¿Qué puede salir mal en esta vida?
Muchas cosas, en realidad, todo.
Bien dicen que cuando empiezas las cosas mal, terminan igual o incluso peor.
Caminaba de un lado para otro pensado y tratando de encontrar respuesta a sus miles de preguntas, pero sobre todo a una; ¿Qué había pasado para que Terry y Candy se estuvieran besando? Se suponía que ella era novia de Anthony, y Terry tenía por novia a Sandra, o Salma o Sandy.
-¿Se puede saber qué te ocurre?- una segunda persona se acercó con paso tranquilo y tomó asiento en uno de los mullidos muebles.
-Nada, es sólo que me siento muy… intranquila estando aquí- se giró y apoyó su cuerpo en el escritorio de madera.
-¿Por qué?-
-¿Cómo que por qué? Para empezar no sé qué hacemos en esta casa, desde que llegué no me has dicho de quién es, ni por qué quisiste que nos encontráramos aquí-
-Mía, debes vivir la vida, no tiene importancia de quién sea, lo que en verdad importa es que la tenemos para nosotros dos-
-Está bien, tú ganas, no me preocuparé por eso. Lo que sí me preocupa es que alguien me haya reconocido y le diga a mis padres que me han visto aquí, ellos piensan que estoy en el internado en Chicago, ¿te imaginas cómo se pondrán cuando sepan que les he mentido?-
-¿Y desde cuándo te importa? Nunca lo has hecho-
-Me importa desde que estamos a menos de un kilómetro de mi casa-
-Necesitas tranquilizarte Mía. Nadie se espera que estés aquí, además, con esa peluca nunca te reconocerían-
-Eso me recuerda que no me has dicho cómo me veo- con demasiada coquetería y dejando en el olvido el tema de su hermana y sus padres, se fue acercando para sentarse a horcajadas, se movió y sonrió satisfecha al ver que él cerraba los ojos y pasaba saliva. Subió su mano derecha y acarició el labio inferior de su acompañante, que gustoso colocó sus manos en las caderas de la chica.
-Sabes que todo de ti me vuelve loco- acercó su nariz al femenino cuello y se deleitó con el aroma.
-Entonces subamos a la habitación, quiero que hagamos el amor, Tony-
FLASH BACK
Eran sus últimos meses en la ciudad, en poco tiempo estaría volando hacia Chicago para iniciar su vida universitaria. Pensar en aquello la hizo sonreír de placer; el sólo imaginar conocer a miles de chicos de diferentes fraternidades e intimar con ellos, la hacía hervir de emoción.
Pero aquello se esfumó en cuanto escuchó la cantarina risa de su hermana menor. Con fastidio se levantó de su cama y caminó hacia la ventana que daba a su jardín trasero; su sosa hermana estaba de lo más divertida con su nuevo novio; Anthony Brown.
Se quedó en la ventana y miró como ellos jugaban dentro de la piscina. Le pareció repugnante la devoción con la que él miraba a Candy y rodó los ojos cuando los vio besarse, estaba por girarse y sumergirse en su mundo universitario, cuando una idea cruzó por su mente.
Giró sobre sus talones, tomó lo que necesitaba y entró al baño. Cuando salió, lo hizo envuelta en una toalla blanca, caminó por el pasillo y bajó las escaleras. La risa de su hermana se hacía cada vez más fuerte, y eso comenzaba a molestarle. Agarró su celular y marcó un número, después de tres timbrazos respondieron.
-Necesito de tu ayuda-
-¿Qué pasa?-
-Quiero que llames a mi casa, preguntes por mi hermana y le digas que Eliza está teniendo una crisis-
-¿Qué? ¿Estás loca, Mía?-
-¿Me ayudarás, sí o no, Neal? Aunque no hace falta recalcar que si no me ayudas, puedo decirle a tu padre que su adorado hijo es gay-
-Está bien, te ayudaré, pero no puedo decir que tiene una crisis, Eliza está perfectamente-
-Pues entonces piensa en algo, idiota. Sólo quiero que entretengas a mi hermana por unos diez minutos-
-¿Para qué?-
-Tú has lo que te digo y te cuento después- colgó sin esperar respuesta, caminó un poco hasta estar detrás de la puerta corrediza, se tomó su tiempo para observar a la recién pareja, achicó los ojos y sin pensarlo dos veces, abrió y salió. Anthony y Candy estaban tan entretenidos que no la habían notado, a lo lejos escuchó el teléfono sonar, pocos minutos después la señora del servicio salía al jardín con el teléfono en mano.
