-¿Qué dices, Candy? ¿Te quieres casar conmigo?-

-¡Sí! Claro que sí- la rubia no esperó más para abrazarlo y llenarlo de besos. Recargaron sus frentes y sonrieron.

-No tengo un anillo conmigo, pero te doy esto- se separó un poco de ella, llevó sus manos a su cuello para quitarse una cadena de oro y dársela a la rubia –Fue un regalo de mi abuela. Quiero que lo conserves-

-No Terry, no tienes por qué-

-Claro que sí, pecas. Vamos, te lo voy a poner- la rubia se dio la vuelta y segundos después sentía el frío tocar su cuello.

-Esto es una locura- con sus dedos rozó el dije con la inicial de Terry y después sonrió.

-¿Te estás arrepintiendo?- las esmeraldas se clavaron en los zafiros y negó con la cabeza.

-Claro que no, pero somos menores de edad-

-Podemos ir al condado de Ocklan-

-¿Cómo? ¿Quieres que nos casemos ahora?-

-Para qué esperar-

-Pero…-

-Candy, no quiero que me separen de ti-

-No lo harán, Terry. Pero ¿por qué me dices eso?-

-Yo… - el castaño se debatió en contarle lo que había ocurrido por la madrugada. –Te lo voy a contar, pero prométeme que escuches lo que escuches, mantendrás la calma y no te dejarás llevar-

-Terry me estás asustando-

-Promételo, Candy-

-Lo prometo-


Mía despertó con un horrible dolor de cabeza, no recordaba haber tomado como para amanecer así, lo último que se le venía a la mente es que estaba hablando con Neal y de repente todo se había vuelto negro.

Frunció el cejo y se incorporó de la cama ignorando sus propios pensamientos. Revisó la hora y soltó una maldición, si quería que su nueva venganza siguieran su curso debía de asegurarse de hacerlo ya.

Marcó el número de Axel, su contacto para emergencias; como el desaparecer a alguien.

-¿Qué encontraste de la chica?- mientras hablaba caminaba por la habitación buscando qué ponerse para pasar desapercibida. -¿Estás seguro de que sus padres la han corrido? ¿Y a dónde se supone que… ¡Claro, con los Grandchester! ¿Qué más?-

Unas palabras más y colgó. Sopesó su siguiente movimiento, debía de ser cuidadosa ahora que Susana Marlow estaba en la casa de los Grandchester. Tomó asiento y miró hacia la puerta tratando de darle forma a su plan.

Tomó su celular de nuevo y le marcó al rubio. Tuvo que insistir varias veces para que le atendiera la llamada, y cuando así fue le molesto saber que se encontraba borracho. Bueno, en parte eso hacía más fáciles las cosas.

Veinte minutos después salía del hotel y tomaba un taxi para llegar a la casa de Anthony. Ni falta que hacia abrirle la puerta, Mía le había robado un juego de llaves, así que fue fácil entrar y más cuando sabía que sus padres no se encontraban. ¿Cómo lo sabía? Bueno, era Mia White, siempre, siempre se enteraba de las cosas.

Se adentró en la casa hasta llegar al cuarto de su presa, tuvo que contener las ganas de devolver al ver el estado en el que se encontraba el aposento de Anthony.

-Anthony, luces como al mierda-

-No… no podría…decir… de ti-

-No, yo nunca me veré como tú, querido- se acercó a él y pensó mejor en no besarlo. Discretamente miró la habitación hasta localizar lo que necesitaba. -¿No te apetece tomar una ducha?-

-No… yo…-

-Vamos, necesitas estar un poco cuerdo-

-Mis… padres… ellos….-

-No están-

Como pudo lo llevó al baño, abrió la regadera y lo dejó ahí para que se avivara un poco. Regresó a la habitación y comenzó a poner las cámaras de video en varias partes. Estaba revisando el ángulo de una, cuando el teléfono de Anthony empezó a sonar.

Giró el rostro buscando el origen de la llamada, se escuchaba cerca pero no lo encontraba. Alzó la cobija y por fin.

-Maldita perra- dijo al ver que la llamada era de "Susy". Ignoró la llamada y rápidamente revisó el celular. Estuvo a nada de vomitar al ver los mensajes que se mandaban, si pensaba que ya había visto todo, se equivocó, las fotografías sugerentes de la rubia hicieron que Mía hirviera de coraje.

-Eres un cerdo, Anthony-

Furiosa empezó a mandarle un WhatsApp a Susana

"Te espero en mi casa, mi amor. Tengo una sorpresa para ti, la puerta está abierta" lo envió y enseguida se reenvió las fotografías de la rubia. Aventó el celular en la cama y regresó al baño. Anthony estaba sentado en el piso.

-Me las vas a pagar- cerró la regadera y lo ayudó a ponerse de pie. Él la miró e intentó besarla pero lo esquivó.

