Era una metida de pata, no había otra forma para llamar aquello. Se terminó la tercera cerveza, tomó sus llaves y salió de su casa, tenía que salir de dudas a como diera lugar. Marcó su número pero la llamada fue transferida a buzón.
-¡Maldita sea!- azotó la puerta de su coche y arrancó. Deambuló durante media hora hasta por fin detenerse afuera de la casa de Terruce. Esperó unos minutos para darse valor y después bajar, tocar el timbre y entrar.
Encontró al castaño acostado en su cama, con la mirada clavada en el techo. Algo en él se removió, ¿culpa? No lo sabía, pero igual fue molesto sentirse raro al ver a su amigo así, frustrado se dio cuenta de que ambos tenían un cincuenta por ciento de probabilidades de ser el padre del niño que Susana esperaba.
-¿Cómo estás?-
-He tenido días mejores- el castaño se enderezó y lo invitó a pasar -¿Qué haces aquí?-
-Bueno… soy tu mejor amigo, me preocupo por ti. ¿Cómo van las cosas con Susana?-
- No tengo ganas de hablar de ella-
-¿Por?-
-Anthony, de verdad no. No puedo creer que mi madre te dejara pasar con eso- comentó mientras miraba como el rubio destapaba unas cervezas y luego le entregaba una.
-Fue tu hermana la que me dejó entrar, así que fue fácil. Necesitas esto tanto como yo-
-Me siento perdido- miró la botella antes de darle un trago largo.
-Pues yo me siento igual- al escuchar aquello, Terry se puso alerta, ¿sería posible que Candy lo hubiera terminado ya? O en el peor de los escenarios, que ocurriera algo que le alejara más de la rubia que tanto amaba… como otro embarazo. Pensar en algo así le revolvió el estómago. Se giró para quedar frente a Anthony.
-¿Qué ha ocurrido con Candy? ¿Terminaron?-
-¿Terminar? ¿Por qué dices eso?- el rubio lo miró desconcertado, Terry evitó responder, así que se tomó su tiempo para terminar la cerveza y pensar en algo. Cuando se sintió más seguro, habló.
-Bueno, estás diciendo que te sientes igual que yo, lo único que se me viene a la mente es eso. Porque no creo que hayas embarazado a Candy- con el corazón en el cielo esperó la respuesta de Anthony. Al ver que no contestaba, Terry comenzó a pensar en lo peor.-¿Anthony? ¡DIME QUE NO EMBARAZASTE A CANDY!- la ira lo cegó y se abalanzó hacia él para golpearlo, pero Brown reaccionó y alcanzó a esquivarlo.
-¡NO! ¿PERO QUÉ DEMONIOS TE PASA, TERRY?-
El castaño se paseó por su cuarto tratando de controlarse, puso sus manos en el escritorio y se recargó. Qué estúpido era. Ahora Anthony comenzaría con el interrogatorio.
-Nunca te había visto así, parecía como si…-
-Lo lamento, pero el asunto de Susana me tiene al borde de los nervios. Sólo quisiera que nada fuera verdad-
-Wey, enloqueciste-
-Ya te dije que…-
-¿Por qué has nombrado a mi novia?
-¡ANTHONY! ¿CÓMO QUIERES QUE ME PONGA? MI NOVIA ESTÁ EMBARAZADA, NO LA AMO. TENER UN HIJO ES UNA RESPONSABILIDAD MUY GRANDE. NUESTROS PADRES QUERRÁN QUE NOS CASEMOS… ADEMÁS SABES DEL APRECIO QUE LE TENGO A WHITE-mientras hablaba se iba calmando, aunque por dentro sentía que se partía en mil pedazos. Escuchar que Candy no estaba embarazada ya era una ganancia. Ni siquiera sabía por qué había reaccionado de aquella manera cuando sabía de sobra que ella nunca había tenido relaciones con Anthony. Lanzó un suspiro y se sentó en una silla. Miró a su amigo; que tenía la vista fija en el suelo.
-Tienes razón. Lamento que estés pasando por algo así. No quisiera estar en tus zapatos-
-Ni yo-
-¿Ya le dijiste a tus papás?-
-No-
-¿Y qué esperas para decirles?-
-Eres peor que un reportero, ¿lo sabías?-
-Sabes que puedo ser demasiado molesto-
-Lo sé- el celular de Terry comenzó a sonar, con fastidio tomó el teléfono, miró la pantalla y lo arrojó.
