El corazón me latía a mil por hora, las manos comenzaron a sudarme en cuanto entramos al hospital Saint James, mi mirada recorrió los pasillos buscando alguna cara conocida. Sentía el estómago en mi boca y el nerviosismo a flor de piel.

En todo el trayecto me había mantenido callada, notaba a Terry sumamente tenso y nervioso, y no era para menos, la mamá de su hijo estaba hospitalizada, y solo Dios sabía lo que había pasado.

-¡Terry! ¡Candy!- giramos nuestros rostros hacia la voz de Stear.

-¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo está?-

-Grave, sus papás no quieren hacerse responsable-

-Iré a verla… Candy…-

-Estaré bien, tienes que ir con ella-

-Terry, tus papás están en la sala de espera- el castaño ya no contestó, en cambio se acercó a una enfermera para decir que era el novio de Susana, el corazón se me encogió pero me hice la fuerte. Miré a mi amigo, mientras mi novio seguía la joven enfermera hacia el elevador.

-Stear, ¿Y Eliza? ¿Saben algo de ella? -

-Está en la estación de policías- con sutileza me guío a unos asientos.

-¿Qué? ¿De qué está hablando?-

-Al parecer… ¡Diablos!-

-¿Qué fue lo que pasó, Stear? Me estás asustando-

-Anthony la tenía prácticamente secuestrada en una de las habitaciones de su casa-

-¿Qué? ¡No puede ser! ¿Qué pasó? ¡Debe ser una broma!-

-No lo es, no tengo idea de por qué la encerraría – lo vi pasarse la mano por el cabello y alborotarlo –Me corrieron de la estación de policías, dijeron que estaba haciendo demasiadas preguntas-

-¿Ella está bien?-

-Sí, sus papás y un abogado se quedaron con ella, lo poco que pude hablar me dejó saber que estaba bien, algo contrariada por la situación. Dijo que tenía algo importante que decirme, pero fue cuando los bastardos decidieron sacarme-

La rubia tomó su celular, estaba a punto de llamarle a la mamá de su amiga, pero unos pasos hicieron que alzara la mirada, era Terry que caminaba cabizbajo, se puso de pie y corrió a abrazarlo.

-¿Qué ocurrió?-

-El… bebé… no- Candy se abrazó más a él. Estuvieron algunos minutos más, y después se separaron, con sutileza limpió el rastro de lágrimas.

-Lo siento mucho Terry-

-Lo sé, hermano-

-¿Ella cómo está?-

-No ha podido despertar. Dicen los doctores que el golpe en la cabeza provocó que una vena se inflamara y… no recuerdo mucho, dejé de prestar atención cuando la vi conectada a tantos aparatos-

-Se pondrá bien Terry-

-No puedo creer que esto nos esté pasando ahora. ¿Qué fue lo que ocurrió?-

-Ella estaba en casa de Anthony- ambos, Candy y Terry voltearon a ver a Stear –No sé qué estaba haciendo ahí, quizás fue a buscarte. Una llamada al 911 alertó del accidente y…-

-¡Jesucristo, Terrence! Al fin apareces-

-Mamá…-

-¿Se puede saber en dónde te habías metido? Te estuvimos llamando y buscando, jovencito-

-Eso no tiene importancia papá, ahora ya estoy aquí-

-¿Te das cuenta de la magnitud del problema?- Richard Grandchester dejó salir la frustración, se paseó de un lado al otro despotricando en contra de todos. Eleanor reparó en la ojiverde, tuvo que parpadear por las inmensas ganas de llorar, sintió pena por ella y por su hijo; pero más por su nieto. Se acercó a ella y le tocó el hombro.

-Candy, tus padres te han estado buscando-

-Lo lamento señora Grandchester-

-Llámalos hija- Candy pasó saliva y se giró para mirar a Terry, sin decir palabra alguna los dos asintieron, la rubia menor se dio la vuelta y se alejó un poco.

-¿Podrías llevarla a su casa, Stear?-

-Claro que sí, hermano. Cualquier cosa que necesites, llámame-

-Gracias- el mayo de los Cornwell salió detrás de la rubia y la alcanzó en la entrada del Hospital.

-¿Tan siquiera entraste a ver a tu novia?-

-Te dije que ella no era mi novia, papá. Mi novia es Candy, y para tu tranquilidad ya la vi-

-No puedo creer que sus padres no quieran venir a verla, ¡Es su hija!-

-¿Qué fue lo que pasó?- ambos zafiros; madre e hijo se miraron. Eleanor agachó la mirada y tomó asiento a un lado de su vástago. Le acarició el cabello y dejó escapar un suspiro.