-Señorita Candice, tiene una llamada-
-Gracias Esther- la rubia braceó un poco y con mucha agilidad salió de la piscina, tomó el teléfono y atendió la llamada. Mía vio que su hermana giraba un poco el cuerpo y aprovechó el momento; se puso frente a los camastros, se quitó la toalla y movió ligeramente su larga cabellera rubia, con mucha discreción volteó un poco y lo vio.
Anthony la miraba, o más bien, miraba su trasero enfundado en un provocador bikini en color negro, sonrió, pero más lo hizo cuando notó que su hermana no estaba por ningún lado.
Se sentó en el camastro y agarró el bloqueador solar, con ensayados movimientos torpes, intentó ponerse en la parte de su espalda pero falló. Escuchó que alguien salía del agua y se acercaba a ella; explotó de felicidad cuando sintió otras manos en su cuerpo, aquello estaba saliendo mejor de lo que esperaba.
-Espera… yo te ayudo con eso-
-Gracias, eres muy amable- con su mano derecha recogió su cabello y se giró para verlo, en el instante de hacerlo otra idea cruzó por su mente; fijó su mirada en los masculinos labios y se relamió los suyos para después morderse su labio inferior. Notó que Anthony pasaba saliva, y que la presión de sus manos en su espalda aumentaba.
-Anthony… ¿Qué estás…- un espantado rubio se giró como si lo hubieran encontrado robando, Mía estuvo a punto de echarse a reír al ver la cara de los dos, disimuló una risa y carraspeó.
-Tranquilízate, hermanita. Yo le dije que me ayudara- se puso los lentes de sol y divertida la miró.
-Ya-
-Por Dios Candice, quita esa cara. Ni que fuera a robarte a tu novio, no soy una asaltacunas- la rubia mayor con movimientos gráciles se acostó en el camastro y dio por terminada la conversación, volvió a tomar el bloqueador y terminó de untarlo por sus piernas.
Sus ojos, más oscuros que los de Candy, seguían todos los pasos de la pareja, no se habían hablado y su hermana lucía demasiado molesta, Mía se regocijó con aquello; enfadar a Candy era su deporte favorito.
Y así estuviero largo rato hasta que comenzó a fastidiarse, su hermana y su novio no se despegaban y parecía que Candy había dejado en el olvido su malestar.
-No, Mía. No puedes dejar las cosas así- se dijo a sí misma y con una nueva idea en mente se levantó para entrar a la alberca. Disfrutó de la sensación del agua y después emergió cual sirena provocativa, cuando abrió los ojos, con demasiada satisfacción notó que él la veía, le sonrió de vuelta y comenzó a nadar; así estuvo durante unos minutos más.
Salió y al instante se giró, Anthony y Candy estaban al centro abrazados. Se llevó sus manos a su cabello para amarrarlo y al hacerlo se aseguró de sacar su pecho y mostrar sin pudor alguno lo erecto de sus pezones tras el sujetador; que obviamente estaban siendo admirados por Anthony.
-No tarden que papá está por llegar- fue lo único que dijo y se alejó de ahí. Los vellos de su nuca se erizaron al ser consciente de que la miraban, así que hizo el meneo de sus caderas más evidente.
Y así había empezado todo, con coqueteos discretos, miradas y después roces; en la cocina, en la sala, en los pasillos. Para después avanzar a los besos apasionados detrás de las puertas, en los baños y al final terminar teniendo relaciones en la mesa, en el sótano y hasta en el cuarto de la propia Candy; siendo Mía la que en un inicio empezara todo, para después Anthony tomar su lugar.
Y así había sido durante todo el año y medio que llevaban saliendo su hermana y Anthony.
FIN FLASHBACK
Estiró su saciado cuerpo y giró su rostro para contemplar las masculinas facciones del rubio que dormía a su lado. Siempre hubo algo que le llamara la atención, pero nunca le pareció correcto al saberlo muy joven para ella. Pero todo pensamiento se desvaneció cuando supo que era el novio de su hermana y que ella era feliz. Y no, no podía permitir que Candy saboreara un poco de felicidad.