-¿Qué ocurre?-
-Es Susana, lleva todo el día intentando hablar conmigo-
-¿Y por qué no le devuelves la llamada?-
-No tengo nada que decirle, ya sabe lo que pienso pero está de necia que quiere seguir conmigo-
-Bueno, ustedes se veían bien juntos-
-Pues ya ves-
Un incómodo silencio llenó la habitación. El rubio se despidió y Terry volvió a quedarse solo; tiempo que aprovechó para llamarle a Candy.
Pero así como él ignoraba a Susana, así Candy lo ignoraba a él.
Llevaba en la tina más de veinte minutos, su mano derecha hacía círculos en el agua y eso la mantenía ocupada; había notado que hacer aquello provocaba que su mente se quedara en blanco, y eso le gustaba, dejarse llevar y olvidar lo que le partía el corazón.
Su teléfono tenía más de una hora de haber dejado de sonar. Y eso sólo significaba una cosa; que Terry se había dado por vencido. Aquello no le molestaba, era normal, hasta pudiera ser que lo comprendía. Cualquier persona en su sano juicio dejaría de intentarlo al no ver resultados. Tarde o temprano Terry se cansaría, y al parecer había llegado el día.
Con mucha pereza dejó la tina, tomó la toalla y comenzó a secarse. Entró a su cuarto; oscuro y solitario, como su corazón. Volvió a suspirar y cerró la puerta del baño con el pie. Se sentó frente a su tocador y se debatió entre ponerse el pijama o dormirse desnuda, al fin y al cabo nadie entraba a su habitación, así que se quedó como estaba.
Escuchó que entraba a una llamada a su celular pero no le prestó atención, así que optó por tomar su peine; desenredar su melena le llevaría algo de tiempo y qué mejor que invertirlo en su cabello. Pasaron unos segundos más y de nuevo el teléfono sonaba, volvió a ignorarlo.
En la tercera llamada tuvo que levantarse para agarrar su celular y apagarlo, pero al hacerlo el nombre de Terry apareció en la pantalla. Su corazón gritó de felicidad, y sin pensarlo habló.
-Entonces no se dio por vencido-
-Claro que no pecas-
-¿Terry?- su mano derecha se aferró más a la toalla, corrió a encender la luz y lo encontró sentado en una esquina de su habitación. -¿Qué haces aquí?-
-No quieres verme, no contestas mis llamadas, me evades en la escuela. Y por si fuera poco, le pediste al profesor Walter que te cambiara de tutor. ¿Qué querías que hiciera?-
-Al parecer no eres muy listo, sólo quiero que me dejes en paz-
-Necesitamos hablar, pecosa-
-No y lo mejor será que te vayas, de lo contrario gritaré y mis papás te encontrarán aquí-
-Ellos no están, tiene más de quince minutos que salieron-
-¿Me estabas espiando? ¡Eres un descarado!-
-Situaciones desesperadas requieren de medidas desesperadas-
Los dos se veían, ella sentía un revoltijo de emociones; desde felicidad, sorpresa, enojo, tristeza, incluso esperanza. Si Terry estaba ahí era por algo, y por una vez estuvo de acuerdo con su amiga; ellos necesitaban hablar, así que eso harían.
Él la miraba y sabía que nunca podría mirar de la misma forma a otra persona que no fuera Candy. Estaba decidido a todo porque ella aceptara estar a su lado, tenía un plan en su mente y estaba deseando con toda su alma que resultara a su favor. Si tendría que hincarse para pedirle que volviera, lo haría. Porque de algo estaba seguro, a la única persona que quería en su vida era a la pecosa.
Terry carraspeó y se levantó, Candy retrocedió hasta que su cuerpo chocó con la puerta del baño, pasó saliva y trató de controlar el nerviosismo que se apoderó de ella cuando fue consciente de la manera en la que estaba vestida.
-No te pongas así, no te haré nada-
-Necesito cambiarme-
-Claro-
La rubia agarró lo primero que pudo y se encerró en el baño, se tomó su tiempo y cuando se sintió lista, salió. Terry estaba recargado en la venta por la suponía él había entrado. Se acercó a su cama y se sentó.