-Los médicos creen que trastrabilló con un escalón, se torció el pie y no pudo controlar el equilibrio y cayó, al hacerlo se pegó en la parte baja de la nuca. Karen fue a buscarte a casa de Anthony cuando vio que la sacaban en una camilla y nos llamó, ¿Qué hacía ahí?-

-No lo sé, mamá- se talló la cara, tuvo que parpadear demasiado para no dejar que las lágrimas volvieran a salir, no podía verse tan frágil delante de sus padres, y menos de Richard, que estaba como león enjaulado caminando de un lado a otro; y como si de invocarlo se tratara, su padre se giró a mirarlo.

-En este mismo instante me vas a decir en dónde estabas y qué era lo que pretendías hacer con esa muchachita-

-Íbamos para Ocklan- le sostuvo la mirada, escuchó a su madre proferir un leve gemido y cerró los ojos.

-¿Te volviste loco, Terrence? ¿Acaso iban a vivir en el amasiato? No te educamos para que fueras esa clase de persona-

-Me querían casar con Susana, les dije que no la amo y no me escucharon-

-Nada de esto…-

-¡Richard! No digas una palabra más. Lo hecho, hecho está. No podemos volver las cosas atrás. Si las cosas se dieron de este modo, es porque así debían ser. Lo único que nos queda, es esperar a que Sandra despierte-

-Susan, mamá. Así se llama-


Estaba asqueada y necesitaba salir urgentemente de aquel lugar, la cabeza me daba vueltas al escuchar nuevamente a los policías interrogarme, rodé los ojos y me tomé el rostro con las manos.

-Ya le dije que pateé la puerta infinidad de veces hasta que la cerradura cedió, claro que me costó lograrlo, ni siquiera tengo idea de cuánto tiempo lo estuve intentando, cuando por fin salí escuché que gritaban, en su momento no supe reconocer las voces, pero cuando me asomé al pasillo vi que la estaba sujetando del brazo y luego ella caía por las escaleras-

-¿Lo vio empujarla?-

-Pues…-

-Sí o no-

-¡NO LO SÉ! YA LE DIJE QUE VI QUE LA TENÍA DEL BRAZO Y LUEGO ELLA CAÍA-

-¿Por qué decidió salir? ¿No creyó que iban a por usted?-

-¡No lo sé! Yo solo quería salir de ahí, ¿no quisiera hacer lo mismo usted?-

-¡Eliza!-

-Lo siento, mamá. Pero es verdad lo que digo, me quedé pegada a la pared y vi que Anthony bajaba y trataba de hacerla reaccionar, pero ella seguía como dormida, fue entonces que vi a Mía salir de una habitación y llamar al 911-

-¿Mía Whitte?- el policía/detective/loquefuera siguió haciendo anotaciones en una libreta, después me miró con la intensión de que siguiera mi relato., y así hice.

-Sí, Mía White, la vi bajar las escaleras y quedarse al lado de Anthony, no alcancé a escuchar que más dijo, después salió de la casa-

-¿Después qué ocurrió?-

-Ammm… Anthony dijo algo de un hijo y que la perdonara porque no quería hacerlo-

-¿Hacer qué?-

-No lo sé, no le pregunté-

-¡ELIZA!- mi madre me dio un apretón en la pierna por debajo de la mesa, me mordí la lengua para no decir una barbarie, respiré y me contuve. Después unos segundos de relajación continué.

-No se escuchaba lo suficientemente fuerte como para poder decirle a qué se refería cuando Anthony dijo que no quería hacerlo-

-¿Qué relación lleva con el supuesto agresor?-

-Era el novio de mi amiga Candice White-

-¿White? ¿Cómo, Mía White?-

-Es su hermana- lo miré escribir de nuevo y un sentimiento de rareza se apoderó de mi. ¿Serían capaces de citar a mi amiga? Dios, Candy, esto se estaba volviendo una locura. ¿Era esto un nuevo drama de la adolescente americana o algo parecido? Porque de ser así no me estaba gustando para nada.

-¿Algo más que quiera agregar, Señorita Leagan?-

-Es todo Licenciado Martin- miré a mi abogado y él asintió. El policía o teniente o detective o no sé qué, siguió escribiendo, después de cinco minutos me miró y trató de sonreír. Él pensaba que yo era cómplice, lo sé, sus ojos lo delataban. Quise darle un puñetazo, pero estaba segura de que eso solo provocaría que me encerraran.

-Muchas gracias por su información señorita Leagan. Se le enviará un citatorio para la corte, no puede abandonar el…-

-Ni que fuera a huir- prometo que esto lo dije sin pensar, mordí de nuevo mi lengua y evité la mirada de mi madre, lo cuál fue inevitable porque sentí sus uñas clavarse en mi brazo, forcé una sonrisa y pedí una disculpa.

