Fruncí el cejo, con mi índice derecho me rasqué un poco la ceja. Torcí la boca y traté de concentrarme, cuando ya no pude más lancé un suspiro, dejé el lápiz en la mesa y alcé la vista. Un movimiento a mi derecha me llamó la atención; sonreí cuando vi a Terry haciéndome señas con los pulgares arriba a través del vidrio de la puerta.

El profesor Walter me miró y sonrió.

-¿Todo bien, señorita White?-regresé mi vista hacia el maestro y asentí con la cabeza.

-Espero que sí, profesor- me levanté y tomé mi examen, con paso sigiloso me acerqué a él para extenderle mi prueba. Lo miré revisarla brevemente y después guardarlo en su portafolio. –No… ¿no lo va a revisar aquí?-

-Tengo una junta en cinco minutos con el comité para el concurso de matemáticas. No quiero hacerlo fugazmente, necesito revisar cada respuesta con mucho cuidado. Aunque con el tutor que tienes, creo que no debes de preocuparte por nada-

-Yo espero lo mismo-

Levantó todas sus cosas y abrió la puerta para salir. El profesor Walter palmeó el hombro de Terruce.

-Nos vemos la siguiente semana, chico.-

-Sí profesor- y el catedrático siguió su camino. El castaño se acercó a la rubia para tomar sus pertenencias y abrazarla.

-¿Cómo te fue, amor?- se separaron para comenzar a caminar hacia la salida. Sonrió de lado cuando escuchó a Candy lanzar otro suspiro.

-Pues… creo que bien. Aunque hubo algunos problemas que me hicieron dudar. La verdad estoy muy nerviosa, ni siquiera me dijo cuándo me dará los resultados-

-No te preocupes, verás que pasarás la prueba. Estuviste estudiando mucho después de…-

-Lo sé, me hubiera gustado que nada de eso pasara, pero las cosas son como son-

Se detuvieron frente al coche de Terry y permanecieron callados durante varios minutos.

-¿Cómo te sientes, mi amor?- la frágil mano se posó en su antebrazo y giraron para mirarse. Lo vio pasar saliva y parpadear.

-Siento que todo esto fue parte de una pesadilla. Como algún capítulo de alguna serie de adolescente. Nunca me imaginé que Susana me hiciera responsable de un hijo que no era mío-

-¡Y vaya que nos puso a sufrir! Sigo sin creer todo lo que ellos pasaron. Ahora entiendo muchas actitudes de Anthony, él…- la rubia calló al darse cuenta de que estaba por hablar temas que Terry no tenía por qué enterarse –olvídalo mejor, amor-

-Lo único que me tiene tranquilo, es que tú estás conmigo-

-Para siempre-

-Para siempre- Estaban acercándose para darse un beso cuando una voz algo chillona la llamó.-Hay días en que los que simplemente la odio-

-No seas así, Terry. Es mi amiga-

-Pero es muy molesta, siempre llega cuando quiero besarte-

-Lo siento- pegaron sus frentes y suspiraron. Al instante una sonriente Eliza llegaba para unírseles.

-¿Qué no se cansan de andarse tocando?- la bomba de mascar que tronó resonó por el estacionamiento. Candy escondió el rostro en el pecho de Terry y lo abrazó.

-Eso mismo deberías de preguntarte cuando estás con Stear-

-Patrañas, Stear es sólo mi amigo-

-¡Pues vaya amigo que te cargas eh! Ayer parecía que te lo ibas a devorar-

-Pequeña e inocente Candy. Eso no era devorar, devorar es cuando te metes…-

-¡ELIZA!- la rubia corrió a taparle la boca a su amiga, el castaño solo negó y Eliza se alzó de hombros.

-No seas tan mojigata Cans, ¿apoco Terry y tú…-

-¿Y Stear?-

-Muy buena táctico mi querido Terruce-

-Eres demasiado impertinente-

-Una cualidad que nadie quiere. Sin ofender, Eli-

Los tres siguieron hablando hasta que el chico de lentes se les unió, cuando estuvieron todos, sacaron sus maletas del coche de Terruce y fueron directo al campo de entrenamiento.

