Fue la semana más pesada para todos, en especial para Terry y Candy. El castaño había tratado por todos los medios hablar con ella, pero la rubia se negaba a escucharlo y si lo veía le cortaba el camino. Las esperanzas de Terry estaban puestas en las tutorías, pero con lo que nunca contó, fue que ella solicitara al profesor Walter un cambio.

-¿Qué le dijo Candice?-

-En sí nada, pero creo que estás teniendo demasiadas responsabilidades, debes estar concentrado para las finales del concurso-

Pero lo estoy! No puede quitarme así como si nada, usted sabe que soy el mejor- el profesor lo miró unos instantes y suspiró.

-Porque lo sé es que lo hago. Para seguir siendo el mejor tienes que concentrarte, y últimamente no estás en tu mejor momento, Terruce. Sé lo que pasó con Susana y…-

-Profesor, no. No quiero hablar de eso. Sólo quiero que me vuelva a poner como tutor de Candy… digo, de la señorita White- exasperado pasó las manos por su cabello y lo alborotó.

-No cambiaré de opinión señor Grandchester. Alistar Cornwell será el tutor de la alumna White, así que le pido respete mi decisión. Será mejor que usted se ponga al corriente- el maestro dio por terminada la plática, tomó su portafolio y salió del salón dejando a un Terry enfurecido.


No había querido salir de su habitación, con esta era el tercer día que llevaba debajo de las sábanas. Lloraba, se sentía patética al recordar el dolor que vivió cuando Terry le confesara sus sentimientos y ella lo rechazara, ¡qué estúpida! sabía que eso no era nada comparado con la forma en la que se sentía ahora; no podía ser egoísta, nunca podría quitarle el padre a un hijo y mucho menos destruir una familia.

Se aferró a su almohada y siguió llorando, su mente era un caos; imaginando, soñando, pensando, anhelando que todo esto fuera una pesadilla. Se pellizcó el brazo derecho porque lo más seguro es que fuera eso; pero no, era la vida, era su vida y era cien por ciento real.

Escuchó que su celular sonaba; era Terry de nuevo. Le había estado llamando desde que ella saliera de la cabaña, desde entonces él había tratado de hablarle, pero no podía, simplemente no podía hablar con él. Desvió la llamada y siguió llorando.

Su celular sonó de nuevo, por el tipo de timbre supo que sería un mensaje de voz. Así que hizo lo que venía haciendo desde que él llamara, marcó a su buzón de voz y escuchó el mensaje.

-Mi amor, tu buzón no está lleno de mensajes, eso significa que los estás escuchando. Seguiré repitiendo lo mismo hasta que te hartes y que tu única opción sea aceptar verme. Candy, podemos solucionarlo, podemos estar juntos. Tú sabes que no la amo, te amo a ti, por favor, acepta verme pecosa, siento que muero cada día sin poder verte o besarte … Candy, no me dejes solo.

Cada mensaje era más intenso que el anterior, pero siempre le provocaban el mismo sentimiento; dolor. Se enojaba con ella misma cuando era consciente de que consideraba la opción de verlo y de no dejarlo, pero luego trataba de imaginar el tipo de vida que el bebé tendría cuando supiera que su padre había dejado a su madre para estar con ella, y no, no podría hacer eso. No podría vivir así.

Ahora Terry tenía un motivo para no dejar a Susana, y ella no sería la causante del dolor a un ser inocente.

-¿Candy?- la voz de Eliza se escuchó detrás de su puerta, en automático Candy tomó su sábana y se tapó, no quería verla, no quería ver a nadie. –Te traje un poco de chocolate- escuchó sus pasos sobre la alfombra y torció la boca.

-Vete Eli-

-No, antes te hice caso, pero ahora me quedaré. Tendremos una noche de chicas- la pelirroja se sentó en la cama y suspiró, sabía que sería difícil convencer a Candy.