-Te escucho-
-Te amo-
-Terry-
-Es la verdad, Candy. Antes que nada quiero que lo sepas, te amo con locura, te amo como no pensé lo haría. Eres la única persona que necesito en mi vida-
-Estás esperando un hijo, ¿cómo puedes decir que soy lo único que necesitas? Además, no comprendo que me digas que me amas cuando te acostabas con ella-
-¡No, no, mi amor! Te juro por lo más sagrado, que a Susana no la he tocada desde hace mucho tiempo-
-¿Entonces se embarazó por obra del espíritu Santo?- se puso de pie y caminó por la habitación, el castaño la siguió y se colocó frente a ella; sus manos sujetaban los femeninos hombros y buscaban su mirada.
-Por favor, créeme, la última vez que estuve con ella fue mucho antes de que algo surgiera entre nosotros-
-Pudo haber quedado embarazada desde entonces-
-Lo sé, y no puedo cambiar las cosas, si en mis manos estuviera haría todo distinto para que no sufrieras- se atrevió a abrazarla, sintió que el peso de sus problemas disminuyó cuando ella no se apartó de él, al contrario, se aferraba.
-Tengo miedo, Terry-
-Yo también, pecosa. Pero juntos podremos superarlo- la guío a la cama y ambos se sentaron. Tomó sus manos y las besó, Candy estuvo a punto de llorar, así que clavó la mirada en el suelo.
-¿Has hablado con tus papás?-
-No, yo… no sé si estoy esperando un milagro o algo, pero no he querido decirles-
-¿Y ella? Terry, no creo que Susana esté dispuesta a separarse de ti-
-Tendrá que estarlo cuando vea que somos novios-
-Perdón, pero lo dudo mucho.
-¿Por qué dices eso?-
-Porque yo haría lo mismo, me aferraría a todo con tal de que no me dejaran sola y menos con un hijo-
-Pero tú no estás embarazada-
-Pues no, pero de algo estoy segura, no podría estar con alguien que es capaz de dejar a una madre desamparada y a su hijo-
-No estarán solos. Les daré mi apoyo, la acompañaré a las consultas. Estaré al pendiente, cuando necesite algo estaré ahí. Nada les faltará-
-Tu amor sí-
-Pero a ella no la amo. ¿Cómo te lo hago entender?-
-Pero al bebé no le puedes negar eso-
-¡Estaré ahí cuando nazca!-
-¿Has pensando en el día que los dos te necesitemos al mismo tiempo? ¿Cuándo crezca y necesite más de ti?-
-Para eso falta mucho, pecosa-
-No lo sé, Terry. Esta situación no es nada fácil-
-¿Crees que para mí lo es? La mujer que amo no quiere estar conmigo. No me está apoyando-
-No es que no quiera estar contigo, es que es imposible, Terry. Además no sabes que te van a decir tus padre, ¿ya pensaste en lo que harás si ellos quieren que ustedes se cansen?-
-No pueden hacerlo, yo no la amo-
-Pero te pueden obligar, todavía eres un menor de edad-
-¿Por qué buscas muchas excusas? Si no quieres estar conmigo, solo dilo-
-No son excusas, Terry-
-¿Entonces qué son?- pero la rubia no contestó, aquel gesto fue una afirmación para Terry. Se levantó y caminó hacia la ventana. -¿Piensas sacrificar nuestro amor?-
-¿Piensas sacrificar a tu bebé para estar conmigo?-
-Si es para estar a tu lado, sí-
-No puedes hacerle eso a un ser inocente. Él no tiene la culpa de nada-
-Tienes razón, él no tiene la culpa de mis errores, ni de que quiera hacer todo para que tú estés conmigo. Pero de qué sirve que sólo yo intente que esto que puede haber entre nosotros funcione, si tú pones cualquier tipo de excusa para deshacerte de mí. Y ni me digas que es por el bebé, porque muchos que son padres viven SEPARADOS, con otras parejas, sin amor no hay familia-
-Tú no entiendes que no puedo poner mi felicidad encima de otros-
-Pero encima de la mía, sí- y con esas últimas palabras salió por la ventana.