-Te voy a extrañar- Candy y Terry se habían apartado un poco de sus amigos y estaban abrazados. El castaño pasaba lentamente sus manos por la espalda de ella. Eliza al verlos rodó los ojos, se metió otra goma de mascar a la boca y siguió observándolos.

-¡Ay por Dios, hombre! La vas a tener a 5 metros lejos de ti-

La pareja la ignoró y siguieron ensimismados en su mundo. Terry con delicadeza tocó la mejilla de la rubia y se acercó a besarla.

Stear que conocía a su novia, la sujetó antes de que los fuera a interrumpir, y bueno, hizo exactamente lo mismo que Terry hacía con Candy.

-Te amo- contestaron todos entre suspiros.


Por más que lo intentaba, no podía apartar la mirada de él, de su novio, de Terry. Estaba agradecida porque a pesar de todo lo que habían pasado, de las mentiras y de los problemas, habían superado cada uno de ellos para estar juntos y eso la hacía feliz, inmensamente feliz. Suspiró de nuevo y sonrió.

-Cans, hay algo que se llama obsesión, ¿sabías eso?-

-Sí, es cuando te la pasas molestando a tu amiga con su novio- la rubia miró a Eliza y algo coqueta le sonrió, la morena achicó los ojos y le sacó el dedo de en medio.

-Pequeña y sucia Candy, eres una perra-

-Lo aprendí de ti, querida-

-¿Por qué siento que he creado un monstruo?- se dieron la vuelta para seguir calentando con las chicas del grupo de porristas.

-Estás loca, Eli. Pero aun así te quiero-

-Y yo a ti zorra-

-Tan linda como siempre-

-Cans, hay algo que ronda mi cabeza-

-¿Qué cosa?

-Mía-

-Mía, sí que es un tema peligroso… ella, yo espero que se recupere-

-Pero ¿qué fue lo que pasó?-


FLASH BACK

Caminé hasta llegar a la puerta, giré el pomo y entré. Al hacerlo me entró un escalofrío, parecía como si alguien hubiera bajado la temperatura de la casa, miré para todos lados buscando a mis padres.

-¿Mamá? ¿Papá?- no había respuesta de ninguno, estaba por llamarle a Stear cuando unos murmullos me alertaron. Venían del despacho de mi padre, caminé en esa dirección pero salté en cuanto escuché que gritaban, caminé más rápido y entré sin llamar.

Varias cabezas se giraron en mi dirección, algo desesperada busqué los rostros de mis padres. Papá estaba sentado frente a su escritorio con el teléfono pegado a su oreja pero su mirada directamente me enfocaba, mi madre yacía recostada en el mueble mientras una señora le ponía algodón debajo de la nariz.

Lo que me asustó fue ver a los policías casi rodear el escritorio de mi padre.

-¿Papá? ¿Qué está ocurriendo?- di unos pasos hacia atrás cuando uno de los policías se me acercó. Estuve a nada de orinarme en los pantalones, aquel hombre parecía de todo menos un policía.

-No se te ocurra ponerle las manos encima a mi hija. Ella es Candice White- desvié mi mirada del hombre que se me acercaba y me concentré en mi padre que colgaba el teléfono y venía a mi encuentro.

-Solo queremos confirmar, señora White-

-Enséñale tu carnet, hija- con mano temblorosa saqué mi identificación y la mostré. Mi padre me tendió la mano y prácticamente corrí hacia él.

-¿Qué está pasando, papá? ¿Qué tiene mamá?-

-Candy, tienes que ser muy sincera conmigo-

-Sí-

-¿Has tenido contacto con tu hermana?

-Pues no, ¿por qué? ¿le ocurrió algo?- sus ojos iguales a los míos me recorrieron el rostro y luego me abrazó, aquello hizo que mi corazón se rompiera. Mi padre jamás, pero jamás se portaba de aquella manera conmigo, si hacia esto era por algo. De pronto lo peor comenzó a formarse en mi mente – Está… ¿ella está muerta?-

-¿Qué? ¡No, hija! Pero no sabemos dónde está-

-Lamento interrumpirlo, señor White, pero necesitamos que nos proporcione toda la información que pueda sobre la señorita Míanhae White-

Observé como mi padre regresaba a su escritorio y de uno de los cajones sacaba un folder amarillo, lo sostuvo durante unos minutos en sus manos y luego lo entregó a la policía.

