué estás tan feliz?- ajeno al sentir de Terry, Stear intrigado preguntó.
-Ya sabes, las mieles que te da el noviazgo, y más cuando tienes una chiquita como Candy que es tan…-
-Cállate, Tony- su mandíbula se tensó, sabía que tenía que controlarse sino, podría irse encima de él. Una de las cosas que odiaba, era que se expresaran vulgarmente de las mujeres, y más si se trataba de Candy.
-¿Qué te ocurre? ¿Por qué estás tan cabreado?-
-Sabes que odio que hablen así de las mujeres-
-Come on, bro. Eres hombre, tú también has hablado así-
-Dime un día en el que lo haya hecho-
-Olvídalo, quieres. Mejor hablemos sobre la fiesta que dará Archie-
-¿Qué dices?-
-¡Vamos, Stear! No me digas que no sabías que tu hermano daría una fiesta por su regreso- se echó para atrás para mirar a su amigo de lentes, el rubio alzó una ceja al ver el desconcierto tras los anteojos.
-Pues no, no lo sabía-
-¿Cómo puedes no saberlo? Viven en la misma casa-
-Aunque no lo crean, desde que llegó no lo he visto más que una vez-
-Irán ¿verdad?, bueno, tú debes de ir, vives ahí wey-
-Pues ya qué, como dijeran, ya lo pasado, pasado-
-Genial-
De los tres, el único que se veía realmente emocionado, era Anthony. De ahí en fuera, ni Stear ni Terry tenían ánimos para ir a una fiesta.
El día había sido una mierda, entre pruebas y trabajos sentía que explotaría en cualquier momento, y para colmo, la cereza del pastel había sido que por segunda vez encontrara a la pareja en un rincón "demostrándose" su amor. Un amor que Terry sabía era falso.
Fastidiado entró a los vestidores y se cambió, lo que menos quería era entrenar, no se sentía con ánimos y mucho menos con la energía. Había algo que ocupaba su mente, o más bien alguien, una rubia y atolondrada pecosa. Tomó asiento y cerró los ojos, su plan no estaba ni cerca de funcionar.
Las palabras que su padre le dijera retumbaron en su cabeza.
-¿Te darás por vencido tan rápido?Terry, los Grandchester nunca lo hacemos-
Él tenía razón, no tenía por qué rendirse, él la quería y ella también. Eran el uno para el otro. Con renovadas fuerzas se puso de pie, no dejaría que pequeños obstáculos le impidieran estar con la persona que amaba, porque de algo estaba seguro, él amaba a Candy y viceversa.
Aunque no había terminado con Susana, eso no debería ser impedimento para poner en marcha su plan, el orden de los factores no altera el producto, con ese pensamiento fue que salió minutos después de los vestidores y caminó hasta llegar al casillero de la pecosa, se fijó que nadie estuviera cerca y depositó la nota.
Llegó al campo justo en el momento que el entrenador los reunía para informarles de los partidos que tendrían en la temporada, y eso significaba una cosas, si ellos jugaban, las porristas también. Discretamente buscó a la rubia, la vio practicando con las chicas a varios metros de ellos, su corazón se aceleró al mirarla y recordar lo vivido, una sonrisa se formó en su rostro.
-Hey, ¿sí se hará lo de las cabañas, verdad?- distraídamente Anthony le habló, Terry giró para ver que tecleaba furioso el celular. Tuvo que controlar las ganas que tenía de estamparle un golpe en su cara.
-See-
-¿Qué cojones te pasa?- el rubio guardó el celular y lo encaró, cruzó los brazos y esperó una respuesta. Su amigo lo miró y después desvió la vista. Quería reclamarle, pero no tenía derecho, Anthony era el novio y él, él no era nada… aún.
-Nada, es sólo que extraño a Su- decir aquello le provocó agruras, pero tenía que disimular.
-No te preocupes viejo, ya tendrás tiempo para estar con ella el sábado- Anthony le palmeó el hombro y le guiñó el ojo. No contestó, no quería darle más cuerda a su amigo. Lo ignoró y se giró hacia el entrenador Tom.
Candy
Lloró la mayor parte de la noche, ¿por qué no podía ser egoísta por un momento? No, no podía ver la infelicidad en las personas solo porque a ella se le antojaba vivir un sueño.
¿Podría alguien envejecer de la noche a la mañana? Se preguntó al otro día cuando se vio en el espejo, la persona que aparecía ahí no era ella. Tomó mucho maquillaje y trató de esconder sus ojeras y los signos de tristeza, no lo logró del todo, pero funcionó, nadie supo que por dentro se sentía rota.
Anthony fue por ella a su casa, le llevó flores y la besó mucho, trató de corresponderle los besos pero no podía, no podía dejar de pensar en otros labios y en otro sabor. Reprimió las ganas de devolver el estómago cuando su novio la besaba, aunque eso podría ayudar y hacer que se quedara en casa, fue una lástima que eso se le ocurriera cuando estaban caminando hacia la entrada de la escuela. Le parecía que Anthony estaba más efusivo que nunca, eso le incomodó, y aún más le incomodó cuando la acorraló y la besó, fue una misión titánica corresponderle. Quería llorar, quería apartarlo y buscar otros brazos.
Se sintió libre cuando él la dejó en su salón; pudo al fin respirar y pensar, pensar en que era un martirio lo que estaba viviendo, no le ayudó nada saber que apenas habían pasado unas horas.
Buscó a Terry, pero nunca lo encontró. Su corazón se apachurró cuando se enteró de que Susana no había ido a la escuela.
-Están juntos- dijo al viento, derramó lágrimas y quiso ir a su casa. Eliza, metida en sus propios problemas no se percató de la tormenta que tenía presa a su amiga. Rápidamente se limpió las lágrimas y fingió una sonrisa.
-Vamos, las chavas nos están esperando para ir al comedor-
Siguió a su amiga y por unas horas se permitió pensar que nada había pasado, que todo seguía como antes, y funcionó durante un tiempo.
Estaban calentando, estar en el equipo hacía que su mente estuviera ocupada y eso le agradaba. Las chicas platicaban de cosas sin importancia y Eliza papaloteaba sobre la cita que tendría con Stear.
-¿Realmente te interesa? Te faltan quince-
-Claro que sí, es un chico muy apuesto… además siempre es bueno tener un novio nerd- contestó la pelirroja y se enfocó en las abdominales que le faltaban.
-¿Novio? ¿Desde cuándo piensas en novios?-
-Desde que necesito uno… tu turno-intercambiaron posiciones y la rubia empezó con la serie de ejercicios.
-Por Dios, tú solo lo utilizarás… para que te haga… las tareas-
-En parte, utilizaré su…-
-Eli, ¿no te da pena hablar de eso?- se detuvo y la miró, Eliza sonrió de lado y se acercó hacia ella.
-Ay Candy, no sé por qué te sorprende que hable así. Eres igual que yo, quien no te conozca jamás sabrá que detrás de esas inocentes sábanas de princesas Disney que tienes, se esconde una pervertida que se los traga sin hacer gestos-
-Hay días que eres más vulgar que otros. La diferencia es que yo no voy por la vida gritando las intimidades que hago-
-Apúrate, que te faltan tres series-
No era una puritana y no es que le escandalizara lo que decía Eliza, lo que le escandalizaba era que ella lo decía en cualquier lugar y sin importarle quien estuviera.
Terminó la serie y se sentó, al hacerlo sus ojos viajaron al equipo de futbol que entrenaba en el centro del campo, su corazón dio un vuelco cuando reconoció la espalda y el caminar de Terry. Sí había ido a la escuela, ¿La había evitado? Si, por ello no lo encontraba. Se deleitó con su imagen y sin querer lo comparó con Anthony; que se acercaba a él.
Terry era mucho más alto, no por mucho, pero sí lo suficiente. En esos pocos días que habían convivido más, se había percatado que los ojos de él cambiaban un poco de color; eran más azules cuando estaba contento, se ponían más oscuros cuando algo le molestaba, y mostraban un color casi verdoso cuando se… excitaba. Sí, ella había visto ese color de cerca, muy de cerca. Le encantaba cómo olía, su voz le erizaba la piel…
-Candy, debes dejar de ser demasiado obvia- una discreta Eliza se le acercó y le habló quedamente al oído
-¿Qué?- desconcertada miró los ojos color miel. Pasó saliva y se puso recta. Empezó a sentir que algo frío le bajaba desde la cabeza hasta los pies.
