Los personajes de Resident Evil no son míos, (sigo molesta con el tema de Steve Y Wesker tuviera una muerte más digna) son de CAPCOM. Pero la idea y la trama de esta historia sí. Díganlo conmigo chicos: Queda prohibido la reproducción de esto sin la aprobación del autor y ¡que muera el plagio!
Sin más los dejo con la lectura
The War of Seduction
Capítulo 2: Citas.
[Tanteando el terreno desconocido]
.
Leon Kennedy suspiró satisfactoriamente notando el relajante clima tras la ventana de su oficina. Las copas de los árboles meciéndose lentamente creaba una imagen tranquila, algo habitual de Raccoon City. Retrocedió cuatro pasos atrás observando el escritorio de madera y el portafolio negro. Quería irse a descansar pero Steve había llamado para reunirse y contra todo pronóstico ahí estaba .
El rubio gruñó, aferrando entre sus manos un portafolio negro. Lo colocó sobre la mesa, quitó los seguros y sacó varias carpetas color manila que contenían varios archivos para evaluar. Era policía, su trabajo no le permitía tener algún descanso coherente ni siquiera cuando al fin le habían aprobado las vacaciones. ¿Qué hacía perdiendo el tiempo esperando a un idiota? Horas atrás recibió la llamada colérica del pelirrojo, las absurdas quejas del porqué diablos se habían perdido la boda de los Wong y, luego lo habían citado en su despacho con tanta tranquilidad que no era nada natural de Steve.
–Ese bastardo es realmente molesto… –se masajeó el cuello, intentando controlar el estrés. –espero sea importante o si no le patearé el trasero.
Leyó el primer expediente malhumorado, evaluando el caso perdido de un convicto acusado de asesinato en primer grado y del cual le tocaba testificar a favor gracias a las órdenes del abogado. Aunque las pruebas estaban en su contra Steve tenía fe en que aquel tipo era inocente.
–Maldición… –murmuró, y dejó caer la cabeza hacia atrás.
–Creía que estabas en Raccoon para olvidar tu trabajo, oficial Kennedy. –habló alguien que entró a la habitación. Leon cerró los ojos ante el crudo sarcasmo del hombre. Frunció el ceño y lo escuchó sentarse frente a él.
–Hola Jake, han pasado años sin verte ¿quieres una taza de café? – añadió mordaz, mordiéndose la lengua. – siento no recibirte con el almuerzo preparado cariño, tengo trabajo como podrás ver y ese maldito de Steve lleva veinte minutos retrasado, si vienes a molestar te advierto que estoy de pésimo humor.
Abrió los ojos. Se encontró con un hombre de cabello rojo corto, casi militar. Sus ojos grises lo miraban acompañados de una sonrisa irónica por el comentario y traía consigo una camisa de vestir negra, acompañado de unos jeans mezclilla. Los zapatos negros le hicieron recordar que Jake Muller nunca sería alguien común por mucho que lo intentara. Todo él exudaba autoridad como su figura paterna, y siendo hijo del ex director de Umbrella era un bonus menos favorecedor.
El pelirrojo observó al policía, examinándolo detenidamente. La llamada de Steve el día anterior todavía resonaba contra su oído, le recalcó la falta sobre el matrimonio de los Wong y seguro tanto él como Leon desconocían la insistencia de Burnside con respecto a la temática. Se recostó en el asiento libre, jugueteando con el resto de los papeles sobre la mesa y ello enojó al rubio. No le dio demasiada importancia, seguro él igual tenía la misma expresión en el rostro pues si algo detestaba del pelirrojo hombre era que Steve tenía la capacidad de convencer a las personas de participar hasta en los eventos menos pensados.
¿Dónde estaba Chris Redfield cuando se necesitaba? Si alguien podía controlar la estupidez del abogado además de Kennedy era sin duda ese hombre, aunque odiarla admitirlo.
–Jake este no es el momento para revisar mi documentación cuando puedo hacerlo por cuenta propia. –habló el rubio con la vista en el informe. En respuesta le sonrió mordaz. Si Steve iba a llegar tarde, se conformaría con fastidiar la fuerte paciencia de Leon Kennedy.
–Lo siento señor Kennedy –se disculpó, sin sentirlo realmente. –. Olvidé que estoy tomando vacaciones y existen personas que no pueden hacerlo como quisieran.