-Como decía, no puede abandonar el país ni comentar con nadie lo sucedido. Cualquier información que salga de estas cuatro paredes puede perjudicarla-

-¿En qué?-

-Suficiente niña, Detective Wordston, una disculpa-

-No se preocupe Señora Leagan, mantenga los ojos en su… hija-


No quería llegar a mi casa, le pedí a Stear que parara unas ocho veces, tenía varios motivos por los cuales retrasaba mi llegada; mi amiga y la preocupación por saber qué ocurriría entre nosotros, y la última y menos importante, no quería llegar para ver cómo mis padres ni siquiera habían notado mi ausencia.

-Todo saldrá bien, Candy. Tienes que confiar en que así será-

-Tienes razón, todo estará bien, ¿crees que podamos pasar a la comisaria?-

-Estoy vetado, pero podemos pasarnos por la casa Leagan, aunque lo correcto sería que te quedaras en casa, tus papás deben estar preocupados-

-No lo creo, para ellos no existo-

-No digas eso. Mira, hagamos esto, te dejo en tu casa y esperaré por unos minutos, si todo está bien ahí, te llevaré a casa de Eli, pero si hay problemas te quedarás a enfrentarlos-

-Eres peor que Terry-

-¿Qué dices?-

-Bien, trato hecho-

Arrancó su coche y veinte minutos después llegábamos a mi casa, fruncí el cejo cuando vi varios carros estacionados en la acera, Stear y yo nos miramos, descendimos del coche y recorrió mi cuerpo al ver patrullas también.

-Te acompaño hasta la puerta-

-No, será mejor que lo haga sola, pero puedes ver desde la distancia. No me gustaría que mis padres fueran groseros contigo-

-No estoy muy de acuerdo, pero haré lo que pides. Esperaré un tiempo, si veo que no sales me iré. Pero si necesitas algo me llamas enseguida-

-Gracias, Stear-

Caminé hasta llegar a la puerta, giré el pomo y entré. Al hacerlo me entró un escalofrío, parecía como si alguien hubiera bajado la temperatura de la casa, miré para todos lados buscando a mis padres.

-¿Mamá? ¿Papá?- no había respuesta de ninguno, estaba por llamarle a Stear cuando unos murmullos me alertaron. Venían del despacho de mi padre, caminé en esa dirección pero salté en cuanto escuché que gritaban, caminé más rápido y entré sin llamar.

Varias cabezas se giraron en mi dirección, algo desesperada busqué los rostros de mis padres. Papá estaba sentado frente a su escritorio con el teléfono pegado a su oreja pero su mirada directamente me enfocaba, mi madre yacía recostada en el mueble mientras una señora le ponía algodón debajo de la nariz.

Lo que me asustó fue ver a los policías casi rodear el escritorio de mi padre.

-¿Papá? ¿Qué está ocurriendo?- di unos pasos hacia atrás cuando uno de los policías se me acercó. Estuve a nada de orinarme en los pantalones, aquel hombre parecía de todo menos un policía.

-No se te ocurra ponerle las manos encima a mi hija. Ella es Candice White- desvié mi mirada del hombro que se me acercaba y me concentré en mi padre, que colgaba el teléfono y venía a mi encuentro.

-Solo queremos confirmar, señora White-

-Enséñale tu carnet. Hija- con mano temblorosa saqué mi identificación y la mostré. Mi padre me tendió la mano y prácticamente corrí hacia él.

-¿Qué está pasando, papá? ¿Qué tiene mamá?-

-Candy, tienes que ser muy sincera conmigo-

-Emmm. Sí-

-¿Has tenido contacto con tu hermana?

-Pues no, ¿por qué? ¿le ocurrió algo?- sus ojos iguales a los míos me recorrieron el rostro y luego me abrazó, aquello hizo que mi corazón se rompiera. Mi padre jamás, pero jamás se portaba de aquella manera conmigo, si hacia esto era por algo. De pronto lo peor comenzó a formarse en mi mente – Está… ¿ella está muerta?-

-¿Qué? ¡No, hija! Pero no sabemos dónde está-

-Lamento interrumpirlo, señor White, pero necesitamos que nos proporcione toda la información que pueda sobre la señorita Mía White-


Las fuertes pisadas se escuchan en aquel lúgubre lugar, la corriente del viento enfriaba cada vez más, y era una incógnita aquello debido a que no había ni una sola ventana.

Miró el grisáceo techo y dejó salir un suspiro desde lo más profundo del alma. Cerró los ojos esperando que con ello se esfumara la pesadilla en la que se encontraba; porque no había otra forma de llamar aquello.

Giró su cuerpo ciento ochenta grados y se dejó caer en la fría cama de cemento. Tomó su cabeza entre sus manos y se obligó a no llorar.