-No creas que no me he dado cuenta de cómo miras a Terry-
-Yo no… yo no estoy viendo a Terry-
-Te conozco desde hace mucho tiempo y sé cuándo me estás mintiendo, ¿por qué no me lo habías contado?-
-Porque no hay nada qué contar-
-¿Te has puesto a pensar en cómo se hubiera puesto Susana si te encontrara mirando a su novio?-
La rubia ya no contestó, se puso de pie lo más rápido que pudo y les habló a las chicas. Eliza captó que su amiga no quería hablar sobre lo que le estaba pasando. La pelirroja se volteó y buscó a Terry con la mirada, lo encontró estirando cerca de la portería. Achicó los ojos y puso su mente a trabajar, ya encontraría la manera de saber lo que ocurría entre aquel par.
La práctica terminó, esperó a su amiga en el pasillo y la vio ir directamente a su casillero, sigilosamente se acercó, jamás esperó que ella gritara y estuviera a punto de darle una bofetada.
-Jesús, Candy, ¿Se puede saber qué demonios te pasa?-
-¿A mí? Mejor dicho a ti, ¿por qué te acercas de esa manera? Me has pegado un susto de muerte, creí que era…-
-¿Quién, Terry?- la pelirroja alzó una de sus bien definidas cejas y la miró, cruzó los brazos esperando una respuesta, la rubia volteó los ojos y resopló.
-¿Traes algún flechazo por él? No dejas de decir su nombre- estaba tan nerviosa que no podía con la combinación de su casillero, se desesperó más al escuchar cómo Eliza se reía al saberla nerviosa.
-¿Te molestaría que me fijara en él?- el ruido de la bomba de mascar que tronó, la asustó. Patético ¿verdad?
-No tendría, él no es mi novio-
-Exacto, y si no es tu novio, entonces ¿por qué lo miras como si lo fuera?-
-Estás viendo cosas donde no las hay- al fin logró abrir su casillero, pero al hacerlo la nota que Terrence dejara, caía al suelo. Eliza fue más rápida y la tomó, por alguna razón el corazón de Candy se aceleró y más nerviosa se puso –Hay algo que se llama privacidad- tratando de esconder sus nervios, tomó los libros que necesitaba.
-Eso no existe entre nosotras-
-Dámela, Eliza, por favor- estiró la mano esperando que la devolviera, pero se equivocó.
-No-
En cámara lenta, Candy vio cómo Eliza tomaba la hoja y comenzaba a desdoblarla. Enseguida su amiga leyó las palabras que minutos atrás, el castaño con perfecta caligrafía escribiera.
"Si alguien me hubiera advertido lo que dolía el amor, hubiera evitado enamorarme de ti. Pero, ¿a quién quiero engañar? Sería mentira. Te habría amado igual" T.G.
-¿T.G? no hace falta ser una sabelotodo para entender que esas simples letras significan; Terrence Grandchester-
-Eli…-
-Creí que éramos mejores amigas- le entregó la nota y se dio la vuelta. Candy suspiró al ver como se alejaba, cerró el casillero y la siguió. Sus bucles dorados se movían de arriba abajo; Candy corría para tratar de alcanzarla.
-Eliza, escúchame, por favor-
-No, y déjame en paz-
-Eres mi mejor amiga-
-Lo dudo, no puedo ser tu mejor amiga cuando me ocultas cosas-
-Mira, hablemos de esto, pero no aquí. Vayamos a un lugar-
Luego de pensarlo, aceptó. Decidieron ir a casa de Eliza, sus papás no estaban y eso les daría total libertad para hablar.
Veinte minutos después llegaban a uno de los barrios más exclusivos de la ciudad, bajaban del coche e ingresaban en la casa. Subieron las escaleras y entraron al cuarto; gris y rosa pastel predominaban en la habitación, la rubia se sentaba en la mullida alfombra beige, mientras su amiga prefería hacerlo frente a su tocador.
-Te escucho- tomó una toalla desmaquillante y lo pasó por su rostro. Candy la miró desde el suelo, pasó saliva e intentó pensar en cómo le diría todo. –White, mi paciencia es muy poca, ya lo sabes.
-Sí-
-¿Desde cuando tienes una aventura con él?- le ayudó un poco al ver que ella no tenía iniciativa para hablar.
-Yo no tengo ninguna aventura. Por Dios, ¿por quién me tomas?-
-No lo sé Candy, en este punto creo no conocerte-
Las dos guardaron silencio por algunos minutos, Eliza estaba por hablar de nuevo, pero se abstuvo al ver que ella se removía en donde estaba.