Así que había decidido interponerse, pero después lo pensó mejor y supo que la venganza era un platillo que se servía frío, así que disfrutaría todo lo que pudiera para después echarle en cara a su hermana que su vida amorosa era una farsa.
Sonrió pensando en el dolor que eso le causaría a su hermana, pero entonces el recuerdo la golpeó como un rayo; su hermana besando a Terry la hizo reaccionar. Definitivamente algo no estaba bien.
Y no se quedaría con la duda. Se levantó con mucho cuidado y después se vistió para salir de ahí. Sólo había un lugar al que podía ir; con la novia de Terry. Marcó a Neal y le pidió le consiguiera la dirección de la novia del castaño. Y como buen amigo y cómplice, lo hizo.
Las clases se fueron en un abrir y cerrar de ojos. Había mensajeado desde muy temprano con Terry para desearle suerte y hacerle saber que lo quería y lo estaría esperando.
"Y yo cuento los minutos para poder estar a tu lado, preciosa"
Por primera vez se sentía correspondida, leía y releía los mensajes de Terry y volvía a suspirar. A Eliza le parecía de lo más gracioso verla así, y eso sólo le provocaba una cosa: molestarla.
-Candy, por Dios, me matarás de tanto dióxido de carbono-
-¿Qué? ¿Por qué?-
-Te la pasas suspirando. ¿Te trae loca, verdad?- se sentaron bajo la sombra de un árbol, Eliza recargó su espalda en el tronco y Candy prefirió acostarse en la hierba.
-Pues sí-
-Pued, si… No me veas de esa manera, que así te escuchas de cursi-
-Te juro que no me creo que esto sea verdad-
-Pues yo tampoco, pero Cans, no quiero ser aguafiestas ni nada pero… ¿Ya hablaste con Anthony?-
-No, quería hacerlo hoy pero Terry quiere que espere un poco. La verdad es que no me siento preparada para terminarlo-
-¿Qué significa eso? ¿Te quedarás con Anthony?- La rubia se sentó de golpe y trató de sacar a su amiga del error.
-Claro que no, tonta. Me refiero a que no sé qué debo decirle, no puedo llegar y decir: "Oye, Tony, ¿a qué no adivinas de quién me enamoré? Sí, de Terry. Bueno adiós"-
-No soy tan estúpida, Candy-
-Lo siento, es sólo que me siento tan nerviosa. De sólo pensar en lo que puede pasar cuando…-
-¿Te refieres a que inicien una clase de pelea o algo parecido?-
-Sí, ya sabes el carácter que tiene Anthony, y Terry, bueno, él ni se diga-
-Ambos son salvajes, pero no tienes nada de qué preocuparte, estoy segura de que todo saldrá bien-
-Espero que así sea, por mi bien y por el de los demás-
-¿Entonces qué pasará con lo de mañana?-
-¿Qué hay mañana?-
-No sé qué harías sin mí, dijiste que Susana había sugerido pasar un fin de semana en la propiedad de Terry-
-¡Es verdad! No lo recordaba-
-¿Y?-
-Pues no lo sé, esperaré a que Terry llegue para poder preguntarle-
-¿Qué es lo que tendrás que preguntarle a Terry? - aquella voz las sorprendió, Eliza mordió su boca ahogando con ello una maldición, y Candy internamente rogaba a Dios porque su aún novio no hubiera escuchado toda la plática.
-Hola, Anthony- la rubia lo miró un poco vacilante y trató de sonreírle –No te había visto en todo el día, ¿dónde estabas?-
-No me has contestado, ¿qué tienes que preguntarle a Terry?-
-Saben, los dejaré solos. Te veo en la noche para ir a cenar, Cans- La pelirroja se levantó y tomó sus cosas.
-Gracias Eli- se despidieron de un beso y ambos rubios la vieron alejarse.
-¿Por qué te pones así? Sólo quiero saber si tenemos que llevar algo para pasar la noche en las cabañas- rebatió Candy.
-¡Oh, es cierto! Lo había olvidado. Lo siento nena, es sólo que ando un poco nervioso-
-¿Por qué?-
-¿Quieres ir a caminar?-
-Claro-
Anthony la ayudó a ponerse de pie, en cuanto la tuvo frente a sí la abrazó. Aquella muestra de afecto en otro tiempo la hubiera vuelto loca de amor, pero ahora sentía que la estaban ahorcando. Con mucha sutileza lo apartó y le sonrió.