-No quiero nada, sólo que te vayas-

-Estás comenzando a fastidiarme, Candy-

-¿Y cómo… crees que… yo me… siento?- se destapó y la miró, a Eliza le partió el alma ver a su amiga en esas condiciones; destrozada y con las ilusiones por los suelos. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no llorar al ver a Candy así. Pestañeó un montón de veces y se acercó.

-Candy-

-No Eli, no, no-

-Escúchame-

-¿Por qué?- fue lo último que dijo antes de romper en llanto, Eliza la abrazó, a ella también le dolía todo esto.

-No lo sé Cans. Pero saldrás de ésta. Me tienes a mí- la vio cuando se separaron, usó sus pulgares para quitar las lágrimas que caían de aquellas tristes y apagadas esmeraldas.

-No puedo Eliza, me duele-

-Candy, hay dos formas de reaccionar ante el dolor; la primera es dejar que te destruya, y la segunda es usarlo como impulso para ser más fuerte. Así que tú decides cuál escoger- si alguien tenía que enseñarle a ser fuerte, seria ella, por algo era su mejor amiga. Así que tendría que poner todo su esfuerzo para no dejar que Candy decayera. –Sabes, mi nana decía que a un hombre solo se le llora tres días, luego de eso se pone en modo perra para triunfar-

-No puedo-

-Me tienes a mí, yo te ayudaré Candy-

Ambas se abrazaron, Candy le agradeció a Dios por tener a Eliza en su vida. La rubia recargó la cabeza en el cuello de su amiga y lloró por última vez. Cuando se sintió tranquila se levantó.

-¿Mejor?-

-Sí, creo que tomaré una ducha-

-Te la prepararé yo, usarás la tina… lo necesitas-

-No sé qué haría sin ti-

-Lo sé, soy fabulosa. Traje una botella de vino, ambas lo necesitamos- sacó de su bolsa una botella y dos vasos de plástico –Lamento por no tener copas, pero no podía arriesgarme a que se rompieran-

-Es lo de menos ¿Dónde conseguiste el vino? Tus papás no toman y tú eres menor de edad para comprar alcohol-

-Bueno mi pequeño diablillo, ese es un secreto que no te diré- sirvió el líquido y lo bebieron de un trago, después de eso Eliza preparó la tina para su amiga, diez minutos después Candy estaba sumergida en un baño de burbujas.

Se asomó por la puerta y vio que la pecosa se tallaba los brazos, regresó al cuarto y sacó su celular.

-¿Cómo está, Stear?-

-Cayéndose de borracho, no deja de preguntar por ella-

-¿Estás seguro de que esto funcione?-

-Por nuestro bien, y por el de ellos, espero que sí, ¿cómo está Candy?-

-Nunca la había visto así, ¿crees que tengan una oportunidad?-

-Lo deseo con todo el corazón-

-¿Entonces qué hacemos ahora? Stear, que Terry se emborrachara no era parte del plan-

-Lo sé, pero fui por la cena y cuando regresé me encontré con que se había terminado la botella-

-¿Y ahora?-

-¿Esperamos a mañana?-

-No sé si lo mejor sea seguir esperando, mientras el tiempo pase y ellos no hablen, será peor-

-Pero no podemos hacer nada ahora. Terry está demasiado borracho-

-Bueno, ¿qué no los niños y los borrachos siempre dicen la verdad?-

-¿A qué viene eso, Eliza?-

-Pues que así a Candy no le quedará ninguna duda de los sentimientos de Terry-

-Eli, no creo que ella dude de lo que él siente, sino de lo que representa un hijo-

-Mira, tengo que colgar porque Candy está por salir de la ducha, pensaré en algo y te avisaré después-

-Está bien-

-Entonces hablamos luego-

-Espera-

-¿Qué ocurre?-

-Te quiero-

-Y yo a ti, nerd-

Colgó sintiéndose como la mayor tonta por haberse enamorado de alguien tan diferente a ella. Guardó el celular y se acercó a la computadora de Candy, abrió Netflix y buscó la película preferida de las dos; ¿Qué pasó ayer?