-Creo que siempre me ha gustado- reconoció luego de varios minutos.
-¿Y a quién no? Si está demasiado bueno-
-¿Quieres que te cuente o no?-
-Despepita, entonces-
Fue una larga conversación, se había extendido porque Eliza, como siempre, hacía algún comentario al respecto, ya fuera alabando a Terry o diciendo sobre el extraño comportamiento que Candy tenía desde que iniciaran sus tutorías.
-Y nos besamos, sabes, fue un beso maravilloso. Nunca me había sentido así con un simple beso-
-Sólo imagínate cómo te sentirás cuando tengan relaciones-
-Eso no pasará- agachó la mirada y jugó con las cuerdas de sus zapatillas deportivas.
-¿Por qué?-
-Como que por qué, pues tengo novio- abrazó las rodillas con sus brazos y ahí recargo su cabeza, a través del espejo, Eliza la miró y rodó los ojos, con los dedos tomó un poco de crema y la pasó por su rostro.
-Por Dios, ¿y eso qué? Puedes echarte una canita al aire-
-¿Una qué? Estas loca, yo no haría eso, jamás le sería infiel a Anthony de esa manera-
-Pero sí puedes serle infiel con unos besos-
-Eso es diferente, Eliza-
-¿En qué sentido? Estás teniendo sentimientos por otro y disfrutando de su cercanía cuando tienes novio. Y no te digo esto para que te sientas mal, simplemente te lo digo para que piensas en lo que quieres, en lo que tu mente tiene en este momento y sobre todo lo que tu corazón está sintiendo. No se necesita tener sexo para ser infiel, cuando empiezas a borrar mensajes, o a ocultarlos, a mentir sobre a dónde vas y con quien vas a estar, ahí es cuando estás siendo infiel también. Dime, ¿no has pensado en darle una oportunidad a Terry?
-Estoy con Anthony, parece que lo olvidas-
-No lo olvido, Candy, pero es que tú ya no te ves feliz con él-
-Lo quiero, Eliza-
-¿No te imaginas cómo sería tu vida si estuvieras con Terry y no con Anthony?
-Claro que lo hago, pero lo nuestro no puede ser-
-Ay, por Dios. No te entiendo, ¿por qué dices eso?-
-No podría vivir sabiendo que por mi culpa le he roto el corazón a dos personas-
-Pero no es justo que te sacrifiques por alguien más, ustedes se quieren Candy. Si tan solo pudieras ver la forma en la que él te mira cuando cree que nadie lo ve, en cómo se le ilumina la cara cuando apareces, además, créeme, nunca lo he visto sonreír en la manera en cómo lo hace cuando estás tú, Candy, ese hombre está cacheteando las banquetas por ti- Eliza se había puesto de pie y acercado a su amiga, se sentó al lado de ella, le tomó las manos y la miró.
-¿De verdad?-
-Sí, ¿no lo habías notado?-
-No
-¿Qué harás?-
-Yo… no lo sé, tengo mucho miedo-
-¿Por qué? Mira, el principio básico para permitir que todo lo que deseamos llegue, consiste en primero aprender a dejar ir, sin espacio Candy, nada sucede-
-Eliza ¿desde cuando eres tan sabia?-
-Desde siempre- alzó los hombros como si le restara importancia a tan sabios consejos.
-¿Me apoyarás? Quiero decir…-
-Claro que sí tonta, eres mi mejor amiga. Además, estoy segura de que Terry estará encantado de hacerte feliz, ¿entonces?
-Sí, le diré que sí a Terry- las dos rieron, se abrazaron y volvieron a reír. Eliza se quedó callada unos minutos, se puso de pie y tomó su celular
–Ya es algo tarde Candy, ¿te parece si pido algo de comer?-
-Sí, la verdad es que muero de hambre-
-Ok, bajaré para ver que hay, de lo contrario ordenaré sushi, ¿lo de siempre?-
-Sip... Eli-
-¿Qué pasa?- no la miró, estaba enfrascada en mandar un mensaje.
-¿Qué le diré a Anthony?-
Eliza alzó la mirada, guardó el celular y se le acercó, se mordió el labio y después de soltar un suspiro, habló.