-Susan está esperando un hijo mío-

Los tristes ojos azules se fijaron en los barrotes que lo rodeaban; ni siquiera entendía qué era lo que había ocurrido para que estuviera ahí encerrado. Lo último que recordaba es que iba bajando las escaleras, la alcanzaba y le tocaba el brazo para que se parara a hablar con él, pero algo había salido mal porque después Susan se encontraba en el suelo.

Se talló los ojos, una, dos, tres, cuatro veces; pero ni así pudo evitar llorar. Sintió que el aire le faltaba, que aquella celda se hacía cada vez más y más pequeña. Los olores se concentraron e inundaron su sentido del olfato, estuvo a punto de vomitar.

Un característico aroma a limón llenó el lugar, alzó la mirada algo esperanzado y sonrió al verla ahí.

-¿Qué… qué haces aquí?-

-Necesitaba verte-

-¿Cómo entraste? Ni siquiera he podido ver a mi abogado-

-Sabes que no hay cosa que yo no pueda hacer-

-Mía, tú sabes que yo no lo hice-

-Tienes razón, yo sé que no lo hiciste. Pero nadie te va a creer-

-Soy inocente-

-¿Estás seguro Tony? Que yo recuerde estabas un poco intoxicado-

-Eso no es…-

-¿No habías tomado una noche antes?-

-Pues sí, pero mi sistema…-

-Tu sistema nada, estabas intoxicado y eso es lo que saldrá en los resultados clínicos-

-Yo no lo hice-

-Y si no lo hiciste tú, ¿quién fue? Yo no-

-Mía, necesitas ayudarme, decirles que estabas conmigo cuando eso pasó-

-¿Sabes qué? Creo que sí podría hacer que te saquen de aquí-

-Gracias, mi amor. Sabía que podía confiar en ti-

-Podría hacerlo, pero no lo haré-

-¿Qué? ¿Por qué no?-

-¿Tienes idea de lo que odio que la gente me traicione? No, ¿no te imaginas lo que siento cuando alguien me traiciona? Bueno, pues te lo diré. A Mía White, nadie, pero nadie la traiciona, nadie le ve la cara de estúpida, así me tome días, semanas, meses o años; siempre, siempre me entero de todo y los hago pagar, y tú lo hiciste-

-¿Pero de qué hablas? Yo no hice nada, no te he traicionado-

-Ya sé que el hijo que espera esa zorra es tuyo-

-¡NO ES VERDAD!-

-No seas cínico, yo escuché cuando ella te lo dijo, y por si lo olvidas, tengo esto- sacó una pequeña cámara y le enseñó el video.

-¿PUSISTE CÁMARAS EN MI CUARTO?-

-¿Te das cuenta de lo fácil que puede ser para mí mandar a editar este video y que se vea que la única persona que sale del cuarto es ella? Así tu tendrías una coartada y te sacarían de aquí-

-Mía, te juro que yo te…-

-No te atrevas a decirme que amas, porque de hacerlo no te hubieras acostado con Susana, ni la hubieras embarazado. Yo, yo te quería Anthony-

-Tú no sabes lo que es querer-

-Cuida tus palabras, sucio animal-

-Mía, mi amor, nos estamos exaltando. Necesitamos arreglar esto, tengo que salir de aquí para ser feliz contigo-

-¿Acaso crees que te voy a perdonar que mientras estabas conmigo te follabas a otra?-

-Eso no…-

-¡LA DEJASTE EMBARAZADA!-

-Te puedo explicar…-

-No necesito de tus explicaciones. Solo venía para ver la clase de cuchitril en la que vas a pasar tus días, porque de una cosa estoy segura. De aquí no vas a salir-

-Necesitas ayudarme, debes de hacerlo-

-Por mí te puedes pudrir en el infierno-

-Mía, ¿qué estás haciendo?-

La chica aventó la cámara y comenzó a pisotearla, el rubio empezó a gritar como desquiciado al ver que la posible prueba de algo, estaba siendo destrozada, pateó los pedazos que quedaban.

-Me prometí que te haría pagar por tu traición, espero que pases una larga vida encerrado en cuatro paredes-

-Tú no me puedes dejar aquí. Tú estabas conmigo. DEBES DE AYUDARME-

-Recuerda esto, el que le hace, me la paga. Y tú la vas a pagar muy caro por haberme traicionado-

Se dio la vuelta y comenzó a caminar mientras escuchaba al rubio llamarla, afirmó su paso y se apresuró para llegar a la puerta de seguridad, sacó más dinero y se lo dio al guardia, le lanzó un beso y salió del lugar.

Si Mía se hubiera quedado cinco minutos más, habría visto llegar al Detective Wordston e ir directamente a la celda del rubio.

-Anthony Brown, es penoso para mí informarle que la señorita Susan Marlow ha fallecido-

-¿Qué… qué? ¡NO!-

-¿Sabes usted lo que eso significa?-

-Yo…-

-Está acusado de homicidio-