Apretó los puños. Jake era un bastardo arrogante, pero no mentía. Si estaba encerrado en el despacho era porque Ingrid Hunnigan llegaría pronto y la papelería todavía no estaba firmada según el protocolo. Antes de siquiera defenderse la puerta se abrió nuevamente. Dejó ver al abogado Steve Burnside con su típico traje beige, se desabrochó el nudo de la corbata y tomó asiento como si no hubieran esperado dos horas por él. ¿Por qué seguían siendo amigos de alguien tan poco convencional?
–Más te vale tener buenos motivos para hacernos esperar, Burnside –reprendió el de los ojos grises, dejando los papeles de Kennedy en su lugar. El pelirrojo atinó a sonreír en son de disculpas pero lo conocía, algo tramaba y los estaba involucrando sin consentimiento previo. –pensaba que odiabas las informalidades colega.
–Y tienes razón Muller, como abogado debo respetar las reglas. –sin embargo sabía que ninguno le dos iba a creerle, entonces solo le quedaba continuar con el plan. –Me he disculpado por el retraso, pero lamento decirles que debemos movernos y esperar… otra vez.
–Espero tengas un motivo válido, lo suficiente para no terminar el reporte de Hunnigan –intervino Leon por primera vez, uniéndose a la conversación –de lo contrario me quedaré.
Steve se encogió de hombros. Si pensaba que lograría asustarlo con palabras técnicas estaba muy equivocado. Era abogado, una de sus funciones radicaba en convencer a las personas y Leon jamás sería una excepción.
–Debes confiar en mí Kennedy.
Palabras cortas con dos tipos de significados. El rubio sabía el tipo de técnica, solía usarlo cada vez que se quedaba sin ideas para comprobar su punto. El silencio se apoderó del ambiente y por un segundo pensó en marcharse, más su instinto curioso le dijo que aquello fuera algo importante para llamarlos. Suspiró derrotado y cerró el maletero.
–Está bien.
…
El aeropuerto de Raccoon city a esas alturas de la tarde no estaba tan concurrido como hubiera imaginado. Varias personas entraban y salían acompañadas con diversas maletas de distintos tamaños. Los extranjeros pasaban el lugar de pruebas para evitar que cosas ilegales entraran a la cuidad desde las anomalías de Umbrella, una compañía farmacéutica acusada de tráfico de medicamentos dos años atrás y de la cual parecía recaer sobre cada persona que vivía en la ciudad.
El ruido de los motores distrajo a Claire Redfield de encontrar a la hermana de Carla entre la multitud. Alzó la cabeza pero solo encontró una mesa rectangular donde Sherry Birkin Y Rebecca Chambers, dos sillas atrás, leían lo que le pareció unas revistas viejas en la zona de espera. Su otra compañera rubia no daba señales de aparecer y cuando el móvil vibró supo que Jill Valentine tampoco asistiría al reencuentro, incluso cuando la misma Ada Wong llevaba dos horas sin aparecer.
–Al parecer llegaremos tarde – escuchó hablar a Sherry, quien dejó la revista sobre la mesa, cosa que le permitió examinarla con lentitud. Su rubia compañera vestía un sencillo vestido color azul cielo, el cual le daba un tinte inocente, a comparación de Rebecca, quien lucía entretenida con el móvil. –Espero que Ada llegue pronto, me aburre la espera.
–Billy se enfadará por la hora. – se quejó Chambers. Claire al hizo una mueca ante el comentario y le rodeó los hombros divertida.
–Llegaremos Sherry, no te preocupes, aprende de Rebecca que solo espera nuestra partida para marcharse a una cita.
–Eso no es…–dejó la palabra al aire y encogió los hombros. No tenía sentido hacerla entender. –Sólo quiero conocer el terreno si participaremos en una absurda guerra de género.
–Además Billy Coen parece ser difícil –secundó Sherry, llevándose la mano al mentón, pensativa. –, y perder en un reto que tu aprobase es algo que nadie quiere hacer, considerando las circunstancias.
–Entonces debes ser precavida Rebecca, son simples hombres de ciudad que están dispuestos a ganarnos una guerra, y eso no lo podemos permitir.
–Eso lo sé –Respondió, tranquilizado a la pelirroja. –. Aunque sinceramente todavía estoy a tiempo de retractarme antes de que algo salga mal.
