Hola a todas:
Una sincera disculpa a todas esas lectoras que desde diciembre están esperando la continuación de la historia, en esos meses de ausencia hubo situaciones caóticas. Pero todo ha quedado en el pasado; a partir de hoy habrá capítulos nuevos cada semana.
Tambien quiero agradecer a las personas que votaron por mis dos historias; desconozco el resultado pero a mí me basta con saber que todo lo que sale de mi imaginación es de su agrado y que a pesar de todo siguen leyendome; eso me hace una ganadora.
Gracias infinitas; disfruten la lectura.
Abrió los ojos, tardó unos segundos en recordar lo que había pasado; con lentitud se sentó en el piso y recargó su cuerpo en la cama.
Dejó pasar varios minutos para después levantarse y hacer una llamada.
-Neal, necesito que vengas lo más pronto al hotel- colgó y se dirigió al baño, tomar una ducha refrescaría su mente y con ello, la manera en cómo se desquitaría de Anthony y de su pequeña nueva zorra.
Media hora después el castaño estaba tocando la puerta del cuarto. Mía abrió y lo dejó entrar.
-¿Qué sucede?-
-Ese maldito bastardo me traicionó-
-¿De quién hablas? ¿Y por qué tienes el cuarto hecho un desastre?-
-Lo odio-
-¿A quién?-
-PUES A ANTHONY, ¿A QUIÉN MÁS ODIARÍA GRANDISIMO IDIOTA?-
-Relájate querida-
-¿CÓMO PUEDES PEDIRME ESO, NEAL?- gruesas lágrimas caían por su rostro, el moreno se estremeció un poco. Durante todos los años que llevaba de conocerla, nunca la había visto así. Se acercó a ella y la abrazó.
-¿Qué fue lo que ocurrió?- tuvieron que separarse un poco para que la chica pudiera hablar.
Se estuvo burlando de mí durante todo este tiempo, tenía quien le mantuviera la cama caliente, ¿sabes qué es lo peor? ¡La embarazó!-
-¿Qué? ¿Cómo lo sabes? ¿A quién?-
-Lo descubrí mientras estaba esperándote en el parque. Lo vi acompañado de una mujer y lo seguí. Él muy bastardo la embarazó-
-¿A quién?-
-A la novia de Grandchester, esa zorra manipuladora se le metió por los ojos; no hay otra explicación, Neal. Esos dos malditos me la van a pagar-
-¿Qué piensas hacer?-
-Tienes que conseguir un arma-
-¿Estás jugando?
-Dime... ¿tengo cara de que estoy bromeando?-
-No, pero Mía... creo que lo mejor será que eso que estás pensando lo dejes por la paz-
-Ni de chiste, Neal, nadie se burla de Mía White. Ahora entiendo que lo que sentía por mi hermana no era odio, el odio de verdad lo estoy experimentando con Anthony y esa gata rubia.
Tranquilidad era lo que Anthony sentía luego de que Susana la confirmara que el bebé que esperaba era de Terry, se sentía fatal por su amigo porque sabía que lo estaba pasando fatal; pero por fortuna eso ya no le incumbía.
¿Qué hubieras hecho si el bebé fuera tuyo?
La pregunta lo tomó por sorpresa, se levantó de la cama y caminó hacia la ventana.
-Pero no lo es-
¿Y si lo fuera?
-Ella me dijo que no es mío, es de Terry y ahora es problema de él, mío ya no-
Pero pudo haber sido tuyo, tenían relaciones muchas veces
-No es mío-
¿Qué hubieras hecho?
-Pero no es mío- contestó al aire, soltó el aire que estaba conteniendo y recargó la cabeza en la ventana.
-Pero pudo haberlo sido- dio un brinco y se volteó rápidamente, aquella ya no era una voz en su cabeza; era una real. Sintió que la sangre la bajaba por todo el cuerpo cuando vio que Eliza estaba ahí.
-¿Quién te dejó entrar?-
-Creo que esa no debería de ser la pregunta correcta. Pero para despejar tus dudas; tu mamá es una persona muy amable.