R&C
Se había citado con Stear en la cafetería del centro, su novio tenía varios, más bien, muchos minutos de retraso. Le era imposible entender cómo es que Stear seguía haciéndola esperar; ¿pues qué crees? Nadie deja a Eliza Leagan esperando. Así que salió del lugar y comenzó a caminar hacia Avery Park
Deambuló hasta llegar a una de las zonas más apartadas del parque. Estaba caminando cuando su zapato se atoró en una grieta, intentó zafarse, pero lo único que se zafó fue el tacón; rodó los ojos y fastidiada se acercó a un árbol, recargó una parte de su cuerpo y luego se agachó para quitarse el calzado; estaba tan entretenida viendo la manera de arreglar aquello, que no notó a la pareja que llegaba y se ponían de espalda al árbol en dónde se encontraba.
Ocurre algo con nosotros cuando estamos en una tarea, de repente una especie de señal se activa en nuestro cerebro; es como si se diera cuenta de que hay más cosas alrededor y es cuando somos conscientes de lo que nos rodea; eso mismo le pasó a Eliza.
-Necesitamos hablar- algo en aquella voz llamó la atención de la pelirroja, dejó su zapato y se concentró. Ese era de Anthony, estaba a punto de asomarse pero alguien más habló y se detuvo.
-¿Por qué me has traído a este lugar?- por más que trataba de hacer memoria, no lograba identificar a quien le pertenecía aquella voz. Sabía que la había escuchado en alguna parte, pero no recordaba dónde.
-Porque necesitamos hablar, ya te lo dije-
-¿No entiendes que no quiero hablar contigo?-
-Pero yo sí-
-Eres un fastidio Anthony-
-Susana, sólo quiero saber de quién es- escuchar aquel nombre fue como sentir agua caliente vertiéndose en el cuerpo, de inmediato se puso alerta. Miles de preguntas se acumularon en su mente, pero la que más tenía peso era, ¿Por qué Anthony se veía con Susana?
-¿De quién es qué? ¿Se puede saber qué te ocurre?-
-Ya sabes a lo que me refiero-
-¡SUELTAME! ¡ME ESTÁS LASTIMANDO, BRUTO!- quería asomarse, pero sabía que si lo hacía la verían y estaba segura de que eso no sería nada agradable. Así que se quedó calladita y muy quieta.
-Lo lamento, pero es que no he podido dormir. Sólo quiero saber si el hijo que esperas es mío-
¿Qué? ¿De él? ¿Qué está pasando aquí? Eliza ahogó un gritó, sus ojos estuvieron a punto de salirse y sintió que la respiración le fallaba. No era posible que Anthony hubiera dicho aquello. ¿Él y Susana? ¡No! ¡Oh por Dios! ¿El mundo estaba volviéndose loco? Quería llorar, pero no sabía si era de emoción, frustración, enojo o de qué; ella simplemente quería llorar.
Si por su mente pasó la mínima posibilidad de que Candy y Terry fueran felices, ésta se esfumó cuando la rubia volvió a hablar.
-No Anthony, este bebé es de Terry-
-¿Estás segura?-
-Claro que sí, no diría eso si no supiera de quién es-
-Susana, espera-
Y la conversación terminó, dio por sentado que aquella mujercita había salido huyendo. Se incorporó y se asomó; en efecto, aquellos dos ya no estaban por ningún lado. Suspiró y recargó su cuerpo en el tronco. La cabeza la estaba doliendo y sentía las sienes latir. Se llevó la mano al pecho para tratar de calmar a su corazón.
Aquello era de locos, Anthony y Susana habían engañado a Terry y a Candy. Definitivamente no podía creer eso, esos cuatro se habían estado usando. Hasta ella que era tan liberal, aquello le pareció de película.
Como balde de agua fría reaccionó. Había una posibilidad de que el supuesto hijo, porque de algo estaba segura Eliza; de que ese "bebé" sólo era producto de la imaginación de Susana. Así que si ella se había metido con Anthony y con Terry, había una pequeña probabilidad de que el hijo fuera del rubio, y si era así, entonces su amiga y el guapo chico de los zafiros podrían ser felices.
Pero, también estaba la posibilidad de que el hijo fuera de Terry. ¿Qué hacer? ¿Podía ilusionar a Candy y después verla desmoronarse si el hijo resultaba del castaño? Era una encrucijada.
-Bueno, Eliza. Creo que tendrás que sacar tus dotes detectivescas- se dijo a sí misma mientras sacaba su celular y buscaba el número de Stear.
-Yo creo que no- una segunda voz la asustó.