Sonaba estúpido, pero aquel juego tonto ya no le parecía tan divertido como la noche anterior. Se sintió tentada a decir algo más fue interrumpida por el sonido de una maleta arrastrándose frente a Rebecca y alzó la mirada para encontrarse el semblante tenso de una mujer castaña similar a Carla. Ambas tenían cabello castaño y ojos verdes, pero había Algo en Ada que la volvía diferente. Tal vez fuera su carácter arrogante o el hecho que no residía en Raccoon como su hermana.
–Bienvenida Wong, pasó un largo tiempo. – saludó Claire, dando un paso hacia ella y soltando a Rebecca del fuerte agarre, cosa que agradeció. –Rebecca llegará tarde a su cita Ada, no querrás verla enfadada si seguimos retrasándonos.
–Si, claro –respondió la mujer, sonriendo suavemente ante lo trillado de la oración. –. No creo que ambas estén aquí por voluntad propia así que te siguieron decirme la verdad Redfield. Y porfavor no quiero saber nada del ridículo hermano tuyo.
Sonrió, aunque ¿Dónde estaba Chris?
. –En realidad también tengo una cita, si no se ha puesto de malas con mi retraso. – le guiñó el ojo – tú y Sherry serán mis acompañantes
Ada desvió su atención y esperó el reclamo de Rebecca o Sherry sobre la temática pero nada sucedió. Cosa extraña, las dos mujeres eran personas sensatas a comparación de Claire y dudaba que ellas estuvieran de acuerdo. Si obedecían de esa manera sin rechistar seguro Claire continuaba manipulando personas bastante bien
–Comenzaste la diversión sin mi consentimiento Redfield, otra vez – reprendió arrastrando la maleta en dirección a la salida del aeropuerto, acompañada del resto. Se detuvo ante la puerta correrías, mirándola por última vez. – ¿Qué demonios estás tramando Redfield?
Claire paró en seco ofendida.
–Por ahora planeo llevar esto en paz, Ada – cruzó los dedos. –Además mis dos compañeras estuvieron de acuerdo durante la boda, no pueden abandonarme sólo porque has llegado.
–No tuvimos otra opción. –sonrió Rebecca, avergonzada y la gemela sonrió, comprobando su punto. Continuó observando los automóviles transcurrir fuera del aeropuerto. –aunque puede salir algo productivo Ada. Siempre podemos esperarte para comenzar nuestros planes.
Si, definitivamente Claire era una mala influencia.
–De acuerdo. –cedió a la par que Sherry le entregó el mapa de la cuidad. ¿qué tanto podía cambiar en dos años para necesitar uno? –Ahora dime a dónde vamos.
–Es una sorpresa. – le guiñó el ojo comenzando a caminar hacia el exterior con el resto del equipaje. Sintió el aire caliente del exterior y sonrió. – sé paciente Wong.
–Rebecca, Sherry…–llamó y suspiró derrotada al verlas encogerse de hombros. Si no quedaban opciones debía ceder o pasarse la tarde con Carla, lo cual no le agradaba demasiado. –. Tú ganas, solo espero que no sea alguna estupidez tuya y tengamos problemas como la última vez.
–Será mejor Ada. Te lo garantizo.
…
Odiaba a Steve Burnside. Así, en seco, lo odiaba por ser un idiota sin remedio.
Leon Kennedy apretó los puños contra la mesa del restaurante donde según su compañero era el punto de reunión. A su criterio era demasiado costoso y elegante, haciendo claro contraste con los documentos del caso que continuaba sin terminar y por fin su paciencia estaba al límite. Se mordió la lengua haciendo caso omiso a las personas que lo miraban, preguntándose porque demonios había un policía entre dos personas elegantes, cosa que le generaba dolor de cabeza.
Jake observaba su copa tratando de descifrar el rato de Steve sobre el día anterior. Según él la boda de los Wong le resultaba beneficiosa para todos y pese a no entender por completo el significado de sus palabras logró captar otras cosas importantes, como el final de la ridícula historia.
–Entonces fuiste a la boda y te conseguiste una cita. –resumió intentando procesar una tontería tras otra e imaginando a los otros participar en ella. –Si comenzaste tu cacería estás verdaderamente desquiciado Burnside.