-¿Qué quieres?-
-Quiero muchas cosas, pero la principal es saber por qué estabas con Susana discutiendo sobre la paternidad del bebé-
-No sé de qué hablas- volvió a voltearse y apretó las manos.
-Claro que lo sabes Anthony, Candy nunca te perdonará esto- Eliza se acercó a él
-¿Qué cosa, según tú?- la encaró y por un momento percibió el miedo en aquellos ojos cafés.
-Que seas el padre del hijo que Susana está esperando-
-Son tonterías, no sé qué mierda tienes en la cabeza. No tengo idea de lo que estás hablando, así que te pido te vayas de mi cuarto y de mi casa, que no eras bien recibida-
-Ni creas que te saldrás con la tuya-
-Pero ya me salí, ¿acaso crees que Candy le va a creer a la tipa más fácil de la escuela? ¿Crees que Candy será tan tonta como para siquiera considerar las estupideces que estás hablando? Te doy un consejo, Eliza, deja de meter las narices donde no te llaman-
-Ella no te ama-
-Candy siempre me amará-
-Pues no estés tan seguro- y sin agregar nada más, la castaña salió de aquel lugar.
Aquellas palabras por alguna razón hicieron que el rubio se pusiera nervioso; tenía que reconocer que su novia actuaba muy raro últimamente.
En aquella habitación todo era risas y besos. Las manos del castaño no podían alejarse de ella, y Candy difícilmente podía separar sus labios para hablar, Terry la interrumpía con besos cada vez que intentaba hablar.
Pasaron varios minutos más y por fin mantuvieron un poco, solo un poco de distancia. Terry se acercó al respaldo de la cama y se sentó con Candy en medio de sus piernas.
-Cuando entré a la habitación y te vi… pensé que estaba soñando-
-No quería asustarte-
-No me asustaste, pecosa. Es solo que siempre te imaginé aquí conmigo, pensé que no volvería a tenerte conmigo-
-Lamento todo lo que dije Terry, tengo mucho miedo, no sé qué va a pasar con nosotros-
-¿Te estás arrepintiendo?
-¡No, claro que no! Te dije que estaba dispuesta a intentarlo y así es, pero eso no deja que me sienta nerviosa por todo lo que está por venir-
-No tienes nada qué temer, sabremos superar esto. Sabes que te amo-
-Y yo te amo, Terry-
Con delicadeza se acercó a ella y la besó dulcemente, Candy suspiró y se abrazó del cuello del castaño.
-De verdad te amo, Candy. Prométeme que estarás conmigo. Sé que soy egoísta al pedirte eso, pero no podría superarlo sin ti-
-Te lo prometo-
Estaban a punto de besarse, pero tuvieron que parar al escuchar que tocaban la puerta. La señora Grandchester se asomó por la puerta y sonrió al ver a su hijo feliz y como la chica trataba de ocultar su sonrojo.
-Buenas noches, chicos, lamento tener que ser una aburrida, pero ya es tarde. Estoy segura de que los padres de Candy estarán preocupados-
-¿Qué hora es, mamá?- preguntó Terry mientras sentía como Candy se tensaba
-Cerca de la una-
-¡Dios Mío! Se nos fue el tiempo, mis padres me van a matar-
-Terry, deberías de llevar a Candy a su casa-
-Claro que sí, no la voy a dejar sola-
- Fue un gusto conocerte Candy, espero que puedas venir más seguido, estoy segura de que Terry estará encantado- ambos chicos se sonrojaron y Eleanor aprovechó para avergonzar más a su hijo –Terry, mi amor, no sabía que aun te sonrojabas-
-¡Mamá!
-Estoy encantada contigo, cariño. Ven cuando quieras- la rubia mayos ignoró a su hijo y enfocó toda su atención en la oji verde. Se acercó y la abrazó.- Anda hijo, llévala a casa-
-Muchas gracias señora Grandchester, fue un gusto conocerla. Que pase buena noche-
-Gracias querida- la dama salió de la habitación para concederles unos minutos más. En cuanto cerró la puerta suspiró al recordar cuando su esposo y ella se habían hecho novios.