-¿A dónde quieres ir?-
-A dónde tú quieras, ¿se te antoja un helado?-
-Mmmm, bueno-
Pasaban de las seis de la tarde, se sentía exhausto y fastidiado. No se imaginó que hacer estas pruebas llevaría tanto tiempo, y mucho menos adivinaría que el profesor Walters querría tener una breve charla con el rector de la escuela, no podía irse, había llegado con él, así que tendría que esperarlo. Metió su mano al pantalón y sacó el móvil, estaba a punto de marcarle a Candy, cuando la llamada entrante de Susana lo detuvo.
-¿Qué pasa Su?- se recargó en la puerta del sanitario y cruzó sus piernas.
-Nada babe, ¿cómo estás?-
-Cansado-
-¡Oh! Estuvo muy pesada la práctica-
-No, no fui a la práctica. En realidad estoy en Sounder High, vine a una eliminatoria-
-¿Por qué no me dijiste? Hubiera ido para apoyarte-
-No era necesario, además tú estabas fuera-
-En realidad no, babe, llegué anoche-
-Oh-
-¿Estás molesto?-
-No, claro que no. Es sólo que estoy muy cansado-
-Verás que todo saldrá bien-
-Gracias-
-¿Podemos vernos por la noche? Quiero saber qué falta para llevar a la cabaña-
-¿La cabaña?-
-Sí, lo olvidaste. No me sorprende, has estado muy ocupado-
-Lo lamento. Creí que ya no se haría nada-
-¿Estás loco? Necesitamos un descanso y qué mejor que estrenar tu cabaña. Además tengo algo que decirte-
-¿Es necesario?-
-Sí babe. ¿Puedes venir cómo a las nueve?-
-Trataré-
-Terry-
-Su, estoy realmente cansado… lo intentaré-
-Está bien, nos vemos más tarde-
Aquella corta llamada lo había estresado más. Molesto consigo mismo caminó hacia el estacionamiento. Había estado demasiado entretenido para recordar lo del fin de semana; lo cual le provocaba migrañas al pensar en la "situación" que tenían él y Candy que resolver.
-¿Te encuentras bien, Terrence?-preguntó el profesor Walters cuando lo vio llegar.
-Sí, sólo que me siento algo estresado-
-¿Es por la prueba? No tienes nada de qué preocuparte, fuiste el estudiante con el mayor puntaje-
-Gracias, todo es por usted-
-Claro que no. Eres un excelente alumno y estoy seguro de que ganarás la competencia de la siguiente semana-
Terrence solo sonrió, abrió la puerta del copiloto y se sentó. En cuanto su cabeza tocó el respaldo, se quedó profundamente dormido.
Abrió los ojos noventa minutos después, justo en el momento que entraban a la ciudad. Se disculpó con el profesor y platicaron un momento.
A pesar de haber dormido en el trayecto, todavía se sentía cansado, así que en cuanto llegó a su casa, con monosílabos intentó explicar cómo le había ido, subió a su habitación y se tiró en la cama; se volvió a quedar dormido.
Su celular sonó y sonó. Tres personas le llamaron, pero a ninguna contestó. Anthony, molesto salió de su casa y fue directo a la de su amigo; Karen, la hermana del castaño le abrió la puerta.
-¿Y Terry?-
-Buenas noches, Anthony. Parece que no te enseñaron modales-
-Lo lamento, ¿dónde está tu hermano?-
-Durmiendo arriba, no tiene mucho que llegó-
-¿Sabes a dónde fue?-
-¿Qué no se supone que eres su mejor amigo y debes saber eso?-
-Karen-
-¡Ash! Creo fue a una eliminatoria del concurso de matemáticas-
-Gracias, cuando despierte le dices que vine a buscarlo y necesito hablar con él- y sin más, el chico rubio salió disparado. La morena rodó los ojos y cerró la puerta, subió a la habitación de su hermano y lo encontró en brazos de Morfeo, estaba por cerrar cuando escuchó que el celular de él sonaba, lo buscó y contestó.
-¿Qué?- se sentó en la cama y cruzó las piernas.