El abogado sonrió, moviendo su copa de vino de un lado a otro perdido entre en penetrante color de su bebida. Llevaban media hora esperando y sus compañeros por fin mostraban signos de aburrimiento, cosa que imaginó desde el comienzo. Tratar con Leon Kennedy y Jake Muller era casi igual que tener al bastardo Redfield o peor. De lo contrario los documentos de Kennedy no estuvieras sobre la mesa o usaría algo más que su traje de policía. Aunque a él parecía no importarle ni un poco las opiniones de terceras personas a ellos tampoco.
–Te equivocas Jake, en realidad fue verdaderamente interesante…– opinó, dando un sorbo a la bebida. –. Es la hermana de Chris Redfield.
¿Acaso era demasiado pedirle pensar lo que hablaba? La oración era demasiado enfermiza, inclusive para él. Steve amaba las cosas imposibles, pero que quisiera tantear aquel terreno solo por enojarlo realmente era desquiciado.
Y tampoco sonaba mal.
. – Si Redfield te escurara ya tendrás una bala entre tus cejas –comentó, le dio varios golpes a la madera con los nudillos. –y si mal no recuerdas tienes un inconveniente dado que Chris es soldado ¿recuerdas?
Pero Steve no lucía como si aquello le atemorizara. Conociéndolo estaba emocionado de tocar aguas prohibidas dada su naturaleza imprudente.
–Chris tiene con qué entretenerse Leon.
El pelirrojo Muller lo observó con detenimiento. Todo su círculo de amistades conocía al castaño capitán del ejército estadounidense, era un hombre sobreprotector lleno de esteroides que todavía le desagradaba porque era amante enfermizo de las reglas y el enemigo natural de Albert Wesker. Algo no pareció encajar dentro de la oración. Steve pareció comprender sus dudas.
–Conoció a una mujer en la boda. –eso si era nuevo, ¿Chris interesado en el sector femenino? No, definitivamente algo se estaba ofreciendo en algún lugar. –. Su nombre es Jill Valentine y al parecer ambos muestran interés.
–Siempre pensé que admitiría su homosexualidad algún día, siempre se la pasa con el cachorro Nivans – dejó salir el contenido de sus pulmones divertido. Nada era más gratificante que criticar al Redfield. –. Estaba esperando que lo admitiera, pero me equivoqué.
–Jake…
Leon sonrió y se sintió tentado a opinar pero fue interrumpido por tres figuras delgadas desconocidas Miró a Steve esperando le dijera que estaba sucediendo. El pelirrojo se levantó de su asiento y le dio la mano a una pelirroja, quien tenía vagamente algunas facciones de Chris. Sólo entonces, al verlas con elegantes vestidos comprendió el motivo por el cual estaban ahí: El bastardo los había metido en una cita.
–Hola Claire, damas –saludó. – ellos son mis compañeros que faltaron ayer.
Logró a una mujer rubia de ojos azul cielo que traía consigo un vestido blanco hasta las rodillas. La otra un traje sastre color rosa pálido. De las tres solo conocía la pelirroja por el inminente parecido a Chris. Ladeó el rostro, se topó con dos ojos verde intenso que le parecieron analizarlo de pies a cabeza, sonriendo mordaz al ser el único con uniforme de los tres. Claire saludó a Steve, el cual tenía una camisa elegante de vestir y pantalones a juego, como si ellos lo hubieran planeado desde el principio. Seguro así era.
–Caballeros, ellas serán su compañía esta noche. –el pelirrojo inició la conversación, poniéndose de pie. –Como podrán ver somos seis personas y varios son recién llegados, así que haremos las cosas interesantes.
Apuntó en dirección al otro pelirrojo. Jake apretó los dientes mientras él seguía hablando. –Muller, acompañarás a Sherry Birkin.
Ella sonrió a regañadientes.
–Hola Jake – saludó, señalando una mesa disponible varios asientos tras el rubio policía. –te propongo ir a otro sitio. No me gusta la publicidad
–Bien.
Steve parpadeó dos veces e irguió la postura. Con Jake fuera del camino quedaba continuar la jugada.
–Ustedes dos estarán aquí… – ordenó. Leon gruñó en respuesta. –dejemos que se conozcan mientras te invito un paso en mi automóvil Claire.
–Suena bien.
Ada tuvo dos segundos para analizar la situación.
El rubio policía regresaba la atención a los papeles, generando un silencio cómodo el cual decidió aprovechar mientras su compañera partía a otra dirección acompañada de ese tal Steve. Sintió ganas de preguntarle qué demonios pasaba pero estaba tan tenso que seguro estuviera igual.