Estaba molesta, furiosa, hervía en coraje y quería destruir todo. Nunca había experimentado esa clase de sentimiento; era tan intenso que no tenía idea de cómo controlarlo. Llevaba varios días en el mismo estado, y conforme éstos pasaban la ira iba en aumento.

Gritó de frustración al saberse engañada, aventó todo lo que ocupaba espacio en su tocador. Prácticamente se volvió loca, a su mente volvían las palabras de aquella extraña que la visitara una tarde, después de que Terry terminara con ella.

FLASH BACK

-No me conoces, y no me interesa que lo hagas. Pero si de algo estoy segura, es que me gustaría que alguien me avisara si sabe que mi pareja me es infiel-

-¿De qué estás hablando?-

-Porque me caes bien te lo diré. Tu adorado novio te está engañando-

-¿Qué? ¿Quién demonios eres tú?-

-Soy la persona que te ayudará para que una zorra no te quite a tu hombre-

-Vete de mi casa- estaba por cerrar la puerta, pero aquella mujer se le adelantó y la detuvo.

-¿No me crees? Pues entonces mira esto y compruébalo tú misma- le entregó el sobre que sostenía en la mano, Susana algo desconfiada lo agarró y lo abrió. Sintió que el piso se abría y la tragaba al ver el contenido; era una fotografía y había dos personas besándose, ahora las palabras de Terry tenían sentido. Miró a la mujer que tenía enfrente, algo en ella le hacía desconfiar, no sabía si era la sonrisa de triunfo que tenía en la cara, o la forma en la iba vestida; estaba segura de que aquella era una peluca.

-¿Quién eres?-

-Es lo de menos querida, pero de mujer a mujer, sólo te diré que Candice White ha hecho de todo para que él caiga a sus pies, así que ya quedará en ti si dejas que una niña como ella te quite lo que más amas-

-Espera…- Susana le llamó cuando vio que la mujer se giraba y caminaba hacia un coche de alquiler, Mia se volvió y esperó hasta que Susana se animara a preguntar -¿De cuándo es la fotografía?-

-Ayer por la tarde. Arrivederci- le aventó un beso, entró al carro que la esperaba y se perdió entre las calles.

Susana volvió a mirar la fotografía, se fijó en cada detalle; y al hacerlo su corazón volvió a sufrir mientras su mente le recordaba las palabras de Terry al terminarla.

Miró la fotografía.

Era el carro de Terry

Era Terry

Era Terry besando a Candice

¡NO, ERA CANDICE BESÁNDOLO!

Esa maldita bruja no podría salirse con la suya, no esta vez. Primero le había quitado el puesto de capitana del equipo de porristas, y ahora quería quitarle a su novio, pero no, nunca se lo dejaría. Ella tenía Anthony y todavía tenía el descaro de robarle a Terry.

Cerró la puerta y fue directo a su cuarto. Se miró en el espejo y contempló su imagen, llevó sus manos al abdomen y lo acarició; hacer aquello le provocó una mezcla de emociones.

Desde que se enterara que tenía siete semanas de embarazo había caído en una especie de shock, pasó por esto sola porque así lo había decidido, como también había decidido abortarlo, era lo mejor, ella no podría ser madre y mucho menos a esta edad, además sus padres estarían decepcionados y se sentirían avergonzados por el resto de su vida, y Terry, bueno, él seguramente no estaría feliz, así que en un principio agendó una cita para terminar con aquello.

Pero…

Pero…

PERO

Todo cambiaba ahora, buscó su celular y llamó a la clínica.