-¿QUIÉN ERES?- la chica tuvo que alejar un poco el aparato, miró a su hermano y negó.
-No grites Susana, soy Karen-
-Lo lamento Kari, es que me alteré un poco-
-Sí, ya lo noté-
-¿Qué haces con el celular de Terry?-
-Se quedó dormido, ¿qué quieres que le diga? Necesito terminar mis deberes-
-Por Dios, es viernes, puedes hacerlo mañana-
-No puedo… mensaje-
-¡Ah, sí! Dile que me escriba qué hace falta llevar, si comida o colchas porque vamos a…-
-Ya, ya, ya, no hace falta que me des detalles. Yo le doy tu mensaje cuando despierte-
-Gracias, Kari-
-Es Karen-
-Si-
Colgó y arrojó el celular de su hermano a la cama. Se levantó y buscó una hoja para anotar los recados, por supuesto que ni de chiste se levantaría temprano para darle los mensajes. Encontró lo que necesitaba y comenzó a escribir, dejó la hoja en el escritorio y salió del cuarto.
La última en llamar fue Candy, pero eso ni Karen ni Terry escucharon.
La rubia, acostada y recién bañada, se preguntaba por qué no le contestaba, estaba comenzando a preocuparse porque no sabía de él; si ya estaba en casa o si se encontraba de camino.
Le dejó demasiados mensajes de WhatsApp y sin darse cuenta se quedó dormida.
Por obra del Espíritu Santo ya se encontraba despierta, se levantó de la cama, cambió sus ropas por unas más deportivas, tomó sus auriculares y se lavó los dientes.
Bajó a tomar un poco de jugo para no irse con el estómago vacío y salió.
-¿A dónde vas tan temprano, Candice?- la rubia pegó un salto y se giró para encontrar a su padre revisando los neumáticos del coche.
-Voy a correr un poco papá, quedé con Eliza-
-No tardes, que tu madre quiere ir a Wesfield-
Asintió con la cabeza y se preparó para partir, se puso los audífonos y comenzó a trotar; lo hizo durante algunas cuadras, se detuvo en la esquina de la calle del castaño, pausó por un momento la música y marcó su número; buzón.
Comenzó a caminar mientras pensaba en tocar o no el timbre de los Grandchester, pero ¿qué díría? ¿Y si su mamá abría la puerta? ¿O su papá? No, moriría de la vergüenza. Estaba tan ensimismada que no notó a la persona que caminaba detrás de ella, le habló pero la rubia estaba en otro mundo, así que tocó su hombro.
-Vaya. Debes de tener muchos secretos para espantarte así por nada, pecosa-
-¡Terry!- la emoción en su voz la delató y sin pensarlo se abrazó a él; que gustoso la recibió.
-Buenos días, preciosa- dijo en su oído y la sintió suspirar. Qué bonito es el amor.
-Ya son buenos, nunca me imaginé encontrarte aquí- se separó de él y lo miró, Terry se veía en extremo guapo, aunque él siempre se veía guapo se pusiera lo que se pusiera.
-¿Por qué? Si aquí vivo-
-Chistosito, no es por eso-
-Ven, vamos a trotar-
Comenzaron a trotar y cuando estuvieron lo suficientemente lejos, se pararon en un parque; que por la hora ya estaba siendo frecuentado por los deportistas.
-Lamento no haberte llamado ayer, pero llegué y me quedé dormido-
-No te preocupes, lo entiendo. Y como no llamaste, pues venía a verte-
-¿Me creerías si te digo que yo iba a hacer exactamente lo mismo?-
.¿De verdad?-
-Claro que sí, pecas- se callaron por unos minutos y se miraron. La rubia comenzó a ponerse nerviosa y mordió su labio.
-¿Qué ocurre? ¿Por qué me miras así?-
-Quiero besarte-
-¿Aquí?-
-Sí- dio un paso hacia ella, sus manos picaban por tocarla, pero se contuvo. No era el momento adecuado.
-Pero…-
-Lo sé, hay mucha gente y no quiero que hablen mal de ti-
-Podremos besarnos después-
-Espero que ese después no tarde mucho-
-Terry, hay algo de lo que debemos de hablar. ¿Qué haremos? Se supone que hoy pasaríamos la noche en una de tus cabañas.