-Ahí está toda la información sobre ella- tomaron el sobre y cerraron la puerta cuando salieron de la oficina de mi padre.

-Papá ¿qué está ocurriendo? ¿Por qué están buscando a Mía?-

-Creen que ha hecho algo malo y no sabemos en dónde está, ya llamamos al Centro de Rehabilitación en Chicago, tiene días que abandonó las instalaciones-

-¿En un centro de rehabilitación? No papá, Mía estaba en la Universidad de Chicago-

-No mi amor, tu hermana estaba internada en un Centro de Rehabilitación-

-¿Por qué? ¿Por qué nunca me dijeron nada?-

-No queríamos que sintieras lástima-

-¡Yo jamás tendría ese sentimiento con ella! ¡Es mi hermana!-

-No, no lo es-

-¡Pauna!- los dos nos giramos para ver que mi madre se ponía de pie y avanzaba hacia nosotros, gruesas lágrimas caían por sus ojos.

-¿Qué estás diciendo, mamá?-

-Pauna, no creo que sea el mejor momento…-

-Desde hace tiempo debió de haber sido momento. Cariño, Mía es hija de tu tío Jhosep, tuvimos que hacernos cargo de ella cuando él ingresó al psiquiátrico-

-No, él murió en un accidente automovilístico-

-No, mi amor. Tu tío era demasiado joven cuando se quedó viudo, el dolor de perder a Lucy y sus problemas con las drogas lo volvieron loco-

-¡Pauna, ten cuidado con lo que dices!-

-Es la verdad, tu hermano se volvió loco y lo sabes, tú mismo viste cómo se hacía daño, como se comportaba, no podía hacerse cargo ni de él mismo- mi madre se me acercó y me tocó el rostro, ni siquiera sabía que estaba llorando hasta que sentí que limpiaba mis mejillas –Tu padre y yo llevábamos varios meses intentando tener un bebé pero simplemente no lo lográbamos. Cuando Lucy murió, Mía tenía cinco meses, tu tío entró en un cuadro de depresión tan grave que intentó suicidarse, cuando supimos esto entendimos que no podíamos dejar a la niña con él y que Jhosep necesitaba ayuda, ella nos necesitaba y nosotros también, fue por eso que decidimos adoptarla-

-¿Entonces yo tampoco soy su hija?- mi voz sonó tan diferente que creí que alguien más la había dicho.

-Claro que lo eres. Durante varios años seguimos intentándolo, ya nos habíamos dado por vencidos cuando tu madre una tarde me dijo que tenía dos meses de embarazo-

-¿Cómo pudieron?-

-No lo sé, creo que dejamos de obsesionarnos con tener un hijo de nuestra sangre…-

-¡No! ¡Yo no me refiero a eso!-

-No te entiendo Candy, ¿qué quieres decir?-

-Ustedes siempre me hicieron menos, menospreciaron mi amor. Jamás les importó lo que yo sentía, y sabiendo que yo sí era su hija, preferían el amor de alguien ajeno-

-Ella no es ajena, es tu prima, es de la familia, ella es tu hermana, Candy-

-¡NO LO ES! ELLA SIEMPRE FUE LA PREFERIDA DE USTEDES, LA CONSENTIDA. HASTA UN CIEGO PODÍA VER CÓMO SE DESVIVIAN POR ELLA, COMO LA ATENDIAN Y LE HABLABAN, ¿Y YO? A MI ME TRATABAN COMO UNA PERSONA COMÚN, NUNCA LES IMPORTÉ Y JAMÁS LES IMPORTARÉ-

-¿Cómo te atreves a decir eso? Eres nuestra hija y por eso te amamos. No tenemos preferencia por ninguna de las dos-

-¡Ay mamá! No quieras venir a darte baños de pureza ahora, cuando toda la vida te has encargado en marcar la diferencia entre Mía y yo, a mí nunca me invitabas a salir como lo hacías con ella, a mí nunca me llevaste a ningún lado, jamás fuiste a mis eventos escolares y mucho menos a los partidos. Pero no fuera algo que hiciera Mía porque dejabas todos tus pendientes para correr a verla-