-¿No… quieres?-

-Hueles a alcohol- le dijo cuando Anthony se sentó en la cama

-Terry…- recargó su cabeza en el respaldo de la cama y cerró los ojos –Él tiene la culpa-

-Ya te enteraste que anda con Candy- escuchar eso fue como si de repente la borrachera se le bajara, abrió los ojos y se puso recto.

-¿Cómo lo sabes?-

-Los vi- contestó como si nada mientras saca algunas prendas de ropa de él

-¿Y por qué no me lo dijiste? ¡SABÍAS QUE ERA MI NOVIA!- Mía tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no explotar y decirle que ella sabía de su pequeño y sucio secreto con Susana. Apretó la playera que había escogido y se giró a verlo, le tomó una eternidad lograr un sonrisa.

-Bebé, tú la engañas conmigo, creo que es lo más justo- le aventó la prenda y suspiró, si no se lograba controlar aquello terminaría antes de que Susana llegara.

-Pero eso no…-

-Anthony, será mejor que te calmes y te tomes esto, es para la resaca- de algún lugar había sacado una botella de agua y unas pastillas, se las entregó y vio como las tomaba.

No lo pensó dos veces, comenzó a quitarse la ropa ante la mirada de Anthony, lo miró sonreír y supo que las cosas andaban por buen camino. Fue directo a la cama y se acomodó arriba de él.

Empezaron a besarse y a despojarse de la ropa interior. Pasaron varios minutos y se fijó en las pupilas del rubio, la droga estaba en su punto.

-Vamos, quiero hacerlo ya- escuchó la voz de él. Anthony se acomodó y se introdujo en ella, ambos gimieron y empezaron a moverse.


El malestar no se iba, y eso hacía imposible el dormir, así que se giró en la cama y se concentró en las cosas que había en la habitación de Terry. Tomó la almohada y la olió, estuvo a punto de llorar de no ser por los calambres que sintió en el abdomen. Frotó sus manos y cuando estuvieron calientes las colocó en el bajo vientre; aquello aminoró un poco, pero no lo suficiente.

Se puso de pie y caminó por el cuarto, no sabía si eran las hormonas del embarazo o qué, pero de repente se sintió desdichada, perdida y destruida. Sabía que los padres de Terry la apoyarían, había escuchado la mayor parte de la plática que habían tenido con él en la madrugada, y aunque él no reaccionara de la mejor manera, sabía que no la dejaría sola.

Pero eso no la consolaba, como tampoco le consolaba saber que estaba enamorado de Candy. Fue un segundo pero el dolor fue tan agudo que la dobló, evitó gritar porque no quería despertar a nadie, no estaba segura de la hora que era.

Cuando el dolor cesó, se arregló un poco y decidió salir para buscar a Terry y hablar con él. Cuando llegó al final del pasillo se encontró con Karen.

-Hola Kary-

-Es Karen-

-¿No has visto a Terry?-

-Emmm, nop. Adiós, me tengo que bañar-

La miró entrar al sanitario y cerrar la puerta, negó con la cabeza y siguió su camino. Una muy malhumorada señora Grandchester la recibió con el desayuno.

-Buenos días-

-Buenos días, señora- Eleanor alzó la mirada, sintió un poco de pena por la chica, sabía que aquello no debería ser fácil y mucho menos para alguien tan joven y desprotegida. Suspiró y cambió de actitud.

-¿Te encuentras bien?-

-Solo estoy un poco cansada. Me gustaría hablar con Terry-

-Primero debes desayunar, querida-

-Yo…-

-Desayuna, luego lo buscas- a pesar de que Eleanor quería no desquitarse, no pudo evitar controlar la amargura de su voz. Susana supo en ese instante, que la vida en esa casa sería un infierno.

Después de un silencioso desayuno, la rubia subió a la habitación y buscó un cambio de ropa, quizás un baño le ayudaría a refrescar sus pensamientos. Antes de asearse le llamó a Terry, pero jamás contestó, le dejó correos de voz y mensajes de WhatsApp, pero de igual manera no hubo respuesta.

Caminó por la habitación y tomó una fotografía de él y de su familia; se veían contentos. Recordaba que le había platicado sobre aquella salida. Ahora se le hacía lejano las veces que Terry y ella hablaban, que se confesaban cosas, que reían y se querían.

¿Había culpables? Sí, ellos eran los culpables.

-Pero yo lo amo.

-No Susana, si lo amaras jamás te habrías metido con Anthony.

-Necesitaba sentirme deseada, amada, cortejada por alguien más. Terry parecía olvidarse de mi…

-Excusas Susana, son puras excusas.

Recordaba la cara de los papás de Terry cuando les dijo que estaba embarazada, vio furia y tristeza, vio coraje e impotencia, vio desilusión y odio.

Y a pesar de eso se aguantó, se mantuvo firma aun sabiendo que el hijo que esperaba no era de él. Sabía que solo hacia eso porque no quería verlo feliz con Candy.

¿Pero qué tenía Candy que lo había embrujado? ¿Por qué todos la querían? ¿Por qué Anthony y Terry siempre la preferían?