-Lo sé, desde temprano le he estado dando vueltas al asunto. No quiero que pases una noche con él-
-Y yo no quiero que tú la pases con Susana-
-En cuanto pueda iré a su casa y terminaré con ella-
-¿Estás seguro?-
-Claro que sí. ¿Tú qué harás?-
-Ayer Anthony me dijo que saldría desde muy temprano y regresaría hasta las ocho, aunque quisiera terminar con él, no podré hacerlo por teléfono, tengo que dar la cara, así que lo esperaré-
Sus manos se rozaron brevemente y ese pequeño acto sirvió para recargar sus almas, conscientes de que había mucha gente a su alrededor se contuvieron y regresaron sobre sus pasos.
Terry la acompañó hasta la esquina de su casa, no se fue hasta que no la vio cruzar la puerta de su hogar. Con una sonrisa en el rostro, el guapo chico regresó a su casa y ella se preparó para salir con su familia.
Se bajó de su automóvil, pasó su mano por el cabello y comenzó a caminar hacia la puerta. Tocó el timbre y un alto y rubio hombre le abrió la puerta.
-¿Qué onda, Terry?-
-Hola Albert, ¿está Susana?-
-Sí, está en la parte de atrás, pásale-
-Gracias-
-¿Te sientes bien?-
-¿Por qué?-
-Luces algo… preocupado-
-La escuela-
La plática cesó, Albert se sentó de nuevo en el sillón y él caminó hacia el patio. Encontró a la rubia en el palet colgante; estaba leyendo una revista. Estaba nervioso, claro que sí, aquello no sería fácil.
-¡Hola babe!- la chica se bajó y corrió para besarlo, el castaño ligeramente movió la cara para que los femeninos labios cayeran en la mejilla. Si ella notó el gesto, no se lo hizo saber.
-¿Cómo estás?-
-Bien, me quedé esperando tu visita-
-Estaba muy cansado, pero Karen me dio tu mensaje-
-Que bueno que viniste, hay muchas cosas que debemos de llevar y…-
-Susana, no es por eso que vengo- la seriedad con la que le habló la dejó helada. Recobró la compostura y pensó rápido, lo tomó de la mano y lo llevó a las sillas que estaban más apartadas en el jardín, se sentaron y permanecieron callados. Susana trató de controlar el nervio que la estaba poseyendo, pasó saliva y habló.
-¿Qué ocurre?-
-Yo… no sé por dónde empezar-
-Por Dios, Terry, dímelo de una vez-
-Está bien. Pero primero escúchame y no me interrumpas hasta que haya dicho todo, ¿de acuerdo?-
-Habla, entonces-
-Yo… bueno, tú sabes que siempre me has gustado y que por eso te pedí que fueras mi novia. De verdad que fui muy feliz…-
-¿Qué?-
-Déjame terminar. Susana, yo te quise y te quiero, pero no como un novio debe querer a su novia. Esta relación ya no va para ningún lado, lo mejor será terminar antes de que nos hagamos daño-
-¿PERO QUÉ ESTÁS DICIENDO? ¿ESTO ES UNA BROMA?-
-¿Te parece que tengo cara de estar bromeando?-
-No lo dices de verdad, Terry. Tú y yo somos la mejor pareja, somos la pareja perfecta. No puedes dejarme-
-Susana, nuestra relación ya no da para más, tú lo sabes-
-Pero… pero…Yo te amo-
-Es que ese es el problema, yo ya no-
-¡No! Esto que dices es una mentira- la rubia se puso de pie y caminó de un lado para otro, Terry solo la veía y por dentro sentía que el peso iba disminuyendo –Esto que me estás diciendo es de muy mal gusto y no te creo-
-No tengo por qué mentirte, es la verdad-
-¿Es por otra? ¡TE HAS ENAMORADO DE OTRA!-
-Susana…-
-¡NO! ¡VETE! …. ¡LARGO DE AQUÍ!- los azules ojos, que en otro tiempo le miraran con amor, ahora lo hacían con odio, las lágrimas eran ácido y caían como tormenta. Terry salió de la casa de Susana, subió a su coche y suspiró, se sentí libre al fin. Sacó su celular y le mandó un mensaje a Candy
"Está hecho, soy tuyo"
Habían pasado la mayor parte del día y de la tarde en casa de su abuela Poleth, no estaba aburrida pero sentía que ya habían pasado muchas horas con la cariñosa Poly; como Candy solía llamarla.