-Hija…-

-Tú tampoco has sido el mejor padre, a ella la miras con amor, la miras como si fuera la mejor hija del mundo, ella es tu hija perfecta, y no lo vayas a negar. Solo date cuenta de la cantidad de fotos y trofeos de ella que adornan tu oficina, ¡MÍRALOS PAPÁ! ¿Existe en este cuarto algún trofeo mío? Y no se te ocurra decirme que no tengo ninguno, porque sería mentir. ¡DIME PAPÁ! ¿TIENES FOTOS MÍAS AQUÍ? ¡DIMELO!-

Estaba fuera de mí, me sentía traicionada, burlada, ofendida. Me sentí de lo peor, no entendía cómo mis propios padres pudieran ofrecer amor a alguien más que no fuera yo; su propia hija, sangre de su sangre. Podía escuchar claramente como mi corazón se rompía en mil pedazos. Los veía a los dos a los ojos y esquivaban mi mirada; se sentían culpables, por una fracción de minuto me deleité con su sentir, me alegraba de que mis palabras tocaran sus corazones, era una lástima que el dolor les hiciera abrir los ojos.

-Candy…-

-Sigues sin contestarme, papá. ¿Hay algo mío aquí?- más lágrimas rodaban por mis mejillas y sentía el calor subir por mi cuerpo, el dolor de mis uñas enterrándose en mi mano era el menor de mis problemas. -¿Ahora queda claro cuál es la hija preferida? USTEDES ME HAN HECHO MENOS, ME HAN HUMILLADO, MIS PROPIOS PADRES ME HAN TRATADO COMO SI YO NO FUERA SU HIJA, COMO SI YO FUERA LA ADOPTADA, SE HAN EQUIVOCADO DE HIJA-

-Cariño, perdónanos por favor-

-¿Y SI ESTUVIERA MUERTA? DIME, MAMÁ, ¿SERVIRÍA DE ALGO QUE ME PIDIERAS PERDÓN CUANDO LOS GUSANOS SE COMIERAN MI CUERPO?-

-¡BASTA YA, CANDICE! LE ESTÁS FALTANDO EL RESPETO A TU MADRE-

-Y ustedes me lo han faltado a mí durante todo este tiempo, papá. Así que estamos a mano-

Nuestra conversación se vio interrumpida cuando escuchamos los aplausos de alguien más, giramos nuestras cabezas para encontrarnos con una miserable Mía. En algún punto de mi mente creí que mis padres estaban aceptando sus culpas y posiblemente ideando la manera en resolver y reparar mis sentimientos, pero todo eso se fue a la basura cuando los vi corres y abrazarla.

Mi corazón que ya estaba roto, volvió a sufrir y a quebrarse. Los vi abrazarla y llenarla de besos. Verlos me dio asco, me di la vuelta y caminé hacia el escritorio de mi papá, recargué mis manos en el mueble y lancé un suspiro.

-Estábamos tan preocupados. Nos tenías con los nervios de punta-

-Lo importante es que ya estás en casa, querida-

-Esto es increíble, ¿No le van a preguntar dónde ha estado? O mejor ¿Cómo fue que se salió de su centro de rehabilitación?- mi voz sonó tan ácida y golpeada que pensé me había convertido en otra persona.

-Mía-

-Tío-

-¿Lo sabes?- mi madre se llevó la mano a la boca y vi a mi padre cerrar los ojos y pasarse las manos por su cabello.