Empezó a llorar, se descargó y dejó que el dolor y la emoción de las hormonas se apoderaran de ella.

¿Pero valía la pena sacrificarse para que Candy no fuera feliz? ¿Era Candy tan importante en su vida como para poner su destino en las manos de una familia que sabía no la quería? ¿Cómo sería su vida si ella y Terry se casaban?

-Me odiaré a mí misma. No podría, no lo amo. Ya no más- se abrazó a sí misma y sin pensarlo se quedó dormida.

Fueron alrededor de treinta minutos en los que se dejó envolver por Morfeo. Sus ojos se sentían pesados e hinchados y era con toda la razón, había llorado un mar. Entró al baño para darse la ducha que pospusiera por la pequeña siesta.

Escuchó su celular sonar justo cuando salí del cuarto de baño. Se cambió, cepilló su cabello y después revisó su teléfono.

Su corazón dio un salto cuando vio que el mensaje venia de Anthony. Decidió no contestarlo, se esmeró en su arregló y salió de la casa Grandchester, por fortuna no se había topado con ningún integrante.

Solicitó un servicio de taxi y en menos de veinte minutos llegó a la casa del rubio. Siguió las instrucciones y abrió la puerta, al momento de hacerlo volvió a sentir un tirón en el abdomen, ignoró la sensación y siguió su camino.

Subió las escaleras con mucho cuidado, el dolor iba en aumento. Se detuvo unos instantes y se concentró en la respiración, al hacerlo escuchó unas voces. Se percató que la puerta del cuarto de Anthony estaba entreabierta, dio unos cuantos pasos y se arrepintió de hacerlo.

Él estaba con alguien, ignoró a la mujer y se concentró en él.

-¡ERES UN MALNACIDO!- ni siquiera fue consciente de que había gritado, y mucho menos de haberse acercado al lecho.

-¿Susana? ¿Qué haces aquí?-

-¿PARA ESO ME HICISTE VENIR? ¡ERES UN MALDITO!-

Anthony como pudo se quitó a Mía, intentó cubrirse pero fue imposible, la mayor de las White empezó a sonreír, se apartó de la pareja y se encerró en el baño. Tuvo que concentrarse para no echarse a reír como desquiciada.

-NO PUEDO CREERLO. ERES UN MALDITO- Susana lo golpeaba mientras las lágrimas caían por su rostro.

-Susana, cálmate… yo te puedo…-

-¿EXPLICAR? ¿QUÉ ME VAS A EXPLICAR? TE ODIO, TE ODIO Y ODIO A ESTE HIJO TUYO-

-¿Qué?-

-TE MENTÍ, ESTE HIJO QUE ESTOY ESPERANDO ES TUYO, NO ES DE TERRY… YO CREÍ QUE TÚ…-

-Susana, yo te pregunté…-

-¡YA SÉ LO QUE PREGUNTASTE! YO TE AMABA, DE VERDAD QUE LO HACIA, YO ¡ARGGG!-

-¿Qué te pasa?- la tomó de los brazos pero ella lo empujó.

-QUÍTAME LA MANOS DE ENCIMA, SUCIO ANIMAL-

La rubia salió del cuarto de Anthony, él atinó a tomar un pantalón deportivo y la siguió. Mía emergió del baño, ellos seguían discutiendo en el pasillo, estaba cambiándose cuando escuchó un grito y luego un golpe seco


Iban en el coche de Stear, no llevaban ni la mitad del camino cuando el celular de Terry comenzó a sonar.

-¿No vas a contestar?-

-No-

-Terry-

-Candy-

-¿Y si es importante?

-Nada es más importante que tú- ambos se miraron unos segundos y luego desviaron las miradas.

-Pero…-

-Candy, de verdad. No hay nadie con quien quiera hablar más que contigo, y por fortuna te tengo aquí-

-¿Ni siquiera vas a ver quién es? Podría ser tu madre-

-No-

La conversación murió y se enfocaron en el camino. Habían tardado mucho en decidir si iban a Ocklan, fue después de que Terry le contara que tenía una tía que les podía ayudar a casarse; una hora después estaban en casa de Stear pidiendo ayuda.

El teléfono volvió a sonar, pero ahora fue el turno de Candy. Lo sacó del bolso, se extrañó de ver el número de Stear.

-Es Stear-

-Quizás quiere saber si ya llegamos-

-Hola, Stear-

-Gracias a Dios contestas, le he estado marcando a Terry. Candy, necesitan volver-

-¿Por qué?-

-Eliza no aparece-

-¿Cómo?-

-Sí, no sé nada de ella desde ayer por la tarde, su hermano ha venido a buscarme a la casa, ni siquiera sé cómo averiguó donde vivo-

-¡Oh Dios Mio!-

-¿Qué ocurre?-

-Eliza no aparece-

-Y ha ocurrido otra cosa, Susana tuvo un accidente, está hospitalizada-


Muchas gracias por seguir esta historia.

Tengan una excelente semana.

Esta historia está llegando a su final. (: