Levantó el rostro para encontrarse con el de su hermano, Neal. Cerró los ojos y se llevó la mano al pecho, se sintió tranquila por un momento, y luego lo miró.
-¿Qué rayos te ocurre? ¡Me has dado un susto de muerte!-
-¿Qué estás haciendo aquí?- la tomó del brazo y casi a rastras la sacó del parque. La pelirroja comenzó a asustarse al ver la actitud de su hermano. Intentaba zafarse pero por más que lo deseaba, simplemente no podía.
-¡Neal, me estás lastimando! ¡Suéltame!-
-Es la última vez que te lo pregunto, ¿Qué haces aquí?- habían llegado al coche de él y la soltaba. Eliza se aterrorizó por la forma en la que su hermano la veía, con la mano derecha se masajeaba la zona lastimada. Neal jamás se comportaba de aquella manera, y mucho menos con ella. –Estoy esperando, Eliza- respingó cuando lo escuchó hablar de nuevo.
-Estaba esperando a Stear-
-No soy estúpido, Eli. Así que me dirás realmente lo que estabas haciendo y por qué quieres ser Sherlock Holmes-
-¿Me estabas espiando?- intentó alejarse pero su hermano la sujetó de nuevo y ella de inmediato se soltó.
-Eliza-
-Creo que Stear me está engañando- Neal achicó los ojos y la miró largamente. Si no se controlaba podría echarlo todo a perder y él sabría que le estaba mintiendo. Así que alzó la barbilla y desafiante lo miró. -¿Estás contento? No puedo creer que me hayas hecho decírtelo, ni siquiera Candy lo sabe. Te estás comportando como un completo idiota-
-No te creo y no me importa lo que pienses-
-No te estoy pidiendo que lo hagas. Y a todo esto ¿qué haces aquí? Se supone que tu hora de salida es hasta las cinco-
-Tenía asuntos que atender-
-¿Cuáles?-
-¿Eres policía o algo?-
-No, pero sabes que siempre, siempre me entero de todo-
Bien dicen que la venganza es el peor de los sentimientos; porque es más fácil y cómodo planear la manera en la que nos queremos desquitar de aquella persona, en lugar de pasar página y olvidar que nos ha hecho daño.
Pero era aquello lo que no podía dejar pasar; olvidar. La sed de venganza y los malos pensamientos comenzaban a dominarla y era cuestión de tiempo para que controlaran su comportamiento.
Mía estaba totalmente fuera de sí. Paseaba de un lugar a otro dentro de la habitación del hotel; era un huracán que destruía todo a su paso. Detuvo su andar y se fijó en el único espejo de aquel cuarto, el reflejo de su rostro era el de una persona desconocida para ella.
-Maldito, maldito, maldito. Pero te juro, te juro que me las pagarás Anthony Brower. Porque nadie, absolutamente nadie se burla de Mía- lágrimas caían sin piedad de su rostro; con furia las limpió y talló su rostro, aventó la peluca y gritó de furia.
El frío piso recibió el menudo cuerpo y ella se dejó envolver por la oscuridad.
FLASH BACK
Lo cierto es que la vida de Mía era una mentira, los señores White podían presumir que su hija mayor estaba estudiando la universidad en Chicago, pero la verdad era que aquella jovencita estaba en un internado tratando de recuperar el año perdido a causa de sus problemas con ciertas sustancias.
Salir del internado era fácil para ella, siempre encontraba la forma legal o ilegal de hacerlo. Así que no era un problema que Mía regresara a casa cuando quisiera y que faltara los días que se le antojara. Como tampoco era un problema tener encuentros sexuales con Anthony.
Y bueno, para estos momentos Mía tenía varios días viviendo en aquel hotel, con su sinfín de pelucas salía y se daba la vida que creía merecer. Aquella tarde tenía la misma pinta del anterior:
-Ir a comer
-Pasar al centro comercial y comprar todo lo que quisiera
-Acostarse con Anthony
-Reunirse con Neal
-Regodearse por la miseria de su hermana
Pero todo había fallado en el momento que había escuchado la conversación entre Anthony y Susana.
Soy fiel creyente de que el destino ya tiene tu vida trazada, y te coloca en los lugares, en situaciones y te presenta personas en los momentos adecuados.
Mía odiaba los parques; pero por alguna razón se citó con Neal ahí. Así que cuando llegó la hora acordada ya se encontraba en el lugar. Caminó unos pasos y se detuvo cuando reconoció la figura de Anthony; su corazón dio un revuelo cuando miró que se acercaba a ella, pero se paralizó cuando fue consciente de que él no iba solo; Susana Marlow lo acompañaba, enseguida algo se activó dentro de ella.
Por fortuna ninguno de los dos reparó en ella, y nadie de aquel lugar lo haría; una corta peluca negra y lentes oscuros la harían una más con el proletariado.
Así que los siguió hasta esconderse detrás de un arbusto, se sentía totalmente estúpida pero la urgencia y necesidad de saber lo que hacían ellos dos ahí le estaba carcomiendo el alma.
-Lo lamento, pero es que no he podido dormir. Sólo quiero saber si el hijo que esperas es mío-
Mil dagas se enterraron en su cuerpo al escuchar la voz de Anthony. No tuvo el valor para seguir escuchando aquella conversación, así que se fue.
"Sólo quiero saber si el hijo que esperas es mío" era la única parte que su mente repetía una y otra vez.
Terry se había ido, la sensación de soledad era incluso mayor ahora que antes. Se asomó por la ventana pero no había rastro de él, alzó la mirada al cielo, se perdió entre las miles de estrellas y lanzó un desea a una de ellas; un deseo que sabía nunca se cumpliría por más que lo deseara.
Todo fue en cuestión de segundos, tomó sus zapatillas deportivas, su celular y un poco de dinero. Volvió a fijarse para ver si el coche de sus padres estaba estacionado; no. Eso era perfecto, juntó un poco de ropa y lo puso en su cama, la tapó y luego salió de su casa.
Por fortuna el domicilio de Terry no estaba muy lejos, comenzó a caminar y a pensar en lo que le diría cuando lo viera, se detuvo después de una cuadra. Él podría no querer verla después de haberle rechazado, ¿por qué era tan difícil aquello?
-¿Candy?- saltó del susto cuando alguien le puso la mano en el hombro, al darse la vuelta se encontró con la menor de los Grandchester.
-¡Karen, me has dado un susto enorme!- la castaña se quitó los audífonos y le sonrió a la ojiverde; que le regresó el gesto.
-Así debes tener la mente, ¡eh!-
-Qué cosas dices-
-No sabía que te gustara trotar por la noche-
-¿Eh? ¡Ah, no! Solo… estoy caminado-
-¿Ibas a alguna parte en especial?- hubo algo en la forma en la Karen la miraba que la hizo sonrojarse, sacudió sus pensamientos y se serenó.
-Pues no-
-¿Podrías acompañarme a casa? Quisiera alguien con quien platicar- la chica se colgó del brazo de Candy y la instó a caminar.
-¿Y tus hermanas?-
-Todas tienen sus problemas, y el único que me escuchaba era Terry. Pero ¿sabes algo? Últimamente está muy raro- Karen la sintió tensarse y luego detener su paso -¿Qué ocurre?-
-Nada, creo que lo mejor será regresar a mi casa-
-No seas así Candy, vamos a mi casa un rato y luego te traigo-
-No lo sé, Terry podría enojarse, creo que no soy de su agrado-
-Por supuesto que no, él está loco por ti-
-¿Qué?- aquello fue totalmente inesperado. Karen se arrepintió de haber dicho aquello, pero ya estaba dicho y no podía retroceder el tiempo, así que se armó de valor. Se puso frente a Candy y la miró.