-Buenas tardes, con la doctora Mullins-

-¿De parte de quién?-

-Susan Marlow-

-La comunico enseguida-

-Susan, buenas tardes ¿te sientes bien?-

-Sí doctora, sólo le llamo para cancelar la cita. El padre del bebé y yo nos haremos cargo-

-Me alegra escuchar aquello. Pero no canceles la cita, será mejor que te presentes para hacer tu expediente y hablar sobre tus cuidados-

-Está bien, a la misma hora entonces-

-Sí, estoy muy feliz por la decisión, es lo mejor-

-Claro que es lo mejor doctora-

Después de colgar se sentó frente a su tocador, tomó el peine y lo pasó por su cabello. No se dejaría vencer, no. Terry no podría dejarla de querer de un día para otro, eso sí que no. Estaba segura de que él la quería, y sabía del amor que él tenía por los niños, así que se valdría de eso para tenerlo.

Se perdió tramando los planes que habría de usar, reaccionó justo cuando su madre tocaba la puerta para decirle que bajara a cenar.

Pero no cenaría con ellos, no. Tendría que seguir con el siguiente paso de su plan.

-Lo siento madre, iré a cenar a casa de Terry-

-Pensé que habían discutido-

-¿Cuándo dejarás de meter las narices, mamá? Lo cierto es que iré a pedirle disculpas, todo fue por culpa mía-

-No me gusta que seas tú la que tenga que dar el primer paso-

-Pues lo es cuando sabes que te has equivocado, no hay nada de malo en aceptar los errores-

-Le diré a tu hermano que te lleve-

Su madre la dejó de nuevo sola y se concentró en su arreglo, tenía todas las herramientas para que volvieran, y haría uso de cada una de ellas, en especial del regalito que tenía en su vientre.

Ahora que tenía la mente despejada se permitió pensar más; podría utilizar a Anthony una vez más, estaba seguro de que él no tenía ni idea de la traición de Candy y si jugaba muy bien las cartas a su favor, la vida de Candice terminaría siendo una miseria, aunque si lo analizaba bien, ella no tenía derecho de hacer nada, no cuando también le había pagado a Terry con la misma moneda.

Pero eso no importaba, las cosas eran diferentes. Él no la podía dejar.

FIN FLASHBACK

Así que eso hizo, utilizó a su bebé para retenerlo, pero las cosas no estaban saliendo como las tenía planeadas.

Para empezar Terry alegaba que era imposible que estuviera embarazada porque siempre se habían cuidado, pero era mentira, no siempre tenían un condón a la mano y aunque él eyaculara afuera, siempre había riesgo de un embarazo.

Esas fueron las palabras de la doctora Mullins, pero a Terry le entraron por un oído y le salieron por el otro.

-Terry tenemos que hablar- la rubia lo alcanzó cuando él abandonó la clínica.

-Ahora no es momento Susana-

-¿Entonces cuándo?-

-¡NO LO SÉ!- explotó, se sentía cansado, acorralado, sí, esa era la palabra. Se sentía acorralado con todo el asunto del embarazo y de la insistencia de Susana en seguir siendo novios. Estaba harto de decirle de mil formas diferentes que ya no la amaba, pero ella hacía oídos sordos.

-No hay necesidad de que grites, Terry. Todo el mundo puede darse cuenta de que odias estar conmigo-

-¿Entonces por qué me obligas?- la miró con la derrotada pintada en sus ojos, Susana lo vio, pero lo ignoró, no dejaría que la convenciera para estar separados.

-¡PORQUE ESTOY ESPERANDO UN HIJO TUYO! ES LO MENOS QUE PUEDES HACER-

-No tenemos por qué estar juntos para eso. Siempre tendrás mi apoyo económico-

-¿Es que no lo entiendes? No soy la única que lo hizo. Tú también pusiste de tu parte. Sabes que la parte del dinero no me importa. Lo que yo quiero es que me ames-

-Pides demasiado Susana, es algo que no puedo darte-

La chica tuvo que morderse la lengua para no gritarle que era porque amaba a la estúpida de White, porque sabía que si cometía ese pequeño error, todo estaría perdido. Así que en su lugar se puso a llorar, creyó que con eso podría ablandar a Terry, pero fue todo lo contrario.