Agradeció al cielo cuando escuchó a su padre decir que ya regresaban a casa. El mensaje que Terry le enviara horas atrás la tenía en una nube de amor, ahora solo era cuestión de tiempo para que pudieran estar juntos.
Por fortuna había pedido permiso para quedarse en "casa de Eliza" y sus padres habían aceptado, de todos modos ellos ni siquiera notaban si estaba en casa o no. Se escribió con la pelirroja para que pasara por ella alrededor de las ocho.
En cuanto llegó a su casa, se duchó y preparó. Agarró la mochila que había dejado lista y bajó para esperar a su amiga; que puntual llegó a la casa White.
En el camino a casa de Grandchester le llamó a Anthony, no podía seguir esperando más; era ahora o nunca.
-Ya estoy en la cabaña con Terry, amor. Aquí te espero- en cuanto escuchó aquello se le formó un hueco en el estómago, sólo esperaba que las cosas salieran como lo tenía planeado.
-Suerte, muñeca. Y cuando termines con ese patán, por favor dale duro contra el muro a Terry-
-Yo también te quiero Eli-
-Cuidate, perra-
Candy sonrió y se giró para caminar hacia dónde estaban los chicos. Cuando llegó se extrañó de escuchar risas; hacía mucho tiempo que no escuchaba a ninguno de los dos reír, movida por la curiosidad, espió por la ventana, se quedó embelesada viendo cómo Terry se reía y sin querer lo imitó.
Obviamente fue descubierta.
-Nena, ¿qué haces ahí afuera?- Anthony le hablaba después de notar unos bucles detrás de la ventana.
-Lo siento, sólo quería ver de qué se reían tanto-
-Terry y sus chistes tontos-
-No sabía que podías contar chistes- se dirigió al chico de sus sueños y levantó la ceja derecha.
-Bueno, ya sabes. Uno cambia cuando encuentra inspiración- respondió Terry y discretamente le guiñó el ojo, Candy se sonrojó pero lo disimuló muy bien, por fortuna Anthony bobeaba por otro lado.
-La cabaña está hermosa, Terry. Tu mamá y tus hermanas han hecho un buen trabajo-
-Gracias, pero esta de aquí la re modelé yo-
-¿Tú? Estás de broma, no puedes levantar ni un clavo-
-Ese eres tú-
-¿Dónde dormiré?- interrumpió la ojiverde al ver que la pelea de testosterona, pero antes de que Terry pudiera contestar, el rubio ya estaba tomando la mano de Candy y prácticamente la arrastraba a una habitación.
El pánico se apoderó ella, pero se controló, quizás esa era una señal para que hablara con él y lo terminara de una vez por todas, así que, alcanzó a girar su rostro para mirar a Terry y tranquilizarlo un poco.
Entró a la habitación y se maravilló todavía más de lo hermosa que se veía, pero eso quedó de lado al ver que su novio se acercaba a ella, le quitaba la mochila y la sentaba en la cama; el corazón de Candy comenzó a acelerarse.
-Anthony, tenemos que hablar-
-¡Shhh! Hablemos después- se acercó más y trató de besarla pero ella se apartó.
-No, esto es importante-
-¿Qué cosa es?-
-Yo…-
-Espera…- el rubio alzó su índice derecho y lo colocó en la boca de ella, Candy se extrañó y comenzó a desesperarse, no podía perder más tiempo.
-¿Qué?-
-Creo que ha llegado alguien… ¿son gritos?- se levantó de la cama y caminó hacia la puerta.
-¿De qué hablas?-la pecosa lo siguió
-Cállate y escucha- con mucho cuidado Anthony abrió la puerta, y salieron un poco para escuchar mejor.
-Ya te lo dije Susana, hemos terminado-
-¡NO TERRY! TÚ NO PUEDES DEJARME-
-Susana no me puedes obligar a estar contigo, ya te dije que yo no …-
-Estoy embarazada, Terry. Estoy esperando un hijo tuyo-
Buenas noches. Lamento la demora, pero para quienes lo desconozcan, soy maestra y estos días han sido de estrés nivel mil; por la documentación y la ceremonia de clausura.
Disfruten la lectura.