Jake observaba su copa tratando de descifrar el rato de Steve sobre el día anterior. Según él la boda de los Wong le resultaba beneficiosa para todos y pese a no entender por completo el significado de sus palabras logró captar otras cosas importantes, como
–Este es el lugar menos indicado para trabajar…- comentó de la nada, sentándose en el asiento libre y ojeaba la carta sin verlo a los ojos. –bien policía, tienes un minuto para decirme porqué hemos sido partícipes de aquella cosa estúpida. Además el papeleo no es etiqueta apropiada para una cena.
–Este papeleo es para pelear mis vacaciones, pero no servirá de nada si Steve me pisa los talones. –respondió calmadamente, todavía concentrado en el trabajo. – ¿Qué me dices de ti? Si tu compañera nos dejó cerca de la rubia es porque seguro no conoces la ciudad y necesitas regresar al hotel.
Ella asintió, satisfecha con la elección de palabras.
–Vaya, impresionante… – concedió, dejando la carta sobre la mesa. –Recién llegué hace unas horas a Raccon, pertenezco a Lanshiang y trabajo como agente privado.
– ¿Desean ordenar algo de beber? – Interrumpió el mesero. Ada asintió, ordenó la especialidad del lugar y Leon hizo lo mismo, mirando detenidamente a su acompañante. Estaba vestida con un vestido de tirantes color negro corto, que no le daba la imagen de su profesión. Se sintió idiota, seguro debía verse igual llevando traje de policía en una reunión casual.
–Supongo que no me crees – comentó cuando el mesero se marchó con las órdenes. –, aunque es la verdad.
– Ser agente privado indica dedicación y trabajo rudo. – dejó los papeles y procedió a guardarlos dentro del maletín. –Es interesante, Ada.
–Opino lo mismo, señor Kennedy… –respondió, mirando el apellido bordado en el uniforme. – Claire puede ser molesta, pero sabe elegir buenas compañías aunque te advierto que el único calmo de los dos pareces ser tú.
La mujer era astuta. Un punto para perdonar a Steve.
–Cuándo la cena termine ¿Quieres visitar Raccoon? El parque central es digno de visitar para turistas como nosotros.
–Solo si regresamos por Sherry – informó, el asintió y el mesero llegó con sus pedidos. –entonces acepto que seas mi guía, Leon.
Sonaba sencillo ¿Qué podía salir mal entonces?
…
Jake Muller miraba su plato, perdiendo la cuenta de cuantas veces llevaba haciendo lo mismo en los siguientes treinta minutos. Sherry bebía cuidadosamente del café entre sus manos ajena al mar humor que le surcaba el cuerpo. Leon sentado dos mesas frente a ellos conversaba algo que no lograba escuchar, pero lucía satisfecho con la castaña mujer y ello le crispaba los nervios.
–Entonces así pasaremos la noche... –escuchó la voz femenina hablar, todavía con la bebida caliente. – señor Muller, le recomiendo hablar o de lo contrario me dejará como una idiota.
Sherry esperó una respuesta, Jake se reclinó contra la silla frotándose las sienes en señal de fastidio. La camisa gris perla le daba un atractivo poco convencional que le recordaba al hermano de Claire cuando solía visitarla.
–No la conozco señorita Birkin – paladeó el apellido. Sherry lo miró unos segundos, casi jurando que lo odiaba como si lo hubiera escuchado de otro lado. –le sugiero comenzar la conversación porque si usted queda como idiota, yo seré el malo de la película y no quiero escuchar las estúpidas reprimendas amigas.
Ella sonrió.
–Comencemos con conocernos. –sugirió. – ¿A qué se dedica señor Muller? Seguro tiene una empresa o trabaja para, solo los ejecutivos tienen esas tendencias de sobresalir, incluso si es algo tan trivial como una cena.
Jake le imitó la mueca, mirándola detenidamente, casi sin vacilar. Su mirada penetrante le causaba interés. No todos los días se conocía a una persona arrogante que hablara más de tres palabras sin sentirse superior que el resto.
–Nada mal, Sherry – se reclinó, apoyando ambos codos contra el mantel blanco de la mesa. La rubia observó tal contraste con interés. –Soy contratista de china y tú seguro manejas las finanzas o trabajas en una compañía importante.