-No te preocupes por eso, Cans. Las cosas siempre se acomodan para que podamos ser felices. Lo que tengas que decirle, lo sabrás a su debido tiempo, solo debes dejar a tu corazón hablar-
-Tienes razón-
-Voy a ver lo de la comida-
-Estaré en el baño-
Varios minutos después, Candy salí del baño, se acostó en la cama y sacó su celular para hablarle a su madre y decirle que se quedaría un rato en la casa de Eliza. Mordió su labio cuando vio la hora que era, faltaban varios minutos para que la tutoría comenzara, estaba por enviarle un mensaje a Terry para preguntarle si estudiarían, cuando escuchó que sonaba el timbre de aquella majestuosa casa, su estómago rugió en cuanto se imaginó la comida que les esperaba.
Se levantó de la cama y se movió por la habitación debatiéndose entre enviar o no el mensaje, estaba pensando en lo que le escribiría, y como si por arte de magia se tratara, su cerebro creo el texto perfecto, se paró frente a la ventana y comenzó a escribir, escuchó que la puerta se abría.
-Te tardaste demasiado Eli, estoy que me muero de hambre-
-Espero que conmigo sea suficiente para satisfacerla-
Se quedó quieta en cuanto escuchó su voz, sus manos comenzaron a temblar y los nervios subieron y bajaron por todo su cuerpo, trató de controlar su respiración.
Cerró los ojos un momento, los abrió de nuevo y se giró para verlo.
Ahí estaba Terry, apuesto a rabiar en su uniforme deportivo, la respiración de él subía y bajaba violentamente como la de ella.
Sus ojos se encontraron, y supieron en aquel instante que mirarse era la cosa de ambos.
Ella dio un paso hacia él, pero él dio dos.
-Lo lamento-
-No tienes por qué lamentarlo, bonita-
-No quería decir aquello, Terry. Lamento haberte herido-
-Sólo tú podrías llevarme al cielo y luego al infierno-
-¿Es un cumplido o algo así?-
-No lo sé, pero si quieres te diré muchos a partir de ahora-
Él se acercó un poco más y la abrazó, cuando sus cuerpos se encontraron de nuevo, sintieron paz, esa paz que sólo experimentas cuando estás con la persona que amas de verdad, ese sentimiento de pertenencia nunca lo olvidas, así lleves doce años con la misma persona. Serán siempre esos abrazos los que te devuelvan el alma.
Rompieron el abrazo, Terry se sentó en la cama y la tomó de la cintura para acomodarla en sus piernas, sonrojada por aquello, Candy acomodó sus brazos en el cuello de él, se miraron unos minutos y luego se besaron.
-¿Cómo es que estás aquí?- se separó un poco de él pero sin abandonar su cuerpo, Terry agachó la cabeza y sonrió -¿Por qué sonríes así?- el ojiazul le plantó un beso en la frente y escondió el rostro en el cuello femenino, se llenó del aroma de ella y agradeció al cielo por estar ahí, y así con ella.
-Siempre creí que a Eliza le faltaba un tornillo, pero ahora entiendo por qué Stear está tan colado por ella-
-¿Eliza? ¿Qué tiene ella que ver en todo esto?-
-Ella me llamó para decirme que necesitaba ayuda, quería enseñarme lo que había comprado para Stear, no me pareció raro ya que él cumple la siguiente semana. Cuando llegué me dijo que subiera a su habitación porque ahí estaba el regalo, pero creo que el regalo era para mí- volvieron a unir sus bocas una, dos, tres, muchas, muchas veces más.
-¡Dios, mío! ¿Acaso no se cansan?-
Casi se atragantan, la rubia escondió la cara en el cuello de Terry, y él solo miró a la menor de las Leagan, asintió ligeramente la cabeza en señal de agradecimiento, el cual fue correspondido con una deslumbrante sonrisa.
-Bueno, par de tortolitos. La comida está esperando-
-Sí…- fue un susurro, bastó para Eliza, quien soltó una carcajada y salió de la habitación.
Verde y azul se fundieron y acariciaron sus narices, la mano masculina se movió ligeramente en la cintura de ella, Candy hundió su mano en el suave cabello. Unieron sus bocas, lenta y deliciosamente.
-Tienen cinco minutos para bajar, de lo contrario me comeré todo el sushi- la alegre voz de Eliza se escuchó, pero eso no bastó para que aquellos dos se separaran.