-Claro que lo sé, no soy tan estúpida… tía-

-¿Desde cuándo?-

-Desde antes de que me mandaran a Chicago-

-¿Y por qué nunca dijiste nada?-

-¿Para qué? No hacía falta, los tenía comiendo de la palma de mi mano, ustedes hacían lo que yo quería sin siquiera darse cuenta. Y hacerles saber que conocía la verdad solo haría las cosas… incómodas, además me gustaba ver cómo menospreciaban a Candy-

-Mía ¿cómo puedes decir eso?-

-¿Qué te ha ocurrido?-

-¿A mí? Nada, siempre he sido así, pero el amor que me tienen no les deja ver cómo soy en realidad. Siempre queriendo darme todo para que no pensara que era una recogida, una carga…-

-Nunca has sido eso, eres nuestra hija-

-No lo soy, y deberías de aceptarlo de una vez por todas- Mía dejó de mirar a mis padres y me enfocó, mi estómago sintió un vuelco a ver sus ojos; inyectados en sangre y en odio, ahora que reparaba mejor en ella me daba cuenta de que se encontraba desaliñada, y esto era algo inquietante y perturbador. Ella no estaba bien. –Candy, Candy, siempre la dulce, la buena niña. ¿Qué se siente que a pesar de eso tu novio prefiera estar con otra?-

Su comentario me tomó por sorpresa, ¿qué planeaba con decirme aquello? La vi achicar los ojos y mirarme de arriba para abajo y apretar la mandíbula.

-No entiendo qué fue lo que Anthony vio en ti, eres tan corriente, tan insulsa. ¡Por Dios, mírate! Tu cabello parece araña, y esa cara llena de pecas; estás horrible-

-Mía, mucho cuidado con lo que dices-

-Es la verdad, papá… digo, tío. Mírala, es fea, gorda y tonta-

-Tus comentarios no me importan en absoluto-

-Pequeña Candy, ni siquiera puedes defenderte-

-¿Qué pretendes con todo eso, Mia? ¿Qué llore?-

-Solo quiero que sepas lo patética que me pareces. Es una fortuna que Anthony me tuviera-

-¿De qué estás hablando, Mía?-

-¡Mía, responde!-

-Bueno, a petición del público- se tomó su tiempo para continuar, se paseó por la habitación y río; escuchar aquello me provocó escalofríos, fue como si una bruja estuviera en la habitación -¿Sabías que Anthony es un increíble amante?-

-¡Oh Por Dios! ¿Estuviste con el novio de tu hermana?-

-Sí, y no una vez, estuve con él durante varios, varios años-

Sentí que el piso se abría bajo mis pies y unas ganas de vomitar llegaban a mí como un vendaval, mis padres la miraban atónitos, y ella sonreía como si hubiera ganado el premio mayor. Tuve que hacer acopio de todo mi autocontrol para mantenerme firme y serena.

-Eso no es verdad. Estás mintiendo, Mía-

-¿Qué ganaría yo con mentirte, hermana? Solo estoy diciendo la verdad. Todo lo que tú no querías darle, yo se lo daba, si vieras lo bien que nos la pasábamos en tu cuarto...-

-YA ESCUCHÉ SUFICIENTE, CÁLLATE MÍA-

-No, ustedes querían escucharme y lo harán. Fui la amante de tu novio, me hizo suya, me visitaba en Chicago, yo lo visitaba todos los fines de semana, hicimos el…- el impacto de la cachetada le volteó el rostro, mi madre, que nunca utilizaba la violencia, estaba frente a ella con la cara hirviendo en coraje, su pecho subía y bajaba, los orificios nasales se abrían cada vez más, Pauna White se veía realmente molesta.

Mía llevó su mano derecha a la mejilla y la tocó, el rojo comenzó a marcarla, alzó la mirada y la fijó en la guapa rubia que la miraba con asco. Sin ninguna pizca de remordimiento, la menor apretó los puños y estuvo a punto de regresarle el golpe, de no ser por el señor White aquello hubiera terminado fatal.

-No se te ocurra ponerle una mano encima a la mano que te dio de comer-

-Ella me pegó primero-

-ESA NO ES EXCUSA PARA COMPORTARTE COMO UNA ZORRA. ES EL NOVIO DE TU HERMANA-

-No lo es, Pauna. No es nada, Anthony es mío, siempre lo ha sido. ÉL nunca te ha querido, solo eras un juguete para él, su distracción mientras yo volvía. Anthony siempre regresa a mí, no importa cuántas mujeres haya, él siempre me busca, he sido su mujer y el mi hombre. Me ha poseído como nadie lo ha hecho-