Las palabras masculinas hicieron efecto. Tal vez ella no fuera parte de algo sobresaliente. Sus padres por el contrario solían manejar una de las mejores compañías en Raccoon antes de su caída. Y que él pudiera notarlo era porque nunca escaparía del legado familiar por mucho que intentara.
Pese a eso rio, confundiéndolo unos instantes.
– Lo siento señor Muller está demasiado lejos de la realidad –se inclinó imitando la misma posición. Sus ojos observaron las acciones masculinas casi sin parpadear. –. Mi oficio es ser un Chef de alto prestigio en uno de los mejores restaurantes de Londres, siendo decepcionarlo si es algo trivial para sus expectativas.
Él sonrió. No se conocían de ningún lado, aunque el apellido de Sherry le recordara terriblemente a los mejores amigos de Albert Wesker habían pocas posibilidades de relacionarse entre sí.
–Descuida… –retomó nuevamente la distancia entre ellos, ella volvió su atención al café. –. Eres de Londres y visitas Raccoon city, eso quiere decir que asististe al matrimonio de los Wong ¿Cierto?
¿Qué tomaba ese hombre para deducir las cosas con tanta facilidad?
–Aciertas otra vez, impresionante. –el mesero les dejó sobre la mesa los platillos. Ella pausó unos segundos antes de continuar. –pasé dos años sin contacto alguno hasta que se presentó esta oportunidad y no pensé demasiado, tomé un avión e incluso Ada aceptó a pesar de vivir en otra parte del mundo solo por la invitación de Claire a Raccoon city.
Jake cortó la ternera su plato, intentando recordar quien era esa tal mujer. Sherry continuó revolviendo suavemente la bebida entre sus manos, degustando el fuerte aroma tostado que desprendía. Ello concordó con la profesión, solo las personas expertas en la materia disfrutaban esas pequeñas cosas insignificantes. Serena, con la intención de pasarla bien y socializar.
Ella entendió su confusión. Le sonrió suavemente.
–Es la mujer pelirroja que se fue con tu amigo – respondió. Alzó el dedo índice y señaló a la mujer restante. –ella se llama Ada Wong, la gemela de Carla Radames, pero todavía nos las conoces. A pesar de ser similares tienen caracteres muy diferentes.
–Ya veo, la cita de Steve. – escuchó a Leon resoplar desde lo lejos. – él es Leon Kennedy, pero mejor hablemos de tu restaurante o del cómo esa tal Ada te abandona como si no le importaras.
La rubia parpadeó dos veces antes de entender a que se estaba refiriendo. Wong se levantó del asiento, tomando rumbo a la salida y se preguntó si Ada recordaba que ella ya no era parte de Raccon desde los quince años.
–Sobre eso… –suspiró –. Tengo visitas internacionales, Londres abarca distintas artes culinarias. En resumen es un estable, puedes comprobar mis habilidades culinarias cuando quieras.
El comentario sonaba sincero. Sin segundas intenciones pero de alguna forma atrevido.
–He visitado docenas de restaurantes Birkin – ella frunció las dejas. – si puedes apaciguar un paladear exigente lo estaré esperando. Ahora dime ¿Cuáles son tus supuestas habilidades?
–Se distinguir los ingredientes sin fallo alguno… –presumió orgullosa y él le entregó su plato. Le gustaban los buenos retos y al parecer a Sherry Birkin también.
Otro punto para no matar al pelirrojo.
–Entonces apostemos.
La rubia tomó el plato entre sus manos. No era normal comer del mismo plato que un desconocido pero él cortó la carne con su cuchillo y extendió el trozo de carne. Ella lo miró antes de llevárselo a la boca, cerró los ojos repasando mentalmente la contextura mientras y tras varios segundos lo miró sonriente
– ¿Y bien rubia? –presionó Jake
–Es ternera señor Muller, tiene una mezcla de hierbas donde destaca el azafrán y está cocida a punto medio con verduras pre cocidas al vapor, las cuales siguen en su plato sin habérmelas dado. – él asintió. –espero haya quedado claro, soy buena en mi trabajo. Ahora hablemos sobre ti.
Vio al tal Leon pagar la cuenta. Si, Ada la dejaría sola y no le parecía tan mal la idea teniéndolo a él.
– Es un trato justo. –comenzó sin darle importancia aunque la rubia parecía satisfecha con el rumbo de la conversación. – Trabajo en Tatchi, una ciudad de China donde formé mi propia empresa. Es tedioso pero hay buena basta.