-Deja de llorar, sólo estás empeorando las cosas Susana-

-Es que yo te amo-

-Sube, te llevaré a tu casa-

En silencio hicieron el trayecto hasta la casa Marlow, intentó besarlo pero en un movimiento brusco Terry se apartó. Quiso llorar, pero tuvo que controlarse porque estaba segura de que él perdería los estribos; lo conocía y sabía que la vena que saltaba en su cuello era la muestra de que estaba a nada de perder la poca paciencia, se bajó y en cuanto cerró la puerta del coche, él arrancó y la dejó afuera de su casa.

Se giró y se enfrentó a otro problema; sus padres. Pensar en que les diría que estaba embarazada le ponía los nervios de punta. Respiró y entró, por fortuna no había nadie, así que se permitió un momento de tranquilidad, aunque eso era lo último que tenía.


SÁBADO POR LA NOCHE (CABAÑA DE TERRY)

De todas las cosas que esperaba oír; que estaba embarazada no era una de ellas. Sintió que algo frío bajaba desde su cabeza hasta sus pies, por un momento perdió el sentido de la orientación y sintió que se desmayaba.

¿Susana estaba embarazada?

Eso no podía ser, no. Ella no tenía por qué estar embarazada.

Tuvo ganas de vomitar, vio su vida pasar en un segundo y se sintió perdido.

"Estoy embarazada"

Cerró los ojos deseando que con eso borrara lo que acababa de oír. Él siempre había sido cuidadoso cuando tenía relaciones con ella, procuraba tener condones en su billetera y en el coche, siempre cargaba uno ¿cierto?

Pero era mentira, y lo supo en el instante en el que escuchó que Susana decía que estaba embarazada, en automático recordó la noche en la que Archie hiciera una fiesta de despedida porque se iría de intercambio a Londres; eso tenía cuando mucho mes y medio. Sudó frío y estuvo a punto de llorar.

FLASHBACK

La fiesta había sido un caso, bebidas y drogas por toda la casa, así eran las fiestas del menor de los Cornwell.

Y no quería echarle la culpa a esas sustancias, pero era un cobarde y los cobardes siempre tenían excusas para justificar sus actos, y eso era lo que él estaba haciendo.

Caminó por la casa buscando a su amigo pero no lo encontró, a la persona que sí encontró fue a Susana; bailaba al centro de la pista, era como si ella le llamara, así que se acercó y bailaron, bailó hasta que a todo el mundo se le antojó unirse a la improvisada pista, fue entonces que terminaron pegando sus cuerpos y disfrutando de la cercanía.

El alcohol en sus sistemas, la música, sentir que se tocaban fue como si presionaran un botón, y ahí, apretándose unos con otros fue que se besaron, las manos iban y venían por sus cuerpos.

-Vamos a otro lado- alguien dijo, no supo si él o ella. Pero cuando se dio cuenta estaban entrando al baño y cerrándolo con seguro.

Tuvieron sexo, sexo salvaje y le encantó. Ni siquiera con Mía había experimentado esa clase de sexo; rápido y alocado, y eso que ella era mucho más experimentada y siempre tenía maneras de volverlo loco, pero con Susana había sido diferente.

Quizás se debía a que tenía los sentidos alterados, o podría ser porque estaba cansado de las largas y baratas excusas de Candy para negarse a tener relaciones; siempre poniendo excusas para no dar aquel paso, y aunque se quitaban la ropa y ella decía que se encontraba lista, cuando era el momento siempre decía que no, y eso le estaba hartando.

Así que sabiéndose sin novia en aquella fiesta, buscó cualquier cosa para desahogarse, y lo encontró.

FIN FLASHBACK