-¡SUFICIENTE! DEJA DE COMPORTARTE COMO UNA RAMERA-

-No te permito que…-

-NO, ÉL QUE NO TE PERMITE SOY YO. ESTA ES MI CASA Y TÚ NO TIENES NADA QUÉ HACER AQUÍ-

-Soy tu hija-

-Ya no más-

-No voy a permitir que sigas ofendiendo a mi esposa, a mi hija y a mi casa. Así como llegaste te irás-

-Esta es mi casa-

-No, no lo es. Ya escuchaste a mi padre, te vas a ir ahora mismo y jamás regresarás-

-Ustedes no pueden hacerme eso-

-¿Cómo puedes decir eso? Te metiste con el novio de Candy, nos has utilizado para vivir una vida sin problemas, con lujos y sin preocuparte por nada, ¿y cómo nos pagas? Lastimando a las personas que te han cuidado cuando más lo necesitabas-

-Soy una carga para ustedes y lo quieren disfrazar-

-Deja de hacer la víctima, ese papel no te queda, Mía-

-Estás dolida porque Anthony te dejó, ¿y cómo no hacerlo? No vales nada-

-La que no vale nada eres tú. Necesitas meterte en las relaciones de las personas para que te tomen en cuenta, necesitas vender tu cuerpo para que te amen. Y eso es lo que nos diferencia a las dos. Si quieres quedarte con él, hazlo. A mí no me interesa-

-Eres una sucia zorra, la hipocresía está pintada en tu rostro; hablas de no valer nada cuando te metes en las relaciones. Dime, ¿Cómo le llamas a lo que empezaste con Terry cuando él salía con Susana?-

Parpadeé, ¿Cómo era posible que Mía supiera eso? Escuchar de sus labios aquello fue como mil dagas enterrarse en mi cuerpo. Respiré profundamente y preparé con cuidado mis palabras. Mía sonreía al ver la cara de mis padres, y ellos me miraban sorprendidos.

-Candy ¿estás saliendo con el hijo de Eleonor y Richard Grandchester?-

-¿Y Anthony?-

-Ella lo engañó-

-¡NO ES CIERTO!-

-Admítelo, Candy. Eres igual que yo-

-Jamás, nunca seré como tú-

-¿Entonces cómo le llamas al quitarle el novio a Susana?-

-Candy, estamos esperando una respuesta-

-Ya habíamos terminado Anthony y yo-

-No me has contestado, hija. ¿Es Terruce tu novio?-

-Sí, pero yo ya había terminado con Anthony- no supe descifrar la mirada de mis padres, y no era momento para pensar en eso. La miré y vi que sonreía de nuevo, verla hacer eso solo me provocaba náuseas. -¿Ya estás contenta?-

-Sólo hasta que Anthony sea completamente mío-

-Ya te dije que te quedes con él, a mí no me interesa. Búscalo y cásate con él-

Fue solo una fracción de segundos, pero la vi flaquear y querer llorar. Se recompuso al instante y desvió la mirada para dirigirla al ventanal, apretó los puños y caminó hacia donde tenía su vista.

-No, necesito que primero se deshaga de su pequeño bastardo-

-¿Cuál bastardo? ¿De qué hablas?-

-¿No lo sabes? ¡De verdad no lo sabes! El muy cretino tuvo el descaro de acostarse con Susana y dejarla embarazada…-

Dejé de escuchar lo que siguió diciendo, en mi cabeza solo resonaban sus palabras. Ante las protestas de mis padres abandoné la casa justo en el momento que la policía llamaba a la puerta.

-Mía está adentro-

Fue lo único que dije y le llamé a Stear para que me llevara de nuevo al hospital. Tenía que decírselo a Terry.


Al morir Susana, Anthony había pasado a ser el asesino y Mía, su cómplice. El rubio por ser menor de edad fue recluido en un reformatorio y ella, por su condición mental fue internada en un hospital psiquiátrico.

PRESENTE

El entrenamiento de los chicos no terminaba, así que Candy y Eliza decidieron irse a sus casas.

Desde que Mía fue internada, la vida de la rubia cambió; sus padres le volvieron a pedir disculpas y comenzaron a construir una verdadera familia.