Y así se apartaba de su padre. Mientras menos contacto tuviera con Albert mejor.
–Vaya, esperaba una descripción detallada sobre fortunas cuantiosas –confesó ella divertida. –, algo me dice que a pesar de ser arrogante tienes tus momentos modestos Jake Muller.
–Me interesa el trabajo, nada más. –bebió despacio su Martini seco. –Steve en cambio es un idiota incontrolable y aun así el bastardo tiene un buen puesto. Es bogado en Washington contra el pesar de Leon, que es policía.
–Tienes amigos interesantes – le palmeó el hombro. –son personas buenas.
–Sí, aunque es algo estúpido que Steve me consiga una cita con el fin de colgarse a esa mata pelirroja con falda.
Sherry sintió la vergüenza treparse furiosa contra su rostro. Se daba la idea desde el aeropuerto, pero que Jake lo dijera tomaba otro sentido diferente. Era estúpido, ya quería marcharse lejos para estrujar el cuello de Claire Redfield por hacerles algo ridículo como una cita a ciegas.
–Muy estúpido, si –concordó. –pero no fue tan malo ¿Cierto?
Jake se inclinó, dejando caer los labios sobre su oído.
–Es una idea tonta, pero no estuvo mal –ella sonrió y él se levantó. –Ahora la llevaré a casa señorita Birkin.
Ella asintió ¿Qué podía salir mal?
…
Claire Redfield se dejó caer contra el cómodo asiento del copiloto, reclinándose para tener mejor visión del hombre que conducía por las calles de Raccoon City disfrutando la brisa nocturna. Debía admitir que pese a los comentarios de Chris sobre Steve Burnside, el hombre era agradable y ruidoso, nada comparado con los ejemplares del restaurante, donde esperaba que ambas mujeres sobrevivieran sin ponerle una pistola en la cabeza.
–Dejarlos solos fue tu idea pelirroja – reclamó Steve, mirando desde el espejo. – ellas estarán bien, Leon y Jake podrán ser desinteresados pero pueden charlar sin preocupaciones.
Ella siguió observando el tráfico de la ciudad.
–Tenemos un pacto Steve para despejar a nuestros compañeros –recalcó, recordando las miradas masculinas. No tenían ni una pizca de paciencia como el hombree que conducía hacia el parque central como si conociera Raccoon city de toda la vida, aunque seguro fuera por el GPS. –. Además Ada y Sherry son perfectas. La gemela de Carla sabrá batallar contra ese insípido policía, el otro caerá ante la neutralidad de Sherry, estoy segura.
–Ya veremos – Steve estacionó el automóvil. –Bien aquí estamos, el parque de Raccoon City. Pero antes hablemos un poco, ya sabes, para conocernos.
Cierto. Todavía seguían siendo desconocidos.
–Buen punto –la mujer se desabrochó el cinturón. – durante la boda hablaste con tus amigos sobre irte a descansar en un hotel, por ende no eres de la ciudad.
El pelirrojo dejó caer su cabeza hacia atrás. Estaba cansado, pero la mujer era demasiado inteligente que logró captar atención con esas simples palabras. Eso y el traje de vestir color negro, el cual dejaba ver un claro contraste contra la piel fémina blanca.
– Así es pelirroja, trabajo como abogado en el contaminado lugar de Washington. Leon me ayuda con los casos al ser policía, pero trabajamos en zonas diferentes del distrito.
Ella siguió atenta las reacciones del pelirrojo. Tenía el ceño fruncido disgustado con la idea de trabajar con ese tal Leon Kennedy.
–Eso no parece hacerte feliz.
–Leon suele enviarme demasiados casos al juzgado… –soltó mosqueado con el recuerdo. – y ni hablar de Jake cuando las finanzas rebasan el presupuesto, son tan desconsiderados que a veces son demasiado estresantes para su propio bien.
Eso le pareció explicar la inasistencia de boda.
–Tal vez debamos decirles que los usaremos para una guerra –sugirió. Steve negó y procedió a salir del auto sonriente.
–No lo creo, será divertido ver sus expresiones cuando se den cuenta.
…
Tomó con brusquedad el cuello de la camisa azul, rozando con la punta de los de los dedos las letras blancas del uniforme, preguntándose cómo rayos la situación se había salido de control. El hombre, pegado contra ella le respondió su pregunta abriendo la boca para mantener la intensidad del beso e introdujo su lengua. Casi sentía lástima por Sherry al dejarla sola contra el chico Wesker. Estaba segura que Jake no le habría dicho nada y estaba bien. Al fin podía tener un encuentro grato en el parque central de Raccon City sin Claire revoloteando como un molesto mosquito.