-Sé lo que ocurre o lo que ocurrió entre ustedes, bueno, más bien es algo así como intuición. Mi hermano nunca había estado tan feliz en su vida; hasta que comenzó con tus tutorías. En una cena platicó el trabajo que estaba haciendo contigo, yo sé que intentó decirlo como si fuera cualquier cosa, pero si hubieras visto la manera en la que su cara de iluminó cuando habló de ti… lo supe Candy, supe que mi hermano estaba enamorado de ti. Y a partir de ahí se veía radiante, se veía feliz, muy feliz-
-Yo…-
-Sé que los dos tienen parejas y no se me hace justo que estén con alguien a quien no quieren. O quizás quieres a Anthony, pero no me negarás que lo que sientes por mi hermano es mucho más fuerte-
-Karen, hay cosas que…-
-Habla con él, no sé qué ha ocurrido, Candy. Pero Terry ya no es el mismo de antes. Me duele verlo así. Los dos se ven… miserables-
-Ojalá las cosas fueran diferentes. Esto que… lo que había entre nosotros no puede ser-
-¿Por qué? Ustedes se aman, se nota a kilómetros. ¿Tienes miedo?-
-¿De qué?-
-Del fracaso, de que la gente los juzgue. No lo sé-
-No… no es eso-
-¿Entonces?-
-No me corresponde decírtelo-
-¿Ibas a verle?-
-Sí-
-¿Para decirle qué? Porque no quieres estar con él, y si no ibas a decirle que estuvieran juntos, realmente no sé a qué ibas-
-Fue un impulso, no razoné lo que estaba haciendo- se dio media vuelta lista para regresar sobre sus pasos, pero las palabras de Karen hicieron mella en su mente.
-Es una pena. Ojalá nunca te arrepientas de esto, de tus malas decisiones- y la dejó ahí, sumida en un mar de dudas.
Candy sacó todo el aire que no sabía estaba conteniendo, y se dio cuenta de que estaba a una cuadra de su destino.
Mordió su labio nuevamente indecisa, sabía que solo tenía dos opciones; avanzar o retroceder, y ambas implicaban muchos, pero muchos sacrificios.
Dio un paso hacia el frente pero enseguida regresó a su posición inicial y dudó. Karen, que había decidido dar otra vuelta, la vio. Y si Candy seguía ahí, era porque había una posibilidad de que su hermano y ella arreglaran sus diferencias, así que se apresuró a llegar a su casa.
Entró como un tornado, subió las escaleras de dos en dos y entró sin avisar al cuarto de Terry; que para variar no estaba. Lanzó una maldición y de nuevo bajó. Eleanor estaba en el primer escalón.
-¿Se puede saber qué te ocurre? Creí que alguien te venía persiguiendo, Karen-
-¿Y Terry?-
-¿Karen?-
-Lo siento mamá, estoy bien. ¿Dónde está Terry?-
-No lo sé, salió desde hace rato. Me imagino está con esta niña, con su novia, ¿cuál es su nombre?
-Susana. Bueno, daré otras vueltas. Nos vemos mamá- y salió disparada de nuevo. Parecía como si no hubiera pasado el tiempo, porque Candy seguía en el mismo lugar, se escondió para que no la viera y sacó su celular.
Terry respondió enseguida.
-¿Qué ocurre?-
-¿Dónde estás, hermano?-
-Voy para la casa-
-Está bien, ¿por dónde vienes?
-Estoy por el campo de tiro-
-¿Podrías pasar a la farmacia y comprarme una venda?
-¿Qué?-
-Sí, y una pomada para los golpes, por favor-
-De acuerdo-
-Chao-
Guardó el celular y se asomó. Rodó los ojos; Candy era verdadera y molestamente una indecisa. Se acercó a ella.
-Creí que te habías ido-
-Estaba por irme, pero tienes razón. Me arrepentiré en unos años si no trato de arreglar las cosas-
-Esas han sido las palabras más hermosas que he escuchado. Vamos, te ayudaré-
-¿Con qué?-
-¿Quieres o no quieres estar con mi hermano?-
-Sí, pero…-
-Vamos, que no tenemos mucho tiempo-
Las dos ingresaron a la residencia Granchester, Candy era muy poco conocida, pero cuando Karen la presentó, la esposa de Richard comprendió al instante quién era esa muchacha y lo que significaba para su preciado hijo; al fin y al cabo, la madre es la madre y siempre sabe todo.