Candy subió a su habitación y se enfrascó en sus deberes, los cuales tuvo que interrumpir una hora más tarde gracias a la llamada del profesor Walter.

-¿Aló?-

-¿Es la señorita Candice White?

-Sí, soy yo-

-Soy el profesor Walter, Candy. Ya tengo tus resultados-

-¡Oh Dios Mío!-

-Recuerda que esto es algo informal, la dirección no lo sabe, así que no tendrías porqué ir a la escuela por los resultados, y como quiero que disfrutes tu fin de semana, haré una excepción al comunicártelo por teléfono-

-Sí, pero antes de que me lo diga, le quiero agradecer, sea cual sea el resultado lo aceptaré-

-Me alegra escuchar eso, porque tendrás que aceptar que sí pasaste el examen-

-¿De verdad?-

-Sí, hay unos errores pero es comprensible, en general los resultados son muy satisfactorios. Candy muchas felicitaciones-

-Muchas gracias profesor, le prometo que el siguiente semestre le pondré todo mi esfuerzo-

-Lo sé, señorita White. Me despido, que tenga excelente fin de semana-

La ojiverde se debatió entre decirle a Terry mediante un mensaje o esperarlo hasta que se vieran por la noche. Lo pensó mejor y se decidió por lo segundo.

Las horas transcurrieron en una tarde tranquila para todos, lo que había pasado les había servido para afianzar los lazos de la amistad y del amor. Sabían que los obstáculos seguirían, pero estaban convencidos de que juntos podrían superar cualquier cosa.

Salió del baño y se cambió, le quedaban treinta minutos para que Terry pasara por ella, y hacerlo esperar era algo que no haría, bueno, de vez en cuando, aunque fuera para molestarlo.

Cepilló su cabello y maquilló un poco su rostro. Tomó su cartera y bajó las escaleras.

-¿A dónde vas?-

-Iré con Terry al cine-

-Cuidate mucho, hija-

-Sí mamá-

El timbre sonó y corrió a abrir la puerta; sonrió al verlo tan apuesto. Se acercaron para saludarse y se despidieron de la señora White; que desde la ventana los miraba.

-Sé que dije que iríamos al cine, pero primero quiero llevarte a una parte-

-Está bien. Además tengo una sorpresa-

-¿Sí? ¿Qué es?-

-Si te digo ya no será sorpresa-

-Bien jugado, pecas-

-¡Terry!-

El camino fue tranquilo, entre risas y pequeñas caricias llegaron al lago al que Terry llevara para confesarle sus sentimientos, se bajaron y buscaron un lugar en el que pudieran sentarse. El atardecer pintaba el lago, y le daba un toque romántico, la brisa del lugar acompañaba a los enamorados mientras se sentaban en el pasto.

La espalda de Candy quedó en el pecho de Terry, que pasó sus brazos por la cintura de ella, recargó su barbilla en el hombro femenino y aspiró su aroma, la chica giró un poco su rostro y sus labios se encontraron.

-El profesor Walter me llamó-

-¿Y qué te dijo?-

-Que gracias a mi tutor pude pasar mi examen-

-¡Te lo dije, pecosa! Te dije que lo pasarías-

-¡Ay, Terry! Ya te dije que no me gusta que me digas pecosa-

-Pero me encanta. ¿Entonces gracias al tutor pasaste? Debe de ser un genio-

-Es un engreído-

-Pero lo amas-

-Quizás-

-¿Quizás?-

-Quizás siempre lo haga-

-Siempre-

-Para siempre-

-Aunque si muero, creo que será de amor por ti-

-Te amo-

-Y yo te amo a ti-

FIN


Esta historia ha llegado a su fin. Me llena de mucha emoción y orgullo que fue de su agrado, que esperaron el tiempo necesario para cada capítulo. Gracias infinitas a cada una de ustedes que con sus comentarios me motivan a seguir escribiendo. Lamento que tuvieran que esperar muchas semanas por los capítulos, pero el trabajo y la vida personal tambien demanda tiempo.

De verdad que gracias infinitas a cada una de ustedes, a las que dejan mensajes, y a las que no. A todas ustedes muchas gracias.

Dios me las bendiga hoy, mañana y siempre.

GRACIAS TOTALES.