–Ada… – Leon se separó unos centímetros. Sus ojos azules lucían serenos y ello le agradó. No era un hombre que resentía sus acciones. – debemos parar.
–Tienes razón. –sin embargo volvió a impactar contra el rubio. –No pareces tener queja señor Kennedy.
Oh, pero si lo hacía.
–Chris se enfadará si se entera – el mencionar del hermano de Claire causó el efecto deseado. Ada lo soltó y se alejó dos pasos. – Tal vez debemos buscarlo antes de que él encuentra a Steve con su hermana.
Los eternos dilemas morales. Durante el camino Claire le había mencionado pocas cosas del agente oficial Kennedy y según ella, era alguien racional apegado a las normas, el tipo de persona con afición al trabajo y un reto en todas sus letras.
Interesante. Muy interesante.
El rubio alzó el mentón mirándola con desgano e interés. Ada Wong no era del tipo de mujer que recibiera un no por respuesta, pero seguía siendo una mujer digna de apellido. Bastaría, su trabajo como policía se complicaría y prefería apartarse cuando todavía tenía oportunidad.
Para ser una cita se habían saldado varios pasos.
–Entonces será mejor irnos. –le extendió la mano. –sígame señor Kennedy.
El contoneo de las caderas femeninas lo distrajo unos segundos. Maldición, estaba en problemas si Ada seguía a su lado.
Pero no caería. Era Leon Kennedy
– Ada…
–Hemos acabado, démonos prisa.
Leon se encogió de hombros.
–Está bien, tú ganas, primero daremos un paso en el parque.
Tomaría tiempo, pero la guerra cada vez se ponía interesante.
Ah, las citas. Siempre se podía conocer cosas nuevas de ellas.
.
.
Lo sé, lo sé. Ha pasado tiempo desde que publiqué el capítulo anterior. Están en su derecho de amenazarme (Yune69, te espero xD) volviendo a otras cosas…
¡Hola! Me pone feliz ver que les ha gustado mi nueva (Y loca) creación, y a pesar de no tener muchos momentos románticos (Y dudo que tenga muchos, la mayoría serán "atrevidos") la guerra se desatará lentamente xD
¡El Aeon presente! Después de dejarlo prácticamente olvidado en Sorority Row aquí está la recompensa, estoy trabajando en LAD para los que siguen la historia
Respondiendo los comentarios…
Aniithaalopez: Hola linda, me alegra enorme que te haya gustado, espero que esto sea de tu agrado.
Christabell: lo que tanto querías y ahora lo tienes n.n, espero que te guste.
Fede Kennedy: ¡Mujer! Hacía tanto que no te veía por estos rumbos, pero me alegra saber que lees la historia aunque no dejes comentario (lo valoro, enserio)
Arii-Chan x3: Por los unicornios amarillos de cabello rosa montados en bicicleta (?) aquí tienes el segundo capítulo
CandeEsp: Me pone feliz ver tu comentario, sobre todo porque esta historia está dedicada para ti :)
KIMMY: me alegro que te guste el Helena/Piers
Griselda94: ¿imaginación creativa? Nunca lo había pensado en ese modo… supongo xD y espero que te guste esto.
Bloody Mary Fire: oh, lo siento por hacerte bipolar amiga. Pero me alegra bastante haberte hecho subir el ánimo sobre la "tragedia" ocurrida en SR, planeo reunirlos de manera digna, lo prometo.
Deeestiny: algo así, espero lograrlo n.n
Ary Vanfield: Claro que la seguiré lo prometo. Estoy por ponerlo por secciones (si así lo quieren) para que los lectores que tienen otros "gustos" puedan leerla sin sentirse incómodos.
Lirionegro1: Hola amiga, esto cada vez se vuelve intenso xD, intentaré actualizar cuando las ideas para la historia de Naruto se acaben y mi inspiración hacia esto y SR lleguen
Bien, creo que es todo (siento la nota larga, pero quiero responder todo)
Espero sus comentarios, sugerencias y/o amenazas de muerte
Se me cuidan mucho
Fatty Rose Malfoy
[Capítulo editado: 3/10/17]