-Tú mamá es muy dulce-
-No lo es cuando está molesta-
-No digas eso, me gustaría siquiera que mi madre fuera como la tuya- le dijo mientras lo abrazaba y sentía las manos de él rodear su cintura.
-No quisiera separarme, amor. Pero no quiero que tus padres se den cuenta de que no estás en casa-
-Está bien- se separaron para besarse, tomarse de las manos y bajar.
Salieron de la casa Grandchester con la esperanza de que aquella relación funcionara y superara los obstáculos que estuvieran por pasar.
Siguieron caminando pero cada cinco pasos se detenían para besarse y abrazarse.
-Así nunca vamos a llegar, pecas-
-¿Ya te quieres deshacer de mí?-
-Claro que no, si por mi fuera me quedaba contigo pegado-
-Te aburrirías-
-Con esas pecas no lo creo-
-Eres un mocoso, ¿cómo me puedes decir así?
-Me encanta verte enojada, se te notan más las pecas-
-Pues a ti… a ti…-
-Soy tan perfecto que…-
-¡ARG! Eres un arrogante, Terry-
-Pero aun así me amas-
-Desafortunadamente sí-
EL castaño ya no contestó, se aferró más a la mano de Candy y la arrastró a un lugar más privado, se acercó a ella y la besó con ferocidad, la rubia sintió el cambio del beso y respondió con la misma intensidad.
No lo pensó dos veces, se impulsó y abrazó con sus piernas la cadera de Terry, el castaño llevó sus manos al derrier de la rubia y la sujetó, bajó su boca para saborear el blanco cuello mientras ella tocaba el suave cabello del ojiazul, así estuvieron algunos minutos, besándose y sintiendo la frescura de la noche.
-Necesitamos… parar-
-No, un poco más-
-Candy-
A regañadientes la bajó y bajaron la intensidad de sus besos, cuando estuvieron cinco milímetros separados, se miraron y sonrieron.
-Soy un bruto, no mereces que te haga eso, te estoy exponiendo-
-Terry, tranquilízate. Todo está bien-
-Haces que pierda la cabeza, pecosas-
-Tú también me provocas eso- la besó y retomaron su camino. Cinco minutos después llegaban a la casa de Candy; quien sintió alivio al ver que sus padres todavía no habían llegado, se mordió el labio un poco dudosa y miró a Terry, que no apartaba la mirada de ella.
-Terry…-
-Candy…- sonrieron al escuchar su nombre en los labios del otro –Tú primero-
-Emmm, ¿tienes sueño?-
-¿Qué? No, todavía no-
-Que bueno… yo tampoco tengo sueño-
-Entonces…-
-Nada, ya nada…- dijo algo cabizbaja por no darse valor y pedir lo que quería
-Candy, sea lo que sea que quieras decirme, dilo-
-Me… me gustaría que te quedaras- algo en la petición lo puso nervioso, quería aceptar en el instante que la escuchó, pero no quería verse tan desesperado.
-¿Estás segura? Tus padres…-
-Solo hasta que ellos lleguen-
Las esmeraldas que lo miraban lo desarmaban por completo, se acercó a ella, tomó su cara y bajó su boca hasta llegar a la de ella, antes de besarla le dijo que sí.
-Hasta que tus padres lleguen, no queremos problemas todavía-
-Gracias Terry- y se volvieron a besar.
Entraron por la puerta principal, Candy la volvió a cerrar y se dirigió a las escaleras, pero se detuvo en cuanto Terry le pidió usar su teléfono para hablar a su madre.
-Dejé mi celular en casa-
-Claro, iré al baño mientras hablas-
El castaño se quedó en la sala y la rubia subió a su habitación en una nube de felicidad, abrió la puerta y encendió la luz; la sonrisa se le borró cuando vio que Anthony estaba sentado en su cama.
-¡Anthony! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?
-Necesitas explicarme por qué vienes llegando a esta hora, pero sobre todo por qué te estabas besando con Terry.