-Karen, querida. ¿Qué te parece si llevas a Candy a la habitación?-
-¿Habitación? ¡No! Señora Eleanor, no creo que…-
-Cariño, puedes llamarme Eleanor, todo estará bien-
-Anda, Candy, ya escuchaste a mi madre-
Y como no queriendo, la rubia siguió a Karen. Sentía el corazón en la garganta, sabía que Terry no estaba, pero era imposible no ponerse nerviosa. Granchester abrió la puerta y enseguida el olor característico de Terry llegó a Candy; suspiró sin poder evitarlo. La castaña tuvo que hacer un esfuerzo por no reír ante aquella actitud de la ojiverde.
-Este es el cuarto de Terry, no tardará en llegar. Por nosotros no te preocupes, mi madre ni yo subiremos. Les dejaremos el tiempo necesario para que hablen-
-¿Tu mamá sabe?-
-Ay Candy, mi madre sabe todo. No sé cómo pero siempre termina descubriendo las cosas-
-Karen yo…-
-No, no. Tranquila que todo saldrá bien. Estás aquí por algo, porque lo quieres y quieres intentarlo, ¿verdad?-
-Sí-
-Eso es todo lo que necesito… ¡Rayos! Ya está aquí- la morena se asomó por la ventana para ver que el carro del chico estaba siendo estacionado- Tranquila, ¡Oh por Dios! Me siento como en una película. Siéntate, él no tardará en subir- se abrazaron y luego Candy se quedó sola.
No se sentó como le dijo Karen, al contrario, se puso a mirar la habitación de Terry. Los tonos verdes y grises predominaban. No le sorprendió encontrar todo ordenado y pulcramente limpio.
Se quedó como piedra cuando escuchó que giraban el pomo. Se relamió los labios y se preparó para todo.
Cuando abrió la puerta nunca se esperó encontrar a Candy en medio de su habitación. Y menos después de la fallida visita a su cuarto.
Se quedó estático; mirándola y pensando que aquello era producto de los muchos sueños que tenía con ella.
-Terry-
Sería mentira si dijera que él no ansiaba verla, abrazarla o besarla. Se veía hermosa que dolía verla así, su cabello era una maraña pero a él eso no le importaba. Las mejillas estaban sonrosadas, y ¡Dios! Cuánto le gustaba eso de ella. Su vestimenta era sencilla, pero para él era la mujer más hermosa del planeta.
Llegó en dos pasos, la miró y luego la besó.
El beso sabía a gloria, a victoria. Pero no sabía lo que le esperaba, no sabía que encontraría oro y que tocaría el cielo cuando ella se separara y le dijera:
-Quiero intentarlo, Terry. Salgamos juntos de esto- se alzó sobre sus puntillas y ella lo besó, las manos de Candy viajaron a la nuca de él y lo acercaron. La rubia fue cubierta de su cintura por aquellas manos. Disfrutaron el beso, disfrutaron de las breves caricias.
Aquello era el paraíso. Aquello era magia. Aquello eran solo ellos dos. Aquello era amor.
-No sabes lo que ansiaba oír eso, pecosa-
Gracias por esperar y ser pacientes.
Tengo una mala noticia y deseo de todo corazón que puedan comprenderme, pero sobre todo apoyarme.
La historia quedará suspendida hasta el mes de diciembre.
'¿La razón? Bueno, son varias, o más bien dos.
1.- Como saben soy profesora, y en el centro de trabajo la dirección es rotativa, así que este año me ha tocado. En esta semana y las dos siguientes estaré ocupada impartiendo cursos de actualización sobre el nuevo modelo educativo a mis compañeros y me será imposible subir los capitulos que corresponden.
2.- Esta es la que más peso tiene, pero bueno, en México desde hace unos años se aplica una evaluación (que desafortunadamente en cuestiones curriculares que tengo que estudiar y que me molestan son ya obsoletas) el proceso de esta evaluación es de tres tiempos y finaliza en los últimos días del mes de noviembre. Así que, aunque yo quiera, mi mente está en otro lado, el saber que tengo que estudiar cuestiones de años anteriores que ya no son aplicables a estos periodos, más la implementación de las cuestiones del nuevo modelo y sus cambios; me tiene al borde de los nervios.
Por ello les pido sean pacientes, la historia no quedará inconclusa, claro que no. Pero hasta el mes de diciembre es cuando volveré con los capítulos.
Gracias por leerme, las aprecio y me eleva el ánimo leer todos sus comentarios.
